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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

Momento propicio para refundar el Mercosur

En un día como hoy, hace 25 años, nacía en Asunción el Mercado Común del Sur (Mercosur), compuesto por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Un enfoque retrospectivo a lo que es hoy esta organización, a un cuarto de siglo de su creación, nos muestra una parodia de libre mercado que ha servido más para perjudicar que para favorecer la integración económica regional que impulsara su creación con la firma del Tratado de Asunción el 26 de marzo de 1991. Lo que pretendió ser una iniciativa geoeconómica cuya fuerza gravitacional acabara atrayendo a los demás países de Suramérica, al final resultó un fiasco. La emergencia de gobiernos populistas de izquierda en los países signatarios lo convirtió en un foro ideológico en el que lo político pasó a prevalecer sobre lo jurídico, desnaturalizando su rol eminentemente económico y comercial.

Con Hugo Chávez en Venezuela, Luis Inácio Lula da Silva en Brasil, Evo Morales en Bolivia, Néstor y Cristina Kirchner en Argentina, Rafael Correa en Ecuador, José Mujica en Uruguay y, por un tiempo, Fernando Lugo en Paraguay, Suramérica dio un brusco giro geopolítico a la izquierda, bajo la batuta del presidente brasileño y el incentivo económico de los petrodólares del pueblo venezolano generosamente repartido por su mesiánico gobernante fallecido. En manos de una pléyade de gobernantes populistas, el Mercosur se convirtió en foro ideológico del Socialismo del Siglo XXI, un residuo de la vulgata marxista preservada en el continente americano por los hermanos Fidel y Raúl Castro y políticamente revalidado por el hoy desprestigiado expresidente brasileño Lula, para impulsar proyectos geopolíticos contrapuestos a los sustentados por Estados Unidos en el hemisferio.

Copado el Mercosur, los gobiernos bolivarianos de la región, liderados por Brasil, pasaron a constituir la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), ampliada con la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), organización continental esta diseñada con la finalidad geopolítica de restar protagonismo a la Organización de Estados Americanos (OEA) e indirectamente a los Estados Unidos. Este contubernio de gobernantes autoritarios y populistas tuvo su punto alto con la escandalosa intromisión en los asuntos internos de Paraguay en ocasión de la destitución mediante juicio político, en 2012, del entonces presidente Fernando Lugo, por mal desempeño de funciones. Una patota de cancilleres bolivarianos encabezada por el actual presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, irrumpió en el Palacio de Gobierno con la intención de impedir la destitución constitucional del mandatario cofrade. Paradojalmente, estas mismas organizaciones regionales se aprestan a dar su apoyo al expresidente brasileño y a su sucesora Dilma Rousseff, acosados por la Justicia de su país en un mar de escandalosa corrupción.

Manipulando el Mercosur, las presidentas Dilma Rousseff y Cristina Kirchner, con la presta aquiescencia del uruguayo, José Pepe Mujica, suspendieron al Paraguay como miembro del bloque económico regional, a los efectos de forzar el irregular ingreso de Venezuela al mismo; ingreso que venía siendo trabado por el Parlamento paraguayo por considerar que el gobierno de Hugo Chávez carecía de la credencial democrática exigida por la carta del Mercosur. A más de esta arbitraria medida, hicieron que sus colegas bolivarianos de Unasur y Celac desconocieran al nuevo gobierno paraguayo instalado tras la destitución del exobispo, sentando un nefasto precedente a contramano de la Carta de la OEA. En este escenario de extremismo ideológico, el Mercosur dejó de existir, virtualmente hablando.

Como no hay mal que dure cien años, la victoria electoral de Mauricio Macri en Argentina, como también la de la oposición unida en Venezuela y el escándalo de corrupción que mantiene en vilo a la presidenta Dilma Rousseff, así como la derrota de Evo Morales en su pretensión de perpetuarse en el poder, son señales auspiciosas para revitalizar el Mercosur, poniendo fin a la intransigencia ideológica de los presidentes izquierdistas de la región que ahora están en retirada.

Durante la mitad del lapso transcurrido desde su creación, los presidentes de Brasil, Argentina y hasta cierto punto Uruguay, han perdido lamentablemente el tiempo impulsando agendas ideológicas inconsistentes en vez de empeñarse en esfuerzos genuinos para hacer realidad los postulados del Tratado de Asunción. Mientras tanto, y en vista de que se han tirado por la borda los objetivos primigenios del Mercosur, como país mediterráneo el Paraguay ha visto perjudicado su comercio exterior, y por ende su crecimiento económico, a causa de las trabas impuestas por el gobierno argentino de los Kirchner a la libre navegación de la Hidrovía Paraguay-Paraná a los buques de bandera nacional, así como por las barreras paraarancelarias y otras restricciones arbitrarias impuestas al comercio bilateral por ese país como por el Brasil. Si a esto se suma la inicua explotación que el país sufre en la usinas hidroeléctricas bilaterales (ni siquiera puede comercializar libremente su energía excedente), Paraguay resulta ser el país que más perjuicio ha sufrido en el ámbito del Mercosur. Por lo mismo, es el más ansioso porque el bloque económico regional, ahora ampliado con Venezuela y próximamente Bolivia, pueda reencauzar su derrotero hacia las metas originalmente visualizadas por los gobernantes fundadores.

Es de esperar que con la emergencia de gobiernos genuinamente democráticos en el ámbito del Mercosur y el inexorable ocaso de los que lo han prostituido en sus fines, las reglas del juego se reviertan efectivamente a favor del libre comercio y una unión aduanera consolidada sin recelos por las mayores economías que lo componen en la actualidad.

En suma, estas bodas de plata del Mercosur lo encuentran en un momento propicio para impulsar su refundación, para que sirva realmente a los principios que originaron su creación.

 

 

 

 

 

 

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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26 comentarios en “Momento propicio para refundar el Mercosur

  1. Un Mercosur que no sirva a los intereses del pueblo no tiene sentido

    El proceso de integración regional, en este caso el Mercosur, no es más que una herramienta; el instrumento mediante el cual un grupo de países deciden asociarse para procurar el desarrollo económico y social de sus pueblos. Si este fundamento no se cumple y la gente no siente de manera directa los beneficios que se esperan de todo esfuerzo de complementariedad, el mecanismo se torna inservible.
    El 26 de marzo de 1991, los presidentes de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay se reunieron en Asunción para sellar una alianza que definían, en primer lugar –y así consta en el Tratado constitutivo del bloque– como un “mercado común que implica la libre circulación de bienes, servicios y factores productivos”. Esa premisa fundacional, sin embargo, no se ha cumplido a lo largo de este casi cuarto de siglo, sumiendo a los pueblos que componen el proceso en el desconcierto, primero, y el desencanto, después.
    El proceso integrador es un instrumento crucial de desarrollo, sobre todo para un país mediterráneo como el nuestro. Lamentablemente, el animus societatis que debería existir en todo esquema de complementariedad económica, comercial y social no siempre ha orientado las decisiones en el Mercosur.
    Y aquí nos encontramos, pues, a las puertas de la conmemoración de los 25 años de fundación del bloque sin demasiadas cosas que celebrar. Trabas arancelarias o para-arancelarias dificultan el libre tránsito de las mercaderías consagrado en el primer artículo del Tratado de Asunción. Excusas de orden migratorio o aduanero entorpecen, también, el tráfico expeditivo de las personas que habitamos la región.
    Los paraguayos, por ejemplo, ahora en plena temporada estival, somos víctimas de interminables filas y controles de toda especie en los puntos fronterizos, sobre todo en aquellos que nos separan –porque la verdad es que hasta ahora no nos unen– de Argentina. En ocasiones, los ciudadanos paraguayos que intentan ingresar al vecino país a través de Posadas deben aguardar cinco, seis y hasta diez horas. No existen condiciones para suponer que estamos acercándonos, siquiera lentamente, a integrar un mercado común al estilo de Europa.
    Está visto que si la integración no se hace con la gente y en beneficio de la gente, es la legitimidad misma del proceso la que será puesta en causa y entredicho. No existen motivos, entonces, para hablar de un “sentido de pertenencia”. Las marcas del “Mercosur” en los pasaportes o en las matrículas de los vehículos –que comenzará a regir en breve– no son más que frías nomenclaturas vaciadas completamente de contenido.
    Los cancilleres y los presidentes del bloque no deberían dejar de reflexionar sobre esta cruda realidad. De lo contrario, será inevitable que la gente continúe considerando que la celebración de este casi medio centenar de cumbres de jefes de Estado no ha tenido otro objetivo más que el de promover un costosísimo turismo diplomático absolutamente divorciado de los verdaderos intereses que tendrían que animar la integración de los pueblos y de las economías a las que ellos dan vida y sustento.

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    Publicado por jotaefeb | 19 enero, 2017, 12:03 pm
  2. Nexo de nada

    Francisco Faig –

    En vida, Alberto Me-thol tuvo una convincente prédica sobre importantes actores regionales, como por ejemplo, el actual papa Francisco. En este 2017 en el que se cumplen 50 años de su “Uruguay como problema”, su influencia intelectual sigue siendo muy grande.

    Methol escribió allí que se abría un tiempo nuevo para el país en la región. Ya no era más la época de los pequeños “Estados Parroquiales latinoamericanos”, esos a partir de los cuales razonó Herrera en su “Uruguay internacional” de 1912. Con un desarrollo económico inevitablemente atado a Argentina y Brasil, Uruguay debía ser nexo en la cuenca del Plata: “pensar y prever la cuenca significa en algún grado emanciparse de los espacios estatales”. Pensar el futuro implicaba ser consciente del anacronismo histórico que significaba el Uruguay-Estado. La “mejor hipótesis de la dirección de nuestra historia” era el lugar de nexo de la integración regional, como una suerte de “Benelux criollo”.

    Su modelo de cuenca del Plata implicaba la unidad de acción de Brasil y Argentina, que hace medio siglo todavía equilibraban sus poderes. En 1970, por un lado Brasil tenía 96 millones de habitantes contra unos 24 millones de argentinos, y ocupaba en términos de PBI total el décimo lugar en el mundo contra el quinceavo para Argentina. Pero por otro lado, el PBI per cápita argentino era más del doble que el brasileño, y sobre todo, los analfabetos en la Argentina representaban solo el 7% de su población, mientras que al menos un tercio del total del Brasil no sabía ni leer ni escribir.

    Hoy en día ese equilibrio no existe más. En 2015, el PBI de cada país medido en dólares, fue de 1.775 mil millones para un Brasil de más de 207 millones de habitantes y de 583 mil millones para una Argentina de 43 millones. Además, Buenos Aires pena por conservar su liderazgo en la Sudamérica hispanoparlante: en 2014, el PBI argentino medido en paridad de poder de compra estaba en el lugar 25 y el colombiano en el 31 en el mundo.

    ¿Tiene sentido entonces concebir nuestras relaciones internacionales desde un lugar de nexo entre potencias equiparables que van de consuno? Cuando tomamos consciencia de la política porteña de esta década larga, que a pesar del espíritu del Mercosur ha puesto mil trabas a nuestro desarrollo, ¿es pertinente relativizar el peso de los intereses nacionales de los Estados de la región, perennes, diferentes y hasta rivales, sobre los que reflexionó Herrera?

    El metholismo político tuvo su mejor exponente en la presidencia de Mujica. En pos de la patria grande continental, por ejemplo, doblegó a Paraguay para que entrara Venezuela al Mercosur y negó los servicios portuarios a barcos provenientes de Malvinas. En general, con la izquierda en el poder, el Uruguay entendido como nexo ha prevalecido sobre el Uruguay soberano: no hubo libre comercio con Estados Unidos y no lo habrá con China, porque Brasilia no lo quiere. Así, el metholismo nos condena a ser, ora provincia argentina, ora cisplatina del Brasil.

    La concepción de Herrera es otra y mejor: libre del voluntarismo ideológico propio de los sesenta, asume desde nuestra soberanía estatal las fieras consecuencias de “la vieja trenza” urdida, desde siempre, por Argentina y Brasil.

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    Publicado por jotaefeb | 9 enero, 2017, 8:55 am
  3. La presidencia del Mercosur

    El Mercado Común del Sur (Mercosur), sumido en el 2016 en una grave crisis política que puso en peligro su continuidad, inicia un buen 2017 con la normalización en la presidencia pro tempore, que ahora estará a cargo de Argentina por los próximos seis meses. Esta situación incluso fue aceptada por el gobierno de Venezuela que, solo a modo de no quedar descolocado, anunció que “entregó” el cargo a Argentina, siendo simplemente un gesto de palabra ya que en ningún momento la presidencia estuvo a su cargo, como intentó que sea.

    La Presidencia Pro Tempore (PPT) de Argentina en el bloque se inició este año con la perspectiva de normalizar el funcionamiento del bloque regional tras un año sumamente turbulento, principalmente a raíz del conflicto venezolano y su incumplimiento de los requisitos para su incorporación como socio pleno. Este hecho se dio por segunda vez sin la tradicional cumbre presidencial, que no pudo desarrollarse todo el 2016 debido al conflicto en Venezuela y también en Brasil, por el proceso de destitución de la ex presidenta.

    Cabe recordar que la presidencia del Mercosur quedó acéfala en julio del año pasado, cuando Uruguay decidió dejar el cargo al finalizar su mandato. Venezuela debía asumir, pero, sin embargo, fue emplazada y cesada de sus derechos por no cumplir con la normativas de adhesión del organismo. Aun así, el Gobierno venezolano aseguró que estaba al mando del bloque, mientras los países fundadores Paraguay, Argentina, Brasil y Uruguay decidieron que los coordinadores se hagan cargo hasta la asunción del gobierno argentino.

    Estos acontecimientos derivaron en un conflicto dentro del bloque. Tras el incumplimiento de la normativa del protocolo, los países miembros no aceptaron la presidencia de Venezuela, decidiendo, por incumplimiento de las normas, bajar al país caribeño el título de miembro pleno a miembro adherente. En diciembre, al cerrarse el plazo de gracia, le fue retirada la voz y el voto, derechos inherentes como Estado parte. Es decir, hoy el Mercosur tiene como socios plenos solo a sus fundadores, siendo Venezuela y Bolivia socios, pero no plenos.

    Como una suerte de alivio a la situación, se pudo ver que la canciller de Venezuela, Delcy Rodríguez, publicó en su cuenta de Twitter un mensaje en el que dice que “entrega” la presidencia pro tempore a Argentina. “Venezuela hace formal la entrega de la presidencia del Mercosur a la República Argentina, tal como corresponde”, manifestó en su cuenta.

    Rodríguez había denunciado agresiones por parte de funcionarios del gobierno argentino durante un intento de ingresar en un encuentro de cancilleres en Buenos Aires el pasado 14 de diciembre. No hizo alusión a ese tema, ni a la situación de Venezuela en el grupo regional.

    Mercosur tiene el desafío de lograr de nuevo este año el entendimiento político para avanzar hacia los temas pendientes, como las negociaciones con la Unión Europea para un tratado de libre comercio. Ya se perdió bastante tiempo con los caprichos personales y actuaciones políticas que solo han logrado debilitar al bloque y perder la oportunidad de acelerar aspectos que realmente pueden servir a nuestros países.

    La actuación de Venezuela durante todo el 2016 generó una innecesaria batalla política que perjudicó el buen relacionamiento. Se deberá determinar ahora cuál será la postura que se asumirá desde la presidencia pro tempore en relación a la situación venezolana en el grupo, pero ella debe estar sustentada en lo que establece el tratado. Es decir, mientras Venezuela no cumpla con los requisitos obligatorios para ser socio pleno, debe quedar en la categoría menor. Esa debió ser la postura siempre y es la que ha adoptado de manera firme el gobierno paraguayo, la de no claudicar a pesar de las agresiones verbales que ha recibido el país y sus autoridades.

    El Mercosur tiene una deuda con la región, en lo que respecta a lograr el objetivo que se ha trazado en su fundación, el de la cooperación para fortalecer las capacidades de cada uno de los países en materia económica y comercial. Los Estados partes deben enfocarse en avanzar en la generación de estrategias y políticas de desarrollo que permitan reducir las asimetrías así como intercambiar conocimientos y experiencias.

    Estas premisas que tienen como eje la profundización de la integración, solo serán posibles conseguir si en el seno del bloque existe armonía, respeto a los tratados y a cada integrante, además de un sentido de integración real, y no de imposición de un determinado pensamiento o ideología.

    http://www.lanacion.com.py/2017/01/03/la-presidencia-del-mercosur/

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    Publicado por jotaefeb | 9 enero, 2017, 8:30 am
  4. El lío del Mercosur

    Por Danilo Arbilla

    Tamaño lío se compraron el 29 de junio del 2012 en Mendoza los presidentes de Argentina, Brasil y Uruguay cuando suspendieron a Paraguay del Mercosur para simultáneamente resolver el ingreso de Venezuela.

    Cristina Kirchner, Dilma Rousseff y José Mujica, hoy tres “ex”, en uno de los mayores atropellos jurídicos y políticos que se recuerdan, dejaron una “bolsa de gatos” (y en celo) sobre la mesa como conclusión de la 43º Cumbre del Mercosur. Una “herencia” solo comparable con la que los nombrados dejaron al irse en sus respectivos países.

    Las razones de ese mal paso fueron expuestas y explicadas por Mujica, a quien hay que reconocerle –guste o no– su sinceridad, que incluso se realza frente al cinismo, la hipocresía y desfachatez de otros varios actuantes.

    El exmandatario uruguayo lo dijo clarito: “A veces es más importante una buena sintonía entre un grupo de presidentes que los mecanismos jurídicos que se hayan construido durante muchos años. Y eso fue lo que pasó en el Mercosur…” “… la buena relación entre los presidentes del bloque tuvo mucho que ver…” “…fue una incorporación política (la de Venezuela), que dejó de lado todas las trancas jurídicas que se habían interpuesto previamente”.

    Dilma lo convenció –Mujica dixit– de que en Paraguay hubo un golpe de Estado con pruebas e “informes de los servicios de inteligencia brasileños, venezolanos y cubanos”. (Toda una garantía)

    También Dilma le dijo que “Brasil necesita que Paraguay quede afuera del Mercosur para de esa forma apurar las elecciones en ese país”. (¡Mirá Dilma, la antiimperialista de ahora! Lo que va de ayer a hoy). (*)

    Chávez primero y luego Maduro, ¿qué podía esperarse?

    Finalmente, cuatro años después a Venezuela no le fue permitido asumir la presidencia –pro tempore– del organismo y tras un plazo de unos meses los miembros fundadores –Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay– resolvieron cesar a Venezuela en el ejercicio de “sus derechos inherentes” como Estado por no haber cumplido con las obligaciones asumidas en el Protocolo de Adhesión.

    Digan lo que digan Maduro o la canciller Delcy Rodríguez –decididamente inventan–, Venezuela no ha cumplido con unas 112 resoluciones y ha admitido su imposibilidad de incorporar normas específicas del Mercosur a su ordenamiento jurídico nacional. Y esto sin contar el Protocolo de Ushuaia que establece la “cláusula democrática”, a la que la Venezuela bolivariana es ajena, hecho que solo lo niegan los chavistas (lógicamente).

    En el Mercosur el único defensor de Venezuela y en el que el bien hablado Maduro confía, es el presidente frenteamplista uruguayo Tabaré Vázquez, quien se va a reunir con el venezolano, y dice que la medida no es irreversible y que hay que analizar aspectos jurídicos, los que el expresidente frenteamplista uruguayo Mujica dijo que se dejaron de lado cuando se suspendió a Paraguay y se metió a Venezuela, por decisión de unos cuantos amigos sintonizados.

    Maduro ha dicho que el Mercosur debe buscar “la unión en la diversidad y no el sectarismo y la persecución ideológica”. Lo dice Maduro: la desfachatez no tiene límites.

    Hasta Dilma, siempre más ubicada, parece que ha perdido la chaveta, como su amiga y colega Cristina. Ha dicho en las últimas horas que suspender a Venezuela del Mercosur es un acto peligroso e irresponsable que compromete la convivencia entre las naciones suramericanas” (¿y suspender Paraguay para que entrara Venezuela por la ventana?).

    Añadió que los “intereses imperiales” han actuado contra “la hermana nación democrática”, refiriéndose a Venezuela, aunque no lo crea.

    Lo dicho: lo que va de ayer a hoy.

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    Publicado por Anónimo | 7 diciembre, 2016, 5:37 am
  5. El golpe de Maduro y las “repúblicas petroleras”
    04 Dic 2016

    La Venezuela de Chávez entró al Mercosur por la ventana, como los ladronzuelos nocturnos, sin la aprobación de uno de los países fundadores, Paraguay, ya que el Congreso nacional se negaba a darle el reconocimiento de gobierno democrático, por el evidente incumplimiento del chavismo de los principios democráticos exigidos en los convenios que conforman el pacto de países democráticos; principios que hasta hoy el gobierno bolivariano se niega a comprometer, por el carácter totalitario del “chavismo”, que no reconoce haber perdido las elecciones pese al voto popular, es decir, pese a mantenerse en el poder contra la voluntad mayoritaria del pueblo venezolano, por medio del aparato que construyó el poder totalitario, desde unas fuerzas armadas partidizadas y “coloradizadas”.

    Resulta hasta grotesco que sectores políticos paraguayos que se declaran democráticos y prochavistas, simpaticen con el régimen “estronista” de Caracas, que hace que los militares vistan con los pañuelos colorados del partido de gobierno, que los funcionarios públicos pierdan los cargos si no votan al oficialismo, en fin, como aquí en los tiempos del “Tiranosaurio”.

    El golpista Maduro, que no reconoce el voto y la movilización ciudadana contra su degradante, opresivo, represivo y hambreante sistema de explotación que escandaliza al mundo, se permite hablar de golpe y denuncia una “triple alianza”, cuando fue una cuádruple, una vez más contra el Paraguay, la formada por los entonces gobiernos “bolivarianos” de Venezuela, Argentina, Brasil y Uruguay, en aquel entonces, la que decidió excluir a Paraguay del Mercosur, para que la Venezuela de Chávez pudiera entrar por la ventana, ya que no cumplía los requisitos para entrar por la puerta grande.

    De haber tenido éxito, probablemente los golpes parlamentarios se llamarían hoy lugazos o tal vez madurazos, ya que fue el entonces canciller Maduro el que lo encabezó, asumiendo atribuciones de “gobierno paraguayo”, con la anuencia de Lugo y de su Corte, dando una arenga pro golpe parlamentario, en uno de los hechos más insólitos y grotescos de nuestra historia política.
    El golpismo “bolivariano” –los países mal llamados bolivarianos tendrán que pedir algún día disculpas al libertador por haber “malversado” su nombre– protagonizó un intento de golpe que, lamentablemente el mismo Congreso paraguayo que destituyó a Lugo con un constitucional juicio político, dejó en el olvido el intento de golpe que fue perpetrado en el propio Palacio de López, donde los cancilleres de países del Mercosur instaron al jefe militar en funciones, a no aceptar el juicio que el propio presidente Lugo aceptaría, es decir, a rebelarse contra el Congreso y tomar el poder.

    De haber tenido éxito, probablemente los golpes parlamentarios se llamarían hoy lugazos o tal vez madurazos, ya que fue el entonces canciller Maduro el que lo encabezó, asumiendo atribuciones de “gobierno paraguayo”, con la anuencia de Lugo y de su Corte, dando una arenga pro golpe parlamentario, en uno de los hechos más insólitos y grotescos de nuestra historia política, no sólo del Paraguay, sino de la región, convirtiendo a los países del Mercosur en repúblicas, en vez de bananeras, petroleras.

    De hecho, descubrimos después cómo las deudas generosas en combustible sirven para chantajear y tratar de mantener el “eje” bolivariano.

    El intento de golpe de aquel entonces fue encabezado por el inmaduro Maduro que basaba su poder, como si fuera el virrey bananero del Mercosur, en las valijas de dólares que atravesaban alegremente los aeropuertos de gobiernos “bolivarianos”.

    Ni la Triple Alianza ni la cuádruple alianza “bolivariana” pudieron doblegar al Paraguay. Por eso, el golpe excluyéndolo del Mercosur, por un constitucional juicio político, para abrirle la ventana trasera del bloque al chavismo. Por ahí entró sin firmar uno solo de los protocolos que comprometen los compromisos democráticos de la región. Por ahí dice Maduro que va a volver a entrar, reconociendo su vocación de ratero.

    Sin duda, la Venezuela democrática, la que, en tiempos de las dictaduras aliadas en asociaciones criminales como el Plan Cóndor, supo dar refugios a tantos perseguidos de los países iberoamericanos, tiene que entrar al Mercosur. La Venezuela que ganó la última elección popular democrática, la que sufre y resiste la dictadura chavista-madurista desbordando las calles en protestas multitudinarias. La Venezuela democrática.

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    Publicado por Anónimo | 4 diciembre, 2016, 7:18 am
  6. Golpe al Mercosur

    Uruguay está poniendo a punto un torpedo contra el Mercosur que, de ser efectivamente disparado, podría causar la vía de agua definitiva que el bloque necesita para hundirse sin remedio. Con la visita del presidente chino Xi Jinping, la cancillería uruguaya ha activado la cuenta regresiva a un tratado bilateral de libre comercio (TLC) con China. El ministro de Economía y Finanzas Danilo Astori expresó que “Uruguay es un buen lugar para invertir, que genera confianza y se proyecta a un mercado regional ampliado. El país ofrece un buen clima de negocios, con instituciones fuertes y estímulos económicos al tiempo que cuenta con talentos, capacidades humanas y buena calidad de vida”.

    La controversia Mercosur-TLC no es nueva y está cargada de argumentos tanto a favor como en contra. Se basa en estrictas normas y obligaciones instaladas por el Tratado de Asunción y sus documentos derivados. La Resolución 32 del año 2.000 establece “el compromiso de los Estados Partes del Mercosur de negociar en forma conjunta acuerdos de naturaleza comercial con terceros países o agrupaciones de países extrazona en los cuales se otorguen preferencias arancelarias”.

    El canciller Rodolfo Nin Novoa afirma, sin ignorar el compromiso señalado, que “existen grandes dificultades comerciales dentro del bloque, siendo fundamental para el actual gobierno superar esa situación y diversificar los mercados a través de la firma de múltiples TLC, entre otros, con la Alianza del Pacífico”. En su borrador de modificación del tratado, Uruguay propone una cláusula que permita a “uno o más Estados Partes iniciar negociaciones de nuevos acuerdos comerciales con terceros países o agrupaciones de países extrazona en los cuales se otorguen preferencias arancelarias, así como negociar nuevas preferencias comerciales en acuerdos vigentes”. Los detractores de la iniciativa creen que abierta esa vía, la capacidad de negociación uruguaya fuera del Mercosur será insignificante. Con la situación regional emergente, Argentina y Brasil quedarán en libertad para firmar acuerdos que dejarán a Uruguay como furgón de cola con peligro de perder mercados ya obtenidos.

    Los uruguayos han decidido no estancarse en planteos de reformas ni esperar la buena voluntad de terceros. Se han lanzado a hacer buenos negocios con economías de extrazona sin importar su tamaño. Quieren aumentar la inversión extranjera directa que en 2014 fue el equivalente a casi el 5% de su PIB mientras que en el Paraguay era de apenas el 0,8%. El Gobierno de Tabaré Vázquez considera el Mercosur no sólo una herramienta ineficiente para el desarrollo del país sino un verdadero obstáculo para el mismo.

    Una vez más Uruguay vuelve a clavar una pica en Flandes y en abierto desafío a quienes le advierten sobre las graves consecuencias de su acción. Cuestión de observar y sacar conclusiones.

    http://www.5dias.com.py/50776-golpe-al-mercosur

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    Publicado por Anónimo | 21 octubre, 2016, 4:27 pm
  7. Negociaciones Mercosur-UE

    Las negociaciones para lograr un acuerdo comercial pleno entre el Mercosur y la Unión Europea comenzaron hace ya más de 17 años, sin que se llegue a una concreción definitiva.

    En los últimos tiempos, el gobierno de Cristina Kirchner se había mostrado particularmente contrario al avance de estas conversaciones, arrastrando tras de sí al resto del bloque. De esta forma, los demás socios del Mercosur –incluido Brasil, que por entonces mantenía una estrecha afinidad ideológica con el gobierno kirchnerista– se veían forzados a seguir el compás argentino en este tema de enorme importancia estratégica para las economías regionales.

    El kirchnerismo se propuso obstaculizar el proceso con la UE en coherencia con su estrategia proteccionista, que acabó por reducir drásticamente los niveles de competitividad de las empresas y de la economía argentina.

    El escenario político en la región se ha modificado sustancialmente en los últimos meses y, con los nuevos vientos que soplan, es posible pensar en una aceleración de las negociaciones.

    A diferencia de las economías brasileña o argentina, la paraguaya es una economía muy abierta, que puede beneficiarse extraordinariamente con la apertura de nuevos mercados.

    Hasta hoy, principalmente han primado en el proceso de integración las afinidades políticas y no las estrategias comerciales o los planes económicos conjuntos o complementarios. La dimensión política debería ser una derivación, una consecuencia, de la cada vez mayor integración comercial y complementación económica de los países socios.

    La concreción de un tratado de libre comercio con Europa puede contribuir a poner definitivamente las cosas en la perspectiva correcta a nivel del Mercosur.

    Tal como ocurrió en otros procesos de integración –como el que dio nacimiento a la Unión Europea, por ejemplo– el factor económico debe preceder inevitablemente al factor político. De lo contrario, la estabilidad y el futuro del bloque dependerán de la mayor o menor coincidencia ideológica entre sus componentes y no de elementos más objetivos y tangibles relacionados a la producción, la infraestructura y las políticas comerciales.

    Así las cosas, cualquier viento de cambio en los gobiernos del continente retrotraerá el proceso de integración a un punto que se pensaba superado. Un proyecto que se pretendía histórico estará sujeto a los vaivenes de las preferencias electorales o las simpatías entre líderes y autoridades.

    Si el Mercosur aspira a tener algún futuro, debe enfocarse nuevamente en los propósitos y metas que le dieron origen y sentido. En estos asuntos fundamentales –por ejemplo, el cumplimiento de los objetivos básicos del bloque, entre ellos la negociación de acuerdos comerciales con otros mercados– no se invirtieron tantos esfuerzos en los últimos años, como en uniformizar políticamente al Mercosur, a la medida de los requerimientos de los socios más grandes o, para decirlo con más exactitud, a la medida de los grupos que ejercían transitoriamente el poder en esas naciones.

    Darle un impulso firme a las conversaciones con la Unión Europea es un paso concreto en la dirección correcta: recuperar cuanto antes la esencia del Mercosur, sus verdaderas metas. Es de esperar que esta línea –que Paraguay ha defendido casi en solitario en estos años– se imponga también en los demás países que integran el bloque regional.

    Negociaciones Mercosur-UE

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    Publicado por Anónimo | 17 octubre, 2016, 5:41 am
  8. Liderazgo paraguayo en triunfo de la democracia

    El problema del Mercosur, como se demostró en la práctica, era muy sencillo: instaurar la legalidad en lugar de regirse por los intereses políticos, en el sentido sectario, ya que se convirtió, en vez de guiar una integración social y económica, como está en los propósitos fundacionales del bloque, en la instauración de un pensamiento político excluyente, autoritario, de los aliados que pretendieron imponer su pensamiento único y su estructura, autocalificados como bolivarianos, dejando de lado a los otros líderes de la independencia, desde Francia a Carlos Antonio López, desde San Martín a Belgrano, de Artigas a Andresito.

    Como pudo apreciarse en el proceso de instauración totalitaria, imponiendo la sinrazón política a la razón jurídica, formaban una alianza totalitaria para imponerse y convertir un bloque democrático, con estructura jurídica y con objetivos de desarrollo económico y social, en dictadura política sectaria.

    Los hechos protagonizados por los gobiernos totalitarios bolivarianos no dejan lugar a la duda hoy: países saqueados, políticos enriquecidos a costa de las ruinas de los pueblos, estructuras económicas prósperas devenidas en economías catastróficas.

    No es solo el caso de Venezuela, que ya no deja lugar a duda de la conversión de un país próspero en una sociedad de mendigos, que dedican el mayor tiempo de su existencia para conseguir precarios productos de subsistencia; es el de Argentina y Brasil, cuyos gobernantes, groseramente enriquecidos, en proporción directa al empobrecimiento de sus países, están procesados con acusaciones tan serias y contundentes que no dejan lugar a duda la mala administración, cuanto menos, a la corrupción más grosera y descarada que pueda imaginarse.

    La decisión del bloque de excluir al gobierno de Maduro era inevitable; a estas alturas ya no se puede hablar de gobierno venezolano, pues se trata de un gobierno contra los venezolanos. A duras penas, a trancas y barrancas, dada la influencia política que aún tiene el gorilismo chavista en el Mercosur, con la financiación de los petrodólares bolivarianos que aún siguen teniendo peso en la región por las deudas contraídas con la “generosidad” venezolana con los países aliados, a costa de la miseria del pueblo venezolano, se ha logrado que se imponga la democracia, basada en lo jurídico, por sobre la plutocracia, basada en lo “político”.

    Es sumamente importante el rol que ha desempeñado en este proceso la posición paraguaya, que se ha mantenido desde un principio conceptualmente clara y diplomáticamente firme: La Venezuela del chavismo entró al bloque por la ventana; ni siquiera se ha molestado en cumplir con los compromisos democráticos del grupo, apoyada en la creencia de su poder de soborno, en la alianza con gobiernos de la región agavillados en un proyecto totalitario, de saqueo, con fines de enriquecimiento ilícito y gestación de una nueva casta política con pretensiones de dictadura regional.

    Paraguay fue la víctima, cuando una patota de cancilleres de los países ya entonces identificados como “bolivarianos” convocaron en el Palacio de López a las fuerzas armadas nacionales para dar un fujimorazo, un golpe al Parlamento. La orfandad popular de la movilización convocada para acompañar el golpe, la profesionalidad del mando militar en ese momento, no dejaron lugar al golpismo “bolivariano”.

    Los mandatarios que hoy están procesados, tanto en Argentina como en Brasil, en la justicia ordinaria, en aquella oportunidad sancionaron a Paraguay, a sabiendas de la trapisonda que estaban haciendo, con el solo propósito de hacer que Venezuela entrara al Mercosur de contrabando y sin cumplir los mínimos requisitos democráticos y de respeto a los derechos humanos requeridos por el bloque.

    Hoy se ha restituido la legalidad democrática, ha prevalecido lo jurídico por lo que en aquel entonces se llamó político y no fue más que un acto politiquero de grosero abuso de la democracia regional, permitiendo entrar a un país de clara prepotencia dictatorial en una alianza de principios democráticos.

    Paraguay puede estar orgulloso de haber liderado, tal vez por primera vez en la historia contemporánea, una política continental para defender y reinstaurar el orden democrático.

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    Publicado por Anónimo | 20 septiembre, 2016, 8:40 am
  9. La diplomacia debe garantizar la estabilidad del Mercosur

    Frente al conflicto suscitado en el seno del Mercosur, el Gobierno paraguayo debe garantizar una postura que ponga los intereses nacionales y de largo plazo por encima de las ideas particulares de algunos empleados públicos que están coyunturalmente en puestos de decisión. Como todo régimen público, la gestión de la diplomacia debe ser parte de una política de Estado y persistir para que genere resultados positivos para el país y sus ciudadanos. La racionalidad y la cordura deben primar en el relacionamiento internacional más allá de las posturas personales a favor o en contra de otras personas o autoridades
    Tanto las autoridades paraguayas como las que gobiernan en los países que integran el Mercosur son pasajeras, mientras que la institucionalidad del Mercosur viene de años atrás y continuará existiendo salvo que se tomen decisiones drásticas. Sin embargo, estas decisiones no pueden ser producto de situaciones coyunturales. Al contrario, deben estar basadas en información y estudios que muestren que este modelo de integración no es útil al país.

    Pero no solo deben contar con argumentos en contra. También deben contar con una propuesta alternativa, basada en profundos y exhaustivos análisis del contexto internacional presente y futuro y de la proyección económica del país a largo plazo.

    Actualmente, no se concibe el desarrollo de un país sin una estrategia clara de inserción internacional, menos de un país sin salida al mar, con un mercado interno sumamente pequeño y con dos vecinos tan grandes en tamaño geográfico, poblacional y económico como son Brasil y Argentina.

    Mientras Paraguay no cuente con una propuesta de salida del Mercosur, si la ciudadanía así lo decide –y no la autoridad de turno–, el rol de la diplomacia es garantizar la estabilidad del bloque. Cualquier conflicto en su interior en lugar de beneficiar perjudica al país.

    El Gobierno paraguayo, en lugar de concentrase en el conflicto político, debiera avanzar con propuestas para mejorar el funcionamiento del bloque, por ejemplo en materia de políticas que converjan hacia la estabilidad macroeconómica y el crecimiento.

    La alta volatilidad de la economía paraguaya que tanto daño le hace al país, en parte tiene que ver con la inestabilidad de Brasil y Argentina. No se puede dejar de lado la necesidad de que los países mantengan baja su inflación y equilibrio en las cuentas fiscales. También es necesario, y así lo señalan varios documentos comprometidos por Paraguay y el resto de los países que integran el Mercosur, que se avance en iniciativas que conduzcan a la complementariedad de las estructuras productivas de los países integrantes.

    Esto implica un paso fundamental, que es el de acordar, por ejemplo, objetivos comunes en torno a mejorar la infraestructura que permitirá una mejor integración regional. Paraguay ha hecho una apuesta importante en los últimos años para mejorar sus vías de comunicación. Es de esperar que el plan vial nacional se coordine con los demás de la región. Esto permitirá cumplir con el objetivo acordado de facilitar a los dos Estados sin litoral, Paraguay y Bolivia, la superación de los obstáculos derivados de esta condición.

    No hay que perder de vista que el mundo está cambiando rápidamente, con países que emergen y que demandan bienes y servicios con los que cuenta la región. Paraguay, como uno de los países más rezagados del bloque en materia económica y social, no debe dudar en liderar un proceso de negociación que fortalezca el Mercosur en lugar de debilitarlo.

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    Publicado por Anónimo | 22 agosto, 2016, 10:28 am
  10. Venezuela y la palabra que ofende

    Alberto Acosta Garbarino

    Desde el inicio de la llamada revolución bolivariana, su líder Hugo Chávez fue incrementando su poder gracias a los impresionantes aumentos del precio del petróleo y ampliando su presencia mediática gracias al uso de un lenguaje soez y burlón.

    De menos de 15 dólares el barril en el año 1999 el precio se disparó a 140 dólares en el año 2008. Los ingresos petroleros del país caribeño se multiplicaron por diez y con esos recursos Chávez se convirtió en el líder más influyente de América Latina.

    Paralelamente, con un discurso agresivo y sarcástico hacia los principales líderes mundiales, Chávez se convirtió en el latinoamericano con mayor presencia en los medios mundiales de comunicación.

    Recorrió el mundo aquel famoso discurso pronunciado en el seno de las Naciones Unidas, donde el día anterior había hablado George Bush y donde dijo: “Ayer el diablo estuvo aquí. Este lugar huele a azufre”.

    También recorrió el mundo su pelea con el rey Juan Carlos de España, cuando en la Cumbre de Santiago de Chile dijo que el ex presidente español José María Aznar “era un fascista, de la calaña de Adolfo Hitler y un lacayo de Bush, que le daba asco y lástima”. Esto generó la reacción del rey, que estalló con su “por qué no te callas”.

    Pero todo esto hasta encontraba adeptos, cuando el protagonista era Hugo Chávez, que estaba lleno de petrodólares y cuyos ataques estaban dirigidos a países poderosos y a grandes líderes mundiales a quienes nadie osaba agredir.

    Pero ahora que Venezuela es gobernada por Nicolás Maduro, que es una “mala copia” de Chávez, que tiene su popularidad por el suelo, y que dirige un país que se hunde económicamente, sus discursos altisonantes y groseros mueven a veces a la indignación y otras veces a la risa.

    Ivonne Bordelois, en un fantástico libro llamado La palabra amenazada, dice que los seres humanos nos relacionamos por medio de las palabras. Porque con las palabras se puede acariciar o se puede agredir, con las palabras se puede generar un ambiente de paz o se puede iniciar la guerra.

    Indudablemente el chavismo, con su lenguaje violento y ofensivo, ha generado y sigue generando una verdadera tragedia para el pueblo venezolano y una enorme fractura de su sociedad. Pero lamentablemente su accionar no se ha limitado a Venezuela, sino que ha infectado a toda América Latina y ahora al Mercosur, donde el discurso también altisonante y agresivo está tirando por la borda años de esfuerzos en construir una integración continental.

    Los últimos discursos de Maduro son francamente lamentables y preocupantes. En lo interno, amenazando a la oposición venezolana, con que si intenta hacer un golpe de Estado tendrá una respuesta más violenta que la que tuvo Erdorgan en Turquía; en lo externo, ofendiendo a Brasil, Argentina y Paraguay y a sus gobernantes, generando la casi segura muerte del Mercosur.

    Las sociedades donde el mayor valor es el afecto –te quiero o te odio– son sociedades llenas de conflictos y enfrentamiento; sin embargo, las sociedades donde el mayor valor es el respeto, son sociedades donde puede tenerse una convivencia armónica, a pesar de las diferencias. El respeto hacia el otro tiene varias aristas, pero todo comienza con la comunicación, con la palabra, con la palabra que no ofende ni agrede, sino con la palabra que acaricia.

    Sin duda alguna, uno cosecha lo que siembra; como dice un conocido refrán español “si se siembran vientos se cosecharán tempestades” y eso es lo que han hecho Chávez y Maduro en los últimos 17 años, ofendiendo a sus opositores internos, ofendiendo a países hermanos y ofendiendo a otros gobernantes.

    Hoy están cosechando una “tormenta perfecta” que pesa dolorosamente sobre Venezuela.

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    Publicado por Anónimo | 22 agosto, 2016, 6:30 am
  11. Mercosur y el consenso

    Uruguay parece percatarse ahora del enorme error que ha cometido con el tema de la presidencia pro tempore del Mercosur. A pesar de los pedidos, advertencias y llamadas de atención que le hicieran los otros tres países, contra viento y marea, Uruguay dio por finalizada su presidencia habiendo cumplido el plazo, y en la práctica entregó de manera unilateral dicha presidencia a Venezuela, como si fuera una cuestión de mero trámite. Y no es así. Al contrario, se trata de un acto solemne, que ha sido previsto en el Tratado para que los Jefes de Estado sean quiénes dirijan, den sus orientaciones, y concluyan negociaciones cuando a niveles más bajos no han podido acordarse. Por lo tanto, la entrega unilateral es un acto nulo y sin valor alguno.
    No se conoce en la historia de Mercosur, en sus más de veinte y cinco años, una sola trasferencia de presidencia que hay sido “in absentia” de los Jefes de Estado. La forma de hacer la entrega está prevista en el Tratado y debe cumplirse a rajatabla. Pero parece ser, y así confirman noticias que llegan desde el hermano país Uruguay, que cuestiones de política interna, presiones ejercidas dentro del partido de gobierno, son las que impulsaron a la Cancillería a adoptar estas determinaciones contrarias a la opinión de los demás socios. Y es lo que ha desatado una crisis sin precedentes en el Mercosur. Fue, según lo que se ha publicado, el Frente Amplio el que llevó adelante una campaña muy fuerte ejerciendo presiones sobre la Presidencia uruguaya, lo que hizo que esta procediera de manera equivocada. El presidente Vázquez y su gobierno debieron, antes que nada, observar las normas del tratado y no guiarse por opiniones interesadas para la toma de una decisión de gran trascendencia para el bloque.

    En declaraciones de hace unos días el presidente Vázquez, tal vez muy preocupado por su decisión y sabiendo que la misma era equivocada, manifestó que la situación de Mercosur era bastante complicada. Ese fue el primer paso que dio el Uruguay para intentar justificar su error y ver cómo enmendarlo. Mucho más fácil hubiera sido reunir en consulta a todos los ministros de Relaciones de la región Mercosur y buscar con ellos una solución de conjunto. Pero parece ser que pesaron más las afinidades ideológicas que las razones jurídicas y prácticas que hubieran atacado el fondo de la cuestión. Es decir que el paso dado por Uruguay fue solamente para apoyar a Maduro, olvidando el superior interés general del Mercosur.

    Ahora, también Uruguay reconoce que Venezuela no está colaborando para buscar una solución, y los problemas de este país lejos de resolverse o estar en vías de ello, se han agudizado. Con lo cual confirma una vez más el error cometido. Pero de nada valen a estas alturas buscar culpables, sino que hay que dar una salida, porque a pesar de algunos comentarios, creo que no es bueno para ningún socio que Mercosur esté sin presidencia. ¿Qué decir a la Unión Europea, con la cual desde hace tantos años estamos buscando una solución de fondo a nuestro Tratado de Libre Comercio? ¿Cómo explicar que una región seria pudo haberse equivocado de esta manera? Realmente no se encontraría una respuesta convincente, y lamentable sería perder otra oportunidad con los mercados que quedarían afectados por esta situación.

    Pero lo más grave aún de este tema es la última declaración del canciller uruguayo contra el consenso previsto en el Protocolo de Ouro Preto. En efecto, en este se manifiesta en el art. 37 textualmente: “Las decisiones de los órganos del Mercosur serán tomadas por consenso y con la presencia de todos los Estados Partes”. Queda pues bien en claro que todas las decisiones del Consejo del Mercado Común deben tomarse por consenso. Y esto es explicable, pues son varias las instancias que se recorren antes de llegar al Consejo. Es decir, primero actúan los técnicos, luego el Grupo de Mercado Común, y luego al Consejo de Mercado Común, con lo cual se ha dejado establecido que son estas las instancias a recorrer hasta encontrar el consenso. Y si finalmente el CMC no lo encuentra, está todavía la instancia final de los Jefes de Estado.

    El consenso puede pues considerarse la regla de oro de Mercosur. Es la que defiende a los países más pequeños de decisiones arbitrarias y perjudiciales, y también a los grandes, que, si hubiera votación, verían que mayorías coyunturales pueden llevar a un contradictorio Mercosur, cuando que lo que debe cuidarse es que el mismo sea previsible, condición necesaria para un mercado común cuya finalidad más importante es facilitar el área de libre comercio entre los países, aunque en nuestro caso se trata de una Unión Aduanera con la misma finalidad.

    En más de un cuarto de siglo de vida, y con esta “regla de oro”, se manejó el Mercosur. Se dirá que con marchas y contramarchas es cierto, pero siempre dentro del disenso respetuoso que buscó y finalmente encontró el consenso para resolver los problemas, aun los más conflictivos Dejamos de lado las consideraciones respecto del acatamiento del Protocolo de ingreso de Venezuela que no ha sido cumplido sino en una mínima parte, insuficiente, por cierto, quedando pendientes cuestiones que son fundamentales para el andamiento del bloque. Esa es la razón principal por la que no puede asumir la presidencia.

    Hay varias salidas para terminar con esta situación de indefinición del Protocolo de ingreso de Venezuela, desde la denuncia del mismo, hasta prórrogas que puedan acordarse, pero sin conceder todavía el estatus de socio pleno a quien no ha cumplido.

    Es necesario que en breve se realice una reunión con los ministros de Relaciones de los cuatro países socios originales, y que en conjunto y por consenso resuelvan ya de una vez esta crisis. Porque finalmente las consecuencias de ellas las pagaremos todos, habida cuenta que los intereses nacionales no se guían por amistades ni por afinidades de ninguna clase.

    Insistimos con el consenso porque es necesario y porque así lo impone la normativa. No dejemos nunca que caiga esta “regla de oro”, que fue la base de la estructura jurídica del Mercosur.

    Ahora el Canciller uruguayo se queja del voto de consenso. Y debe tenerse sumo cuidado al tratarse de este tema, pues puede decirse que es la regla de oro del Mercosur.

    Por José Antonio Moreno Ruffinelli

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/mercosur-y-el-consenso-1510036.html

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    Publicado por Anónimo | 22 agosto, 2016, 6:30 am
  12. Planilleros internacionales

    El Parlamento del Mercosur (Parlasur) celebró ayer viernes en Montevideo su sexta sesión ordinaria del 2016, de modo que ya ha duplicado su marca del año anterior, cuando se reunió en solo tres ocasiones. El redoblado esfuerzo es elogiable, aunque absolutamente sin consecuencias, ya que se trata de un órgano costoso y superfluo que no ha servido para promover la integración regional, sino más bien para tomar de vez en cuando medidas intrascendentes y, de paso, desangrar el Presupuesto de nuestro país, en particular.

    Nadie ignora que el Mercosur, cuyo fracaso resulta innegable al cabo de veinticinco años, está hoy afectado también por la politiquería ideológica y, más recientemente, por el manotazo que el dictador Nicolás Maduro dio a la presidencia temporal del bloque, pese a la oposición de los gobiernos de Paraguay, Argentina y Brasil.

    Sin embargo, este grave asunto, que ya ha provocado roces diplomáticos, sobre todo entre nuestro país y Venezuela, no figuró en el orden del día de la XL sesión ordinaria del Parlasur. Si bien, probablemente, un mero pronunciamiento político no tendría ningún efecto práctico, era de esperar al menos un rechazo o alguna condena moral a la flagrante violación de los derechos humanos y políticos de los venezolanos que viene cometiendo reiteradamente el gorila Maduro.

    En la agenda de la reciente reunión figuró, en cambio, una “Propuesta de Disposición por la cual se invita al Focem y al ministro de Obras Públicas y Comunicaciones del Paraguay a informar las razones por las cuales la avenida Costanera de Asunción no ha protegido a la población afectada por las inundaciones del río Paraguay”. La Comisión de Infraestructura recomendó su aprobación y el miembro informante fue Ricardo Canese, uno de los dieciocho afortunados “parlasurianos” compatriotas que viven a costa de los contribuyentes junto con los 50 funcionarios ociosos que la representación paraguaya tiene consigo. ¿Qué razón tenía tratar el mencionado tema en el Parlasur? La decisión que adopte sobre el caso mencionado es y será totalmente inocua, ya que no es vinculante.

    Mantener a estos planilleros internacionales de lujo nos costará este año 24.555 millones de guaraníes en concepto de sueldos, pasajes y viáticos, entre otros dispendios. Cada uno de los supuestos legisladores cobrará en el 2016 una dieta total de 393.298.080 guaraníes, de modo que su asistencia a cada una de las sesiones ordinarias de este año tuvo un valor de nada menos que 65.538.013 guaraníes.

    Estamos, así, frente a unos verdaderos privilegiados, que integran uno de los tantos organismos parásitos que se han creado en torno al Mercado Común del Sur (Mercosur), mantenidos a costa del dinero público, que nada absolutamente aportan para mejorar las condiciones del país y de la región.

    El gobierno de Mauricio Macri ya dio el ejemplo: dispuso que los representantes argentinos perciban una suma equivalente a solo 1.170.000 guaraníes por cada día de asistencia, lo que sin duda resulta mucho más apropiado. Los brasileños, uruguayos y venezolanos solo cobran en tal caso un viático adicional, dado que integran los parlamentos de sus respectivos países. Los paraguayos, en cambio, nos pegamos el lujo de elegirlos especialmente para su inútil función y los retribuimos con una extraordinaria generosidad, como si las necesidades básicas de toda la población del país estuvieran satisfechas y los servicios públicos fueran impecables.

    Como se ve, son entonces nuevamente los políticos paraguayos los únicos entre sus pares de la región que no han dejado pasar la oportunidad de ampliar la torta presupuestaria para aumentar el número de colegas que le dan un buen mordisco y, de paso, reducir la competencia en torno a las bancas del Congreso.

    Como el lector nunca habrá oído hablar de la gran mayoría de sus onerosos representantes, vale la pena mencionar, para su mejor ilustración, a los colorados Antonio Attis, Tomás Bittar, Crescencio Cáceres, José Manuel Torres, Luis Sarubbi, Alfonso González, Ernesto Vera, Cirila Cubas y Miguel Sosa; a los liberales Emmanuel Friedmann, Amanda Núñez, Alberto Aquino, Miguel A. González, Mirtha Palacios y Juan A. Denis; al “luguista” Ricardo Canese; y al “oviedista” Ramón Domínguez.

    Como estos personajes no tienen nada que hacer, se limitan a formular declaraciones a través de un portal digital que tiene el Parlasur y a emitir alguna que otra resolución intrascendente y carente de fuerza obligatoria alguna. En vista de que el organismo no tiene ninguna relevancia, por ejemplo, una eventual negativa del ministro Ramón Jiménez Gaona a proporcionar información sobre la avenida Costanera y los ribereños no tendrá la menor consecuencia. En suma, estamos ante un organismo totalmente inútil para la región.

    Conste que, además del Parlasur, existe también el Parlamento Latinoamericano (Parlatino), igualmente inservible, pero, en vista de que es un buen negocio mantener a políticos amigos a costa de los contribuyentes, está en vías de concreción el Parlamento Suramericano. Es decir, más organismos para impulsar los viajes de placer de los políticos. Total, el bolsillo de Juan Pueblo aguanta todo.

    Los ciudadanos y las ciudadanas deben reclamar que se ponga fin a este derroche, exigiendo al Gobierno que adopte una medida como la del argentino, para evitar que estos aprovechados sigan asaltando sus bolsillos.

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/planilleros-internacionales-1508238.html

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    Publicado por Anónimo | 18 agosto, 2016, 6:12 am
  13. Reformar o matar al Mercosur
    Por Alberto Acosta Garbarino

    Durante el siglo XX el enfrentamiento entre las grandes potencias mundiales tuvo su origen en la disputa ideológica entre el fascismo, el comunismo y el capitalismo. La segunda guerra mundial puso fin al fascismo y la guerra fría el comunismo.

    Desde el año 1989, el enfrentamiento entre las potencias mundiales estuvo basado en los grandes intereses económicos y comerciales y esta disputa se ha ido dando en el marco de una revolución tecnológica que ha creado un mercado global, así como ha creado también un consumidor global y que ha permitido que la producción de bienes y servicios, también se vuelva global.

    Los principales protagonistas en este mundo globalizado son las poderosas empresas multinacionales, que controlan el 75% de la inversión extranjera directa y el 67% del comercio mundial. Estas empresas son las que deciden a qué países serán trasladadas algunas partes de su proceso productivo.

    Los países, para poder aprovechar las ventajas y enfrentar las amenazas de esta globalización, se han organizado en bloques económicos, como la Unión Europea, el Nafta y la Asean.

    Con esta visión de un mundo global al cual teníamos que integrarnos inteligentemente, se creó en el año 1991 un ambicioso proyecto llamado Mercado Común del Sur (Mercosur).

    Ambicioso, porque inspirados en el modelo de la Unión Europea, pretendíamos construir en pocos años una zona de libre comercio, una unión aduanera y un mercado común, sin tener en cuenta que esta construcción les llevó a los países europeos más de cincuenta años.

    Este “sueño” de construir rápidamente un mercado común, se hizo trizas en el año 1998 cuando Brasil, sin coordinar con sus vecinos, decidió devaluar bruscamente su moneda, el real.

    A partir de ahí el Mercosur comenzó a caminar sin rumbo…, hasta que en el 2003 cuando en los dos países más grandes de la unión llegaron al poder Lula y Kirchner.

    A partir de ahí el rumbo fue totalmente político y no económico; el rumbo fue el de socialismo del siglo XXI en sociedad con la Venezuela chavista; el rumbo fue enfrentarse al “imperialismo norteamericano”.

    Con esta visión totalmente politizada, en la IV Cumbre de las Américas realizada en Mar del Plata en el 2005, el Mercosur más Venezuela, consiguieron enterrar definitivamente al ALCA, el proyecto de integración de las Américas liderado por los Estados Unidos.

    Coherente con la visión dominante, al año siguiente en el 2006, Venezuela, un país opuesto al libre comercio, firmó el Protocolo de Ingreso al Mercosur, que en su letra dice que es una zona de libre comercio.

    Este Protocolo fue aprobado por los Congresos de Brasil, Argentina y Uruguay y no por el del Paraguay. Esto hizo que el ingreso de Venezuela tuviera una demora de seis años, hasta que en el 2012, con el argumento de un “golpe de estado a Lugo” el Paraguay fue suspendido del Mercosur y Venezuela pudo ingresar por la ventana, porque “lo político está por encima de los jurídico” según expresión del pintoresco Pepe Mujica.

    Ahora con la caótica situación política, económica y social en Venezuela y con los cambios de Gobierno en el Brasil y la Argentina, estamos en la hora de repensar qué hacer con el Mercosur.

    O volver a su idea original pero con un proceso de integración totalmente reformulado, donde con realismo se pueda avanzar en un proceso que nos vaya llevando desde una zona de libre comercio, pasando por la unión aduanera y terminando en un mercado común.

    O directamente hay que matar oficialmente a este ya muerto Mercosur y comenzar un nuevo proceso de integración más realista y menos politizado, cuyo único objetivo sea crear una zona de libre comercio.

    Algo tenemos que hacer, porque para desarrollarnos, necesitamos integrarnos al mundo.

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    Publicado por Anónimo | 18 agosto, 2016, 6:11 am
  14. Que prevalezca lo jurídico y no las complicidades

    La imagen del Mercosur no necesitaba de este final indecoroso y chapucero para desmoronarse; ya estaba desprestigiada, incluso desde mucho antes de que uno de los presidentes de la alianza planteara que lo político estaba por encima de lo jurídico, en un mundo que avanza luchando por afianzar una justicia que garantice la igualdad de los ciudadanos y la de las naciones, y de las regiones y de los pueblos, y las culturas y las lenguas, buscando alcanzar ese norte que se plasmó en carta de derechos y en reivindicación de la humanidad: libertad, igualdad y fraternidad.Leer más…

    El Mercosur tenía un discurso y un accionar diferentes, lo que ya venía postergando las posibles alianzas con otros bloques.

    Anteponer los intereses políticos de un sector, partido o grupo, atenta contra las bases democráticas de las sociedades modernas, pluralistas, contrarias al “pensamiento único obligatorio” de las religiones extremistas y las ideologías totalitarias y excluyentes.

    Mujica tuvo que salir de un brete que resultaba inexplicable, lo que hizo con su habitual franqueza: ¿Por qué se castigaba a un país socio fundador por haber realizado un juicio político, tal como está establecido por la Constitución y las leyes de la nación, dictadas en una sociedad democrática bajo una constitución establecida por medio del voto popular, como mandan las leyes, y con una participación mayoritaria? Porque, siendo el Senado paraguayo el obstáculo que no permitía que la Venezuela comandada y militarizada por Chaves entrara al bloque por no cumplir con los requisitos democráticos establecidos por el Mercosur para integrarlo se había decidido hacer prevalecer la alianza ideológica bolivariana contra las exigencias jurídicas democráticas; había que hacer un acto político y sacar del medio al obstáculo para violar lo jurídico y hacer entrar a Venezuela por la ventana.

    Lo jurídico hubiera sido obligar a Venezuela a cumplir con los principios democráticos establecidos por el bloque, porque, y eso lo sabían todos, la Venezuela del militarismo chavista no estaba dispuesta a cumplir, puesto que ya había “estronistizado” a las fuerzas militares y anulado las instituciones democráticas, tal como hizo con el Mercosur, lo que se confirma en los hechos, ya que desde entonces hasta ahora no ha cumplido ni siquiera con aceptar y firmar el compromiso de respetar las cláusulas democráticas establecidas.

    La actitud firme y decida del actual gobierno paraguayo ha empezado a bajar las máscaras y a plantear las cosas por su nombre.

    El país caribeño sufre una feroz dictadura irracional, que ha empobrecido y reprimido a los venezolanos hasta las peores condiciones de vida, retrotrayendo a décadas atrás, cuando las dictaduras militaristas atropellaban a los ciudadanos, los torturaban, explotaban y hacían desaparecer, imponiendo sus intereses políticos a los principios jurídicos y democráticos.

    Hoy el mundo entero se estremece y clama contra los abusos del chavismo-madurismo. Hoy se sabe que están ilegalmente en el Mercosur, no solo porque castigaron a Paraguay para sacarlo del medio y permitir la violación de los principios jurídicos y democráticos del bloque mercosuriano, sin que el Congreso Nacional aprobara su ingreso, sino porque en los años transcurridos de aquel acto político violatorio de lo jurídico, la dictadura caribeña no se ha dignado a firmar los compromisos democráticos y con los derechos humanos.

    Es decir, no puede estar dentro de un bloque sin haber cumplido sus obligaciones. Solo cierto cinismo político, de corte totalitario, puede aludir que Venezuela está dentro del bloque y que hay que “cumplir” con cierto formalismo ineludible, como si no se estuvieran violando los principios democráticos y jurídicos del Mercosur desde que fue incorporada.

    No hubo “formalismos” para echar a Paraguay, ni para anteponer lo político a lo jurídico. Y el hecho se repite: se permite que Venezuela siga en el Mercosur y que Maduro pretenda presidirlo, haciendo prevalecer, otra vez, lo político sobre los compromisos legales que tienen que cumplir los países miembros.

    En estas condiciones, las “cláusulas democráticas” y la exigencia de respetar los derechos humanos parecen un chiste grotesco.

    Es hora de que se respeten los principios jurídicos por sobre las afinidades políticas.

    Que se cumplan las normas y se dejen de lado las complicidades.

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    Publicado por Anónimo | 17 agosto, 2016, 6:10 am
  15. Venezuela no puede seguir entorpeciendo al Mercosur
    14 agosto, 2016

    El gobierno de Nicolás Maduro se ha convertido en una piedra en el zapato del bloque regional. Todas las negociaciones están paralizadas; ha pasado más de un mes sin que no se haga otra cosa que hablar de la Presidencia Pro Témpore y de la imposibilidad de que la asuma el país caribeño.

    Paraguay ha asumido un protagonismo claro en este conflicto desde el momento en el que manifestó su oposición a que Venezuela pudiera acceder a la Presidencia, porque su gobierno no se rige por la cláusula democrática que es fundamental y básica en el Mercosur. Con el tiempo, asumieron la misma postura Brasil y Argentina, y los representantes diplomáticos de los 3 países miembros declararon que el gobierno de Maduro ni siquiera había completado los trámites para convertirse en socio pleno del bloque, por lo que muy mal podía pretender ostentar la Presidencia.

    Así que no pudo asumir, y como Uruguay ya entregó la Presidencia, lo que se ve es que el bloque está acéfalo. Nadie lo preside, lo cual es absolutamente irregular. Esto es lo que nuestro país reclama ahora. No puede ser que la acefalía continúe por más tiempo. Es urgente que se defina la situación y se encuentre una salida legal y legítima a este conflicto que ha paralizado las negociaciones y los grupos de trabajo del mercado regional.

    Maduro y su canciller Delcy Rodríguez han cometido, para colmo, un error político y diplomático que podría dejarles fuera del bloque. Si no se hubieran mostrado tan petulantes, exigiendo el traspaso de mando a sabiendas de que no habían cumplido ni siquiera con las condiciones mínimas para tener ese derecho, posiblemente lo que hubiera ocurrido es que la Presidencia pasara a Argentina, el siguiente país en orden alfabético.

    Pero tanta soberbia y prepotencia ha hecho que no solo Paraguay sino también los dos grandes vecinos, pararan la oreja y analizaran la situación, llegando a la conclusión de que no solamente se respetan los derechos humanos de los habitantes de Venezuela, sino que el país ni siquiera ha cumplido con los mínimos requisitos para ser miembro pleno.

    Así que el problema a resolver en este momento es mucho más amplio que el traspaso. Ahora los países miembros deben asumir que Venezuela no puede seguir figurando como integrante del bloque, porque no lo es. O sea que el gobierno de Maduro no solamente ha perdido la posibilidad de presidir el Mercosur, sino que está a un paso de ver cancelada su irregular e ilegal membresía. Deberá enfrentar el exilio de un mercado regional al que nunca tuvo que haber pertenecido.

    Luego de mucho e inexplicable silencio, el Parlamento del Mercosur (Parlasur) ha decidido dejar de hacerse el desentendido y tomar cartas en el asunto. Aunque lo que resuelva no tiene carácter vinculante, resultará interesante saber cuál será la postura de sus miembros y cuál es la recomendación que hagan llegar a los gobiernos para destrabar el conflicto.

    Es de esperar que los parlasurianos paraguayos tengan clara la postura de nuestro país y la defiendan en el legislativo regional. La solución, a la vista de la situación, pareciera ser bien clara. Venezuela no puede seguir entorpeciendo el trabajo de tantos años. Debe salir del Mercosur por razones bien sencillas: no tiene un gobierno democrático y no ha cumplido con los requisitos exigidos a los demás miembros, por lo que no puede ser tratado en igualdad de condiciones con los socios plenos.

    Y esto hay que hacerlo cuanto antes. No se puede seguir perdiendo un tiempo precioso para los objetivos comunes de los países de esta región.

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    Publicado por Anónimo | 14 agosto, 2016, 3:48 pm
  16. Integración regional
    09 Ago 2016

    Lograr una integración regional económica basada en mayor fluidez del comercio, así como un crecimiento estructural y una mayor equidad en la repartición de la riqueza fueron los puntos fundamentales expuestos por Enrique García, presidente Ejecutivo del Banco de Desarrollo de América Latina, durante una charla desarrollada la semana pasada en el Banco Central del Paraguay.

    Las aseveraciones del máximo representante de la CAF si bien se enmarcan en una declaración general sobre cómo cree el organismo debería ser el relacionamiento regional, no puede desprenderse de lo que sucede en la actualidad en el seno del Mercado Común del Sur (Mercosur).

    La crisis política y humanitaria de Venezuela ha arrastrado al bloque regional al borde de un abismo, ante la insistencia de que asuma la presidencia del bloque aún sin que haya cumplido con todos los requisitos para ser socio pleno, sumado a la inestabilidad que vive el país.

    Como legítimos fundadores e integrantes plenos, Paraguay, Argentina y Brasil se muestran contrarios a esa posibilidad, lo que causa la ya característica reacción de un gobierno que antes que debatir lo único que sabe es lanzar acusaciones de todo tipo. Ante la grave crisis, los propios presidentes de estos tres países buscan una alternativa de solución, mientras Uruguay es el único que se muestra a favor de Venezuela.

    El representante de la CAF, en el mencionado encuentro, disertó bajo el lema “Los desafíos estructurales de América Latina en el actual contexto internacional” y puso énfasis en la necesidad de impulsar acuerdos que permitan a los países lograr un crecimiento económico sustentable.

    Igualmente, en lo que respecta al plano local, destacó el accionar del Gobierno por su manejo prudente en situaciones macroeconómicas y su lucha en la reducción de la pobreza. “Veo que hay una clara consciencia de la necesidad de enfocarse en el proceso continuo.

    Paraguay tiene que dar un salto en las reformas estructurales. En carreteras, energía, vinculado con el sector privado”, sostuvo. Martínez, brindando un fuerte respaldo a la administración central, también aseguró que “Paraguay es un país que tiene futuro, pasado y presente; con gente que sabe que el desarrollo debe llegar a todos”.

    Aunque a consideración de representantes internacionales Paraguay esté tomando el camino correcto para lograr un crecimiento, se debe señalar que los países no pueden estar aislados del mundo.

    Esta interpretación hizo que a lo largo de los años se hayan creado asociaciones que les permita fortalecer sus economías y establecer una base más fuerte para negociar con otros bloques. Precisamente, en ese contexto, nació el Mercosur, con sus promotores Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay.

    La situación que se ha generado en el plano político, sin embargo, hecha por tierra todas las intenciones de acuerdos que permitan crecer a las economías de sus integrantes.

    Ante esta situación es necesario replantearse cuál es hoy el objetivo del Mercosur. Una de las preguntas que los países integrantes deben hacerse es si es un bloque comercial o político. Otra es hasta qué punto beneficia hoy un bloque que no pudo consolidarse en la integración económica y está cada vez más dividido políticamente.

    Pensar en salir del Mercosur no es una posibilidad económica ni políticamente aplicable, al menos que se establezca un plan que permita al país consolidarse en otro bloque. Para eso se tendrá que tomar un largo camino que ni siquiera está en los planes, al menos de lo que se ve.

    Entonces, no queda más que buscar recuperar el sentido del Mercosur, hacer cumplir el tratado y reagrupar fuerzas.

    El titular de la CAF, si bien no se refería específicamente sobre el Mercosur, habló de una gran fragmentación en la región. Fue como si describiera al mismo bloque del sur. “Este es el momento de mayor fragmentación en la región. Hay que recomponerlo, porque si queremos ser jugadores en el mundo debemos jugar juntos”, sostuvo Martínez al graficar la situación.

    Y este es el camino que deberá tomar el Mercosur de manera urgente si quiere seguir con vida. Hay que recomponerlo. Y aquí los países fundadores tienen la responsabilidad de enmendar los errores que fueron cometidos en los últimos años, como el ingreso con voz y voto de Venezuela, sin que cumpla los requisitos mínimos para ser socio pleno.

    Si ya entró por la ventana, cuando Paraguay estaba suspendido, el gobierno venezolano no demostró interés en cumplir mínimamente sus obligaciones para ser considerado en el rango que se le ha dado.

    Hay que recomponer el Mercosur para que sea el bloque que desde un principio se planificó; uno que priorice la integración económica y comercial, que aún sigue siendo un lejano anhelo.

    Si esto ocurriera, Paraguay será uno de los principales beneficiados. Es porque si queremos ser jugadores en el mundo, debemos jugar todos juntos.

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    Publicado por Anónimo | 11 agosto, 2016, 6:17 am
  17. Debe primar la sensatez para resolver crisis del Mercosur

    La crisis desatada en el seno del Mercosur, ante la presidencia pro témpore reclamada por Venezuela y que es rechazada por tres de los cinco países socios del bloque (Paraguay, Argentina y Brasil), debe ser abordada y resuelta con la suficiente dosis de sensatez y habilidad diplomática, para no quebrar el más importante proyecto de integración que ha surgido en la región. Más allá de las eventuales posturas políticas e ideológicas de los gobiernos de turno, importa salvaguardar un instrumento destinado a crear mejores condiciones de vida para los pueblos del Sur de América Latina. Esta vez será importante hacer primar lo jurídico sobre lo político, al revés de las últimas decisiones que llevaron al organismo a un callejón sin salida.

    Aunque ha atravesado muchas situaciones difíciles desde su creación en 1991 con el Tratado de Asunción, el Mercado Común del Sur (Mercosur) vive actualmente su hora más crítica, desde que el Gobierno de Venezuela reclama la presidencia pro témpore que le correspondía, luego de que finalizara el periodo de Uruguay, el 29 de julio, pero tres de los cinco países miembros (Paraguay, Argentina y Brasil) se niegan a aceptar su titularidad.

    La raíz del conflicto es principalmente política.

    En 2012, el gobierno del entonces presidente Hugo Chávez había aprovechado la momentánea suspensión del Paraguay, ante la destitución del presidente paraguayo Fernando Lugo, para que se apruebe su inclusión como miembro. En esa época, la mayoría de los gobiernos de la región que componen el Mercosur eran ideológicamente afines al régimen venezolano y se hizo primar lo jurídico sobre lo político.

    Ahora los vientos ideológicos que sostienen a los gobiernos regionales han variado su soplido desde la izquierda a la derecha y con excepción del Uruguay, que mantiene una prudente reserva, los otros tres países se oponen a que Venezuela asuma la presidencia durante los seis meses de mandato que por cronológico turno deberían corresponderle, por considerar que en el país caribeño existe un quiebre del sistema democrático. Una vez más, se hace primar lo político sobre lo jurídico.

    La postura abiertamente provocativa y de choque por parte del presidente venezolano Nicolás Maduro solo atiza aun más el conflicto y agrava la crisis.

    En la práctica, el Mercosur actualmente se encuentra acéfalo, sin dirección. El desafío está en manos de los representantes de los distintos países, que tienen previsto reunirse el 12 y el 23 de agosto. La crisis deberá ser abordada y resuelta con la suficiente dosis de sensatez y habilidad diplomática, para no quebrar el más importante proyecto de integración que ha surgido en la región.

    Más allá de las eventuales posturas políticas e ideológicas de los gobiernos de turno, importa salvaguardar un instrumento destinado a crear mejores condiciones de vida para los pueblos del Sur de América Latina. Esta vez será importante hacer primar lo jurídico sobre lo político, al revés de las últimas decisiones que llevaron al organismo a un callejón sin salida. Durante la exclusión del Paraguay, el Mercosur ya estuvo inactivo prácticamente un año. Con tantas cuestiones por resolver y avanzar en beneficio de la integración, sería lamentable que el organismo nuevamente se paralice.

    Con o sin Venezuela, se impone la necesidad de que el proceso de integración sea realmente en beneficio de la gente, que se potencien los mercados, que se aborden las medidas solidariamente y que se apliquen los reglamentos con equidad en lo político, económico y social. A ley pareja nadie se queja.

    http://www.ultimahora.com/debe-primar-la-sensatez-resolver-crisis-del-mercosur-n1014457.html

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    Publicado por Anónimo | 11 agosto, 2016, 6:17 am
  18. Decisiones que perjudican al Mercosur y al pueblo venezolano
    05 Ago 2016

    La entrada de la Venezuela de Chávez al Mercosur fue por la ventana y con alevosía. La destitución constitucional del ex presidente Lugo sirvió de disculpa para hacerla entrar, en un Mercosur dominado política e ideológicamente por una claque que abusó de su predominancia para incorporar a un país cuyo gobierno no cumplía con las obligaciones democráticas y de respeto a los derechos humanos establecidas en el Tratado de Asunción y los protocolos y acuerdos sucesivos.

    Cabe recordar que el grupo de los cuatro fundadores nació cuando aún estaban abiertas las heridas de las dictaduras que dominaron, expoliaron y martirizaron a la región durante décadas de terror y abuso contra las libertades, de saqueo de bienes públicos y privados para el enriquecimiento de los detentadores del poder.

    Ese fue el fundamento para que el proyecto de unión naciera, más allá de los propósitos económicos, con la consigna de garantizar las libertades y los derechos humanos.

    Y esa fue la causa fundamental de que el Congreso Nacional no aprobara la incorporación del “chavismo”, pues nunca hubo una traba Venezuela, sino para su gobierno que, a todas luces, pese a su origen democrático electoral, se volvía cada vez más totalitario.

    La destitución de Lugo sirvió, entonces, de disculpa para que gobiernos de la región con preeminencia de simpatía con el chavismo confundieran sus tendencia políticas con las nacionalidades, es decir, apropiarse de la democracia abusando de su hegemonía democrática coyuntural, confundiéndose con las dictaduras militares, que asumieron que ellos eran los dueños de las naciones. No fue un acto de simpatía con Venezuela, país y pueblo, sino con la cúpula dominante de ese momento, ya que el pueblo venezolano iba sufriendo cada vez con más penuria el abuso del yugo feroz de la dictadura chavista.

    Los gobiernos “bolivarianos” de la región, con gran influencia de los “petrodólares” de Venezuela, aprovecharon la coyuntura de crisis en Paraguay para saltar por encima de las normas del Tratado de defensa de los principios democráticos, para protagonizar un acto que pasará a la historia regional con vergüenza, en un intento de fuyimorazo para incitar a los militares paraguayos a derrocar al Parlamento Nacional.

    Y abrieron la ventana del Mercosur, violentando los principios democráticos que, hasta hoy, el gobierno de Maduro no ha signado ni piensa respetar, como se puede palpar, en la tragedia que sufre el pueblo venezolano, que resuena con indignación, afortunadamente en todo el mundo democrático.

    Es decir, que los pruritos de “legalidad” esgrimidos por el canciller uruguayo en su intento de continuar la farsa de un bloque democrático no tienen la menor consistencia.

    La postura firme del Gobierno Nacional ha servido de base para que se haya producido la reacción para poner la cuestión en su lugar: el gobierno venezolano, que ahora trata de amordazar, aterrorizar y aniquilar a la mayoría democrática opositora que ha surgido de las urnas, pese a las condiciones terroríficas y totalitarias en que tienen que vivir y que votar, no cumple con las condiciones fundamentales para integrar el bloque.

    Y si el Mercosur quiere sobrevivir, y relacionarse con los otros bloques con los que comparte intereses y principios democráticos, como los ya iniciados y avanzados con la Unión Europea o el Grupo del Pacífico, debe rever las obtusas decisiones del bloque bajo el dominio de gobiernos alineados en el “socialismo del Siglo XXI”, con más rémoras del pasado que del presente, más semejante a las dictaduras militares bananeras –con las mismas ínfulas militaristas– de los recientes siglos pasados y superados.

    Es lamentable que el Mercosur, un proyecto de unión regional y con el fin de hermanar y hacer crecer a los países miembros, siga postergado por los errores cometidos en el pasado reciente y que no se quieren asumir hoy. Los errores cometidos por las decisiones de gobiernos regionales han perjudicado y siguen perjudicando a los países, y a los pueblos, incluido el pueblo venezolano.

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    Publicado por Anónimo | 11 agosto, 2016, 6:16 am
  19. Mercosur caliente, enfriado, bloqueado

    A estas horas, el Mercosur vive sus horas más críticas a raíz de la escalada de tensión por la presidencia pro témpore de Venezuela que rechazan tres de los cinco socios del bloque.

    Por Estela Ruiz Díaz

    El mero acto protocolar que se repite cada seis meses con la presidencia rotativa según el abecedario, se convirtió en el ring de las diferencias políticas llevadas a su más alto pico de tensión hasta hoy, solo comparada con la suspensión del Paraguay, en el 2012, tras la destitución del presidente Fernando Lugo.

    Las últimas agresivas declaraciones del presidente Nicolás Maduro dejan poco resquicio a las negociaciones y ahonda una crisis que subyace hace tiempo en el bloque que no logra despegar, empantanado en la nunca lograda integración económica y política.

    UN SOCIO DÍSCOLO. La incorporación de Venezuela al Mercosur en el 2012, aprovechando la suspensión de Paraguay, el único país que se oponía a convertir en socio a Hugo Chávez, no ha sido del todo legítima. Y con el tiempo se está pagando esa doctrina de lo “político sobre lo jurídico”, cuando la regla en el bloque es decidir todo por consenso.

    Venezuela ejerció la presidencia pro témpore del Mercosur, un año después, en julio de 2013 durante la Cumbre de Jefes de Estado celebrada en Montevideo, Uruguay.

    Había razones económicas poderosísimas para esa decisión. Brasil, Argentina y Uruguay hicieron sendos negocios con Chávez. Hasta Paraguay aprovechó esa “buena onda ideológica” y en la era Nicanor se pactó un acuerdo petrolero. Siguiendo con esa “buena onda ideológica”, en la era Lugo siguió la fiesta y la deuda con Pdvsa creció. Ahora hay pleito internacional por el pago de la deuda porque ya no hay “buena onda ideológica”.

    DIPLOMACIA DE CHOQUE. La Venezuela de Chávez impuso la impronta radical a sus relaciones diplomáticas. Las edulcoradas palabras dieron paso a los insultos. Los petrodólares eran la poderosa razón. El entonces canciller Maduro dejó su sello en Paraguay con el juicio político a Lugo. Una actitud que no gustó a los demás colegas cancilleres. Días después, un funcionario de una embajada admitió con vergüenza ajena que la diplomacia chavista semejaba a los forajidos del far west: cuando llegan a un lugar no piden permiso, solo patean la puerta e irrumpen disparando.

    Siguiendo esa línea, Maduro, ya presidente del bloque, siguió con su peculiar estilo. Y ante el revés no dudó en lanzar bombas. Apretó el acelerador a fondo y tiró todas sus cartas sobre la mesa. Hoy preside un Mercosur en los papeles, porque agobiado por sus tragedias económica y política, acicateado por sus propios camaradas, necesita el cargo como pasaporte ante el desplome de su imagen.

    Paraguay, desde el vamos, es el país que ha asumido un rol más de choque contra Maduro, primero apoyando la posición del titular de la OEA, el uruguayo Almagro, que pidió activar la Carta Democrática, y ahora rechazando la presidencia. El Gobierno llamó a consultas al embajador venezolano y a su embajador en Caracas. En términos diplomáticos, esto es enfriamiento de las relaciones.

    A criterio de la izquierda paraguaya, el presidente Horacio Cartes es la punta de la lanza para desintegrar el bloque y que responde al colonialismo.

    “Existen fuerzas económicas interesadas en implosionar el Mercosur, y que este pretendido asalto al bloque integrado está alentado desde Washington, tiene sello imperial”, graficó la canciller venezolana Delcy Rodríguez.

    Esto coincidentemente con la recuperación de la derecha del poder en Paraguay y Argentina (vía elecciones), y Brasil, con un juicio político en marcha, pero con Dilma suspendida. Uruguay es de izquierda, pero le cuesta apoyar a Maduro. El propio Mujica dijo que estaba loco como una cabra. La cancelación de la deuda uruguaya por alimentos con Pdvsa no estuvo exenta de polémica y dudas.

    Tabaré Vázquez se deshizo del problema. Entregó la presidencia pro témpore y dejó la pelota picando en la crispada cancha del bloque.

    El tema es que protocolarmente hablando no hay una regla expresa que establezca rígidas formas de traspaso. Solo establece el abecedario y según los usos y costumbres, el acto se realiza en las cumbres presidenciales. Lo que en cierta forma le da la razón a Venezuela.

    FUTURO INCIERTO. En medio de este mar de insultos y agresiones, el bloque regional sigue con su larga agonía y hoy vive su peor crisis, porque aunque Maduro haya izado la bandera del Mercosur en su patio, tres países no lo reconocen, lo que vaticina un medio año de paralización, más palabrotas y menos integración. Lo que tampoco es nuevo. Cuando la suspensión de Paraguay, el Mercosur quedó inactivo un año, un dato frío que muestra la situación real del conglomerado.

    Quizá esta bomba activada sirva para barajar las cartas y encontrar un camino racional, hilvanando lo económico con lo político, tolerando diferencias, aceptando las reglas, donde la razón jurídica sea la base, aunque sin duda como dice Mujica: “De cómo se llevan las personas a cargo de los países se construye también la historia”.

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    Publicado por Anónimo | 7 agosto, 2016, 5:14 pm
  20. Por qué los armadores paraguayos prefieren Uruguay

    Paraguay ya dejó de ser, en términos de comercio fluvio-marítimo, una cifra residual para convertirse en un jugador de primera línea. Digamos que para Buenos Aires, tradicional puerto de transbordo, la cargas contenerizadas de bandera paraguaya significan, en expectativa, el 20% del total, lo cual les otorga carácter de cliente preferencial. Pero como últimamente los armadores paraguayos han elegido realizar sus alijos en Uruguay, son otras las cifras que pesan: 40% del total del movimiento del puerto de Montevideo y hasta un 85% de Nueva Palmira, terminal favorita, por ahora, de los armadores paraguayos.

    Expresiones como “en expectativa” o “por ahora” indican una situación precaria o transitoria en cuanto a las modalidades de tránsito elegidas por las navieras paraguayas.

    Pero, ¿por qué migrarían los armadores nacionales de Argentina a Uruguay, en donde los costos operativos son hasta un 40% superiores? Esta decisión tiene su explicación. En cuanto al funcionamiento administrativo de los puertos argentinos, los armadores de bandera nacional no tienen objeciones mayores.

    Pero otro es el escenario cuando tropiezan con la Aduana y también con el poder de los sindicatos portuarios acaudillados por un personaje de prontuario, Ernesto Omar Suárez, procesado por la justicia de su país por “entorpecer y poner en riesgo la seguridad de la navegación”. Catalogado como “el sindicalista preferido de Cristina Kirchner”, Suárez intentó copar el sindicato paraguayo de trabajadores fluviales patrocinando la creación del Somupa, una subsidiaria de su sindicato argentino, maniobra que terminó en fracaso. En cuanto a la Aduana, Argentina mantiene una línea inalterada de arbitrariedades que suelen alcanzar la grosería y la alevosa violación de todos los tratados internacionales de libre comercio y navegación, sobre todo cuando de cargas lacradas y en tránsito se trata. Históricamente, los presidentes argentinos –uno tras otro- se han comprometido efusivamente, de palabra, a eliminar este siniestro combo de maniobras portuario-aduanerosindicales con las que se jaquea el comercio exterior paraguayo.

    Los hechos ponen a diario en evidencia la hipocresía de estos compromisos cuando se violan cargas selladas, se desordenan contenidos y se alteran cadenas de frío sin causa justificada.

    No hay muchas esperanzas de que Mauricio Macri vaya a ser la excepción. Pero Cartes debería romper una lanza en esa dirección, aunque más no sea para dejar en evidencia la mendacidad que acompaña por lo general la política exterior argentina en materia de cumplimiento de compromisos bilaterales firmados con el Paraguay.

    http://www.5dias.com.py/48212-por-que-los-armadores-paraguayos-prefieren-uruguay

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    Publicado por jotaefeb | 23 julio, 2016, 7:01 am
  21. Plausible posición paraguaya en la cuestión de Venezuela

    Entre junio y julio de cada año suele hacerse una de las cumbres semestrales para el cambio de la presidencia pro tempore del Mercosur. En esta ocasión le corresponde ejercer dicha responsabilidad al Gobierno de Venezuela. Pero el actual presidente de este país, Nicolás Maduro, es indigno de presidir el bloque porque oprime, roba y hambrea al pueblo venezolano. Carece de toda autoridad moral para encabezar ni siquiera por un momento un bloque regional integrado por países regidos por Gobiernos democráticos, respetuosos de los derechos humanos.

    Por todo cuanto antecede, es correcta y destacable la firme postura asumida por el Gobierno paraguayo en el sentido de oponerse a la “declaración unilateral” de los cancilleres Susana Malcorra (Argentina) y Rodolfo Nin Novoa (Uruguay) de que la presidencia pro tempore sea entregada a Venezuela este mes, pese a que la Cumbre de presidentes prevista habitualmente para fines junio no se realizó.

    No se trata solo de que una decisión de esa naturaleza compete a los jefes de Estado, sino también –y sobre todo– de que quien ejerza ese cargo debe “tener credenciales democráticas y de respeto a los derechos humanos”, como bien dijo el canciller Eladio Loizaga. Esa es la cuestión de fondo que indujo al secretario general de la OEA, Luis Almagro, a emitir un lapidario informe de 132 páginas y a convocar al Consejo Permanente porque en Venezuela se habría producido la situación prevista en el art. 20 de la Carta Democrática Interamericana, es decir, “una alteración del orden constitucional que afecte gravemente el orden democrático” de un Estado miembro.

    Nuestro Gobierno dio un apoyo explícito a la acertada iniciativa de Almagro y calificó de inapropiada la declaración posterior del Consejo, pues no reflejaba la gravedad de la situación ni satisfacía las urgentes demandas de los venezolanos. Maduro respondió al secretario general con un insulto, y se vengó de la honrosa actitud paraguaya exigiendo el pago inmediato de la deuda contraída en mala hora con PDVSA.

    Se comprende que los presidentes demócratas del Mercosur no quieran posar en una Cumbre en compañía de un personaje de semejante calaña, que en 2012 se atrevió a dictar órdenes a los militares paraguayos desde el Palacio de López, que calificó de “golpe de Estado” el juicio político constitucional al que está sometida Dilma Rousseff y que agravió al gobernante argentino Mauricio Macri. Desde luego, estos no son sus peores pecados, ni mucho menos.

    En efecto, el somero recuento de sus atrocidades incluye además la muerte de 43 manifestantes provocada en 2014 por sus matones motorizados, y la condena a casi catorce años de reclusión del dirigente opositor Leopoldo López, dictada por un Poder Judicial sometido al Ejecutivo, al que se suman dos mil presos políticos, cuya liberación fue solicitada por el Parlamento Europeo en una resolución en la que también pidió el respeto al procedimiento revocatorio para destituir al mandamás, impulsado por una Asamblea Nacional en la que los demócratas tienen una mayoría absoluta de dos tercios, que hoy los chavistas quieren “abolir” mediante la intervención del Tribunal Supremo de Justicia que manejan. Si ya ha sido cuestionable la legitimidad de origen del mandato de Maduro, dadas la inconstitucionalidad de su candidatura y las serias denuncias de un masivo fraude electoral, hoy es indudable que, en todo caso, ha perdido legitimidad de ejercicio porque los venezolanos sufren de hecho un régimen dictatorial.

    El Protocolo de Ushuaia sobre Compromiso Democrático en el Mercosur, Bolivia y Chile dice que “la plena vigencia de las instituciones democráticas es condición esencial para el desarrollo de los procesos de integración entre los Estados” firmantes, que “toda ruptura del orden democrático” en uno de ellos dará lugar a consultas entre los Estados partes y el afectado, y que si ellas fueran estériles, se verán las medidas a aplicar, que irán desde “la suspensión del derecho a participar en los distintos órganos de los respectivos procesos de integración hasta la suspensión de los derechos y obligaciones emergentes” de ellos. La membresía del Paraguay fue suspendida hace cuatro años porque el Congreso destituyó al presidente de la República mediante el juicio político previsto en la Constitución. En Venezuela se violan flagrantemente los derechos humanos, lo que implica violar la Constitución, sin que hasta ahora la dictadura haya sido sancionada.

    La ruptura del orden democrático no supone necesariamente un golpe de Estado: también puede producirse mediante el ejercicio arbitrario del poder, tolerado por unos jueces complacientes, tal como ocurría aquí en los duros tiempos de Alfredo Stroessner.

    El canciller Loizaga ha señalado que el Paraguay analiza esa dramática situación desde la perspectiva del Protocolo de Asunción, cuya adopción en 2010 consagró “la plena vigencia de las instituciones democráticas y el respeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales, pilares indispensables del desarrollo y del proceso integrador del Mercosur”. Justamente, son condiciones que brillan por su ausencia en Venezuela, por lo que es plausible la firme postura que viene demostrando el Gobierno del presidente Horacio Cartes en la cuestión venezolana.

    Ya no debe sostenerse un Mercosur de papel, ideologizado, que ha retrasado la verdadera integración que se propusieron los fundadores del bloque. Se debe avanzar hacia un proceso más sincero, donde se comience por un respeto a los procesos democráticos, que constituyen la base para intentar el desarrollo de los pueblos en justicia y libertad.

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    Publicado por jotaefeb | 5 julio, 2016, 5:21 am
  22. El Mercosur debe otorgar mayor autonomía a sus socios

    En su visita realizada en mayo último a la Argentina, el canciller brasileño José Serra dijo que propondrá una “actualización del Mercosur” para que sus socios puedan celebrar fuera del bloque acuerdos bilaterales de libre comercio con países de extrazona, y que la convergencia del organismo sudamericano con la Alianza del Pacífico tiene una “gran prioridad”.

    Estas declaraciones, que coinciden con lo que nuestro diario ha venido sosteniendo en varios editoriales como una gran necesidad, implican admitir que la Declaración N° 32/00 del Consejo del Mercosur, que impide a los socios acuerdos particulares con otros países o bloques, es un cepo económico que mantiene encorsetados a los países miembros. Además, es un reconocimiento de que la Alianza del Pacífico es una unión aduanera pujante, digna de convertirse en un socio comercial de primer nivel.

    En realidad, las declaraciones de Serra no son tan sorprendentes, pues ya a mediados del año pasado hubo signos claros de que el Brasil, impulsado más por la necesidad de su decadente economía que solidaridad con sus socios, iba a promover una flexibilización del Mercosur que le permitiera tener las manos libres para buscar nuevos mercados por sí solo. En tal sentido, el exministro de Desarrollo e Industria, Armando Montero, afirmó primero que su país buscaría acuerdos bilaterales fuera del Mercosur, y posteriormente, la presidenta Dilma Rousseff, hoy suspendida en el ejercicio del cargo, afirmó en ocasión de una visita al Uruguay que “el Mercosur tiene que adaptarse a las nuevas circunstancias”. Entre estas sin duda figuran la recesión del Brasil, la importancia decreciente del bloque regional para su comercio exterior y la fuerte presión ejercida por el empresariado de su país.

    Se trata, por cierto, del mismo Gobierno que había manifestado sus reparos cuando el Paraguay se aproximó tímidamente a la Alianza del Pacífico, y al que le cabe la grave responsabilidad de haber contribuido a que en los últimos años el Mercosur haya servido más bien para fomentar el populismo de izquierda antes que la unión aduanera.

    Lo ideal sería que la revocación de la Declaración N° 32/00, que impide el acceso individual de los países miembros a “los grandes flujos comerciales del mundo”, al decir del canciller uruguayo Rodolfo Nin Novoa, responda a una decisión unánime de sus firmantes y no a la necesidad coyuntural de uno de los socios poderosos de la organización.

    La Argentina también se había venido oponiendo a dicha saludable medida mientras practicaba el proteccionismo abierto o encubierto, que le permitía tener un superávit de 270 millones de dólares en su balanza comercial con el Paraguay, y celebraba acuerdos unilaterales de cooperación económica e inversiones con China, que conllevaban la importación de bienes de ese país para obras de ingeniería, en detrimento de los de origen brasileño. Es de desear que también el actual Gobierno argentino abandone esa política obstinada, que nos condena a hundirnos en el mismo barco, y que se sume al Brasil y a los socios “menores” para que, sin perjuicio de seguir integrando el Mercosur, se puedan negociar acuerdos comerciales fuera del bloque.

    Si es conveniente que cada uno de los socios se abra al mundo, también conviene que el Mercosur haga lo mismo. En ese sentido, es de lamentar que las prolongadas negociaciones con la Unión Europea aún no hayan concluido, razón de más para acercarse a la pujante Alianza del Pacífico en el afán de aumentar las posibilidades comerciales de los países miembros.

    En su última visita a Asunción, la presidenta chilena Michelle Bachelet instó a una “convergencia” entre los dos bloques latinoamericanos, y en la X Cumbre del Mercosur, realizada en julio de 2015, nuestro país anunció que durante su presidencia pro témpore haría lo posible para “incrementar el acercamiento del bloque a la Alianza”. En solo cinco años, este novel proceso de integración ha hecho más que el Mercosur en un cuarto de siglo para crear una zona de libre circulación de bienes, servicios y factores productivos, hasta el punto de que, en virtud de un Acuerdo Marco, ya llegó a suprimir el 92% de los aranceles, estando prevista una reducción gradual de los restantes. Si en tan poco tiempo obtuvo tales resultados, que le han permitido concentrar el 50% del comercio latinoamericano y caribeño, es porque se ocupó de alentar el libre comercio y no los despropósitos bolivarianos.

    De esta forma, mientras el Mercosur aún no ha llegado a un acuerdo con la Unión Europea, México, Chile y Perú firmaron un Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica (TPP), sin que ello les impida seguir integrando con Colombia la vigorosa Alianza del Pacífico, que a nivel mundial ya ocupa el octavo lugar como potencia económica. Alegra, pues, constatar que también el canciller brasileño haya abierto los ojos ante esta exitosa unión aduanera y le otorgue la importancia que merece. Por su parte, Argentina, bajo el Gobierno de Mauricio Macri, acaba de ser admitida como país observador de ese bloque, categoría que ya tiene el Paraguay.

    Como ya se ha dicho muchas veces, es hora de que el Mercosur también deje de lado el palabrerío vacuo, centrado en cuestiones ideológicas chapuceras, y que retorne a sus orígenes con seriedad y firmeza. Se han perdido largos años y es tiempo de intentar recuperarlos, dejando de lado la hipocresía institucionalizada.

    Los firmantes del Tratado de Asunción están en deuda con su letra y con su espíritu, tanto que, en los últimos años, paradójicamente, ha disminuido el comercio dentro del propio Mercosur. Que una pretendida unión aduanera no haya servido para incrementarlo es una señal elocuente de lo mucho que se ha hecho mal o se ha dejado de hacer.

    Es de esperar que los nuevos vientos que soplan en la región impulsen la reorientación que se impone ante el notorio fracaso. Si al Paraguay y al Uruguay, que ya han venido insistiendo en su necesidad, se suman ahora el Brasil y la Argentina, este es el momento preciso para buscar que el Mercosur renazca de sus cenizas. Ello requiere, antes que nada, la necesidad de aprender del fracaso y buscar el renacimiento del bloque con base en una relación más sincera y pragmática.

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/el-mercosur-debe-otorgar-mayor-autonomia-a-sus-socios-1489299.html

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    Publicado por Anónimo | 17 junio, 2016, 11:05 am
  23. La integración fronteriza

    La agenda bilateral y los asuntos prioritarios con la República Argentina son amplios y de diversas esferas. Con el gobierno que hoy dirige Mauricio Macri existen importantes ítems que aparecen en esta agenda, con cuestiones que tienen que ver desde la renegociación del Tratado de Yacyretá, las trabas a los productos locales, pasando por el impulso al comercio (siempre en el marco del bloque del Mercosur), así como asuntos de integración fronteriza.

    Esta integración fronteriza es un proceso en el que los dos Estados deben manifiestamente fomentar esfuerzos para elevar el nivel de vida de sus habitantes, en base a los recursos y potencialidades que posee cada nación.

    Por entender que esa integración es un fenómeno complejo que involucra la inclusión de áreas multidisciplinarias, además del acompañamiento de la sociedad, se debe contar con un fuerte compromiso político de los gobiernos y de otros sectores, como los gobiernos locales y también los estamentos empresariales, para que de esta manera responda a los intereses generales, y que no satisfaga solo a los intereses políticos de los gobiernos de turno.

    El embajador argentino en nuestro país, Eduardo Antonio Zuain, ha descrito en una reciente entrevista concedida a La Nación estos aspectos que tienen que ver con aquellos puntos que hay que fortalecer. En este sentido, destacó que se necesita infraestructura, un control eficiente que no entorpezca el comercio, pero que tampoco deje brechas a actividades irregulares.

    Por eso es más que claro que gran parte de esta integración debe apuntar a estrechar lazos físicos, en base al desarrollo de la frontera y apuntar definitivamente al aumento del comercio. Pero admitió que esto no será posible si no hay una mayor seguridad y una mejor infraestructura en los más de 30 puestos existentes entre los dos países.

    No cabe duda que las relaciones argentino-paraguayas están en un momento favorable, no solo por la amistad personal entre los presidentes Cartes y Macri, sino por la disposición demostrada con políticas de gobierno. Es la gran oportunidad de apuntar a lograr grandes avances en materia de infraestructura que son necesarias para impulsar el desarrollo regional.

    Empero, un factor importante para impulsar estos avances es la disponibilidad de recursos, que en ambos países, tanto en la Argentina como en el Paraguay, no existe en abundancia, en razón de la coyuntura económica regional y por los enormes desafíos que cada uno de los gobiernos posee a nivel interno. Esto se entiende aquí y también en el vecino país, tal como lo admitió Zuain, quien destaca que ante las limitaciones de índole presupuestaria habrá que identificar las prioridades, ya que no se puede ejecutar todo de una vez, habrá que ir haciéndolo de manera gradual.

    Una de las primeras medidas podría apuntar a la circulación en la frontera, una suerte de licencia verde para transitar libremente a ambos lados, un escenario que traerá enormes beneficios, pues la mayoría de los habitantes de estas zonas limítrofes se dedican al comercio.

    Otro aspecto que contribuiría decididamente a la integración es la unión física. Actualmente, existen dos vías a través de Clorinda (en la provincia de Formosa) y de Posadas (provincia de Misiones) por donde se concentra la mayor circulación de paraguayos y argentinos, que van y vienen todos los días. A estas opciones, los dos gobiernos analizan impulsar la construcción de otra plataforma y los proyectos son diversos.

    En los últimos años, el Paraguay se ha vuelto un país competitivo, ubicado a nivel regional entre naciones fuertes y eficientes productores de alimentos a nivel mundial, y esa posición debe acompañar una infraestructura acorde. Para ello, es clave el soporte y el impulso que paraguayos y argentinos podamos alcanzar. La oportunidad histórica es única.

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    Publicado por jotaefeb | 14 mayo, 2016, 9:49 am
  24. Nuevos vientos en el Mercosur

    En la Argentina y en el Brasil se han producido o están produciéndose importantes cambios políticos que permiten alentar la esperanza de que el Mercosur renazca de sus cenizas. En efecto, tras doce años de kirchnerismo, el nuevo Gobierno se distanció con claridad del catastrófico régimen chavista: tras haberle reclamado a Nicolás Maduro, en la Cumbre del Mercosur de diciembre de 2015, el cese de la sistemática violación de los derechos humanos, el presidente Mauricio Macri le pidió hace unos días que su dictadura “abra la puerta del diálogo para que se dé un proceso de transición, porque así Venezuela no puede continuar”. En el Brasil, cualquiera sea el desenlace del juicio político promovido a la presidenta Dilma Rousseff, ahora suspendida en el ejercicio del cargo por decisión del Senado Federal, parece claro que los trece años de hegemonía del Partido Trabalhista están llegando a su fin.

    Que nuestros dos grandes vecinos estén abandonando el populismo de izquierda que imperó en la región, bajo los auspicios del petrodólar, puede conducir y debe conducir a que el bloque regional recupere su auténtica misión de promover la integración económica. En los últimos tiempos se había dedicado más bien a fomentar el patético Socialismo del Siglo XXI, junto con la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y hasta con la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac), concebida para restar protagonismo a la Organización de Estados Americanos (OEA). Los Kirchner, Luis Inácio da Silva y Dilma Rousseff estaban mucho más interesados en las cuestiones ideológicas o hasta en los sucesos de la Franja de Gaza que en la libre circulación de bienes, servicios y factores productivos, prevista en el Tratado de Asunción. Ya no vale la pena ocuparse del grotesco heredero de Hugo Chávez y acaso tampoco de Evo Morales, derrotado en el referéndum constitucional de febrero de este año y hoy muy inquieto ante el “golpe de Estado” brasileño en curso: Bolivia aún no se ha convertido en un nuevo socio. Resta Uruguay, cuyos presidentes José Mujica y Tabaré Vázquez, ambos del Frente Amplio de izquierda, se han mostrado bastante más moderados que otros “bolivarianos” y, en cambio, mucho más preocupados por el presente y el futuro del Mercosur.

    Soplan nuevos vientos que deben ser aprovechados para reconducir el bloque regional hacia la unión aduanera y apartarlo de las distracciones políticas, de las que el Paraguay resultó víctima en 2012 por haber aplicado su Constitución. La retórica estéril deberá ser reemplazada por la actuación decidida de sus Gobiernos, tendiente a eliminar las trabas al comercio intrarregional y a concertar acuerdos con otros grupos de países, como la vigorosa Alianza del Pacífico y la Unión Europea (UE), el principal socio comercial del Mercosur: es de esperar que nuestros Gobiernos realicen el mayor esfuerzo para que las negociaciones con la UE lleguen pronto a buen puerto.

    Si la sensatez termina por imponerse, a despecho del sectarismo ideológico, el Mercosur tendrá la magnífica ocasión de abandonar el marasmo en que se halla. Por de pronto, alegra saber que las trabas comerciales que nuestro país sufrió durante la gestión de Cristina Kirchner están siendo eliminadas, según el viceministro de Relaciones Económicas de la Cancillería, Rigoberto Gauto. Lo interpretamos como un signo de que los objetivos del tratado fundacional pueden volver a concitar el interés de nuestros Gobiernos, es decir, de que se está a las puertas de una necesaria refundación del Mercosur.

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    Publicado por jotaefeb | 13 mayo, 2016, 7:52 am
  25. El Mercosur militar

    El Mercosur surgió como un proyecto de integración de democracias latinoamericanas, frente a la integración de hecho de las dictaduras militares anteriores, unidas en la Operación Cóndor. Por contraste, el Mercosur civil y democrático es una opción válida, aun con sus deficiencias.

    En el Brasil, Fernando Henrique Cardoso, destacado intelectual y estadista, fue un promotor del Mercosur, apartándose de la diplomacia tradicional, centrada en la relación con Estados Unidos y donde aún pesaban las hipótesis de guerra de la dictadura militar (1964-1981).

    Fue ideólogo de la dictadura el general Golbery do Couto e Silva (1911-1987), protagonista del golpe y gobierno militar. Su libro Geopolítica del Brasil (1966) resume sus ideas geopolíticas. (Aquí utilizo la traducción al castellano publicada en Buenos Aires en 1983). Para Couto e Silva, el Brasil debe considerar dos hipótesis de guerra: los conflictos con los demás países sudamericanos y la Tercera Guerra Mundial.

    La Tercera Guerra Mundial, si estalla, será el choque entre el bloque occidental, democrático y cristiano y el bloque comunista. Previendo esa posibilidad, el Brasil debe convertirse en aliado de los Estados Unidos. ¿Qué le puede ofrecer el Brasil a los Estados Unidos? El Nordeste. En caso de guerra, las fuerzas comunistas invadirán África (sin enfrentar a la OTAN) y, desde Dakar, enviarán una flota para ocupar el Nordeste brasileño, desde donde avanzarán sobre el Caribe, preparándose para desembarcar en los Estados Unidos.

    En la página 110 de Geopolítica aparece el mapa con el avance comunista contra América (también sobre la Antártida); en la página 223, sus planes de conquista en Oriente y sus objetivos: Indochina, Indonesia y la Península Arábiga. Me pregunto: ¿había comunistas suficientes para formar tantos ejércitos?

    Sobre los países vecinos, Couto dice que los mismos, porque hablan castellano y envidian el progreso del Brasil, podrían quitarle territorio: una zona de peligro es la del Amazonas, donde podía darse una guerra similar a la del Chaco (p. 76-77). ¿Había selva tropical en el Chaco paraguayo?

    Otro frente peligroso es el Virreinato del Río de la Plata, o los países que lo integraron (Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia), donde el Brasil y sus vecinos chocaron más de una vez (p. 79). Nada de alianzas con la Argentina, ni de tolerancia con la formación de bloques hispanoamericanos que pongan en peligro al Brasil, cuya alianza debe ser con los Estados Unidos, “nuestros hermanos del Norte”, para defender el cristianismo y la religión (páginas 77 y 99).

    Gran admirador de los bandeirantes, Couto afirma: “Brasil, en la presente hora, solo tiene una elección: agrandarse o perecer” (p. 84).

    Si este fue el maestro, ¡lo que habrán sido los alumnos! Me quedo con el Mercosur civil.

    Por Guido Rodríguez Alcalá

    http://www.ultimahora.com/el-mercosur-militar-n978899.html

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    Publicado por jotaefeb | 2 abril, 2016, 6:42 am
  26. 25 años del Mercosur

    Por Ricardo Rodríguez Silvero

    El 26 de marzo de 1991 se firmó el Tratado de Asunción, por el cual se dio forma jurídica a la creación del Mercado Común del Sur (Mercosur). Países fundadores fueron Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, aquí en orden alfabético. En el 2012 se agregó Venezuela como miembro pleno y en el 2016 Bolivia entró en proceso de adhesión. En este cuarto de siglo no se ha cumplido ninguno de sus objetivos fundamentales, consignados en ese Tratado.

    NO EXISTE ZONA DE LIBRE COMERCIO. No se ha logrado crear ni siquiera una zona de libre circulación de bienes, servicios y factores productivos en sentido amplio. El proteccionismo recurrente de parte de sus mayores socios, Argentina y Brasil, ha convertido en letra muerta los artículos en ese acuerdo integrador que debían conducir a la vigencia de una unión aduanera. A lo sumo existe solo una “imperfecta”.

    NO EXISTE COORDINACIÓN DE POLÍTICAS PÚBLICAS. No se han coordinado políticas macroeconómicas ni armonizado legislaciones internas. Por el contrario, cada país hace lo que más le conviene a sus intereses, sobre todo, en materia de política fiscal y monetaria, en contra de la letra y el espíritu del Tratado de Asunción. Las masivas devaluaciones puestas en práctica por los mayores socios sin decir “agua va” así como las discriminaciones fiscales realizadas por Argentina y Brasil para hacer sus economías más atractivas a inversores extranjeros son ejemplos patéticos de su actitud antiintegracionista.

    TAMPOCO DELEGACIÓN CONJUNTA DE SOBERANÍA A INSTANCIAS SUPRANACIONALES. Brasil no reconoce ninguna supranacionalidad. Sin ella, no son posibles ni armonización de legislación interna ni coordinación de políticas macroeconómicas. El PIB de Brasil es aproximadamente 20 veces más grande que el de Argentina y casi 100 veces más que los de Paraguay y Uruguay. Si Brasil no acepta ninguna instancia supranacional en el Mercosur, no existirá ninguna supranacionalidad conjunta y por ende ninguna posibilidad de coordinar políticas macro ni de armonizar legislaciones.

    SUPREMACÍA DEL EJE BRASILIA-BUENOS AIRES. Argentina y Brasil, por su peso ponderado relativamente grande en relación con los países pequeños, en forma individual o conjunta, han logrado imponer frecuentemente visión y actitudes antiintegracionistas violando recurrentemente el Tratado de Asunción. Esto ha hecho que solo 12 años después de habérselo firmado se reconociera oficialmente por primera vez la gran asimetría existente ante los países y se diese luz verde a la creación del Fondo de Convergencia Estructural del Mercosur (Focem). A pesar de los notorios progresos logrados con él, hasta hoy en día no está dotado de presupuesto suficiente para acometer debidamente los programas establecidos en la norma que lo rige. Para acelerar su vigencia, debe mejorar la voluntad política aplicada.

    GOLPE DE TIMÓN. No obstante, todavía es posible echar a andar el Mercosur en cumplimiento de su principal mandato múltiple: Mercado Común, Coordinación de Políticas Macroeconómicas y Armonización de Legislaciones Internas. Ello será posible solo con supranacionalidad conjunta. A tal efecto, hay que empezar reconociendo realidades:

    Como la experiencia acumulada en el esfuerzo integrador ha sido negativa por saldos, en los medios de comunicación, en los líderes gremiales del sector privado así como en las autoridades político-partidarias y gubernamentales de los países del Mercosur reinan decepción y escepticismo. Se ha instalado en la región una predisposición sicosocial nada propensa a ese tipo asimétrico de integración internacional experimentado hasta ahora. En estas condiciones reales y sicológicas, es aún más difícil el cumplimiento del Tratado de Asunción. A menos que en los países mayores se articule voluntad política entre dirigentes gremiales, político-partidarios y en funciones oficiales que haga primera prioridad de los mencionados objetivos del Tratado y del Focem, en consenso con los países pequeños. Imprescindibles serán mayorías así como presupuestos suficientes para implementarlos.

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    Publicado por jotaefeb | 2 abril, 2016, 6:41 am

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