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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

Los desfiles

El desfile tiene una larga historia humana. Lo practican militares, policías, civiles, religiosos, estudiantes, deportistas, promotoras de ropas, etc. Tiene sus variantes según los fines o motivaciones.

Es una actividad que nos gusta mucho a los paraguayos. Nos hacen desfilar desde pequeños hasta viejos. Con los festejos del Bicentenario en el 2011 volvieron en auge. Militares y policías, reservistas y estudiantes, estos últimos encabezados por docentes, en todo el país, mostraron “su gallardía” en honor a la patria, como vociferaría el animador.

Sobre la avenida Mcal. López (Asunción) después de años retornaba la parada marcial con una concurrencia multitudinaria. El pueblo y los más encumbrados estaban allí. Los militares pintaron sus viejos tanques y acondicionaron sus vetustos aviones para impresionar. Los policías mostraron sus novedosos uniformes de camuflaje y sus rifles con miras láser. Los reservistas practicaron semanas.

Durante el stronismo los desfiles tenían gran importancia. Las marchas estudiantiles por alguna recordación histórica que se producían en la calle Palma eran las más apreciadas. Para muchos del llano, ese evento era la oportunidad para admirar las beldades de los colegios chuchis. Este año los estudiantes no participan del desfile por el 14 de Mayo porque ya no hubo tiempo para coordinar con los militares y policías por la rebelión en las escuelas y colegios. Otra consecuencia positiva de esta histórica movilización.

Dada la tradición marcial que tenemos, no proponemos suprimir los desfiles. Pero centrar en esta actividad simple, vacía, maquinal y vanidosa nuestro espíritu festivo y lúdico en los días que recordamos las gestas de nuestra patria habla mucho y mal de nosotros. Es un indicador de nuestra estrechez cultural como sociedad. ¿Por qué no gastar dinero y tiempo en ofrecer mayores oportunidades de expresión artística y deportiva a los jóvenes para honrar a la patria? Con los desfiles los jóvenes no serán más patriotas.

Por Roberto González A.

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/los-desfiles-1480300.html

 

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

3 comentarios en “Los desfiles

  1. Los símbolos y las democracias

    Por Jesús Ruiz Nestosa

    SALAMANCA. Aunque de acuerdo a nuestra Constitución somos un Estado democrático y laico, mucha gente no entiende muy bien el significado de estos términos y cómo deben traducirse a la realidad. Paradójicamente son las autoridades y el propio Gobierno quienes menos los entienden y esconden la “práctica democrática” bajo discursos huecos y se saltan por encima lo “laico” dejando entrever que es una persecución a la Iglesia Católica cuando en realidad sólo el Estado laico puede garantizar el ejercicio libre de la religión.

    La semana pasada, el Tribunal Supremo de España dio a conocer una sentencia cuyo texto completo, que no puedo transcribir por falta de espacio, se tendría que distribuir entre la clase gobernante y obligarle a los políticos que lo lean y, sobre todo, que lo entiendan (¡qué ingenuidad!).

    En Cataluña se vive desde hace un par de años un ambiente políticamente enrarecido a causa de una corriente de independentismo alimentado por un grupo de políticos mediocres que, explotando sentimientos chovinistas, han encontrado el mejor camino para aferrarse al poder y, de paso, ocultar graves casos de corrupción en la propia Generalitat (gobierno catalán). Dentro de este ambiente, han promovido el uso de la bandera independentista catalana, que es la misma de Cataluña (franjas horizontales rojas y amarillas) pero a la que se le ha agregado un triángulo azul con base en el mástil y una estrella blanca en el centro. Por este motivo la llaman “la estelada”.

    La Sociedad Civil Catalana, que se opone a estos delirios independentistas, acudió al Tribunal Supremo ante el uso indiscriminado de esta bandera por lo que el TS acaba de emitir una sentencia que señala que “las administraciones públicas están obligadas a ser neutrales siempre” y se declara que “la bandera ‘estelada’ es partidista y que las votaciones que instan a la exhibición de este símbolo en los espacios públicos no se ajustan a la legalidad”.

    En otra parte de la sentencia se lee: “Lo relevante no es que la bandera cuestionada pertenezca a un partido, o se identifique con una concreta formación política, sino que no pertenece a –es decir, no se identifica con– la comunidad de ciudadanos que, en su conjunto, y con independencia de mayorías o minorías, constituye jurídicamente el referente territorial de cualquiera de las Administraciones o Poderes Públicos constituidos en el Estado español, en la Comunidad Autónoma de Cataluña o en la provincia de Barcelona, y por tanto su uso por cualquiera de esas Administraciones o Poderes quiebra el referido principio de neutralidad, siendo notorio que la bandera “estelada” constituye un símbolo de la reivindicación independentista de una parte de los ciudadanos catalanes representados por una parte de los partidos políticos, y sistemáticamente empleado por aquellas fuerzas políticas que defienden esa opción independentista, pero carece de reconocimiento legal válido como símbolo oficial de ninguna Administración territorial, resulta obvio que su uso y exhibición por un poder público –en este caso de nivel municipal– solo puede ser calificado de partidista en cuanto asociado a una parte –por importante o relevante que sea– de la ciudadanía identificada con una determinada opción ideológica (aunque esta sea compartida por varios partidos o fuerzas electorales), pero no representativa del resto de los ciudadanos que no se alinean con esa opción, ni por consiguiente, con sus símbolos”.

    Me tomé la libertad de esta larga cita porque la encuentro sumamente descriptiva de una situación que tiene mucho que ver con nosotros. Es frecuente ver fotografías de autoridades nacionales o municipales en las que aparece el escritorio del mandamás de turno y, flanqueando la mesa, la bandera nacional a un lado y la del partido Colorado en el otro. Es hora que aprendamos, gobernantes y gobernados, que en el momento que ese jactancioso político apoya sus asentaderas en la codiciada silla, no está representando a un partido, a sus seguidores y sus intereses, sino está representando a toda la ciudadanía. Desde allí tiene que responder a las necesidades de todos por igual y no aplicar lo que decía George Orwell en su célebre “Rebelión en la granja”: “Todos los animales son iguales aunque algunos son más iguales que los otros”. El fallo del Tribunal Supremo de España, dirigido a Cataluña, sin quererlo, nos ha tocado muy cerca y tendríamos que considerarlo.

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    Publicado por jotaefeb | 18 mayo, 2016, 5:56 am
  2. La patria de todos los días

    Por Lourdes Peralta

    Las emociones desbordadas son comunes cuando demostramos nuestro amor al país donde nacimos. Lo he escuchado muchas veces, por más mal que esté la tierra de uno, hay un sentimiento profundo que permanece inamovible y se exalta en las fechas especiales. La patria, sin entrar en otras definiciones, es el lugar donde nacimos y crecimos, la infancia nos marca el sentido, ella es la que nos recuerda lo que solo podemos compartir con los viejos amigos y con otros de la misma generación. Hay patrias también por adopción, lugares donde hemos formado pareja, donde nacieron nuestros hijos, donde conseguimos trabajo, desarrollamos una vida.

    El fin de semana hubo fiesta en la ciudad conmemorando la Independencia del Paraguay. Detrás de esta fecha hay mucho para analizar en el sentido sociopolítico, económico, incluso sentimental. Muchos se colocaron la insignia y pusieron banderas a flamear en los frentes de sus casas, negocios, instituciones. Pero después de la farra la patria sigue. Soy de los que creen que no puede haber una patria grande sin una chica fortalecida, es decir, no podemos soñar con un país que se defienda a sí mismo de las amenazas externas si no está seguro de sí mismo.

    Tal como el cuerpo humano, un país tiene sus partes internas e íntimas, cosas que no compartimos con otras patrias. Hay lenguajes, códigos que otros no pueden comprender porque están enraizados en las costumbres y tradiciones. Recuerdo que una vez compartía unas mandarinas con amigos en un país lejano, y dije: “Qué bueno sería tomar mandarinas en el sol”. Como hacía frío, ellos me miraron sin comprender, explicándolo hubiera perdido su encanto.

    Pero para que exista el justo disfrute de las bondades han de existir las cosas no tan buenas para que podamos elegir ser honestos e íntegros. Esta elección es la que nos hace patriotas de feria o patriotas comprometidos. En el cuerpo de la patria hay muchos dolores y enfermedades que sentimos cada vez más. Cuando vemos pobreza, no solo la material, aunque es la principal generadora de muchos otros males, es cuando debemos tratar de interpretar cómo está nuestro país. No hay que ver solamente desde la propia realidad, eso es egoísmo.

    El patriota no contradice la realidad ni sus raíces, al contrario, es crudo en sus análisis.

    Y no olvidemos mencionar a los extranjeros. Valoremos el ejemplo que nos demostraron siempre los inmigrantes que eligieron vivir en Paraguay, llamativamente ellos parecen comprender más claramente los problemas de nuestra sociedad y lo demuestran con su trabajo y su respeto hacia los demás. Contraria y dolorosamente cuántos paraguayos nativos buscan el lado torcido, el facilismo, encuentran tonto respetar las normas y las leyes. Eso está lejos del patriota.

    Orgullo y rememoración por la Independencia del Paraguay, el Palacio de López ataviado con colores alusivos, la danza, la artesanía, el arte nacional, de todo hubo en el festejo, pero esta fiesta debe continuar en obras concretas, reclamos, unidad, una nuestra mentalidad por la justicia y la paz social, económica. Delincuentes orondos ocupando “palcos de honor” ya no, basta de estas burlas a la ciudadanía.

    Los millones de compatriotas que sufren miseria y exclusión, ¿qué amor a la patria pueden sentir?

    Les dejo, como una flor, una frase simple y completa: “Nadie es patria, todos lo somos” (Jorge Luis Borges).

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    Publicado por jotaefeb | 18 mayo, 2016, 5:55 am
  3. Mucho circo, poco pan
    Por Lupe Galiano
    Esto de los desfiles es tan antiguo como la humanidad misma. Los romanos paseaban sus carros, sus gladiadores, al mismo César y a las legiones por el circo, las calles y todos los caminos que conducían a Roma. Hitler llegaba a juntar hasta 500.000 personas en un día flojito. En la Plaza Roja se juntaban millones de rusos de armiño y espada. Los símbolos: el águila, el rojo, las charreteras y el oro.
    En Paraguay –que se vanagloria de sus dos guerras, como si fueran algo lindo– las marchas militares vienen de la época de María Castaña. Pero quien entendió el mensaje propagandístico, aleccionado por Goebbels, fue Stroessner. El dictador hizo de la pasarela de tanques, infantes, caballos, barcos y perros una verdadera fiesta del culto a la personalidad; la propaganda de una gestión, cruel, por cierto; y la demostración de una fuerza que colaboró con el millón de desaparecidos de la región. Los símbolos: el cóndor, el rojo, las charreteras y el oro. Una casualidad, ¿no?
    Como ya lo dijeron muchas veces filósofos, analistas, politólogos y el mozo del bar de la vuelta, se fue Stroessner, pero no se fue el stronismo. Cuando asumió Rodríguez, como buen militar, quiso seguir con este show de tanques y ametralladoras cada 15 de mayo.
    Wasmosy, el primer civil sin ninguna presunta contaminación verde o, también se encantó con el frufrú de las medallas. Lugo, de quien se esperaba un comportamiento más progresista, se dejó seducir por las botas, aun a pesar de que él mismo calzaba sandalias.
    Cartes, otro civilacho que ni siquiera hizo el Servicio Militar cuando era obligatorio, y además es empresario con una supuesta mente más inclinada a los resultados que a las balas, anda por la misma senda.
    Lo peor (primera parte) es que el mandatario de turno le hace soportar ese tremendo tedio a los embajadores, obispos y otros vecinos y amigos que se tienen que aguantar piolas porque decir mu equivale a un conflicto diplomático de marca mayor. Lo peor (segunda parte) es que es un gasto totalmente innecesario, que nunca en 27 años de democracia se transparentó. ¿Cuánto cuesta mover los xavantes, los tanques, los camiones? ¿Cuánto cuesta renovar las botas y los uniformes? ¿Cuánto cuesta alquilar las sillas, los toldos y las alfombras rojas? Lo peor (tercera parte) es que hay gente, que aunque sea feriado y porque es pobre, igual tiene que trabajar en el centro y se joroba con tanto trancón en el tránsito. Pero eso finalmente es un daño colateral y no le importa a nadie.
    Y bueno: que siga el circo, pero sin pan.

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    Publicado por jotaefeb | 17 mayo, 2016, 5:23 am

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