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Los 100 días de Mario

El intendente de Asunción, Mario Ferreiro, cumplió 100 días de gestión. Una cifra simbólica, pues, siendo realistas, tres meses y días no son nada para esperar transformaciones importantes en una ciudad como la nuestra, con tantas deficiencias y problemas estructurales, con un historial de administraciones comunales deficientes, además de prácticas ciudadanas poco acordes con la limpieza y el cuidado del entorno.

La cosa no es tan fácil para Ferreiro, que de los micrófonos y giradiscos debió pasar a administrar el poder, atender pedidos de sus aliados políticos, negociar con sindicatos y manejar a unos siete mil funcionarios.

Además, la coyuntura de la ciudad no es la ideal, con campesinos y damnificados en sus calles y unas doscientas toneladas de basura sin recolectarse diariamente, debido a la falta de infraestructura.

Pero los contribuyentes necesitan señales firmes para creer que la situación cambiará, que los graves problemas que van asfixiando a la ciudad de Asunción se irán solucionando; que hay un camino trazado, proyectos a corto y largo plazo para enfrentar las necesidades de los más de 70 barrios capitalinos, etc.

Por de pronto, estos signos no se perciben, y el estado lamentable de muchos sectores de la capital van presionando y colmando la paciencia de la gente.

El intendente no puede –ni debe– estar satisfecho con la situación actual, pues la capital del país se muestra desordenada y sucia –solo basta recorrer el microcentro, con baches y aguas cloacales por doquier–, con edificios y oficinas que carecen de canastas de basura, por lo cual los desperdicios terminan esparcidos en las veredas, la mayoría de ellas –a su vez– destruidas y no aptas para la circulación peatonal. A esto habría que sumar la falta de proyectos concretos por parte de la administración comunal para proteger, fortalecer y/o mejorar espacios emblemáticos, como la calle Palma, la Costanera, el barrio San Jerónimo o incluso la avenida Mariscal López, que bien podría acoger una bicisenda, como lo plantean grupos de ciclistas.

Es de esperar que Mario Ferreiro no se quede tranquilo con los 3.500 baches cerrados en estos tres meses, el buen diagnóstico realizado en 100 días de gobierno, y la reiterada buena voluntad de trabajar a favor de la ciudadanía. Eso no basta. Es momento de pasar de las firmas de convenios a los hechos; de la buena verba del presentador de televisión a las acciones que generan cambios en Asunción.

Por Gustavo Olmedo

http://www.ultimahora.com/los-100-dias-mario-n985105.html

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

5 comentarios en “Los 100 días de Mario

  1. La cara fea de Asunción

    Por Pedro Gómez Silgueira

    “La rotura de las calles, el deterioro de las arterias pavimentadas, los baches ocasionados por las lluvias, han llegado a constituir un tema urticante, un lugar común en la conversación de los asuncenos y una seria preocupación por el pobre panorama urbanístico que proyecta a raíz de ello nuestra ciudad capital”. Así comienza una información publicada en ABC Color en el año 1975, cuando Guido Kunzle era el intendente capitalino.

    Sigue comentando que “los medios de comunicación se han hecho eco del tema, los conductores de vehículos no se cansan de lamentarse por tener que sufrir todos los días esta situación que también incomoda al peatón. Las críticas se centran sobre el intendente municipal”.

    En aquella ocasión, Kunzle había culpado a otras administraciones y enfatizaba en que lo previsto en el presupuesto era insuficiente para cumplir con los compromisos.

    Pareciera una noticia publicada tan solo ayer.

    A Kunzle lo siguió Porfirio Pereira Ruiz Díaz, quien se dedicó personalmente a buscar baches que taparlos porque el dictador Alfredo Stroessner había caído en uno y le había ordenado hacerlos desaparecer por “orden superior”.

    Carlos Filizzola, Martín Burt y Enrique Riera lidiaron con la misma situación. Se escudaron en las mismas excusas aunque irrumpió un elemento nuevo: el cambio climático con el fenómeno de El Niño y su azote.

    Al fin y al cabo, parece ser que Evanhy de Gallegos fue la que menos quejas se ligó al respecto, quizás porque no había prometido taparlos en 48 horas como lo hizo su sucesor Arnaldo Samaniego. Ahora en las calles de Asunción nuevamente empiezan a aflorar los baches. En su reciente informe de gestión de los primeros 100 días el intendente Mario Ferreiro aseguró haber recibido en herencia –entre otros males– una “grave situación de las calles con más de 3.000 puntos de baches, hundimientos y otros”.

    En cuanto a lo que se hizo, el informe menciona que tras la declaración de “emergencia vial” y con la regularización del pago a proveedores de los insumos básicos, “se ha trabajado en elaboración de mezcla asfáltica en caliente de manera a restituir la funcionalidad y transitabilidad de las calles afectadas por distintos deterioros en el pavimento mientras se trabajan proyectos de inversiones con soluciones a largo plazo”.

    En su recuento la administración actual habla de 7.035 baches en total cuantificados desde inicio de su mandato y los que aparecieron hasta ahora. Dice que se han reparado 5.754 cráteres en los primeros 100 días con una inversión de casi 3.200 millones de guaraníes.

    De que Asunción tiene su encanto nadie lo puede dudar. Desde el aire es una jungla verde y no una selva de cemento. Por las noches resplandece y en cada temporada tiene un colorido peculiar.

    Sin embargo, la ciudadanía todavía debe lidiar con el peor rostro de la Madre de Ciudades: los baches. Hay un nuevo intendente y 24 concejales que tienen otros cinco años para intentar una solución definitiva. Veremos qué pasa.

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    Publicado por jotaefeb | 5 mayo, 2016, 8:17 am
  2. Baches: sufrir ahora, ¿gozar después?

    Antes que hablar de baches, los asuncenos hoy los sufrimos todos los días. No hay avenida importante ni calles de barrios que se libren de los cráteres en nuestros recorridos diarios para ir a cualquier parte. ¿Qué pasa en esta cuestión? ¿Se pusieron de acuerdo todas las calles para romperse al mismo tiempo? ¿Los caños cloacales y las capas asfálticas padecen un virus “anti-Mario” que las hace explotar constantemente? ¿Será posible que la administración Ferreiro sea peor que la de Samaniego?
    Son preguntas que no admiten respuestas fáciles y creíbles. Desde que se inventaron las excusas, siempre hay explicaciones para cualquier problema. Los culpables habitualmente son quienes hace mucho tiempo debieron hacer esto o lo otro pero no lo hicieron. La pelota tata nunca es tomada responsablemente por nadie. Y esto no ocurre solo en Asunción: en Lambaré, en Luque, en Fernando de la Mora y en San Lorenzo escuchamos los mismos plagueos de peatones y conductores.

    Los funcionarios técnicos, con cara de preocupados, señalan que, en general todos los caños del sistema de desagüe pluvial y cloacal están fisurados o rotos porque su vida útil venció hace décadas y nunca fueron renovados. La Essap afirma que necesita centenares de millones de dólares para cambiar toda la red de conexiones subterráneas y que con las tarifas actuales recaudar tales montos es imposible.

    Los constructores viales argumentan que el asfaltado de las principales calles y avenidas también tiene la vida útil vencida hace añares y por eso los pequeños recapados y los aislados bacheos duran solo pocas semanas, hasta la siguiente lluvia intensa que resucita a los cráteres.

    En la ejecución de las reparaciones de las calles también hay bastante desorden y desprolijidad. Por ejemplo, en la avenida Félix Bogado, donde la cruza el arroyo Ferreira, se reparan las dos manos al mismo tiempo y eso obliga a unos desvíos caóticos por calles en mal estado.

    Si creemos en la buena fe de los funcionarios comunales y que sus explicaciones técnicas son razonables, entonces estamos perdidos. ¡No tenemos otra opción que ponernos histéricos cada día al tratar de evitar los baches mayores, caer inevitablemente en los menores y ser testigos impotentes de cómo nuestro vehículo se va destartalando, ¡otra vez!, rumbo al taller!

    Entre el Gobierno central y los municipios en estos días nos están tirando un hueso para roerlo como podamos: ahora hay que aguantar esta deplorable situación pero en aproximadamente un año las cosas van a mejorar sensiblemente. Los nuevos viaductos, los caños cambiados y los asfaltos renovados ahora sí serán duraderos y de buena calidad. ¿Debemos tragarnos esta pildorita y esperar que, como el alprazolán, nos haga dormir un rato? ¿La solución es sufrir ahora y gozar después?

    “No hay de otra”, he’i oñe’ê vaíva. Esta es la ciudad en la que vivimos y estas son las calles que debemos transitar, nos guste o no. Menos mal que el plagueo es gratis, que la esperanza jamás se marchita y que, al menos, los dueños de los talleres mecánicos están contentos.

    Por Ilde Silvero

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/baches-sufrir-ahora-gozar-despues-1475792.html

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    Publicado por jotaefeb | 5 mayo, 2016, 8:16 am
  3. Querido Mario:

    Por Milia Gayoso Manzur

    Te veo bien. Nde porã kyryî guasu, como diría mi abuela Alejandra. Nos conocimos allá por los 80, cuando tenías tu disquería Lennon Record Shop y conducías “Imagínate” por radio Primero de Marzo.

    Una tardecita fuimos cayendo por tu local con un compañero de facultad; estabas con Nico Espinoza y sentí mucha alegría de conocerlos. A lo largo de estos treinta años te entrevisté varias veces: para hablar de los Beatles, tu carrera, etcétera.

    He seguido tu trayectoria hasta verte ungido como intendente de Asunción ante la expectativa de tanta gente que quiere ver convertida la capital en una ciudad mejorada en todo sentido y no en un remedo de Kosovo, con calles rotas postiroteos y paso de tanques de guerra, costanera incómoda y contaminada, etcétera. Hace días dabas cuenta de tus cien días de gobierno. Cien días es poco y es mucho; se pueden hacer cosas interesantes en poco tiempo, con voluntad y presupuesto.

    Te escribo esta carta como ciudadana.

    En realidad vivo en un barrio de San Lorenzo y trabajo en otro de Fernando de la Mora, pero también transito por Asunción por cuestiones laborales, familiares y de ocio necesario.

    Querido Mario: debo ir todas las mañanas desde mi barrio sanlorenzano hasta las cercanías de Ñu Guasu por lo que resta del año, justo en esa zona donde se unen y se separan Asunción y Luque, donde, desde el mes pasado se pasan vicisitudes para transitar, en las llamadas horas pico.

    Quiero pedirte que tomes la iniciativa de realizar una pequeña obra que beneficiará a una increíble cantidad de personas que todas las mañanas se desplaza desde/hasta las paradas de ómnibus que se encuentran en la zona, para trasladarse hasta sus lugares de trabajo o estudio.

    ¿Podrías hacer pintar una franja peatonal (cebra), o mejor dos, sobre la avenida a la altura del cruce (¡crucial!) de Autopista y Madame Lynch, donde actualmente se construye el superviaducto? Bastará un litro de pintura blanca y un par de horas de trabajo y se podría evitar alguna tragedia. Sé que el sitio entra en la jurisdicción de Asunción, justo en el medio del caos, y en la de Luque la otra parte. Pero si Asunción hace su parte, se puede paliar el desastre de desplazamiento peatonal.

    En estos días he pasado la apocalíptica experiencia de intentar cruzar la Autopista desde el Tape Tuja que lleva al centro de Luque, a las 6:30. No hablemos de lo que es realizar el cruce en auto. Ese es un tema que da para un texto aparte. Como el día anterior me llevó 40 (cuarenta) minutos echar a andar el auto desde la estatua de La Residenta hasta la cercanía del Club de Suboficiales, opté por dejar el vehículo estacionado por allí cerca y sentir la adrenalina de sortear el trecho caminando para acompañar a mi hijo hasta su nuevo lugar de práctica de fútbol. Lo hice porque soy una “gallina clueca” y porque me preocupa su seguridad en todo sentido, aunque él me repita que ya no tiene dos años.

    ¿Llegaste a pasar una de estas mañanas por ahí? La cola de vehículos recuerda a esas películas de catástrofe cuando la gente huye del terremoto o de Godzila. Pero eso todavía es aguantable pensando que con un poco de sacrificio en poco tiempo tendremos una linda obra de ingeniería que mejorará el tránsito. Además, unos amables agentes de la Caminera hacen lo que pueden, en una punta y en la otra.

    Pero el peatón no tiene por dónde cruzar.

    En toda la rotonda no hay un solo sitio por dónde hacerlo de manera segura. Vi con espanto cómo mi hijo y sus compañeros se metían entre los autos y el centenar de motos que se entrecruzan como moscas, para llegar a tiempo a la cancha. Para colmo, justo en el medio del laberinto cruza el arroyo (que divide los municipios), y entre las barandas del puente y el asfalto no hay sitio dónde poner el pie. Como aquel anuncio de Brooke Shield para Calvin Klein, entre el puente y el asfalto no hay nada.

    Entonces, tuve que ponerme en fila con las motos (si, así mismo) para seguir caminando. Pero cuando el caño de escape amenazó con dejarme un enorme lunar en la pierna, no tuve más remedio que salir de allí sorteando retos de choferes ofuscados y apurados, que no querían perder su oportunidad de avanzar veinte centímetros.

    Precisamente en estos días se anunció que se multará a los transeúntes que no respeten la cebra y crucen por cualquier lugar. ¿Y en los lugares donde no existen? ¿Quién pagará por la angustia que genera a la gente caminar entre colectivos, camiones, autos y motos, sorteando el peligro? ¿A quién le multamos si se atropella a alguien o si una persona muere arrollada?

    Quizás mi queja-pedido te parezca una nimiedad comparado a los problemas mayores que seguramente tenés en carpeta. Pero mi inquietud va en nombre de decenas de chicos que llegan hasta la zona en colectivo y terminan el trayecto a pie; va en nombre de centenares de personas que caminan desde sus casas hasta las paradas y van sorteando el peligro hasta llegar a la vereda. Va en nombre de esa gran cantidad de gente que baja de la línea 59 en la parada cerca de la estatua de La Residenta y camina apurada entre “rayos y centellas”.

    Las obras viales de progreso deben ir acompañadas de vías alternativas seguras para transeúntes y automovilistas. Y ese sitio es una trampa mortal para los peatones.

    Pdta.: Mientras se pinta una cebra y finalizan las obras, un agente puede dirigir el paso de los peatones en esas horas cruciales.

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    Publicado por jotaefeb | 23 abril, 2016, 5:36 am
  4. Costosas juntas municipales
    21 Abr 2016

    Por Clari Arias

    Esta semana la mayoría de los doscientos cincuenta municipios cumplieron sus primeros cien días de nuevo gobierno luego de las elecciones municipales. En Asunción hasta hubo celebración por la llegada de Mario, que por supuesto tuvo tiempo para que la sinfónica de la ciudad le agasajara con canciones de los Beatles, y se sacara todas las selfies posibles. ¡Es que el intendente de Asunción ama las fotos tanto como el trabajo! Lejos de festejos y fotos para el Facebook, hay una realidad que lastima a los contribuyentes y es el alto costo corporativo de los municipios.

    Casi siempre comunicadores y opinión pública reparamos en los funcionarios, permanentes y contratados, porque es palpable la superpoblación de las oficinas municipales, principalmente en los grandes municipios: Asunción, Área Metropolitana y capitales departamentales. Y pocas veces nos hemos detenido a pensar en lo mucho que cuestan las juntas municipales y en lo poco que, a cambio de sus dietas, ofrecen a sus vecinos contribuyentes.

    En la madre de ciudades, Asunción, cuya categoría especial hace que la junta municipal ostente 24 miembros, cada concejal se lleva mensualmente unos 24 millones de guaraníes. Es una cifra solo comparable a cargos gerenciales del sector privado, y por la cual cada concejal asunceno asiste a una sesión semanal y a las reuniones de las comisiones asesoras en donde figure como miembro. En estos primeros meses de gestión, un concejal colorado pidió el cambio de nombre de la calle Haedo, mientras que dos concejales de la izquierda de Ferreiro solicitaron que una calle de Asunción lleve el nombre de una luchadora contra la dictadura. Podrían aportar algo más a los ciudadanos que pagan mucho dinero por sus dietas.

    En el Área Metropolitana, los grandes municipios como Lambaré, Fernando de la Mora, San Lorenzo, Mariano Roque Alonso, Luque y Villa Elisa pagan sueldos cercanos a los 20 millones mensuales a sus concejales. En Mariano Roque Alonso, ciudad con serios problemas de infraestructura, cada uno de los 12 concejales se lleva 18 millones en efectivo, más 1 millón en vales de combustible (la ciudad tiene apenas 50 km2). En la hermosa Villa Elisa, cada edil embolsa 17 millones mensuales. En la quebrada Fernando de la Mora, otrora ciudad joven y feliz, el intendente Riveros tiene que hacer malabares para cumplir con sus 12 concejales, que cobran 19 millones cada uno.

    Desde las primeras elecciones municipales democráticas de 1991 hasta nuestros días, las juntas de los municipios más grandes del país se han autoasignado salarios onerosos que, claro está, no condicen con las condiciones precarias y hasta de quiebra de sus municipalidades. Pero ellos siempre aducen los mismo, que sus dietas están regidas por la Ley Orgánica Municipal a través del artículo 28. En efecto, el mencionado artículo establece con claridad el porcentaje que debe gastar de su presupuesto cada municipio en concepto de dietas. Llamativamente, los propios concejales siempre encuentran una artimaña para llevarse más dinero: gastos de representación, combustibles, bonificación. Siempre hay un cuento chino para asaltar la caja del municipio.

    Poca productividad, desconexión con sus electores, connivencia en contratos dudosos y onerosos para sus ciudades (recolección de basura, inspecciones vehiculares, etcétera) y en algunos casos más severos, hasta escaso conocimiento de sus geografías, hacen que las juntas municipales nos cuesten mucho dinero y cada vez propongan menos soluciones a la difícil vida en nuestros municipios. Porque para que me cambien el nombre de la calle Haedo por el de un héroe de guerra, no quiero pagar 24 millones mensuales a ningún concejal.

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    Publicado por jotaefeb | 21 abril, 2016, 5:33 am
  5. Construir municipios ciudadanos
    21 Abr 2016

    Las autoridades municipales cumplieron 100 días de gobierno comunal. La mayoría de ellas, sobre todo los intendentes, en el caso de Asunción, Mario Ferreiro, presentó informes de gestión en los que, naturalmente, mencionaron los aspectos positivos de sus administraciones.

    En 100 días no es fácil lograr resultados y solucionar todos los problemas que tiene un municipio. Ningún gobierno, sea comunal, gubernamental o nacional, puede con un toque mágico hacer desaparecer la desastrosa herencia que recibió.

    Para tranquilidad de los actuales administradores, la responsabilidad de los dramas ciudadanos puede ser momentáneamente trasladada aún a las anteriores autoridades, porque, de verdad, son responsables de no haber solucionado en el tiempo que estuvieron los cotidianos dramas que van desde aspectos aparentemente comunes como la recolección de residuos, calles en mal estado y, desde luego, lo peor, la pesada estructura administrativa capaz de devorar el dinero público más rápido que la aparición de un nuevo bache.

    Mario Ferreiro presentó de una manera bastante peculiar su informe de gestión. Lo hizo en medio de un ambiente artístico y con un discurso –con fondo musical– de contenido social, como se esperaba, en la misma línea de campaña y de la visión que le desea dar a su administración.

    En parte de su discurso dijo que para que Asunción mejore se debe quererla más y para eso, primero, los mismos asuncenos se deben querer más. Un principio básico para la construcción de una mejor sociedad y, por ende, una mejor ciudad, pero dejado de lado casi siempre para responsabilizar cómodamente de todo lo malo a las autoridades de turno. Sucede en Asunción y en todos los municipios del país.

    Si bien es cierto, existe desidia, ineficiencia y corrupción en muchas comunas, como hay en todos los estamentos públicos, también es una realidad que el propio ciudadano –por darle esa categoría a todos– hace poco o nada para ayudar a su comunidad.

    La gente está más acostumbrada a reclamar, a criticar, a exigir soluciones, pero no es consciente que contribuye a mantener una mala ciudad con simples acciones, como tirar el envoltorio de un caramelo al piso, sacar los residuos en los días en los que no pasan los recolectores, arrojar basura en los raudales, o no cumpliendo con las reglas de tránsito y evitando los compromisos impositivos.

    La responsabilidad de administración y de establecer las políticas municipales que logren mejores ciudades la tienen las autoridades comunales, eso está claro y el ciudadano debe controlar y exigir que se cumplan las promesas. Pero a la vez, si se considera verdaderamente ciudadano, tiene la obligación de aportar su granito de arena construyendo, no destruyendo más.

    Si deseamos lograr una mejor ciudad debemos construir municipios ciudadanos, donde sus propios pobladores se involucren en el quehacer diario, colaborando y no solo reclamando.

    Para que la gente tome conciencia de esa responsabilidad que tiene, los municipios deben convertirse en promotores activos de la participación ciudadana en la administración. Deben lograr que sus pobladores se sientan identificados y parte del proceso de transformación, que se quieran más, que quieran más a su ciudad. Este básico principio funciona y es gratificante. Uno de los ejemplos más claros fue lo que sucedió en Atyrá. Más allá de haber logrado que sea considerada la ciudad más limpia del país, lo más importante fue la construcción ciudadana, basada en la responsabilidad y el respeto hacia ellos mismos.

    Pasaron los primeros 100 días de gobierno que generalmente se usan para medir cuál es el camino que se tomará. Probablemente en algunos municipios aún no está claro el norte, por lo que deberán apresurar sus pasos y dar señales.

    A partir de ahora, entendiendo que los intendentes y las juntas municipales durante este tiempo de gracia ya analizaron la situación, dimensionaron los problemas y saben lo que tienen que hacer, el control en el cumplimiento de las promesas deberá ser más riguroso. Y si no cumplen, el ciudadano, siempre en un papel activo, deberá denunciarlos y castigarlos en las urnas.

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    Publicado por jotaefeb | 21 abril, 2016, 5:32 am

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