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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

El pecado de la Iglesia es el silencio

“Los sacerdotes pederastas son la vergüenza de EE.UU.”, había dicho el papa Francisco durante su visita al país norteamericano. La frase utilizada por el Sumo Pontífice hacía referencia a los abusos sexuales cometidos por los sacerdotes entre 1960 y 1980, que salieron a la luz en el 2002.

Me vino a la mente aquella acertada expresión, luego de leer los casos de abusos en nuestro país, cometidos por dos curas de la congregación Oblatos de María, en Guairá, que encendieron el debate sobre el silencio de la Iglesia. Al parecer, los sacerdotes Javier Bareiro y Gustavo Ovelar no eran los fieles pastores que todos imaginaban, pues se aprovecharon de la inocencia infantil para satisfacer sus sucios deseos encubiertos tras la sotana.

Una de las víctimas se atrevió a hablar y contó la cruda falsedad de uno de los curas, que incluso se atrevió a usar el nombre de Dios para manosearlo a escondidas. Lo peor del caso fue que cuando el hecho se denunció, en vez de entregarlo a las autoridades, los superiores intentaron llegar a un “acuerdo amistoso” con las familias afectadas, para evitar que tome estado público, con el tonto argumento de “no dañar la imagen de la Iglesia”.

Los representantes católicos nunca han tomado una posición tajante acerca de estos bochornosos y criminales hechos. La opción siempre fue mudar de parroquia a los sacerdotes pedófilos, intentando así un solución. Soy católica, como muchos ciudadanos del país, pero no acepto que obispos y religiosos apañen estas acciones.

Es hora de que se enfrenten a la realidad y denuncien, de que por amor a su rebaño eviten que personas así sean guías espirituales y pretendan dar lecciones de moral y amor a Dios, pues no saben lo que eso significa.

Queridos sacerdotes, piensen en la gente, en Dios que todo lo ve, no dejen que otros niños caigan en manos de falsos pastores. Empiecen a denunciar sin temor a las repercusiones. Los mismos católicos deben gritar contra las injusticias para no ensuciar a la Iglesia, y quienes profesen otras religiones (o no lo hagan) también, por justicia. Un niño nunca debe perder su inocencia así, menos en nombre de Dios.

Por Gabriela Báez

http://www.extra.com.py/columnistas/el-pecado-de-la-iglesia-es-el-silencio.html

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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43 comentarios en “El pecado de la Iglesia es el silencio

  1. Dos pastores, una actitud

    Cuando algunos medios publicaron recientemente el caso de una niña supuestamente abusada por una asistente de la escuela bíblica para niños del Centro Familiar de Adoración, filial de Zeballos Cué, corrió un meme por las redes sociales con la figura del arzobispo de Asunción diciendo: “No hacer de una piedrita una montaña”; y abajo, la del pastor Emilio Abreu, diciendo: “No hubo violación, hubo abuso”.

    El cuadro es muy fuerte. Coloca al mismo nivel los criterios de valoración de dos pastores cristianos. Uno de la Iglesia Católica y otro de una iglesia evangélica, que no supieron responder como se espera que lo hagan unos líderes religiosos influyentes ante una situación delicada y grave.

    El primero minimizó en una carta dirigida a los jóvenes, el caso de una dirigente juvenil que denunció acoso por parte de un cura de su parroquia.

    El segundo se preocupó más por las críticas hacia su Íglesia antes que por la situación de la niña, presunta víctima de un abuso sexual en la escuela bíblica de la congregación de Abreu.

    Ante hechos como estos, lo que cualquiera esperaría es que la cabeza de la institución afectada por la denuncia, en primerísimo lugar, manifieste preocupación e interés por la situación de la eventual víctima y en segundo lugar que colabore con predisposición a la investigación para que se esclarezca lo ocurrido. Si se confirma el hecho, que tengan la humildad de pedir perdón a las víctimas, y que las instituciones que dirigen no abandonen a estas.

    En una entrevista con Radio Ñandutí, el pastor Abreu puso en duda la validez de la cámara Gesell aplicada para la entrevista de declaración testimonial de la niña en cuestión, y se jugó por “el buen testimonio en la Iglesia” de la mujer que la víctima señaló como la que “le hizo naná” en sus partes pudendas.

    También resaltó la situación de vulnerabilidad de la familia de la niña, diciendo que hay denuncias en las Codenis que demuestran esto e insinuó que la pequeña pudo haber sido abusada con anterioridad en su propio entorno familiar.

    Imagínense si se juzga a las personas por “el buen testimonio” que demuestran en la Iglesia. ¡Cuántos lobos vestidos de corderos abundan en todas las confesiones religiosas!

    Si el arzobispo y el pastor Abreu se conducen así, automáticamente poniendo en duda el testimonio de las víctimas y minimizando el hecho, ¿qué podemos esperar del resto de la sociedad?

    Para ser justos, tampoco corresponde atacar a una institución, por la actuación individual de uno de sus miembros, salvo que haya habido denuncias ante los responsables de la entidad y estos no adoptaron ninguna medida. Entonces son cómplices y corresponsables. Los curas acosadores y pedófilos o los pastores y colaboradores ídem no son toda la Iglesia, así como los jueces venales no son todo el Poder Judicial.

    Por Susana Oviedo

    http://www.ultimahora.com/dos-pastores-una-actitud-n1091020.html

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    Publicado por jotaefeb | 18 junio, 2017, 8:28 am
  2. La Iglesia, así, no tiene cura
    14 marzo, 2017

    Muy asiduo a recurrir a los golpes de efecto, el Papa Francisco declaró días atrás la conveniencia de que los casados puedan ejercer el sacerdocio, cuya eventual implementación eliminaría de un plumazo el celibato clerical, vigente desde el Concilio Laterano de 1123 y ratificado por todos los Concilios posteriores, que fueron aplicándolo con mayor rigor. Al brindar los argumentos para avalar el pretendido cambio, después de casi 900 años, el obispo de Roma dejó en evidencia una pobreza sin igual, como si rindiera honores al nombre que eligió al aumir su pontificado. Según él, así se superaría la falta de vocaciones, es decir de curas, y disminuirían los escándalos sexuales en los que se ven envueltos miembros del clero. Pero ¿En qué fundamenta estas afirmaciones? Si es que lo sabe, hasta ahora no lo dijo.

    Ante el problema de las vocaciones, que por cierto cada vez hay en menor cantidad y…calidad, la pregunta que debieran hacerse Francisco y sus seguidores es porqué se produce tal fenómeno y en qué viene fallando la Iglesia para que eso suceda, pues que evidentemente algo está haciendo mal, en lugar de disparar de manera “encubierta” contra el celibato, que puede y debe discutirse, pero por cuerda separada.

    De hecho, no se trata de un dogma de fe. La Iglesia Ortodoxa admite hombres casados y la misma Iglesia Católica en los países donde predomina el rito Bizantino, donde tiene muy poca influencia, también. Pero al mismo tiempo, como disciplina general, el celibato es considerado como un “don Divino” y su práctica tiene buenos motivos históricos, como los registrados en el meioevo, cuando no pocos papas, obispos y sacerdotes no se entregaban a Dios “a tiempo completo” y muchos de ellos eran protagonistas de resonantes actos de corrupción, en el más amplio sentido de la palabra.

    La realidad de la Iglesia en el Paraguay puede ayudar a entender la situación. Los obispos, cómodos y aburguesados, transcurren su episcopado cual funcionarios públicos que hacen de su “conchabo” algo liviano hasta el momento de la jubilación, en el caso de ellos, privilegiado. No mueven un dedo para buscar a los que se sienten llamados para ejercer el sacerdocio o para contribuir a despertar en ellos esa vocación, si es que la tienen. Y a quienes lo hicieron, como en Ciudad del Este hace algunos años, obteniendo el extraordinario resultado de unos 200 seminaristas y decenas de nuevos sacerdotes, lo aplastaron. O sea, no hacen, ni quieren que se haga, como sucede en gran parte de la Iglesia Universal, de la mano de Francisco. He ahí el problema de fondo.

    Dice el Papa que “así disminuirán los problemas de índole sexual”. Mentira. En lo que respecta a la pedofilia, ésta es una patología que puede afectar a célibes y no célibes, ateos y creyentes, ricos y pobres, civiles y militares, altos y bajos, gordos y flacos, negros y blancos, solteros y…casados; por lo cual, afirmar que casos de esta naturaleza se reducirían habilitando el sacerdocio a los que se hallan unidos en matrimonio, es solo un acto de ignorancia o de mala fe, que contradice los dictados más elementales de la ciencia.

    También dice que los casados tendrían resuelto el problema de las “tentaciones”. Pero también es mentira. Y prueba de ello es que muchos de nuestros curas no se conforman con una sola “sobrinita”, como lo demostró el exobispo Lugo, entre tantos otros.

    Finalmente concluye sosteniendo que con la “novedosa” receta, que tiene más de 9 siglos, habrá más sacerdotes. Esto podría ser, porque se ampliaría el “mercado”. La pregunta es de qué tipo, pues la Iglesia no es una bolsa de trabajo y los casados, desde “el vamos”, no dedicarán su vida, sino apenas una parte de ella, a “cuidar al rebaño”.

    Entonces, ¿Qué es lo que pretende Fracisco? Si en verdad quisiera contar con más sacerdotes, de los buenos, tebdría que alinear a los obispos para que en lugar de hacer política partidista, desarrollen su labor pastoral y espiritual entre las “ovejas”. Y, sobre todo, tendría que potenciar seminarios en los que se formen a los futuros sacerdotes de manera integral, en lugar de perseguirlos o de permitir que funcionen solo para producir unos poquitos curas, para colmo mediócres, con los mismos vicios que sus “formadores”.

    Con la vieja fórmula que Francisco proyecta desempolvar, la Iglesia no tiene cura, ni la tendrá. A lo sumo aumentará su planilla de personal, con empleados de medio tiempo y, para colmo, con los mismos defectos de los ahora célibes.

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    Publicado por Anónimo | 14 marzo, 2017, 11:13 am
  3. La Iglesia paraguaya: Esa larga e interminable ausencia de talentos

    Trascurrieron 40 años desde la muerte de Ramón Bogarín Argaña, quizás el pensamiento más lúcido del siglo XX de la Iglesia paraguaya. Hoy, a 25 años de la transición, tanto progresistas como conservadores solo han exhibido algunas buenas intenciones y una fuerte ausencia de talento y creatividad.

    La Iglesia Católica siempre supo estar rodeada de controversias. De hecho, es de un reduccionismo amateur compararla en un contexto histórico con las demás (Anglicana, Bautista, y las sectas) porque –con sus luces y sombras– la Iglesia Católica fue la que formó la mismísima cultura fundacional de las naciones del continente. Eso sí, están cada vez más lejos los tiempos de sus liderazgos carismáticos y sabios. La Iglesia paraguaya de hoy es una caricatura de aquel paisaje.

    Esta semana conversábamos con amigos sobre Secundino Núñez, de las últimas figuras fulgurantes que emerge de la Iglesia para establecerse en la civilidad con su impronta de serenidad, sabiduría y ética. Pero, además de ello, con un aporte a la rigurosidad en el pensamiento que hoy en día está tan extinguido como el tigre de colmillo largo.

    Recordaban con cierto humor cómo don Secundino (ex obispo, luego senador de la Nación) aún en detalles se consagraba a lo suyo con aquello que hace que los esfuerzos sean infalibles: la aplicación extrema. En este capítulo se hacía memoria sobre el deambular de Núñez por las librerías para adquirir cuatro o cinco libros nuevos para su gigantesca biblioteca, solo porque debía preparar un comentario para el matutino Abc Color en esa semana y necesitaba ponerle substancia a cada línea. Lejos del saber “wikipediático” que preside nuestros días.

    Los exabruptos que presiden los discursos eclesiales en este último lustro hablan a las claras de una inmensa necesidad de pegar el oído al mensaje renovador del papa Francisco al que todos escuchan, asienten, pero están lejos de emular. Sin embargo, también es cierto que las ausencias no solo son de actitud sino también de aptitud, lo cual queda claro ante las crecientes imposibilidades de hallar testimonios de profundización confiable en los liderazgos del presente

    Basta recordar los comentarios cuasicrueles del obispo de Caacupé al respecto de las comunidades LGBT o el deplorable mensaje del obispo Valenzuela que reducía a la dimensión de “una piedrita” un escándalo sexual. En concreto, no se trata solo de una creciente ausencia de una interlocución decente con el universo, sino de un concreto vacío de “clase” en la resolución de los asuntos.

    Es solo una anécdota, pero vale recordar a aquel niño que fue hasta Caacupé a obsequiar un gallo al Papa, en un gesto que debía consagrarse al mundo como la unión tierna entre la candidez infantil y el anhelo de una nueva Iglesia. Pero lejos de ser así, el Obispado comunicó días después que el gallo fue consumido en un vori vori de sus sacerdotes.

    La mínima carencia de imaginación para construir una iglesia creativa que se monte y “surfée” en las olas de los nuevos tiempos, tan desafiantes y cambiantes, no es sino la radiografía de un modelo que confunde incapacidad con actitud conservadora. Porque ese es el punto. Oponerse a una iglesia progresista (de cuyas debilidades también hablaremos) no supone volver a las cavernas sino debería haber concitado competir en proximidad, en caricia al mundo doliente, en pasión por los que sufren, como lo demuestra todos los días, por ejemplo, la obra del padre Trento.

    Aquí no debería estar ausente que este lapsus de conservadurismo grotesco surge como respuesta a una crisis erupcionada por “otra iglesia” de “otro extremo”, cuyo capítulo previo se da con la renuncia al Obispado de San Pedro de Fernando Lugo a consecuencia de una serie de cuestionamientos con que cargó su episcopado.

    Mirando en perspectiva, el mar de fondo de la mutación que ha estado viviendo la Iglesia desde los albores de Medellin hasta hoy –como en muchos otros sitios–- ha sido un retiro paulatino del pensamiento progresista, fundamentalmente el basado en la teoría de la liberación, de los cargos jerárquicos en un proceso que ya empieza con Juan Pablo II y termina de construirse con Benedicto XVI.

    De hecho, una iglesia basada en la teoría de la liberación, hoy en día, sería un despropósito, atendiendo que los pueblos ya fueron “liberados” de procesos políticos opresores y pueden decidir libremente su destino, aun en sus imperfectas democracias.

    Un preciosista saldría a decir aquí que “la liberación” no se refiere solamente a soltar las amarras de procesos políticos dictatoriales y oprobiosos, sino también de estructuras económicas injustas, por ejemplo. Sin embargo, queda claro que el objeto de la liberación, doctrinariamente, ha sido la persona humana y su posibilidad de reproducir su proceso en comunidades. En este marco, no hay dudas que en América Latina, al menos, los pueblos, bien o mal, eligen sus autoridades y consecuentemente sus formas de desarrollo económico y sus promesas de bien común.

    Es por ello que los procesos de “rebeldía” tan propios de la teología de la liberación y tan adecuados en una dictadura terminan siendo un caldo difícil de digerir en democracia, como lo sería una guerrilla marxista (EPP y afines) a 25 años de apertura del proceso democrático.

    Obviamente, en el hemisferio progresista de la Iglesia paraguaya también –como en el ala conservadora- ha faltado talento y creatividad desde la desaparición de pensamientos cumbres como Ramón Bogarín Argaña y en muchos casos, ya en vísperas del nuevo milenio se han pretendido replicar experiencias que fueron gloriosas en tu tiempo (Ligas Agrarias Campesinas, por ejemplo), pero que ya resultaban utópicas (por el concepto de ubicación exótica) en los tiempos de la globalización y el internet.

    Ramón Bogarín Argaña (fallecido en 1976) ha sido uno de los pensamientos más luminosos de la Iglesia paraguaya, aun con más lucidez que su ilustre tío, Juan Sinforiano Bogarín, siendo uno de sus postulados –justamente– que todos los procesos eclesiales de impacto social deben conjugarse en futuro.

    “Nada debemos hacerlo por tradición, o porque alguna vez se hizo de esa manera, aun si ello hubiera dado resultado”, pensaba Bogarín para sus auditorios de Roma, Medellín, Estados Unidos, Venezuela, Peru y allí donde era invitado a pronunciar sus famosas conferencias. Fue un núcleo de pensamiento prominente de la Iglesia, cuyo último liderazgo jerárquico extraordinario muere con Ismael Rolón, posiblemente.

    Los últimos 25 años ya son conocidos, un relumbrón progresista vinculado a la apertura de las libertades públicas y multiplicado en la potencia de la Iglesia protagónica en la caída de la dictadura con Ismael Rolón, Maricevich, Mario Melanio Medina, por citar algunos, y luego el surgimiento de otra iglesia, ubicada en las antípodas conservadora, pero con la misma capacidad de cometer errores durante la transición que su contracara progresista.

    A veces, sin embargo, se escucha una homilía del jesuita Alberto Luna para insinuarnos que existe una nueva generación de líderes eclesiales que está naciendo y busca su lugar en un momento difícil.

    Esta ida y vuelta en solo 25 años en la jerarquía de la Iglesia paraguaya quizás sea, al igual que la falta de talento, las razones que explican que en una conferencia llamen insignificante piedrita a la acción de imputado por abuso sexual o que el obispo de la curia más popular sostenga que los jóvenes que se tatúan arderán en las llamas del infierno. Puede que no sea un problema doctrinario, puede que sea, esencialmente, un asunto de mediocridad. Capaz que requieran una cátedra de Francisco.

    Por AUGUSTO DOS SANTOS

    http://www.lanacion.com.py/columnistas/2017/03/05/la-iglesia-paraguaya-esa-larga-e-interminable-ausencia-de-talentos/

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    Publicado por Anónimo | 13 marzo, 2017, 10:45 am
  4. Religión y justicia, en paralelo

    Por Pablo Noé

    Vivimos en un país eminentemente católico. Para ser más amplios aún en el concepto, somos notablemente religiosos. La tradición, la cultura y nuestro quehacer diario están marcados por nuestra fuerte raíz de seres humanos devotos. Este concepto puede ser cuestionado por los ateos, agnósticos y contreras, pero la realidad es contundente. El hecho que uno no crea no borra la realidad que está ahí, a simple vista.

    Aunque malos practicantes en muchos casos, los paraguayos manejamos bien el tema de la religión. También sabemos de fútbol, de política y de mujeres, por lo que estos temas están vedados en una tertulia en la que se pretendan obviar las discusiones estériles.

    Como fieles respetuosos de esta arraigada tradición local, no pretendemos violentar los límites de la convivencia cotidiana entre compatriotas, para hablar de religión. Pero, como hijos de los incoherentes políticos, si bien no pretendemos charlar de religión, lo haremos. Es decir, para intentar aclarar este entramado un poco confuso. Hablaremos de un tema vinculado a la religión, pero no de los dogmas de fe, de las prácticas religiosas, sino de cómo en ocasiones, debemos mirar sin fanatismo los límites de lo que debemos enmarcar dentro del plano religioso y lo que cae dentro del área ciudadana. En síntesis vamos a mezclar de todo un poco.

    El caso del padre Silvestre Olmedo, acusado de acoso sexual, es un parámetro interesante para medir esta cuestión. Primeramente está la respuesta oficial de la Iglesia Católica que en su momento pidió no hacer una montaña de una piedrita y que se ofreció a rezar por él, priorizando en su comunicado, esta acción por encima de lo que se indica desde el propio Vaticano, cuando Francisco señala que la manera de tratar estos temas es priorizar las acciones de la justicia local.

    La mirada local del tema también es interesante, ya que en todo momento una parte de la comunidad religiosa donde estuvo el sacerdote salió en favor del religioso, restando valor a las denuncias en su contra. Es como mínimo injusto y llamativo que se incline la balanza hacia el acusado, olvidando los sentimientos de la víctima, como si su reclamo fuese insuficiente para generar empatía en ese grupo puntualmente.

    Ahí entramos en un área muy delicada, ya que como en el razonamiento inicial, los límites se ven difusos y demarcarlos hará la diferencia. Durante el proceso de reclusión del cura, los fieles de su parroquia se unieron a rezar hasta conseguir su libertad, un hecho que se concretó este jueves. El propio arzobispo de Asunción, Edmundo Valenzuela, visitó en el penal a Olmedo.

    Una sociedad que camine hacia la madurez debe mantener claros los límites. Las acciones religiosas deben ir en sentido paralelo al accionar de la justicia y la política. Esto no se puede permitir en el ámbito religioso en donde la empatía no puede ser solo para una de las partes. En la medida que hagamos una mezcla explosiva, la fuerza servirá para generar una estampida en donde reinará la confusión.
    En contrapartida, la denunciante señaló que no recibió ningún acompañamiento, sino por el contrario, fue presionada para desistir de su acción. La coherencia entre la acción de los miembros de la comunidad religiosa es inexistente. Así como no se puede pensar que la oración va a exculparle de sus obligaciones civiles, tampoco se puede asumir que un integrante del clero es impoluto y que la solidaridad institucional debe apuntar únicamente hacia uno de sus integrantes.

    Una sociedad que camine hacia la madurez debe mantener claros los límites. Las acciones religiosas deben ir en sentido paralelo al accionar de la justicia y la política. Esto no se puede permitir en el ámbito religioso en donde la empatía no puede ser solo para una de las partes. En la medida que hagamos una mezcla explosiva, la fuerza servirá para generar una estampida en donde reinará la confusión.

    Si las tertulias finalizan de una manera poco amigable, mezclando política y religión, el escenario para la administración de una comunidad no puede ser muy diferente. Esta es una regla que no podemos olvidar cuando nos planteamos como objetivo mejorar nuestra calidad de vida.

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    Publicado por jotaefeb | 10 marzo, 2017, 9:06 am
  5. En espera

    Por Lourdes Peralta

    La Iglesia paraguaya muestra en gran parte cuánto la han traicionado quienes decidieron servir a Cristo, comprometidos con Él de por vida. El Jesús bueno y misericordioso, el que llegará en Navidad, ha dejado de ser referente de muchos sacerdotes, convertidos en ególatras y cómodos, sotanas que no salen de los templos para evangelizar con trabajo y sacrificio, con cercanía y confianza. No fueron este tipo de sacerdotes los que se alzaron contra tantas injusticias y que incluso pagaron con sus vidas la defensa de la verdad; no son estos los que marcarán en los fieles el camino correcto entre tanta confusión. Para quienes vivimos otras épocas y conocemos la labor de tantos sacerdotes críticos de la realidad mundial, principalmente latinoamericana, es difícil identificarnos con una línea por inercia.

    Más allá del rito, que tiene su importancia pero sin obras no vale nada (“La fe sin obras está muerta”, Santiago), está el trabajo con las comunidades, el hacerse pobre con los pobres, el interés por ayudar a encontrar el sentido de la vida en esta sociedad perdida y agonizante. Muchas parroquias se han vuelto un simple lugar de reunión, de terapia; la misa en mucho perdió su santa solemnidad. Dentro de los grupos de catequistas no son extrañas las peleas tipo telenovela. Una mujer me comentaba lo mal que se sentía porque otras del grupo parroquial, según su versión, la querían hacer a un lado. “¿Y por qué no salís, por lo menos un tiempo, para que tu rabia se disipe y puedas pensar y sentirte mejor”, se me ocurrió decir. Determinante, contestó “No. Pero yo quiero seguir yendo”.

    Ya no todos los templos son lugares donde uno pueda llegar a cualquier hora a rezar, meditar, estar un momento en silencio. Otrora las puertas de la iglesia estaban abiertas durante todo el día. Un sacerdote me decía en una charla sobre lo aggiornado (coros que aturden, niños que corretean y gritan, fotos de aquí para allá cuando hay bautismos, 15 años, casamientos, etc.): “Le entiendo perfectamente, pero es una línea que entró en Paraguay hace años y difícilmente se vaya. No es usted la primera persona que expresa su descontento por esto. Si puede, cambie de parroquia; si no, tómelo como un martirio”. Qué palabra tan exacta utilizó. Los sermones de los compatriotas no siempre se relacionan con las realidades del país; parece haber temor, falta de preparación de tocar temas candentes. No quiero creer que sea orden superior. Sin lo desagradable de las comparaciones, pero los sacerdotes extranjeros son los que más se animan a llegar hasta el caracú social y llamarlo por su nombre, incluidos los temas sobre las tantas denuncias de abuso sexual en los que otros sacerdotes están involucrados.

    Tiempo de Adviento y muchos deseos fervientes de renacimiento parroquial. Aquellos curas sonrientes, caminando a prisa, que muchos recordamos de la infancia: “¿A dónde va, padre?”. Iban a trabajar con familias sumidas en alguna desgracia, iban a llevar alimentos, ropa, esperanza, conciencia. De esos curas, quedan pocos. Desaparecieron. Serán los tiempos que amedrentan. Pueblo paraguayo que ha invocado a su Madre con fervor: que este tiempo renazca el deseo de una Iglesia que se involucren entera, desde el discurso hasta la acción con los sectores que necesitan pan y trabajo.

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    Publicado por Anónimo | 20 diciembre, 2016, 7:52 am
  6. Se le extraña a Benedicto XVI
    11 diciembre, 2016

    Por: Cirilo Ibarra Enciso.
    Tras los últimos acontecimientos, tras los nuevos escándalos que volvieron a afectar a la Iglesia Católica, para muchos feligreses era oportuno por lo menos un pronunciamiento de las autoridades eclesiales, en coincidencia con la gran celebración en Caacupé.

    En diversos sectores se consideró que no es mucho pedir un reconocimiento de los errores cometidos y hasta un pedido de disculpas en nombre de quienes faltaron a sus votos, que generalmente incluyen pobreza, castidad consagrada y obediencia. O los reconocidos como “votos públicos” por la ley eclesiástica o la ley canónica.

    No pasó absolutamente nada. Los últimos casos, del sacerdote Estanislao Arévalos, que fue condenado a seis años de cárcel al ser encontrado culpable del abuso sexual de dos niños y del párroco de Limpio, Silvestre Olmedo, denunciado por supuesto acoso a una joven, pasaron desapercibidos.

    Sin duda fue el momento en que se le extrañó al Papa Benedicto XVI, porque fue quien tomó una drástica determinación cuando se puso al descubierto las luchas internas por el poder, malversaciones económicas y relaciones homosexuales dentro de los muros del mismo Vaticano.

    Sin dudas que son hechos graves, pero no menos graves de lo que se suceden en nuestro país. Pero la diferencia está en que en nuestro medio, al parecer no le incomoda a nadie, pese a que el arzobispo y los obispos ya son también bien grandecitos para sentir lo mismo que sintió Benedicto.

    Ocurre que muchos dijeron “demasiado para un anciano”, refiriéndose al entonces Papa, cuando decidió renunciar. El vocero de prensa del pontífice, padre Federico Lombardi, sostuvo: “La Iglesia necesitaba alguien con mayor energía física y espiritual que pudiera enfrentar los problemas y desafíos de gobernar la Iglesia en este cambiante mundo moderno”.

    ¿Que se necesitará en nuestro país para que los veteranos líderes de la Iglesia Católica sigan los pasos de Benedicto? Este sorprendió al mundo cuando se convirtió en el primero en renunciar al pontificado de la Iglesia Católica, en casi 600 años.

    Pero lo que pasa en el Paraguay “nadie pierde ni gana reputación”, como diría Cecilio Báez. En realidad él se refería al comportamiento de los políticos, pero viendo lo que pasa en el ámbito católico, no dista mucho de los sucesos en el marco político.

    Pero si hasta este momento no ha explotado todo, es simplemente porque gran parte de nuestra gente aún cree ciegamente en los sacerdotes. “Pa’imahe’i” (ya dijo el sacerdote) es un dicho muy latente aún en el ámbito de la Iglesia. Y en Caazapá se conoce una anécdota de antaño y que hasta ahora se recuerda, quedando también patentado en un dicho: “Ciertoooohe’i Boquerón gua oja’oramo chupekuera pa’i” (cierto dicen pobladores de Boquerón cuando les reta el sacerdote).

    Sin embargo, al parecer está llegando el momento de rectificar rumbos en la Iglesia Católica. Es hora que las mismas autoridades eclesiales traten de limpiar su estamento. Basta de esconder o proteger a quienes ensucian los hábitos o a quienes están por destruir totalmente la ya deteriorada imagen de Iglesia.

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    Publicado por Anónimo | 12 diciembre, 2016, 8:22 am
  7. Un sacerdote ensucia Limpio

    Por Alcibiades González Delvalle

    Mientras el país creyente se movilizaba para rendir su homenaje a la Virgen de Caacupé, en la ciudad de Limpio saltó una noticia muy sucia: el acoso de un sacerdote a una joven del Equipo de la Pastoral Juvenil. Si este hecho es indignante, también lo es el intento de la jerarquía eclesiástica por silenciarlo como en otros hechos de la misma o peor naturaleza.

    La Iglesia Católica tiene más de dos mil años. Sus inicios fueron de inmenso sacrificio, dolor, martirio. La sostuvieron quienes estaban dispuestos a renunciar a su vida antes que a su fe. La persecución sin pausas en los comienzos de la nueva religión, se convirtió después en la persecución a quienes pensaban u obraban distinto. El catolicismo devino en una extraña religión que alimentaba el terror. Ahí están las historias de sangre y lágrimas que brotaban de la Santa Inquisición. Shakespeare se preguntaba quiénes eran los herejes: si quienes morían en la hoguera o quienes la prendían.

    La Iglesia Católica tiene muchas embestidas contra realidades sociales y científicas. Cuando manejó por muchos siglos el poder político universal, en nombre de la fe impuso sus razones aún contra verdades evidentes. Los errores cometidos nunca le indujeron a la cristiana humildad de la enmienda. Tardó cuatro siglos para admitir que con Galileo Galilei cometió, por fanatismo, una herejía que atrasó a la humanidad en su marcha hacia el conocimiento. Junto con Galileo quedan muchos nombres –el de Bruno es otro de los patéticos casos– como ejemplos del esfuerzo humano por avanzar en la historia, a pesar de las trabas de quienes, en posesión del poder absoluto, carecían de entendimiento para vislumbrar el futuro y de sensibilidad para abrirse al paso de los tiempos.

    Colón encontró, en 1492, “unos seres con forma humana, pero sin alma”. Reducirlos a la esclavitud no era pecado. Con el aplauso de una parte de la Iglesia, y con la indiferencia de la otra, el famoso Ginés de Sepúlveda defendía en la corte la teoría de la “servidumbre natural” para someter a los indígenas a la mera esclavitud. Bartolomé de las Casas, con su vigorosa defensa a los nativos, sentó las bases del humanismo en el nuevo continente.

    Un vuelco espectacular dio la Iglesia Católica con el Concilio Vaticano II, convocado por el papa Juan XXIII, que culminó el 8 de diciembre de 1965. Entre sus objetivos tenía lograr una renovación moral de la vida cristiana de los fieles. Este Concilio fue uno de los hechos más trascendentes del siglo XX.

    La “renovación moral” apuntaba también a los sacerdotes a quienes exigía un compromiso con la Iglesia y con la gente. El cristianismo, se les dijo, no se reduce a las liturgias en los templos. Se les pedía también salir a trabajar con su comunidad, asistirla, mezquinarla, hacerse amigos de la gente y ganar su confianza, respeto y cariño.

    Pero estos propósitos, que pretenden devolver a la Iglesia su antigua influencia bienhechora, se pierden en los laberintos de los actos pecaminosos y delictivos de aquellos sacerdotes que incumplen los mandatos que habían jurado sostenerlos.

    El caso del cura de Limpio, Silvestre Olmedo, no es sino la reiteración de muchos otros que se valen de su posición privilegiada para humillar, lastimar, someter a niños y jóvenes que se acercan a la figura sacerdotal con la confianza y el cariño que se tiene a un padre.

    Para peor, el arzobispo de Asunción, monseñor Edmundo Valenzuela, procuró enterrar el caso con un Padrenuestro. Hacía ya dos meses que había recibido la denuncia de la víctima. En vez de acompañarla a la fiscalía, le pidió que rece por Silvestre Olmedo. Y con esta recomendación creyó haber puesto todo de sí para remediar el condenable hecho que salió a luz mediante la enérgica intervención de los miembros de la Pastoral Juvenil de Limpio.

    Estos jóvenes dijeron estar en conocimiento de otros casos similares, de tres más por lo menos, pero las víctimas prefirieron retirarse de la Pastoral como una forma de huir del agresor. Y también para evitar que sus nombres sean manoseados por las muchas personas que, extrañamente, se inclinan hacia el sacerdote acosador y critican a las víctimas por “afear la imagen de nuestra Iglesia”.

    El mismo monseñor Valenzuela, según la denuncia de los jóvenes, pidió a la víctima que se calle para resguardar la dignidad de la Iglesia. ¿Y la dignidad de la pobre muchacha? ¿La dignidad de la persona humana no es superior a cualquier institución tan contradictoria como la Iglesia Católica?

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    Publicado por Anónimo | 11 diciembre, 2016, 9:59 am
  8. El “pa’íma he’i” ya no va

    Una semana atrás, un tribunal condenó al sacerdote redentorista Estanislao Arévalos Pedrozo a seis años de prisión por abusar sexualmente de dos menores. Un caso que quedará (o debería quedar), aunque el hecho no reparará el daño causado, como un punto de partida en las investigaciones de la larga y oscura lista de denuncias sobre abusos sexuales por parte de integrantes de la Iglesia Católica paraguaya.

    Y este, en mucho tiempo, es un caso emblemático, ya que últimamente fueron varias las denuncias por casos similares en los que estaban involucrados representantes de la Iglesia Católica paraguaya, pero muy pocos, casi nada, fueron los investigados y llegados a una condena.

    Durante este año salieron a luz varios casos similares e incluso denuncias contra las autoridades de la Iglesia Católica, de que hubo hechos que se habían, incluso, ocultados y avalados por los propios obispos, por lo que será de suma importancia que la condena al padre Arévalos Pedrozo sea realmente el punto de partida de una “limpieza” y “salida a luz” de otros casos que tienen como protagonistas a miembros del cuerpo religioso.

    Otros hechos que también salieron a luz, y sobre el cual la Conferencia Episcopal Paraguaya (CEP), en mayo pasado sí se pronunció, fueron los ocurridos en una parroquia de Paso Yobai, Diócesis de Villarrica, donde los sacerdotes Francisco Javier Bareiro y Gustavo Ovelar, de la Congregación Oblatos de María, fueron separados también por abusos sexuales de menores.

    Parte del pronunciamiento de la CEP decía: “Como obispos, asumimos, basados en la misión y el ejemplo que nos dio el propio Jesucristo, en cuyo nombre servimos, de proteger a los menores y de evitar el abuso sexual”.

    Añadía que “por esta razón y movidos por el amor a la Iglesia y a la verdad sobre las enseñanzas del Señor, queremos hacer cuanto sea necesario –con caridad, pero con justicia– para evitar los males que provienen de las graves faltas, que algunos ministros de la Iglesia puedan cometer contra los más vulnerables”.

    Son los mismos obispos, sacerdotes y religiosos/as quienes están haciendo perder ese valor que en una época tenía la palabra de los representantes de la Iglesia.

    Como intención de la cúpula de la Iglesia Católica, es válida, muy válida, pero habrá que ver hasta qué punto se llega a concretar, puesto que no se sabe si las denuncias sobre estos repudiables casos no se irán sucediendo, teniendo en cuenta que por muchas años, décadas incluso, hacer una denuncia contra los curas era un caso hasta si se quiere fuera de lo humano.Durante el 2016, de acuerdo a datos, fueron 10 los sacerdotes denunciados por abusos sexuales, contra niños y adolescentes.

    Algunos fueron condenados, pero no alcanzaron las penas suficientes para entrar en una cárcel. Incluso durante este año La Nación publicó casos de sacerdotes argentinos que fueron acusados por abusos sexuales en menores, sin embargo, lejos de afrontar la ley, se ocultaron en territorio paraguayo, donde eran supuestamente amparados por el “silencio” de la Iglesia.

    El más emblemático fue el del sacerdote Carlos Richard Ibáñez Morino, investigado por denuncias de abuso sexual de al menos diez jóvenes en Bell Ville, provincia de Córdoba, a principios de los ’90. No se puede negar que el Paraguay es un país donde el catolicismo está muy arraigado.

    Donde la religión Católica es practicada o por lo menos se intenta practicar en un alto porcentaje y en donde el “pa’íma he’i” (el cura ya lo dijo) está (estaba) tan metido en la gente, que era como el alimento de vida de muchas personas.

    Sin embargo, ese “poder” ejercido por los sacerdotes cada vez más va perdiendo fuerzas, y la causa principal viene de ellos mismos. Son los mismos obispos, sacerdotes y religiosos/as quienes están haciendo perder ese valor que en una época tenía la palabra de los representantes de la Iglesia.

    Es difícil o va a ser muy difícil recuperar la credibilidad de la predicación de la palabra de Cristo, si sus representantes, en este caso de Paraguay, no dan un violento giro y se acercan más a la gente, escuchar más a la gente y no vivir dentro de una burbuja creyendo que la única verdad está en sus bocas. Y la realidad es que hoy por hoy, la verdad está más en la calle que en boca de los religiosos.

    Por Antonio López

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    Publicado por Anónimo | 26 noviembre, 2016, 3:33 pm
  9. Un premio que honra el periodismo libre

    Amnistía Internacional promociona cada año el premio Peter Benenson, un galardón que honra la memoria de su fundador, con el cual se reconoce la mejor investigación periodística de los medios del Paraguay con enfoque en los derechos humanos.

    Este año, la prestigiosa organización internacional con sede en Londres seleccionó como la mejor a una encomiable y seria labor realizada por los periodistas y el equipo audiovisual del Grupo Nación.

    “Iglesia oscura” se denomina la serie de explosivas publicaciones que cayeron como una verdadera bomba en la feligresía local. El escándalo tenía como centro a los sacerdotes argentinos que se refugiaron en Paraguay años atrás para dedicarse a tareas pastorales, a pesar de arrastrar procesos judiciales por supuestos abusos en el vecino país y que habrían estado en conocimiento de la alta jerarquía eclesiástica local, que no tomó en su momento los recaudos necesarios. Incluso dos de ellos, Carlos Ibáñez y Raúl del Castillo, seguían oficiando misa y compartiendo con feligreses en diversas actividades religiosas.

    El caso publicado entre los meses de abril y mayo pasado en nuestro diario impreso, y a través de las plataformas digitales, tuvo repercusión a nivel local e internacional y obligó a los obispos paraguayos a pedir perdón y a prometer tolerancia cero con los sacerdotes que estén implicados en casos similares.

    El tema abordado por La Nación es espinoso y doloroso para las familias de los afectados y para la propia fe de muchos creyentes, pues involucra a un importante estamento de la sociedad, como lo es la Iglesia Católica, que antes que ser cuestionada debe pasar a constituirse en piedra angular de la moral y custodio de las buenas costumbres en nuestro país.

    Y máxime cuando se trata de uno de los delitos más deleznables como lo son los abusos que afectan a miles de niños y niñas en Paraguay y en todo el mundo.

    Es de tal relevancia este aspecto que los propios pontífices, especialmente los dos últimos, Benedicto XVI y Francisco, han insistido en la importancia de la denuncia, del castigo y del perdón como una vía para el alivio de las familias lastimadas. Ambos papas se han encargado de aclarar y ratificar que no habrá contemplaciones con estos criminales, quienes se han valido de su representación religiosa para pervertir a los indefensos.

    No cabe duda que el “Peter Benenson” a la excelencia en la investigación también distingue aspectos vinculados con el periodismo serio y la prensa libre.

    En primer lugar, la distinción internacional honra a nuestro periódico y a nuestro grupo de comunicación pues resalta la calidad de la investigación periodística llevada a cabo por nuestros reporteros y equipo audiovisual, lo que refleja a las claras el gran profesionalismo y la entrega del grupo humano que trabaja en nuestros medios.

    En segundo lugar, pone de relieve la importancia del rol –clave, por demás– que cumple la prensa en la promoción, el amparo y la observancia de los derechos humanos en una sociedad moderna, democrática y libre.

    El equipo periodístico de La Nación ha sabido honrar y mantener en alto estos valores con las publicaciones que han abierto el debate sobre la responsabilidad del clero y han llevado a –incluso– pedir castigo.

    Ratifica también el estatus que en la actualidad poseen los medios como sistema de información fundamental para la sociedad. La importancia y la relevancia que tienen los medios es tal, que cada vez aumenta la tendencia a asignarle el papel de institución con más credibilidad.

    En resumen, el premio de Amnistía Internacional ratifica nuestro compromiso con la verdad y con la excelencia en el ejercicio del periodismo libre. Solamente una prensa libre, y realmente comprometida con los problemas del país, representa el verdadero sostén de la democracia.

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    Publicado por Anónimo | 26 noviembre, 2016, 3:33 pm
  10. ¡Ni Adalberto, ni ningún otro!

    Las redes sociales daban casi como un hecho, al igual que no pocas páginas digitales católicas. El Papa Francisco nombraría al obispo Adalberto Martínez como Cardenal; el primero en la historia de la Iglesia en el Paraguay. Tamaño despropósito fue, sin embargo, desmentido rápidamente por el embajador de nuestro país ante el Vaticano, Eduardo Kriskovich, quien afirmó tajantemente que la noticia era “cien por ciento falsa”. Y esto se confimó al día siguiente, el domingo, cuando el obispo de Roma designó a 11 purpurados; tres de ellos latinoamericanos, pero ninguno paraguayo, lo que para algunos fue una ingrata sorpresa.

    Ocurre que Francisco, en su visita al Parguay en julio del 2015, había anunciado que cuando hubiese vacantes, un cardenalato sería cubierto por un clérigo paraguayo. Tal vez lo hizo empujado por el entusiasmo generado por las masivas muestras de devoción que le brindara la feligresía nacional, una parte de la cual no se explica el porqué hasta ahora ningún compatriota ha sido designado como cardenal y, la verdad, las razones abundan.

    En primer lugar, no obedece al grado de desarrollo de la Iglesia en nuestro país, a la cantidad de Diócesis ni de fieles, que son abrumadora mayoría en la población, aunque no son pocos los que están migrando a otras religiones. Prueba de ello es que Uruguay, un país eminentemente laico, en donde el catolicismo es francamente débil, tuvo a su primer Cardenal ya en el año 1958, Antonio María Barbieri, quien se desempeñó como tal hasta su muerte, en 1979; y en el 2015 este Papa nombró a otro uruguayo, al también arzobispo de la misma ciudad, Daniel Sturla Berhouet, entre otros 20 nuevos cardenales.

    El criterio esgrimido por el Vaticano en esta oportunidad fue que los elegidos eran hombres “destacados por su conocimiento de la doctrina, buenas costumbres, piedad y prudencia”. Y aquí podemos comenzar a encontrar las respuestas del porqué no emana un Cardenal de la Iglesia paraguaya, cuyos miembros del episcopado no reúne ninguno de los requisitos mencionados, ya no hablemos del grueso de los sacerdotes, salvo honrosas excepciones.

    Al contrario, a falta de esas virtudes, inexistentes entre los obispos, son muchos los vicios que a diario exponen con sus inconductas en los más variados ámbitos.

    En primer término, sus actividades pastorales (¿?) se limitan a las misas de los domingos, a los que suman algunas cuestiones burocráticas irrelevantes. Su única preocupación es “no hacer olas”, o sea nada, para jercer el cargo hasta jubilarse. El único sacramento que goza de relativa salud es el del bautismo, pero si tomamos otros, como el de la confirmación y ya ni hablar del casamiento, los números que producen aparecerían en rojo, por eso nunca los publican. La confesión es una práctica elemental de los católicos, pero en nuestro país se está perdiendo. Las vocaciones, es decir los que optan por el sacerdocio, son ínfimas, como también las ordenaciones de nuevos diáconos y presbíteros, que cuando se producen son motivos de grandes celebraciones, precisamente por ser tan pocas.

    En segundo lugar, nuestros obispos y la mayoría de los curas, mientras incumplen sus labores evangelizadoras, se dedican a intervenir en cuestiones políticas y a promover incluso candidaturas, como la de Fernando Lugo, antes y ahora, convirtiendo los Templos en plataforma al servicio de su proyecto, los púlpitos en vulgares atriles para lanzar arengas y a los sacerdotes en “legión” de operadores políticos.

    Pero eso no es todo. Además de los señalados, la jerarquía eclesiástica, incluyendo al supuestamente nominado para Cardenal, monseñor Adalberto Martínez, está gravemente sospechada de encubrir uno de los crimenes más abominables, cual es la pedofilia, del que están acusados no uno ni dos, sino una decena de curas. A sabiendas de eso, en lugar de castigarlos en base a las normas del Derecho Canónico y denunciarlos ante la Justicia, les brindaron protección por muchos años, como en el caso de Carlos Ibáñez, sacerdote de nacionalidad argentina.

    Entonces, ante todos estos hechos, y muchos más que ocuparía demasiado espacio relatar, es obvio que está mal formulada la pregunta de “por qué no hay un Cardenal paraguayo”. Lo correcto sería que nos peguntemos: ¿Y por qué, sin que la Iglesia reuniera mérito alguno, deberíamos tenerlo?

    http://www.adndigital.com.py/ni-adalberto-ni-ningun-otro/

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    Publicado por Anónimo | 17 octubre, 2016, 5:35 am
  11. La opción por una vida célibe
    9 julio, 2016
    Por Jorge Paredes

    El celibato sacerdotal, desde que la Iglesia Católica instaló como norma para los consagrados, en el ejercicio de su ministerio, lo mantiene y custodia como una joya preciosa. Si bien no es dogma, el celibato mantiene toda una estructura de la mentalidad de los católicos.

    Sin embargo, los cambios actuales y los escándalos que han salpicado a integrantes de la jerarquía eclesiástica en el mundo, y específicamente, en nuestro país, ha puesto en entredicho la institución del sacerdocio célibe.

    De un tiempo a esta parte, la iglesia católica paraguaya ha venido soportando heridas profundas con los escándalos que se suceden y donde los protagonistas son consagrados. Sin ir lejos, basta con mencionar el caso de los dos curas en Paso Yobái, departamento de Guairá, o el último que saltó en la Arquidiócesis de Asunción y varios otros en distintas diócesis, obliga la voluntad de expresar la imperiosa necesidad de reexaminar la institución del celibato sacerdotal, cuya observancia ya resulta un problema en la actualidad.

    El celibato es un estado de vida de aquellas personas que no se casan o que no tienen una pareja sexual. No tiene un antecedente bíblico, pero fue tomado dentro del orden sagrado como una opción de vida, expresada en la voluntad y que hace coincidir el carisma de la vocación sacerdotal con el carisma de la castidad.

    De hecho, dentro mismo de la institución eclesiástica ya existen posiciones encontradas con respecto al complejo tema de la vida célibe de los sacerdotes y la posibilidad de instalar el celibato opcional. En nuestro tiempo actual y en nuestro mundo, estos escándalos ha sembrado mucha duda sobre la efectividad de esta característica del ministerio sacerdotal.

    Que el llamado a ser célibe, realmente, sea una opción de vida sin que implique una norma para el ministro de Dios. Esta es mi posición muy personal y si no se puede cumplir con ese carisma ser lo suficientemente valiente para renunciar a la vocación sacerdotal para evitar escandalizar a los “hermanos más pequeños”

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    Publicado por jotaefeb | 10 julio, 2016, 8:50 am
  12. Curas pedófilos sin castigo

    Por Ilde Silvero

    En el catolicismo, la cruz nos recuerda la dolorosa muerte de Jesucristo para redimir a la humanidad, pero, patológicamente, también representa una religión cuyo mandato central es amarnos los unos a los otros como Él nos ha amado. La existencia de curas pedófilos es una tristísima comprobación de la extrema degradación a la que puede llegar el ser humano porque mientras con una mano alza el cáliz para adorar a Dios, con la otra está clavando en la cruz a un inocente niño.

    El papa Francisco, en varias ocasiones, condenó con firmeza a los curas pederastas a quienes calificó como “doctores de la muerte”, no solo por haber traicionado su misión sacerdotal, sino por provocar tanto daño psicológico y físico a niños y adolescentes confiados a su custodia y educación.

    El tema cobró actualidad local debido a una investigación periodística en torno a cinco sacerdotes argentinos acusados en su nación ante la justicia por abuso sexual de menores y que encontraron refugio en nuestro país con una poco clara tolerancia de parte de algunos obispos. Aunque no fueron nombrados párrocos ni ocuparon cargos en organizaciones eclesiásticas, estos curas acusados de pedofilia y con pedidos de extradición por parte de la justicia argentina desempeñaban algunas funciones específicas de sacerdotes como la celebración de misas y la administración de los sacramentos.

    Desde fuera de la estructura jerárquica de la Iglesia resulta extremadamente difícil comprender cómo es posible que algunos obispos hayan permitido el ejercicio sacerdotal a sabiendas de que tales personas fueron acusadas de pedofilia y son requeridas por la justicia para rendir cuentas de sus actos.

    Lastimosamente, el manto de silencio y encubrimiento ha estado presente en muchos casos y en diversos países para evitar la difusión y el sometimiento a la justicia de sacerdotes acusados de abuso de menores en guarderías, seminarios, colegios, parroquias y movimientos juveniles. Era y es bastante común que cuando se denuncia a algún sacerdote por la comisión de estos delitos, simplemente se los traslada a otras localidades o se los envía a otros países cuando por ética, por su fe cristiana y por exigencia de la ley deberían quedarse en sus lugares de trabajo y enfrentar los cargos que se les imputan. La justicia debe aplicarse a todos los ciudadanos, incluyendo a los sacerdotes.

    Así como la sociedad y la Iglesia reclaman el fin de la impunidad ante tanta corrupción en la administración pública, con igual intensidad deberíamos exigir el fin de la impunidad para los curas pedófilos.

    No estamos hablando de una travesura o alguna falta menor. La esencia de la vocación sacerdotal consiste en difundir la palabra de Dios entre los hombres y promover el mensaje de paz, amor y respeto a la dignidad de cada ser humano como hijo de Dios. Abusar sexualmente de un niño o adolescente es atrozmente contrario al ministerio sacerdotal y una brutal violación de los derechos de los indefensos menores.

    Es cierto que Dios misericordioso perdona a los pecadores, pero las víctimas de los pedófilos merecen y reclaman justicia aquí y ahora, en esta terrenal existencia.

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    Publicado por jotaefeb | 8 mayo, 2016, 8:37 am
  13. El compromiso ya es para todos

    Carlos Ibáñez sigue libre. Como hace casi 25 años. Deambula por las calles de nuestro país con la misma impunidad con la que arribó, escapando de la justicia de su país. Eludiendo de su responsabilidad por denuncias que no solamente tienen una carátula muy pesada, sino que traen detrás una carga emotiva importante para los 10 denunciantes, sus familias, y quién sabe cuántos más que callan el dolor por temor.

    Su llegada a nuestro país pudo haber sido maquillada por quienes protegiéndolo privaron a una comunidad, la de Bell Ville provincia de Córdoba, de intentar cerrar profundas heridas que quedaron tras los tristes incidentes que se conocieron a principios de los 90 en esa pequeña y conservadora población argentina, que se vio conmocionada por los hechos. Una cicatriz que sigue entreabierta luego de tantos años, al decir que sus pobladores que tienen a flor de piel y en la memoria, los capítulos de esta historia.

    La enseñanza llegó para esa comunidad. Talvez de la forma más infausta, ya que tuvieron que sufrir el dolor del engaño disfrazado de mensaje divino, de la omnipotencia de instituciones traducida en impunidad para los responsables, de sufrimiento extremo reflejado en el rostro de chicos. La peor expresión de la angustia se expresó abiertamente en esa localidad, tocando la puerta de humildes casas, y estremeciendo hasta las lágrimas los corazones de inocentes.

    Tantos años después, con las publicaciones de La Nación Investiga, en Bell Ville tuvieron que revivir este pasado doloroso, lo que significó una oportunidad más para recordar lo inolvidable, e intentar buscar una vez más, respuestas que originalmente no fueron satisfactorias; sino muy por el contrario, siempre estuvieron cargadas de sentimientos de impotencia y arbitrariedad.

    Para nuestra sociedad también se plantea un nuevo escenario, quizá algo opacado por las discusiones de presunta censura y de luchas de poder, cuando en realidad también debiéramos analizar las implicancias de esta cuestión. La manera en la que el silencio sigue siendo la tónica, cuando estamos hablando de una persona que basó toda su historia en mentiras para posicionarse en el sitio en el que se encuentra, dentro del plano eclesial y académico.

    Al margen de ese debate que fue amplio y continúa, el objetivo de este razonamiento es agregar otro factor al análisis global del tema: la participación de la gente. Hasta el momento fue muy pálida y limitada. En parte se comprende esta reacción por la fuerte base conservadora de la sociedad que teme exponer sus experiencias, para nada agradables. También influye el descrédito de las instituciones de nuestro país.

    El control social debe ser un elemento clave para fortalecer acciones que buscan desvelar situaciones que son denigrantes. La fuerza de la masa hará que se tengan mayores elementos para que los organismos que deben accionar comiencen a hacer su tarea. A la vez servirá como plataforma para que se eliminen las manzanas podridas de los organismos que destruyen la credibilidad de las instituciones.

    Para alcanzar este objetivo es clave que la gente se empodere de estos escenarios, asuma un rol protagónico y sea consciente que su fuerza es la que va a llevar a concretar efectivamente los cambios que se necesiten en la sociedad. Si esta transformación no se efectiviza, los discursos de líderes prestigiosos o las iniciativas que intenten encontrar respuestas terminarán como grandes enunciados, cargados de emoción, pero vacíos de eficiencia.

    Ibáñez es la referencia del momento porque su caso es conocido y generó indignación. Existen muchos otros que debieran estar bajo la atenta mirada ciudadana. El compromiso es de todos, el beneficio ayudará a construir un país mejor. Así funcionará esta historia.

    Por Pablo Noé

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    Publicado por jotaefeb | 7 mayo, 2016, 7:29 am
  14. ¡La Iglesia tiene el pene parado!

    Por Eduardo Quintana

    El gran filósofo e historiador Murray Rothbard aseguraba que la libertad de expresión y de prensa solo podrían disfrutarse si se respetaban los derechos de propiedad, ya que aquellas eran una extensión de esta. Ningún Estado nacional debería poner frenos a todo aquel que, utilizando su propiedad o los medios de otros de manera voluntaria, ejerciera la crítica, el análisis, la investigación o la opinión. Entonces, ¿por qué criticar la decisión del Grupo Cartes de censurar una investigación propia, justo el Día del Periodista paraguayo? El Grupo La Nación tiene el derecho de publicar o no lo que quiera, lo ampara el artículo 26 de la Constitución, que es innegociable para una sociedad civilizada; aunque el artículo 28 hable acerca del derecho a informarse “veraz y ecuánimemente”.

    El problema no es legal, va mucho más allá. La censura de La Nación, presionada por la Iglesia católica, es el resultado de una sociedad todavía antidemocrática, amiga del silencio, cómplice de la injusticia, con una clase gobernante mafiosa y peligrosa y con un empresariado pacato e inculto que no se adapta al siglo XXI cambiante. “Un censor que dicta una prohibición es como un hombre que trata de impedir que el pene se le ponga erecto”, afirma el premio nobel de Literatura John M. Coetzee, escritor y lingüista, acerca de los que impiden que el pensamiento fluya de manera directa. La Iglesia demuestra tener el pene erecto todos los días. Los periodistas de investigación de La Nación desenmascararon, una vez más, el encubrimiento de los crímenes de pederastia, es decir, violencia sexual contra menores de edad, por parte de la alta jerarquía católica local. En Paraguay, como en muchos otros países, los sacerdotes violadores son protegidos por sus pares. En vez de ponerlos a disposición de la justicia, los curas que son denunciados por acoso o violación son enviados a otras parroquias, de otras ciudades o países, para que pasen desapercibidos y sigan cometiendo sus fechorías. En este caso particular, los curas denunciados fueron bien recibidos por sus colegas paraguayos. ¡Por varios años!

    No nos extraña que la ICAR quiera censurar, no solo la publicación, sino también las investigaciones en su contra. En sus dos mil años de historia, esta rama del cristianismo persiguió, hostigó, censuró y asesinó en nombre de sus dogmas, de sus creencias o de sus autoridades. Galileo tuvo que retractarse de sus ideas revolucionarias, luego de la censura de la Iglesia. A Giordano Bruno le fue peor, porque, además de la censura y la cárcel, murió quemado en la hoguera por faltar al “respeto” a las ideas retrógradas de esta religión. Miles de personas durante estos dos milenios sufrieron censura y muerte a causa de la demencia de los católicos, que se creen portadores de la “verdad absoluta”.

    Pero la verdad no es algo que podamos portarla o meterla en una caja, ni siquiera es absoluta. Gustavo Romero, científico y filósofo de la Universidad de La Plata, sostiene que “La verdad no es algo que esté ahí afuera en la naturaleza. Lo que hay son enunciados verdaderos acerca de las cosas… Lo que podemos decir es cuán bien una cierta proposición se corresponde a lo que sabemos del mundo de acuerdo a la evidencia disponible”. Y la evidencia estuvo a favor de los colegas de La Nación. Por eso, ABC Color y otros medios se aplazaron al censurar, aunque sea por un rato, la información sobre la censura. ABC se olvidó de la gran investigación contra curas pederastas en el 2003, que también costó persecución a los periodistas que valientemente se enfrentaron a una Iglesia soberbia y corrupta. Si ABC no defiende los principios de libertad que pregona, ¿por qué le muestra a la sociedad lo mal que funciona este gobierno?

    La Iglesia es oscura desde su origen, y aunque Francisco procure cambios, su esencia está intacta. Allí está el problema, porque mientras el Grupo Cartes censure la publicación de estos temas, habrá niños, jóvenes y adultos que estarán en el silencio, aguantando humillaciones y violencia de sacerdotes, desamparados por una sociedad que prefiere la religión a los derechos, la absolución eterna a la vida real, el dogma a la libertad.

    De todas formas y aunque quiera ocultarlo, forzando censuras, la Iglesia sabe que tiene el “pene erecto”, y que tarde o temprano alguien lo nota y publica magistrales trabajos, como el de “Iglesia oscura”. No hay que esperar otros dos mil años para darnos cuenta de eso.

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    Publicado por jotaefeb | 3 mayo, 2016, 5:43 am
  15. Libertad de prensa, compromiso de todos

    Informar sin más condición que decir la verdad ha enfrentado siempre a la prensa con el poder. El Paraguay es un estado laico. Y si ninguna verdad debiera someterse al poder político, tampoco debería hacerlo ante ninguna religión. So pena de volver al oscurantismo medieval.
    Los 27 años de libertad que nos estamos dando como sociedad a partir de febrero de 1989 constituyen un compromiso. La libertad es un tronco muy grande, que se abre en muchos bra­zos que se han ido consolidando con el paso del tiempo. Una de esas ramas, y no la menos importante, lleva el nombre de libertad de prensa, frase que encierra todas las variables con­templadas en la Constitución de 1992: libertad de expresión y de impresión, de difusión del pensamiento y de opinión, sin censura previa y sin más limitaciones que las impuestas por la propia carta magna. Hay un segmento de este articulado, referido a los medios masivos de comunicación, que define: “Los periodistas de los medios masivos de comunicación so­cial en cumplimiento de sus funciones, no serán obligados a actuar contra los dictados de su conciencia”.

    Estas libertades son constantemente puestas a prueba y cuan­do las tensiones son llevadas a un extremo, frecuentemente aparecen las grietas y las rajaduras en el sistema que nos di­cen que nada es tan sólido como aparenta ni como quisiéramos que sea.

    No sería lícito decir que durante este lar­go cuarto de siglo de transición hacia el afianzamiento de la República no haya­mos experimentado serios embates con­tra la libertad de in­formar. Ni tampoco sería prudente afir­mar que el reciente caso de La Nación sea el único, o el último, ni siquiera el más im­portante como amenaza contra el libre ejercicio del periodis­mo. Pero lo cierto es que tiene todos los componentes de un acto de autocensura que detuvo en forma instantánea las pu­blicaciones que el medio estaba haciendo sobre casos de cu­ras acusados de abuso de menores. El equipo de periodistas que conducía la investigación se vio atado de pies y manos, amordazado e impedido de continuar su tarea por orden de sus directores. Algunas voces llamaron a la sensatez diciendo que al dueño de un medio masivo de comunicación lo asiste el derecho de decidir qué se publica y qué no se publica. Suena razonable. Pero este derecho no es absoluto porque quien di­rige un medio masivo de comunicación y tiene en sus manos información de alto interés público –y de nivel crítico como lo son los casos de pederastia dentro de la Iglesia Católica-, ve recortado ese derecho por el compromiso asumido de decir siempre la verdad y de actuar con libertad. Se puede, natu­ralmente, renegar de ese compromiso, pero en ese caso será perfectamente justificable que quienes seguían al medio en cuestión le den la espalda en busca de información de origen más confiable.

    La tarea de informar sin más condición que decir la verdad ha enfrentado siempre a la prensa independiente con el poder. Y la Iglesia Católica ha sido siempre uno de los más fuertes. Pero el Paraguay ha asumido, como República, su condición de estado laico. Y si ninguna verdad debiera someterse al po­der político, tampoco debería hacerlo ante ninguna religión. So pena de volver al oscurantismo medieval.

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    Publicado por jotaefeb | 2 mayo, 2016, 2:34 pm
  16. Dios, el párroco y la censura
    01 May 2016

    Enrique Vargas Peña, Periodista

    Aurelio Martínez, párroco de Yatytay, me dijo el viernes, en la 970 AM, que está pidiendo la renuncia del presidente Horacio Cartes porque se lo pide su dios y que la amonestación que le hizo el obispo de Itapúa Francisco Pistilli por ese pedido es de menor alcance que la instrucción del papa Francisco de retomar el don profético de los sacerdotes en la iglesia cristiana (http://bit.ly/1Tj576T).

    No voy a entrar en este artículo en el insondable misterio de un dios que habla con un párroco de Paraguay para pedirle que exija la renuncia del presidente de la República habiendo tantos problemas más graves en el planeta que tal dios podría resolver si se metiera a revisar los asuntos de este mundo como está indudablemente en el poder hacer de una entidad omnipotente, omnisciente y omnipresente como dicen que es ese dios. Según Martínez, su dios se inmiscuye en Paraguay pero es obvio que no soluciona los otros asuntos.

    Si tal dios se dedicara a pedir la renuncia del presidente Horacio Cartes mientras olvida las guerras, los terremotos, las enfermedades, habría que preguntarse seriamente si dicho dios existe realmente o es un invento para buscar poder.

    Pero no voy a entrar en ese insondable misterio.

    Cualquier persona que dedique un tiempo razonable a entender la manera en que la iglesia cristiana viene funcionando desde su creación sabe que ella no es una democracia, sino una institución jerárquica y vertical en la que se castiga con particular dureza la desobediencia.

    En la iglesia, dice el canon 209, todos, absolutamente todos “Los fieles están obligados a observar siempre la comunión con la Iglesia, incluso en su modo de obrar”; en la iglesia, dice el canon 273, todos, absolutamente todos “Los clérigos tienen especial obligación de mostrar respeto y obediencia al Sumo Pontífice y a su Ordinario propio”.

    Solamente con autorización del obispo pueden los sacerdotes entrar en la discusión política, según lo autoriza el canon 287, inciso 2 (–los clérigos– “No han de participar activamente en los partidos políticos ni en la dirección de asociaciones sindicales, a no ser que según el juicio de la autoridad eclesiástica competente, lo exijan la defensa de los derechos de la Iglesia o la promoción del bien común”).

    Los párrocos están especialmente sometidos en la iglesia a la autoridad del obispo según se lee en el canon 519 (“El párroco es el pastor propio de la parroquia que se le confía, y ejerce la cura pastoral de la comunidad que le está encomendada bajo la autoridad del Obispo”) y aun cuando los párrocos pertenezcan a algún instituto de vida consagrada, como por ejemplo la orden del Verbo Divino a la que pertenece Aurelio Martínez, siempre estarán bajo la autoridad del obispo, según lo explica el canon 520 inciso 2 “mediante acuerdo escrito entre el Obispo diocesano y el Superior competente del instituto o de la sociedad”.

    Aunque lo quiso minimizar el obispo Pistilli cuando le consulté en la 970 AM, los curas pertenecientes a los institutos de vida consagrada también están sometidos al régimen de obediencia, como lo establece el canon 590 inciso 2 (“Cada uno de sus miembros está obligado a obedecer al Sumo Pontífice, como a su Superior supremo, también en virtud del vínculo sagrado de obediencia”).

    Solo el papa de Roma puede “eximir a los institutos de vida consagrada del régimen de los Ordinarios del lugar, y someterlos exclusivamente a sí mismo o a otra autoridad eclesiástica” (canon 591).

    Esta relación del principio de obediencia en las normas organizativas de la iglesia muestra, al menos para los que no quieren ser ciegos, que no existe chance alguna de que un párroco pueda ingresar a la discusión política sin la aquiescencia de su obispo, pues se expone a perder no solamente su lugar en la sociedad, sino su mismísimo modo de vida (Canon 1371 “Debe ser castigado con una pena justa: 1 quien, fuera del caso que trata el ⇒ c. 1364 § 1, enseña una doctrina condenada por el Romano Pontífice o por un Concilio Ecuménico o rechaza pertinazmente la doctrina descrita en el ⇒ c. 752, y, amonestado por la Sede Apostólica o por el Ordinario, no se retracta; 2 quien de otro modo desobedece a la Sede Apostólica, al Ordinario o al Superior cuando mandan o prohíben algo legítimamente, y persiste en su desobediencia después de haber sido amonestado”).

    Luego, la activa participación de Aurelio Martínez en la discusión política pidiendo la renuncia de Horacio Cartes, que no es un caso único ni mucho menos –véase la participación de Francisco Oliva en las manifestaciones antigubernamentales–, difícilmente pueda haberse realizado sin conocimiento y sin aquiescencia del obispo Pistilli y el hecho de que el obispo haya impuesto a Martínez una mera amonestación mueve a pensar que el párroco podrá seguir desarrollando su discurso, como desde luego dijo que haría.

    Y esto, a su vez, mueve a pensar que en la Conferencia Episcopal Paraguaya hay un grupo de sus miembros que pretende encubrir a sus párrocos que se esfuerzan en influir en el electorado, “porque dios les pide”, en una dirección contraria a Horacio Cartes.

    Hay que recordar que la Conferencia Episcopal apoyó las manifestaciones antigubernamentales de las últimas semanas (http://bit.ly/23HTj5s).

    Que quede perfectamente claro, pero perfectamente claro, que no solamente no discuto, sino que reivindico la participación política de la iglesia cristiana, participación que la caracteriza desde que el obispo Eusebio empezó a alentar la toma total del poder por parte del general Flavio Valerio Aurelio Constantino ya en el año 312 de la ahora denominada “era cristiana”.

    Lo único que estoy señalando es que en la iglesia cristiana no hay una cosa tal como acciones autónomas de sus agentes.

    Y lo que reclamo es que la participación política de la iglesia se haga en forma abierta, para no aprovecharse tanto de ese gran número de personas que ella misma ha mantenido en la credulidad más obscena para hacerle pensar que lo que dicen los párrocos es “palabra de dios”, un dios al que han hecho temer con el anuncio de castigos eternos post mortem.

    Por eso entendiendo perfectamente el temor que puede tener la propietaria del diario La Nación cuando le insinúan, le sugieren, que una investigación que muestra en toda su magnitud la política eclesiástica de protección a curas abusadores puede aumentar todavía más de lo que ya está la inclinación de los obispos hacia la oposición al gobierno de su hermano.

    No comparto el temor, pero lo entiendo perfectamente.

    A mi modo de ver la censura de la investigación sobre la política eclesiástica de protección a curas abusadores tiene el mérito de haber permitido a la sociedad paraguaya comprender cabalmente que la iglesia cristiana es un poder fáctico que no admite críticas (http://bit.ly/1pTqHaf) (http://bit.ly/1O4nvyD) y que es capaz de cualquier extremo para proteger su modus operandi.

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    Publicado por jotaefeb | 1 mayo, 2016, 4:55 pm
  17. Libertad, integridad y responsabilidad
    01 May 2016

    Resulta increíble que, al respecto de la interrupción de la publicación de la serie de notas caratulada como “Iglesia oscura”, tras cuatro días de publicación, desde el viernes 22 hasta el lunes 25 de abril, con excepcional destaque periodístico, se hable de censura de parte del directorio del Grupo Nación de Comunicaciones; es igualmente absurdo que la prohibición haya sido bajo presión de autoridades de la Iglesia Católica paraguaya, ya que en las páginas de este diario, inclusive en destacado título de tapa, se han publicado declaraciones de referentes oficiales de la jerarquía eclesiástica pidiendo perdón y comprometiendo “tolerancia cero” a los abusos de sacerdotes contra menores, en línea con la posición establecida por el papa Francisco; declaraciones que han sido publicadas igualmente por otros medios.

    No está demás recordar, al respecto de esta causa, que este grupo ha presentado como preestreno nacional el filme “Spotlight”, cuyo tema central es la denuncia de estos abusos.

    Las investigaciones, reportajes, informaciones que se producen y se publican están, desde luego, como es normal en todo medio, en conocimiento de los editores y de la dirección de la empresa, y no puede ser de otra manera, ya que es sobre la dirección que recae la responsabilidad que establecen nuestra Constitución y nuestras leyes. Es decir, que la publicación salió desde un principio con consentimiento institucional, no como una iniciativa particular, que es, sin dudas, importante para el emprendimiento periodístico.

    Corresponde a esta dirección garantizar tanto la libertad de la publicación de información de interés público, como la contraparte, la integridad de la información y las garantías de los afectados, como establece el artículo 28, del derecho a informarse, de nuestra Constitución: “Se reconoce el derecho de las personas a recibir información veraz, responsable y ecuánime” y “toda persona afectada por la difusión de una información falsa, distorsionada o ambigua tiene derecho a exigir su rectificación o su aclaración…”.

    El domingo 24 este diario recibió un pedido de derecho a réplica que, como es consecuente, fue publicado el martes 25, que dejaba lugar a la duda de cierto rigor en la inculpación de algunos protagonistas, lo que obligó a conceder la réplica y las disculpas correspondientes al Nuncio Apostólico, a considerar la necesidad de interrumpir la publicación dada la circunstancia.

    De hecho, fueron varias las autoridades eclesiásticas que cuestionaron la desinformación, como luego tuvieron que aclarar que no ejercieron ningún tipo de presión para evitar las publicaciones que, de haber sido su intención, lo hubieran hecho desde el inicio de la serie.

    Efectivamente, la desinformación prosiguió con la denuncia de presión de los prelados y la aceptación de esta dirección de la censura que, de haber existido, hubiera sido planteada desde el inicio de la publicación y no cuando estaba avanzada, difundida y había adquirido amplio estado público.

    De nuevo, en la campaña desatada posteriormente por algunos medios, gremios y periodistas, se volvió a incurrir en el error de falta de “información veraz, responsable y ecuánime”.

    Los prelados que han hecho reclamos y precisiones necesarias, tanto en este como en otros medios, han ejercido su derecho.

    Las acusaciones públicas de censura y de presión para censurar, como es fácil constatar en los hechos y en las páginas impresas, no son sino desinformaciones.

    La dirección ha ejercido su obligación de cautelar los derechos de “toda persona afectada por la difusión de una información…” que la Constitución obliga a garantizar.

    Tal como se anuncia en nuestra edición de ayer, desde hoy se pueden ver los resultados de la investigación en cuestión en tv.lanación.com.py.

    Tal como esta dirección ha anunciado desde la asunción al frente del Grupo Nación de Comunicaciones, la política es publicar información amplia, por conflictiva que pueda ser, con absoluta libertad, pero también con responsabilidad, garantizando la integridad, en el sentido estricto: que contenga todas sus partes esenciales. Es decir, libertad, integridad y responsabilidad.

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    Publicado por jotaefeb | 1 mayo, 2016, 4:54 pm
  18. El nuncio inoportuno

    Por Paula Carro

    “La depredadora, la opresora; la pérfida, la falaz, la rapaz, la felona; la aberrante, la inconsecuente, la incoherente, la absurda; la cretina, la estulta, la mamarracha; la autocrática, la despótica, la tiránica; la católica, la apostólica, la romana; la jesuítica, la dominica, la del Opus Dei; la concubina de Constantino, de Justiniano, de Carlomagno; la solapadora de Mussolini y de Hitler; la ramera de las rameras, la meretriz de las meretrices, la puta de Babilonia, la impune bimilenaria tiene cuentas pendientes conmigo desde mi infancia y aquí se las voy a cobrar”, Fernando Vallejo, “La puta de Babilonia”, Editorial Planeta, año 2007.

    A Eliseo Ariotti, representante del papa Francisco en Paraguay, le debemos que la semana del libro y también del periodista haya sido bastante atípica. No a cualquiera se le hubiese ocurrido solicitar la censura de una investigación que desnuda la complicidad y el encubrimiento de delincuentes sexuales dentro de la Iglesia, justo en el día en que se homenajea el “mejor oficio del mundo”, como dijo Gabriel García Márquez alguna vez.

    Días antes, un diario local había comenzado la publicación de una investigación periodística que revelaba cómo la Iglesia paraguaya con la complicidad de sus más altas autoridades había acogido al cura argentino Carlos Richard Ibáñez Morínigo, quien huyó de su país para evitar someterse a la Justicia, por el abuso sexual de más de cien niños.

    Contra el cura no solo se dictó orden de captura internacional, sino que hasta estuvo preso en la cárcel de Tacumbú, antes de ser “socorrido” por sus amigos paraguayos.

    Sin entrar en detalles acerca de la probada evidencia que existe en la región y en todo el mundo de que dentro de la Iglesia casos como este no son aislados, sino más bien una práctica repetida y encubierta a lo largo de la historia, la investigación era contundente.

    Aun así, abruptamente el 26 de abril de la semana que pasó se interrumpió la publicación y no tardó en trascender la razón: Ariotti intervino y los dueños del medio accedieron a la solicitud de censurar la investigación.

    Como no hubo manera de contener el estallido de indignación en las redes sociales y también en algunos medios de comunicación, el nuncio tuvo que salir a dar la cara y una escueta explicación; entre otras cosas dijo que “no era oportuna la publicación” (entonces, ¿cuándo?), “no les pasaron antes los documentos” (¿con qué objeto?), “depende de la persona involucrada ponerse a disposición de la justicia” (¿y si no quiere?).

    No hubo mucho que celebrar el 26 de abril, pero hoy podemos agradecer haber sabido, cuando menos, los nombres de los responsables del ocultamiento, como evidencia de que la verdad emerge a la superficie por su propia fuerza, y que es y será cada vez más difícil contenerla.

    Siempre hubo y habrá personas e instituciones con intereses mezquinos que intenten censurar, ocultar, negarle a la ciudadanía el derecho a informarse, incluso con excusas tan torpes e insuficientes como las que esbozó el nuncio. Pero frente a ellas está el pensamiento crítico, la curiosidad, la sed de informarse y de conocer la verdad, que pueden recordarle a cualquier personaje de discurso medieval que sus palabras, en los tiempos actuales, resultan harto inoportunas y extemporáneas.

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    Publicado por jotaefeb | 1 mayo, 2016, 4:43 pm
  19. Lógica privada y marketing

    La orden de parar una investigación en un periódico de su propiedad a pedido de una institución poderosa como la Iglesia Católica. Lanzar improperios y descalificaciones a quienes, como las organizaciones campesinas, osan reclamar. Creer que los datos estadísticos favorables que proporcionan los ministros son suficientes para tapar cualquier deficiencia. Son actitudes que se inscriben dentro de la lógica del que “manda” y no admite réplica.
    El presidente Horacio Cartes piensa aún, a esta altura, que los desaciertos de sus ministros, allegados o parientes no lo afectan. Quiere creer que solamente las actividades oficiales, en las que aparece inaugurando o anunciando obras, inversiones y proyectos se le deben adjudicar.

    Hace unos meses, el mandatario reveló lo que opinaba sobre el periodismo y los periodistas: “A los 60 años no se empieza a trabajar. El que no trabajó nunca, no va a trabajar nunca más”, dijo refiriéndose al entonces periodista y ahora intendente asunceno Mario Ferreiro.

    El Día del Periodista, publicó en su Twitter “Mi abrazo al periodismo paraguayo en su día y respetos ante su misión extraordinaria”.

    ¿Qué habría que creer? ¿Lo que fue una reacción espontánea o la frase que seguramente escribió un asesor puntilloso? No hay margen para la duda.

    Tal vez nada pinta mejor cuál es la consideración que tienen el presidente y su entorno sobre la labor de la prensa que la decisión de comprar varios medios de comunicación con fines evidentemente propagandísticos.

    Aplicaron la misma lógica de cuando el “empresario y dirigente de fútbol exitoso” necesitó una estructura partidaria para poder presentar su candidatura a la presidencia: había que “invertir” para lo que hiciera falta.

    Ahora, cuando se les presentó el “problema” de que algunos de “sus” periodistas afectaron con una investigación a ciertos amigos con los que mejor estar bien, la salida fue suspender lo que se estaba publicando. ¿Y la libertad de prensa y el derecho a la información que resguarda la Constitución? Bien, gracias.

    El reclamo de campesinos y cooperativistas motivó que el presidente tildara a los agricultores de sinvergüenzas y haraganes. Una reacción no esperable en alguien que debe gobernar buscando el consenso con todos los sectores.

    La manifestación amenazaba extenderse en forma indefinida, pero era imposible que una protesta llevada adelante por gente humilde y desesperada se mantuviera mucho más tiempo sin que hubiera un organismo que la sostuviera económicamente. Los cooperativistas no podían hacerlo más sin afectar sus intereses.

    No obstante, el hecho de que los campesinos hayan dejado la Capital con una solución a medias de sus reclamos solamente difiere el problema para más adelante. No ha habido una propuesta de fondo porque, evidentemente, el Gobierno no tiene una estrategia para los pequeños agricultores y solamente está en condiciones de ofrecer parches y “patear” la cuestión al futuro.

    En una reciente disputa verbal con el expresidente Nicanor Duarte Frutos, Cartes desafió a comparar datos estadísticos para ver qué gobierno hizo más en todas las áreas. El mandatario cree que las cifras le favorecen “por goleada”. Si se refiere a la de la deuda pública, por ejemplo, está en lo cierto. Seguramente, no alude ni por asomo a los números que arrojan las encuestas de percepción ciudadana, que le proveen periódicamente.

    Cartes está en la función pública con la mirada de alguien que maneja la lógica del campo privado. Su frase aquella de que “lo público es público” es, como otras que se lanzaron en esta administración: simplemente marketing. Como esas publicidades de productos que prometen más de lo que en la práctica realmente dan.

    Por Marcos Cáceres Amarilla

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/logica-privada-y-marketing-1474838.html

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    Publicado por jotaefeb | 1 mayo, 2016, 4:19 pm
  20. ¡Mentirosos y encubridores!

    A nadie le sorprende que un político mienta, sobre todo en tiempos electorales, cuando hacen todo tipo de promesas a sabiendas de que las van a incumplir inexorablemente. Estamos tan acostumbrados a esto como a que los funcionarios públicos sean corruptos, lo cual es muy malo por cierto. Pero no estamos preparados para que la más alta jerarquía de la Iglesia Católica quiera engañarnos de manera tan escandalosa como intenta hacerlo en el caso que involucra a un pedófilo múltiple, Carlos Ibáñez, al que brindaron protección por más de dos décadas, a lo largo de las cuales ejerció campantemente el sacerdocio.

    Ayer, nuevamente, uno de los obispos dio cátedras de hipocresía al “alentar” las publicaciones contra curas acusados de cometer abusos sexuales a menores. Se trata de monseñor Adalberto Martínez, quien sin embargo pasó por alto dos “pequeños detalles”: Él era párroco de San Lorenzo cuando Ibáñez fue recibido allí con los brazos abiertos y después ocultó graves denuncias que a él le presentaron contra dicho clérigo hace ya varios años.

    Martínez ahora nos cuenta que “son casos muy tristes de personas consagradas que juraron ante Dios cuidar el rebaño y se conviertan en depredadores de menores”. Si de verdad pensara así, ¿por qué entonces no movió un solo dedo cuando recibió tan graves denuncias? Y hay más, porque no satisfecho con mentir a los paraguayos, también le mintió al representante del Vaticano en nuestro país, el Nuncio Apostólico Eliseo Ariotti, quien tiempo atrás le consultó sobre el sacerdote argentino y él le respondió que nada sabía de esa persona.

    Haciendo gala de una proverbial hipocresía, monseñor Adalberto afirmó que “la Iglesia está a favor de investigaciones de este tipo, que sean serias, estén bien fundamentadas y documentadas”. La verdad, tanto cinismo, espanta. Y lo mismo pasa con el Arzobispo de Asunción, Monseñor Edmundo Valenzuela, a quien también recurrieron los denunciantes a los que Martínez les había dado la espalda, pero tampoco hizo nada al respecto, salvo mentirle a Ariotti del mismo modo que hizo su colega de la Conferencia Episcopal Paraguaya.

    Como señalamos en el editorial de ayer, “si la cabeza anda mal, al cuerpo le irá peor”. Y en efecto es así como lo demostró el sacerdote Aurelio Martínez, de la parroquia de Yatytay, Itapúa, quien a los gritos instó al pueblo paraguayo a que exija la renuncia del presidente Horacio Cartes y le declare la guerra a su gobierno, tal como consta en el video difundido en la víspera ampliamente por los medios de prensa.

    Consultado al respecto, el ahora “exigente” obispo Martínez manifestó que la arenga en cuestión no fue apropiada, ya que los curas no deben intervenir en cuestiones políticas, por lo cual corresponde que sea amonestado por su superior, el obispo de Encarnación Francisco Pistilli.

    Definitivamente, el hombre goza de muy mala memoria, sobre todo en lo relativo a hechos que no conviene a los intereses de la jerarquía católica. ¿Acaso no recuerda que Fernando Lugo, un obispo, no un sacerdote de Yatytay, hizo política por años y se lanzó a la presidencia de la República con el apoyo indisimulado de sus colegas?. ¿No sabe que muchos miembros del episcopado hoy adhieren abiertamente a un segundo mandato de aquel siniestro personaje, ni que los templos nuevamente son plataformas al servicio de dicho proyecto?

    Estos hechos no son más que muestras dolorosas de cuán extraviados están los obispos del Paraguay. Por un lado, protegieron a un criminal que abusó de menores y mienten alevosamente al respecto, dejando de lado el octavo mandamiento, y por el otro se embarcan una y otra vez en proyectos políticos, ofreciendo así un panorama sencillamente horroroso.

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    Publicado por jotaefeb | 30 abril, 2016, 11:08 am
  21. “Iglesia Oscura”
    28 abril, 2016
    Por Mariano Nin

    La censura periodística no es buena. Siempre digo que es una forma de corrupción. Horacio Cartes lo tenía todo. Dinero, amigos y hasta la Presidencia de un país. Fue entonces cuando se dio cuenta que podía, incluso, aumentar su poder. Así, el grupo Cartes adquirió un holding (La Nación, Crónica, las radios 970 AM y Montecarlo FM y el diario digital Hoy) y contrató un poderoso plantel.

    Lo que no entendió el Presidente es que puede comprar varios medios e incluso contratar buenos profesionales, pero la mayoría mantendrá su conciencia independiente, porque de eso se trata la libertad de informar. Sus funcionarios se organizaron e inmediatamente hurgaron en un primer caso. Fue así cómo revelaron que al menos cinco sacerdotes argentinos acusados de abusos a menores se ocultaron por años en Paraguay, mientras eran buscados por la Justicia argentina y protegidos por la Iglesia paraguaya.

    No le gustó a la Iglesia, una de las instituciones más poderosas del mundo y quizás la más influyente. Funcionarios del Diario La Nación revelaron que fueron censurados, obligados a detener la investigación por orden superior. Nuevamente, la interminable lucha entre la impunidad y la necesidad de terminar con los abusos.

    La Iglesia se mantiene crítica ante los reclamos sociales en un país convulsionado por las desigualdades y marcado por la corrupción de sus autoridades. No es bueno un enfrentamiento con los curas y Cartes lo sabe. Es lo que menos necesita el Gobierno en este momento.

    Irónicamente, Cartes mandaba un mensaje justo en el día en que estallaba el escándalo y se celebraba el día del periodista: “Un país se construye con el ejercicio de la verdad. Mi abrazo al periodismo paraguayo en su día y mis respetos ante su misión extraordinaria”. La misión extraordinaria, Señor Presidente, es que la gente sepa la verdad y se haga justicia… son los preceptos básicos del periodismo y lo que proclama la Iglesia.

    Que cada cual solucione sus problemas, no se puede ser más papista que el Papa.

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    Publicado por jotaefeb | 30 abril, 2016, 8:35 am
  22. Y acá vamos… entre balazos y censura
    29 abril, 2016
    Por Sergio Etcheverry

    Semana movidita esta, que arrancó ya el domingo a la tarde con el asesinato del intendente de Tacuatí y casi simultáneamente, el de una joven empresaria no muy lejos de allí. Lo de la joven parece que se va por el lado comercial y lo del intendente, por el lado político: aparentemente su triunfo en las internas y posteriormente su asunción como intendente habría molestado a sus rivales, por lo que decidieron solucionar expeditivamente el tema.

    Otros concejales estarían metidos en el mortal contubernio; incluso se menciona la existencia de un papel, firmado hace muchos meses, donde se hablaba de quién asumiría la intendencia en el 2016 (dando como un hecho el “alejamiento” del titular).

    Terrible situación atravesamos, en la que las diferencias políticas se dirimen a los balazos. Como amarga frutillita del postre, a los ciudadanos ya casi no se nos mueve el pelo cuando leemos las noticias de esos lugares y nos limitamos a comentar el muerto del día o la cantidad de balazos que recibió el “ajusticiado” o “caído en desgracia” de turno. Las autoridades, normalmente, se limitan a mencionar que “la violencia impera en esos lugares” y alguno hasta ha hablado de “un poder paralelo” (como si fueran otros los que tiene que resolver el problema).

    Esta semana también, el gremio periodístico y gran parte de la sociedad se conmovieron por la censura que la Iglesia habría ejercido sobre un medio, para evitar la segunda parte de una investigación sobre curas pedófilos y su encubrimiento por parte de las autoridades eclesiásticas.

    El hecho no es nuevo, por supuesto: los intentos de acallar a la prensa vienen desde siempre, aunque en este caso no se ha sido tan elegante, ya que normalmente se limita a poner (o quitar) publicidad de algunos medios para que eviten ciertos temas. En este caso la sutileza faltó y en un tema especialmente sensible, choca más.

    Pero este no es país de sutilezas: hay personas que compran medios para que hablen bien de él ¿O me equivoco?

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    Publicado por jotaefeb | 30 abril, 2016, 8:34 am
  23. Dura vida de afuera
    30 abril, 2016
    Por Jorge Paredes

    Me considero un pecador más, pero con una fe profunda en la enseñanza de la doctrina cristiana y católica. Crecí en un seno familiar donde Cristo y la Virgen María forman parte de la vida. Luego, en la parroquia de Ñandejára Guasu de Piribebuy fui limpiador del templo, campanero, monaguillo, lector, monitor y servidor.

    Mi estudio secundario terminé en el colegio religioso Santo Domingo, de la misma ciudad. Pasé por el seminario menor San José durante el proceso de descubrimiento de la vocación; allí hice el curso propedéutico y, finalmente, pasé al Seminario Mayor Nacional. En todo ese tiempo me enseñaron que el camino de la fe es estrecho y empinado. Aprendí a vivir y practicar mi fe en Dios. Abandoné el seminario por decisión personal. Me acuerdo aún de las palabras del rector, de aquel entonces, padre Pedro Arriba (español): “afuera, la vida es dura”. Aún así, dejé mi estudio filosófico y teológico y continué la carrera de Filosofía en la Universidad Católica.

    Quería ser “un buen sacerdote” y la formación de aquel entonces, en el seminario mayor, no me convencía. Incluso manifestaba eso a mi superior (hoy es obispo). Fue entonces, al comienzo del año, cuando en la puerta de una habitación ya estaba escrito mi nombre en un papel para ocupar, tomé mis cosas y me retiré.

    Fui a instalarme en Caacupé, serví como lector en el equipo litúrgico del santuario de la Virgen, pero una vez más el interés mezquino y grupismo hizo que desistiera de seguir colaborando. Me llamaron a la parroquia local, donde seguí aportando mi granito de arena en el equipo litúrgico. Sin embargo, hoy continúa sonando en mi mente aquellas palabras del padre Arriba: “afuera, la vida es dura”.

    Realmente, es duro saber que la iglesia católica siga protegiendo, no solo a sacerdotes que abusan de menores sino también a curas que son responsables de destruir matrimonios, burlándose de su ministerio sacerdotal. La Palabra de Jesús hoy está tan vigente: ‘Ay de aquel que escandalice, más le valdría que le ataran una piedra de molino al cuello y lo arrojaran al mar”. ¡Qué dura advertencia!

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    Publicado por jotaefeb | 30 abril, 2016, 8:34 am
  24. Iglesia oscura, censura clara

    Por Andrés Colmán Gutiérrez

    El sacerdote argentino Carlos Ibáñez fue denunciado ante la Justicia por el presunto abuso sexual de diez jóvenes menores de edad, cuando era párroco de la iglesia Virgen de Fátima en Bell Ville, Córdoba, en 1991. Tras ser suspendido como cura por su obispo y ser procesado, desapareció de su país y apareció en Paraguay.

    Con orden de captura internacional, Ibáñez fue detenido en 1994 y trasladado a la cárcel de Tacumbú, donde estuvo preso 11 meses, esperando su extradición. La Justicia paraguaya rechazó el pedido y el cura quedó libre, creó empresas comerciales y, aunque estaba suspendido, la Iglesia Católica local le dejó oficiar misas durante más de una década. Llegó al colmo de participar en la misa del papa Francisco en Ñu Guasu, a metros del Pontífice, metiendo de contrabando a su socio comercial Ricardo Antar Morel entre los religiosos.

    Toda esta densa historia la pudimos conocer a través de #IglesiaOscura, una muy buena serie de reportajes realizados por el nuevo equipo de periodismo de investigación del diario La Nación, con reporteros que siguieron el rastro hasta Córdoba.

    Se anticipó que al menos otros 4 sacerdotes acusados de pederastia permanecían ocultos en Paraguay, protegidos por sectores de la Iglesia local, pero al cuarto día la serie se interrumpió abruptamente y los autores denunciaron que ya no se publicaría. Se confirmó que una llamada telefónica del nuncio apostólico del Vaticano, monseñor Eliseo Arietti, a la propietaria del diario, Sarah Cartes, hermana del presidente Horacio Cartes, fue determinante para detener la investigación.

    Hace rato que no se daba un caso tan flagrante de censura en la prensa paraguaya. Aunque hay quienes quieren responsabilizar principalmente al nuncio Arietti, la decisión de levantar una publicación es exclusiva de los directivos de un medio.

    En este oficio siempre hay presiones, pero es regla del periodismo investigativo no abordar un tema si no se está decidido a ir hasta el fondo.

    Lo ocurrido es un episodio grave, que ensombrece a todo el periodismo paraguayo. Suponíamos que un grupo editorial, ligado al actual presidente de la República, iba a tener problemas para encontrar temas que investigar, que no salpicaran a la actual gestión del Poder Ejecutivo, pero no esperábamos que iba a resultar tan vulnerable ante la presión de otro poder, como el de la Iglesia Católica, al punto de cercenar gravemente principios fundamentales del sistema democrático: la libertad de expresión y el derecho a la información.

    Es destacable la reacción del gremio periodístico, que promovió movilizaciones de protestas en las redacciones, incluyendo a los propios periodistas de La Nación, que exigieron por nota que se levante la prohibición. También es muy importante que obispos de la misma Iglesia Católica paraguaya condenen lo ocurrido y pidan que se siga publicando. En la puja entre el país oscurantista y el país de la libertad, esperamos que gane el de la libertad.

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    Publicado por jotaefeb | 30 abril, 2016, 7:29 am
  25. A monseñor no le gusta el cine

    Por Alfredo Boccia

    Si le hubiera gustado, se habría evitado el bochorno. Si fuera cinéfilo, habría ido a ver Spotlight, la película ganadora del Oscar y quizás hubiera actuado de otro modo.

    El filme cuenta la historia de un equipo de periodistas de investigación del diario Boston Globe que desenmascaró cómo la Iglesia Católica de Massachusetts había ocultado casos de abusos sexuales contra niños, perpetrados por distintos sacerdotes. Y quizás hubiera entendido que en los tiempos actuales no basta con una llamada telefónica para evitar la divulgación de hechos que deben ser conocidos. La sensibilidad ciudadana es alta por la percepción de que hay intención de encubrimiento.

    Como no sabremos nunca los términos de la conversación telefónica que culminó en el levantamiento de la investigación que se venía publicando sobre el caso del cura argentino Carlos Ibáñez, solo nos queda evaluar sus consecuencias. Si la intención fue tapar un escándalo, el resultado fue de una torpeza memorable. Una noticia que estaba siendo publicada en un solo medio, se convirtió en asunto tratado por todos los diarios, noticieros de radio y televisión y con repercusión en la prensa internacional. El interés por conocer detalles de las acusaciones se evidenció en las redes sociales.

    Con razón o sin ella, monseñor quedó como el instigador de la censura periodística. Y no pudo elegir un día peor: el Día del Periodista. El día que los periodistas se reúnen para evaluar los avatares de su profesión. Con lo que las manifestaciones de repudio se amplificaron a otras redacciones e incluso al Parlamento.

    Convengamos que las declaraciones posteriores de monseñor tampoco ayudaron a calmar los ánimos. ¿Qué es eso de que la publicación no era oportuna? ¿Cuándo lo sería? ¿Por qué deberían los periodistas mostrarle primero a él los documentos que tenían? ¿Por qué habría que esperar que el sacerdote “baje al laicismo” para que la justicia lo investigue?

    Con razón o sin ella, se ha transmitido la imagen de que los que menos importan en esta historia son los niños que sufrieron abusos por parte de sacerdotes pedófilos.

    Le sigue faltando a la jerarquía eclesiástica la voz firme, decidida y valiente que denuncie y separe de la institución a los que, arropados en sus sotanas, se aprovechan de los más vulnerables. El papa Francisco ha proclamado la necesidad de una transparencia que aquí no se vio.

    El medio que venía publicando la serie Iglesia Oscura ha corregido a medias su equivocada decisión editorial. La información es accesible en las páginas digitales. Los periodistas que no se callaron dieron una enorme muestra de valentía y profesionalidad. En cuanto a monseñor, habría que sugerirle que vaya con más frecuencia al cine.

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    Publicado por jotaefeb | 30 abril, 2016, 7:28 am
  26. ¡No somos idiotas!

    Un escándalo de vastas proporciones sacude nuevamente a la Iglesia Católica en el Paraguay y compromete seriamente a su más alta jerarquía, que habría brindado protección por espacio de más de dos décadas a sacerdotes argentinos procesados en su país por presuntos delitos de pedofilia. El hecho se hizo público a partir de una investigación formidable realizada por el diario La Nación, que primero motivó un inconsistente “pedido de perdón” de la Conferencia Episcopal Paraguaya (CEP) y luego una declaración del Arzobispo de Asunción, Edmundo Valenzuela, que solo puede calificarse como un insulto feroz a la inteligencia de los fieles católicos y de toda la ciudadanía. Según dijo, todo fue producto de “una inocentada” de la jerarquía, supuestamente “engañada en su buena fe” por los que en su momento evadieron la Justicia argentina, lo cual es una mentira descarada tan grande como la Catedral en la que el prelado metropolitano celebra misa. Veamos por qué.
    Según Valenzuela, la Iglesia no anda pidiendo documentos a los sacerdotes que se presentan en una Diócesis para desempeñar sus actividades clericales. Eso sería algo ofensivo, agregó, para insistir que en el caso del presbítero Carlos Ibáñez se obró con “inocencia”. Tales afirmaciones dejan anonadado a cualquiera que conozca mínimamente el funcionamiento interno de la Iglesia, así como a quien se maneja con los criterios más elementales de la lógica formal. ¿Cómo es eso de que pedir documentos constituye una ofensa? ¿Acaso no se hace eso en cualquier trabajo, del rubro que fuere, además de solicitar referencias y comprobar que estos son reales? ¿Será que mañana cualquier enemigo de la Iglesia o simplemente un loquito que anda suelto se puede presentar ante un obispo para que lo “contrate” de sacerdote, por el solo hecho de que viste como tal y sabe celebrar misa?
    La respuesta a todas estas interrogantes es NO y Valenzuela bien lo sabe, por eso sus manifestaciones revisten tanta gravedad. Las normas canónicas establecen un procedimiento riguroso para que una Diócesis reciba a cualquier cura y le ponga en funciones, sea del mismo país o, con más razón, si proviene del extranjero. Y esas normas están claramente establecidas en el canon 269, cuyo artículo 2° dice taxativamente que al obispo que recibe en un clérigo “le conste la “excardinación” (de la Diócesis a la que pertenecía), y haya obtenido los informes convenientes acerca de la vida, conducta y estudios del clérigo”, para así poder “incardinarlo” a la suya.
    Esto maneja cualquier diácono recién ordenado, por más que saliera de un Seminario tan mediocre como el de Asunción. Con más razón un obispo o un arzobispo, que lidia con esos trámites frecuentemente. La pregunta es entonces por qué Valenzuela nos miente con tanta alevosía. ¿Lo hace para encubrir a los que en su momento le dieron protección a Ibáñez, lo cual le convertiría en cómplice de cómplices?
    Esto es algo que solo Valenzuela y la Conferencia Episcopal Paraguaya pueden y deben aclarar con urgencia, como también la razón por la que recién tomaron medidas cuando se hizo público el escándalo, siendo que estaban enterados del hecho hace un año.
    Por último, los obispos del Paraguay debieran saber dos cosas. Una, que tanta suciedad no se puede ocultar bajo la alfombra. Y dos, que nos somos un pueblo de idiotas.

    http://www.adndigital.com.py/no-somos-idiotas/

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    Publicado por jotaefeb | 29 abril, 2016, 5:45 am
  27. Carta a Francisco
    27 Abr 2016

    Por Pablo Noé
    Editor adjunto

    Me dirijo a usted en carácter de ciudadano común. Aquel que se considera un mal católico porque no es tan afín a los ritos, pero que fue formado en el seno de una familia católica; que formó una familia católica con una esposa y cuatro hijos; que estudió en escuela, colegio y universidad católica y que comenzó en el periodismo y siguió su tarea en un medio de la Iglesia por más de 12 años.

    Aunque me cuesta recordar todas las oraciones que aprendí en mis años de niño y adolescente cercano a la Iglesia, no olvidé ninguna de las enseñanzas que adopté para mi vida. Quizá ya no repita con facilidad los diez mandamientos, pero los incorporé a mi andar cotidiano, como un estilo de vida, en donde la coherencia y el ejemplo sean los que guíen mis pasos y el de mis hijos.

    Le confieso Santo Padre que me sorprendió de manera increíble escuchar su nombre luego del humo blanco aquella histórica jornada del 13 de marzo del 2013. Me tocó relatar a la audiencia de Cáritas (la segunda radio católica más antigua del mundo), y al instante iniciamos los análisis de lo que significaría la presencia de un papa latinoamericano para la Iglesia. Jamás imaginamos el aire de frescura que traería su presencia en el Vaticano para todo el mundo y que uno de los primeros países que visitaría sería nuestro Paraguay.

    Desde que asumió tamaña responsabilidad, no dejó de sorprendernos principalmente por la lucha incansable contra una lacra dentro de la Iglesia, la pedofilia. Un mal que según usted mismo calificó como “lepra en nuestra casa”, añadiendo que la cifra rondaría el 2% de los sacerdotes en todo el clero.

    La verdad me entusiasmé Francisco, con decisiones históricas que asumió y que están cargadas de valentía y coraje, con las que dio mensajes claros a todos. Haber aprobado la creación de un tribunal que juzga casos de obispos acusados de encubrir a curas que abusaron sexualmente de menores de edad fue una señal más que contundente.

    Supongo que en su primer día de pontificado se habrá fastidiado al cruzarse con el obispo Bernard Law y por eso lo reprendió. Asumo que no será fácil tener que convivir con aquel protagonista nefasto de la investigación de Boston Globe, que demostró que el mismo había encubierto a 250 curas pederastas entre 1984 y el 2002, cuando era arzobispo de Boston en Estados Unidos.

    Cómo olvidar su famosísimo “hagan lío” en Brasil, y las arengas geniales que dejó en nuestro país. Todo esto me entusiasmó para aplicar estas enseñanzas a mi tarea. Soy periodista y desde mi lugar de trabajo también quiero aportar a construir una sociedad mejor. Por eso, con un equipo increíble de compañeros de trabajo nos embarcamos en una investigación, mucho más modesta que la de “Spotlight”, pero con la fe puesta en que aportaríamos algo para que cambie nuestra sociedad.

    Siempre supimos que el camino no sería fácil y que estaría plagado de dificultades. Eso en lugar de desanimarnos nos entusiasmaba para seguir recolectando más datos y hacer de una denuncia, un trabajo profundo que marque un antes y un después en el periodismo. Quizá pecamos de optimistas, pero ese es un valor agregado para quienes somos apasionados de nuestra tarea.

    Espero papa Francisco que llegue esta denuncia a sus manos y que se tomen cartas en el asunto. En este tipo de situaciones no importan las cuestiones superfluas ni las medias verdades. Lo único que se puede hacer para desterrar este tipo de prácticas es seguir el camino que usted marcó, que desde el ejemplo nos impulsa a seguir peleando contra la oscuridad en la que mucha gente quiere mantener a la Iglesia.

    Por la influencia histórica, por la preponderancia que tiene usted como líder mundial, por la necesidad de que los modelos a seguir sean contundentes le ruego humildemente que pueda dar una mirada al trabajo de investigación publicado en este medio. Estoy convencido de que servirá como un esfuerzo más para hacer de este un mundo mejor, que es el mensaje que más me impactó de su pontificado.

    Muchas gracias.

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    Publicado por jotaefeb | 27 abril, 2016, 10:32 am
  28. Abuso y acoso

    Por Pablo Gastón Ortiz

    La congregación Oblatos de María Inmaculada (OMI) y las autoridades de la Iglesia Católica de nuestro país no se cansan de explicar que han actuado correctamente ante las denuncias de abuso y acoso sexual que involucran a los sacerdotes Gustavo Ovelar y Francisco Javier Bareiro, excura párroco y exvicario pastoral de Paso Yobái, respectivamente. Además de intentar ocultar los hechos ante la opinión pública, ahora insisten en que esperan que la Justicia se expida al respecto para aclarar si existieron o no.

    Sin embargo, hay que tener en cuenta que es muy posible que los sacerdotes no sean castigados, ya que la ley no es clara sobre la conducta denunciada por unos siete jóvenes, quienes aseguraron que los religiosos les propusieron mantener relaciones sexuales y en algunos casos fueron manoseados en sus partes íntimas.

    De acuerdo a la tipificación establecida en el derecho penal paraguayo, el abuso sexual se configura principalmente cuando se trata de niños, es decir, hasta los 13 años de edad, pero en este caso tenían entre 16 y 21 años en el tiempo en que presuntamente ocurrieron los hechos. En lo que respecta al acoso sexual, nuestra legislación indica que se aplica cuando existe entre victimario y víctima una relación de dependencia; el claro ejemplo es patrón-empleador, pero aquí son líderes religiosos con colaboradores voluntarios de la Iglesia.

    Si la Justicia termina absolviendo a los curas Ovelar y Bareiro bajo el argumento de que no es delito acosar a adolescentes de más de 14 años y tocarles sus órganos genitales mientras dormían, abusando de su condición de sacerdote, se sentaría un nefasto precedente.

    Será carta blanca para acosar y abusar sin consecuencias penales. De hecho, los oblatos parecen confíar que sus pares finalmente terminarán siendo sobreseídos.

    La fiscalía de Villarrica debe abocarse a exprimir la letra muerta de la ley para encontrar las herramientas legales a fin de conseguir una pena ejemplificadora en este caso.

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    Publicado por Anónimo | 27 marzo, 2016, 6:43 am
  29. Renovación y esperanzas

    La Semana Santa es el acontecimiento más importante del cristianismo y también para nuestra sociedad mayoritariamente católica. Los días santos se convierten así en una oportunidad para el encuentro familiar. Además de revivir las tradiciones que nos identifican como paraguayos es un momento propicio para reflexionar y la espiritualidad, recordando la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.
    El obispo de Ciudad del Este, monseñor Guillermo Steckling, reflexionó en la misa de Domingo de Ramos, que se debe recordar la Pasión de Cristo con esperanza en la misericordia de Dios que supera, “nuestra cobardía, nuestra maldad, nuestra sinrazón”. La grandeza de perdonar y compadecerse de los demás debe estar presente en la vida de todo cristiano, poniéndose en el lugar del otro para comprender sus actuaciones.
    Igualmente, en las celebraciones destacaron la valentía de Jesús. “Él(Cristo) toma la cruz, no tiene miedo y eso es un llamado a cada uno de nosotros para que enfrentemos la vida con valentía, tenacidad y nos ayudemos en el camino, en los momentos difíciles, en los de dolor debemos ser solidarios”, explicó el padre Fabio Recalde. Es la fuerza que tanto necesitamos para superar todas las adversidades diarias. Las dificultades económicas, la inseguridad y la falta de oportunidades han convertido el día a día de muchos compatriotas en un verdadero viacrucis.
    Es de esperar también que el largo feriado sirva realmente para el sano encuentro con la familia, libre de los excesos. Es además una buena oportunidad para visitar los bellos atractivos que ofrece el interior de nuestro país y el contacto con la naturaleza, en el marco del respeto al medioambiente. Además de aprovechar los días santos para la reflexión y el descanso, esperamos que la Pascua de Resurrección sea una oportunidad para la reconciliación, la solidaridad y la renovación de las esperanzas para la construcción de un país mejor.

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    Publicado por Anónimo | 26 marzo, 2016, 7:57 am
  30. ¡El que se “chipa” pierde, papá!
    26 marzo, 2016
    Por Hugo Barrios

    Ni el pan dulce es tan sabroso en Navidad como lo es la chipa en Semana Santa. Es nuestra y, detrás de su elaboración, hay una tradición que une a todas las familias cada vez que se acerca la llegada de los días santos. El delicioso bocado de almidón, queso Paraguay y otras “yerbas” se convirtió en el feriado largo en la niña bonita de todos los hogares. Aún lo sigue siendo, pese a lo dura que ya pueda estar a estas alturas.

    Si algo hay que agradecer por estas fechas es que este alimento logró acercar a parientes y amigos para compartir un momento de charla al momento de cocinarlo o degustarlo. Claro, su consumo en exceso puede traer algún que otro problema intestinal, tal como lo advirtió el propio Ministerio de Salud. Pero qué importa, los mordiscos sí que valen la pena.

    Con el correr de los años, la elaboración de este noble producto fue convirtiéndose en una importante fuente de ingreso para familias enteras. Hoy, numerosas empresas explotan su venta para dar trabajo a miles de compatriotas. Incluso la chipa pasó a ser un rubro de exportación. Claro está, hay quienes las preparan en su casa y recorren kilómetros a pie para ofrecerlas, sin importar que haga frío o calor.

    Junto al tereré, la chipa ya se ha convertido en todo un símbolo gastronómico de nuestro país que va más allá de un simple preparado. En los estadios de fútbol no puede faltar un chipero así como tampoco las chiperas pasan inadvertidas en los viajes al interior.

    Muchos chistes recorrieron las redes sociales por estos días con relación a nuestra chipa. No pasan de ser meros condimentos de humor que giran en torno a ella, pues con el transcurrir del tiempo las generaciones van adaptándola a su vida como una compañera infaltable en su menú.

    El lado tierno de esta historia fue ver a nuestros pequeños participar con mucho entusiasmo de la elaboración de chipas en sus escuelas. Si me dieran a elegir entre el pan dulce y la chipa, elegiría mil veces y sin dudar el pan sagrado de Paraguay. Y recordá siempre: “¡El que se ‘chipa’ pierde, papá”! Ya tú sabes.

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    Publicado por Anónimo | 26 marzo, 2016, 7:56 am
  31. Un tiempo para reflexionar sobre lo colectivo y lo personal

    En medio de las urgencias de la vida cotidiana, condicionada por el esfuerzo permanente para vivir con dignidad, la Semana Santa, como conmemoración de la cultura cristiana, establece en el calendario un alto en el camino, una pausa obligada para la reflexión y el descanso. Este paréntesis tiene que servir para evaluar el tramo existencial ya recorrido, tanto a nivel del país como individualmente, pero también para mirar el futuro desde la perspectiva de nuevos proyectos y de metas colectivas e individuales. Si solo la búsqueda del bienestar material ha marcado el itinerario transitado, es el momento de recordar que la plenitud humana se alcanza con el imprescindible complemento de los valores del espíritu.
    El ser humano se diferencia del resto de los seres de la naturaleza por su racionalidad.

    Ello implica que su quehacer vital va infinitamente más allá de lo instintivo y meramente biológico, porque es capaz de darle un sentido consciente a sus actos.

    La capacidad de reflexionar acerca de lo que ocurre en su entorno social y en el seno de su propia familia para sacar conclusiones y obrar en consecuencia es el rasgo característico principal de la condición de personas.

    Aun disponiendo de ese atributo maravilloso que es la posibilidad de vivir con plena conciencia en la sociedad, muchos se han dejado arrastrar por un activismo irracional, que lleva a la acción y al consumismo, dejando de lado la necesaria pausa para analizar los pasos que se van dando en el transcurrir del tiempo.

    Por eso, el paréntesis en las actividades habituales de la Semana Santa constituye un momento propicio para observar con detenimiento sereno, sin la presión del horario inmisericorde, los grandes temas que atañen a la vida de nuestro país y también aquellos más íntimos y personales que requieren el sustento de convicciones y valores para seguir avanzando.

    Mirando el interés del país es necesario reflexionar acerca del rol verdadero y el deseado de los políticos, los muchos casos denunciados en la prensa sobre abuso de poder, la corrupción en la administración pública, la falta de justicia, el atraso en la educación, la deficiente atención de la salud, el endeudamiento externo, la inseguridad, la persistencia de amplios sectores de la población sumidos en la marginación y la pobreza, el asistencialismo sin el soporte de medidas de auténtica promoción humana, el pernicioso gigantismo del Estado y la alta incompetencia de los gobiernos locales, entre otros temas.

    A nivel individual, será oportuno pensar qué hace uno por el país, por su entorno familiar y social, para que la realidad negativa se transforme en aspectos positivos y alentadores. O qué actitud asume cada quien ante las injusticias denunciadas cotidianamente, ante las carencias del prójimo, ante las demandas de ayuda.

    Bueno ha de ser identificar los valores del espíritu a los cuales se da prioridad y los antivalores contra los que hay que luchar sin desfallecer.

    Cada quien sabrá qué segmentos de la vida nacional y personal abordar. Hacerlo con madurez y responsabilidad es tarea de cada ciudadano consciente de que estos días santos deben ser de siembra fecunda para lo que ha de venir a partir de ahora.

    Solo desde la reflexión es posible ubicar en su sitio exacto las debilidades y encontrar las estrategias para que las fortalezas de un proyecto humano se concreten.

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    Publicado por Anónimo | 24 marzo, 2016, 6:06 am
  32. Semana mansa

    Por Lourdes Peralta

    La Semana Santa está presente en la agenda de los países del mundo, incluso en los no católicos o ateos, donde se la interpreta como “turística”. Francia, por ejemplo, a pesar de que disminuyen los católicos, es uno de los países que más respetan los feriados santos y conservan con esmero las magníficas catedrales. Por su parte, en España, otro referente católico, a pesar de que la secularización es actualmente una lucha cada vez más dolorosa –confronta los valores más profundos de la sociedad–, las grandes procesiones llenarán las calles.

    Nuestro país tiene tradición católica, con millones de bautizados pero contados evangelizados. Los tiempos avanzan tanto como el enemigo de la fe. Para el católico, “el enemigo” es toda negación de Dios y destrucción de la vida.

    Nuestra Semana Santa paraguaya es una de las más tradicionales de América del Sur, se vive mediante el ayuno, la comida, antiguamente el silencio sepulcral en Viernes Santo. La gran religiosidad popular predomina, la ciudadanía expresa libremente su fe.

    Pero principalmente son días para pensar en nuestra fe cristiana, si estamos preparados para defender lo que creemos. Me decía una anciana: “En esta fecha hay que preguntarse qué es la Iglesia para mí. Porque a la Iglesia no se va solamente a llorar sino a pensar”. Pensar con Dios siempre es acertado y fortalecedor.

    Es innegable que la Iglesia católica atraviesa una crisis debido a los mortales pecados cometidos durante siglos por parte de sacerdotes y encubridores, y también por la débil fe de sus feligreses; todo esto está muy bien archivado en los estantes ideológicos, políticos y económicos que gobiernan el mundo.

    Para quien no ve más allá del rito, y, de nuevo, incluyendo a sus representantes, los ataques son cada vez más insalvables, por eso es que teme y se aísla entre quienes comparten –y temen– como él.

    Siempre hubo libertad de caminos para el ser humano, las personas pueden alejarse de Dios y/o de la Iglesia católica si no se consideran parte. “Yo lucho hasta la muerte por mi país”, me decía una persona, que a su vez me contaba que había dejado de pertenecer a la Iglesia católica. Me pregunté por qué luchaba por su país y no por su Iglesia.

    Las preguntas que hoy día disparan sobre los católicos remueven hasta el tuétano. Se exige respuesta sobre crímenes y complicidades. Piden pruebas científicas de que Dios existe. Proponen e instalan en la familia y en la sociedad ideas y valores opuestos al dogma cristiano.

    La pregunta es cómo podrá un cristiano básico responder ante los ataques. Por otro lado, cómo lo hacen los cristianos de más formación (si lo hacen).

    Que sean estos días santos reposo para la mente y el alma, busquemos momentos de silencio. Defender la fe –buscar información, fuentes– no es un pasatiempo ni una opción, sino una obligación cristiana. Es fundamental que tengamos argumentos cuando alguien cuestiona puntos álgidos, y no hacerlo por saciar su espíritu contencioso ni por demostrar más conocimiento, sino porque corresponde responder, con claridad y mansedumbre, a quien desee saber.

    Feliz Pascua de Resurrección para todos.

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    Publicado por Anónimo | 24 marzo, 2016, 6:02 am
  33. No más silencio para los lobos vestidos de cordero

    Por Susana Oviedo –

    Hasta hace algunos años era impensable que trascendieran los casos de abuso sexual a niños y adolescentes por parte de sacerdotes y obispos. Si en una comunidad todos sabían, se hablaba por lo bajo del tema. Nadie se atrevía a plantear alguna acción al respecto. Era un asunto prohibido, a pesar de la existencia del hecho y del irreparable daño a las víctimas. La regla era el silencio, “por lo delicado” que resultaba, ante todo, para la Iglesia.

    Esta actitud de ocultamiento de la verdad y de querer tapar el sol con un dedo generó una profunda y amplia trama de impunidad institucional que en gran medida, pese a algunas señales positivas, continúa.

    Recuerdo que como 6 años atrás, cuando publicamos en Última Hora en más de una entrega casos de curas denunciados por pederastas en Ciudad del Este y en otros puntos del país, varios referentes de la Iglesia me reclamaron por qué me ocupaba de sacar a la luz hechos como estos que –según intentaron convencerme– eran más para los diarios sensacionalistas. Como si el informar sobre los escándalos sexuales protagonizados por los curas automáticamente convirtiera en irresponsable a un periodista, y al medio, en amarillista. No importaba cuán graves fueran los casos denunciados ni el que por las acciones de algunos religiosos hubiera personas sufriendo; o que se estuviera alentando así el permanente acecho de los “lobos vestidos de cordero”.

    El profundo respeto que se tiene a los pa’i sigue vigente en el Paraguay (el pa’ima he’i). Más aún, en los pueblos del interior, donde normalmente gozan de total credibilidad y autoridad, y son vistos como seres humanos excepcionales que no cometen errores y que controlan sus necesidades afectivas y debilidades. Por eso, cuando surgen alguna denuncia de acoso o de abuso sexual, normalmente se duda de los denunciantes y, aun cuando las pruebas resulten irrefutables, es preeminente reducir el impacto negativo en la imagen de la Iglesia. La comunidad afectada por la inconducta del cura termina dividida y las víctimas se llevan la peor parte.

    Por eso es sumamente importante que hoy haya personas dispuestas a romper el silencio. Por eso es importante que desde el propio Vaticano, aunque haya tardado tanto, por fin decidieron romper con este esquema de silencio social y encubrimiento institucional. Por eso también es sano que en el Paraguay la Conferpar, primero, y, ahora, la Conferencia Episcopal cuenten con un protocolo o guía de actuación para casos de abusos a menores, y que se sometan a la Justicia Ordinaria. El fin de la impunidad, que parece haber llegado, sabe a justicia divina.

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    Publicado por Anónimo | 23 marzo, 2016, 3:50 pm
  34. Turismo y Semana Santa

    Por Padre Humberto Villalba

    Nuestros mayores recuerdan que en el pasado próximo, la Semana Santa era un tiempo de recogimiento y profunda vivencia de los mayores acontecimientos de nuestra fe: la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, incluso con cierta exageración en la austeridad y mortificación.

    Hoy día, en cambio, con la creciente secularización y la invasión de una corriente de neopaganismo en la vida, la Semana Santa se ha vuelto, para mucha gente, la semana del turismo. Nuestros periódicos nos ofrecen placenteros viajes, en cómodas cuotas, a Camboriú, Río de Janeiro, Cancún…

    A nivel local, se aprovecha esta semana para divertirse con los amigos en alborotados juegos de naipes u otros juegos de azar, a veces con lamentables saldos trágicos por la abundancia de bebidas alcohólicas, que forman parte integral de la timba. También a nivel popular, suelen ser los días del “karu guasu”, con gran profusión de comidas típicas de la temporada. Para muchos otros, son días vacíos, en que de una u otra forma se procura vencer el aburrimiento.

    El ritmo de la vida moderna nos acostumbra a tener los sentidos despiertos y el alma dormida. Y es que sin ruido ya nos invade el vacío de los ratos libres.

    En este contexto, la Semana Santa es una invitación a la reflexión, la oración, la meditación, al encuentro personal consigo mismo y con Dios, para una profunda revisión de nuestra vida, introduciendo en ella las necesarias rectificaciones a la luz de las exigencias de la muerte de nuestro Redentor.

    Más que unos días de búsqueda de algunas celebraciones más o menos folklóricas o pintorescas o de sentimentalismo estéril y transitorio, el cristiano debe asociarse íntimamente a Cristo para revivir con Él su Pascua, es decir su Paso de una condición de vida a otra.

    La Palabra de Dios, leída, meditada, vivida y el programa que nos ofrecen nuestras parroquias, deben llevarnos a una activa participación en la conmemoración de los grandes misterios de nuestra fe.

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    Publicado por Anónimo | 22 marzo, 2016, 8:55 am
  35. El turismo interno como opción en el largo feriado

    En muchas ocasiones nos hemos referido en este espacio a las innumerables ventajas que representa el turismo interno para los más diversos sectores del país. Y, la proximidad del largo feriado de Semana Santa puede representar la mejor ocasión del año para que muchos de nosotros elijamos entre las numerosas propuestas que nos ofrece el Paraguay, nuestra casa, para vivir experiencias que sin dudas nos serán placenteras e incluso llegarán a sorprendernos.

    El trabajo de la Secretaría Nacional de Turismo (Senatur), desde hace unos años, apunta a crear condiciones más propicias para el desarrollo de la industria del turismo en el país. Apoyada por la inversión privada, la hotelería nacional es tan importante como variada y ya podemos decir que tanto en Asunción como en otras ciudades del interior del país, quienes se alojan en los diferentes hoteles de prestigio bien ganado pueden dar fe de la calidad extraordinaria de los servicios, así como de las cada vez más variadas propuestas gastronómicas.

    Pero no se agotan las posibilidades de quienes deseen pasar momentos de necesario esparcimiento familiar o realizar excursiones para conocer lugares diferentes en todo el Paraguay, en la oferta hotelera de alto nivel, sino que se han logrado imponer, a fuerza de trabajo incesante con las diferentes comunidades, muchas más opciones dirigidas a complacer a todos los bolsillos y preferencias.

    Valga como ejemplo de esta tendencia actual el exitoso programa de alojamiento rural, mediante la puesta en marcha de las llamadas “Posadas turísticas” en distintos lugares, muchos de ellos, desconocidos para la mayoría porque anteriormente no existían posibilidades de alojamiento o acceso a la gastronomía. Ubicadas en distintos sitios de nuestro maravilloso país, que van desde las pequeñas localidades cercanas a los ríos o en medio de un paisaje agreste o boscoso, son más de 100 opciones al alcance de todos, con el agregado de que al alojarnos en esas posadas seremos protagonistas de una experiencia singular, como lo es estar en contacto con un lugar, pero también con su gente, que se encargará de atender a cada visitante con un espíritu de servicio más cercano y familiar.

    Las opciones son tan variadas como accesibles en esta Semana Santa que prácticamente comienza hoy para muchos: hay propuestas para los que buscan la ecoaventura, para los que quieren vivir experiencias diferentes en granjas, en estancias. También existen excursiones armadas alrededor de temáticas muy especiales en estas fechas, como la dedicada a la “ruta de la chipa” y al “camino de la caña paraguaya”, ambas muy apreciadas por los turistas extranjeros que cada vez eligen más el destino Paraguay.

    En estos días, Tañarandy, con su despliegue de arte y religiosidad popular, es sin dudas el epicentro de muchas de las atractivas propuestas turísticas para propios y extraños. Gracias a la fuerza y el talento de un artista como Koki Ruiz y la comunidad toda, ese lugar se ha convertido en un emblema y ha convocado y convoca cada año a miles de personas de todas partes del mundo y a la prensa extranjera que le ha dedicado muchos reportajes.

    Es importante que aprendamos a disfrutar del país en épocas como los feriados próximos. Y que, mientras lo hacemos, percibamos detrás de cada experiencia positiva todo el esfuerzo y el talento puesto al servicio de una industria que debe seguir creciendo, porque convoca a cada vez más personas a sus filas de trabajadores en distintas y variadas tareas y porque en lugares distantes de las grandes ciudades se ha convertido en una excelente alternativa para generar ingresos a las familias, sin que éstas sufran las tristes consecuencias del desarraigo.

    Municipios, gobernaciones, ministerios, empresas y pymes deben canalizar positivamente el interés cada vez mayor de paraguayos y extranjeros en descubrir o “redescubrir” nuestra bella tierra.

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    Publicado por Anónimo | 22 marzo, 2016, 8:55 am
  36. Semana de “Santa” hipocresía

    Con la bendición de las Palmas, este domingo los católicos damos inicio solemne a la Semana Santa, que nos invita a reflexionar sobre la Pasión gloriosa de Cristo el Señor. Es, junto con la Navidad, el evento más importante de la Iglesia Católica, que en nuestro país, cuando no, está envuelta en un escándalo de abuso sexual perpetrado a menores por dos sacerdotes pertenecientes a la Congregación Oblatos de María, que en la práctica los encubrió al no imponerles sanción alguna. Por su parte, la Conferencia Episcopal Paraguaya (CEP), guardó un vergonzoso silencio cómplice durante varios años y recién se pronunció hace dos días, mediante un escueto y nada convincente comunicado a la opinión pública, en el cual, al mejor estilo de Poncio Pilato -vaya coincidencia en el tiempo- se desentendió del caso diciendo que el mismo está en ámbitos de la Justicia y de la mencionada comunidad religiosa. Los abusadores, según la denuncia, son los presbíteros Javier Bareiro y Gustavo Ovelar, pero desgraciadamente son solo una muestra de lo que pasa en un clero descompuesto desde sus más bajos estratos hasta su máxima jerarquía, que para colmo se atreve a dictar cátedras de moral en una semana que, para ellos, de Santa tiene muy poco y sí mucho de hipocresía.

    Los responsables de los Oblatos dijeron que la Congregación cumplió en su momento con la obligación de radicar la denuncia ante la Fiscalía. Solo eso. Más nada. O peor, porque el vocero de la Compañía, Padre Zenón Berkani, nos informa que Ovelar está en su casa de Loma Pytã cuidando a su madre enferma y que Bareiro aún frecuenta la comunidad “pero raras veces viene porque también va a su casa”. O sea, no tomaron ninguna medida concreta ante la gravísima denuncia hecha por varios de los que manifestaron ser afectados. Es más, a ambos sacerdotes se les puede observar en la fan page de los Oblatos departiendo con sus pares en encuentros festivos.

    Ahora bien, quien verdaderamente batió un record en cinismo al pronunciarse sobre esta cuestión, es el obispo de Caacupé, monseñor Claudio Giménez, quien expresó de manera aparentemente inflexible que si Ovelar y Bareiro estuvieran bajo su jurisdicción lo primero que les pediría sería “que dejen la Parroquia”, para agregar seguidamente que “luego solicitaría que se hiciera un estudio exhaustivo de su realidad a nivel sicológico y… los mandaría al extranjero a un centro de rehabilitación”, rematando con un lacónico “no hay otra alternativa”.

    Con estas declaraciones monseñor deja anonadado a cualquier ser pensante y espantado a quien se define católico. ¿Cómo que “no hay otra alternativa”?. ¿Acaso monseñor no sabe que el abuso sexual, en general, y el de menores en particular, es un crimen y que los criminales deben ir no al extranjero sino a la cárcel?. ¿O es que los sacerdotes están fuera del alcance de la ley y, en consecuencia, tienen luz verde para cometer crímenes, total, después van de turismo siquiátrico?

    A juzgar por los antecedentes, lo dicho por Giménez apunta a esto último. Ellos, los pastores, se creen con el derecho de estar por encima del bien y del mal, de las leyes del hombre y de las de Dios. Ahí están los casos de Fernando Lugo, que siendo obispo tenía sexo con niñas menores, las preñaba y las abandonaba, sin que sus pares del episcopado dijeran una sola palabra, o de pastor Cuquejo, de conocidas prácticas homosexuales, quien sin embargo hasta hoy les sigue marcando pautas.

    A pesar de todo, ellos, los obispos, pondrán cara de compungidos en estos días Santos y algunos tal vez hagan hasta alguna parodia de Vía Crucis, rememorando la Pasión de Cristo, cuando en realidad el papel que bien les correspondería es el de Pilato, o el de los mercaderes del Templo o, por qué no, el del mismísimo Judas.

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    Publicado por Anónimo | 22 marzo, 2016, 8:54 am
  37. Sigue la cloaca

    Por Mabel Rehnfeldt

    Hace 13 años, en enero del 2013 y con los compañeros Nelson Zapata y Juan Augusto Roa, nos zambullimos en la cloaca de una terrible denuncia de supuesto abuso sexual de jóvenes contra el hoy obispo emérito Jorge Livieres.

    En esa época salieron a la luz audios, documentos, fotografías y testimonios de un grupo de jóvenes encarnacenos que estaban extorsionando al entonces obispo de Encarnación. ¿Por qué? Varios de ellos habían consentido –por presiones y por decisión propia– en tener relaciones sexuales con el clérigo. Tras la denuncia inicial, vino lo peor: aparecieron más jóvenes que habían iniciado estas relaciones siendo menores de edad, y hasta niños. Todos humildes.

    La Iglesia católica paraguaya oficialmente no dijo ni hizo nada. Es más, varios curas usaron sus púlpitos y hacían homilías condenándonos con los más duros epítetos. Zapata fue echado como un perro de la Universidad Católica donde enseñaba en la Facultad de Periodismo, y juntos perdimos la amistad de compañeros dentro de nuestro propio diario, y ni qué decir el silencio de otros en otros medios de prensa.

    Para nuestro asombro, bajo la mesa, varios obispos, inclusive sacerdotes y hasta un exrector de la Universidad Católica confirmaron la historia off the record (les prometimos guardar el silencio sobre sus identidades hasta que ellos se vayan de este mundo). Tuvimos que callar las confirmaciones que nos hubieran dado el alivio público de que escribíamos la verdad.

    A cambio, varios de los mejores abogados del país y la misma Fiscalía de ese entonces actuaron velozmente para salvar al obispo. Arremetieron contra viento y marea, y el sacerdote testigo de lo ocurrido no solo tuvo que tragarse sus palabras sino fue desterrado del sacerdocio, otro fue confinado y un obispo fue perseguido. Los chicos fueron amenazados con demandas mientras la Fiscalía actuaba como defensora del obispo.

    Hoy vemos cómo la historia se repite. Jóvenes hostigados, abusados; sacerdotes que terminan protegidos, encubiertos… pero los testimonios ya no se callan, las radios entrevistan a las víctimas, los sitios digitales dan voz… Y las redes sociales arden presionando a la Iglesia católica a asumir una postura inmediata.

    La sociedad y la opinión pública de hoy no son ya las del 2003. Y quisiera pensar que la cúpula eclesial paraguaya tampoco puede darse el lujo de tener el mismo silencio. El papa Francisco ha mostrado poca tolerancia a los pedófilos, aunque hasta hoy día me pregunto si le contaron con quién almorzó en Paraguay la siesta que lo sentaron a comer en la Nunciatura con el obispo emérito Livieres.

    Hoy día se hacen películas que ganan premios Óscar por equipos que investigan la podredumbre eclesial. Hoy día es fashion hablar de estos abusos, pero hace 13 años casi nos destruyeron. La tierra ha seguido girando, el flagelo y el ocultamiento siguen. La cloaca es la misma, pero no cuentan con la luz de la información, esa luz que la misma Biblia dice que está para alumbrar y no para ponerse debajo de una mesa.

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    Publicado por Anónimo | 20 marzo, 2016, 4:03 pm
  38. Estacionero “no te calles”

    by Cirilo Ibarra

    Existen prácticas tradicionales que sobreviven en el tiempo en nuestro país y otras que lamentablemente se van perdiendo. Esta vez, por motivo de la Semana Santa, vale la recordación a los legendarios y pintorescos estacioneros. Ellos aún tienen vigencia, pero ya no en la medida de las celebraciones de antaño.

    Por ejemplo, aquellos desafíos a duelo coral entre grupos de estacioneros… ya no se ven. Era normal antiguamente, cuando dos grupos de estacioneros se encontraban en un cruce de caminos, tenían que enfrentarse con música. El grupo que canta más alto ganaba.

    La manera de aceptar la derrota era que, los integrantes del grupo que pierde tienen que bajar sus faroles en el suelo, como señal de que se rinden ante la superioridad de los contrincantes.

    Sin embargo, eso no significa que estos comúnmente llamados también pasioneros están desapareciendo, al contrario ahora están listos de vuelta para salir a la palestra.

    Y es para celebrar este hecho, porque los estacioneros son parte de esta máxima manifestación de la misericordia de Dios y ojala nunca pierdan vigencia. Vale parafrasear a los estudiantes universitarios (UNAnotecalles) y decir “estacionero no te calles”.

    Estos hombres conforman grupos que recorren en la Semana Santa los calvarios familiares y las iglesias, durante el llamado velatorio en los barrios, ciudades, especialmente en las compañías en el interior y barrios periféricos de Asunción. Se caracterizan por sus canciones antiguas, con textos combinados en español y guaraní. Los cantos son plañideros, tristes y llenos de dolor.

    “Las melodías en forma de canto llano con participación colectiva, tienen influencia de la música española, con acentos y giros melódicos locales. Los Estacioneros se forman por linaje y cada grupo tiene un nombre que lo identifica, como el uniforme y estandarte. Los textos de las canciones, con el paso del tiempo se fueron modificando llegando incluso a variar su sentido. Los cánticos de estacioneros forman parte del cancionero popular religioso del Paraguay, junto a las canciones de angelitos y ánimas, gozos, alabanzas y villancicos”, explicó el maestro Luis Szarán.

    En la actualidad, son muchos los jóvenes que no tendrán idea que quienes o como son los estacioneros, por lo que corresponde más referencia a los mismos. Ellos se forman por linaje y cada grupo tiene un nombre que lo identifica, como el uniforme y estandarte. Los textos de las canciones, con el paso del tiempo se fueron modificando, llegando incluso a variar su sentido.

    Los hombres visten camisas blancas y pantalones de color negro oscuro y todos llevan la misma clásica gorra de color azul marino, con cruces blancas en la cabeza y una insignia en el pecho. En sus procesiones portan faroles con velas y luminarias de colores, además de estandartes y algunos símbolos religiosos, como túnicas, velos, cálices, cuerdas y coronas de espinas.

    Las canciones como De rodilla, Kuruzu rapykuere, Ta purahei mi peeme, Oh sacrosanto madero y Cristo ñandejara, se han ido transmitiendo en forma oral, y el nombre de sus autores originales se ha perdido entre las mareas del tiempo, hasta convertirse en obras de apropiación colectiva, verdaderas joyas del cancionero popular religioso del Paraguay.

    Es apasionante, sin duda alguna, hacer referencia a nuestras tradiciones, aunque en este caso de los estacioneros quedan muy pocos grupos. Los sobrevivientes más constantes están en Luque, Ñemby, Areguá y en el barrio San Jerónimo de Asunción. Y ojala no desaparezcan nunca.

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    Publicado por Anónimo | 20 marzo, 2016, 3:20 pm
  39. Semana de “Santa” hipocresía

    Con la bendición de las Palmas, este domingo los católicos damos inicio solemne a la Semana Santa, que nos invita a reflexionar sobre la Pasión gloriosa de Cristo el Señor. Es, junto con la Navidad, el evento más importante de la Iglesia Católica, que en nuestro país, cuando no, está envuelta en un escándalo de abuso sexual perpetrado a menores por dos sacerdotes pertenecientes a la Congregación Oblatos de María, que en la práctica los encubrió al no imponerles sanción alguna. Por su parte, la Conferencia Episcopal Paraguaya (CEP), guardó un vergonzoso silencio cómplice durante varios años y recién se pronunció hace dos días, mediante un escueto y nada convincente comunicado a la opinión pública, en el cual, al mejor estilo de Poncio Pilato -vaya coincidencia en el tiempo- se desentendió del caso diciendo que el mismo está en ámbitos de la Justicia y de la mencionada comunidad religiosa. Los abusadores, según la denuncia, son los presbíteros Javier Bareiro y Gustavo Ovelar, pero desgraciadamente son solo una muestra de lo que pasa en un clero descompuesto desde sus más bajos estratos hasta su máxima jerarquía, que para colmo se atreve a dictar cátedras de moral en una semana que, para ellos, de Santa tiene muy poco y sí mucho de hipocresía.

    Los responsables de los Oblatos dijeron que la Congregación cumplió en su momento con la obligación de radicar la denuncia ante la Fiscalía. Solo eso. Más nada. O peor, porque el vocero de la Compañía, Padre Zenón Berkani, nos informa que Ovelar está en su casa de Loma Pytã cuidando a su madre enferma y que Bareiro aún frecuenta la comunidad “pero raras veces viene porque también va a su casa”. O sea, no tomaron ninguna medida concreta ante la gravísima denuncia hecha por varios de los que manifestaron ser afectados. Es más, a ambos sacerdotes se les puede observar en la fan page de los Oblatos departiendo con sus pares en encuentros festivos.

    Ahora bien, quien verdaderamente batió un record en cinismo al pronunciarse sobre esta cuestión, es el obispo de Caacupé, monseñor Claudio Giménez, quien expresó de manera aparentemente inflexible que si Ovelar y Bareiro estuvieran bajo su jurisdicción lo primero que les pediría sería “que dejen la Parroquia”, para agregar seguidamente que “luego solicitaría que se hiciera un estudio exhaustivo de su realidad a nivel sicológico y… los mandaría al extranjero a un centro de rehabilitación”, rematando con un lacónico “no hay otra alternativa”.

    Con estas declaraciones monseñor deja anonadado a cualquier ser pensante y espantado a quien se define católico. ¿Cómo que “no hay otra alternativa”?. ¿Acaso monseñor no sabe que el abuso sexual, en general, y el de menores en particular, es un crimen y que los criminales deben ir no al extranjero sino a la cárcel?. ¿O es que los sacerdotes están fuera del alcance de la ley y, en consecuencia, tienen luz verde para cometer crímenes, total, después van de turismo siquiátrico?

    A juzgar por los antecedentes, lo dicho por Giménez apunta a esto último. Ellos, los pastores, se creen con el derecho de estar por encima del bien y del mal, de las leyes del hombre y de las de Dios. Ahí están los casos de Fernando Lugo, que siendo obispo tenía sexo con niñas menores, las preñaba y las abandonaba, sin que sus pares del episcopado dijeran una sola palabra, o de pastor Cuquejo, de conocidas prácticas homosexuales, quien sin embargo hasta hoy les sigue marcando pautas.

    A pesar de todo, ellos, los obispos, pondrán cara de compungidos en estos días Santos y algunos tal vez hagan hasta alguna parodia de Vía Crucis, rememorando la Pasión de Cristo, cuando en realidad el papel que bien les correspondería es el de Pilato, o el de los mercaderes del Templo o, por qué no, el del mismísimo Judas.

    http://www.adndigital.com.py/index.php/impreso/editorial-impreso/16694-semana-de-santa-hipocresia

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    Publicado por Anónimo | 20 marzo, 2016, 3:19 pm
  40. Luis Veron
    ·
    LOS CURAS CATÓLICOS POR ENCIMA DE LA REPÚBLICA.
    (O cuando me tuvieron como bola sin manija)
    Hace algún tiempo, una persona querelló al arquitecto Luis Fernando Pereira Javaloyes -el Atila del patrimonio eclesial en connivencia con la jerarquía católica- por haber destruido, masacrado el retablo de la iglesia de Piribebuy.
    Fui convocado como testigo. Fui hasta la ciudad de Eusebio Ayala y una vez en el despacho de la juez, esta casi no me atendió ni me quiso tomar declaración, porque tenía “algo que hacer”.
    Le dije “me va a tomar la declaración. Usted se está burlando de mí, para hacerme venir desde la capital para las 7 de la mañana y después, tan panchamente, después de dos horas de espera, sale y me dice que vuelva otro día, como si viviera a la vuelta de la esquina. No me muevo de aquí” .
    Tuvo que tomarme la declaración.
    Allí me enteré que no citó -ni citaría al obispo Claudio Giménez, cómplice y mentor de la destrucción del retablo por que, según la juez “ES UNA PERSONA MUY OCUPADA”.
    A eso yo le llamo prevaricato, complicidad y pusilanimidad.
    Otro caso de prepotencia de la jerarquía eclesial y pusilanimidad de la Justicia paraguaya lo comprobé cuando la Justicia paraguaya emitió una ORDEN JUDICIAL requiriendo los informes periciales de la destrucción del retablo.
    Yo, en persona, llevé el oficio a la diócesis de Caacupé. Me dijeron que no lo tenían. Que estaban en poder del secretario de la Comisión de Arte Sacro, el arquitecto Ramón Duarte Burró, en el local de la Conferencia Episcopal Paraguaya. Fui hasta allá. Me dijeron que no lo tenían, que esos documentos estaban en la oficina del arquitecto.
    También llevé una orden judicial al arquitecto, quien me hizo decir por su secretaria que toda la documentación estaba en la diócesis de Caacupé. Allá fui de nuevo, con el oficio en mano, y nuevamente me dijeron lo que ya lo dijeron.
    Así hice como siete viajes con el mismo resultado, LA BURLA DE LA JERARQUÍA ECLESIAL HACIA LOS MANDATOS DE LA JUSTICIA PARAGUAYA y la comprobación de lo que el arzobispo Cuquejo le había dicho a un amigo común: “Verón hizo pedir los documentos que podrían ayudarlo a solucionar su problema, PERO, ¡NO SE LO DAREMOS!”.
    LA PERVERSIDAD DE SUS ILUSTRÍSIMAS
    Algún tiempo después, un amigo, muy bien relacionado con los obispos y otros mandamases, me dijo en un encuentro casual: La otra vez estuve con Cuquejo y en la conversación salió tu tema. “VERÓN ES EL ENEMIGO NÚMERO 1 DE LA IGLESIA PARAGUAYA”, dijo de vos, me comento.
    “¡Momentito”, le dije. “LUIS VERÓN ES EL PRINCIPAL Y MÁS FÉRREO DEFENSOR DE LOS BIENES DE LA IGLESIA. BIENES QUE ELLOS, LOS OBISPOS NO LO CUIDAN Y SON CÓMPLICES DE SU DESTRUCCIÓN”.
    Bueh. Así fue. No pude acceder a la documentación que podría haberme ayudado a solucionar mi problema judicial y aquí estoy, purgando mis penurias en medio de mis dolores físicos, secuelas de todo este mejunje, producto de LA PERVERSIDAD DE LOS OBISPOS DEL PARAGUAY.

    PD
    Defender Piribebuy y Caraguatay me costó un reclamo de 500.000.000, dos años de condena, varias decenas de millones de guaraníes, dos ACV, quedar una piltrafa físicamente, más otro reclamo de 1.500.000.000, 17 años de pleito, embargos económicos, etc. Ovalémante.

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    Publicado por Anónimo | 19 marzo, 2016, 11:17 am
  41. Dice Adrian Cattivelli @adricati
    “Creo que llegó la hora de que la Iglesia paraguaya pida claro PERDÓN por sus pecados: pedofilia, Lugo, los Livieres, Cuquejo, Páez y Aquino.
    Che, ASUCOP y su inefable líder no tienen nada que decir contra los curas paraguayos pedófilos. ¿O sus abusos son moralmente aceptables?”

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    Publicado por Anónimo | 19 marzo, 2016, 7:05 am
  42. “Según Claudio Giménez los culpables de los males de este país son los masones y los putos pero si un cura ES VIOLADOR se puede REHABILITAR
    Así justifica a violadores de niños?! Se está hablando de niños abusados y esta es la respuesta. Sanguinarios. Si hay recaída? Omg. Dale, probemos, quién le presta un niño? “Recaída”. Mirá vos.
    Centro de Rehabilitación Para Acosadores y Violadores. *presentar carnet eclesiástico para ingresar*
    Espero vivir para verles tras las rejas a los que proponen “Rehabilitación. El pedófilo se cura cuando se muere. Pero por favor que tal si piensan en las victimas y el trastorno que causo su “recaída” Que maravilla de país!
    Si en este momento la cúpula eclesial no sale a demostrar que “denunciaron el abuso cuando supieron”, deben ir a la cárcel HOY. ¿Cómo este obispo Valenzuela, que reconoció públicamente que sabía de la denuncia por violación contra sus “colegas”, sigue libre!? Asco Y este payaso no hizo nada. No denunció el caso ante la fiscalía, no informó de nada. Se lo tiene que investigar, mínimo como cómplice. Los colegas del abusador están en obligación legal de denunciar a fiscalía. Toda la cadena cómplice debe caer presa. Qué dice la fiscalia sobre esta complicidad asquerosa que sistematizó el encubrimiento. Actuará o no? Cuándo? El Paraguay es un Estado laico (C.N.) pero los obispos tienen SALARIO PÚBLICO. ¿Cómo se explica eso? Fuero civil?. La Iglesia no es un Estado dentro de otro Estado. A esta gente les rigen las mismas leyes!!

    Abolir el celibato. ¿Qué tiene que ver estar casado con ser un depravado pedófilo? Consuelo: es un problema global que mancha al catolicismo, claro reflejo la película galardonada “Spotlight”.”

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    Publicado por Anónimo | 19 marzo, 2016, 7:05 am
  43. Felipe Goroso
    ·
    Curas de nuestro chiquero.
    La cúpula católica paraguaya acostumbra a tener asambleas donde se analizan la realidad nacional y acto seguido emitir comunicados. Usualmente, el tono de los mismos es a favor de los menos favorecidos.
    Considero que no hay un sector más desprotegido que el de los niños. Esto se lleva al extremo cuando se trata de niños abusados y peor aún, niños abusados por sacerdotes.
    En todo el mundo hemos visto numerosos casos y Paraguay no es la excepción. Es una realidad que nos caga a trompadas aunque medios de comunicación, líderes de opinión y grupos que se indignan a niveles estratosféricos por temas bastante menos importantes, prefieran mirar para otro lado logrando distraer nuestra atención.
    Ni siquiera el tan aclamado Papa Francisco ha dado señales claras y concretas en los casos de pedofilia, más allá de declaraciones políticamente correctas. Como consecuencia de esto, seguiremos viendo una actitud de complacencia de parte de integrantes de la cúpula religiosa.
    Es vergonzoso que la respuesta a los casos sea el silencio o el simple traslado de los sospechados, cuando que en cada misa los sacerdotes que no quieren verse salpicados deberían de contarles a sus parroquianos los nombres de sus colegas denunciados e instar a que se denuncien si surgiesen nuevos casos.
    La cúpula católica paraguaya nos acostumbra a mostrar sus gestos de solidaridad. Se espera que la solidaridad no sea selectiva e incluya a las víctimas de pedofilia y sus familias.
    Con los niños no, señores. Con los niños no.

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    Publicado por Anónimo | 19 marzo, 2016, 7:04 am

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