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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

Histórica sentencia judicial para castigar a las dictaduras

Hoy viernes, en horas de la tarde, se conocerá en la Argentina el veredicto de un histórico juicio sobre el siniestro Plan Cóndor, implementado en forma conjunta por las dictaduras de varios países del Cono Sur para colaborar en la represión ilegal, cometiendo graves crímenes contra los derechos humanos. Entre las 105 víctimas existen 15 casos de ciudadanos paraguayos, en su mayoría detenidos y desaparecidos, lo cual otorga al juicio un interés especial para nuestro país. Lo llamativo es que muchos de los familiares de estas víctimas han hallado en la Justicia del país vecino la reparación que no han podido encontrar en su propia patria, donde la impunidad sigue protegiendo a los represores.

Por primera vez en toda América Latina se logra concluir un juicio por crímenes de lesa humanidad cometidos en el marco del Plan Cóndor u Operativo Cóndor, la coordinación represiva montada en los años 70 y 80 por las dictaduras de varios países del Cono Sur para secuestrar, torturar y asesinar a opositores, más allá de las fronteras de cada nación.

Se espera que el veredicto que se dará a conocer esta tarde, en el Tribunal Oral Federal 1 de Buenos Aires, responda a las exigencias de justicia que los familiares de las víctimas vienen impulsando desde que se iniciaron dos procesos, incluidos en el mismo juicio: El primero, sobre casos de represión en el centro de detención ilegal Automotores Orletti, desde 2004, y el segundo, sobre el Plan Cóndor propiamente, que se abrió en marzo de 2013, aunque las primeras denuncias se realizaron ya en 1999, con casos de ciudadanos paraguayos y chilenos desaparecidos en Argentina.

De las 105 víctimas incluidas en el expediente sobre el Plan Cóndor, hay 45 uruguayos, 22 chilenos, 15 paraguayos, 13 bolivianos y 10 argentinos. De este total, 89 fueron secuestrados en Argentina, 5 en Paraguay, 4 en Uruguay, 4 en Bolivia y 3 en Brasil. Hay 18 imputados, para quienes la Fiscalía pidió hasta 25 años de prisión, y para quienes se conocerán las sentencias, entre ellos el ex presidente militar argentino, general Reinaldo Bignone. Otros dictadores, como Jorge Rafael Videla (Argentina), Alfredo Stroessner (Paraguay), Augusto Pinochet (Chile) y Hugo Bánzer (Bolivia), a quienes se acusó inicialmente, ya no fueron incluidos porque fallecieron.

En el caso del Paraguay, el tema cobra particular interés ya que entre los casos de las 15 víctimas están incluidos conocidos luchadores como el médico Agustín Goiburú; la ex jefa y maestra de vida del actual papa Francisco, Esther Ballestrino de Careaga; el ex sindicalista Antonio Maidana; el músico y político colorado Epifanio Méndez Fleitas y el ex militar Federico Tatter Morínigo, entre otros.

Lo llamativo de esta situación es que, a pesar de que se han realizado también denuncias puntuales de cada caso ante la Justicia paraguaya, los familiares de las víctimas no han obtenido mucha respuesta en su propio país, como ahora sí lo obtienen ante la Justicia argentina. Es una lamentable comprobación del poco interés de nuestros jueces y magistrados en juzgar casos de flagrante violación de los derechos humanos, lo cual hace que la impunidad siga protegiendo a los represores.

Más allá de cuál sea la sentencia judicial ante los crímenes del Plan Cóndor, el juicio en sí ya constituye una postura ejemplar ante la acción criminal de las dictaduras y, sin duda, dejará sentado un interesante precedente para que nunca más se instalen estos regímenes totalitarios, aliados criminalmente para oprimir y asesinar a su propios pueblos.

http://www.ultimahora.com/historica-sentencia-judicial-castigar-las-dictaduras-n994724.html

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

10 comentarios en “Histórica sentencia judicial para castigar a las dictaduras

  1. Hablemos en serio

    Por: Marilut Lluis O’Hara

    Hace unos días, en un grupo de WhatsApp, se empezó a hablar del gafe protagonizado por el presidente del Senado cuando se lo filmó ordenando a su secretario que operara para dejar sin quórum la sesión. Dije entonces que era absurdo haber tenido esperanzas en alguien que procede del stronismo, que tiene los orígenes más turbios y vergonzosos que puede tener un paraguayo. Lo único bueno que tiene Marito Abdo Benítez es que es churro, afirmé.

    Indignada una persona me respondió que era una vergüenza que una periodista como yo hiciera un juicio tan a la ligera, metiendo a todos los stronistas en la misma bolsa, sin pensar que en ese sector hay gente honesta. Me dijo también que seguir culpando al stronismo de todos nuestros males no es más que una mala excusa.

    Es cierto que después de casi 3 décadas, seguir culpando al stronismo de la corrupción imperante y de la pésima situación de la salud y la educación, suenan a excusa. Ya pasó demasiado tiempo y tuvimos demasiadas oportunidades para salir del pozo. Si no lo hicimos fue porque a todos nos resulta más cómodo mirar para otro lado cuando la situación apremia, y así evitar comprometernos en algo que no sea solo nuestra supervivencia, a como dé lugar.

    Es cierto también que no todos los corruptos son stronistas. Pero dejémonos de joder, lo que puedo decir tan tajantemente hoy como hace 27 años es que todos los stronistas son corruptos, sinvergüenzas, badulaques y cómplices de los asesinos.

    Yo no soy una persona que vive anclada en el pasado, llorando sus heridas y no construyendo con la vista puesta en el presente y el futuro. Pero que nadie pretenda que eso me haga olvidar lo nefasto que fue el régimen de Alfredo Stroessner y los terribles daños que causó al país. Y definitivamente, nadie me va a convencer de que entre los seguidores del asesino había gente honesta, que de buena fe creía que perseguir y matar a quienes pensaban diferente era lo mejor para la patria.

    Es lo mismo que me digan que hay oviedistas democráticos. Cómo va a ser democrática una persona que sigue a un antidemocrático? Cómo va a ser buena gente esa que sigue defendiendo a la dictadura con el argumento de que vivíamos mejor y era eso lo que nos convenía en ese momento?

    No hay excusas para la barbarie. No importa cuántos edificios o cuántas rutas inauguró el dictador, si en el trayecto mató a un solo paraguayo. Y este badulaque hizo matar a muchos. Así que no me pretendan correr con la vaina, no todos los badulaques son stronistas, pero todos los stronistas son badulaques, aunque sean tan churros como Marito.

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    Publicado por Anónimo | 1 junio, 2016, 9:56 am
  2. Operativo Cóndor nunca más

    Néstor Ojeda Mendoza.

    La famosa “Democracia sin comunismo”, implantada por el gobierno de los Estados Unidos de Norte América unas décadas atrás, para afianzar su poder hegemónico en muchas regiones del continente, y que se extendió a los países de las regiones sudamericanas, incluyó a nuestro país.

    Con la llegada de los gobiernos militares en la cuenca del Plata: Argentina, Brasil, Chile, Uruguay y Paraguay, con un régimen de extrema verticalidad, violaron los derechos más elementales de la humanidad, por la sencilla razón de que no se comulgaba con sus idearios políticos del momento, toda estas personas o grupo de familias, conocieron el exilio sea en su propio país, o eran desterrados a vivir fuera de ella. Pero no solo fue eso, varias pérdidas humanas produjo esta criminal monstruosidad de la mente humana, por el simple hecho de perpetuarse en el poder, como en el caso del Paraguay, que tuvo una dictadura militar-unipersonal, del gobierno dictatorial del General Alfredo Stroessner (+), quien estuvo en el poder por cerca de 35 años (1954- 1989), hasta que en la noche de la candelaria del 2 y 3 de febrero del 89, fuera derrocado por su consuegro, el ahora extinto general Andrés Rodríguez.

    Famoso eran esos tiempos, trueques o cambios de los prisioneros políticos, entre los gobiernos dictatoriales, sean desde Paraguay con la Argentina y viceversa, a más de los sacrificios humanos en que fueron sometidos, todos aquellos que no comulgaban con los dictadores criminales.

    En las mentes están frescas en nuestro país, al igual que en la Argentina y en los otros países, cuyos familiares siguen buscando restos de sus seres queridos en las famosas tumbas “NN”. En la Argentina están “las abuelas de la Plaza de Mayo”, clamando aún Justicia, a pesar que en este país vecino fueron condenados algunos militares que aún siguen con vida, y otros ya fallecidos.

    El Dr. Martín Almada quien descubrió el famoso archivo del terror, y el médico Rogelio Goiburú, siguen clamando Justicia a favor de todos aquellos compatriotas desaparecidos, y en forma especial en busca de los restos de su padre, también brillante médico en su momento, el Dr. Agustín Goiburú, y muchos tantos otros restos de personas desaparecidas por la criminal acción de los gobiernos dictatoriales que se implantó en Sudamérica.

    Estos actos monstruosos que campearon por tres décadas y media en el Paraguay, trajo luto, muertes y desapariciones, como así también exilios forzosos de los compatriotas lejos de su tierra. La sociedad perdió a muchos brillantes hijos, lo cual ocasionó atraso, pobreza y corrupción a causa de los abusos de las autoridades que estaban en el poder de la nación.

    Dictadura y operativo cóndor, nunca más debe ser la premisa de todo buen paraguayo que habitamos esta bendita tierra Guaraní, en honor a aquellos valerosos compatriotas que dieron ejemplo leonino de hombría y valentía, por no comulgar con una mentalidad criminal de esos tiempos. Causa lástima al mismo tiempo que aún en esta primavera democrática que vive la sociedad nacional, muchos familiares de los afectados que estuvieron de acuerdo con ese sistema político, hoy día siguen ocupando cargos de relevancia en el quehacer nacional de la República, sin la correspondiente mea culpa, de un tiempo atroz que vivió nuestro país.

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    Publicado por Anónimo | 1 junio, 2016, 9:45 am
  3. La historia que falta contar
    Por Susana Oviedo

    A muchos les suena a leyenda urbana. A otros directamente les molesta que en la actualidad se hable del tema. No faltan los que lo justifican desde la cómoda postura de que era una práctica común en la época, en todas las dictaduras.

    Están los que pierden de vista a los victimarios y responsabilizan a los padres de las niñas y niños, desconociendo campantemente el profundo miedo que reinaba en esos tiempos en el país y en la región, como consecuencia del terrorismo de Estado imperante, y de que las familias eran despojadas de sus pequeñas. Algunas, bajo el engañoso cuento de que la harían estudiar y estarían al cuidado de familias pudientes de la capital. Lo mismo que se sigue diciendo para mantener la figura de las criaditas.

    Finalmente, están los incrédulos totales, que directamente exigen pruebas y testimonios fehacientes de las víctimas, que es como meter el dedo en la llaga. Como si resultara fácil revivir las violaciones.

    Cualquiera de estas posiciones sobre la historia de las niñas que eran traídas del interior por militares al servicio del general Alfredo Stroessner, para mantenerlas como esclavas sexuales a disposición del máximo jefe y otros jerarcas de su entorno, dan la razón a personas como Rogelio Goiburú.

    Este médico, desde la pequeña y precaria oficina que le otorga el Ministerio de Justicia a la Dirección General de Reparación y Memoria Histórica, a su cargo, sueña con un equipo de jóvenes ávidos de adentrarse a desentrañar los tenebrosos pasajes de la dictadura stronista.

    Su objetivo es claro: “Solo llegando a la verdad se podrá reescribir esta parte de la historia reciente del país”, dice.

    Hubo y sigue habiendo un silencio cómplice de numerosas personas que conocían el drama de las nenitas y de los “criaderos de chiquilinas”, como dice José Carlos Rodríguez, que fue coordinador de Investigación en la Comisión de Verdad y Justicia, cuya tarea transcurrió del 2004 al 2008.

    Esto impidió que en estos 4 años se pudieran recoger y sistematizar testimonios y datos sobre las perversiones practicadas y propiciadas por el despótico dictador, que personalmente y con sus esbirros violaron todos los derechos humanos. La fuerte doble moral impregnada en la sociedad paraguaya sigue intentando desalentar y, de ser posible, derribar cualquier intento de sacar a luz los abusos del stronismo. Quizá por eso se escandalizan tanto cuando se habla de las “niñas que eran violadas por Stroessner”.

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    Publicado por Anónimo | 1 junio, 2016, 9:26 am
  4. La herencia de la justicia

    Por Lourdes Peralta

    A pesar de ser un acontecimiento histórico, doloroso pero alentador, el juicio que se llevó a cabo en Argentina sobre el Plan Cóndor, no se reflejó mucho en el espíritu local. La prensa hizo su parte, porque es imposible no referir algo de tal magnitud. Cómo tomarlo es lo que depende no solo de nuestra voluntad sino también de nuestra memoria. Si los cronistas hubieran salido a preguntar por la calle qué pensaban sobre este enjuiciamiento, ¿qué hubiera dicho la mayoría? Probablemente no solo los jóvenes podrían haberlo relacionado a alguna campaña publicitaria de celulares. He hecho una miniencuesta personal y las respuestas, por supuesto considerando las edades, los niveles de educación y conciencia sociopolítica han sido renuentes, esquivas, vacías, indiferentes (incluyendo argentinos residentes).

    Muchos hoy, ya entrados en la edad madura, fuimos niños y adolescentes que sintieron muy de cerca este pacto criminal que ha vivido no solo Argentina sino América Latina. Lo que hoy se puede decir a diestra y siniestra sobre la libertad y los derechos humanos: “es mi derecho”, “soy libre de opinar”, se lo debemos a personas que dieron su vida –con aciertos y errores– por lo que creían y querían para todos.

    Para los que no lo sepan, el Plan u Operación Cóndor fue un acuerdo macabro para acabar con los opositores a las dictaduras latinoamericanas, con relación y peso directo de los EE. UU. Ocurrió entre los años 1970 y 80. Era el tiempo en que millones de niños latinoamericanos veíamos interrumpidos los programas de televisión infantiles por algún “aviso importante para la ciudadanía: ¿Sres. padres: saben dónde está su hijo en este momento?”, tiempos en que había cosas difíciles de entender, que el tío Juan, la tía María, un hermano, papá o mamá “se hayan ido de viaje” repentinamente. Tiempos en el que aprendíamos forzadamente palabras nuevas: subversivo, rebelde, secuestrado, atentado, represión.

    Recuerdo durante una entrevista con una señora mayor ya, bailarina folclórica paraguaya, quien había gozado de las bondades de giras artísticas recorriendo el Paraguay, EE.UU. y Europa; tanto alababa aquellos años que indefectiblemente entramos en la época. Ante mi pregunta de su sentimiento por el dictador, me dijo: “En esa época lo veíamos bueno… pero es que muchos no sabíamos lo que él hacía…”.

    En Argentina con este juicio a militares represores, se ha removido la médula de una guerra que aún guarda miles de cadáveres sin nombre. Independientemente de la línea política de turno, los que sufrieron y sobrevivieron no se callan, se pueden encontrar testimonios muy fuertes.

    Este enjuiciamiento histórico a responsables de tantos desaparecidos y asesinados busca justicia por los muertos y por la paz de las próximas generaciones.

    “Cállense, que los zurdos también mataban y asesinaban”, es el argumento de galera que algunos sacan a relucir, como si aquí se tratara de ganar o perder en una discusión estéril. Todos perdemos con los extremos. Que no nos paralice el fanatismo; la justicia trasciende cualquier ideología cerrada, mezquina y manipuladora, la justicia debe ser concebida sin partido político.

    Nos toca a todos, principalmente los que crecimos en esta época, no olvidar y crear conciencia, rescatar testigos para imitar este juicio en Paraguay, donde los casos están archivados terroríficamente desde hace 20 años.

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    Publicado por Anónimo | 1 junio, 2016, 9:20 am
  5. Mayo estudiantil

    Mayo se asocia a las protestas estudiantiles. Quizás el más conocido de los mayos sea el francés de 1968, aunque en aquel mismo mes hubo protestas en Alemania y en España, y el movimiento contestatario, antes y después de aquel mayo, se dio en Estados Unidos, Japón, Brasil y otros países. Al Paraguay llegó en junio de 1969, con la visita oficial de Nelson Rockefeller, quien declaró: en quince años de gobierno, el presidente Stroessner ha hecho más que todos los presidentes paraguayos anteriores. El estudiantado lo repudió.

    Rockefeller expresaba la versión oficial: el Paraguay era una maravilla. Ya lo había dicho el Fondo Monetario Internacional (FMI) diez años atrás, y su elogio se debía a que Stroessner fue uno de los primeros en imponer las directivas del FMI, resistidas por los paraguayos, mar de fondo en las protestas de mayo de 1959, comenzadas con la suba del pasaje de ómnibus de tres a cinco guaraníes. Sin embargo, detrás del pasaje estaba el descontento con la política económica de Stroessner. Aquella fue una de las primeras revueltas contra el FMI, dice el historiador Andrew Nickson.

    En realidad, el malestar ya se había visto en agosto de 1958, con la huelga general organizada por la CPT, colorada pero disidente. La represión sometió a la CPT, pero no terminó con el descontento, que volvió a manifestarse en 1959, liderado por los estudiantes del Colegio Nacional de la Capital; más concretamente, por el Centro 23 de Octubre del Nacional, cuya directiva era colorada.

    El Centro 23 de Octubre organizó una manifestación de protesta por la suba del pasaje, en la Plaza Italia, el jueves 28 de mayo de 1959; ni bien comenzó a cantarse el himno, intervino la Policía golpeando a los manifestantes y a quienes pasaban por ahí, incluyendo a los diputados Miguel A. González Casabianca y Fulgencio Aldana. El viernes 29 por la tarde, en Mariscal Estigarribia e Iturbe, comenzaron a congregarse estudiantes de la Escuela de Comercio, el Nacional de Niñas, Nacional (de varones) y de otros colegios (en aquella cuadra estaban también las facultades de Química, Derecho y Filosofía); para la noche, eran varios miles de jóvenes. El sábado 30, manifestación y represión cerca del Panteón de los Héroes.

    La Cámara de Diputados (entonces había una sola Cámara) repudió el procedimiento policial contra la ciudadanía y contra sus fueros parlamentarios. Stroessner la disolvió y persiguió a parlamentarios, la contestación se mantuvo en los colegios y facultades por varias semanas. Estudiantes del interior se solidarizaron con los asuncenos, sometidos a la violenta represión que mató al joven Víctor Miranda.

    Por su parte, el diario stronista Patria publicaba el elogio del FMI a Stroessner (6/8/59) y el homenaje de la Feprinco al susodicho (14/8/59). Era la historia oficial. La historia real es diferente, como lo atestiguan los veteranos del 59 Santiago Maldonado y Joaquín Irún, y merece conocerse mejor. La historia oficial no ha cambiado: para la CNN, un avatar refinado de Patria, el Paraguay de hoy es un milagro (http://www.ultimahora.com/cnn-destaca-el-milagro-paraguayo-n939113.html).

    Para el común de los paraguayos, el milagro es sobrevivir precariamente, pero su opinión no se toma en cuenta.

    Por Guido Rodríguez Alcalá

    http://www.ultimahora.com/mayo-estudiantil-n995244.html

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    Publicado por Anónimo | 31 mayo, 2016, 11:23 am
  6. Por portar cara

    Por Darío Arámbulo –

    ¿Cuándo se dejarán de avalar las prácticas del sistema anterior y se respetarán la Constitución y el Código Procesal Penal (CPP) de la era democrática?

    La Policía tiene por costumbre parar a cualquier transeúnte o conductor y solicitarle la cédula de identidad fuera de las barreras. Si el afectado no tiene, va directamente a una comisaría. ¿Cuál fue el delito? Ninguno.

    Pero ¿a quiénes se los retiene para “verificación” como parte de una política de reducción del comportamiento delictivo?

    Al que tiene pelo largo, una gorra, mal aspecto o esté en actitud sospechosa. Todo está basado en prejuicios.

    En primer lugar hay que entender que el estar sin el documento, por olvidarlo o perderlo, no te convierte en infractor de la ley. Pero igual, si al tener cédula y cae en la desgracia de tener antecedentes, igual es “demorado para averiguaciones”.

    Policías mencionan que la Ley 222, que es una ley orgánica de la institución, les avala, cuando claramente cita que pueden solicitar “la identificación cuando el caso lo requiera”. ¿Y cuál es el caso? Cuando estén portando cara.

    El discurso de la Policía es que ellos pueden llevarte a una comisaría por seis horas. Nada más falso. El CPP indica que “la autoridad policial que haya aprehendido a alguna persona lo deberá comunicar dentro de las seis horas al Ministerio Público y al juez”.

    Esa privación de libertad se debe dar en el marco de una causa probable contra la persona llevada a una sede policial. Es decir, solo y únicamente por realizar un hecho punible un ciudadano debe ir a una comisaría. No puede ir a pasar seis horas como un hobbie, y que lo dejen libre después. Eso es una privación ilegítima de libertad.

    Además, la práctica de la demora no está contemplada dentro del CPP (norma por encima de la Ley 222). En ella solo se determina la aprehensión y la detención. Se establece claramente que la aprehensión solo se debe dar en “flagrante comisión de hecho punible”, según el artículo 239. Y la detención es más obvio, tiene que existir una orden judicial para privar de libertad a alguien, dice el artículo 240.

    Se debe entender que el sistema jurídico que actualmente rige el aparato punitivo del Estado es garantista. Ahora se presume la inocencia de una persona; no como el sistema anterior, donde se establecía la presunción de culpabilidad y la persona debía demostrar su inocencia.

    Desde el Ministerio del Interior se había impulsado el sistema de identificación por huellas dactilares, entonces que lo usen en la calle para evitar la gravosa situación de privar de libertad al pedo. Y que las políticas de la reducción del fenómeno del delito vayan más allá de pedir cédula por portación de cara.

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    Publicado por Anónimo | 31 mayo, 2016, 11:18 am
  7. Stroessner vive

    Las crónicas periodísticas sostienen que murió en Brasilia, en 2006, pero la realidad cotidiana muestra otra cosa. El general Alfredo Stroessner, principal dictador del Paraguay durante la segunda mitad del siglo XX, continúa vivo no solo en la mentalidad de políticos y gobernantes, de policías y militares, sino en la de una buena parte de la sociedad paraguaya.

    Lo revela un lamentable episodio ocurrido el miércoles último, en el barrio Obrero de Asunción, cuando el colega Santiago Ortiz, secretario general del Sindicato de Periodistas del Paraguay (SPP), fue abordado por siete policías a bordo de una patrullera de la Comisaría Segunda, quienes lo detuvieron y le exigieron su cédula de identidad.

    Ortiz no llevaba consigo la dichosa cédula, por lo que fue maltratado verbalmente, subido a empellones a la patrullera y llevado hasta la comisaría para su correspondiente “identificación”. De nada sirvió que la actual directora de la emisora estatal Radio Nacional, Chony Calderón, acudiera en su auxilio en el momento de su detención, explicando que conocía a Ortiz. Ella también, al igual que otra colega, fueron maltratadas.

    La denuncia de lo ocurrido instaló una fuerte polémica en los medios de comunicación y en las redes sociales. Lo llamativo es que una gran parte de la población aplaude lo que hicieron los policías, asegurando que los ciudadanos y ciudadanas tienen “la obligación de portar la cédula de identidad en todo momento”, y que la policía tiene el derecho de llevar preso a quien no tenga consigo el documento.

    Es un gran error, que solo se puede achacar a la mentalidad heredada de la época de la dictadura, cuando un ministro de Educación aseguraba que “la calle es de la policía”.

    Aunque la Ley 222, Orgánica de la Policía Nacional, establece en su artículo 7 que la policía puede “solicitar la presentación de documentos de identificación personal cuando el caso lo requiera”, no aclara cuál sería este caso, ni establece que se pueda detener a quien no los lleve consigo. Ni siquiera aclara que debe ser la cédula, solo dice genéricamente “documentos de identificación personal”.

    El constitucionalista Jorge Vasconcellos aclara que “la identidad es un derecho, no una obligación” y, por tanto, “nadie puede ser detenido por no llevar consigo la cédula de identidad”. De hecho, no hay ninguna ley que obligue al ciudadano a portar este documento en todo momento.

    El Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura (MNP), organismo estatal, sostiene que la policía solo puede detener a personas con orden judicial, o cuando sorprende a alguien cometiendo un delito. El colega Santiago Ortiz solo estaba caminando por la calle. En su justificación, el comisario Vidal Achucarro dijo que el periodista estaba “en una zona sospechosa”. Parece que el país entero se ha vuelto “zona sospechosa”.

    Afortunadamente, también hay mucha gente que se resiste a agachar la cabeza y decide denunciar estos abusos, o solidarizarse con quienes los sufren. Son los que hacen posible que el dictador que llevamos adentro se vaya muriendo un poco más, cada día.

    Por Andrés Colmán Gutiérrez

    http://www.ultimahora.com/stroessner-vive-n995020.html

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    Publicado por Anónimo | 31 mayo, 2016, 11:17 am
  8. La herencia de la justicia

    Por Lourdes Peralta

    A pesar de ser un acontecimiento histórico, doloroso pero alentador, el juicio que se llevó a cabo en Argentina sobre el Plan Cóndor, no se reflejó mucho en el espíritu local. La prensa hizo su parte, porque es imposible no referir algo de tal magnitud. Cómo tomarlo es lo que depende no solo de nuestra voluntad sino también de nuestra memoria. Si los cronistas hubieran salido a preguntar por la calle qué pensaban sobre este enjuiciamiento, ¿qué hubiera dicho la mayoría? Probablemente no solo los jóvenes podrían haberlo relacionado a alguna campaña publicitaria de celulares. He hecho una miniencuesta personal y las respuestas, por supuesto considerando las edades, los niveles de educación y conciencia sociopolítica han sido renuentes, esquivas, vacías, indiferentes (incluyendo argentinos residentes).

    Muchos hoy, ya entrados en la edad madura, fuimos niños y adolescentes que sintieron muy de cerca este pacto criminal que ha vivido no solo Argentina sino América Latina. Lo que hoy se puede decir a diestra y siniestra sobre la libertad y los derechos humanos: “es mi derecho”, “soy libre de opinar”, se lo debemos a personas que dieron su vida –con aciertos y errores– por lo que creían y querían para todos.

    Para los que no lo sepan, el Plan u Operación Cóndor fue un acuerdo macabro para acabar con los opositores a las dictaduras latinoamericanas, con relación y peso directo de los EE. UU. Ocurrió entre los años 1970 y 80. Era el tiempo en que millones de niños latinoamericanos veíamos interrumpidos los programas de televisión infantiles por algún “aviso importante para la ciudadanía: ¿Sres. padres: saben dónde está su hijo en este momento?”, tiempos en que había cosas difíciles de entender, que el tío Juan, la tía María, un hermano, papá o mamá “se hayan ido de viaje” repentinamente. Tiempos en el que aprendíamos forzadamente palabras nuevas: subversivo, rebelde, secuestrado, atentado, represión.

    Recuerdo durante una entrevista con una señora mayor ya, bailarina folclórica paraguaya, quien había gozado de las bondades de giras artísticas recorriendo el Paraguay, EE.UU. y Europa; tanto alababa aquellos años que indefectiblemente entramos en la época. Ante mi pregunta de su sentimiento por el dictador, me dijo: “En esa época lo veíamos bueno… pero es que muchos no sabíamos lo que él hacía…”.

    En Argentina con este juicio a militares represores, se ha removido la médula de una guerra que aún guarda miles de cadáveres sin nombre. Independientemente de la línea política de turno, los que sufrieron y sobrevivieron no se callan, se pueden encontrar testimonios muy fuertes.

    Este enjuiciamiento histórico a responsables de tantos desaparecidos y asesinados busca justicia por los muertos y por la paz de las próximas generaciones.

    “Cállense, que los zurdos también mataban y asesinaban”, es el argumento de galera que algunos sacan a relucir, como si aquí se tratara de ganar o perder en una discusión estéril. Todos perdemos con los extremos. Que no nos paralice el fanatismo; la justicia trasciende cualquier ideología cerrada, mezquina y manipuladora, la justicia debe ser concebida sin partido político.

    Nos toca a todos, principalmente los que crecimos en esta época, no olvidar y crear conciencia, rescatar testigos para imitar este juicio en Paraguay, donde los casos están archivados terroríficamente desde hace 20 años.

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    Publicado por Anónimo | 31 mayo, 2016, 5:20 am
  9. Cicatrizando viejas heridas

    Ayer llegó a su fin uno de los juicios más importantes de todos los tiempos en América Latina. El Tribunal Federal 1 de Buenos Aires dictó sentencia en la causa del “Plan Cóndor”, concebido y ejecutado en coordinación por las dictaduras de Argentina, Chile, Paraguay, Uruguay y Brasil, las que secuestraron , torturaron y asesinaron a dirigentes políticos y gremiales que las combatían. Fue un juicio único en su género.

    El primero en trascender las fronteras regionales y hacer Justicia con 115 víctimas de otros países, entre los que se encuentran 13 de los tantos paraguayos desaparecidos en el vecino país. Y también único por la montaña de pruebas documentales que se aportaron a lo largo del proceso, entre los que se destacan más de medio millón de fojas provenientes del “Archivo del Terror”, detectado en dependencias policiales tras el derrocamiento de Alfredo Stroessner. El resultado fue la condena a 14 tenebrosos criminales, a quienes en todo momento se los trató de genocidas, como corresponde. Entre ellos, con una pena de 20 años, al único “presidente” vivo del régimen militar argentino, general Reynaldo Bignone, de 88 años, así como al coronel uruguayo Manuel Cordero. Sin lugar a dudas, se trata de un fallo histórico y un mensaje para aquellas mentes enfermas que quieran volver a un pasado espantoso de que los crímenes de lesa humanidad tarde o temprano se pagan. Y muy caro.

    En 1999, un grupo de abogados impulsó en la Argentina la causa por el Plan Cóndor, calificado correctamente por el hijo de una de sus víctimas, Rolando Goiburú, como “un Mercosur para secuestrar, torturar y matar a los luchadores por la democracia”. De entonces hasta el inicio del juicio, en el 2013, acumularon documentaciones irrefutables sobre los actos criminales cometidos por los acusados, ahora condenados. Además de un documento desclasificado del Departamento de Estado de los EE.UU, de 1978, redactado por el agente especial Robert Scherrer de la embajada norteamericana en Buenos Aires al FBI, también pueden contarse 4 millones de fotogramas de archivos del Paraguay, 44 mil documentos desclasificados de Estados Unidos sobre Chile y 3 mil sobre Argentina. Hubo 90 legajos de las Fuerzas Armadas y de Seguridad en análisis, 72 informes de dependencias del Estado argentino y 12 informes de organizaciones de derechos humanos como Anmistía Internacional, la Vicaría de la Solidaridad de Santiago de Chile y la Comisión de la Verdad de Río de Janeiro.

    Hasta que se llevó adelante esta causa, se había hablado sobre el “Plan Cóndor” en otros juicios, como a los componentes de las Juntas Militares de Argentina, al igual que en procesos desarrollados en el Uruguay. Pero con el fallo dictado en la víspera, uno de los más trascendentes actos de Justicia de un tribunal, se probó la existencia de una “asociación ilícita” entre las dictaduras del Cono Sur, integrada a los fines de perseguir y exterminar a todo opositor que considerasen “de cuidado”.

    Ante tamaño hecho solo cabe expresar nuestro respeto y agradecimiento al tribunal argentino, aunque con un dejo de sabor amargo dado que durante los alegatos realizados en el juicio también se hizo constar que en nuestro país no se impulsó el juzgamiento y castigo a los crímenes cometidos por el stronismo, salvo en tan pocos casos que se pueden contar con los dedos de una mano.

    Gloria a las víctimas de las dictaduras genocidas. Terrorismo de Estado… ¡NUNCA MÁS!

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    Publicado por Anónimo | 30 mayo, 2016, 7:56 am
  10. El juicio histórico al “Cóndor” y la defensa de la democracia
    29 May 2016

    Las dictaduras no tienen ideologías, ni principios ni respeto por las instituciones que, en la evolución progresiva de las sociedades, se han establecido para dar garantías a los ciudadanos.

    El “Plan Cóndor” es una de las muestras más crudas y brutales de esta corrupción de gobiernos que, más que ofrecer garantías a la sociedad, trataron de garantizar a cualquier costo la continuidad de los regímenes dictatoriales.

    Las instituciones que constitucionalmente estaban obligadas a defender las garantías de la sociedad y los ciudadanos se convirtieron en organizaciones criminales para defender la continuidad en el poder de la claque que se ha apoderado del poder para provecho propio.

    El “Plan Cóndor” es uno de los testimonios más elocuentes y trágicos, en que las instituciones obligadas a garantizar el funcionamiento en convivencia de la nación y la ciudadanía se convierten en verdugos y violadores de la institucionalidad y las garantías.

    Las dictaduras, incluso las que llegan al poder por medio de elecciones democráticas o maquilladas de democracia, no tienen respeto por la democracia ni respeto por sus instituciones y principios de convivencia en sociedad de los distintos sectores, grupos, partidos o pensamientos que conviven, necesariamente, ciudadanos y grupos sociales con diferentes formas de pensamiento, que la democracia ha ido conjugando históricamente, respetando diferencias y ordenando un sistema de convivencia, participación y competencia sin canibalismo.

    El “Cóndor” que voló sobre el Cono Sur llevó esta corrupción de las instituciones a límites extremos, llegando a internacionalizar la represión, violando principios internacionales y garantías, entre los que se encuentra uno de los meritorios logros de la tradición iberoamericana: el derecho de asilo. Ciudadanos que se veían obligados a exiliarse y recibir las garantías correspondientes en el país de asilo se encontraron de pronto que ese principio jurídico y humanitario desaparecía y ellos quedaban convertidos en víctimas en los países en los que habían encontrado protección.

    La documentación que quedó de toda esta corrupción institucional deja claro que las camarillas dictatoriales que se apropiaron del poder en forma absoluta y totalitaria creyeron también ser eternas, es decir, que la impunidad con que realizaron sus actos criminales, entre otros abusos, como enriquecimiento y apropiación de bienes ajenos públicos y privados, han quedado documentadas para el juicio de la historia, que llegó esta vez a tiempo para sancionar a algunos de los responsables, pero sobre todo para ilustrar a muchos de los ciudadanos que vivieron esa historia, con mayor o menor conciencia en su momento, y que hoy pueden asistir a este proceso público que deja en claro que, más allá de las luchas políticas coyunturales, lo que hubo fue un abuso absoluto del poder de una camarilla en detrimento de los derechos de una sociedad.

    El desenmascaramiento es clave en la actual coyuntura en la que, sin que todavía se haya llegado a esos extremos, se producen en la región procesos en que existen gobiernos que tratan de eternizarse, desarrollando niveles alarmantes de abuso tanto en el plano político como en el económico, que están escandalizando, en gran media, a las sociedades democráticas a nivel internacional.

    En el marco de las sociedades iberoamericanas y de las instituciones regionales, se está viviendo un momento en que los principios democráticos se ven abusados, con cierta condescendencia, debido a alianzas supuestamente ideológicas, pero que en realidad responden exclusivamente a la pretensión de eternizarse. No hay coherencia entre lo que predican los mandantes y lo que ofrecen a la sociedad.

    Lo preocupante es que en el mismo momento en que un juicio histórico reivindica el espíritu de la región por los valores democráticos, la atención internacional esté centrada aquí por las denuncias de violaciones a las garantías democráticas en uno de los países que forma parte del grupo de Mercosur.

    El caso de Venezuela es, en este sentido, clave, puesto que existe un descontento popular generalizado, con alarmantes denuncias de respetadas personalidades de prestigio internacional, incluso en los foros regionales y mundiales, de que no hay garantías democráticas y donde la mayoría de los opositores sufren persecución y hasta cárcel careciendo de la elemental garantía de la defensa. Y debe ser preocupación fundamental y urgente de los países del Mercosur, ya que el gobierno de Nicolás Maduro asumirá próximamente la presidencia temporal, creando realmente una situación difícil y comprometida al bloque en el plano internacional, en su relacionamiento institucional con otros bloques. El canciller nacional ha mostrado ya su preocupación al respecto. Es importante que hoy en la región prime la preocupación por la defensa de los principios democráticos.

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    Publicado por Anónimo | 30 mayo, 2016, 7:38 am

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