estás leyendo...
HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

Un día para pensar en una sociedad mejor

El pueblo que habita el Paraguay se dice a sí mismo cristiano, en una inmensa mayoría, pero muchos no demuestran serlo cabalmente. Si miramos hacia nuestro comportamiento colectivo, a nuestra manera de conducir la existencia que llevamos y a los recursos de los que echamos mano para saciar nuestras ambiciones, tendremos que admitir que nuestro presumido cristianismo francamente deja bastante que desear.

Muy cristianos solemos llamarnos de boca para afuera, pero, en nuestras actitudes, no son muchas las virtudes predicadas por la doctrina de esta confesión que nos tomamos el cuidado de respetar y de demostrar con el ejemplo.

La caridad, una de las virtudes cardinales del cristianismo, suele ser con frecuencia soslayada, especialmente cuando alcanzamos algún puesto de poder y tenemos en nuestras manos la posibilidad de utilizarlo para practicarla en el marco de la ley y de la moral. Miles de indigentes, discapacitados, personas de la tercera edad, nativos, abandonados de la salud o de la fortuna, son testigos de que en el país de los que nos llamamos muy cristianos no es mucho lo que pueden esperar, a juzgar por la triste mezquindad de nuestros actos.

La política, consistiendo en el ejercicio del poder para realizar el bien común de la gente, debería ser la herramienta más eficaz para llevar la virtud de la caridad a un plano superior, más eficaz en la práctica, más equitativa y socialmente más abarcante. Sin embargo, nuestros políticos solo saben ser caritativos a modo personal y casi nunca comprometiendo sus propios bienes, sino los recursos públicos. Hacer caridad a costa del dinero ajeno es la única forma que, al parecer, la mayoría de nuestros políticos tienen por buena para poner en práctica esa virtud teologal.

Contra esta actitud cínica y miserable tienen que erguirse las personas que sí cumplen con este precepto moral sacrificando su dinero, su tiempo, sus conocimientos y su cooperación. Hay muchos que silenciosamente dedican buena parte de estos bienes a intentar aliviar las penurias del prójimo en dificultades, pero son justamente esas personas las que no suelen tener acceso al poder político ni capacidad de decisión en las esferas superiores del Estado.

Como es bien sabido, para los cristianos, la Pascua de Resurrección representa una conmemoración solemne que recuerda el triunfo de la vida sobre la muerte y, enmarcada en esta extraordinaria figura ética, también la de la esperanza sobre el pesimismo, la victoria de la fe sobre la angustia de la nada y la de la convicción sobre la incertidumbre, al tiempo que es también la festividad que invita a la reconciliación con uno mismo y con los demás.

Se trata, sin duda alguna, de la fecha que, junto a la Navidad, marca el hito más alto del calendario cristiano y, por consiguiente, ambas festividades deben recibir la mayor dedicación de quienes se sienten tales.

El Domingo de Pascua es también el día del perdón de los pecados para quienes lo solicitan sinceramente, arrepentidos y dispuestos a no reincidir. Y, cuando se habla de pecados, es preciso tener presentes, en primer término y con más atención, aquellos que son de mayor gravedad, como las maldades que se causan a mucha gente. ¿Puede creerse, por ejemplo, en la sinceridad de nuestras autoridades que año a año concurren a Caacupé a prometer redención, pero de vuelta a sus despachos se olvidan del país y del prójimo?

La población del Paraguay, siendo mayoritariamente cristiana, con sus hábitos de vida y sus costumbres adquiridas, pocas veces demuestra que estas virtudes son consubstanciales a su modo de existencia cotidiana. La falta de respeto por las normas y por los derechos ajenos, el desorden y los abusos de todo tipo, la violencia ejercida contra los más débiles, o la que se practica tras el velo de ideologías supuestamente humanísticas, o en nombre de pretendidos derechos genéricamente conculcados; el desprecio, indiferencia u hostilidad contra toda sana medida de política pública que no sea de su interés personal egoísta, son males –o pecados– que cometemos todos los días, sin perjuicio de llenarnos la boca con una pretendida fidelidad a los preceptos cristianos.

El Domingo de Gloria nos ofrece a todos, incluidas las personas que no practican la confesión cristiana, una ocasión para la elevación de las virtudes humanas por encima de nuestros estrechos y efímeros apetitos, de postergación de rencores y enfrentamientos, desde los grandes y dañinos hasta los minúsculos, y, si fuese posible, el olvido definitivo de todos ellos. Es una fiesta para compartir pero también para meditar, para hallar, dentro de uno mismo, cuáles deben ser los caminos a escoger a fin de ser mejores personas con el prójimo y mejores ciudadanos con la patria.

Hoy también es un día domingo para consolidar la adhesión interna de las familias, reverdeciendo aquellas tradiciones que mantuvieron nuestros ancestros a lo largo de los siglos, mediante las cuales logramos conservar una sociedad que, en su gran mayoría, todavía aprecia la convivencia en paz, a pesar de los fuertes embates negativos y disociadores que muchas veces trae consigo la modernidad, a la par que sus aportes materiales.

Hoy es un alegre día de intercambio de deseos y votos de felicidad. La aspiración y el propósito más sincero de ABC Color es que sus lectores encuentren en sus páginas, este día y también los demás del año, un impulso, por modesto que sea, buscando darles a sus vidas un sentido más profundo y valioso, que les reafirme en sus mejores virtudes y que les insufle el optimismo indispensable para soñar con un país y una sociedad mejores, y que les comprometa a realizar los esfuerzos necesarios tendientes a convertirlo en realidad.

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/un-dia-para-pensar-en-una-sociedad-mejor-1465269.html

 

Anuncios

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

5 comentarios en “Un día para pensar en una sociedad mejor

  1. Aportes desde el rincón vergonzante

    Por Carolina Cuenca

    Hace poco tuve un accidente de tránsito. Además de hacerme patente la situación terrorífica de muchos ómnibus que, por su mal estado, ponen en peligro mortal a sus pasajeros, las deficiencias en el sistema de salud y otros males, sin embargo, pude rescatar una cosa noble: la solidaridad de nuestra gente. Les digo algo más: el paraguayo todavía tiene el sentido común despierto, con todo lo que nuestra educación sesgada y mediocre, con todo lo que el sistema político y judicial corrupto, con todo lo que el entretenimiento estupidizante, con todo lo que el consumismo, con todo lo que sistemáticamente nos adormece y anestesia.

    Es cierto que la empresa criminal que pone ómnibus en mal estado en las calles también estará dirigida por un paraguayo, pero ¡cuántas manos, voces y hombros amigos se encuentra uno en situaciones inesperadas! En la calle se viven experiencias solidarias a diario y eso que ya casi nadie tiene idea de cómo los abuelos practicaban el jopói. En la raíz no veo otra cosa que eso que el gran pedagogo italiano monseñor Giussani denominaba el sentido religioso. No se incomoden, solo quiero proponer como hipótesis explicativa de nuestra persistente y terca forma de acoger y custodiar la vida como un bien personal, ese precioso ykua satî llamado apertura a la realidad y fe que no nos han robado siglos de adoctrinamiento racionalista reductivo ni de cinismo seudointelectual.

    El problema es que esto no nos lo creemos. “Naa. No va a ser”. “Todo empeora y no hay que pues ser ilusos”. Pero, entonces, ¿cómo se llama lo que vivimos a diario con los vecinos, los compañeros, la familia y los extraños en materia de compasión y ternura? Es cierto, las cosas buenas deben ser cultivadas y razonadas para que alcancen altura, pero la semilla está.

    Entonces, ¿por qué será que dejamos que nos vayan arrinconando hasta una posición vergonzante (no vergonzosa como eso que uno hace mal y esconde, sino oculta para no ser malinterpretados, señalados, humillados)?

    Sí, nuestra autocrítica a veces es cruel, irrealista, vergonzante. Nos acompleja. Pero, en verdad, nuestra cultura se nutre de tradiciones muy humanistas, de primer nivel civilizatorio, aunque esté escrita en jopara y no en cuadernos universitarios, sino en gestos cotidianos.

    Deberíamos más bien potenciar y no avergonzarnos de ser gente que cree en la vida, de ser conservadores, es decir, capaces de custodiar aquello que todo alrededor hoy parece querer negar, destruir y arrebatar: la inocencia, la gratuidad, el sentido común. Al contrario, son cosas que deberían constar en el currículum: persona paraguaya, sencilla, de buen ánimo, especialista en apodos, sabe atar con alambre, recuerda los favores, busca el lado positivo y encuentra; no teoriza, actúa; protege la vida…

    Me gusta

    Publicado por jotaefeb | 22 julio, 2016, 7:44 am
  2. Volver al buen trato

    Por Lupe Galiano

    En el tránsito todo el mundo está cabreado y soluciona sus dramas con bocinazos, insultos y demás improperios. En el supermercado la gente siempre está apurada: piensa que el carrito es un coche de Fórmula 1 y hay que adelantarse a todo lo que da el timón para sacar antes el numerito de la carne o para llegar a la caja. En el ascensor se aplica la ley del más fuerte: el grandote te atropella nomás: no importa si el que está intentando entrar o salir ande con muletas. En las redes sociales se lee cada cosa y en la tele se ve cada disparate que ni vale la pena contar.

    Con tanto apuro y tanta rabia, es fácil saltar de la molestia por algo trivial a una causa de vida o muerte. Y no es solo cosa de delincuentes o descerebrados, ya que en esta creciente ola de violencia cotidiana, contener la ira se vuelve un desafío para cualquiera, hasta para el mismísimo Buda.

    Pero en lugar de ser fatalistas y gruñir en contra de la falta de respeto, cada uno puede iniciar una militancia activa en favor de la convivencia armónica para recuperar un valor del que antes se hablaba tanto: la proverbial cordialidad paraguaya. Pequeños gestos cotidianos pueden aportar mucho a mejorar los ambientes donde nos movemos, desde el mismo hogar hasta la calle y el trabajo.

    Aunque además del compromiso de cada quien, el Gobierno tiene que comprender, si a las autoridades les da la cabeza y el corazón, que hay un país que se tiene que refundar. Tenemos que pasar del Estado de paz y progreso sustentado en la represión y la intolerancia, a otro de convivencia armónica y próspera, que respete a los más débiles y también a los más chicos. No es difícil, solo falta (buena) voluntad.

    Buena voluntad que comienza con hacer funcionar de verdad los sistemas de protección de niños, mujeres, adultos mayores y otros sectores que, por vulnerables, son los que más sufren atropellos.

    Buena voluntad que hace que la Justicia actúe rápido en los casos de agresiones, atropellos y asesinatos, ya que los castigos a abusadores, violadores y asesinos por odio no solo reconfortan a la ciudadanía, sino que sirven de tranca para desistir de presionar por la fuerza a otras personas a hacer algo que no quieren.

    Buena voluntad para educar a los docentes y estudiantes en derechos y obligaciones, no en prejuicios y disparates, como el largor de la pollera o el arito en la nariz.

    Y así. Si cada uno hace un poquitito o dos, vamos a vivir en el país más feliz del mundo. Amén.

    Me gusta

    Publicado por jotaefeb | 29 marzo, 2016, 9:34 am
  3. Querer renacer

    Por Lourdes Peralta

    Resurrección es una de las pocas palabras que aún conserva cierta pureza dentro del pensamiento actual. Se usa para decir que queremos volver a vivir pero de otra manera, que necesitamos comenzar todo de nuevo, ser mejores, creo que, al fin, amar para estar en paz. Fuera del contexto religioso se suele utilizar otras palabras: renovación, revivir, renacer, resurgir, rebrotar y aún muchos otros sinónimos. Todos son términos energéticos que nos alientan a seguir de otra manera, a corregir los errores que hemos cometido principalmente en algún aspecto de nuestra vida.

    Este querer cambiar lo traemos desde pequeños. Quién en su niñez, cuando inicia su cuaderno escolar inmaculado, no se promete en silencio que estudiará, que no borroneará, que usará regla para subrayar. Pero siempre hay alguien cuya prolijidad no puede ser superada fácilmente. Sin claudicar en la lucha positiva, debemos llevar el objetivo de ser mejores a lo largo de los años y prestando atención descubriremos en qué somos buenos.

    Hay trastornos que se están multiplicando y asentando con una rapidez preocupante, tales como la crisis de identidad, despersonalización, desrealización. Por eso es necesario no perdernos de vista a nosotros mismos. Cuando uno crece en todas sus dimensiones, no se compara ni se frustra, porque al reconocernos y aceptarnos dejamos de exigirnos virtudes-bondades que no tenemos y a potenciar las que sí. Sencillamente somos quienes somos, con posibilidades de superarnos personal y profesionalmente.

    La riqueza que aportamos en las relaciones sociales radica en el potencial de mostrarnos auténticos y siempre renacidos.

    ¿Qué significa renacer para cada uno de nosotros? Hay un concepto muy común, transmitido por películas y telenovelas, de creer que uno vuelve para ser más fuerte y poderoso, para ponerse por encima de otros. Traducido sería tomar revancha o venganza, la carroña de los sentimientos.

    Podemos resucitar después de haber superado una enfermedad grave, un accidente, una desilusión, un fracaso. Muchos durante este periodo piensan en la muerte como un escape. ¿Cuántas veces hemos estado cerca de morir? si lo estuvimos, ¿cómo lo superamos?

    Sabemos que la muerte no siempre es física y que peor es vivir en eterna agonía, en ese “horno cerrado que reduce el corazón a cenizas” como llamaba Shakespeare al dolor oculto.

    Quizás esto es lo que tenemos que poner en claro en las distintas etapas de nuestro transitar terrestre. No todo el tiempo lucharemos por las mismas metas, pero sean las que sean nuestros valores humanos, morales, éticos, deben permanecer. Reconocernos limitados –que no significa “ser menos”– en un tiempo y espacio, nos aclara la mente para ser efectivos. Brotes tendremos que se transformarán en amor sea por los hijos, a qué nos dediquemos laboralmente o a la búsqueda de la verdad y belleza. Miguel Ángel anhelaba la libertad y elevación del espíritu a través del trabajo en mármol, nada menos. No tenemos ni ápice del genio, pero podemos aplicar como él la fe y la fuerza en todos los desafíos y dificultades.

    Me gusta

    Publicado por jotaefeb | 29 marzo, 2016, 9:25 am
  4. Querer renacer

    Por Lourdes Peralta

    Resurrección es una de las pocas palabras que aún conserva cierta pureza dentro del pensamiento actual. Se usa para decir que queremos volver a vivir pero de otra manera, que necesitamos comenzar todo de nuevo, ser mejores, creo que, al fin, amar para estar en paz. Fuera del contexto religioso se suele utilizar otras palabras: renovación, revivir, renacer, resurgir, rebrotar y aún muchos otros sinónimos. Todos son términos energéticos que nos alientan a seguir de otra manera, a corregir los errores que hemos cometido principalmente en algún aspecto de nuestra vida.

    Este querer cambiar lo traemos desde pequeños. Quién en su niñez, cuando inicia su cuaderno escolar inmaculado, no se promete en silencio que estudiará, que no borroneará, que usará regla para subrayar. Pero siempre hay alguien cuya prolijidad no puede ser superada fácilmente. Sin claudicar en la lucha positiva, debemos llevar el objetivo de ser mejores a lo largo de los años y prestando atención descubriremos en qué somos buenos.

    Hay trastornos que se están multiplicando y asentando con una rapidez preocupante, tales como la crisis de identidad, despersonalización, desrealización. Por eso es necesario no perdernos de vista a nosotros mismos. Cuando uno crece en todas sus dimensiones, no se compara ni se frustra, porque al reconocernos y aceptarnos dejamos de exigirnos virtudes-bondades que no tenemos y a potenciar las que sí. Sencillamente somos quienes somos, con posibilidades de superarnos personal y profesionalmente.

    La riqueza que aportamos en las relaciones sociales radica en el potencial de mostrarnos auténticos y siempre renacidos.

    ¿Qué significa renacer para cada uno de nosotros? Hay un concepto muy común, transmitido por películas y telenovelas, de creer que uno vuelve para ser más fuerte y poderoso, para ponerse por encima de otros. Traducido sería tomar revancha o venganza, la carroña de los sentimientos.

    Podemos resucitar después de haber superado una enfermedad grave, un accidente, una desilusión, un fracaso. Muchos durante este periodo piensan en la muerte como un escape. ¿Cuántas veces hemos estado cerca de morir? si lo estuvimos, ¿cómo lo superamos?

    Sabemos que la muerte no siempre es física y que peor es vivir en eterna agonía, en ese “horno cerrado que reduce el corazón a cenizas” como llamaba Shakespeare al dolor oculto.

    Quizás esto es lo que tenemos que poner en claro en las distintas etapas de nuestro transitar terrestre. No todo el tiempo lucharemos por las mismas metas, pero sean las que sean nuestros valores humanos, morales, éticos, deben permanecer. Reconocernos limitados –que no significa “ser menos”– en un tiempo y espacio, nos aclara la mente para ser efectivos. Brotes tendremos que se transformarán en amor sea por los hijos, a qué nos dediquemos laboralmente o a la búsqueda de la verdad y belleza. Miguel Ángel anhelaba la libertad y elevación del espíritu a través del trabajo en mármol, nada menos. No tenemos ni ápice del genio, pero podemos aplicar como él la fe y la fuerza en todos los desafíos y dificultades.

    Me gusta

    Publicado por jotaefeb | 29 marzo, 2016, 9:20 am
  5. Ahora, a “pascuar”

    Por Pedro Gómez Silgueira

    El verbo “pascuar” no figura en el Diccionario de la lengua española de la RAE, pero en Paraguay todos sabemos su significado. De hecho, los golpes y las palmadas en este tiempo son parte de la infancia de varias generaciones.

    Es una tradición que viene de la antigüedad y se confunde entre la Pascua judía y la Pascua cristiana. De cualquier manera, las palmadas de pascuas no son más que un golpe liberador, una reacción ante la vida. Para renacer hay que pasar por un sacrificio como una de las enseñanzas de Semana Santa. Incluso, en países europeos como en República Checa es signo de augurio de fertilidad y buena salud para el año.

    Dándole actualidad a la palabra, podríamos aplicarla al derrotero de Asunción y toda el área metropolitana. Vayamos a un ejemplo práctico.

    Suficiente tiempo para tomar impulso y abundantes excusas han tenido los intendentes y concejales que asumieron sus cargos en diciembre pasado como para entrar a actuar.

    Estamos concluyendo el tercer mes del año y ellos ya completan sus primeros 100 días en el gobierno.

    Es demasiado el sacrificio para el ciudadano.

    El primer motivo de parálisis de los munícipes, obviamente, fueron las arcas vacías dejadas por sus antecesores, las deudas contraídas y el retraso en el pago de impuestos.

    Las calles siguen aguardando una reacción masiva para que se exterminen los baches y cráteres de todos los colores y tamaños. Es irritante para el conductor sentir cuando un auto se pega un golpazo al caer a un profundo pozo. La felicidad es solo para los talleres mecánicos.

    Las sempiternas obras inconclusas deben pasar de las primeras paladas.

    Las vías alternativas para el superviaducto de Madame Lynch y Aviadores del Chaco están esperando que se dignen a adecuarlas para que se pueda circular como la gente y no como ganado por barquinazos o albañales.

    Las infracciones se multiplican a lo largo y ancho de la ciudad y se han convertido en norma. Los inspectores –si no coimearon– han sido muy permisivos con los puercos.

    Intendentes y concejales deberían impulsar los proyectos más importantes y ejecutarlos de una buena vez para llegar a fin de año con balance a favor.

    Hay que empezar a “pascuar” dando golpazos de timón y propinando palmadas para que los funcionarios públicos empiecen a moverse y dar resultados. Caso contrario, se genera un círculo vicioso y así andamos de fiesta en fiesta, de celebración en celebración, de feriado en feriado, haciendo puentes, pero de ocio. No precisamente acciones que sirvan para todos. ¡A pascuar se ha dicho. Pero con obras y acciones!

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 27 marzo, 2016, 7:01 am

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

el clima ✓

Click for Asunción, Paraguay Forecast

ÑE’ÊNGA ✓

Péva ndejoráne, he’íje oka’úva mondahare.25/07/17

fotociclo ✓

El Cirque du Soleil presentará Amaluna, del 26 de julio al 13 de agosto en Asunción

VIÑETAS ✓

Nico

Melki

Caló

impresos ✓

abcCOLOR

ULTIMA HORA

LA NACIÓN

EXTRA

POPULAR

CRÓNICA

5dias.com.py

5días

A %d blogueros les gusta esto: