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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

Cepo económico

El Mercosur cumplió este año sus “bodas de lata”, según la atinada expresión del excanciller uruguayo y actual senador Sergio Abreu. Son de sobra conocidos los paupérrimos resultados del tratado fundacional de Asunción, suscrito en 1991 para lograr la libre circulación de bienes, servicios y factores productivos, para fijar un arancel externo y una política comercial comunes frente a otros países, para coordinar las políticas macroeconómicas y sectoriales y las legislaciones de los Estados signatarios en las áreas pertinentes.

Al cabo de un cuarto de siglo, estamos muy lejos de la integración económica regional, objetivo prioritario del Mercosur, como se desprende del hecho paradójico de que el comercio entre los países del bloque haya bajado del 50 al 22%, entre 1998 y 2015. Ni siquiera el Brasil tiene motivos para estar satisfecho, ya que solo el 9% de su comercio exterior se destina al bloque regional, luego de haber llegado al 16%. Esto significa que el Mercosur resulta cada vez menos importante incluso para el gran vecino, como acaba de manifestarlo su excoordinador Rubens Barbosa, hoy alto funcionario de la influyente Federación de Industrias de São Paulo.

También tuvo razón el senador Abreu al cuestionar la Decisión Nº 32/00 del Mercosur, que prohíbe a sus miembros llegar por separado a acuerdos preferenciales con otros países, aunque ello favorezca a sus respectivas economías. En efecto, es necesario denunciarla, porque se opone al interés nacional. Hay que recuperar el ejercicio de una facultad soberana, que no puede depender del consentimiento de los demás socios de un bloque que ha fracasado rotundamente. El Paraguay necesita liberarse del cepo que implica la mencionada Decisión, que lo condena a depender de conveniencias ajenas, no necesariamente coincidentes con las suyas. Esta no es la primera vez que se la impugna, sin que hasta hoy los firmantes se atrevan a revocarla, acaso porque ello supondría la admisión de que el Mercosur no ha alcanzado las metas que se propuso.

Conste que su sobrevivencia es independiente de la Decisión Nº 32/00, ya que el bloque regional no precisó de ella para existir entre 1991 y 2000. La infeliz Decisión, que nada tiene que ver con el fomento del comercio intrarregional, no tiene nada equivalente en la pujante Alianza del Pacífico, que permite a cada uno de sus miembros negociar convenios con otros países o grupos de ellos, tal como lo hicieron México, Chile y Perú para firmar en octubre del año pasado un Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica.

Una y otra vez se habla de que el Mercosur debe volver a sus raíces y a abandonar los disparates ideológicos que lo inspiraron en los últimos tiempos: en efecto, para peor de todo, en estos años priorizó cuestiones estrictamente políticas, contra la letra y el espíritu del Tratado, hasta el punto de que se aprovechó una injusta sanción impuesta al Paraguay para que irrumpa la Venezuela castigada por el chavismo. Sea que alguna vez se logre o no que se ocupe con eficiencia de la integración económica, lo cierto es que urge que nuestro país recupere su libertad de buscar acuerdos comerciales con quien mejor le parezca.

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/cepo-economico-1477791.html

 

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

8 comentarios en “Cepo económico

  1. Estar atentos a proyecciones económicas internacionales

    Paraguay presenta, en general, buena calificación de riesgo por parte de la mayoría de las instituciones calificadoras. Estos indicadores, como cualquier indicador, son parciales y limitados para analizar la situación de un país. Así, en otros indicadores, Paraguay podría mejorar como en otras áreas. No obstante, el relativo buen posicionamiento del país no debe servir para mantener la atención en los factores que pueden incidir negativamente en la reducción de la calificación, ni olvidar que es necesario considerar en cualquier análisis la mirada a la globalidad de todos los aspectos que hacen a la condición económica y el bienestar de un país.
    Paraguay presenta seguridad en su capacidad de pago de las deudas que contrae. Sin embargo, hay que señalar que las condiciones están cambiando, tanto nacionales como internacionales; por lo tanto, es necesario estar atentos a la proyección de corto, mediano y largo plazo.
    A nivel internacional, las proyecciones indican una desaceleración mundial que tendrá impacto en Paraguay. De hecho, ya empezamos a crecer a una tasa menor que el promedio de la última década. Un menor crecimiento tiene directa influencia en la capacidad recaudatoria, en la generación de empleo y en otras variables centrales para el buen desempeño económico y social. Una desaceleración interna limita la capacidad de pago de la deuda, por lo que pone en riesgo la estabilidad macroeconómica.
    Las finanzas públicas paraguayas están en un momento privilegiado, teniendo en cuenta los fondos con los que cuenta para expandir la infraestructura física. Nunca antes el Estado paraguayo contó con la cantidad de recursos con los que cuenta hoy. Es una oportunidad que no se puede dejar pasar, sobre todo teniendo en cuenta que la economía mundial se desacelera y Paraguay debe contrarrestar esta situación.
    Sin embargo, el financiamiento actual depende en gran medida del endeudamiento a través de bonos soberanos. Esta situación puede constituir otra restricción que se suma a la menor proyección de crecimiento mundial y nacional. La infraestructura financiada con los préstamos debe garantizar mantener una tasa de crecimiento estable y de largo plazo, facilitando el acceso a mercados, la disminución de las exclusiones sociales, la generación de empleos que cumplan las normas laborales y de seguridad social y la producción de servicios de calidad tanto en las áreas urbanas como rurales.
    A diferencia de las tradicionales formas de financiación por la vía de préstamos de la banca multilateral, los recursos de los bonos soberanos entran sin ningún mecanismo de control y son de libre disponibilidad; es decir, el Gobierno puede hacer con ellos lo que quiera.
    En este contexto adverso internacionalmente para Paraguay, dado su histórico patrón de crecimiento económico, y sus restricciones internas, no hay que dejar de preocuparse por los riesgos financieros, aun cuando las calificadoras pongan a Paraguay en un buen lugar.
    El Gobierno debe garantizar la sostenibilidad de la deuda, pero además garantizar que el pago de la misma no genere situaciones adversas para la ciudadanía. Una buena calificación del riesgo país es un indicador parcial de la situación económica de un país. El desempeño de un país debe evaluarse desde otros indicadores económicos igualmente importantes como el empleo, la productividad y la desigualdad.

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    Publicado por Anónimo | 9 junio, 2016, 9:37 am
  2. Riesgos externos afectan a la economía paraguaya

    Paraguay ha crecido de manera sostenida durante los últimos años gracias a una dinámica internacional que favoreció al modelo agroexportador. Al parecer, este buen desempeño del mercado externo llegó a su fin e inició un periodo largo de moderado dinamismo, lo cual amenaza con ralentizar la economía paraguaya, que de hecho ya redujo el crecimiento del PIB a una tasa por debajo del promedio de la década. Si bien el país perdió la oportunidad de diversificar su economía en momentos de auge económico, queda el desafío de hacerlo no solo para mantener un ritmo adecuado de crecimiento económico sino también para reducir su alta volatilidad. De las autoridades económicas se espera que tomen conciencia de la situación que se viene y, sobre todo, de su responsabilidad en lograr que el menor nivel de crecimiento económico no repercuta negativamente en la población.

    El riesgo externo, tal como lo señala el Fondo Monetario Internacional, amenaza con frenar el crecimiento económico, lo cual debe preocupar a la ciudadanía y, sobre todo, a quienes tienen la responsabilidad de implementar políticas públicas que enfrenten los ciclos de crisis o de desaceleración.

    Los factores externos, junto con el clima, siempre tuvieron un excesivo peso en los resultados del desempeño económico. Si bien Paraguay tiene una tasa promedio de crecimiento del PIB superior al 5% en los últimos años, este indicador se ubicó en niveles extremos pasando de cifras negativas a cifras superiores al 10%. Este nivel de volatilidad no es bueno para ningún país. En las empresas, reduce el incentivo a invertir y con eso se obstaculiza el crecimiento a largo plazo. En las familias, la falta de estabilidad en los ingresos afecta a decisiones fundamentales para el país como la posibilidad de estudiar, de construir una vivienda, de emprender un negocio.

    La incertidumbre que generan tasas de crecimiento imprevisibles impide que las empresas y las familias actúen mirando el mediano y largo plazo, afectando no solo su propia economía sino también la del país entero. Paraguay no solo no aprovechó tantos años de bonanza internacional para transformar su economía sino que ahora queda con baja capacidad de reacción y en un contexto adverso. Si bien es cierto que en los últimos años la estructura económica se ha ido diversificando, creándose empleos en el sector industrial y de servicios, todavía estamos lejos de constituirnos en una economía capaz de generar bienestar a través de un trabajo digno.

    Si con tantos años de crecimiento todavía hay más de un millón y medio de paraguayos en situación de pobreza y el 80% de los trabajadores lo hace de manera precaria, es difícil pensar que en épocas de crecimiento moderado pueda mejorar esa situación. Si el efecto goteo no fue suficiente antes, menos lo será ahora, por lo que la proyección es que se vienen momentos duros para gran parte de la población paraguaya que no se benefició lo suficiente del periodo de auge si las autoridades no toman decisiones importantes que debieran haberse tomado antes. Para colmo, el FMI le atribuye parte de la ventaja de Paraguay frente los demás países de la región en el último año a la “suerte” debido a las buenas condiciones meteorológicas. Esto agrega más incertidumbre, la dependencia de factores climáticos.

    Esperemos que las autoridades económicas tomen conciencia de la situación que se viene y, sobre todo, de su responsabilidad en lograr que el menor nivel de crecimiento económico no repercuta negativamente en la población.

    http://www.ultimahora.com/riesgos-externos-afectan-la-economia-paraguaya-n997207.html

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    Publicado por Anónimo | 9 junio, 2016, 9:36 am
  3. Vientos de cambio
    13 May 2016

    El proceso constitucional de impeachment iniciado por el Congreso brasileño a Dilma Rousseff, que derivó en su separación temporal del cargo, es una clara muestra más que los tiempos están cambiando en Latinoamérica y en el mundo, porque la participación activa de la ciudadanía es un elemento que modificó radicalmente el escenario político en todo el planeta.

    El escándalo de corrupción en el que se vio enmarcada su gestión y la de su antecesor “Lula” da Silva fue el detonante que minó irreversiblemente una imagen de gestión gubernamental que en su momento llegó a niveles impactantes, puesto que se rumoreaba que el siguiente paso para el ex mandatario sería la secretaría general de la ONU, alternativa sustentada en una impecable imagen internacional y un elevado nivel de popularidad en su país.

    No obstante, la realidad demostró que detrás de esa fachada tan imponente se tejían manejos turbios que desarticularon todo aquel capital que se había forjado de manera fraudulenta. Esto no perdona la gente. El pueblo, en nombre del que se habló, habla y seguramente hablará por mucho tiempo, despertó de su letargo y exigió que aquellos que dilapidaron no solo su credibilidad, sino sus recursos financieros, den un paso al costado.

    El próximo elemento que se debe tomar en cuenta es garantizar todos los pasos de un proceso legal que no solamente tenga sustento formal, sino una legitimidad que no puede ser despreciada, ya que es la garantía para rubricar el funcionamiento de una República que ejerce un liderazgo regional sólido y que pretende ubicarse entre las grandes potencias mundiales.

    Todos los ojos, tanto de países vecinos como del primer mundo, analizarán atentamente la manera en la que se juzgan los hechos por los que Dilma fue separada de su cargo. Este proceso servirá necesariamente como un modelo al que se debe acompañar, o desechar, de acuerdo al desarrollo del mismo, ya que es innegable el impacto brasileño, no solo en la política, sino en la economía de la zona.

    Hasta el momento este hecho dejó una serie de enseñanzas que no pueden ser despreciadas, puesto que el cambio de aires es evidente y una mirada rápida muestra que el giro también coincide con otros actores cruciales del entorno, en donde se puede suponer que se espera otro tipo de gestión al frente de los Ejecutivos en cada país. La participación activa de la gente es el factor que marcará este nuevo destino, de quienes asumen este nuevo compromiso, ya conscientes de la presión que ejerce la población cuando se siente descontenta.

    Paraguay también debe estar a la altura de las circunstancias. Las afirmaciones de nuestro canciller Eladio Loizaga asegurando que se respetará todo el proceso brasileño son el primer punto positivo desde nuestra tarea diplomática, ya que marca una diferencia en la manera en que los vecinos actuaron en circunstancias históricas similares. Es tiempo de construcción de lazos sólidos, respetando la voluntad popular, las instituciones y garantizando transparencia en todos los procesos de gestión gubernamental.

    Debemos comprender este imperativo.

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    Publicado por jotaefeb | 13 mayo, 2016, 8:15 am
  4. Nuevos vientos en el Mercosur
    En la Argentina y en el Brasil se han producido o están produciéndose importantes cambios políticos que permiten alentar la esperanza de que el Mercosur renazca de sus cenizas. En efecto, tras doce años de kirchnerismo, el nuevo Gobierno se distanció con claridad del catastrófico régimen chavista: tras haberle reclamado a Nicolás Maduro, en la Cumbre del Mercosur de diciembre de 2015, el cese de la sistemática violación de los derechos humanos, el presidente Mauricio Macri le pidió hace unos días que su dictadura “abra la puerta del diálogo para que se dé un proceso de transición, porque así Venezuela no puede continuar”. En el Brasil, cualquiera sea el desenlace del juicio político promovido a la presidenta Dilma Rousseff, ahora suspendida en el ejercicio del cargo por decisión del Senado Federal, parece claro que los trece años de hegemonía del Partido Trabalhista están llegando a su fin.

    Que nuestros dos grandes vecinos estén abandonando el populismo de izquierda que imperó en la región, bajo los auspicios del petrodólar, puede conducir y debe conducir a que el bloque regional recupere su auténtica misión de promover la integración económica. En los últimos tiempos se había dedicado más bien a fomentar el patético Socialismo del Siglo XXI, junto con la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y hasta con la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac), concebida para restar protagonismo a la Organización de Estados Americanos (OEA). Los Kirchner, Luis Inácio da Silva y Dilma Rousseff estaban mucho más interesados en las cuestiones ideológicas o hasta en los sucesos de la Franja de Gaza que en la libre circulación de bienes, servicios y factores productivos, prevista en el Tratado de Asunción. Ya no vale la pena ocuparse del grotesco heredero de Hugo Chávez y acaso tampoco de Evo Morales, derrotado en el referéndum constitucional de febrero de este año y hoy muy inquieto ante el “golpe de Estado” brasileño en curso: Bolivia aún no se ha convertido en un nuevo socio. Resta Uruguay, cuyos presidentes José Mujica y Tabaré Vázquez, ambos del Frente Amplio de izquierda, se han mostrado bastante más moderados que otros “bolivarianos” y, en cambio, mucho más preocupados por el presente y el futuro del Mercosur.

    Soplan nuevos vientos que deben ser aprovechados para reconducir el bloque regional hacia la unión aduanera y apartarlo de las distracciones políticas, de las que el Paraguay resultó víctima en 2012 por haber aplicado su Constitución. La retórica estéril deberá ser reemplazada por la actuación decidida de sus Gobiernos, tendiente a eliminar las trabas al comercio intrarregional y a concertar acuerdos con otros grupos de países, como la vigorosa Alianza del Pacífico y la Unión Europea (UE), el principal socio comercial del Mercosur: es de esperar que nuestros Gobiernos realicen el mayor esfuerzo para que las negociaciones con la UE lleguen pronto a buen puerto.

    Si la sensatez termina por imponerse, a despecho del sectarismo ideológico, el Mercosur tendrá la magnífica ocasión de abandonar el marasmo en que se halla. Por de pronto, alegra saber que las trabas comerciales que nuestro país sufrió durante la gestión de Cristina Kirchner están siendo eliminadas, según el viceministro de Relaciones Económicas de la Cancillería, Rigoberto Gauto. Lo interpretamos como un signo de que los objetivos del tratado fundacional pueden volver a concitar el interés de nuestros Gobiernos, es decir, de que se está a las puertas de una necesaria refundación del Mercosur.

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    Publicado por jotaefeb | 13 mayo, 2016, 8:14 am
  5. Problemas de brújula,con vientos de cola

    Hemos vivido años sin una política de Estado. Estuvimos en las tácticas, sin pensar en las estrategias. El viento nos favorece, pero la brújula no responde. Esta es la realidad que percibimos hoy sobre nuestro país.

    El Paraguay ha conseguido ya desde hace unos años bonanza económica, en lo macro principalmente. Sin embargo, la microeconomía, la diaria, del de a pie, sigue sin ver el resultado. No hemos podido canalizar nuestro crecimiento de producto interno en beneficios a la gente, infraestructura, salud y educación.

    Particularmente creo que esto obedece a una falta completa de orientación largo placista de cada gobernante que nos ha tocado en estos últimos años. Asumen convencidos, quizás, de hacer la diferencia, de marcar “un nuevo rumbo”, pero luego la salvaje y engullidora máquina estatal los consume. El corto plazo y las próximas elecciones, incluso desde el siguiente día de asumir, están presentes en su hoja de ruta. La presión por acomodar gente, la dificultad para luchar contra la “corrupción sistémica descentralizada” (descripción del doctor Daniel Mendonça), sumado a la falta de gestión, hacen aplazar a los gobernantes en forma sucesiva.

    Sin embargo, vemos destellos de mejoras. Manifiestos de transparencia, personas técnicas como nunca instaladas en puestos y secretarías claves, asesores reales y algún avance en el comienzo de obras de infraestructura. Pero estamos ya a la mitad de Gobierno. Y el balance a hoy todavía es “aplazado”, igualmente quedan todavía 45 minutos para jugar en la cancha. Tenemos esperanza.

    El Gobierno debería tener un claro objetivo, y luchar por él. Debe preocuparse por asentar las bases para “políticas” consensuadas. Una real política energética, social, educativa, de salud, etc. Estas deben ser incluyentes, vinculando a todos los actores de la sociedad. El Gobierno debe consultar, con gremios, asociaciones, empresarios y sociedad. Consensuar y marcar la hoja de común acuerdo. Y no debe olvidarse que los grandes cambios se iniciarán en su propio Gobierno, porque si no lo hace, el camino esbozado atravesará niebla, lluvias torrenciales y tormentas tropicales.

    Dejemos de gobernar para el partido, para los políticos y para la reelección. Piensen en sus hijos, el futuro que queremos para ellos. Tenemos claro que las políticas y los cambios de fondo necesitan años de trabajo, pero por lo menos debemos ver hoy día claramente tan siquiera los cimientos.

    Aprovechemos que “Paraguay está de moda” como he escuchado decir en Uruguay y Argentina. Saquémosle el jugo a las inversiones que llegan, a los empresarios paraguayos y extranjeros que apuestan fuertemente al país. Démosle a ellos transparencia real, facilitémosle los negocios (y no los negociados), construyamos puentes y carreteras. Invirtamos en educación de nuestro pueblo para que la fuerza laboral creada sea más competitiva. Destinemos mejor el uso de la recaudación, seamos eficientes con el dinero de todos.

    Respáldense en toda la ciudadanía para superarnos. Cuenten con el empresariado para apoyar y consultar ideas de mejora, acudan a las organizaciones, agremiaciones y cámaras para intercambiar métodos de trabajo.

    Quienes vivimos en este país lleno de potencialidades, queremos un verdadero cambio, y entendemos que el mismo debe hacerse con el apoyo de todos. Dejen de lado su soberbia y verticalismo, entiendan que un verdadero nuevo rumbo se construye en forma horizontal, involucrando a todos los actores de la sociedad. Construyamos todos un mejor Paraguay.

    Por Matías Ordeix

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    Publicado por jotaefeb | 9 mayo, 2016, 6:59 am
  6. El endeudamiento público y sus riesgos

    Por Dionisio Borda (*)

    La deuda y las inversiones públicas están aumentando durante la administración del actual gobierno. No caben dudas de que dedicar más recursos financieros para paliar el déficit en infraestructura contribuye al desarrollo económico del país, pero también es cierto que el rápido crecimiento de la deuda constituye un riesgo fiscal de mediano plazo en las actuales condiciones de escasa recaudación tributaria y de incertidumbre en el mercado financiero internacional. Otro riesgo son las fallas en la calidad de las obras públicas debidas a la limitada capacidad de gestión del sector estatal para cumplir eficientemente la ejecución de las construcciones.

    Para seguir aumentando la deuda pública, principalmente por la vía de la emisión de bonos del Tesoro, se apela al pretexto de que el coeficiente de endeudamiento del Paraguay es uno de los más bajos de la región. La verdad es que la deuda pública como porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB) ya trepó a más del doble, de solo 10,9% en 2011 a 23,2% del PIB en marzo de 2016. Si bien este coeficiente sigue siendo bajo en comparación con los demás países del continente, también debe verse la otra cara de la moneda: la baja presión tributaria que resta fuerza a la capacidad efectiva de pago de las deudas.

    La recaudación tributaria fue de solo 12,5% del PIB en 2015, una de las más bajas de América Latina, y no hay señales de que esta tendencia vaya a cambiar porque las reformas impositivas para recaudar más no están en la agenda del actual gobierno. La presente política de incrementar la deuda pública en un contexto de baja recaudación obligará a futuros gobiernos a encarar, más tarde o más temprano, impopulares reformas para cumplir con los compromisos de la deuda acumulada.

    Otro argumento esgrimido para defender la creciente emisión de bonos suele ser la necesidad de reestructurar la deuda actual, efectuando nuevas colocaciones para extender los plazos de vencimiento de los bonos y conseguir mejores tasas de interés. Además, se arguye, las emisiones se realizan también para financiar las inversiones, lo que se traduciría en mayor crecimiento económico y, por consiguiente, en mayores recaudaciones. Sin embargo, existen incertidumbres y riesgos que condicionan fuertemente esos resultados esperados.

    En efecto, las alteraciones que pueden ocurrir en el mercado financiero internacional y en el comportamiento del tipo de cambio pueden terminar por cargar más deuda sobre la deuda. Por otro lado, el crecimiento económico no necesariamente significará mayor recaudación, dada la estructura inequitativa del sistema tributario paraguayo que se caracteriza por la asimetría en la contribución impositiva. Ni siquiera el endeudamiento se transforma siempre en mayor crecimiento económico. Lo cierto es que varios países de la región, incluyendo el nuestro, han tendido experiencias negativas con el cumplimiento del servicio de la deuda.

    En nuestro país, además de la emisión de bonos, existe otro riesgo: la Ley 5074/2013, más conocida como ley de financiamiento de obras públicas “llave en mano”. Esta forma de financiamiento no siempre beneficia al Estado y, cuando hay extrema necesidad de mejorar las obras de infraestructura, puede generar un aumento peligroso de la deuda en condiciones financieras no siempre favorables. Si el endeudamiento acelerado fuese el camino al desarrollo, varios países subdesarrollados hubieran estado en la lista de países desarrollados. Pero la experiencia muestra lo contrario, que muchas veces el endeudamiento se ha convertido en décadas perdidas para el desarrollo.

    Será mejor, pues, mantenerse alertas con el endeudamiento. La deuda a fines de marzo de 2016 fue de US$ 6.061 millones (23,2% del PIB) y sigue creciendo. La emisión de bonos representaba el 12% de la deuda en 2013 y ahora, en el primer trimestre de 2016, se eleva a 39,3% (US$ 2.380 millones) del total de deuda.

    Por otra parte, también las inversiones públicas requieren de mucha atención para evitar derivaciones negativas. Históricamente, los gobiernos han tenido serias dificultades para ejecutar las obras y, sobre todo, para ejecutarlas bien. La corrupción y las serias limitaciones de la capacidad de la gestión pública suelen ser las causas de los trastornos, pero se trata de limitaciones que toman tiempo ser erradicadas. Muchos proyectos financiados por organismos multilaterales no han tenido el éxito esperado, aun con las mejores plataformas de diseño, licitación, ejecución y fiscalización de obras. En varios casos hubo atrasos y las obras concluidas se han deteriorado más rápido de lo previsto.

    Instalar capacidades para realizar las obras de infraestructura toma tiempo y los atajos pueden ser peligrosos, más aún cuando se encaran varias obras simultáneamente. Los errores pueden verse ya en el corto plazo, pero lo más probable es que las consecuencias de la ineficiencia, de la escasa capacidad de gestión y control, se manifiesten en el mediano plazo con altos costos para la sociedad.

    *Economista, exministro de Hacienda.

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    Publicado por jotaefeb | 9 mayo, 2016, 6:38 am
  7. Tiempo de destruir y tiempo de construir

    Por Alberto Acosta Garbarino

    Existe un párrafo en el libro del Eclesiastés del Antiguo Testamento donde dice que todo en la vida tiene su tiempo, por eso existe “… un tiempo para destruir y un tiempo para construir; un tiempo para llorar y un tiempo para reír…”.

    Aplicando este párrafo a lo ocurrido en los últimos años en la Argentina y en el Brasil, vemos que estamos llegando al final de un tiempo donde en ambos países se instalaron gobiernos populistas que “destruyeron” sus economías gastando más allá de sus posibilidades. Hoy ambos países tienen un enorme déficit fiscal, una elevada inflación, un alto desempleo, una prolongada recesión económica, una escandalosa corrupción y una creciente polarización de la sociedad.

    En la Argentina, el despilfarro de la era de los Kirchner ya ha llegado a su final y se ha iniciado un duro tiempo de ajustes y de “construcción” de una economía sustentable y abierta al mundo, por parte del nuevo gobierno de Mauricio Macri.

    Pero este ajuste va a ser muy difícil, porque la población argentina –confundida por la publicidad kirchnerista y la mala comunicación del gobierno de Macri– no es consciente de la grave situación actual y, consecuentemente, no está dispuesta a aceptar medidas de ajuste como las que deben hacerse. Para empeorar las cosas, los derrotados kirchneristas y peronistas tienen una amplia mayoría en el Congreso y no solamente van a crear problemas a la gestión de Macri, sino que incluso van a buscar desestabilizarlo para que el actual presidente no concluya su mandato.

    Lo dijo claramente el viejo dirigente sindical José Luis Lingeri que “el peronismo en oposición es un animal carnívoro”, y lo demostró claramente con Alfonsín y De la Rúa, que no pudieron terminar sus mandatos.

    En el Brasil, el despilfarro del Partido de los Trabajadores (PT) aún no ha llegado a su final, pero todo indica que la salida de Dilma está muy cerca. La Cámara de Diputados ya ha aprobado el juicio político a la mandataria y es casi seguro que el Senado va a ratificarlo el 11 de mayo, con lo que Dilma será apartada del cargo, por lo menos durante 180 días.

    Pero el problema no va a terminar con la salida de Dilma, porque el desprestigio de Temer y de los parlamentarios que lo apoyan también es muy grande y el PT ya ha anunciado que va a hacer todo lo posible para desestabilizarlo.

    Diversos analistas brasileños dicen que la destitución de la presidenta puede ser como una “bendición” para el PT, porque Dilma sale de la escena política, por medio de un proceso donde no la acusan de corrupción, sino de “maquillaje contable”, y dicho proceso es impulsado por parlamentarios que sí tienen procesos de corrupción encima. El PT aparece finalmente como víctima y se libera de tomar medidas impopulares indispensables para estabilizar y recomponer la economía brasileña.

    En resumen, los dos partidos, el peronista y el de los trabajadores, que son los responsables del desastre económico actual, salen y le dejan el gobierno a los opositores, para que ellos tomen las inevitables y tremendamente resistidas medidas de ajuste. Los que han sido culpables de la “destrucción”, no solamente van a impedir la “construcción”, sino que además pueden recoger los frutos de un ajuste que es radicalmente rechazado.

    Es cierto lo que dice la Biblia que en la vida “… hay tiempo para destruir y tiempo para construir…”, el problema está en que esos tiempos no pueden equilibrarse, ya que “destruir” es muy fácil y puede hacerse en poco tiempo, mientras que “construir” exige esfuerzo y mucho tiempo.

    En las últimas décadas, América Latina se ha movido en un péndulo, donde en un extremo estuvieron los gobiernos populistas que con el afán de repartir, destruyeron la economía, y en el otro, gobiernos conservadores, que con el afán de ordenar, reconstruyeron la economía, pero fueron tremendamente impopulares. Por lo que podemos observar, nuestros dos grandes vecinos van a continuar por un buen tiempo moviéndose en ese nefasto péndulo.

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    Publicado por jotaefeb | 8 mayo, 2016, 9:07 am
  8. Reducir la dependencia económica del Brasil

    A la desaceleración económica que venía enfrentando Brasil, ahora se suma el grave riesgo político que enfrenta su presidenta de ser separada del cargo. Si la situación económica ya venía afectando gravemente a la economía paraguaya, sobre todo en las fronteras, la crisis política contribuirá a profundizar aún más esta situación, tal como ya está ocurriendo en el vecino país. Para la economía, no hay peor situación que la inseguridad política. Tampoco es realista un escenario optimista en el caso en que ocurriera la separación del cargo. El problema económico brasileño no es de corto plazo, menos todavía considerando la desaceleración económica mundial.

    La crisis política brasileña tiende a profundizarse y, con ello, probablemente su desempeño económico. A ello se agrega el fin de una década de alto crecimiento económico a nivel mundial gracias a la expansión del consumo de China y otros países emergentes.

    Estos países empezaron reducir sus tasas de crecimiento y, con ello, sus importaciones, situación que afectó a Brasil y Paraguay, por ser importantes fuentes de productos alimenticios y otros bienes demandados en etapas de crecimiento económico. Adicionalmente a la desaceleración mundial, el vecino país tiene desequilibrios internos que no ha podido enfrentar y que lo condujo a un empeoramiento de los principales indicadores macroeconómicos y de algunos a nivel microeconómico.

    En estas condiciones, Paraguay, un país pequeño en términos relativos, con una economía sumamente abierta y dependiente de las economías vecinas, está sufriendo desde hace tiempo las consecuencias de tener al lado a una economía tan grande como imprevisible. Este contexto no ayuda en nada a nuestro país, que no cuenta con instrumentos de política pública que le permitan suavizar los ciclos económicos y reducir su alta dependencia del Brasil.

    Es hora de que Paraguay se dé cuenta de que debe diversificar más su economía. Ya lo está haciendo, pero muy lentamente, ya que continúa destinando una parte importante de su producción al mercado brasileño. Tampoco es buena estrategia apelar a recibir al capital brasileño que huye de la inestabilidad política. Ese mismo capital es el que se va a cualquier otro país. Así como dejó el Brasil, así puede dejar Paraguay, además de que ninguna economía puede hacer depender su éxito del fracaso de la economía vecina.

    La globalización nos obliga a plantear una estrategia de crecimiento basada en el supuesto de que todos los países ganen. De otra manera, siempre estaremos sucumbiendo a la volatilidad económica, dado el tamaño del país y sus restricciones estructurales como su mediterraneidad.

    Si Paraguay quiere tener una trayectoria de crecimiento estable a largo plazo debe, en primer lugar, cambiar su estructura económica haciéndola menos dependiente. Esto exige políticas públicas de carácter eminentemente interno. En segundo lugar, debe contar con una política económica de cara al exterior, en la que primen los intereses nacionales, pero en el marco de la construcción de un modelo de integración en la que todos los países ganen. En este momento Paraguay no cuenta con ninguna de las dos políticas. Lo que tiene actualmente son medidas fragmentadas e incluso contradictorias entre sí y grandes vacíos. Es hora de que empecemos a pensar como cambiar esta situación para disminuir la volatilidad económica derivada de la alta dependencia externa.

    http://www.ultimahora.com/reducir-la-dependencia-economica-del-brasil-n988603.html

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    Publicado por jotaefeb | 7 mayo, 2016, 7:26 am

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