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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

Una cédula para los narcos

Lunes 2 de junio de 2003. En Ypacaraí detenían a un hombre quien viajaba en su camioneta rumbo a Asunción. Venía de su casa en San Bernardino, donde se había instalado un tiempo atrás atraído por la tranquilidad de la ciudad. Había comprado también a su nombre una estancia en Caapucú y un pequeño avión. La policía lo había autorizado además a portar un arma, que estaba registrada legalmente en la Dirección de Material Bélico.

El hombre había pasado sin problemas las barreras de control policial, por lo que le extrañó que esta vez lo detuvieran tras exhibir su cédula paraguaya y una identidad por la que no había ni órdenes de captura ni antecedentes: Ivaldo de Oliveira.

Pero este hombre, con sus documentos aparentemente en regla, no contaba con que esta vez los del control eran los antidrogas que tenían la información, de que había ordenado el asesinato de al menos 80 personas en su país.

El hombre se llamaba en realidad Claudair Lopes de Faria, y hoy está cumpliendo varias condenas por narcotráfico en Brasil, donde lidera el grupo criminal Primer Comando Capital de São Paulo.

Lopes de Faria había huido hacia nuestro país tras una redada antidrogas, en la que capturaron a varios miembros de su grupo y se incautaron de más de 400 kilos de cocaína. Con la complicidad de funcionarios corruptos, había conseguido un certificado de nacimiento del Registro Civil, con el que gestionó la cédula que a su vez le sirvió para comprar y alquilar inmuebles, aviones y otros bienes, además de un arma que portaba legalmente.

Tras la captura y expulsión del jefe narco, solo algunos funcionarios de rango menor del Registro Civil, el Ministerio del Interior y la Presidencia de la República fueron condenados. En ese entonces las autoridades aseguraron que implementarían un sistema de control cruzado entre Identificaciones y el Registro Civil para que no volviera a ocurrir un episodio que nos colocaba como refugio de narcos.

Pasaron coincidente y exactamente 13 años y hoy volvemos a vivir la misma sensación.

Jueves 2 de junio de 2016. Sale a la luz pública el escándalo de una cédula y un pasaporte paraguayos otorgados a nombre del narcotraficante argentino Ibar Pérez Corradi, uno de los delincuentes más buscados por Interpol, a quien además le atribuyen el asesinato de tres empresarios. El hombre aún estaría en territorio paraguayo, según lo reveló en la 730AM su abogado Carlos Broitman.

Funcionarios corruptos de Identificaciones usurparon la identidad de un joven quien falleció hace más de trece años, para darle los documentos oficiales del Estado a un criminal.

“Mi familia y yo estamos muy consternados y muy dolidos con lo que hicieron estos sinvergüenzas policías corruptos” me dice Natalia Ortega, hermana del joven cuya identidad usurparon. “La pérdida de mi hermano fue muy dolorosa y repentina, y que pase esto y que no respeten el dolor de una familia es una vergüenza”, agrega.

Un dolor que se hubiese evitado con un cruce de información entre Identificaciones y el Registro Civil, para que la policía registre también las defunciones y detecte cuando se intenta expedir documentos a nombre de una persona que ya falleció.

Caso contrario, y mientras no se desmonte la estructura corrupta, seguiremos con la pirotecnia de la apariencia de los controles de cédulas y de los demorados por portación de cara, o de las barreras en las que solo cae algún que otro beodo irresponsable, mientras criminales se pasean libremente con documentos oficiales.

Por Guillermo Domaniczky

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/una-cedula-para-los-narcos-1486446.html

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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18 comentarios en “Una cédula para los narcos

  1. Inadmisible inacción

    El criminal argentino Ibar Pérez Corradi fue extraditado el 5 de julio a su país, sin que ni el Ministerio Público ni la Policía Nacional (PN) hayan tomado hasta ahora ninguna medida adecuada a la tremenda gravedad de las acusaciones que formuló contra agentes de la Interpol y de la División Antimafia, así como contra el “comerciante” de la Triple Frontera José Mohanad Khalife. Solo están procesados dos suboficiales del Departamento de Identificaciones de la Policía, David Benítez y Luis González, que habrían intervenido en la última etapa del proceso de expedición de una cédula de identidad y un pasaporte de contenidos falsos, que, según declaraciones del delincuente, le costaron veinte mil dólares.

    Cayeron los “peces chicos” de la cadena delictiva denunciada, pero los once presuntos delincuentes uniformados importantes que le vendieron protección a cambio de 160.000 dólares siguen tan campantes. “Me pidió cien mil dólares y después dos mil dólares mensuales”, dijo Pérez Corradi, refiriéndose al jefe de Interpol del Alto Paraná, el subcomisario Sebastián Jara. Agregó que los pagos mensuales, que se extendieron desde agosto hasta diciembre de 2015, eran recibidos por Derlis Mallorquín, suboficial de la División Antimafia, que hacía de nexo con la Interpol. También contó que el monto del soborno inicial fue rebajado, pues debía ser de ciento cincuenta mil dólares, según le informó el subcomisario Jara, tras hablar con el jefe de Interpol de Asunción, el comisario Luis Arias.

    El delincuente argentino reveló además que su compinche Khalife aportó noventa mil dólares, dado que él le preparaba “especialidades medicinales” y hacía arreglos para ingresar al país variantes nuevas de éxtasis, que luego eran reexportadas al Brasil, desde Ciudad del Este.

    O sea que los agentes de la PN no solo mantuvieron en libertad a uno de los diez delincuentes más buscados por la Interpol en América Latina, sino que gracias a su protección Pérez Corradi pudo seguir dedicándose al narcotráfico.

    Los nombrados, así como el suboficial Luis González, de la División Antimafia, solo fueron trasladados y siguen ejerciendo funciones en la Policía. Mallorquín se presentó a declarar ante la fiscalía, y eso ha sido todo. Khalife solo fue interrogado, sin consecuencia alguna, por el Ministerio Público, cuyo interés en la trama revelada se limita a la expedición de los documentos de identidad a nombre de una persona ya fallecida.

    Por su parte, la fiscala Sandra Quiñónez solo le preguntó a Pérez Corradi si conocía a los suboficiales antes citados y quién le gestionó la cédula de identidad, pese a que ya tendría que haber estado enterada de los impactantes dichos del criminal, que nuestro diario había publicado días antes con respecto al prolongado pago de sobornos a agentes policiales y al tráfico de drogas ilícitas. Estas revelaciones del delincuente fueron reiteradas en su declaración ante la fiscalía, aunque con menores detalles, pero ni aun así la agente fiscal creyó necesario indagar sobre la participación de terceros en esos delitos. ¿Cómo se explica la inacción del Ministerio Público y de la Policía Nacional en un asunto de tanta importancia, si no es por la negligencia o el afán de encubrir a los presuntos autores de las graves fechorías? La de la PN resulta aún más llamativa por el hecho de que el acuerdo ilícito entre el criminal y los agentes de Interpol y de la División Antimafia tuvo una vigencia prolongada. Si el comandante de la PN, el comisario general Críspulo Sotelo, no estuvo enterado de nada, es porque ha perdido el control del organismo de seguridad, y si hasta ahora no ha tomado ninguna medida acorde con la seriedad del caso es porque no tiene el menor sentido de la responsabilidad, en el mejor de los casos. Antes de asumir su actual cargo, el 21 de mayo de 2015, el comisario general estaba al frente de la Dirección de Apoyo Técnico, de la que dependen la Interpol y la División Antimafia. Es de suponer que conocía a quienes hoy aparecen involucrados en un escándalo mayúsculo, que enloda a la PN no solo ante la ciudadanía honesta, sino también ante los organismos policiales extranjeros.

    ¿Podría confiar la sede central de la Interpol en que el Paraguay cooperará lealmente en la búsqueda y aprehensión de prófugos de la justicia, sobre todo cuando tienen mucho dinero sucio?

    La cuestión no termina aquí, dado que también estarían involucrados funcionarios aduaneros, si es cierto que, como manifestó ante la fiscala Quiñónez, Pérez Corradi hacía “arreglos de aduana para ingresar al territorio paraguayo droga de diseño”.

    Ante una situación de tanta gravedad, debe preguntársele al presidente Horacio Cartes cómo es que el comisario general Sotelo continúa en el cargo de jefe máximo de la Policía Nacional luego de mostrar tanta negligencia, si no complicidad, en este caso.

    El Primer Mandatario debe decidirse a realizar una depuración a fondo de los efectivos corruptos de las fuerzas de seguridad, si pretende que los ciudadanos y las ciudadanas vean a los agentes como protectores de sus bienes y sus vidas y no como sus verdugos.

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/inadmisible-inaccion-1500522.html

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    Publicado por jotaefeb | 19 julio, 2016, 5:29 am
  2. Limpiar de delincuentes a la Policía Nacional

    Las declaraciones del delincuente argentino Ibar Pérez Corradi, de que fue extorsionado para pagar por protección a agentes del orden público paraguayo, evidencian la podredumbre en la que está sumida la Policía Nacional (PN). Lo preocupante es que, ante casos como este, de tanta repercusión y hasta con escándalo internacional de por medio, no se observan medidas ejemplificadoras, como ser una purga de raíz de las malas hierbas que poluyen el campo de la seguridad pública de nuestro país.

    En verdad, no es que hicieran falta nuevos testimonios para saber que allí la corrupción campea por sus fueros, pero que policías paraguayos hayan vendido protección durante casi ocho meses a uno de los diez prófugos más buscados por la Interpol en América Latina reviste una particular gravedad. Así, el Paraguay mantiene su fama que le viene de la época stronista, de ser un país en donde los grandes delincuentes internacionales pueden hallar refugio mediante su dinero mal habido. En efecto, a cambio de un total de 160.000 dólares entregados a unos once delincuentes uniformados de la Interpol y de la División Antimafia (!), Pérez Corradi no solo pudo conservar su libertad, sino también, posiblemente, proseguir sus “negocios” vinculados a los estupefacientes.

    Según el propio Pérez Corradi, le hizo ganar a un socio árabe de la Triple Frontera nada menos que cinco millones de dólares desde que en 2012 se instaló tranquilamente en un country club de Hernandarias, lo que revela que el volumen de sus operaciones era enorme. Su mercado era la ciudad de São Paulo, de modo que alguien que escapó de la Argentina exportaba al Brasil una droga ilícita como el éxtasis, para lo cual contaba desde fines de mayo de 2015 con un amparo policial bien remunerado, que incluyó la concesión, en agosto y en octubre de ese año, de una cédula de identidad y de un pasaporte paraguayos, bajo el nombre de una persona fallecida.

    Según las informaciones, la emisión de esos documentos de contenido falso fue detectada por el jefe del Departamento de Identificaciones de la PN, el comisario principal Gilberto Gauto, quien, para mayor bochorno, fue destituido de inmediato tras haber revelado a principios de junio que el comandante de la PN, el comisario general Críspulo Sotelo, sabía desde hacía un mes que Pérez Corradi portaba esos documentos.

    El ministro del Interior, Francisco de Vargas, se enteró del asunto a través de la prensa y sostuvo que el titular policial tenía en este caso “responsabilidades no solo penales, sino administrativas y hasta políticas”. Pero, pese a esta grave afirmación, uno y otro siguen en sus respectivos cargos, como si el escándalo suscitado no hubiera tenido la menor importancia.

    El argentino desligó a “jefes policiales”, aunque admitió haber visto a uno –“El Jefe”– que le había anunciado la entrega de los documentos de identificación. En realidad, no podría haber sabido si parte de las sumas cobradas era transferida o no a los niveles superiores de la PN, tal como suele denunciarse, por ejemplo, en el caso de las guardias privadas ordenadas por los superiores de las comisarías.

    Si los jefes policiales no estuvieron involucrados en este oscuro caso, de cualquier manera demostraron una gran ineptitud. El prófugo estuvo en el Paraguay nada menos que cuatro años, sin que la cúpula del organismo de seguridad estuviera enterada, como sí lo estuvieron, al menos desde fines de mayo de 2015, algunos de sus subordinados. ¿Hay que suponer también que el jefe de Interpol Paraguay y el de la División Antimafia ignoraban que sus respectivos agentes venían cooperando durante largos meses con un mafioso de los más buscados en la región? Si así fuera, solo cabe concluir que han perdido el control de sus subordinados y que, en consecuencia, deben asumir la responsabilidad que les corresponde por su enorme negligencia.

    Tampoco el comisario general Sotelo está exento de responsabilidad, y en estas condiciones no puede permanecer en el cargo. Si fue negligente a la hora de supervisar a sus inferiores, también lo está siendo ahora al no abrir tan siquiera una investigación con respecto a estos hechos denunciados ya hace varios días por María Gladys Delgado Brítez, la concubina del hoy extraditado Pérez Corradi, quien por lo menos exculpó a los dos suboficiales del Departamento de Identificaciones de la PN, hoy procesados, al decir que “esos de Interpol fueron los que le sacaron la huella…”.

    Debe insistirse en que el acuerdo entre Pérez Corradi y los agentes de Interpol y de la División Antimafia fue bastante prolongado, y que durante todo ese tiempo la Comandancia de la PN no habría tenido la menor idea de nada.

    De todo este cúmulo de hechos se puede inferir que, en el mejor de los casos, la PN está en manos de unos inútiles de marca mayor y que, por lo tanto, el Presidente de la República debería destituir al comisario general Sotelo si este no tiene la decencia de apartarse. Lo exigen no solo la seguridad interior, sino también el buen nombre del país, ya que la PN ha caído en el mayor descrédito, incluso a nivel internacional.

    La PN está carcomida por la corrupción. Pese a que cada nuevo comandante promete depurarla, al final solo se reacomodan ciertas piezas del perverso engranaje al servicio de la voracidad de los delincuentes policiales. Existen, desde luego, agentes que honran su uniforme, pero la institución lleva la impronta de los bandidos porque el Ministerio del Interior, del que depende, nunca se ha ocupado de controlarla, como bien lo demostró el episodio antes referido, que dejó en ridículo al ineficiente ministro Francisco de Vargas. De hecho, el Poder Ejecutivo ignora lo que allí se hace o se deja de hacer y solo actúa, en el mejor de los casos, cuando la prensa devela algún nuevo escándalo. Pedro Juan Caballero y Ciudad del Este –centros de operaciones predilectos de los policías corruptos– son tan solo las manifestaciones más flagrantes de un fenómeno que abarca todo el territorio nacional.

    Los derechos y la seguridad de las personas no estarán debidamente precautelados mientras la PN siga contaminada por los malvivientes de uniforme. Entonces, la primera operación de limpieza debe hacerse en la propia institución, para después pretender hacerlo en el resto del país.

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    Publicado por jotaefeb | 11 julio, 2016, 5:21 am
  3. Exta$iados con la muerte

    Por Mabel Rehnfeldt

    Metanfetamina. Anfetamina. Éxtasis. Ice. Crank. Speed. Met. Met cristal. Acelerador. Un batido de drogas sintéticas que se fabrican en laboratorios como fruto de procesos químicos. Pastillas que pueden venir en primorosos colores y que pueden repartirse como caramelos en muchas tiendas, discos, estaciones de servicio y hasta por internet. Ya han encontrado de día, en puestos callejeros, heladeros, pancheros… Son pequeñitas y dejan ganancias gigantes: según la ONG internacional Narconon, un kilogramo puede llegar a costar un tercio de millón de dólares.

    El 16 de abril de este año esas drogas mataron a cinco jóvenes argentinos y dejaron a otros cinco graves. Según los investigadores, en una noche de fiesta electrónica se consumió una de estas drogas sintéticas, “Superman”, derivada del “éxtasis” que tiene como base un cóctel de metanfetaminas.

    A estos comprimidos de la muerte ya se los fabrica en Paraguay a gran escala en una red de la que formaba parte Ibar Pérez Corradi.

    Informes elaborados por el colega Nelson Zapata, director del diario Vanguardia de Ciudad del Este, describen una ruta totalmente errática de combate al flagelo. En el 2014 hubo solo dos detenciones por culpa del éxtasis: una mujer a la que le encontraron casi 1.000 pastillas y un hombre al que le hallaron 983 pastillas. Ambos operativos de la Senad.

    En el 2015 no hubo operativos del lado paraguayo –que se hayan hecho públicos– pero la red de Ibar Pérez Corradi fabricaba con entusiasmo y protección policial la droga. En marzo del 2015 los brasileños emitieron un informe contando que habían decomisado 104.409 pastillas de éxtasis y 5.099 comprimidos de LSD (otra droga sintética). Ese año la Policía de Paraná dijo que Paraguay era la puerta de entrada. En abril del mismo año Brasil apresó a un paraguayo de 23 años que tenía 1.320 comprimidos de éxtasis.

    En febrero de este año Ibar Pérez Corradi dejó de pagar la extorsión mensual que le exigían los policías paraguayos. Casualidad o coincidencia, ese mismo mes ya detuvieron a un camionero caaguaceño que llevaba 229 gramos de éxtasis. El 18 de marzo detuvieron a otro más con 500 pastillas de éxtasis en Área 4 de CDE. Y el 22 de abril la mayor incautación: 3.000 pastillas frente a un supermercado en el barrio San José de CDE. Apenas cinco días después, el 27 de abril, encontraron otra vez otras 500 pastillas en la vía pública del microcentro de CDE y a las 15:00. El 9 de mayo último, nuevamente a las 10:30, otro procedimiento en Área 4 de CDE terminó con 437 pastillas incautadas.

    Esta era la industria de Ibar Pérez Corradi en Argentina. Lo confirman fuentes fiscales argentinas y lo confirma el propio Pérez en entrevistas con nuestro diario. Ahora, de cómo pudo montar y hacer trabajar un laboratorio, con qué insumos y cómo comercializaban la droga debería contar la Policía. Esta Policía que según indicios ha estado cobrando miles de dólares para encubrirlos a él y a su droga.

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    Publicado por jotaefeb | 10 julio, 2016, 8:12 am
  4. Una ciudad huérfana

    El presunto narcotraficante argentino, conocido con el mote de el rey de la efedrina, Ibár Pérez Corradi, reveló cómo sobornó a policías para ocultarse en Ciudad del Este por varios años. Detalló que cuando fue detenido, supuestamente tuvo que pagar la nada despreciable suma de 100 mil dólares para recuperar su libertad. Además se le fijó una cuota mensual de coima de 2.000 dólares para la Interpol y otros 2.000 dólares para la división de Antimafia de la Policía Nacional. Hasta consiguió que se le haga una cédula de identidad y un pasaporte con los datos de una persona muerta y tuvo que volver a pagar una fuerte coima.
    Igualmente el presunto criminal contó que ingresó a Ciudad del Este sin hacer trámite alguno y sin que se le someta a ningún control migratorio.
    Gracias a la corrupción de los responsables de las instituciones públicas instaladas en nuestra ciudad, la capital del Alto Paraná se convierte en la puerta de entrada para los mafiosos de diversas calañas para refugiarse y hacerse documento. Luego pasan a convertirse en “honorables” comerciantes y empresarios para lavar su dinero sucio. Aquí los funcionarios públicos se venden al dos por tres, dándole una pésima fama a toda la ciudad, habitada por una mayoría honesta, trabajadora y decente.
    Pese a que esta triste mala imagen cause un enorme perjuicio a la capital departamental, ni los representantes regionales en el Parlamento, ni las autoridades municipales, ni gubernamentales sientan una postura firme contra los funcionarios, que con su accionar pudren a la ciudad, exigiendo que se los destituya y se los procese y que sean reemplazados por personas idóneas, capaces de ejercer su función sin venderse al mejor postor y por sobre todo patriotas. Ni siquiera el jefe de Policía de Alto Paraná, Darío Aguayo, atinó alguna explicación sobre refugio de Pérez Corradi en esta zona del país y los supuestos pagos de coimas que hizo a los uniformados.
    Simplemente nadie dice nada y todos se convierten en cómplices de la corrupción. ¿Qué dijeron Zulma Gómez, Elio Cabral, Carlos Portillo, Oscar González Drákeford, Blanca Caballero, Gustavo Cardozo, Concepción Quintana, Andrés Retamozo, Nelson Aguinagalde, Javier Zacarías, Sandra McLeod, Justo Zacarías, los concejales departamentales y municipales sobre estas vergonzosas denuncias? ¿Sentaron alguna vez una postura firme sobre la total desprotección de nuestras fronteras en manos de aduaneros y militares corruptos? En estas condiciones la ciudadanía honesta se encuentra absolutamente huérfana de su clase dirigente, al servicio de los mafiosos por su silencio cómplice.

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    Publicado por jotaefeb | 8 julio, 2016, 5:51 am
  5. LAS CONFESIONES DE PÉREZ CORRADI
    Andrés Granje
    Lo declarado por el ex prófugo de la justicia argentina Ibar Pérez Corradi, antes de ser extraditado a su país, muestra de forma descarnada toda la corrupción existente en la policía nacional, especialmente en este caso en la sección antimafia, que ironía. La coima de 100.000 dólares que tuvo que pagar una vez que fue descubierta su identidad y su condición de prófugo de la justicia, el sueldo mensual de 2000 dólares a la policía de INTERPOL, mas 1500 dólares para la policía antimafia, mas los 20.000 dólares para la confección de documentos de identidad, pinta la amplia corrupción existente en estas organizaciones y como las corruptas organizaciones policiales tornaron totalmente invisible a este personaje que era el más buscado por la Policía Argentina y al quien no iban a encontrar nunca.
    Lo malo es que pocos de los agentes y jefes involucrados en estos actos que denigran a la institución policial, irán a la cárcel y purgaran una condena como consecuencia de una investigación judicial. Como en casos anteriores los responsables son sacados de sus puestos y luego derivados a otras reparticiones en una rotación que antes que un castigo parece más bien un premio a la desfachatez. Este caso salto a la opinión pública gracias a la gran notoriedad de este criminal y la afanosa búsqueda continental que emprendió la justicia argentina y en el deseo de capturar al que está catalogado como el máximo traficante de efedrina de la argentina al mundo, aparte de haber sido sindicado como autor moral de tres asesinatos en su país.
    Al grupo antimafia había que sacarle la sigla anti y le quedaría muy bien el nombre, ya que es una perfecta organización para delinquir, la consulta que surge es como siguen todavía en sus cargos sus principales autoridades, como es posible que el Ministro del Interior o el Comandante de Policía aun no determinaron la salida de estos jefes, al igual que los integrantes de la Interpol, Paraguay, ya sea por acción u omisión, la responsabilidad directa recae sobre las cabezas, la pregunta que surge es a cuantos extranjeros averiados más que se llegan hasta nuestro país y que están viviendo de manera oculta se le cobra la cuota para no detenerlos y expulsarlos del país.
    En estos hechos descubiertos y confesados a la prensa por el principal protagonista de la historia Pérez Corradi, de cómo y cuánto pago por permitírsele vivir con su familia en el Paraguay, se ve cuan enquistado está la corrupción en las esferas policiales, que ilusos éramos los ciudadanos que creíamos en una policía al servicio de la ciudadanía y protector del habitante común ante el accionar de los marginales, la dura realidad muestra que este anhelo no es compartido por los integrantes de los cuerpos de seguridad, ellos están más en un papel recaudador, no tienen ideales y reglas éticas o morales que marquen sus actividades que siempre transita al borde de la línea y en ocasiones muy pronunciadas cruza la demarcación permitida.

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    Publicado por jotaefeb | 7 julio, 2016, 7:59 pm
  6. Invi$ible

    En 1897 un periódico británico mensual de nombre Pearson’s Magazine publicaba por entregas una historia de H. G. Wells. Era sobre un científico humilde de nombre Griffin que estaba convencido de que un ser humano podía volverse invisible. Tan obsesionado estaba con su teoría que experimentó con él mismo: Consiguió volverse invisible y se dedicó a robar a los vecinos de una comarca con anécdotas que rayaban entre el suspenso y lo burlesco. Lo inesperado fue cuando el científico Griffin quiso volver a ser visible… y ya no hubo caso.
    Tuvieron tanto suceso las andanzas que al final Wells terminó convirtiendo en libro, “El hombre invisible”, las andanzas de un científico probo y correcto, invisible: Nadie lo veía pero todos sabían que existía.

    Así de invisible se volvió el argentino Ibar Pérez Corradi en Paraguay. Pasó los últimos cuatro años viviendo en un país pequeño, donde los más mínimos detalles no pasan desapercibidos ante los ojos de las comadres, las comisarías, las iglesias y los corrillos de chismosos. Nadie lo vio, y si algunos lo vieron recibieron mucha plata para no verlo… Fue invi$ible.

    Vivió en casas rodeado de muchos vecinos, comerció, compró, vendió y hasta sacó documentos legales de contenido falso. No se escondió, no simuló ser un campesino un poco huraño escondido en Aguapety Tranquera: Se metió en uno de los más exclusivos countries del país, con seguridad reforzada, y vivió allí. Después alquiló departamentos, casas, se enamoró, fecundó y se convirtió dos veces en papá.

    Mientras en Argentina lo buscaban desesperadamente, acusado de lavado de dinero, tráfico de drogas y autor moral de tres asesinatos, Pérez Corradi discurría su vida entre Asunción y Ciudad del Este igual que el hombre invisible: Algunos sabían que existía… pero nadie lo veía.

    Si el sistema de seguridad del Paraguay no da unas buenísimas explicaciones, con nombres, apellidos y rangos, significa que todavía hoy y bajo el gobierno de Horacio Cartes –igual que en el de Stroessner– seguimos siendo aguantaderos de criminales a cambio de plata.

    El caso Pérez Corradi es emblemático para la Argentina pero para Paraguay es una descomunal vergüenza, una burla a nuestro sistema de seguridad, un pito catalán a lo que conocemos como sistema de inteligencia. Está bien que Pérez Corradi vaya pronto a la Argentina a ser juzgado, pero antes la justicia tiene que contar quiénes lo encubrieron por plata.

    Seguimos aguardando los nombres y apellidos –y las destituciones– de quienes lo protegieron. Y más vale que lo hagan pronto y que sea creíble, porque si creen que vamos a dejar de preguntar quiénes fueron… grande se equivocan.

    Da miedo, en serio, cómo se convirtió en invisible una persona con alerta roja internacional y tres órdenes de captura. Nadie lo vio pero parece que todos sabían que existía. Todos, menos el sistema de seguridad e inteligencia de la República del Paraguay.

    Por Mabel Rehnfeldt

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/inviible-1495501.html

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    Publicado por jotaefeb | 5 julio, 2016, 3:51 pm
  7. Corrupción sigue muy vigente en el cuadro activo de la Policía Nacional

    El escandaloso caso que afecta al Departamento de Identificaciones de la Policía Nacional, por haber proporcionado una cédula de identidad original con contenido falso al narcotraficante argentino Ibar Pérez Corradi, capturado el domingo último en la triple frontera, revela el alto grado de corrupción que persiste en la institución policial.

    La práctica de proveer documentos oficiales de identidad, otorgados por el Estado paraguayo, a grandes criminales internacionales, ya sean cédulas, pasaportes u otro tipo de papeles, es una práctica que se arrastra desde las oscuras épocas de la dictadura stronista, cuando se les otorgó cobertura documental a lúgubres personajes como el médico nazi Joseph Mengele o el famoso narcotraficante Joseph Auguste Ricord.
    Esta forma de corrupción, enquistada en una de las fuerzas de seguridad más importantes, siguió desarrollándose sin mayores problemas en todos estos años de pretendida democracia.
    Hasta ahora se han conocido varios casos de criminales buscados por la Justicia internacional, quienes, a través de una muy bien montada estructura, han podido obtener documentos originales aunque de contenido falso, como el recordado caso del narcotraficante brasileño Arnaldo Moreira De Macedo, prófugo de la Justicia brasileña, quien residía en Paraguay con dos identidades falsas pero con documentos originales, Ronaldo Alves Da Silva y Ronaldo Alves Dos Santos; o como el del famoso Doctor Horror, el ginecólogo violador brasileño Roger Abdelmassih, quien fue detenido en Asunción con un certificado de nacimiento a nombre de Ricardo Galeano.
    El caso más reciente, que aún sigue causando gran escándalo, es el del llamado capo de la efedrina, el argentino Ibar Pérez Corradi, con un pasaporte a nombre de Walter Miguel Ortega Molinas, un joven fallecido tras un accidente en 2002.
    Los datos revelan el modus operandi de esta situación: Pérez Corradi habría conseguido los documentos originales de contenido falso en el 2015, proveídos por funcionarios policiales, por los cuales habría pagado la suma de 200.000 dólares. Lo más grave es que varios altos jefes, incluido el propio comandante de la Policía Nacional, comisario Críspulo Sotelo, estaban al tanto de la situación, pero no tomaron ninguna medida y tampoco comunicaron el caso a sus superiores, sobre todo al ministro del Interior, Francisco De Vargas.
    La reacción de sumariar a los implicados y destituir al director de Identificaciones no es suficiente. Este caso solo reafirma lo que desde hace mucho se sabe: la estructura de la Policía Nacional permanece sumida en la corrupción hasta el caracú, y esta solo puede ser combatida de raíz, realizando modificaciones profundas en el sistema de selección de los nuevos policías, en la capacitación de los mismos, y en los esquemas de control y sanción a quienes sean sorprendidos en la comisión de delitos. De lo contrario, el Paraguay seguirá siendo un refugio de maleantes y quienes viajen al exterior con cédulas de identidad y pasaportes paraguayos seguirán siendo objeto de permanente sospecha.

    http://diariolajornada.com.py/v6/category/editorial/

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    Publicado por Anónimo | 24 junio, 2016, 8:47 am
  8. CORRUPCIÓN POLICIAL
    Maria Lorena Galeano Meza

    Las filas policiales se han visto manchadas por innumerables casos de corrupción. Quienes están en la posición de proteger, resguardar y fomentar la justicia, son los que cometen las mas grandes falencias y generan desconfianza en la ciudadanía.

    Las posibles causas son muchas pero lo más lamentable es que el honor y el pudor, el amor a la camiseta se acabó.

    Un salario irrisorio, ser parte de las filas policiales por tradición familiar, o por la seguridad de tener un sueldo asegurado, serían unas cuantas motivaciones que llevan a una persona ser parte de esa institución, sin tener fijos los verdaderos ideales para los que existen estos institutos.

    La especialización es un largo y complicado camino, si es que no se inicia una transformación de raíz, será más que imposible, pero es la única vía para acabar con las manos sucias que venden pasaportes falsos, que brindan cédulas de identidad con contenido falso, no existe otra forma, que un cambio y un mejoramiento desde los inicios, en la enseñanza, en los institutos policiales para los distintos cargos y ramas que las personas quieran seguir, que estudiar dos o cuatro años no sea el único marguen de diferencia, sino que se note la especialidad para la cual ingresan, mediante los rigurosos exámenes físicos e intelectuales, que no solo se los exija a mantenerse físicamente durante la carrera, sino que eso sea un requerimiento para brindar un mejor servicio en post de una ciudadanía que se sienta respaldada y no temerosa en su Policía Nacional.

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    Publicado por Anónimo | 13 junio, 2016, 7:52 am
  9. Los topos

    Los topos estuvieron muy activos en los últimos tiempos en nuestra ciudad capital, pensaban dar sendos golpes a entidades bancarias que por un golpe de suerte o por la divina providencia, no por la inteligencia o la capacidad investigativa de nuestra policía se logró desbaratar, una vez porque el banco Continental mudó su bóveda donde tenía sus depósitos en efectivo ante la sospecha que iba a ser asaltados alertados por la Policía Brasileña que peligrosos delincuentes de aquel país estaban operando en el Paraguay y que pertenecían a un desprendimiento de la célula “Comando Capital”, especializado al robo de instalaciones bancarias, sin embargo nuestra policía solamente pudo detener a uno de los integrantes de la frondosa organización delictiva que trabajaba en Paraguay.
    El fin de semana pasado se informó que el banco Nacional de Fomento también estaba en la mira de los topos, por lo que también tuvo que ser cambiado de lugar la bóveda de seguridad, con todo el trastorno y la preocupación que el hecho significa. La Policía Nacional trabaja con sus pares de Brasil, de modo a identificar a las personas implicadas en el caso del supuesto túnel del BNF. Hasta ahora se avanza a pasos de tortuga no de topos que es lo que se necesita. La mayoría son brasileños. Así lo explicó el comisario Abel Cañete, del departamento de Delitos Económicos, en conjunto con el presidente del Banco Nacional de Fomento (BNF), Carlos Pereira.

    En un primer momento se habló de unos 400 millones de dólares que era el objetivo a sustraer por parte de los ladrones sin embargo el titular del BNF, Carlos Pereira, precisó que el dinero traslado de la bóveda rondaría la suma de USD 50 millones, muy por debajo del monto que se manejaba en los medios. “Nosotros estábamos pasando el periodo de pago masivo”, indicó. Ojala para tranquilidad de la población la policía pueda detener en breve tiempo a los delincuentes, la lista dada a conocer de las alias, manifiesta inequívocamente cuan organizada era la banda que crearon tantos túneles en Asunción y que se convierte en la envidia de las empresas que realizan desagües pluviales y que tardan años en cavar las calles y avenidas, molestando a mucha gente en tanto esto lo realizan con gran sigilo por gran parte de la zona céntrica de Asunción.

    De cualquier forma algo es cierto, Asunción perdió hace tiempo su ingenuidad, ya no es la urbe amable y hospitalaria que conocimos hace décadas, el vandalismo en todas su forma se enquistó profundamente de nuestra sociedad, hoy la violencia y la inseguridad es nuestra segunda piel, el temor está tan arraigado en nuestro ser que borra de a poco virtudes que adosaban nuestra personalidad como la solidaridad, la projimidad y en cambio afloran el egoísmo, el cinismo. Y se está perdiendo aceleradamente la calidad de vida de nuestros conciudadanos ya no solamente en Asunción sino en toda la república, sin que los órganos de seguridad hagan algo positivo para terminar con el auge imparable de vandalismo en el país.

    Andrés Granje

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    Publicado por Anónimo | 12 junio, 2016, 7:33 am
  10. Verdugo uniformado

    Por Rosendo Duarte

    Tras el asalto a un comerciante chino de Salto del Guairá y la muy probable participación de un comisario principal en el hecho, empezaron los análisis de por qué una persona de tantos años de experiencia cometería un acto tan grave, casi al término de su carrera.

    Pone en riesgo su honor, su reputación, su apellido y quizás lo menos grave, aporta una mancha más al desacreditado uniforme de la Policía Nacional.

    Es muy sencillo. Nuestra Policía es un antro de corrupción donde brindar seguridad a la gente es algo secundario.

    La ciudadanía, del interior sobre todo, perfectamente se da cuenta del desvergonzado manejo de los uniformados, quienes últimamente ya ni se preocupan de simular sus fechorías.

    En la frontera, donde abundan los narcotraficantes y contrabandistas, los policías se convierten en vulgares secretarios de estos, a quienes los llaman patrón.

    Aquellos que no tienen la suerte de estar cerca de los grandes o los pira guasu, como dicen en la jerga policial, se rebuscan por otros tipos de delincuentes como ladrones de motos, microtraficantes y otros malhechores de menor monta, ya que cada uno tiene su kokue para recaudar.

    Todas las divisiones de la Policía, llámese Delitos Económicos, Antinarcótico, Automotores, etc. se dedican a lo mismo: recaudar.

    Y el gran amigo de todos es la impunidad. Casi nunca los uniformados que son descubiertos delinquiendo terminan en la cárcel.

    El castigo es el traslado a otras regiones o en el peor de los casos la destitución.

    Incluso, resulta más fácil que sea severamente castigado un policía que denuncia la corrupcción, que aquel que la practica.

    Ojalá, a tiempo, el Estado se dé por enterado de que ya no hay lado bueno en ésta historia.

    La institución que debería brindarnos seguridad hace rato se convirtió en aliada de criminales y en verdugo de la sociedad.

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    Publicado por Anónimo | 12 junio, 2016, 7:32 am
  11. Policías en páginas de policiales

    Por Alfredo Boccia

    Es natural que estén allí, solo que en las últimas semanas ocupan el lugar que debería estar reservado a los delincuentes. Fíjese usted en esta saga incompleta pero asustadora.

    A mediados del mes pasado el jefe de la comisaría de Pirapó fue imputado por haber abusado sexualmente de una joven de 16 años. El hombre estaba tomando cerveza en una despensa y cuando la chica pasó por enfrente sencillamente la llevó a la fuerza a la comisaría, donde la violó.

    Hace dos semanas el corresponsal de La Nación del Amambay publicó que policías habrían liberado una carga de drogas previo pago de unos 30 millones de guaraníes. Lejos de aclarar la denuncia, el jefe de Orden y Seguridad de dicho departamento intimó notarialmente al periodista con el fin de que se abstenga de seguir publicando notas sobre la corrupción policial.

    Hace una semana un agente del Grupo Especial de Operaciones de Presidente Franco hizo disparos desde su auto a la madrugada y en estado de ebriedad. Resultó herido un joven y el suboficial, capturado, pues chocó un poco más tarde contra una columna del alumbrado público.

    Hace pocos días, veíamos en un video al jefe de investigación de Salto del Guairá integrando una caravana de automóviles de los ladrones que escapaba de un atraco. Se asegura que la banda estaba integrada por otros policías. Ahora, nos enteramos que uno de los narcos más célebres de la historia delincuencial argentina no solo había encontrado cómodo refugio en Ciudad del Este, sino que la misma Policía le había proveído una cédula de identidad paraguaya. Por si quedara alguna duda de la existencia de una vasta red de corrupción en el Departamento de Identificaciones de la Policía Nacional, días después se descubrió que también se negociaban con harta facilidad pasaportes no reclamados por los solicitantes.

    Por la módica suma de 3.000 dólares se renovaba la vigencia de los documentos y se los entregaba a su nuevo dueño, convenientemente legalizados por los ministerios del Interior de Relaciones Exteriores, para que hicieran con los mismos lo que quisieran y pudieran. Este pequeño negociado era un mita’i recreo frente a lo que habrá tenido que desembolsar Ibar Pérez Corradi.

    A lo largo de su historia reciente, la Policía paraguaya pasó por oleadas de corrupción sistémica e intentos de depuración. Cada vez que los escándalos salen a la luz pública ruedan cabezas, se anuncia una limpieza étnica y se acallan las críticas, hasta que todo vuelve a empezar. Este ciclo parece menos emocionante. Había sido que el comandante de la Policía no se habla con el ministro del Interior hace meses y que este se enteró del caso Pérez Corradi por la prensa. Y nadie renuncia. La tolerancia al escándalo ha aumentado, por lo visto.

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    Publicado por Anónimo | 11 junio, 2016, 7:30 am
  12. Urgente limpieza
    10 Jun 2016

    Por Antonio López

    La Policía Nacional, por su rol constitucional, debería ser una de las instituciones más transparentes del país. Sin embargo, lamentablemente, está infectada de corrupción como lo están otras instituciones públicas que hasta hoy no pueden desprenderse de ese flagelo que viene carcomiendo las estructuras y cuyo principal perjudicado es el ciudadano.

    Pero en el caso específico de la institución uniformada, en los últimos días nuevamente saltaron hechos que en un momento inclusive hicieron temblar a la cúpula que, por ahora, sigue en pie aunque al borde de la cornisa. La supuesta venta de “identidad” por parte de funcionarios del Departamento de Identificaciones a uno de los narcos más buscados hoy día en toda América agregó una gota más a la ya muy gastada imagen de la Policía Nacional.

    El argentino Ibar Esteban Pérez Corradi está siendo buscado –especialmente por la Justicia de su país– por ser considerado el cabecilla de un triple asesinato en el marco del tráfico de efedrina, pero sin embargo y “gracias” a la “gentileza” de funcionarios uniformados del Departamento de Identificaciones de nuestro país se mueve en territorio nacional bajo la identidad de Miguel Ortega Molinas, una persona que falleció hace unos 14 años.

    Es cierto, por el caso dos suboficiales de la Policía Nacional, David Nicolás Benítez Meza y Luis González, están detenidos e imputados, en tanto que quien fuera jefe del Departamento de Identificaciones en el momento de ser descubierto el hecho, comisario Gilberto Gauto Ramírez, fue destituido del cargo.

    Bien hasta aquí el caso Pérez Corradi. En tanto en las últimas horas salió a luz un nuevo caso en el que dos efectivos policiales estarían involucrados en la adulteración de pasaportes. Este nuevo hecho tuvo como protagonistas a otros dos suboficiales de la Policía Nacional, Julio Alegre y Cirilo Amarilla, quienes ya están detenidos junto a un gestor tras concretarse la venta de siete pasaportes que, según los datos, iban a ser adulterados para ser vendidos a ciudadanos extranjeros.

    Dos hechos concretos que muestran cómo se “maneja” la corrupción dentro de la Policía Nacional. Dos hechos concretos que, de no recibir una ejemplar sanción, y de un profundo compromiso de las autoridades nacionales de no permitir más este tipo de situaciones, podrían ser una constante y llegar hasta límites insospechados.

    Lamentablemente uno de los casos por el cual nuestro país es conocido en el mundo es justamente este, el de la “facilidad” para conseguir pasaportes y cédulas de identidad por parte de ciudadanos extranjeros que en la mayoría de los casos tienen frondosos antecedentes, pero no precisamente limpios.

    Y no se debe olvidar que la “corrupción” policial no solo tiene que ver con el tema de las documentaciones, sino que es constante el hecho de ver involucrados a efectivos policiales en ilícitos cometidos justamente contra una ciudadanía que tendría que estar custodiada por los uniformados.

    Es cierto, la tarea de la limpieza definitiva de esta importante institución quizás no se pueda dar de un día para otro, de un año para otro, pero en un momento se debe comenzar y el momento necesariamente tiene que ser este. El Gobierno, las autoridades nacionales –especialmente el Ministerio del Interior– y la propia cúpula policial deben ponerse manos a la obra para iniciar el trabajo. La tarea desde ya no será sencilla puesto que el flagelo está muy metido en la institución, y es posible que desde dentro mismo de la Policía se pongan trabas a la rueda, pero hay que hacer, no queda otra si se pretende mostrar una nueva imagen, un nuevo rostro del país hacia otras latitudes.

    No puede ser que el Paraguay siga siendo “un lugar seguro” para personas que son requeridas por distintos países y no precisamente por un buen comportamiento. Tiene que haber un límite, y este debe ser, entre otros, la profunda limpieza dentro de la Policía Nacional.

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    Publicado por Anónimo | 10 junio, 2016, 10:02 am
  13. ¿A cuánto tu cédula marchante?, ¿y el título?

    Por Sergio Etcheverry

    A todo lo ya repetido de la educación en los últimos tiempos (locales ruinosos y sin agua potable, decanos corruptos y transfugueadas varias y de todos los colores) se suma ahora la re-edición de un viejo tema y ya sabido: las universidades truchas y sus inútiles títulos O sea, inútiles desde ahora, cuando el MEC decidió no aceptar los estudios en ciertas “universidades”.

    ¿Los damnificados? Los estudiantes que pagaron por años sus mensualidades, sus derechos a examen, las tesis y hasta el título, que ahora tendría el mismo valor de un papel con el cual… bueno, ya saben. Ahora comienza el viejo juego de la tirada de pelota entre instituciones con siglas rimbombantes y con dudoso proceder. El CONES, la ANEAES y en parte el MEC, son culpables por “mirar para otro lado” y no enterarse de las millonarias publicidades de las instituciones educativas.

    Los congresistas también tienen su culpa, cuando desparramaban permisos (probablemente no gratuitamente) para universidades no solo de garage, sino también de maletín. Ahora… ¿qué haremos con los 6.000 afectados? ¿Que se jodan?

    En el ámbito policial, el caso de Ibar Pérez Corradi, el narcotraficante y asesino argentino que obtuvo su cédula y pasaporte paraguayo mediante un generoso pago de 200 mil dólares y unos refuerzos de 100 mil, desnuda otra vieja historia: la venta de documentos al mejor postor, algo que no es de ahora pero que en este caso, por la notoriedad del favorecido, saltó a la luz.

    ¿Son seguros nuestros documentos? Evidentemente no. ¿Qué pasos hay que dar para arreglar este tema? No sabemos y todo se manejó con tal secretismo que hasta el ministro De Vargas fue uno de los últimos en enterarse (aunque eso quizás ya no sorprenda, pero en este caso fue por la mala o inexistente relación entre él y el comandante de la Policía).

    ¿Podremos esperar una mejor situación de seguridad cuando el uno y el dos de seguridad no se hablan? No creo.

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    Publicado por Anónimo | 10 junio, 2016, 9:57 am
  14. Sobre De Vargas y Sotelo
    09 Jun 2016

    Por Clari Arias

    En los últimos días hemos sido testigos de la profunda crisis institucional que rodea al Ministerio del Interior en su relacionamiento con la Policía Nacional. Los rumores que se ventilan desde la propia oficina del ministro De Vargas y también desde la Comandancia misma, nos sitúa a todos los ciudadanos en una posición incómoda, porque está en juego ni más ni menos que la seguridad interna del país.

    Sotelo, un comisario general inspector de muy buena preparación policial, llegó a la jefatura hace exactamente un año atrás, cuando se desató la crisis de las tarjetas de combustibles que alegremente despilfarraba un suboficial de nombre Roberto Osorio. El robo, un hecho que al día de hoy sigue en etapa de investigación por parte de la Fiscalía, tumbó al entonces intocable jefe Francisco Alvarenga, poniéndolo también entre los sospechosos del ilícito.

    Los que conocen a Sotelo dicen que el cargo le llegó sin sorpresa alguna, ya que siempre se preparó para el cargo. Nunca tuvo sobresaltos en su carrera de policía, siempre estuvo en cómodos lugares, incluyendo un par de jefaturas de comisaría, en donde hizo la tarea necesaria para ir escalando posiciones. Fue en Ciudad del Este –ocupó una jefatura– y en Hernandarias –en donde fue jefe de comisaría– en donde marcó su destino para bien. Presumo que en esos lugares hizo buenas migas con el entorno más íntimo del presidente Cartes, razón por la cual ahora ostenta el cargo de comandante. Es claro que estamos ante un hombre cauto, hábil y ambicioso, que ha sabido construir su carrera a base de una reputación casi intachable.

    Aun con una foja distinguida, y con padrinos de fuste, el comandante debe estar subordinado al ministro del Interior, porque así lo establece la Constitución (Art. 175), y eso no se puede discutir. Es inadmisible que el Comisario Sotelo niegue su dependencia jerárquica al ministro del Interior, evitando hablar con él más de lo estrictamente necesario para cuestiones formales, o evitándolo al punto de dejarlo plantado cuando este lo convoca a las oficinas de Chile y Manduvirá. Bajo ningún sentido un uniformado policial puede “ningunear” al ministro del Interior. La crisis entre el comandante y el ministro ya no es un secreto, por lo tanto es nuestro derecho como ciudadanos exigirles que se comporten como funcionarios leales a un solo patrón: a la patria. Es de muy mal gusto que el comandante se jacte y se escude en algunos allegados del Presidente para no cumplir con el orden constitucional establecido. Y es de peor mal gusto que el ministro De Vargas no golpee la mesa y exija orden a su subordinado, porque lo que esperamos de un ministro del Interior en un país en eterna crisis interna es firmeza.

    Mientras Sotelo juega a ser el sheriff del pueblo con el apoyo de un par de padrinos poderosos, otro comisario (Abel Cañete), que no ve la hora de que lo noten como el mejor para el cargo de comandante, trabaja incansable detrás de la pista de los ladrones que iban a dejar al Paraguay en el ridículo más grande si se perpetraban los robos a las bóvedas de los bancos en la zona más custodiada del país. Y ni hablar de la insatisfecha petición del pueblo, que todos los días sufre asaltos callejeros cada vez más violentos para ser despojados del único objeto de valor que hoy lleva la mayoría de la gente encima: su teléfono móvil.

    Todavía esperamos un dejo de dignidad por parte del ministro De Vargas. Si no se van a subordinar a su poder constitucional, debería presentar renuncia al cargo. Mientras tanto, que sepa Sotelo que ni él ni nadie está por encima de la Constitución, y que más tarde o más temprano lo aprenderá en carne propia.

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    Publicado por Anónimo | 9 junio, 2016, 9:22 am
  15. Inadmisible irresponsabilidad en la conducción de la seguridad pública

    En la época de la dictadura de Alfredo Stroessner, Paraguay era un paraíso para el refugio de grandes delincuentes internacionales. Aquí estuvieron, por ejemplo, los Ricord y los Barton, y aquí murió el criminal de guerra nazi Eduard Roschmann, conocido como el “Carnicero de Riga”. Aunque tras la caída del dictador siguió llegando gente de pésima calaña, como el brasileño “Doctor Horror”, el mexicano Jesús Martínez Espinoza (el “Rey de la efedrina”) y Franz Meijer, buscado por el secuestro del holandés Henry Alfred Heineken (de la famosa cervecería del mismo nombre), era difícil admitir que los organismos dependientes de la Policía siguieran siendo hasta hoy tan corruptos como para dar documentos y protección a uno de los más buscados delincuentes argentinos, como el narcotraficante Ibar Pérez Corradi, con la participación de los propios efectivos del Departamento de Identificaciones de nuestro país.

    Si Pérez Corradi vino a refugiarse en el Paraguay es porque no tenía la menor duda de que la Policía Nacional (PN) iba a estar dispuesta a venderle protección. No se le ocurrió cruzar, por ejemplo, al Uruguay, sino que prefirió llegar hasta nosotros, porque el crimen organizado le habrá hecho saber que la corrupción reinante aquí le permitiría abrir muchas puertas. El nada sorprendente hecho de que el prófugo, bajo un nombre falso, haya obtenido un pasaporte y una cédula de identidad paraguayos gracias a los servicios de por lo menos dos suboficiales, tuvo graves derivaciones que ponen en duda la integridad de las altas autoridades de la PN, incluido su comandante, el comisario general Críspulo Sotelo, y de rebote afectan también la autoridad del ministro del Interior, Francisco de Vargas, y la del propio presidente de la República, Horacio Cartes.

    El caso fue descubierto supuestamente al cabo de una investigación interna por el jefe del Departamento de Identificaciones de la PN, el comisario principal Gilberto Gauto. Tras las publicaciones periodísticas y su inmediata destitución, el funcionario policial afirmó que el comandante de la PN sabía desde hace un mes que Pérez Corradi portaba los mencionados documentos. Sin embargo, el ministro del Interior, Francisco de Vargas, solo se enteró del importante asunto a través de la prensa, quedando en el mayor de los ridículos. “A nivel ministerio, apenas nos enteramos hace pocos días, cuando medios de comunicación vinieron a consultarnos sobre el tema y nos vimos obligados a interiorizarnos”, admitió De Vargas.

    Quien encabeza el órgano del Poder Ejecutivo encargado de la seguridad interna, bajo cuya dependencia jerárquica se halla la Policía Nacional, según el art. 175 de la Constitución, no tenía la menor idea de lo que ya sabían sus subordinados, es decir, ignoraba que por aquí andaba el delincuente más buscado en su país y uno de los diez principales objetivos de la Interpol en América Latina. En vez de solicitar al Presidente de la República la remoción fulminante de Sotelo, De Vargas prefirió insinuar que el comisario general tiene “responsabilidades no solo penales, sino administrativas y hasta políticas sobre este tema”.

    La responsabilidad política la tiene él, de modo que también debió haber renunciado ante la evidencia de que la PN escapa a su control. Pero, en vez de dar ese paso o de pedir la destitución del comandante de la PN, prefirió convocarlo a una reunión, solo para sufrir un desplante y volver a quedar como un tonto.

    Luego de concretarse por fin el encuentro, el ministro informó que “el comandante se queda” y que la premisa era capturar a Pérez Corradi, pero que faltó oportunidad para comunicarse, “y eso que nos comunicamos todos los días”, según dijo. Por si hacía falta, el ministro agregó que hablaban “desde dos a veinte veces por día” y que “no es cierto que había comunicación cortada”. Pero él se enteró a través de la prensa de lo de Pérez Corradi, y es de suponer que también el Presidente de la República, salvo que haya sido informado por su hombre de confianza, José Ortiz, quien parece ser también un confidente del comisario general Sotelo, según las publicaciones.

    Así las cosas, el titular del Poder Ejecutivo debería llegar a la sensata conclusión de que, considerando el escándalo suscitado, debería prescindir de los servicios de ambos, para despejar la impresión generalizada de la ciudadanía de que la seguridad interior está desquiciada.

    De Vargas dijo que Sotelo había incurrido incluso en responsabilidades penales. Si así fuera, no solo tendría que ser destituido, sino también procesado. ¿Cómo es posible que el Presidente de la República pueda mantener en sus cargos a uno que formuló una tremenda acusación y a otro que ni siquiera tuvo la dignidad de refutarlo, en caso de que haya sido calumniado? Quieren hacer como que aquí no ha pasado nada, cuando en realidad ha pasado mucho: el ministro del Interior fue lisa y llanamente ninguneado por el comandante de la PN, lo que permite suponer que ya lo ha hecho antes y que lo seguirá haciendo si el Presidente de la República no toma ninguna medida. Es de esperar que el Presidente corrija esta anómala y preocupante situación.

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/inadmisible-irresponsabilidad-en-la-conduccion-de-la-seguridad-publica-1487777.html

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    Publicado por Anónimo | 9 junio, 2016, 8:21 am
  16. La corrupción en la Policía debe ser combatida de raíz

    El escandaloso caso que afecta al Departamento de Identificaciones de la Policía Nacional, por haber proporcionado una cédula de identidad original con contenido falso al narcotraficante más buscado de Argentina, Ibar Pérez Corradi, revela el alto grado de corrupción que persiste en la institución policial. Proveer documentos a criminales sigue siendo una práctica común, que se arrastra desde la época de la dictadura. Lo más grave es que altos mandos de la Policía lo sabían y lo ocultaron por mucho tiempo. No basta con destituir a algunos jefes y que todo siga igual. La corrupción en la Policía Nacional debe ser atacada de raíz, modificando el sistema de selección y de capacitación de quienes deben velar por la seguridad ciudadana.

    La práctica de proveer documentos oficiales de identidad, otorgados por el Estado paraguayo, a grandes criminales internacionales, ya sean cédulas, pasaportes u otro tipo de papeles, es una práctica que se arrastra desde las oscuras épocas de la dictadura stronista, cuando se les otorgó cobertura documental a lúgubres personajes como el médico nazi Joseph Mengele o el famoso narcotraficante Joseph Auguste Ricord.

    Esta forma de corrupción, enquistada en una de las fuerzas de seguridad más importantes, siguió desarrollándose sin mayores problemas en todos estos años de pretendida democracia.

    Hasta ahora se han conocido varios casos de criminales buscados por la Justicia internacional, quienes, a través de una muy bien montada estructura, han podido obtener documentos originales aunque de contenido falso, como el recordado caso del narcotraficante brasileño Arnaldo Moreira De Macedo, prófugo de la Justicia brasileña, quien residía en Paraguay con dos identidades falsas pero con documentos originales, Ronaldo Alves Da Silva y Ronaldo Alves Dos Santos; o como el del famoso Doctor Horror, el ginecólogo violador brasileño Roger Abdelmassih, quien fue detenido en Asunción con un certificado de nacimiento a nombre de Ricardo Galeano.

    El caso más reciente, que aún sigue causando gran escándalo, es el del llamado capo de la efedrina, el argentino Ibar Pérez Corradi, buscado por la Justicia de su país y oculto en Paraguay con una cédula de identidad y con un pasaporte a nombre de Walter Miguel Ortega Molinas, un joven fallecido tras un accidente en 2002.

    Los datos conocidos hasta ahora revelan el modus operandi de esta situación: Pérez Corradi habría conseguido los documentos originales de contenido falso en el 2015, proveídos por funcionarios policiales, por los cuales habría pagado la suma de 200.000 dólares. Lo más grave es que varios altos jefes, incluido el propio comandante de la Policía Nacional, comisario Críspulo Sotelo, estaban al tanto de la situación, pero no tomaron ninguna medida y tampoco comunicaron el caso a sus superiores, sobre todo al ministro del Interior, Francisco De Vargas.

    La reacción de sumariar a los implicados y destituir al director de Identificaciones no es suficiente. Este caso solo reafirma lo que desde hace mucho se sabe: la estructura de la Policía Nacional permanece sumida en la corrupción hasta el caracú, y esta solo puede ser combatida de raíz, realizando modificaciones profundas en el sistema de selección de los nuevos policías, en la capacitación de los mismos, y en los esquemas de control y sanción a quienes sean sorprendidos en la comisión de delitos.

    De lo contrario, el Paraguay seguirá siendo un refugio de maleantes y quienes viajen al exterior con cédulas de identidad y pasaportes paraguayos seguirán siendo objeto de permanente sospecha.

    http://www.ultimahora.com/la-corrupcion-la-policia-debe-ser-combatida-raiz-n997405.html

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    Publicado por Anónimo | 7 junio, 2016, 8:57 am
  17. De la Policía y sus ilustres huéspedes

    Por Fernando Boccia Torres –

    El destape de la mafia policial que permitió que Íbar Esteban Pérez Corradi, uno de los diez hombres más buscados por la Interpol en América Latina, obtenga documentos paraguayos y pueda moverse con tranquilidad dentro del país, dejó expuesta una realidad de la Policía Nacional que no es nueva ni sorprendente: sus servicios siempre están a la venta al mejor postor.

    Al hombre acusado de ser el autor intelectual de un triple crimen que reveló los entramados del tráfico ilegal de efedrina en Argentina no le resultó (tan) barata su nueva identidad paraguaya y su consecuente libertad. Hay quienes dicen que pagó 200.000 dólares para adquirir una cédula de identidad y un pasaporte bajo el nombre de una persona fallecida 14 años atrás, además de una cuota mensual de 100.000 dólares a policías de la Triple Frontera para que no lo molestaran.

    Hasta ahora, son dos los policías imputados por la venta de documentos de contenido falso. El ahora ex jefe del Departamento de Identificaciones Gilberto Gauto reveló que hace más de un mes la cúpula de la Policía está en conocimiento del hecho. Incluso contó haber conversado personalmente con el comandante Críspulo Sotelo al respecto.

    Quizás el jefe máximo de la Policía no tuvo tiempo, en un mes y algo, de pegar un telefonazo al Ministerio del Interior. Quizás no le pareció necesario denunciar en la Fiscalía que uno de los fugitivos más buscados de la región compró una cédula y un pasaporte falso. Lo cierto es que el ministro del Interior dijo haberse enterado del caso por la prensa. De Vargas se lavó las manos y advirtió que Sotelo podría tener responsabilidades penales y políticas por mantener un sugestivo silencio sobre el cobijo que encontró en la Policía paraguaya un peligroso prófugo de la Justicia argentina.

    A dos años y nueve meses de la era Cartes, tenemos a un segundo comandante policial en la cuerda floja por un caso de corrupción. El primero, Francisco Alvarenga, terminó procesado por presuntamente apañar un negociado con el combustible de las patrullas. Sotelo difícilmente sea imputado, pero su cargo sí pende de un hilo. Habrá que esperar el desenlace de esta novela narcopolicial que, si bien aún misteriosa, tiene tufo a historia repetida.

    Desde el ex agente de la Gestapo y traficante de heroína, Auguste Ricord, pasando por el médico y criminal de guerra nazi Josef Mengele, hasta Íbar Pérez Corradi, la hospitalidad paraguaya –especialmente la de sus funcionarios y autoridades– fue una constante para la delincuencia internacional y este Gobierno no escapó a una lógica policial que nunca fue derribada.

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    Publicado por Anónimo | 7 junio, 2016, 8:26 am
  18. Basurero de criminales

    El caso del tal delincuente Pérez Corradi, uno de los más buscados por la Interpol pone de resalto que para el mundo delictivo somos una especie de basureros. ¡Y luego nos ofendemos por estar tan mal vistos a nivel internacional! El problema no es la imagen internacional, diría yo, si no más bien la realidad nacional, que hace que vivamos en un entorno de corrupción total, donde la Policía Nacional está implicada en dar protección a criminales de alto vuelo, y hasta a extorsionar a los muchachos de los barrios que toman cerveza en la calle.

    Se podría decir que la Policía Nacional es hoy la entidad más corrupta del país y sus filas –desde sus popes, ya que en el caso Pérez Corradi no se sabe hasta dónde están involucrados en la jerarquía– están podridas. También los policías de barrio, que se divierten sacándole plata a la gente, obligándolos incluso a ir al cajero para extraer dinero.

    Hace falta una limpieza general y extirpar a los delincuentes, aunque quede un solo policía en pie.

    Arturo Leguizamón

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    Publicado por Anónimo | 7 junio, 2016, 8:14 am

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