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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

Preocupación por la pobreza debe convertirse en realidad

El Gobierno dio a conocer las nuevas estadísticas de pobreza al año 2015. Actualmente el 22,2% de la población está en situación de pobreza, es decir, más de 1.500.000 personas, de las cuales casi 700.000 no cuentan con los ingresos para adquirir ni siquiera los alimentos básicos para nutrirse, 500.000 de ellas en el área rural. Es inadmisible que un país productor de alimentos, con tierras productivas, agua suficiente y recursos públicos disponibles sea incapaz de garantizar derechos tan básicos como un ingreso digno y una alimentación adecuada. El Gobierno tiene permanentemente en su discurso su objetivo de erradicar la pobreza; sin embargo, no se observan resultados sustanciales aún.

Esta gestión de gobierno ha tenido condiciones inmejorables para reducir la pobreza.

Heredó un fuerte aumento de recursos provenientes de Itaipú, elevó el endeudamiento público a un ritmo y nivel insospechado, consiguió la aprobación de todas las leyes que solicitó en el Parlamento y, fundamentalmente, un aumento presupuestario en sus programas priorizados.

Sin embargo, esta gestión fue la que menos redujo la pobreza, por lo que en términos porcentuales en dos años disminuyeron la pobreza en 1,6 puntos bajando de 23,8% a 22,2%.

En valores absolutos esto significa 55.000 personas en situación de pobreza menos.

Este resultado es consistente con la crisis que estamos viendo en el campo y en la ciudad.

Por un lado tenemos que la pobreza se concentra en la población rural, cuyo aporte al país es la producción de alimentos, tanto para garantizar sus ingresos como para que las ciudades tengan alimentos sanos y a precios razonables.

Con solo haber seguido las noticias surgidas por los 23 días de marcha campesina y observar la lista de precios de frutas, verduras y hortalizas en los mercados era previsible tener estos resultados.

Algo no está funcionando en la política pública, porque los campesinos no pudieron generar ingresos y reducir su pobreza y en las ciudades hay desabastecimiento.

En estas condiciones, la pobreza habría aumentado si no hubieran existido programas sociales como Tekoporã y la pensión alimentaria para adultos mayores. Estos programas permitieron que las familias de menores ingresos pudieran mantener un nivel mínimo de ingresos para subsistir.

El mantenimiento de esta base mínima de subsistencia no debe ser subestimado atendiendo a que en Paraguay históricamente la mayoría de los pobres son niños, niñas y adolescentes.

La reducción de la pobreza, más allá de la mirada coyuntural, debe ser analizada en el largo plazo, de otra manera serán estos mismos niños quienes la reproduzcan en unos años más.

Esperemos que la preocupación por la pobreza deje de ser parte del discurso y se convierta en una realidad verificada en resultados concretos, con políticas integrales que permitan paralelamente al aumento del ingreso de los adultos a través del trabajo, garantizar a niños, adolescentes y jóvenes una nutrición adecuada, una educación de calidad y el acceso a servicios de salud.

Solo de esa manera podremos aspirar a un Paraguay sin pobreza en el largo plazo.

http://www.ultimahora.com/preocupacion-la-pobreza-debe-convertirse-realidad-n989644.html

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

12 comentarios en “Preocupación por la pobreza debe convertirse en realidad

  1. Una señal de que no todo está perdido

    Parece poca cosa, pero no lo es. Cualquier iniciativa que sea una invitación a cambiar realidades negativas debe ser valorada. Y esta es una de ellas. Actualmente hay siete en Asunción, y en ellas diariamente se depositan alimentos que, de otro modo, tendrían como destino el basurero.

    Hablamos de las llamadas Heladeras solidarias, iniciativa que arrancó hace apenas unos meses en nuestra ciudad, y que tiene el objetivo de conservar alimentos en perfecto estado, no comercializable, para entregarlo luego a gente necesitada.

    Hasta el momento, la iniciativa ha permitido la distribución de más de 200 kilos de comida, que, reitero, se hubiesen tirado, beneficiando a unas 900 personas de seis instituciones, según datos de la Fundación Banco de Alimentos Paraguay y Pro Asunción.

    Está claro que las cifras en cuestión son insignificantes con relación al problema que enfrenta. Sin embargo, la propuesta de estas entidades es una provocación para los empresarios de locales gastronómicos –y otros– acostumbrados a tirar cientos de kilos de alimentos, así como una llamada de atención para la ciudadanía sobre cuestiones como el derroche y el desperdicio. ¿Qué hacemos con la comida que sobra?

    Por más solitarias que parezcan, estas iniciativas de la sociedad civil son relevantes, al proponer que la solidaridad deje de ser un acto esporádico de generosidad para convertirse en una práctica constante, abriendo la posibilidad de reconocer al otro en su dignidad; una mentalidad en donde la situación del semejante es tenida en cuenta, en contraposición a la absolutización de la ganancia y la apropiación de bienes como única razón de la existencia y de todo emprendimiento laboral y profesional. Una revolución en un mundo como el nuestro, y con consecuencias incluso en la política.

    Ninguna sociedad o nación puede desarrollarse plenamente teniendo como base la indiferencia hacia la necesidad y el sufrimiento de seres humanos, en este caso, de aquellos que no acceden a un derecho humano elemental como es la alimentación.

    Y uno puede escudarse o justificarse afirmando que el Estado es el responsable de solucionar la pobreza y la falta de alimentos, y tendrá razón. Sin embargo, es hora también de fortalecer el concepto de la subsidiariedad, tan necesario en Paraguay, que plantea la necesidad de menos Estado y más sociedad.

    Por otra parte, estas propuestas son además el reflejo de que en el corazón del hombre siempre habrá un espacio para mirar al otro como un bien para sí mismo y los demás, agrietando esa tendencia individualista tan destructiva en nuestros días.

    “Lo que el hombre ha perdido es la conciencia de que su libertad no es mayor cuando puede hacer lo que se le antoja sino cuando elige lo bueno, lo bello, lo verdadero…”, expresaba recientemente el abad Mauro Lépori en una conferencia. Un desafío para adherirse a iniciativas “bellas” que transforman realidades negativas, y dejan en claro, a decir de Fito Páez, que no todo está perdido, y que, junto a otros, siempre será posible construir.

    Por Gustavo Olmedo

    http://www.ultimahora.com/una-senal-que-no-todo-esta-perdido-n1083203.html

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    Publicado por jotaefeb | 6 mayo, 2017, 8:46 am
  2. El castigo del karai

    “Karai Octubre le llaman. Medio petisón es el hombre y su ancho sombrero lo achata aún más. Lleva puestas unas ropas roñosas, y hace sonar su rebenque antes de entrar a espiar en las cocinas y en las ollas. Karai Octubre es la pobreza, la miseria, las penurias. Se le ahuyenta solamente con una olla llena de comida. Si no la encuentra, se queda todo el año para hacer sufrir a esa familia. De ahí que se cocine abundantemente el primer día de octubre…”. Así cuenta una versión de la leyenda guaraní, viva hasta hoy en nuestro país y litoral argentino. La moraleja tradicional rescata al campesino previsor y condena al haragán, es decir al que no ha sabido trabajar a tiempo para ganar el alimento y reservar.

    Solemos amenizar con chistes este día, mientras conservamos la costumbre de compartir en familia, o donde nos toque, un suculento jopara. Lo que no hace ninguna gracia son aquellos que no son ejemplo de trabajo pero se suman al ritual; cuánto descaro pedir que no les falte el alimento. ¿Acaso la conciencia vendida, la haraganería pagada, la prostitución y tantos otros males que carcomen nuestra estructura socioeconómica tienen algún miedo del Karai Octubre?

    En contraposición a las “luchas”, como la de funcionarios públicos exigiendo aumentos injustificables, hay niños hambrientos hasta llegar a convertirse en delincuentes, mamás desnutridas salvan a sus bebés amamantándolos, ancianos subsisten con mendrugos de pan, hombres en edad productiva no tienen forma de llevar la comida a su familia.

    En nuestro país no hace falta esperar detallados análisis ni estadísticas oficiales para saber que hay pobreza crítica. Se ve, se siente. Y aquí no hablamos de la hambruna del espíritu e intelecto, que merece comentario aparte, sino de comida para el cuerpo, la indispensable para tener fuerza física, para trabajar, vivir y desarrollarse normalmente.

    El hambre es lo que ha llevado a millones de paraguayos al exilio durante décadas, cuántos paraguayos emigran para trabajar durísimo en empleos que su propio país no les ofrece y luego, si regresan, regresan a la incertidumbre.

    El Karai Octubre hace mucho salió de la leyenda y se hizo piel y huesos en compatriotas. Hay gente que come deficientemente o que no come, negar esto porque yo tengo buena comida en mi mesa, es una postura desgraciada y limitante.

    Todavía el entendimiento de la clase media va a paso de carreta, cuando debería ser la clase más crítica y organizada; sin embargo, retrocede cada vez que se desliga de los pobres, asumiendo que es “problema ajeno” o “no quieren mejorar”. Es cierto que hay personas pobres porque son perezosas, pero generalizar es hacer la de Poncio Pilato.

    Nunca será el camino la condena ni el desprecio, hay personas que tienen terror de cualquier pobre que se acerca a pedir una moneda.

    En la rica naturaleza paraguaya hay una verdad invariable y es que ni una sola persona debería estar revolviendo tachos de basura, ni un solo productor debería perder sus cosechas por no venderlas, ni un solo artesano debería regalar su trabajo. “Casi todos los crímenes que castiga la ley se deben al hambre”, dice René de Chateaubriand. Para pensar.

    Por Lourdes Peralta

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/el-castigo-del-karai-1524579.html

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    Publicado por Anónimo | 5 octubre, 2016, 8:37 am
  3. Reducir la pobreza crónica exige intervenciones integrales

    Un reciente informe del Banco Mundial le pone números a un problema que intuitivamente está en la discusión sobre la pobreza. Se sabe que este flagelo no es un problema coyuntural de ingresos, sino la conjunción de muchas variables que no se pueden abordar en el corto plazo o con medidas simplistas. Muchas personas permanecen en situación de pobreza, aun cuando el crecimiento económico sea persistente. Este es el caso de la pobreza crónica, que pone la mirada en las personas que a lo largo de los años no han logrado superar la línea de indigencia. La lucha contra la pobreza crónica exige políticas de Estado de mediano y largo plazos que garanticen una movilidad social ascendente.

    La falta de capacidades y activos, mercados y políticas que no funcionan bien, riesgos imposibles de ser manejados por las personas y una excesiva concentración en la sobrevivencia cotidiana sin la atención a un proyecto de vida a largo plazo, hacen que muchas personas se mantengan por debajo de la línea de pobreza.

    El informe señala que Argentina, Uruguay y Chile se encuentran entre los países de menor incidencia de pobreza crónica, mientras que Guatemala, Honduras y Nicaragua entre los de mayor pobreza. Entre estos dos grupos de países se encuentra Paraguay, cerca del promedio latinoamericano.

    El hecho de estar cerca del promedio se puede ver como un resultado positivo, ya que en otros ámbitos nuestros indicadores se encuentran más cerca de los países centroamericanos que de los países del Cono Sur.

    Sin embargo, este resultado positivo se oscurece cuando se observa otro indicador que muestra que Paraguay es uno de los países con mayor movilidad descendente. Es decir, junto con Nicaragua, Honduras y Bolivia, Paraguay es uno de los países que de 2003 a 2011 presentan la mayor proporción de no pobres que cayeron en pobreza.

    En este contexto, surgen tres desafíos importantes. Primero, continuar reduciendo la pobreza; segundo, garantizar que quienes dejaron de ser pobres o nunca fueron pobres no caigan en pobreza y, en tercer lugar, el punto central del informe del Banco Mundial: atender la cronicidad de la pobreza con medidas de carácter estructural.

    Estas medidas van desde garantizar un entorno favorable para la inclusión económica de los adultos como el acceso a mercados de calidad, cobertura universal de salud y servicios públicos eficientes, hasta la atención a la primera infancia como mecanismo de ruptura intergeneracional de la pobreza.

    El enfoque territorial aparece como clave en el objetivo de reducir la pobreza crónica. Si bien esta puede estar concentrada en el sector rural, en valores absolutos existe una importante cantidad de personas en situación de pobreza crónica en el sector urbano.

    La coordinación intersectorial debe ser una prioridad, especialmente en un país como Paraguay en que cada institución y ministro tiene una agenda propia, la mayoría de las veces sin el sustento de la evidencia empírica y con la primacía de intereses particulares.

    Finalmente, la lucha contra la pobreza crónica exige políticas de Estado, de mediano y largo plazos, que garanticen una movilidad social ascendente en el mediano y largo plazos. Sin los componentes anteriores, cualquier iniciativa tendrá éxitos coyunturales y trasladará hacia el futuro la aspiración de un país sin pobreza.

    http://www.ultimahora.com/reducir-la-pobreza-cronica-exige-intervenciones-integrales-n1026746.html

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    Publicado por Anónimo | 27 septiembre, 2016, 7:35 am
  4. Seguir avanzando en la estrategia contra la pobreza

    Coincidiendo con el momento en que el Gobierno intenta mostrar la reducción de la pobreza en el país, la ONU anuncia que 30 millones de latinoamericanos podrían volver a caer en ella. Es de esperar que las autoridades tomen nota y hagan todos los esfuerzos posibles para seguir avanzando en la estrategia contra esta realidad. El Gobierno sabe exactamente dónde se concentra la población que sufre necesidades extremas en Paraguay, dispone de los medios y los programas. La lucha contra la pobreza debe dejar de ser solo un discurso.

    El informe Progreso Multidimensional: Bienestar más allá del ingreso señala que las políticas públicas de hace una década, que se basaron en la educación y la creación de empleos, son insuficientes hoy en día. Por tanto, uno de cada tres latinoamericanos está en riesgo de recaer en la pobreza debido a la recesión económica, después de 15 años de bonanza, destaca el informe.
    El reporte reconoce cierto avance en algunos indicadores; sin embargo, advierte sobre otros que se encuentran por debajo de lo esperado, como la tasa de homicidios, la desigualdad de ingresos, el embarazo adolescente, el empleo vulnerable, pensiones y educación.

    De acuerdo al informe del organismo internacional, cerca de 50 millones de personas se incorporaron al mercado laboral, pero esta buena noticia tiene un aspecto no del todo positivo: estos empleos están vinculados al consumo y no a la inversión, y esto es porque la gente consigue empleos como albañiles, transportistas, ayudantes en el transporte, fotocopiadores, peluqueros, empleados de cafeterías con internet, etcétera. Por esto, y a pesar de los logros, entre 25 y 30 millones de personas están en peligro de recaer en la pobreza.

    Mirando hacia adentro y tomando en consideración una poderosa herramienta con que se cuenta –la Encuesta Permanente de Hogares 2015, cuyos datos dio a conocer recientemente la Secretaría Técnica de Planificación–, este llamado de atención no debe ser desatendido.

    Las autoridades conocen la cifra exacta de paraguayos que viven en la pobreza y en la pobreza extrema. Conocen las zonas del país donde viven estas familias y cuáles son sus necesidades.

    Este es el momento de reforzar la estrategia contra la pobreza. El programa Sembrando Oportunidades, coordinado por la Secretaría Técnica de Planificación, con sus siete líneas de acción para reducir la pobreza, tiene que ser la prioridad número uno; y todas las instituciones vinculadas al mismo, deben poner su atención para lograr la mayor eficiencia.

    También se deben reforzar los controles para que los recursos lleguen a quienes van destinados.

    Es moralmente inadmisible que 687.000 paraguayos subsistan en la pobreza extrema. No es posible que un país, que es un gran productor de alimentos, mantenga en esta situación al 22,2% de su población.

    El Gobierno central dispone de programas para promover que los pobres extremos abandonen esta condición; y las autoridades departamentales, así como los gobiernos locales, tienen la obligación de trabajar para cambiar esta realidad. Solamente con una labor eficiente estarían justificando su razón de ser. Ante la agorera predicción de que están en riesgo los logros contra la pobreza, se deben redoblar los esfuerzos; este es un combate en el que no está permitida una derrota, pues no se trata de cifras ni de informes; se trata de la vida y la dignidad de miles de paraguayos.

    http://www.ultimahora.com/seguir-avanzando-la-estrategia-contra-la-pobreza-n1001995.html

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    Publicado por Anónimo | 24 junio, 2016, 8:44 am
  5. Solidaridad, la clave en un país con tanta desigualdad

    Ante la gran precariedad en que viven miles de pobladores de la zona ribereña, un grupo de jóvenes nos dan una gran lección. Se trata de los jóvenes de la Pastoral de la parroquia San Antonio de Padua de la ciudad de San Antonio, en el Departamento Central, que decidió crear la heladera amigable.

    La iniciativa surgió cuando los parroquianos comenzaron a observar que un grupo creciente de pobladores de la zona cercana al río Paraguay –afectados por su crecida– se acercaban a la parroquia en busca de alimentos.

    La heladera amigable permitirá la correcta conservación de los alimentos donados por los parroquianos, para que sean consumidos por los pobladores necesitados, quienes lo podrán hacer en forma totalmente gratuita. La heladera está ubicada bajo techo, y los insumos que van acercando las personas solidarias son entregados en el horario de 9.00 a 19.00, todos los días de la semana, incluso domingos. En la parroquia también funciona un comedor donde 160 adultos mayores almuerzan diariamente. Según comentó el párroco, incluso se les hace delivery hasta sus residencias en caso de que alguno de los ancianos esté enfermo o tenga algún impedimento.

    Noticias similares a esta, sin dudas, insuflan de esperanza nuestra realidad. Pero, además de saludar e instar a que estas iniciativas solidarias se repliquen en otros lugares del país, debemos ser firmes en nuestra crítica a un Estado paraguayo que no puede permitir que miles de paraguayos vayan a dormir sin haber probado un solo bocado de comida.

    Es del todo inaceptable que un país que exporta alimentos, que podría proporcionar comida a 60 millones de personas, permita la existencia de un solo paraguayo que sobreviva en condiciones de extrema pobreza. A las personas que viven en estas condiciones las define su consumo de cantidad de calorías, y el criterio oficial en el Paraguay es que estos compatriotas –un total de 687.000 personas– subsisten con poco más de 300 mil guaraníes al mes.

    Las iniciativas que buscan tender una mano a los compatriotas más carenciados son necesarias y fundamentales para seguir construyendo un país donde los paraguayos seamos fraternos y solidarios. Sin embargo, el objetivo debe seguir siendo la eliminación de la pobreza y la construcción de un Paraguay sin desigualdad.

    Es vergonzoso que se haya tornado normal la escandalosa desigualdad que impera en el país: mientras la pobreza baja apenas unas décimas imperceptibles en las estadísticas del país, los números que corresponden a la franja de población rica no se ve alterada, pues mientras estos siguen teniendo los mismos privilegios, la franja de pobres se mantiene muy frágil.

    Mientras la sociedad civil se organiza y da muestras de que es más efectiva que el Estado, el Gobierno debe dejar de perder el tiempo. En este punto no se habla a nivel teórico, pues en este mismo momento hay 687.000 paraguayos pasando hambre. La solidaridad nos hace sentir menos solos, pero no puede reemplazar la responsabilidad de un Estado.

    http://www.ultimahora.com/solidaridad-la-clave-un-pais-tanta-desigualdad-n996396.html

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    Publicado por Anónimo | 5 junio, 2016, 7:19 am
  6. El grito del campo
    30 mayo, 2016
    Por Santiago González

    Innumerables son los viajes que hicimos con AAM a lo largo de todos estos 8 años; historias, testimonios y retratos de las comunidades más olvidadas de nuestro país. Al conocer estas historias desde afuera de la cabina y desde el relato, la vivencia y la realidad misma nos acercaron bastante a la verdad, más allá de la que cada uno sostiene.

    Esta vez nos tocó viajar a Caazapá, un departamento que según el último boletín de pobreza basado en la Encuesta Permanente de Hogares es el más pobre con 47.89% de pobres y 33.54% de pobres extremos; en otras palabras gente mal nutrida que muchas veces no tiene qué comer. Llegamos hasta una localidad llamada Tava’i luego de recorrer 100 kilómetros desde Caazapá y otros 86 kilómetros, pero ya en camino de tierra. Ingresar o salir de ahí luego de un poco de lluvia es imposible, escucharlos y ver cómo viven, impacta.

    Hablar de pobreza en general golpea, pero la rural, realmente duele. En ocasiones hay gente que pasa el día sin comer para que sus hijos puedan alimentarse al menos con mandioca y sal, los cultivos ya no son una salida porque los químicos que necesitan para el algodón son muy caros y al final todo lo que ingresa por la venta va a parar a pagar los préstamos. Además de todo eso, la salida de los productos se hace imposible por las condiciones de los caminos.

    Hablar de familias constituidas es una utopía, porque el hombre y la mujer deben salir por al menos un mes para ir a trabajar en casas ajenas, aspirando a un máximo de 600.000 guaraníes de salario, mientras los chicos quedan a cargo del hermano mayor o con suerte de la abuela, que finalmente, con su pensión para adultos mayores en muchos casos termina siendo el sostén de la casa.

    Abordar la pobreza sin entender cómo viven es el primer paso para que los prejuicios terminen colaborando en nuestras conclusiones. No podemos pretender formar una sociedad más justa y equitativa sin conocer las necesidades del campo. El campo también existe y pide a gritos un auxilio para salir del aislamiento en pleno 2016.

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    Publicado por Anónimo | 30 mayo, 2016, 8:10 am
  7. Ya no hay excusas para no reducir los índices de pobreza

    Paraguay cuenta por primera vez con una Encuesta de Hogares que permite conocer la situación social en todos los departamentos. Antes de eso, solo a través de los censos decenales podíamos contar con dicha información. Los primeros datos difundidos por el Gobierno esta semana confirmaron lo que ya sabíamos desde hace por lo menos dos décadas: La pobreza se concentra en algunos departamentos en particular. Esperemos que la estrategia contra la pobreza que está implementando el Gobierno pueda cambiar estas cifras en el corto plazo. Dados los recursos que maneja, es urgente que muestre resultados.

    El Paraguay es un país desigual por donde se lo mire.

    Esta semana, la Secretaría Técnica de Planificación dio a conocer los datos de pobreza por departamento producidos por la Dirección General de Estadística, Encuestas y Censos. El 40% de las personas en situación de pobreza se encuentran concentradas en San Pedro, Caaguazú, Itapúa y Alto Paraná. El Departamento Central debe llamar la atención ya que tiene proporcionalmente menos pobreza con respecto a su población, pero en valores absolutos allí viven casi 400.000 personas pobres.

    Esta situación no es desconocida, siempre hemos sabido que las mayores privaciones se concentran poblacionalmente en los citados departamentos. Dicha información fue históricamente proveída por los censos y ayudó a dirigir los programas contra la pobreza en gobiernos anteriores.

    Con la Encuesta de Hogares tendremos, a partir de ahora, también los datos de pobreza de ingreso, indicador con el que no se contaba para cada departamento y que confirma la necesidad de centrar la atención gubernamental en estos departamentos.

    Es inadmisible que departamentos con tierras productivas, sin grandes problemas geográficos, con disponibilidad de agua e instituciones públicas instaladas allí con sus programas desde hace años continúen saliendo en las estadísticas tan negativas de pobreza.

    El Gobierno cuenta ahora con un poderoso instrumento para evaluarse a sí mismo, ya que esta información se producirá anualmente y permitirá monitorear los resultados de los programas y proyectos que implemente en cada región.

    Los gobernadores e intendentes también estarán en la mira.

    Ya no hay excusa para no mostrar resultados anualmente. Cada vez tienen más recursos disponibles e instrumentos para recaudar y lograr transformar sus territorios. Es inconcebible que departamentos como Alto Paraná e Itapúa, donde se genera una parte importante de la riqueza de este país, tengan alta concentración de pobreza ¿Cuál sería el sentido de la existencia de gobiernos departamentales si no contribuyen al bienestar de sus pobladores?

    Si bien estos datos solo confirman lo que ya se sabía, permitirán dar un seguimiento más sistemático y en el corto plazo a los efectos de las políticas públicas, tanto a nivel central como local. La ciudadanía tendrá más elementos para juzgar las acciones de sus autoridades y ejercer su acción contralora y su voto con mayor información y responsabilidad.

    El Gobierno debe empezar a mostrar resultados.

    A casi tres años de gestión no hay excusas para que la pobreza se mantenga, teniendo en cuenta que la información disponible no muestra cambios relevantes en el perfil y la concentración de la pobreza.

    http://www.ultimahora.com/ya-no-hay-excusas-no-reducir-los-indices-pobreza-n991488.html

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    Publicado por jotaefeb | 17 mayo, 2016, 6:28 am
  8. Política de reducción de la pobreza arrojó mustio resultado
    Por Amelia Aguirre

    De esos US$ 434 que in­virtió el Estado, con la pretensión de reducir las condiciones de vulnera­bilidad de la población afectada, entrega, según cumplimiento de requi­sitos, como número de hijos, entre US$ 23 y US$ 38 mensuales. El resto del monto de inversión se distribuye bajo la fi­gura de asistencia social, que según se explica en el manual de referentes co­munitario del programa, tiene que ver con un tipo de acompañamiento que de alguna manera vigi­lan la corresponsabilidad comprometida de la fami­lia beneficiada. Es decir la distribución desigual es a favor de lo administrativo y funcional.

    Para dimensionar el im­pacto en calidad de esta transferencia moneta­ria, bastaría con recordar que los pobres extremos para salir de esta línea deberían alcanzar ingre­sos superiores a los US$ 2 diarios. Si tomamos la entrega monetaria mayor, veremos que sólo cubre 19 días al mes. Por lo que los 12 días restantes nos deja la intriga de saber cómo se sobrevive.

    Los números promocio­nados como favorables a la reducción de la pobre­za en el informe tienen una diferencia que, en ninguno de los casos, ni en la suma, se acerca al 1%. Para explicar estos números, tomamos los datos del 2014, que es la base comparativa en la diferencia de porcenta­jes. La reducción de la pobreza extrema es de 0,5 puntos porcentuales, que corresponden a 3.550 personas que dejaron esa condición, mientras que 5.050 salieron de la po­breza, según la diferen­cia de 0,33% comparando con los pobres totales del año anterior. En total son 8.600 personas las que hacen el número positivo para el Gobierno y su in­versión.

    Para medir la inversión que ha realizado el Es­tado en su compromiso-bandera con la reducción de la pobreza, tomamos el informe de gasto social del Ministerio de Hacien­da correspondiente a di­ciembre de 2015, donde se revela que la inversión del año aumentó en un 10,9% para programas de pro­moción y protección so­cial, en el que se integra el programa Tekoporã. Este programa en particular, contó con US$ 44,8 millo­nes. Se prevé para el año 2017 un nuevo incremento financiero para progra­mas sociales y ampliar así la cobertura de beneficia­rios. Beneficiarios que se­rán encuestados al final de período para confirmar los números estadísticos, dejando de lado, como así lo aclara el informe, a los departamentos de Boquerón y Alto Paraguay con más de 70 mil ha­bitantes, cuya inclusión sería poner en riesgo los números logrados.

    Hay otra dimensión im­precisa al decir pobres totales y determinar el porcentaje en 22,24% como dejando entrever que dentro de ese núme­ro estaría contemplada la pobreza extrema, que es de 9,97%. Así explicó el ministro de la Secre­taría de Planificación en una entrevista al diario La Nación y repite en su artículo de ránking sobre pobreza el diario Última Hora. Es recomendable siempre la verificación de los números que se lan­zan, pues ambos porcen­tajes no se restan entre sí, ya que se basan en el total de la población. Por lo que la operación correcta es la suma.

    Sigue siendo urgente la elaboración e imple­mentación de políticas estructurales porque, de lo contrario, si se con­centra el foco de la reduc­ción de la pobreza en los programas sociales sería desalentador pensar que si por año, el Gobierno logra sacar de la pobreza a unas 5 mil personas, no sería conveniente sacar cuentas para considerar los años que quedan por delante para lograr la re­ducción total, al menos de los que están en condicio­nes indigentes.

    Por último, el informe celebra la leve reducción de la pobreza determina­dos por los porcentajes. Pero esos mismos nú­meros nos muestran una variación hacia arriba del aumento de los pobres en el 2015. Posiblemente el 3% del crecimiento po­blacional nació en condi­ciones de pobreza. Con­clusión, el impacto sobre la reducción de la pobreza es crítico desde donde se le mire.

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    Publicado por jotaefeb | 12 mayo, 2016, 10:41 am
  9. Las raíces de la pobreza del campesino paraguayo

    Queda en evidencia a diario: el campesino paraguayo es pobre porque sigue recurriendo a métodos arcaicos de cultivo, transmitidos a lo largo de los siglos. Ese atraso tecnológico conlleva que su capacidad productiva sea muy inferior a la exhibida, por ejemplo, por los agricultores “brasiguayos” y los descendientes de europeos o japoneses que habitan en nuestro país. En este sentido, basta visitar zonas de Itapúa, del Alto Paraná o del centro del Chaco para comprobar que el trabajo tesonero, empleando técnicas modernas de producción, produce bienestar en la población rural.
    Las tierras que cultivan esos labriegos de origen extranjero no son más fértiles que las sembradas por los paraguayos de veinte generaciones, ni tienen un régimen de lluvias más favorable para la siembra, ni más ni menos sol. Ocurre, nomás, que están culturalmente familiarizados con el uso racional de la tierra, y con los beneficios crediticios y comerciales que brindan las cooperativas, tan escasamente difundidas en el campesinado tradicional. De poco puede servir, entonces, que el Indert entregue veinte hectáreas de tierra a una familia campesina que no está en condiciones de aprovecharlas en forma efectiva por no tener los conocimientos, ni las herramientas, ni la ayuda crediticia, ni la forma de hacer llegar sus productos a los mercados.
    El auténtico labriego paraguayo ha sido abandonado miserablemente por los Gobiernos que uno tras otro se sucedieron a lo largo de la historia. Es hora de que se lo ponga a la altura de los tiempos, dotándole de los instrumentos que necesita para prosperar mediante un mayor rendimiento. Urge liberarlo de su atraso secular, capacitándolo y dándole asistencia crediticia. Para ello, el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) literalmente debe mudarse al campo, y dedicar todos sus esfuerzos a la extensión y a la educación agrarias a través de las respectivas direcciones.
    Hay que contratar más extensionistas y reprogramar el presupuesto de la DEAg. Es una vergüenza que una Dirección vital para que los campesinos paraguayos produzcan más y mejor, llegue a tan pocos de ellos.
    Además, el país cuenta con catorce escuelas agrícolas, algunas muy abandonadas, nueve de las cuales son subvencionadas por el MAG y cuatro dependientes de las gobernaciones de Boquerón, Itapúa, Canindeyú y Paraguarí, respectivamente. A fines del 2014 había apenas 3.152 alumnos matriculados, lo que resulta una cifra inadmisible, considerando el volumen de la población rural y la necesidad perentoria de capacitar al labriego. Hay que aumentar sustancialmente el número de escuelas agrícolas para por lo menos triplicar la cantidad de estudiantes campesinos jóvenes.

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    Publicado por jotaefeb | 11 mayo, 2016, 7:29 am
  10. El Gobierno no debe estar solo

    Lo señalamos en un par de ocasiones. Dependemos demasiado del gobierno. Lo dejamos todo en manos del sector público. Que haga esto, que pague aquello, para eso están etc. Desde viviendas, rutas, caminos y asistencia a la gente pobre.

    Precisamente de esto último queremos ocuparnos. En la lucha contra la pobreza, especialmente de las familias rurales, el gobierno nacional está peleando prácticamente solo. Y hace mucho. Y con éxito. Los índices que están bajando constantemente así lo indican.

    Por supuesto no es suficiente.En recientes declaraciones, el titular de la Secretaría Técnica de Planificación, José Molinas, se refirió a este aspecto del problema, con ideas que ya están en desarrollo gracias a Dios, sumamente interesantes.

    “El sector público muchas veces es lento para sobresalir, identificar los mercados, realizar una buena logística y encontrar buenos mecanismos de financiamiento, por esta razón es ideal formar lazos con el sector privado, para que se pueda auxiliar a las familias en situación de pobreza extrema”, dijo.

    Correcto, agregamos nosotros. La RSE, famosa, la Responsabilidad Social Empresarial, debería ocuparse con prioridad de este drama que es lacerante, que nos preocupa a todos y que es de muy difícil solución total.

    Es cierto, muchas empresas y empresarios ya están apostando por sistemas nuevos para crear empleos populares, lo cual soluciona de cuajo este drama social, pero lamentablemente son iniciativas que deberían generalizarse más, que más hombres de negocios, piensen que no pueden progresar, si siquiera vivir con seguridad, cuando están rodeados de pobres. Hay que poner el grano de arena correspondiente y no esperarlo todo del Papá-Estado.

    Volviendo a las palabras de Molinas, agregó que el sector privado, con las cadenas de valor que desarrollan, posee más estrategias que el sector público para identificar rubros rentables y conectar a las familias rurales en situación de pobreza para que estas mejoren su calidad de vida.

    Explicó que este tema debe ser una causa nacional compleja y completa: Establecer la superación de la pobreza extrema como objetivo prioritario de todos los sectores sociales, identificar a las familias en esta situación con nombre y apellido para poder accionar, conectarlos con todos los servicios sociales del Estado que ya existen y también darles un acompañamiento técnico y motivacional.

    Seguramente así, todos acompañados, se lograrán resultados mejores y más rápidos.

    Nadie quiere ver ni sentir mucho menos, el hambre de muchos compatriotas. Sumar esfuerzos contra un mal endémico nacional. De eso se trata. Si se logra abrir las mentes y hacerlo, se habrá dado un gran paso como sociedad.

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    Publicado por jotaefeb | 11 mayo, 2016, 7:24 am
  11. Informal

    ¿Qué posibilidades de crecer y aportar al crecimiento de un país tiene una persona cuyas oportunidades de tener un empleo formal en un país como este son escasas? O planteado de otra manera, ¿por qué una empresa invertiría en capital humano si este formará parte de su nómina solo temporalmente?

    De acuerdo con los datos de la encuesta sobre Empleo Informal, de la Dirección General de Estadística, Encuestas y Censos (Dgeec), y con resultados para el periodo 2010-2014, para el año 2014 de 2.477.378 personas ocupadas, un total de 1.565.615 personas tenían un empleo informal en Paraguay, es decir, el 63% está comprendido dentro de la franja del empleo informal o temporal.

    Los mayores porcentajes de ocupados con empleo informal se dan en los extremos de las edades, sobre todo entre los más jóvenes (de 15 a 24 años de edad con niveles de más del 80%).

    Veamos, según la definición de la Dgeec el empleo informal incluye a trabajadores por cuenta propia o a patrones o empleadores cuya empresa no está inscripta en el RUC del Ministerio de Hacienda; trabajadores familiares no remunerados (independientemente de que la empresa donde trabaja tiene o no RUC); empleados u obreros privados que no aportan al sistema de jubilación o pensión, independiente de la situación de la empresa donde trabaja; empleados y obreros públicos que no aportan al sistema de jubilación o pensión; y empleados domésticos que no aportan al sistema de jubilación. Se excluye de la estimación a toda la rama de actividad “Agricultura, Ganadería, Caza y Pesca”.

    En general, es difícil encontrar empresas que quieran invertir en su capital humano. Y justamente esa falta de interés hace que les cueste encontrar personal calificado y bien formado para mejorar su rentabilidad. Por ello, el Ministerio de Trabajo debería tener un programa –y si lo tiene, difundirlo– no solo destinado a formar en oficios a los jóvenes que egresan de los colegios públicos, sino también ver la manera de incentivar a las empresas a contratar formalmente a los jóvenes y a capacitarlos constantemente.

    Por ello, es lamentable que el Gobierno solo inste a los jóvenes a pensar en tener un oficio.

    Este país necesita crecer y para ello precisa de personas altamente calificadas. Promover carreras de ingeniería o de informática debería ser el norte del Estado, y no de un gobierno en particular. En los próximos años, solamente aquellos que tengan especialización podrán soñar con un futuro mejor para su familia.

    Por Wendy Marton

    http://www.ultimahora.com/informal-n989158.html

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    Publicado por jotaefeb | 9 mayo, 2016, 7:02 am
  12. Bienestar vs. pobreza

    Cuantificar el bienestar o la pobreza es una tarea tan necesaria como ingrata. Los escenarios geográficos, demográficos, sectoriales, subsectoriales, así como los bienes y servicios a ser evaluados en términos de satisfacción de necesidades y de calidad de vida van volviéndose más complejos con el tiempo, los indicadores van ampliándose en número y los índices o sistemas de medición existentes actualmente ya son varios. Son “hijos de su tiempo”. Están insertos en edades históricas y en etapas del desarrollo de los países respectivos. También los modelos económicos, sociales y ecológicos, implementados con mayor o menor éxito, van adaptándose a las realidades cambiantes.

    CRECER NO ES SUFICIENTE. Así vemos que en la segunda mitad del siglo pasado los estrategas de políticas públicas fueron pasando del mero crecimiento económico, como desiderátum de las mismas, al desarrollo económico en sentido amplio para continuar después con énfasis en justicia social y en equilibro del hábitat natural. De acuerdo con esas etapas secuenciales, los índices o sistemas de medición fueron sufriendo un proceso de cambios, al término del cual sus resultados son cada vez más confiables, aunque, naturalmente, imperfectos. Seguirán adaptándose en el futuro también a las sociedades mutantes que sirven de base a sus cálculos.

    LIMITACIONES DE MÉTODO. Por eso mismo –nobleza obliga–, cuando se presentan los nuevos índices de pobreza simplemente hay que aclarar que se está haciendo referencia al resultado de un solo método de medición, advirtiendo que sus limitaciones naturales restringen su “poder de información”. De lo contrario, se da la impresión de que el informante mira solo a través de esos cristales o es mero portador de intereses creados o que en ese momento no es consciente de que está utilizando solo uno de entre varios cálculos existentes.

    AMPLIAR LOS INDICADORES. De forma que, habiéndose constatado en la última Encuesta de Hogares de la Dirección General de Estadística, Encuestas y Censos que la pobreza en general es tanto y que la miseria es cuanto, es conveniente hacer resaltar que se hace referencia solo a una muestra de 10.542 hogares durante el último trimestre de 2015 y que utiliza el Índice de Precios al Consumidor del Banco Central como variable cuantitativa de la canasta básica de bienes de consumo. No existe en Paraguay otro indicador del nivel de precios que el que ofrece la entidad matriz del sistema financiero y, por lo tanto, no se puede saber si la información que brinda es realmente veraz. Creer en la información procesada por el Banco Central es bueno; controlarla, es mejor.

    POBREZA HA BAJADO POCO. No obstante, es buena noticia que en el 2015 pobreza y miseria hayan disminuido un poco, no obstante, las limitaciones observadas en el procesamiento de la misma. Se está hablando respectivamente de unas 1.504.000 (22%) más 687.000 (10%) personas, en cifras redondeadas.

    OTROS ÍNDICES. También es importante señalar que para nuestro país existen por lo menos otros dos índices de medición muy conocidos. Se trata del Índice de Desarrollo Humano del PNUD, cuyos últimos datos son de 2014. El puesto ocupado allí por Paraguay entre 188 países es el 112, un nivel “medio”. Este índice está ajustado por desigualdad, también de género, y por pobreza multidimensional. Junto con él hay que mencionar también el Índice de Progreso Social, traído a nuestro país por Michael Porter y Roberto Artavia, entre otros. En él se procesan variables económicas, sociales y medioambientales. En el Índice de 2015, Paraguay obtuvo una calificación de 69 puntos, considerado como “medio-alto” en un estudio que mide, entre otros indicadores, salud y acceso a servicios básicos, educación y empleo.

    DESIGUAL, CON MALA EDUCACIÓN, DEPREDANDO BOSQUES. Información más completa sobre bienestar y pobreza se la obtiene estudiando los mencionados tres métodos de medición, a los que hay que agregar otros, procesados por diversas organizaciones bilaterales y multilaterales de asistencia técnica. Un índice posiciona a Paraguay como uno de los países más desiguales en América Latina; otro con pésima educación y otro más como uno de los peores depredadores de bosques del planeta.

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    Publicado por jotaefeb | 8 mayo, 2016, 8:54 am

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