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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

Preocupantes inestabilidad política y recesión en Brasil

El agravamiento de la situación política en el Brasil y su recesión económica constituyen datos alarmantes para la región, particularmente para el Paraguay.  El importante intercambio mercantil que mantenemos con nuestro principal vecino y socio comercial en el Mercosur puede verse afectado por el desalentador panorama que allí se vive.  Así como en algún momento los brasileños señalaban que promover el crecimiento del Paraguay estaba en su interés porque no les convenía tener un “vecino pobre”, hoy podemos señalar que a los paraguayos de ninguna manera nos es favorable contar con un socio en aguda crisis política e incontenible desaceleramiento económico.

La recesión económica que atraviesa el Brasil se perfilaba ya desde el 2014 y el año pasado fue declarada de manera oficial. A este desalentador panorama, que supuso un frenazo para la economía regional, se le sumó la inestabilidad política, por el hecho de que la primera mandataria del país hermano, Dilma Rousseff, soporta desde el pasado mes de diciembre un incierto proceso de enjuiciamiento político de impredecibles consecuencias.

Pero no es solamente su presidenta la que se encuentra en la cuerda floja, es toda la estructura del oficialismo la que es sacudida por casos de corrupción que afectan seriamente al gobernante Partido de los Trabajadores y salpican incluso a uno de sus propios fundadores, el ex presidente Lula Da Silva.

Nadie aquí puede concebir la idea de que la recesión brasileña nos “beneficia”, puesto que podría suponer la llegada “masiva” de industriales y/o empresarios del vecino país. En primer término, la economía paraguaya ya recibió los ramalazos del retraimiento económico del Brasil, lo cual quedó demostrado en la progresiva disminución del crecimiento registrado aquí el año pasado y las previsiones no tan positivas para el actual.

Por lo demás, el Paraguay tiene una alta dependencia comercial del vecino país, algo que puede agravar el impacto de la crisis económica en nuestro propio modelo productivo. La historia se ha encargado de demostrarnos en innumerables ocasiones que cuando Argentina o Brasil estornudan, Paraguay y Uruguay –las economías menores del Mercosur– se resfrían.

Efectivamente, la devaluación del Brasil en 1999 y la severa convulsión económica y política registrada en Argentina en 2001 dejaron muy severas consecuencias en el Paraguay, que llegó a encontrarse a un paso de default al culminar el gobierno del presidente Luis Ángel González Macchi. En efecto, de aquella época data la crisis nunca definitivamente resuelta que atraviesa el Mercosur.

Por muy grande y poderoso que sea el Brasil, la globalización también se encargó de enseñarnos que la interdependencia es un fenómeno inevitable del proceso de mundialización que vivimos en el presente. Este es, pues, un momento para que el Mercosur active sus mecanismos de cooperación política para acudir en auxilio de su país miembro de mayores dimensiones geográficas, ayudándolo a superar la severa inestabilidad que atraviesa, haciendo un seguimiento cercano del proceso que se desarrolla, cuidando que los actores electorales cumplan con las normas establecidas en las prescripciones de su propia Constitución.

El Mercosur tampoco puede darse el lujo de presentarse en las negociaciones internacionales de integración económico-comercial con otros países o grupos de países de la mano de un líder debilitado por una crisis que cada día trae aparejadas nuevas sorpresas e imprevisibles resoluciones.

http://www.ultimahora.com/preocupantes-inestabilidad-politica-y-recesion-brasil-n975101.html

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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33 comentarios en “Preocupantes inestabilidad política y recesión en Brasil

  1. Dependencia económica del Brasil pone en riesgo el crecimiento del país

    La excesiva dependencia económica paraguaya del Brasil pone en riesgo no solo el crecimiento económico, sino fundamentalmente el desarrollo del país y el bienestar de la población. La reciente reducción de los pronósticos de crecimiento del vecino país en 2017 por parte de varios organismos internacionales y su potencial impacto en Paraguay obliga a poner en debate las transformaciones estructurales que requiere la economía paraguaya para reducir esta dependencia.
    La situación se hace más compleja aun si consideramos que el problema debe verse no solo desde un punto de vista nacional, sino también regional. Los territorios fronterizos –como Ciudad del Este, Pedro Juan Caballero y Salto del Guairá– y sus respectivas áreas metropolitanas exigen políticas que enfrenten de manera particular los desafíos propios de sus condiciones de capital humano, infraestructura y especificidades ambientales y climáticas diferenciadas en cada uno de los territorios.
    La economía nacional sufre el impacto a nivel macro de las condiciones del vecino país. Estas tres regiones enfrentan la misma situación, pero con particularidades que deben ser atendidas con políticas que incluyan un enfoque territorial.
    Alto Paraná, Amambay y Canindeyú concentran alrededor del 20% de la población total del país, dando cuenta de la relevancia que tienen estos tres departamentos en materia de política pública si el objetivo es el desarrollo territorial y el bienestar de la población. A pesar de la volatilidad que sufre la economía paraguaya producto de su escasa diversificación y dependencia externa, el país no cuenta con una estrategia clara que permita transformar esta condición.
    El caso más emblemático, tal vez, por su importancia geográfica, poblacional y económica sea Ciudad del Este, que desde hace años viene sufriendo una drástica caída en su nivel de actividad económica sin que el Estado cuente con una estrategia de reconversión. En estas últimas semanas verifica un repunte derivado de las condiciones del tipo de cambio que nuevamente vuelve a dar cuenta de su alta dependencia del Brasil.
    El Estado paraguayo debe contar con una política de largo plazo para reducir la volatilidad del crecimiento económico derivado de las condiciones de los países vecinos. Es necesario para el desarrollo del país darle mayor certidumbre y estabilidad al desempeño económico. Solo de esa manera podremos aspirar a un aumento de la producción y productividad, de la creación de empleos estables y de calidad, de un mejor funcionamiento del sistema financiero y de condiciones favorables para el emprendedurismo y las pequeñas y medianas empresas.
    En esta tarea hay responsabilidades compartidas en los tres niveles de gobierno y sobre todo en el trabajo intersectorial de las múltiples instituciones del Poder Ejecutivo con competencia en las políticas de desarrollo productivo.

    http://diariolajornada.com.py/v6/category/editorial/

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    Publicado por jotaefeb | 19 febrero, 2017, 4:44 pm
  2. La relación bilateral con Brasil

    Paraguay está encarando de manera seria su política exterior para ubicar al país en el lugar que le corresponde. A nivel regional, cabe decir que las relaciones bilaterales con la República Federativa del Brasil, que atraviesan por un buen momento, deben seguir siendo fortalecidas, aprovechando los vientos políticos y la apertura de oportunidades comerciales con el crecimiento económico en nuestro país. Hay mucho en común entre Paraguay y Brasil, por lo que deben ser aliados de cara al futuro.

    Entre los principales ejes de análisis tiene que estar indefectiblemente el aspecto comercial, especialmente en la frontera, donde del lado paraguayo se vive un panorama económico sumamente interesante, con millonarias inversiones como las realizadas en zonas como Salto del Guiará y Ciudad del Este. Esta semana, a modo de mención, se ha inaugurado el centro comercial más grande de la capital de Alto Paraná, el Shopping París, que demandó una inversión de 65 millones de dólares por parte de la empresa Shopping KK SA. La impresionante obra cuenta con 8 pisos, 450 salones que abarcan cuatro niveles, además de las áreas de estacionamiento para 1.500 vehículos y 35 ómnibus.

    Estas inversiones desde luego están pensadas en el flujo comercial de la frontera, donde una buena parte de los compradores no precisamente está del lado paraguayo, sino del brasileño. Se deben buscar mecanismos adecuados que permitan que ese importante flujo no tenga trabas. No quiere decir que se permita la ilegalidad, que la hay, sino que se determine un sistema que logre un equilibrio en la balanza comercial, donde ambos márgenes salgan ganando.

    Otro tema que ocupa a Paraguay y Brasil es la relación diplomática y comercial con las demás naciones vecinas. En la hoja de ruta de los gobiernos debe estar el fortalecimiento de bloques como el Mercado Común del Sur (Mercosur), sobre todo para lograr acuerdos como el que está pendiente desde hace tiempo con la Unión Europea. No se debe dejar de lado lo que sucede en Estados Unidos, con el nuevo gobierno de Trump, manteniendo la calma, pero con los ojos bien abiertos.

    Respecto a las buenas relaciones bilaterales entre Paraguay y Brasil, hace unos días, presentó cartas credenciales ante la Cancillería Nacional el nuevo embajador brasileño, Eduardo Simas Magalhães.

    “Vengo con instrucciones de mi presidente y mi canciller para incrementar este proceso, fortalecerlo. El interés del Estado brasileño por medio de nuestras relaciones es que Paraguay prospere, cree empleos, genere renta y se desarrolle, así que no podría ser mejor el momento que estamos viviendo, las relaciones entre Paraguay y Brasil son excelentes”, dijo tras reunirse con el ministro de Relaciones Exteriores, Eladio Loizaga.

    Destacó, además, que desde hace muchos años Paraguay y Brasil mantienen excelentes relaciones diplomáticas e hizo mención a misiones brasileñas productivas que se materializan cada vez más en territorio paraguayo. Habló también de las coincidencias en cuanto a intereses políticos. El embajador expresó, por ejemplo, que se tiene el mismo punto de vista en cuanto a planes de relanzamiento del Mercosur. Consideró, igualmente, que se vive un momento muy auspicioso de la radicación de capital brasileño en Paraguay.

    Cuánta razón del embajador al señalar la necesidad de un relanzamiento del Mercosur, bloque que casi quedó destruido por intenciones políticas nada ajustadas al espíritu de su creación.

    Otro aspecto importante y admitido por el embajador tiene relación al capital brasileño que se está radicando en el país. Numerosas empresas brasileñas han decidido instalarse en territorio paraguayo por la crisis económica en Brasil. Paraguay ha abierto las puertas y considerado importante establecer las condiciones necesarias para la llegada de inversores. Este nuevo escenario es de beneficio mutuo, por lo que será importante que esas buenas relaciones de la que se habla continúen y sean cada vez más fortalecidas.

    http://www.lanacion.com.py/2017/02/04/la-relacion-bilateral-brasil/

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    Publicado por jotaefeb | 7 febrero, 2017, 9:49 am
  3. Inversiones desde Brasil

    Los vínculos comerciales del Paraguay con el Brasil han sido desde antaño fuertes y sostenibles y se han basado en la reciprocidad de la integración de ambos mercados, pese al menor desarrollo relativo de nuestra economía. En los últimos años, y gracias a una serie de facilidades entre ambas naciones, ha habido una mayor complementación, lo que ha permitido que pudiera formalizarse una frontera otrora conflictiva y ha posibilitado la chance de mejorar la competitividad para las empresas brasileñas, por citar algunas ventajas.

    Por eso, no es extraño que el auge que ha tenido nuestro país, gracias a esa extraordinaria complementación con el socio mayor del Mercosur, sea destacado por la prensa especializada de la región. El crecimiento económico y las buenas oportunidades para la inversión extranjera, gracias a facilidades generadas por la política aplicada desde hace unos años aquí, fueron alabados en los últimos días en el Brasil.

    En un mercado muy fuerte y con gigantescas empresas, la prensa brasileña se ha fijado en lo que sucede del otro lado del Puente de la Amistad, esta vez no para hacer hincapié a los casos de contrabando o denuncias de corrupción, como era costumbre hace tiempo.

    Un reporte periodístico del año pasado, que fue difundido nuevamente en los últimos días en nuestro país, habla de un lado sumamente importante: el crecimiento de la inversión brasileña en Paraguay. Además, se eleva la consideración al indicarse que uno de los dos países más pequeños del Mercosur, en este caso el nuestro, está dejando de ser “el primo más pobre” del bloque.

    “Las industrias brasileñas están descubriendo que el Paraguay es una especie de nueva China. Nuestros vecinos están ofreciendo tantas ventajas que sale más barato fabricar allá que importar de Asia o hasta producir en el Brasil”, indica el reporte del noticiero “Bom Día Brasil”, de la TV Globo, que fue difundido el año pasado y reproducido en los últimos días en nuestro país, generando una serie de opiniones.

    La Nación recordó que el reporte realiza una comparación entre las economías de nuestra región y recuerda una “conclusión” que ya la habían adelantado varios medios de prensa del gigante latinoamericano de habla portuguesa: “Paraguay está dejando de ser el primo pobre del Mercosur”.

    La situación de la economía del vecino país tras el paso de un partido que dejó secuelas por una mala administración, no es buena. Y se reconoció en el informe, en el que también se destaca la tarea paraguaya. “El Brasil pierde empresas y empleos. Pero Paraguay ya atrajo a 116 empresas extranjeras, 80% de las cuales son brasileñas. Y los especialistas dicen que eso es una prueba de que el Brasil precisa hacer una reforma tributaria, así como una reforma del Código Laboral”, añade el reporte periodístico.

    Agrega que el escenario por el cual se conocía a nuestro país en el Brasil –el de los “sacoleiros” llegando a Ciudad del Este para comprar principalmente artículos electro-electrónicos– está cambiando. Sobre este punto se debe indicar que al inicio del 2017 se ha notado un creciente aumento del comercio en la zona de la frontera.

    Volviendo al material, se indicó que “poco a poco nuestro vecino está dejando de ser el vecino pobre del Mercosur” y menciona como sus causas “las facilidades creadas por el Gobierno (paraguayo) para atraer inversiones y fábricas son los principales motivos”.

    En el informe se citó la experiencia del empresario brasileño Zenildo Costa, que ante la crisis en Brasil decidió invertir en Paraguay. “Si fuese en el Brasil, la energía eléctrica costaría 70% más caro, el empleado cobraría el doble y sobre la materia prima yo estaría pagando 35% de impuestos para importarla de China”, dijo el empresario. En Paraguay, la firma de Zenildo se beneficia de un régimen llamado maquila. El mismo fue regulado por una ley y prevé una exención impositiva de importación para maquinarias y materia prima para las empresas extranjeras que decidan fabricar en el Paraguay.

    El extenso informe de la TV Globo le dio también la voz a la gerente de Internacionalización de la Compañía Nacional de Industrias (CNI), Sarah Saldanha, quien resaltó en esa ocasión que “las empresas brasileñas encontraron en el Paraguay un ambiente interesante para desarrollar una integración productiva”.

    “Es decir, mantener sus operaciones en el Brasil y fortalecer esas operaciones respecto al diseño, la inteligencia del proceso productivo, y producir, finalizar el producto en el Paraguay”, apuntó la empresaria. Así, la vieja etiqueta de muchos productos que, de nuestro país se dirigen al Brasil, dejó de rezar “Made in China” para lucir un “Fabricado no Paraguai”.

    Si bien el informe es del año pasado, no se puede dejar de reconocer la importancia de la consideración no solo de la prensa brasileña, sino de los propios números y la visión de los empresarios de ese país hacia el nuestro. Es de esperar que estas condiciones favorables para la inversión extranjera continúen igual o mejor durante el 2017.

    El informe de la prensa del país vecino pone de relieve el extraordinario momento económico que vive nuestro país. Pero sería una utopía sostener que ese logro se deba solamente a una acción unilateral, cuando la cuestión pasa necesariamente por complementar acciones y estrategias que lleven a un estadio superior los vínculos comerciales paraguayo-brasileños.

    http://www.lanacion.com.py/2017/01/12/inversiones-desde-brasil/

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    Publicado por jotaefeb | 16 enero, 2017, 10:09 am
  4. ¿Brasil dependientes?

    En la última semana el presidente interino de Brasil, Miche Temer, lanzó la idea de eliminar el arancel externo común, pero sí que los países miembros del Mercosur puedan negociar acuerdos de libre comercio con países por fuera del bloque.

    Para el Brasil no es una opción salir del Mercosur. No tanto por las implicancias económicas, sino más bien por el perfil de liderazgo político que le otorga la asociación en esta parte del continente.

    Si la propuesta llega a prosperar, ¿qué depararía para una economía pequeña como la paraguaya? Algunos números sobre la realidad actual de nuestro comercio exterior nos ofrecen algunas pistas.

    Actualmente, el 30,3% del total de nuestras exportaciones van al Brasil, pero, si le restáramos lo que se cuenta como exportación de energía eléctrica de Itaipú, esta apenas alcanza un 14,7% del total.

    Lo llamativo de esto es que por ejemplo Rusia, que está al otro lado del mundo, se lleva el 12% de nuestras exportaciones. Hoy día es nuestro principal comprador de soja y el segundo en volumen de carne.

    Si miramos los datos de quienes importamos productos, el Mercosur aparece como el principal con 39,3%, pero, apenas superando al continente asiático, que representa hoy el 35,1% del total.

    Al sumar todo lo que importamos por fuera del Mercosur; es decir desde Asia, Europa y los países de la comunidad andina y el resto del mundo, en su conjunto suman el 60,7%.

    Es indudable que el país vecino continuará siendo nuestro principal socio comercial por la lógica situación geográfica. Pero, en los últimos años, es de destacar que el Paraguay ha mostrado suficiente capacidad de ir abriéndose hacia nuevos mercados.

    Un ejemplo interesante sucedió recientemente con los productores de arroz, que hasta hace poco el 100% de sus cosechas iban con destino al Brasil.

    Cuando empeoró la situación económica en ese país y dejaron de importar, rápidamente vieron otros mercados, llevaron el arroz paraguayo a Colombia, país que inclusive les paga un poco mejor.

    Los últimos expertos internacionales que han visitado el país, como Felipe Larrain o Fernando Cortiñas, han insistido en que el Paraguay debe abrirse hacia el mundo y recomendaron que el primer camino para esto sea orientado a países del Pacífico como Chile, Perú y Colombia.

    Si prospera la idea del Brasil de mantener este arancel externo común, pero se deja abierta la posibilidad de que todos miembros del Mercosur realicen acuerdos de libre comercio con otros bloques, más que un problema se nos abriría una gran oportunidad.

    Por Samuel Acosta

    http://www.ultimahora.com/brasil-dependientes-n1003310.html

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    Publicado por jotaefeb | 1 julio, 2016, 8:18 pm
  5. La vuelta de Jack “el destripador”

    Es cierto que hasta Jack “el destripador” podría haber denunciado en su momento a un homicida y que eso probablemente hubiera ameritado la intervención de los organismos de seguridad de Inglaterra para aprender al delincuente. Pero de todos modos seguiría siendo el homicida serial que aterrorizó de Whitechapel, en Londres, a finales del siglo XIX, y por tanto merecedor de un ejemplar castigo. Es algo parecido a lo que ocurre hoy en el Brasil, en donde los escándalos de corrupción, en el que se vieron envueltos altos funcionarios y dirigentes del Partido de los Trabajadores, terminaron socavando los cimientos del gobierno de Dilma Rousseff, quien por decisión del Congreso debió abandonar el Palacio de Planalto, al cual resulta impensable que retorne al término del juicio, dentro de 180 días. Ahora bien, los promotores del “Impeachment”, es decir los denunciantes, que hoy manejan las riendas del poder político en el vecino país, son el equivalente a aquel terrorífico personaje inglés, a “Jack”, aunque se llamen Michel, quien por cierto es de…Temer, y no solo para sus compatriotas sino también para los intereses de nuestro pueblo.

    Para empezar, sobre el actual presidente interino de la potencia sudamericana pesan las mismas acusaciones que llevaron a la separación de Dilma de la presidencia, por lo cual, si el Parlamento del Brasil fuera medianamente coherente, también debiera suspenderlo en sus funciones, cosa que obviamente no va a suceder. Pero para continuar, basta observar a quiénes nombró como ministros de su Gabinete para concluir que “el remedio puede ser mucho peor que la enfermedad”.

    Según publicaciones del diario Folha de Sao Paulo, “de los 23 miembros del Gabinete de Temer, siete están procesados o investigados y doce recibieron donaciones de compañías involucradas en el escándalo de corrupción en Petrobras”. Su jefe de Gabinete, Eliseu Padilha, exministro de Aviación Civil en el gobierno de Dilma, aparece reiteradamente en las declaraciones delatorias de la operación “Lava Jato”, formuladas por inculpados que por esta vía son beneficiados con una menor condena.

    Lo mismo sucede con el economista y exsenador por el PMDB, el partido de Temer, Romero Jucá, ahora ministro de Planificación, Desarrollo y Gestión, así como con Henrique Eduardo Alves, a cargo de la cartera de Turismo. El nuevo ministro de Salud, Ricardo Barros, está siendo investigado por fraudes en licitaciones. Gaddel Vieira Lima, quien ocupa el cargo de secretario de gobierno, fue citado igualmente por sospecha de soborno y negociado. Y la lista parcial, porque nombrar a todos sería muy extenso, se completa con Bruno Araujo, actual ministro de Ciudades, que figura en la lista de supuestas “donaciones” realizadas por la contratista “Odedrecht”, incautada en una de las etapas de la operación “Lava Jato”, al igual que Raúl Jungmann, ministro de Defensa.

    No podemos dejar de mencionar a dos piezas claves del nuevo gobierno. Una de ellas es Eduardo Cunha, el hasta hace dos semanas jefe de la Cámara de Diputados, a quien el Supremo Tribunal lo separó del cargo por las evidencias sobre su participación en el escándalo de la Petrobras. La otra, el flamante Canciller José Serra. Un enemigo declarado de nuestro país, según el cual “Brasil hace filantropía con el Paraguay en Itaipú”, o sea, nos da algunas migajas de puro “bueno”. Y no satisfecho con tamaño disparate, arremetió no hace mucho tiempo contra la figura del presidente de la República, responsabilizándolo por los cigarrillos que ingresan de contrabando al territorio brasileño, lo cual no debe sorprendernos, atendiendo a su condición de esbirro de la poderosa tabacalera “Souza Cruz”.

    La situación por la que atraviesan nuestros vecinos es verdaderamente penosa, salida de una auténtica tragicomedia, en la que “Jack” ha vuelto, ahora al frente de toda una pandilla y en el ejercicio del poder, pero no a Londres, sino a Brasilia.

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    Publicado por jotaefeb | 18 mayo, 2016, 6:12 am
  6. Brasil se reinventa. Cuidado

    Cuando Michel Temer, hasta hace unos días el vicepresidente de Dilma Rouseff, pronunció el discurso inaugural de su mandato interino, lanzó una idea casi extrema al decir que estaba poniendo en marcha un gobierno “de salvación nacional”. Poco después tomaba juramento a su nuevo gabinete entre cuyos integrantes se encuentra Henrique Meirelles, quien se había desempeñado como presidente del Banco Central del Brasil durante el gobierno del antecesor y mentor de Dilma, Luis Inacio Da Silva.

    Meirelles, por años presidente mundial del Bank of Boston, trajo tranquilidad en aquellos días a los sectores empresarios asustados por la perspectiva de un gobierno de izquierda dura, fuertemente estatizador e intervencionista de la economía.

    Ahora, Temer recurre a Meirelles y lo coloca en el Ministerio de Hacienda para encarar un periodo de turbulencias caracterizado por una economía en recesión, con una inflación de dos dígitos y un rojo fiscal cercano al 3,5% del Producto Interno Bruto. Además, la gestión Temer-Meirelles tendrá que encontrar una respuesta para los 11 millones de desempleados que en este momento demandan trabajo, lo cual implica casi un 9% de paro en la población económicamente activa.

    Para encaminar a Brasil hacia una política de pleno empleo –tarea titánica que le demandará virtualmente todo su tiempo de gobierno- Temer anunció varias medidas, una de ellas, profundizar el empleo de las alianzas público-privadas ya que uno de los cuellos de botella en todo emprendimiento estatal es la permanente y angustiosa escasez de recursos aplicado a planes públicos de desarrollo. Temer sabe que esta fórmula permite encarar obras de gran envergadura manteniendo un control estratégico de inversiones sin presionar el Presupuesto y conservando equilibrio en la responsabilidad fiscal en el corto plazo.

    Y hay una peligrosa coincidencia en este capítulo de las APP mencionado por Temer. El viernes dábamos cuenta de que un gran conglomerado brasileño interesado en invertir en el Paraguay mediante las alianzas público-privadas cerraba sus oficinas en Asunción, literalmente aburrido de no llegar a la fase de concreción de proyectos por las interminables demoras burocráticas interpuestas por las oficinas del Gobierno.

    Paraguay da vueltas y vueltas, no se decide a encarar la fase operativa en obras mediante fórmulas APP. Y Brasil, con el flamante gobierno, las anuncia como parte de su programa de “salvación nacional”. Brasil se reinventa y nosotros, papando moscas. Cuidado, que éste no sea el primer punto que se corre en la complicada malla de la economía. Y que los capitales que pensaban radicarse en el país –sobre todo los de origen brasileño- terminen siendo atraídos por el clima fomentado por un Gobierno decidido a crear capital nacional y no sólo concentrarse en la captación de inversión extranjera directa. Se vienen días difíciles con Brasil y habrá que ver cómo enfrentarlos.

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    Publicado por jotaefeb | 17 mayo, 2016, 5:33 am
  7. En medio de la tormenta

    Por Roberto Sosa

    “Tras el golpe de Brasil, vienen por Venezuela”. Este es un título que apareció en varios medios luego de conocerse la decisión de suspensión de la presidenta brasileña Dilma Rousseff. Aunque la acusación contra ella tiene que ver con cuestiones relacionadas al manejo del dinero público, la movida tiene como trasfondo la megacorrupción que arrastra a los más encumbrados políticos de ese cuasicontinente, entre ellos al propio expresidente Lula.

    Está claro que los gobiernos de izquierda de la región no están pasando por su mejor momento, así como gobernantes que han dejado el poder. Solo basta con mirar a la Argentina donde se están ventilando día tras día nuevos detalles de numerosos casos de presunta corrupción que están siendo investigados por la justicia y que salpican directamente a la expresidenta Cristina Kirchner y a su hijo.

    El caso de Venezuela es tragicómico. Maduro intenta hacer creer al mundo que detrás del quiebre de su país están los intereses capitalistas. Como si los Estados Unidos fueran los culpables de la hiperinflación del 700% que se espera para este año o de los saqueos por la falta de alimentos, medicina y hasta papel higiénico.

    El problema de muchos de estos gobiernos pasa por la corrupción galopante que se ha institucionalizado y del prebendarismo extremo financiado con dinero público. Todos han utilizado el mismo esquema: Dinero público para crear fidelidades, con subsidios generosos que se han multiplicado de manera geométrica. Endeudamiento interno y externo o financiación mediante la emisión. Este círculo vicioso tiene sus límites. Todo en medio del saqueo al Estado.

    El problema de Brasil en estos momentos es que a consecuencia de estas políticas, el sector público tiene un déficit casi inbancable, la inflación comienza a despegar y el desempleo se multiplica. Los grandes logros en la lucha contra la pobreza tambalean y el futuro es desalentador. En el caso de la Argentina, la nueva administración se ha visto obligada a sincerar los números, lo cual está llevando a una disparada de precios y la fuerte suba de tarifas de servicios y bienes básicos.

    Se ha mentido mucho en estos países, con la alharaca de que se redujo la pobreza y se ha acelerado el desarrollado. La inflación es el peor castigo para la ciudadanía, especialmente para los más pobres.

    En momentos en que esto ocurre en la región, y principalmente con nuestros dos grandes vecinos, Paraguay mantiene cifras alentadoras en materia económica. Así lo han confirmado las consultoras privadas locales y hasta el propio Fondo Monetario Internacional. La semana pasada la prestigiosa Fundación Getulio Vargas del Brasil nos ubicó como el país con el mejor clima económico en Sudamérica y también lo presenta con uno de los mejores indicadores de expectativa en Latinoamérica.

    Esto no significa que se acabó la pobreza, como bien lo reveló también hace unos días la última Encuesta Permanente de Hogares, que muestra una leve reducción durante el 2015. Aún sigue siendo un escándalo que casi 700.000 paraguayos sigan pasando hambre en una de las naciones más productivas en materia agropecuaria.

    Hoy, Brasil, Argentina y Venezuela nos ganan por goleada en corrupción y están con sus economías destartaladas. Se debe comprender que aquello que durante tantos años desdeñamos, los tan vilipendiados números macroeconómicos, hoy se constituyen en el pilar que están manteniendo la estabilidad y el crecimiento a pesar del entorno regional e internacional sumamente adverso. Hay que admitir que se han hecho bien muchos de los deberes y que ello debe continuar mediante la presión de la ciudadanía hasta que ningún paraguayo viva en la indigencia.

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    Publicado por jotaefeb | 15 mayo, 2016, 6:26 pm
  8. Un enemigo de Paraguay en Itamaraty

    Comentarios de diversos matices ha suscitado alrededor del mundo y en particular en la región la suspensión en el ejercicio del cargo de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, y la asunción en su reemplazo de Michel Temer como presidente interino. En nuestro país, como era previsible, el canciller nacional Eladio Loizaga se limitó a reiterar lo obvio: “La posición del Paraguay es no interferir en cuestiones internas de otros Estados”. En realidad, lo que el canciller Loizaga debió expresar con directa franqueza diplomática es que el Gobierno paraguayo desea cultivar con el gobierno del presidente Temer una constructiva relación buscando acomodar intereses y objetivos, tanto dentro del Mercosur como en Itaipú. Esto no lo ha podido lograr con el gobierno de su antecesora por disentir con su política exterior volcada hacia la consolidación regional del Socialismo del Siglo 21, impulsado por Hugo Chávez con los petrodólares del hoy empobrecido y hambriento pueblo venezolano.

    Por su parte, empresarios y analistas económicos compatriotas han coincidido en que el cambio político será beneficioso para la recuperación de la credibilidad del Brasil y de su dinamismo económico, lo que tendrá impacto positivo sobre toda la región, en particular sobre el alicaído intercambio comercial entre los países que integran el Mercosur. No obstante, esta visión optimista acerca de las futuras relaciones entre ambos países se ve empañada por una sombra de duda con motivo de la nominación del señor José Serra como ministro de Relaciones Exteriores, habida cuenta de su pública desafección hacia el gobierno del presidente Horacio Cartes y el Mercosur. Vale decir, contra el Paraguay, directa e indirectamente, lo cual podría afectar negativamente la futura agenda entre ambos gobiernos, con una diplomacia abiertamente antiparaguaya por parte de Itamaraty, peor que la sustentada bajo el gobierno de la presidenta Rousseff.

    En efecto, en un seminario sobre contrabando realizado el año pasado en São Paulo, el flamante ministro de Relaciones Exteriores, José Serra, calificó al presidente Horacio Cartes de ser el principal contrabandista de cigarrillos que ilegalmente entran en Brasil, enfatizando que el mismo (Horacio Cartes Jara) era propietario de una fábrica que producía dichos cigarrillos.

    Además, con brutal cinismo, calificó a la usina hidroeléctrica binacional de Itaipú como “filantropía brasileña”, cuando que de la mitad de la electricidad generada en la usina y que corresponde a Paraguay, el 90 por ciento es consumido por Brasil a precio miserable indexado como “compensación”, eufemismo que disimula el escamoteo de nuestra riqueza por parte de nuestros socios en el único emprendimiento binacional que Brasil tiene hasta ahora con un país limítrofe.

    El señor Serra tampoco ve con buenos ojos el Mercosur. “El Mercosur fue un delirio megalómano, y las miradas se cruzaban entre los gobiernos que buscaban promover una unión aduanera entre Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay. ¿Usted sabe qué es una unión aduanera? Es una renuncia a la política comercial de la soberanía”, dijo el 4 de marzo del año pasado.

    De mantener el señor Serra esta óptica crítica en su gestión como jefe de la diplomacia de su país, su voz no tendrá el peso que históricamente tuvo Brasil en el mundo como el país líder de la América del Sur. En cuanto a nuestro país, el flamante ministro no debiera ignorar que, independientemente del concepto que pueda tener del presidente Cartes, Paraguay es un socio indispensable para Brasil. Le guste o no, al igual que ellos, en Itaipú tenemos una palanca geopolítica capaz de comprometer los intereses estratégicos de su país, dado el caso.

    La calidad de la relación que el Gobierno paraguayo pueda tener en el futuro con el brasileño dependerá, en gran medida, de la actitud que asuma con relación a nuestro país el nuevo jefe de Itamaraty, tanto para acomodar objetivos divergentes de interés común como para superar prejuicios y evitar conflictos. Aunque el Paraguay es incapaz de influir en la diplomacia brasileña, no por eso debe dejar de insistir en la justa relación comercial que prescribe el Tratado en Itaipú, especialmente en lo relativo a la energía paraguaya que el Brasil se lleva a vil precio. Por otra parte, debe seguir reclamando que el Mercosur retorne a los objetivos primigenios de su creación, con énfasis en lo económico antes que en lo político, a diferencia de lo que ha venido ocurriendo.

    Es de esperar, pues, que ahora que nuestro Gobierno no tiene diferencias ideológicas o políticas con el nuevo Gobierno de Brasil, la relación bilateral entre ambos países socios sea más fructífera. De hecho, el Gobierno paraguayo apuesta a que el éxito económico y político que el presidente Temer pueda lograr en su país tendrá un efecto positivo para el Mercosur y para el Paraguay, siempre y cuando el ministro José Serra no cometa el desatino de llevar a su alto cargo los prejuicios asumidos, por alguna razón, en el pasado.

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    Publicado por jotaefeb | 15 mayo, 2016, 6:22 pm
  9. La habilidad política es imprescindible

    Por Alberto Acosta Garbarino

    La noticia más importante de la semana pasada ha sido la decisión del Senado brasileño de abrir el juicio político a la presidenta Dilma Rousseff con la consecuente suspensión por 180 días en el ejercicio del cargo.

    Casi todos los analistas políticos del vecino país coinciden en que la crisis económica y el escándalo de Petrobras han sido el fermento de la caída de Dilma, pero la causa principal ha sido su absoluta falta de habilidad política para liderar un país gigantesco y complejo como es el Brasil.

    Un país con un sistema político tremendamente fragmentado, con más de 28 partidos en el Congreso y con una coalición de apoyo de más de 10 partidos, sin afinidad ideológica alguna entre ellos.

    El prestigioso politólogo brasileño Rudá Ricci dice que Dilma “es una tecnócrata, no una política; se encierra en el Palacio, entre informes, y no le gusta el contacto con los políticos ni con los dirigentes sociales, y eso ha sido determinante para que el Congreso le dé la espalda”.

    Salvando las distancias, algo parecido a lo sucedido con Dilma en el Brasil, también le ha sucedido en el Paraguay a muchos buenos técnicos que han fracaso en la función pública, por carecer de una mínima habilidad política.

    La habilidad política tiene mala prensa, porque casi siempre se le asimila a maniobras inescrupulosas, o se la confunde con una oratoria manipuladora de los hechos.

    La habilidad política es… una habilidad, y por lo tanto, es neutra, es decir, que puede ser usada para el bien o para el mal.

    Pero es una habilidad imprescindible en toda persona que ocupa o quiere ocupar cargos de dirección, tanto en el sector empresarial, como en la sociedad civil y ni qué decir en la política.

    Lamentablemente, esta habilidad no es estimulada ni desarrollada en las universidades y esa es la causa del enorme y estrepitoso fracaso de la mayoría de la gente técnica que ocupa cargos directivos en las empresas o en el gobierno.

    Hoy en día, en los Estados Unidos se cuestiona severamente a las grandes Escuelas de Negocios, que se limitan a enseñar economía, márketing, finanzas, y operaciones, y hacen muy poco para desarrollar la habilidad política de los estudiantes.

    Los problemas surgen cuando estas personas técnicamente muy bien preparadas ocupan cargos de dirección y tienen que lidiar internamente con sus jefes, con sus pares y con sus subordinados, y externamente con el Gobierno, con los competidores, con la prensa, con los proveedores y con los clientes.

    Pueden tener la mejor formación técnica, pero si no tienen habilidades para manejar estas relaciones, van a fracasar, con toda seguridad.

    Las habilidades políticas son básicamente tres: la primera habilidad es la “conciencia política”, es decir, la capacidad de entender el entorno que les rodea, identificando a los diversos actores, sectores o fuerzas que pueden apoyar o oponerse; la segunda habilidad es tener “capacidad de influencia y de persuasión”, es decir, la capacidad de escuchar, de hablar, de explicar y de vender ideas; y la tercera habilidad es la “capacidad de manejar conflictos”, porque el conflicto es la esencia de la vida en sociedad y un dirigente tiene que tener la capacidad de mediación y de negociación, de diálogo y de creatividad, para encontrar soluciones a los diferentes problemas.

    Además de la habilidad política existen otras habilidades y conocimientos que un dirigente debe tener, pero si no tiene conciencia política, si no tiene habilidad para comunicarse y si no tiene capacidad de negociación, no tiene las capacidades básicas para ocupar un cargo de dirección.

    Recordemos siempre que para ejercer con éxito un cargo de dirección, además de la idoneidad y la ética, la habilidad política es imprescindible.

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    Publicado por jotaefeb | 15 mayo, 2016, 6:17 pm
  10. José Serra contra Horacio Cartes
    15 May 2016

    Por Enrique Vargas Peña

    Gracias a la caída de Dilma Rousseff, que permitió al mundo conocer la tremenda podredumbre que mina a la clase política brasileña, ahora sabemos cómo financian los intereses económicos y comerciales de nuestro vecino del Este a sus operadores en el gobierno, en el Congreso, en los estados y aun en los municipios de Brasil.

    Las relaciones de las gigantes Odebrecht y Andrade Gutiérrez con el Partido de los Trabajadores (PT) de Dilma, no son más que repeticiones corregidas y aumentadas del modo en que los políticos brasileños actúan, recibiendo financiamiento a cambio de contratos o apoyos de privilegio que, a su vez, sirven de fuente para nuevos y mayores financiamientos.

    Rodrigo Dolandeli, en el estudio que realizó para el compendio “Financiamiento Político y Regulación de Campañas Electorales en América Latina” del Centro Carter (http://www.cartercenter.org), ya adelantaba las debilidades del sistema brasileño antes de que salieran a luz las confirmaciones dadas por el “lava jato” (http://bit.ly/1TbvIZv): “La Ley de Elecciones (9504/1997) establece que las empresas pueden contribuir financieramente con hasta 2% de su facturación bruta del año anterior a la elección (Art. 81), mientras que los individuos pueden donar hasta 10% de los ingresos declarados al IRPF (Impuesto Sobre la Renta de las Personas Físicas). Esta regla amplía el poder de las empresas en comparación con los recursos de las personas”.

    Y continuaba: “Dado que las empresas, especialmente las ‘big donors’, contribuyen con la mayor parte de la financiación electoral, la democracia brasileña es muy dependiente de esta fuente. Así, las organizaciones partidarias, ante la realidad de estas contribuciones, están cada vez más alejadas de sus bases sociales. Esta situación se agrava debido a la omisión de la legislación que no establece límites a las donaciones a los partidos políticos, especialmente en años no electorales”.

    Dolandeli explicaba que “La literatura especializada ha demostrado que hay una alta correlación dinero y voto, siendo imprescindible el apoyo empresarial en Brasil para que el candidato sea electoralmente competitivo. Esta situación lleva a una alta concentración de los recursos en unos pocos actores. Otra consecuencia negativa es la influencia del dinero ‘interesado’ en la política pública, donde el lobby pesa más que el interés público y sirve como puerta de entrada a la corrupción”.

    Y añadía que “A pesar de la reciente mejora en la legislación electoral, como, por ejemplo, la Ley de la Compra de Votos (9870/1999), la fiscalización durante la elección sigue siendo muy débil. El dinero fluye como agua, encontrando vacíos en la legislación para la práctica ilegal, tales como el ‘Caixa 2’ (donaciones no informadas al Sistema para la Rendición de Cuentas Electorales –SPCE–) y la ‘Boca de Urna’, dos actividades ilegales generalizadas en la cultura política brasileña”.

    Dolandeli concluía que “Acerca del ‘Caixa 2’, parece que se ha utilizado básicamente para financiar las actividades prohibidas por la ley. Del mismo modo, se supone que la mayoría de estos recursos son producto de la evasión fiscal de las empresas, configurando una trama compleja que requiere muchos esfuerzos de fiscalización” (http://bit.ly/1TCQpI4).

    Menciono todo lo anterior para abordar el problema que representa para la política exterior paraguaya la posición que sobre nuestro presidente, Horacio Cartes, tiene el nuevo ministro brasileño de Relaciones Exteriores, José Serra (http://bit.ly/24RELAX), senador, ex candidato presidencial y figura determinante del partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) (http://www.psdb.org.br) del ex presidente Fernando Henrique Cardoso.

    El nuevo canciller brasileño acusa a Horacio de contrabandista y acusa a “Lula” y Dilma de favorecer “demasiado” a Paraguay durante el gobierno de Fernando Lugo.

    Serra participó de eventos patrocinados por la tabacalera brasileña Souza Cruz (http://bit.ly/1TCRDmB) y, a pesar de mencionar siempre sus diferencias de criterio con la tabacalera, repite sin solución de continuidad el discurso de la empresa de cigarrillos sobre Paraguay, que podemos leer resumido en una entrevista que la revista “Isto É” le realizó al entonces presidente de la empresa en agosto del 2000 (http://bit.ly/1TMYHgp).

    Souza Cruz es la mayor tabacalera de Brasil, subsidiaria de la British American Tobacco (BAT) (http://www.souzacruz.com.br/) (http://bit.ly/1Nu8rzG), y sus mercados, el particular de Souza Cruz y el general de BAT, están siendo conquistados por tabacaleras paraguayas, especialmente Tabesa, del Grupo Cartes.

    Y Serra no solamente acusa a Horacio de contrabandista, sino que sostiene que Itaipú es un acto de “filantropía” (http://abr.ai/1qkfJL9) (http://bit.ly/227QSrS) (http://bit.ly/23Q7IuF).

    Conversé en la 9.70 AM con nuestro canciller, Eladio Loizaga, sobre este tema el viernes 13 (http://bit.ly/1TbxolD) y no pareció muy preocupado sobre la influencia de las posiciones de Serra en la definición de la política exterior brasileña, sosteniendo que dicha política se define en Brasil en base a consideraciones distintas a los intereses particulares de los políticos.

    Creo que Eladio está equivocado. Los brasileños siempre vendieron la idea de que su política exterior se fija en el palacio de Itamaraty en base al interés general de los brasileños, y yo mismo he comprado siempre esa idea, pero los gobiernos de “Lula” y Dilma muestran que tal idea es pura propaganda y que la política exterior brasileña la hacen los políticos en base a sus intereses particulares, igual que acá o en los demás países del Tercer Mundo.

    El apoyo de Brasil a la dictadura venezolana, violadora de las Cartas Democráticas de la Organización de Estados Americanos (OEA) y del Mercosur y violadora de derechos humanos, no permite dudar sobre que no hubo intereses nacionales defendidos por Itamaraty, sino intereses de Odebrecht, que durante los gobiernos de “Lula” y Dilma consiguió gracias a ellos enormes contratos en Venezuela (http://bit.ly/1TCTGqT) (http://bit.ly/1R1TzDn) (http://glo.bo/1JRiPf1) (http://bit.ly/1TbyKNh).

    Por tanto, me temo que la sintonía de José Serra con Souza Cruz sí incidirá en la política exterior brasileña durante el gobierno del presidente Michel Temer.

    Ocultar el problema no elimina el problema sino que impide solucionarlo. Brasil, lastimosamente, tiene una indeseable importancia en nuestra vida económica y política como para no abordar con madurez y conocimiento las situaciones que allí se generan y que penosamente, nos guste o no, impactan en nuestra vida diaria.

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    Publicado por jotaefeb | 15 mayo, 2016, 6:05 pm
  11. ¡Ojalá nos equivoquemos!

    Todo muy parecido a los procesos de los años 70 en adelante. La década perdida, la llamaron. En realidad duró mucho más que una década. Líderes legítimos, algunos ya de camiseta populista, hicieron lastimosamente malos gobiernos que terminaron arrastrando a sus países a violentas crisis. La mayoría de ellas “solucionadas” por líderes militares, que llegaron para poner orden y lograr la “reconstrucción nacional”.

    Stroessner fue uno de ellos, para qué ir tan lejos. Así en la Argentina, en el Brasil, en Chile, etc., los hombres de uniforme llegaron con sus vistosas charreteras y se plantaron como la solución al drama que se estaba viviendo. La gente hasta los aplaudió creyendo en ellos.

    Resultaron un fiasco completo, mas ladrones y bandidos, no pudieron ser; también criminales salvajes, puesto que encabezaron represiones sangrientas que hicieron desaparecer a la flor y nata de las juventudes de nuestros países, quienes anticiparon el problema y quisieron correrlos del poder antes que hagan más daño. Lo pagaron bien caro. Hasta ahora se descubren sus tumbas.

    Lo que está pasando en el Brasil tiene el tufo a ese drama latinoamericano que estamos mencionando. Todo es muy parecido. Un gobierno populista, que hizo bien sus deberes sobre todo en la cuestión social, y ni que decir en la lucha contra la pobreza, finalmente es derrocado constitucionalmente es cierto, pero dando lugar a una tenebrosa entente, donde medran viejos manguruyuses de la política brasileña, la mayoría de ellos salpicados por los mismos escándalos de corrupción que terminaron serruchando el piso a la presidenta Rousseff y su padrino “Lula”.

    El presidente “interino” Temer fue señalado por un magistrado también como pasible de juicio político al alegar que la acusación es similar a la que llevó al banquillo a Rousseff. Es decir firmar algunos de los decretos que facilitaron maniobras contables para maquillar los resultados del gobierno en los últimos dos años.

    La misma suerte corrió otro de los “súper enemigos” de Dilma, especialmente el titular de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, quien empezó a ser investigado por la Corte Suprema de Justicia, por los delitos de corrupción y lavado de dinero,nada menos que en el “Petrolão”.

    Los fiscales acusan a Cunha de haber aceptado $5 millones en sobornos entre 2006 y 2012, relacionados con la construcción de dos buques de perforación de la empresa Petrobras.

    Una maravilla, se abrazaron todos y se repartieron cargos en el nuevo Gabinete de “salvación nacional”, proclamando a los cuatro vientos que llamaban a la unidad para “refundar la Nación”.

    En plan de redentores lo primero que hicieron es anunciar un masivo despido de más de 4.000 trabajadores de los servicios públicos, antes del 31 de diciembre de este año.

    Para más el nuevo canciller, es un declarado enemigo del Paraguay y se refirió con gruesas palabras al presidente Cartes. Ahora extremará su cinismo obviamente.

    Lo decíamos. Todo muy similar. Ojalá nos equivoquemos. Y que el Brasil y por ende los vecinos de este gigante, no hayan caído nuevamente de la sartén…al fuego.

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    Publicado por jotaefeb | 14 mayo, 2016, 9:26 am
  12. Temer a Temer

    Por Alfredo Boccia

    “Esto no es un golpe, pero que parecido, ¿no?”, cuestionó con estilo campechano el Pepe Mujica al ser preguntado sobre la situación del Brasil. Los paraguayos sabemos por experiencia la enorme crispación social que se genera cuando un grupo de parlamentarios corrige la decisión –acertada o no– tomada por millones de electores. Por eso, aquellos que, desde estas tierras, festejan la salida de Dilma deberían fijarse que la fiesta puede terminar mal para nosotros.

    La caída del PT se debió, básicamente, a dos causas. El gigantesco escándalo de corrupción en Petrobras, en el que se involucraron muchos políticos del Gobierno; y la caída de la economía, que se contrae desde hace cuatro años y que tiene un pronóstico sombrío. Llegado a este punto, es necesario señalar que Dilma no es acusada personalmente de ningún delito de corrupción, mientras muchos de los legisladores que impulsaron el impeachment sí lo están. El caso más patético es el del diputado Eduardo Cunha, correligionario de Temer en el PMDB.

    El problema económico, por su parte requerirá reformas y ajustes con alto costo político, pues pondrán a la clase media en un tobogán que las llevará de vuelta a la pobreza. Quien deberá tomar esas decisiones será Temer, quien además del estigma de la ilegitimidad y de no estar libre de corrupción, es más impopular que la propia Dilma. Una encuesta de Datafolha revela que solo el 2% de la población votaría por Temer en una elección presidencial.

    Antes de esta crisis terminal, se anunciaba una recesión larga y profunda. Esta salida traumática puede obligar a elecciones anticipadas. Si llega a haber proselitismo electoral en medio del caos, habrá una tormenta perfecta hasta fin de año.

    El problema no es solo del Brasil. Ese país representa el 40% del PIB regional en su conjunto. Si se cae, arrastra a muchos y nosotros somos el más expuesto. Esto lo saben bien los comerciantes de Ciudad del Este, Pedro Juan Caballero y Salto del Guairá, que sienten desde hace tiempo el impacto de la menor actividad comercial porque el tipo de cambio vuelve menos atractivas las compras fronterizas. Además, las crecientes inversiones brasileñas en nuestro país se van estancando. Como consecuencias inmediatas hay despidos, bajas salariales, achicamiento de personal de miles de pequeños negocios. Se verán golpeadas también las empresas maquiladores que producen para la industria automotriz brasileña. Si Brasil compra menos, Paraguay reduce las exportaciones de productos no tradicionales como cables, plásticos, textiles, calzados y quizás –¡Dios no lo permita!– hasta tabaco.

    Estamos anclados al Brasil. Los economistas afirman que cuando el PIB del Brasil baja un punto, automáticamente el nuestro desciende medio punto. Siendo que el remedio puede ser peor que la enfermedad, aconsejaría a la derecha local que modere el entusiasmo. Más bien deberíamos temer a Temer.

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    Publicado por jotaefeb | 14 mayo, 2016, 7:17 am
  13. Hay que estar atento a la crisis brasileña

    El agravamiento de la situación política en el Brasil y su recesión económica constituyen datos alarmantes para la región, particularmente para el Paraguay. El importante intercambio mercantil que mantenemos con nuestro principal vecino y socio comercial en el Mercosur puede verse afectado por el desalentador panorama que allí se vive.
    La recesión económica que atraviesa el Brasil se perfilaba ya desde el 2014 y el año pasado fue declarada de manera oficial. A este desalentador panorama, que supuso un frenazo para la economía regional, se le sumó la inestabilidad política, por el hecho de que la primera mandataria del país hermano, Dilma Rousseff, soporta un incierto proceso de enjuiciamiento político de impredecibles consecuencias.
    Pero no es solamente su presidenta la que se encuentra en la cuerda floja, es toda la estructura del oficialismo la que es sacudida por casos de corrupción que afectan seriamente al gobernante Partido de los Trabajadores y salpican incluso a uno de sus propios fundadores, el ex presidente Lula Da Silva.
    Nadie aquí puede concebir la idea de que la recesión brasileña nos “beneficia”, puesto que podría suponer la llegada “masiva” de industriales y/o empresarios del vecino país. En primer término, la economía paraguaya ya recibió los ramalazos del retraimiento económico del Brasil, lo cual quedó demostrado en la progresiva disminución del crecimiento registrado aquí el año pasado y las previsiones no tan positivas para el actual.
    Por lo demás, el Paraguay tiene una alta dependencia comercial del vecino país, algo que puede agravar el impacto de la crisis económica en nuestro propio modelo productivo. La historia se ha encargado de demostrarnos en innumerables ocasiones que cuando Argentina o Brasil estornudan, Paraguay y Uruguay –las economías menores del Mercosur– se resfrían.
    Efectivamente, la devaluación del Brasil en 1999 y la severa convulsión económica y política registrada en Argentina en 2001 dejaron muy severas consecuencias en el Paraguay, que llegó a encontrarse a un paso de default al culminar el gobierno del presidente Luis Ángel González Macchi. En efecto, de aquella época data la crisis nunca definitivamente resuelta que atraviesa el Mercosur.
    Por muy grande y poderoso que sea el Brasil, la globalización también se encargó de enseñarnos que la interdependencia es un fenómeno inevitable del proceso de mundialización que vivimos en el presente. Este es, pues, un momento para que el Mercosur active sus mecanismos de cooperación política para acudir en auxilio de su país miembro de mayores dimensiones geográficas, ayudándolo a superar la severa inestabilidad que atraviesa, haciendo un seguimiento cercano del proceso que se desarrolla, cuidando que los actores electorales cumplan con las normas establecidas en las prescripciones de su propia Constitución.
    El Mercosur tampoco puede darse el lujo de presentarse en las negociaciones internacionales de integración económico-comercial con otros países o grupos de países de la mano de un líder debilitado por una crisis que cada día trae aparejadas nuevas sorpresas e imprevisibles resoluciones.

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    Publicado por jotaefeb | 9 abril, 2016, 10:24 am
  14. Crisis política “a la brasileña”… en Brasil

    Todo iba transcurriendo por sus carriles apropiados -en lo que a la crisis política en Brasil se refiere- cuando tenía que llegar el comentario sesgado y ofensivo que nos obliga a meternos en el ruedo y poner las cosas en su lugar. Primero fueron algunos comentarios sueltos denotando la extrañeza de que el Paraguay no se pronunciara sobre la situación política en el gigante vecino a partir de una consulta hecha en el seno de la Unasur. “Paraguay es respetuoso de la soberanía de las naciones y sólo espera que Brasil supere sus dificultades por la vía institucional”. En Brasilia, esto se interpretó como un tácito apoyo al golpe de Estado en camino como Dilma Rousseff y Luiz Inacio “Lula” Da Silva no se cansan de repetir. Pero de lo anónimo e inespecífico ahora se pasa a la calificación ofensiva y agraviante. De acuerdo a declaraciones formuladas a Folha de São Paulo, Florisvaldo Fier, prominente figura del gobernante Partido de los Trabajadores, en Brasil “se está diseñando una ruptura del orden institucional y de la Constitución y eso preocupa a todos los demás países miembros del Mercosur”, añadiendo que Brasil podría recibir las mismas sanciones que el Paraguay en 2012 a raíz del “golpe parlamentario” que sacó del Gobierno a Fernando Lugo.

    Le guste o no al señor Fier, la Constitución brasileña consagra en sus artículos 51, 52 y 85 la figura del enjuiciamiento del Presidente de la República por lo que califica de “delitos de responsabilidad” que engloba siete ítems, entre ellos, contra “la probidad en la Administración” y “la ley presupuestaria”.

    La Cámara de Diputados tendrá que reunir el voto de dos tercios de sus miembros para autorizar el procesamiento del Presidente, correspondiendo al Senado federal juzgarlo y dictar sentencia condenatoria o absolutoria. Tal y cual se hizo en nuestro país en 2012 en base a lo establecido por el artículo 225 de la carta magna. Brasil ya lo hizo en 1992 sometiendo a “impeachment” a Fernando Color de Melho, un presidente moldeado a la medida de la derecha empresaria que se opuso y ganó a “Lula” la Presidencia. Esa vez, ni el PT y ni siquiera los partidos que apoyaron a Color hablaron de “golpe de Estado”, tan evidentes y masivos fueron los actos de corrupción que envolvieron a la administración Color. Y eso que las maniobras dolosas que quedaron por entonces al descubierto no alcanzaban las astronómicas sumas que hoy se afirma tienen los actos corruptos bajo análisis de la justicia.

    Se comprende que Dilma no quiera irse y que Lula busque sostener a su apadrinada política. Por eso lo del “golpe de Estado a la paraguaya”, como dijo otro notable miembro del gabinete petista. La última línea de defensa es desacreditar a la justicia brasileña, asustar a los legisladores indecisos y hacer caer el voto de censura. Solo faltaría que Nicolás Maduro encabece una nueva patota de cancilleres, tal como lo hizo en nuestro país. Sólo que el ejército de Brasil ya puso en claro que no le interesa “golpear” a la antigua. Claro y directo.

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    Publicado por jotaefeb | 31 marzo, 2016, 9:31 am
  15. La diplomacia intervencionista bolivariana se saca la máscara

    A medida que arrecia la tormenta política en Brasil, con la amenaza sobre la presidenta Dilma Rousseff de un juicio de destitución en el Congreso por presunta manipulación de las cuentas públicas, su antecesor y padrino político, Luis Inácio Lula da Silva, también está en la cuerda floja, investigado por un juez por supuesta participación en la trama de corrupción de la petrolera estatal Petrobras. Este inesperado deslizamiento de las placas tectónicas bolivarianas en el país continente ha provocado un tsunami que amenaza demoler el andamiaje virtual del socialismo del siglo 21 impulsado por Lula da Silva y Hugo Chávez, en connivencia con los hermanos Castro de Cuba.

    Tan inesperado escenario de convulsión política en el bastión continental de la izquierda marxista ha alarmado a los gobernantes cofrades que restan en la región. El primero de ellos en pegar el grito al cielo ha sido el presidente de Bolivia, Evo Morales, quien el sábado 19 del corriente, en un acto público, lanzó un desesperado grito de socorro a favor de la embretada mandataria brasileña y de su antecesor, Lula da Silva. En dramático apelo a su par Tabaré Vázquez de Uruguay, país que ejerce la presidencia pro témpore de Unasur, urgió convocar a una cumbre de emergencia en Brasil a tal efecto.

    “Algunos presidentes de Sudamérica deberíamos hacer una reunión de emergencia de Unasur en Brasil, para defender la democracia en Brasil, para defender a Dilma, para defender la paz, para defender al compañero Lula y a todos los trabajadores (…) Ojalá el hermano presidente de Unasur, presidente pro témpore, doctor Tabaré Vázquez, nos convoque rápidamente a Brasil, para expresar nuestra solidaridad y evitar cualquier golpe congresional o judicial. Ese es el gran deseo que tenemos”, expresó el exaltado gobernante boliviano (las negritas son nuestras).

    Con su cinismo característico, Evo Morales no tuvo empacho en reivindicar como ejemplo de solidaridad bolivariana el atropello perpetrado contra el derecho de autodeterminación del pueblo paraguayo en ocasión de la destitución de su cofrade Fernando Lugo de la presidencia de la República por mal desempeño de funciones en 2012. Como era de esperar, se unieron al reclamo de Morales los presidentes de Ecuador, Rafael Correa; de Uruguay, Tabaré Vázquez, y Nicolás Maduro, de Venezuela. Quien tampoco quedó atrás fue el secretario general de Unasur, el colombiano Ernesto Samper, quien expresó a Lula su solidaridad acotando que él es víctima de un “linchamiento mediático”.

    En plausible actitud diplomática, que contrasta con la que tuviera en ocasión de aceptar pasar bajo las horcas caudinas tendidas por las presidentas Dilma Rousseff y Cristina Fernández de Kirchner, vejatorias de la dignidad del pueblo paraguayo en represalia por la destitución del presidente Fernando Lugo, en esta oportunidad el Gobierno del presidente Horacio Cartes ha tomado una actitud que reivindica el honor de la República al negarse a firmar cualquier declaración de apoyo a la mandataria brasileña y a su antecesor Lula da Silva que eventualmente se emita desde el ámbito del Mercosur o la Unasur. “No intervenimos en los asuntos internos de los países. La postura del Gobierno paraguayo es respetar las instituciones del Brasil. Es un país modelo para el mundo en el respeto de sus instituciones. Paraguay no cree conveniente que se saque ningún tipo de pronunciamiento ni a favor ni en contra de nadie. Nos ajustamos al respeto de la soberanía de los países. No apoyamos ese tipo de comunicados”, declaró tajantemente al respecto el vicecanciller Óscar Cabello, quien interina el Ministerio de Relaciones Exteriores en ausencia del ministro Eladio Loizaga, de visita en Japón.

    Según el vicecanciller, las autoridades de Mercosur y Unasur realizaron consultas para firmar una declaración de apoyo a la Presidenta brasileña ante la tormenta política que enfrenta. De hecho, la iniciativa diplomática de apoyo responde al pedido formulado inicialmente por el presidente boliviano Evo Morales, respaldado solidariamente por los mandatarios alineados con la vulgata bolivariana.

    Más allá de la coyuntural crisis política brasileña, la postura del Gobierno paraguayo tiene una connotación diplomática relevante, pues la reciprocidad de actitud es la regla de oro de la diplomacia convencional entre los gobiernos con celo por la dignidad de su pueblo. En tal sentido, la presidenta Dilma Rousseff no merece ninguna muestra de simpatía de parte del soberano pueblo paraguayo, pues lo humilló injustamente con prepotencia y desprecio, junto con su exhomóloga Cristina Fernández de Kirchner y el uruguayo José “Pepe” Mujica.

    Celebramos que, esta vez, el presidente Horacio Cartes ha interpretado correctamente el sentimiento del pueblo paraguayo y obrado en consecuencia. Ojalá que este cambio de actitud diplomática marque un antes y un después en la dinámica de las relaciones exteriores de nuestro país, en particular con nuestros mayores socios en el Mercosur, y se trasunte también en las usinas hidroeléctricas binacionales, donde somos un socio geopolíticamente indispensable.

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    Publicado por Anónimo | 28 marzo, 2016, 5:18 am
  16. Distintos en la visión, similares en la corrupción

    Los vientos socialistas del sur han soplado en Sudamérica desde 1999 cuando Hugo Chávez fue elegido presidente en Venezuela, dando fin a una partidocracia corrupta y marcando un derrotero ideológico en la región. Y resucitando a Cuba como farol político influyente.

    Con él, otros gobiernos de corte socialista se impusieron a través de las urnas. Lula Da Silva, del Partido de los Trabajadores, en Brasil, en el 2003. Fue reelecto y gobernó hasta el 2010. Lo sucedió su ahijada política Dilma Rouseff, que va por su segundo mandato.

    En el 2003 también se inauguraba la era K con Néstor Kirchner. Tal fue su impronta que su esposa Cristina heredó el poder, fue electa y reelecta y gobernó desde el 2007 hasta el año pasado. En Bolivia, el líder indígena Evo Morales, hizo historia al ganar en el 2005. Va por su segunda reelección y gobernará hasta el 2020. En Uruguay, el Frente Amplio entraba a escena en el 2004, de la mano de Tabaré Vázquez, siguió con Pepe Mujica. Vázquez volvió a recibir la banda presidencial de Mujica ya que fue reelecto en el 2015 y gobernará hasta el 2020. Los vientos siguieron soplando y en Ecuador, Rafael Correa se impuso en el 2007 y hace poco en el país se aprobó la reelección indefinida. En Paraguay, ese viento sur llegó en el 2008 con el ex obispo Fernando Lugo, cuyo mandato terminó abruptamente en el 2012 tras su destitución vía juicio político.

    Pero la fuerza socialista va menguando su poder. Argentina ya dio el giro, Paraguay volvió a lo suyo y en los demás países los cimientos socialistas están resquebrajándose. Quizá por demostrar en el ejercicio del poder demasiada similitud con la derecha, tanto en la corrupción, tanto en la permanencia en el poder forzando reelecciones infinitas.

    BRASIL. El mítico Lula está hoy en el centro de la escena por los escándalos de corrupción. Primero fue el Mensalao, o las coimas en el Congreso. Ahora está la operación Lava Jato, que investiga una multimillonaria red de corrupción de coimas y lavado de dinero. Se habla de 8 mil millones de dólares desviados de Petrobras. Lula está procesado y para salvarlo de un eventual encarcelamiento Dilma lo nombró ministro, desatando una crisis de alto voltaje con juicio político de por medio y una guerra de poderes con final incierto.

    ARGENTINA. La era K finalizó con la victoria sorprendente del empresario de derecha, Mauricio Macri. Los cuestionados planes sociales no fueron suficientes para mantenerlos en el poder ante la descomunal corrupción que salpicaron durante la campaña y que hoy se confirman, dejando en bancarrota moral al kirchnerismo. “Ustedes hablan a veces como el Che Guevara pero viven como Isidoro Cañones”, ironizó días pasados un diputado radical, como trágica comparación de una herencia política que se desdibuja ante tantas denuncias.

    VENEZUELA. En el país caribeño se acuñó la palabra “boliburguesía” para definir a los nuevos ricos de la revolución del siglo XXI. La era Chávez que finalizó abruptamente con su muerte y sigue a los trancos con Nicolás Maduro, a quien le está costando mantener el sueño bolivariano. Venezuela vive una severa crisis económica, con escasez de alimentos, desabastecimiento y una inflación por los cielos. Y una crisis política en estado latente.

    BOLIVIA. Evo Morales, a diferencia de sus aliados, ha logrado la transformación de Bolivia, un hecho reconocido por sus adversarios políticos y organismos multilaterales. Tampoco resistió el reinado vitalicio y se sumó a la ola de las reelecciones. Su mandato empezó en el 2005 y va hasta el 2020. Sin embargo, un escándalo de corrupción con polleras de por medio, lo bajó de las nubes y un referendo le denegó la posibilidad de un cuarto mandato.

    URUGUAY. Es el país más discreto del bloque y con menos escándalos de corrupción, aunque la petrolera estatal (Ancap) está dando titulares por su descomunal deuda, estimada en USD 800 millones, gastadas en frivolidades que tienen azorados a los uruguayos. Una crisis que dispara al corazón del Frente Amplio y pone entre las cuerdas a las autoridades.

    EL MISMO CÁNCER. Esta breve crónica muestra que la corrupción es un rasgo que une a los gobiernos, más allá de sus banderas ideológicas. Pero hoy golpea especialmente a los socialistas que llegaron en el 2000 con los vientos de cambio, como un halo fresco en una región golpeada por las dictaduras y partidos de derecha que no hicieron otra cosa sino asaltar las arcas del Estado. Vinieron para cambiar las viejas estructuras y cayeron en la misma trampa. No resistieron el “discreto encanto de la burguesía”.

    La gestión social y la lucha contra la pobreza pasan a segundo plano ante tanta corrupción.

    Socialistas y conservadores de derecha serán diferentes en sus visiones con respecto a las respuestas a los problemas sociales y económicos, pero como se ve, la ideología es puro cuento cuando se empieza a investigar el uso y abuso de los fondos del Estado, y ese deseo incontenible de someter al Poder Judicial.

    Tienen banderas distintas, pero todos roban del mismo banco.

    por Estela Ruiz Diaz

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    Publicado por Anónimo | 27 marzo, 2016, 4:49 pm
  17. La defensa bolivariana de Dilma
    27 Mar 2016

    Por Enrique Vargas Peña

    La posición anunciada por nuestro gobierno en el tema del proceso de juicio político a la presidenta brasileña Dilma Rousseff (http://bit.ly/1USFRss) es correcta: La pretensión de las dictaduras y cuasi-dictaduras bolivarianas de presentar, a través de Mercosur, Unasur y Celac, los procesos institucionales democráticos de control como “instrumentos golpistas” (http://bit.ly/1VNXFWy) no es otra cosa que fortalecer la idea de autocracias blindadas frente al examen y la participación populares.

    Es una característica histórica, tradicional, de las dictaduras marxistas pervertir el lenguaje para presentar las cosas al revés de lo que en realidad son. Desde que se empezaron a establecer, primero en Rusia en 1917 y luego en Europa central en 1948 y más tarde en el resto del mundo, las dictaduras marxistas se autodenominaron a sí mismas “democracias populares”, cuando en realidad no eran democracias ni eran populares.

    Vladimir Illich Ulianov, Lenin, había ideado este sistema elitista y mesiánico de opresión, denominándolo “centralismo democrático” en “Qué Hacer” (http://amzn.to/1ScYFxL). El sistema puede explicarse como el poder de una cúpula autonombrada de designar desde arriba y sin participación popular decisiva a supuestos representantes de unidades de militantes, grupos sociales o zonas geográficas que a su vez formalizan, en lo sucesivo, los nombramientos de nuevos integrantes de la cúpula autonombrada.

    El sistema de Lenin era ciertamente centralista, pero nunca fue ni jamás será democrático. Los marxistas hablan siempre en nombre del pueblo, a veces actúan para el pueblo, pero nunca actúan con el pueblo. Jamás.

    En el mejor de los casos, no son más que la versión modernizada del “despotismo ilustrado” de María Teresa de Austria o Federico II de Prusia (http://bit.ly/1UseSFH). Si el progreso es proporcional a la participación popular, los marxistas solo son reaccionarios disfrazados de progresistas.

    En fecha tan temprana como 1948, la perversión del lenguaje por los marxistas fue denunciada por el hasta entonces militante marxista George Orwell en su celebérrima novela “1984” (http://amzn.to/1SmDDPI), una obra que debe leer toda persona que quiera entender realmente al marxismo en función de poder o, actualmente, al movimiento bolivariano que, desde luego, se define por “Repetir Lenin” (http://amzn.to/1LPdg5L).

    Orwell la describió como la “neolengua” (http://bit.ly/10BDmCw), donde paz significa guerra o amor significa odio. Así hablan los bolivarianos: A su dictadura llaman democracia y a los instrumentos democráticos de control popular sobre el poder los denominan golpismo.

    Como no podía ser de otra manera, quienes están pidiendo usar Mercosur, Unasur o Celac, para calificar al funcionamiento de las instituciones brasileñas de control popular sobre el poder como golpismo, son las dictaduras y cuasi-dictaduras bolivarianas cuya dependencia del Partido de los Trabajadores de Brasil (PT) en el gobierno puede ser resumida perfectamente con el caso Oderbrecht, empresa brasileña que tiene contratos de privilegio en Venezuela por sus aportes a las campañas electorales del PT (http://bit.ly/1NPl2bC) (http://hrld.us/1MIADc4) (http://bit.ly/1pCQXpu).

    Marcelo Oderbrecht, el director de la empresa, acaba de ser condenado en Brasil a diecinueve años de prisión por hechos como los mencionados (http://bit.ly/1pvyNqa) y, para desgracia del PT, hace pocos días acordó con la fiscalía confesar lo que sabe a cambio de reducir su castigo (http://bit.ly/1q7CORS).

    Los bolivarianos tienen todavía la cara dura de decir que estas condenas son una “conspiración de la derecha”, como lo repite sin solución de continuidad el diputado liberal Víctor Ríos, sin explicar cómo Oderbrecht y los demás empresarios que aportaron dinero robado a Petrobras, entre otras, a las arcas del PT se convirtieron en figuras tutelares de su idealizada izquierda.

    Por si los bolivarianos paraguayos liderados por Fernando Lugo, pero diseminados en todos nuestros partidos políticos pretenden olvidarlo, cuando nuestras instituciones democráticas de control funcionaron para destituir a Fernando de la presidencia de la República, Dilma lideró el movimiento para mantenerlo en la presidencia por la fuerza, expulsando ilegalmente a nuestro país de Mercosur e introduciendo más ilegalmente todavía a la dictadura venezolana en el bloque regional a pesar de la exigencia estatutaria de que solo pueden pertenecer a él las democracias plenas.

    En Brasil ocurre simplemente que se ha descubierto un esquema de corrupción construido desde el PT, bajo el liderazgo de Luiz Inacio “Lula” da Silva, que no tiene paralelo en la historia de ese país aun cuando la corrupción administrativa en Brasil tiene una larguísima tradición y un enorme volumen y es, ciertamente, una de las más largas y de las más grandes del Continente. Aun así, “Lula” lideró algo sin precedentes.

    Y ocurre que, como en toda democracia, cuando se descubre una corrupción tan inocultable por su enormidad, no hay manera alguna de detener el proceso de descontento popular y, por tanto, de canalización institucional de ese descontento, por la vía de las instituciones democráticas de control, como el juicio político.

    En Brasil no está en marcha ningún golpe que no sea del propio PT. El juicio político no es un golpe y solamente gente de mala fe, acostumbrada a robar como han robado desde el PT y desde los regímenes bolivarianos pretende que el juicio político a los ladrones es un golpe y que los ladrones deben permanecer en los lugares desde los que roban para que ellos no digan que es un golpe.

    Es una pretensión perversa de estos ladrones, la de que es un golpe de Estado impedirles que sigan robando. Quieren que se olvide que es dinero de la gente común el que están robando y pretenden que impedirles el robo es un golpe. Creo que ni siquiera Orwell imaginó jamás algo tan pervertido como lo que están pretendiendo los bolivarianos.

    Cuando Horacio Cartes asumió el gobierno le critiqué duramente haber abandonado su compromiso de julio del 2013 sobre que Paraguay no regresaría a Mercosur en las condiciones impuestas entonces por Dilma (http://bit.ly/1MIDH8e). Ya entonces se sabía todo lo que ahora está judicialmente probado. Pero debo admitir que su posición actual de no participar del coro bolivariano es correcta y espero que la mantenga. Dilma Rousseff debe estar en la cárcel y no en la presidencia de Brasil.

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    Publicado por Anónimo | 27 marzo, 2016, 7:22 am
  18. La inestabilidad política del Brasil afecta a nuestra economía

    La crisis política brasileña amenaza seriamente a la economía paraguaya. A la desaceleración económica que ya venía sufriendo el país vecino se agregan la inestabilidad y los riesgos que se derivan de un posible juicio político. La economía brasileña es la mayor de América Latina, mientras que la paraguaya no solo es pequeña en términos relativos sino que además está caracterizada por altos niveles de vulnerabilidad. Este escenario pone al país en una compleja situación que debe ser abordada por la política económica nacional. Paraguay no puede continuar dependiendo de más factores exógenos que endógenos, por lo que las autoridades deben contar con estrategias para diversificar la producción y las exportaciones y garantizar una trayectoria estable hacia el desarrollo.
    La economía paraguaya es relativamente pequeña frente a las economías brasileña y argentina, así que naturalmente está expuesta a los vaivenes políticos y económicos de estos dos países. Si bien Paraguay no puede cambiar de manera sustancial el tamaño de su economía, sí puede transformar su estructura productiva de manera a diversificarse, tanto en los bienes y servicios que produce como en los mercados a los que se dirige.

    Otro factor de vulnerabilidad, además de su tamaño, es la excesiva dependencia de factores climáticos, dado un patrón de producción con un peso relativo del sector primario muy elevado. El cambio climático y las condiciones propias de la naturaleza contribuyen a los altos niveles de variabilidad de la producción, lo que a su vez obstaculiza las inversiones y las innovaciones necesarias para un crecimiento sostenible en el tiempo.

    Si a estas dos características de la economía –pequeña y dependiente del clima– le agregamos la inestabilidad de la mayor economía de la región, nos enfrentamos a un escenario poco propicio para garantizar un buen desempeño económico a corto, mediano y largo plazo.

    Cada vez hay más argumentos a favor de un cambio radical en nuestro modelo económico debido a los múltiples factores que afectan a la economía y que son difíciles de manejar internamente. De hecho, Paraguay al ser una de las economías más abiertas de la región, históricamente ha sentido de manera profunda los problemas de los países vecinos.

    Ningún país se ha desarrollado dependiendo de la demanda externa y sin una política económica que viabilice un modelo productivo a largo plazo. Sin estabilidad y proyección no hay incentivos a la generación de empleos formales, a la innovación y a inversiones, factores imprescindibles para el desarrollo económico.

    La diversificación en la producción y en las exportaciones debe ser un objetivo explícito de todos los planes sectoriales. Es necesario aprender de la experiencia pasada y presente. No es la primera vez ni será la última que conflictos políticos o inestabilidad económica de los países vecinos afecten la economía paraguaya.

    Paraguay debe emprender el camino hacia un desarrollo sostenido a largo plazo. Pero ello requiere medidas para que la inestabilidad de las economías vecinas, como las de Brasil y Argentina, no afecte en demasía. Uno de los objetivos de estas medidas debe ser la diversificación productiva.

    La inestabilidad política que enfrenta el Brasil y que afecta a su economía se transmite a nuestro país. Si queremos seguir creciendo necesitamos reducir nuestra volatilidad, en parte influenciada por la economía brasileña. No avanzaremos en este objetivo sin políticas económicas que minimicen los efectos de la inestabilidad de la economía vecina.

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    Publicado por Anónimo | 27 marzo, 2016, 7:02 am
  19. La lección Brasil

    Por Roberto Sosa

    Hasta el momento existen 21 fiscales que vienen trabajando en aproximadamente 150 investigaciones, hay 39 acciones penales en la justicia federal de Paraná y cinco acciones civiles para obtener la devolución de lo desviado. Hay 494 personas y empresas que están en la mira de la Justicia, de las cuales 57 son políticos, numerosos de ellos ya pasaron por la prisión preventiva e incluso algunos siguen privados de su libertad.

    Estos son solo algunos de los números publicados recientemente por el diario Folha de Brasil con relación a la investigación de corrupción más grande de la historia de ese país, bautizada como el Petrolão. Una investigación que está poniendo en jaque a los más avezados políticos de los más importantes partidos y a empresarios de megasociedades que manejan miles de millones de dólares.

    Un juez implacable que se ha animado a enfrentar todo tipo de presiones, acompañado de fiscales que se han puesto los pantalones largos, y una increíble Policía Federal que no ha cedido a presiones, demuestran que instituciones sólidas son la garantía del verdadero desarrollo. Tanta es la seriedad de este proceso que hasta el poderoso Lula está contra las cuerdas mientras Dilma mira con temor y es probable que sea la próxima.

    En el Brasil se ha iniciado un proceso para un juicio político a la presidenta; pero más allá de lo que pueda pasar con ella, un debate persistente tiene que ver con el futuro: ¿En quién confiar si políticos de casi todos los partidos y grandes empresarios están envueltos en este escándalo?

    En Paraguay las cosas se manejan de manera diferente pese a que se viene dando una situación relativamente similar, aunque en menores proporciones, pero con un desenlace absolutamente distinto. Desde hace meses se vienen ventilando irregularidades de todos los colores en la Justicia Electoral, que afectan en muchos casos a los tres integrantes del Tribunal Superior (TSJE).

    Es cierto que se han iniciado investigaciones penales a raíz de estas denuncias; sin embargo, llama la atención que los legisladores no hayan activado los resortes jurídicos previstos para la destitución de los mismos vía juicio político. La cuestión es sencilla: las autoridades del TSJE saben demasiado sobre las trapisondas de los parlamentarios para la ubicación de operadores políticos rentados por el Estado (ergo, nosotros), la colocación de amigos, correligionarios y hasta amantes.

    Así se podrían citar una serie de hechos sumamente graves que afectan a autoridades y, por qué no, también con tentáculos en el sector privado. Lo cierto es que, al igual que en el Brasil, la clase política paraguaya se encuentra con un desprestigio creciente.

    En estos días ha surgido una tímida propuesta que podría ser la respuesta para no caer en el caos y liberar a nuestro país de las claques que manejan a su antojo los partidos políticos en el Paraguay: el desbloqueo de las famosas y tristes listas sábana. Lo ideal sería que este mecanismo no se limite a las internas de los partidos sino que se extienda a las elecciones generales.

    Será una oportunidad brillante para deshacerse de las lacras políticas y un verdadero ejercicio de democracia para toda la ciudadanía. Pero esto no será posible si los propios ciudadanos y las organizaciones no ejercen presión. Es hora de deshacernos de nuestro “petrolão”.

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    Publicado por Anónimo | 27 marzo, 2016, 6:51 am
  20. ¿Podrá Lula salvar a Dilma?

    Por Alfredo Boccia Paz –

    Imposible predecir el final de la crisis del Brasil. Toda la política latinoamericana se verá fuertemente influenciada por lo que suceda en los días que sigan a la Semana Santa.

    Es una coyuntura compleja en la que hay por lo menos cuatro planos superpuestos.

    Primero, el político, pues la polarización ha llegado a límites extremos por el desgaste que afecta a todo el sistema, no solo al partido de gobierno. Segundo, el económico, sentido por toda la población, afectada por la caída del crecimiento y los consiguientes ajustes de las políticas de redistribución.

    Tercero, el social, porque, con autonomía de lo que sucede en los partidos, los movimientos sociales y juveniles demostraron una fuerza sorprendente en los últimos años. Y, cuarto, el ético, porque en el centro de todo está la corrupción, que no se inició con el gobierno petista, sino que viene de bastante antes, hasta el punto que el mensalão forma parte de la tradición parlamentaria brasileña. Eso no excusa al PT de los abusos de los que es acusado.

    Para la derecha es una crisis terminal, causada por los desaciertos de Dilma Rousseff. Para la izquierda, se trata de una cruzada de las corporaciones empresariales y comunicacionales y de los partidos conservadores con la complicidad de sectores judiciales y policiales, dispuestos a tumbar por la vía legislativa a un gobierno elegido por más de 54 millones de votos. En estos días se lee con asiduidad en los periódicos brasileños la mención de un golpe blanco o “al estilo paraguayo”.

    Dilma está lejos de tener la fuerza de Lula. Por eso recurre a él, intentando incorporarlo al gobierno. Cotejando riesgos, Lula aceptó, porque, curtido en la lucha, sabe que la verdadera intención de la derecha es eliminarlo a él de la política. Eso se evidencia en la truculencia con la que los jueces federales actuaron al detenerlo aparatosamente en un innecesario espectáculo mediático, en la divulgación de sus conversaciones telefónicas o en el empeño en impedir que asuma como ministro. El campo conservador no tiene líderes aglutinantes y está fragmentado.

    Pese a estar muy golpeado por las denuncias de corrupción en el caso Petrobras, Lula sigue siendo un político muy popular, que podría volver a ganar en el 2018.

    Nadie sabe si Dilma aún puede ser salvada, pero sí quién podría hacerlo. Lula podría reinventar las articulaciones, tan frágiles como creativas, que permitieron que el PT gobierne durante los últimos doce años. Solo que Lula en el Planalto podría quedarse allí hasta más allá del 2018. Es poco probable que eso suceda, pero en Brasil nada es imposible. Por eso la derecha pone su mejor esfuerzo en evitarlo.

    Dentro de esa caótica situación, Lula ya ha logrado que la alicaída izquierda recupere algo de su viejo impulso, salga de nuevo a las calles y que artistas, intelectuales y notables vuelvan a unirse en torno al PT, del cual se sentían desilusionados.

    ¿Es suficiente eso para postergar el linchamiento del PT? Imposible saberlo. En cualquier caso, quien gane no estará cómodo. El continente tampoco.

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    Publicado por Anónimo | 26 marzo, 2016, 7:48 am
  21. Que la justicia prime sobre el sectarismo político
    24 Mar 2016

    que promueven organismos regionales, es justa y pertinente en sus términos, ya que se trata de presentar como una “intentona golpista” las multitudinarias protestas populares y la indignación generalizada de la opinión pública, que se hace expresa abiertamente por todos los canales democráticos de comunicación, así como la actuación de la Justicia brasileña.Las manifestaciones, que no son coyunturales, sino que vienen sucediéndose cada vez con más frecuencia, con mayor participación popular y más clamor de indignación, no pueden ser consideradas como una intentona “golpista”, sino como la expresión del descontento de una gran mayoría, no con relación a una política de gobierno, sino ante las cada vez más escandalosas y groseras operaciones de defraudación al Estado, a través de robos multimillonarios, en connivencia entre empresas públicas, empresarios privados y dirigentes políticos vinculados al gobierno, muchos de los cuales ya se han declarado culpables y, hasta en algunos casos, han vinculado los robos con los principales referentes del partido de gobierno, incluyendo a su líder más preponderante, el ex presidente “Lula”, quien trata en extremo de ampararse en unos fueros lanzados como un salvavidas por la misma presidenta Rousseff.La intervención de la Justicia brasileña, que puede ser tomada en la región como ejemplar y ejemplificadora, deja constancia de que se están procesando casos de fraudes contra el Estado, casos de corrupción que escandalizan a la opinión pública brasileña y a la comunidad internacional, por lo que se presenta como un “asalto” al erario público, es decir el patrimonio de todo el pueblo de Brasil. Está plenamente justificada la indignación y el pedido de renuncia del gobierno responsable de esta situación que trata de enmascarar, en vez de contribuir a su esclarecimiento, en una situación evidentemente agravada por la complicidad de altos jefes políticos vinculados al mismo. Cuanto menos se puede hablar de permisividad o negligencia, que son también causales justificadas de juicio político y de destitución de los gobernantes en los países democráticos.El derecho a la protesta y el pedido de justicia, cuando hay casos evidentes de apropiación indebida de bienes públicos por valores multimillonarios, no pueden ser considerados bajo ningún criterio democrático como intento golpista. Por el contrario, hay que exigir que se investiguen y se sancionen debidamente los graves delitos que saltan a la vista. Es plenamente justificado que la Justicia intervenga cuando se está, hablando claro, robando al Estado y hay evidentemente complicidad en el primer anillo del partido de gobierno, tanto como que el pueblo exprese multitudinariamente su indignación. Cabe, más bien, en este evidente y bochornoso caso de corrupción, que los organismos regionales, en vez de hacer una declaración pública que parece, más bien, de complicidad por afinidades políticas, es decir, de sectarismo, apoyen el reclamo de trasparencia institucional. Paraguay ha sufrido esta política de preeminencia de las “alianzas ideológicas”, por encima de las leyes; la famosa consigna esgrimida groseramente por el Mercosur de que lo político prima sobre lo jurídico; que la política prima sobre la justicia. Hay que preguntarse cuál partido o facción política y qué políticos hacen primar su voluntad sobre las leyes nacionales, regionales e internacionales, ya que el actual gobierno del Brasil representa a un sector político y no a todos.No solo hay que rechazar, sino que debe preocupar un comunicado de estas características sectarias, proviniendo de organismos multilaterales que deben representar a todos los sectores de cada país y a todos los países que los integran, ante otras naciones y otros bloques en los que se trata de que la justicia de las partes ofrezca garantías mutuas, de que la justicia prime sobre las componendas, es decir sobre la arbitrariedad.

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    Publicado por Anónimo | 24 marzo, 2016, 6:13 am
  22. Aquellos abrazos

    Los uruguayos asistimos perplejos y azorados a los informativos de cada noche que nos muestran los desfalcos y estafas que los gobernantes de Brasil y Argentina perpetraron y ocultaron durante su gestión. Las cifras son de millones y millones, los personajes de lo más encumbrados.

    Brasil y Argentina están muy cerca nuestro. ¿Cómo repercutirá todo eso en nuestro país? Buena pregunta, porque Brasil y Argentina no solo están cerca geográficamente sino que también lo están por vía del Frente Amplio. Nuestros gobernantes actuales se esforzaron en integrar la hermandad de gobernantes de izquierda progresis- ta (¿bolivariana?) del continente. Hablan el mismo lenguaje, tienen los mismos ídolos y se declaran víctimas de los mismos enemigos (el capitalismo, Estados Unidos, la prensa independiente) y protectores de los mismos sectores sociales. La proximidad que declaran no es geográfica, es nueva, inédita, propia de una nueva era y no refiere tanto a los pueblos (que son bastante heterogéneos) si-no a sus presidentes y a las mayorías: frentistas, kirchneristas y del P T.

    Nuestros gobernantes agasajaron a los Kirchner, los nombraron ciudadanos ilustres de Montevideo, les agradecieron su colaboración electoral con el llamado voto Buquebus y festejaron juntos. Hablaron (todavía hablan) a favor de Chávez y Maduro que no nos pagan las exportaciones que les hemos hecho. Cometieron la histórica inmoralidad de suspender al Paraguay del Mercosur para meter a Venezuela justificando que lo político está por encima de lo jurídico. Lo político era, se está sabiendo estos días, financiar campañas electorales y recompensar a sus afiliados con los dineros ordeñados de las empresas del estado.

    Ahora que se va destapando la maloliente porquería del PT. en Brasil y del kirchnerismo en la Argentina, aquellos piropos que intercambiaban con nuestros gobernantes, aquellos ruidosos palmoteos progresistas empiezan a incomodar. Los prohombres del Frente Amplio, sintiendo el vigoroso respaldo electoral, se pensaron tan importantes como ellos y tan libres para disponer de la hacienda pública en beneficio de la noble causa del pueblo (personalizada en ellos, naturalmente). Nuestros gobernantes creyeron que se sumaban a la pléyade popular que iba a transformar a la región. ¿Y ahora? Porque, además, es imposible impedir que el uruguayo medio no vea paralelismos y semejanzas entre las noticias del exterior y las noticias domésticas. Los famosos de allá están desfilando por los juzgados y los de acá hicieron mucho por acercarse a ellos, hablar el mismo lenguaje y parecerse.

    En Brasil y en Argentina, al desgarrarse la cortina que esos gobiernos mayoritarios mantenían cerrada, ha empezado a verse lo que había detrás: cuánta corrupción y cuánto poder para bloquear las investigaciones parlamentarias. El expresidente Lula, acosado, ha considerado barato desestimar la sospecha, acepta integrar el gabinete ministerial para comprar un tratamiento judicial privilegiado y va a jurar como ministro. Algunos frenteamplistas, todavía mareados de la vieja borrachera, han redactado un manifiesto en su defensa. La declaración del Frente Amplio en apoyo del tambaleante Sendic estuvo en la misma línea del atraso en despertar; los que se van despertando ahora dicen que no estuvieron de acuerdo. Antes que ellos ya ha despertado la gente. ¡Cuánto deben pesar ahora sobre la dirigencia frenteamplista aquellos abrazos de otrora!

    Juan Martín Posadas

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    Publicado por Anónimo | 22 marzo, 2016, 9:49 am
  23. De la sartén al fuego

    Por Elías Piris –

    Me preocupa Brasil. Nuestro vecino grande de al lado vive momentos poco antes vistos de agitación política.

    Multitudinarias movilizaciones en contra y a favor del gobierno de Dilma Rousseff se han sucedido en las últimas semanas a consecuencia de los sonados casos de corrupción que salpican a la más alta esfera oficialista, de esto tampoco se salva el histórico caudillo del Partido de los Trabajadores (PT) y ex presidente de la República en dos periodos, Luiz Inácio Lula Da Silva.

    Cuando los medios internacionales solo hablaban de la detención de Lula, me vinieron a la cabeza dos cuestiones: Primeramente la película Lula, el hijo del Brasil, realización cinematográfica imprescindible para entender cómo un obrero metalúrgico, sindicalista, de madre soltera y padre alcohólico y golpeador pudo llegar a ser presidente del país más grande de Sudamérica.

    Seguidamente, recordé la canción de la banda Os Paralamas Do Sucesso titulada Luiz Inácio e os 300 picaretas, cuya letra se basa en una declaración del susodicho a comienzos de la década de los noventa.

    En ese entonces Lula se presentaba como el líder más importante de la oposición y sus detractores sostenían que de llegar al poder iba a ser más de izquierda que Fidel Castro y el Che Guevara.

    ¿Cómo una figura tan relevante en la vida política del Brasil está a un paso de terminar en la cacerolita?

    ¿Qué pasó del barbudo dirigente sindical que criticaba a diestra y siniestra la política de los gobiernos neoliberales?

    Tal vez sepamos más temprano que tarde si verdaderamente Dilma y Lula metieron la mano en la lata, pero lo que preocupa realmente es ese clima enrarecido que deja ver una polarización sin precedentes en la sociedad brasileña.

    Me preocupa Brasil. No se trata de justificar la corrupción, sea de los petistas, los tucanos o de quien venga.

    Pero ver en las manifestaciones antigubernamentales a personas con pancartas gigantes pidiendo el regreso de los militares al poder sin ruborizarse aunque sea un poquito mete miedo, mucho miedo.

    Miedo de que la violencia gane las calles, porque ese sería el escenario propicio para la estocada final contra la democracia.

    Miedo, porque todo, absolutamente todo lo que pase en el Brasil indefectiblemente nos toca. No solo a nosotros en particular, sino a toda la región.

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    Publicado por Anónimo | 22 marzo, 2016, 8:57 am
  24. La farsa populista

    Impresionantes los escándalos de corrupción que sacuden al Brasil y la Argentina. Son casos espectaculares, soberbios, de miles de millones de dólares, que dejan estupefacto al más pintado. Esquemas que dejan al desnudo la fantástica chorrera de plata que iba a parar a los bolsillos de los paniaguados de los poderosos de turno, aquellos a quienes el pueblo pobre, la gente de a pié, idolatraba, porque los sentía como uno de ellos. Nada más lejos de la realidad. Se revelaron como tenebrosos ladrones que acumularon cuantiosas fortunas con dinero malhabido, casos que están saliendo a luz y que tienen el efecto de despertar primero la incredulidad y luego la ira, el rencor por la traición, el engaño, la mentira más inesperada de la “historia”.

    Por eso, la fuerza que tienen las manifestaciones del “Fora Dilma” en el Brasil. Por eso el “Deus” Lula, tuvo que meter el rabo entre las piernas y tratar de refugiarse en un cargo público buscando zafar del proceso que se le viene encima. El otrora bienamado Lula, el obrero metalúrgico que sacó del hambre a millones y millones de brasileños. ¡Qué manera de dilapidar su capital político!. Para quienes no están informados “saltó” en el Brasil un esquema de corrupción con la estatal Petrobras, por fantásticas sumas en millones de dólares, muchos de los cuales se sospecha que fueron a parar a los bolsillos de Dilma y Lula. Dicho sea de paso, hasta ahora, impecable el andar de la Justicia Brasileña.

    Si en el cariacontecido Brasil pasó lo que pasó, por qué no iba a ocurrir lo mismo en la bullanguera Argentina con el kaichiai gobierno del matrimonio Kirchner. Las denuncias más pesimistas se hicieron realidad cuando ante los atónitos ojos de millones de argentinos, se pasó un video donde jerarcas vinculados al kirchnerismo, estaban contando una montaña de dinero, fajos y fajos de euros y dólares apilados sobre una larga mesa, indudablemente el botín de operaciones dolosas vinculadas a la gestión de gobierno. Aún no salen de su asombro, se habla de 50 camionadas de dinero que salieron del país con rumbo a paraísos fiscales del planeta.

    Menos traumático que lo de Lula, porque de la Kirchner al menos se esperaba lo peor, mirando lo que hizo con la economía de la otrora rica Argentina.

    En un llamativo artículo publicado ayer por el periodista Jorge Torres Romero, en el portal “Hoy”, se comenta sobre el fracaso del populismo izquierdoso en Latinoamérica. Recuerda de paso que tanto Nicanor como Lugo reivindicaron esos procesos que hoy están en la picota. Y éstos dos, tienen intenciones de volver a postularse.

    Anotamos tres sentencias de la ya desaparecida “Dama de Hierro”, Margaret Thatcher, contenidas en dicho artículo

    “El error fatal de Lula y Dilma fue en el momento de prosperidad, cuando gastaron todo lo que habían recaudado, dando centavos a los más pobres y millones a la banda podrida de empresarios”.

    “El socialismo dura hasta que el dinero de los otros acaba, ya que resulta imposible llevar al pobre a la prosperidad a través de las leyes que castiguen a los ricos por su prosperidad”.

    “Por cada persona que gana sin trabajar, otra persona debe trabajar sin ganar. El gobierno no puede dar a alguien aquello que saca de otro alguien”.

    El mismo artículo concluye con una cita del senador del Partido Nacional de Uruguay, Javier García, que anotamos igualmente como colofón de este editorial.

    “La izquierda quebró su columna vertebral construida en base al relato ético que se oponía en su visión, a la oscura moralidad de sus opositores. Por el camino quedó el prometido hombre nuevo latinoamericano, sí crearon los nuevos ricos latinoamericanos: sus expresidentes, familias y entornos. Se formaron leyendo El Capital de Marx, pero gobernaron abrazados al peor capital, el de la corrupción”.

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    Publicado por Anónimo | 22 marzo, 2016, 8:52 am
  25. ¿Se va Dilma?

    La situación en Brasil se torna cada vez más preocupante. De nada sirve sentarse a mirar los noticieros de las grandes corporaciones mediáticas, con la Red Globo a la cabeza, pues en ellos solo podremos observar una visión completamente sesgada de la realidad, a la medida de los intereses de las élites dominantes, que se traduce en una impresionante batería que apunta abiertamente contra el gobierno de Dilma Rousseff, a quien pretenden destituir vía “impeachment”, así como a Luis Ignacio Lula Da Silva, para dejarlo fuera de carrera en una futura contienda electoral. Bajo el ropaje del “combate frontal a la corrupción”, esas corporaciones, junto con las fuerzas políticas conservadoras y sectores del Poder Judicial, están decididos a dar el zarpazo final y poner término, a como dé lugar, a 13 años de gobierno petista. Pero, independientemente de los corruptos que sin duda existen en el gobierno brasilero, como quedó al desnudo con el escándalo de la Petrobras, nada dicen de los que abundan entre los que promueven el juicio político, involucrados en el mismo caso, o en otros, a quienes encubren o le brindan su apoyo decidido.

    El pasado viernes 18, por primera vez se registraron movilizaciones multitudinarias en respaldo al gobierno y al líder histórico del PT. Desde Porto Alegre, en el sur, hasta Recife, en el nordeste, pasando por Curitiba, San Pablo, Brasilia, Río De Janeiro, Salvador y las capitales y ciudades importantes de otros Estados. Pero para enterarnos de esto debimos recurrir a otras fuentes de información no “tradicionales”, como las redes sociales, que divulgaban las imágenes de lo que en dichos lugares estaba aconteciendo.

    A diferencia de las grandes marchas de la oposición, compuestas mayoritariamente por segmentos de la clase media, media alta y alta, según encuestas de Data Folha, las del viernes tuvieron como protagonistas fundamentales a los sectores más humildes de la población, que difícilmente olviden que durante la gestión de Lula, salieron de la pobreza en una cantidad que supera los 25 millones.

    Desde el punto de vista político y social, lo que hoy pasa en Brasil no se limita al tema de la corrupción, sin minimizar en lo más mínimo su tremenda importancia. Pero es solo lo que aflora en la superficie. En el fondo, es la expresión de una sociedad polarizada, divida, en la que los más pudientes están decididos a restaurar un modelo en el cual el Estado se desligue de la “carga” que representa invertir en importantes programas sociales, como era hasta el gobierno de Fernando Henrique Cardozo, mientras que los beneficiados por tales planes, como es lógico de suponer, quieren preservarlos.

    ¿Quiénes terminarán imponiéndose? Hoy todo parece indicar que la balanza se inclina a favor de los que impulsan el proceso destituyente, los que quieren ver volar a Dilma de la presidencia y a Lula en la cárcel, o sometido a un proceso que lo haga vivir recorriendo los pasillos de los estrados judiciales. No son la mayoría, lo dijimos antes y lo repetimos ahora, pero son sectores muy poderosos que siempre hicieron valer sus intereses al margen de las reglas de la democracia, tanto en Brasil como en América Latina.

    La crisis está en pleno desarrollo. La única salida auténticamente democrática sería convocar al soberano, al pueblo, para que se manifieste en las urnas en unos comicios en los que todos, incluyendo Lula, puedan presentar sus candidaturas. Es lo que ameritaría una situación como la que vive el Brasil, al menos en los marcos del sistema republicano, pero esto no parece interesar en lo más mínimo a los grandes medios, ni a los partidos conservadores, ni a los jueces y fiscales que le son afines.

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    Publicado por Anónimo | 22 marzo, 2016, 8:51 am
  26. José Jobim, el impacto de la justicia

    Por Juan Antonio Pozzo Moreno

    Causa la impresión de que las esquirlas de la onda expansiva de la Petrobras también removerá los oscuros mantos de impunidad y olvido en Itaipú. Por de pronto, el Tribunal de Cuentas de la Unión tiene, por añadidura, su mirada fija en la Eletrobras.

    En Itaipú se dibujó una deuda que atenta contra el sentido común. En la versión de Lygia Jobim, “en Itaipú usaron hierro nueve veces más y veinte veces más de concreto que en la construcción del Eurotúnel”. El Ministerio Público abrirá una investigación civil del caso, señala el Jornal O Globo de Brasil. Es probable que en la entidad binacional numerosas barbas estén en remojo, por lo que cabría recomendar que no cunda el pánico.

    José Jobim, embajador brasileño en Paraguay entre 1957 y 1959, nació en Ibitinga, São Paulo en 1909. Falleció en extrañas circunstancias en Río de Janeiro el 24 de marzo de 1979.

    El Instituto João Goulart, al final de noviembre del año pasado, denunció al Ministerio Público Federal de Río de Janeiro la sospechosa muerte del embajador. Se cree que fue asesinado.

    José Jobim habría sido secuestrado de frente de su casa el 22 de marzo de 1979. Dos días después, su cuerpo fue encontrado en el barrio de Cosme Velho, Río de Janeiro.

    Antes de su muerte, el embajador había declarado en Brasilia que estaba redactando sus memorias. En ellas denunciaba el esquema de corrupción que imperaba en la construcción de la usina hidroeléctrica de Itaipú.

    Según la investigación del delegado Rui Dourado, Jobim se ahorcó con una cuerda, hipótesis refutada por la hija, abogada Lygia Jobim, quien busca esclarecer después de 35 años la muerte de su padre.

    En 1964, José Jobim fue enviado al Paraguay por el presidente João Goulart para concertar con el Gobierno la compra de turbinas rusas que eran necesarias para el proyecto binacional.

    Jobim fue un diplomático de experiencia con una larga carrera en Itamaraty. Ocupó cargos en las embajadas de Colombia, la Santa Sede y Argelia, entre otros. En el blog “Memorial embajador José Jobim” se menciona que, después del golpe militar del 31 de marzo de 1964, el consorcio brasilero y paraguayo responsable de la obra canceló las negociaciones con los rusos, para adquirir los equipamientos de la multinacional Siemens.

    Cabe señalar que poco antes de su destitución, el 19 de enero de 1964, el presidente João Goulart, durante la inauguración de la hidroeléctrica “Tres Marías” de Minas Gerais, se reunió con el presidente Alfredo Stroessner.

    En un comunicado, difundido por la Presidencia de la República del Paraguay, se informaba que “los dos mandatarios estuvieron de acuerdo sobre todos los aspectos generales relativos al aprovechamiento conjunto de los Saltos del Guairá y resolvieron que, por conducto de las Cancillerías del Paraguay y del Brasil, se suscribiera cuanto antes un convenio por el cual se crearía una Comisión Mixta Paraguayo-Brasileña, que tendría a su cargo el estudio de todos los problemas económicos, financieros, técnicos y societarios relacionados con la construcción y explotación de la gran obra que harán conjuntamente los dos Estados y que será la de mayor importancia entre todas las de su género hasta hoy emprendida en todo el mundo”.

    El Gobierno que destituyó a Goulart hizo tabla rasa del compromiso.

    Es más, en junio de 1965, con sus fuerzas militares invadió Puerto Renato, Paraguay, para apropiarse de los Saltos del Guairá. Por extraño que parezca, la invasión coincidía con el conflicto de Santo Domingo, donde tropas paraguayas, brasileñas, norteamericanas y otras de Centroamérica, codo a codo, como parte de las Fuerzas Interamericanas de Paz, estaban empeñadas, por orden de la OEA, en operaciones para restaurar la paz.

    Tras el golpe, con sus derechos políticos suspendidos, Goulart se exilió en Uruguay con la mayoría de sus colaboradores. Desde allí administró sus bienes situados tanto en Brasil como en Argentina y Uruguay.

    En 1973, Goulart fue invitado por el presidente argentino Juan Domingo Perón para residir en Buenos Aires. Por razones de seguridad, se trasladó a Mercedes, donde murió el 6 de diciembre de 1976 víctima, oficialmente, de un ataque cardiaco.

    Fue sepultado en su ciudad natal, São Borja, en Río Grande del Sur, aunque las noticias de su funeral, al que asistieron miles de personas, fueron censuradas por la dictadura militar brasileña. Sus familiares, correligionarios, políticos y otras personalidades sospechan que Goulart, un hombre que actuó con justicia con el Paraguay, murió asesinado por agentes de la Operación Cóndor.

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    Publicado por Anónimo | 22 marzo, 2016, 8:35 am
  27. Afuera del tarro

    Por Jesús Ruiz Nestosa

    Tenemos unos políticos que son únicos en el mundo con una capacidad insuperable para hacer las cosas siempre fuera del tarro. El más reciente es el antiguo obispo Fernando Lugo que en lugar de cumplir su promesa de regresar al convento una vez terminada su fracasada presidencia, decidió marchar en peregrinación a Brasilia para llevarle su adhesión a Lula da Silva quien, en el momento en que se publique esta columna, no sé si será todavía ministro, político retirado, exgobernante imputado, corrupto preso o ciudadano libre. Y de paso, darle también su adhesión a Dilma Rousseff a la que evito llamarle presidente pues tampoco sé qué podrá ser de ella en los próximos días.

    No suelo ser partidario de agitar el pasado en contra de nadie pues pienso que debemos aprender a vivir todos juntos, de manera amistosa y, sobre todo, solidaria. Pero en este caso me saltaré tales principios porque viene al caso: ir a llevarle la adhesión a estos personajes es como si se fuera uno a tributarle pleitesía al Duque de Caxias (comandante de las tropas brasileñas en la Guerra del 70) o bien al conde d’Eu, el que, al frente de una horda de 30.000 solados brasileños saqueó e incendió Asunción el 1 de enero de 1869. ¿Exagero? Sería bueno no olvidar que Dilma Rousseff, aliada con Cristina Kirchner y Pepe Mujica, humillaron al Paraguay como quizá no haya sucedido nunca desde aquella historia épica sangrienta que fue la Guerra del 70.

    No se debe olvidar que Rousseff le envió un avión a Mujica para entrevistarse secretamente en Brasilia y urdir la trama que terminó suspendiéndonos del Mercosur con la complicidad de Kirchner que, allá a las cansadas, buscando quizá congraciarse con nuestro país, nos devolvió unos cuantos muebles viejos que estaban arrumbados en un museo de Entre Ríos con la historia de que habían sido del mariscal López. No hay que extrañarse que Lugo se haya ido a llevar su adhesión si justamente su destitución había sido utilizada como pretexto para suspendernos del Mercosur y permitir, de este modo, el ingreso de Venezuela que hasta entonces no había podido hacerlo por la oposición de nuestro país.

    El problema con la rosca bolivariana es que sus dirigentes y seguidores han demostrado hasta el hartazgo su incapacidad de poder analizar la realidad y sacar de ese análisis conclusiones que tengan por lo menos una mínima cuota de racionabilidad. En un momento dado se creyeron dueños del mundo –o en su defecto, del continente– para terminar naufragando en un mar de corrupción, de robos descarados, de negocios tramposos, y, en ciertos casos, aplicando una política económica que ha llevado a sus países al borde de la ruina. Esta mañana leía en un periódico regional de España una larga crónica del drama que están viviendo los venezolanos a causa de la falta de medicamentos. Sólo una cifra: de cada diez farmacias, ocho sufren de desabastecimiento. A través de las redes sociales están pidiendo productos tan simples y elementales como paracetamol. O bien insulina, de la que depende la vida de los diabéticos. ¿Quién tiene la culpa de todo esto?: el Imperio, que ha desatado una guerra económica brutal con la intención de deponerlo a Nicolás Maduro. Que la población no pueda comer pan, debido a la carestía, podría, en último extremo, hasta justificarlo si lo hacen por una idea que ellos consideran buena y justa. Pero jugar con la salud de la población es imperdonable. Pero esta es otra historia.

    Por el momento, nos hemos lucido con esta adhesión. Sería bueno saber qué pensarán esas casi cinco millones de personas que salieron a la calle días atrás para protestar contra la administración de Dilma Rousseff y su desacertada estrategia de nombrar ministro a Lula da Silva para ponerlo fuera del alcance de las manos de la justicia. Decía, qué pensarán esas personas enfrentadas a la figura de Fernando Lugo. ¿Pensará acaso el antiguo obispo que la multitud retrocedería ante su presencia y regresarían en silencio a sus casas, pidiéndole perdón a Da Silva y Rousseff por haberse levantado contra ellos?

    Señor Lugo: yo no pertenezco ni a su partido ni a su iglesia, pero sí al mismo país cuya nacionalidad compartimos. Por favor, pensando en todos nosotros, si no tiene el talento político que le exige el lugar que ocupa, por lo menos actúe con un toque de dignidad.

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    Publicado por Anónimo | 21 marzo, 2016, 4:16 am
  28. Cuidado con el contagio

    Por Edwin Brítez

    Un juez que suspende las funciones de un ministro en el gabinete del Poder Ejecutivo suena extraño a nuestra costumbre paraguaya con respecto a la separación de los poderes del Estado.

    Más que extraño, me atrevería a pronosticar que lo sucedido en Brasil, respecto a la decisión de la presidenta Dilma Rousseff de nombrar al expresidente Lula como su principal ministro, no podría aún ocurrir en Paraguay.

    El juez argumentó que el nombramiento de la presidenta Rousseff estaba encaminado a obstruir una investigación judicial en curso. A consecuencia de este insólito fallo, Lula solo pudo ejercer por 40 minutos su frustrado cargo, inventado para blindarlo de una inminente sentencia judicial desfavorable que podría significar su prisión.

    El acto de asunción al cargo de Lula fue más largo que su ejercicio en el cargo: menos de 40 minutos, y tal como lo vaticinó el líder del PT, su defensa frente a las investigaciones judiciales sobre hechos escandalosos de corrupción pasó a desarrollarse en las calles. En Paraguay, es el juez que dio la orden quien hubiera durado 40 minutos o menos en el cargo.

    Miles de personas se lanzaron efectivamente a calles y avenidas para demostrar su apoyo a la justicia, pero también para demostrar su disgusto por lo que está sucediendo con Lula, a quien el líder de la izquierda paraguaya Fernando Lugo fue a visitar luego de su aprehensión.

    Sin embargo, la cantidad de manifestantes indignados por la escandalosa corrupción durante los gobiernos del PT es infinitamente superior a los oficialistas, los cuales superan a los otros solamente en agresividad.

    Lo que está sucediendo en Brasil es la fase terminal de una enfermedad llamada populismo, cuyo apogeo produce normalmente borrachera popular de alegría y sensación de poder mientras existan recursos para distribuir. Lula fue un eficiente distribuidor de estos recursos durante los dos períodos de gobierno que le cupo liderar, mediante lo cual el expresidente brasileño logró notoriedad mundial.

    Cuando se agotan los recursos, las borracheras populistas terminan entregando generalmente los países convertidos en un caos, pero la novedad de este siglo es que los responsables de lo sucedido ya no se retiran tan tranquilamente a sus casas a disfrutar del fallido experimento. Ahora entran a tallar factores combinados, como la ciudadanía, la prensa independiente y la justicia para establecer culpabilidades.

    En el caso de Argentina, la borrachera terminó y quienes recibieron la administración del país como herencia están tan ocupados en remendarlo que casi no les sobra tiempo para ir por los culpables, sobre cuyas desastrozas gestiones existen una larga bibliografía y abultadas carpetas de pruebas fiscales, además de varios elementos de investigaciones periodísticas que revelan la perversidad política y económica que desarrollaron.

    Pero en otros casos, como en Venezuela y Brasil, la ciudadanía ya no está dispuesta a tolerar que los populistas lleguen a cumplir sus mandatos por los graves hechos de corrupción y de transgresión constitucional en materia de derechos cívicos y políticos desde el poder, porque esas cosas afectan su modo de vida.

    En Paraguay estamos aún en la inamovilidad de una sociedad permisiva y en la siesta de un Poder Judicial todavía dependiente del poder político dominante.

    Pero no se engañe la gente del poder político y sobre todo quienes están salpicados de corrupción y mentira al electorado, porque si bien el inmovilismo paraliza, esta enfermedad es curable y generalmente el enfermo se cura por contagio de lo que sucede en otra parte, pero generalmente cerca.

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    Publicado por Anónimo | 20 marzo, 2016, 3:53 pm
  29. Desigualdad, inequidad y malestar social

    Por Alberto Acosta Garbarino

    El mundo se pregunta, ¿qué habrá ocurrido en el Brasil para que en poco más de un año, pasara de ser una estrella ascendente entre los países emergentes, a ser un país sumergido en un caos político, económico y social?

    Muchos dicen que el detonante ha sido la corrupción, pero no pocos afirman que la corrupción en la política brasileña es, sin embargo, un mal que arrastran desde hace mucho tiempo.
    Para algunos analistas de izquierda, la crisis actual es producto de una conspiración de los sectores dominantes del Brasil para derrocar a un Gobierno popular que ha aplicado una fuerte política distributiva –aumento de impuestos y transferencias monetarias a los sectores carenciados– que permitió reducir la pobreza, la desigualdad y la inequidad.

    Pero analistas de la derecha afirman que esta política distributiva, realizada con una gigantesca corrupción, ha reducido drásticamente la capacidad competitiva de la economía brasileña, ha destruido al sector industrial y ha limitado al país a ser un simple productor de materias primas.

    Esta es la causa de la actual recesión económica, que está trayendo desempleo e inflación, y que traerá en el corto plazo mayor pobreza, mayor desigualdad y mayor inequidad. Estas palabras: desigualdad e inequidad, requieren de una profunda reflexión, porque la mayoría las utiliza como sinónimos, cuando realmente no lo son. La igualdad o desigualdad es algo que se puede medir, consecuentemente es un tema estadístico; mientras que la equidad o inequidad no se puede medir, porque es el resultado de un juicio ético y moral.

    Con herramientas estadísticas como el Índice de Gini, uno puede medir el nivel de desigualdad que existe en una sociedad, pero solamente pasando esos datos por el filtro de los valores éticos y morales de cada uno se puede concluir si la situación es equitativa o no.

    Para las personas cuyo principal valor es la igualdad, una sociedad es más equitativa en la medida que es más igualitaria, pero para las personas cuyo valor más importante es la libertad, una sociedad es más equitativa cuando es más desigual.

    Cuando los socialistas se preguntan: ¿es equitativo que alguien gane más porque nació en una cuna de oro que le permite comer bien y tener buena educación, que otra que nació en la miseria, pasó hambre y no tiene estudios?, la respuesta es no.

    Pero cuando los liberales se preguntan: ¿es equitativo que una persona que trabaja duro y asume riesgos gane igual que otra que no lo hace?, la respuesta es también no.

    Estamos ante un dilema donde ambas partes tienen razón, con lo cual si queremos vivir juntos en armonía, tenemos que encontrar un punto de encuentro, una síntesis entre estas dos posiciones extremas.

    No nos sirve la política igualitaria de un socialismo que con el objetivo de distribuir e igualar, destruye la capacidad de crear y de construir de las personas más dinámicas y emprendedoras.

    Pero tampoco nos sirve un individualismo liberal que deja a cada ser humano librado a su propio destino, porque es injusto pretender que personas que no han tenido las condiciones mínimas de alimentación y educación, puedan competir y desarrollarse.

    La situación de profunda división y de enorme malestar social del Brasil es el espejo donde tenemos que mirarnos para aprender lo que NO debemos hacer, y donde la enorme desigualdad existente ha sido el caldo de cultivo para la aparición del populismo y de los liderazgos mesiánicos.

    Debemos trabajar para igualar las oportunidades, pero sabiendo que los resultados van a depender del esfuerzo de cada uno y consecuentemente van a ser desiguales.

    Esa igualdad de oportunidades, pero con resultados desiguale es, a mi criterio, lo equitativo y lo único que puede traernos el desarrollo y la paz social.

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    Publicado por Anónimo | 20 marzo, 2016, 3:51 pm
  30. Terremotos políticos sacuden la región

    En estos días, el Cono Sur de nuestra América está siendo sacudido por dos terremotos políticos de gran magnitud, cuyos epicentros se hallan en Buenos Aires y en Brasilia, capitales de nuestros dos vecinos, Argentina y Brasil.

    En Buenos Aires, salió a la luz la filmación de una cámara de seguridad que muestra a un grupo de personas, entre ellas a un hijo del empresario Lázaro Báez, estrechamente ligado a los expresidentes Néstor y Cristina Kirchner, apilando millones de dólares, contándolos mediante un aparato, sacándolos en enormes bolsones y brindando luego con whisky, mientras disfrutaban de unos habanos. El impresionante episodio –propio de una película documental sobre la mafia– ocurrió en 2012 en la financiera SGI, también conocida como “La Rosadita” (en alusión a una presunta sucursal de Casa Rosada, la sede de Gobierno), por pertenecer al nombrado compinche de los Kirchner, que ganaba todas las licitaciones de obras públicas en el periodo kirchnerista, que duró entre el 2003 y el 2015. El hijo y los allegados del empresario –investigado por usar facturas falsas para evadir impuestos– que participaron de la operación de recuento de los billetes fueron citados a prestar declaración indagatoria, pues la enorme suma de dinero que manipulaban con fruición no guardaría relación con el perfil patrimonial de la financiera. Y se presume que la breve grabación difundida corresponde solo a un par de días de operaciones de la mencionada organización.

    El escándalo desatado es mayúsculo porque compromete seriamente al kirchnerismo, durante cuya larga gestión “se desmontó el Estado y se armó una estructura para el saqueo”, según Laura Alonso, actual titular de la Oficina Anticorrupción. Se robaba a diestra y siniestra en nombre de un hipócrita “proyecto nacional y popular”, cuyos principales beneficiarios eran los jerarcas y sus compinches del sector privado, que se desgañitaban en los micrófonos invocando al pueblo como destinatario de sus acciones, mientras se llenaban las faltriqueras con dinero de origen dudoso, como puede apreciarse ahora. El traslado del dinero en enormes valijas, con cuyo peso apenas podían los ocupantes de La Rosadita, resulta grotesco y chocante en un país que fue rico y que ha desmejorado notablemente su nivel de vida y debilitado su antes próspero sector productivo debido a la acción de malos gobiernos populistas.

    En el Brasil, la corrupción también azota al país de los “trabalhistas” Luis Inácio Lula da Silva y su protegida Dilma Rousseff, siendo el caso emblemático el de Petrobras, que ya ha llevado a la cárcel a 84 importantes empresarios, funcionarios y políticos. En un intento de Dilma de salvar a Lula de la inminente acción de la justicia que podía llevarlo a la cárcel, le tiró un salvavidas y le nombró nada menos que jefe de Gabinete, una especie de primer ministro, cargo dotado de fueros. Pero la implacable justicia anuló ayer dicho nombramiento apenas 40 minutos después del juramento de Lula, por entender que la maniobra no tenía otro fin que blindar al expresidente para ponerlo a salvo de la investigación judicial, lo que deja el caso en un manto de incertidumbre.

    En efecto, y para mayor escándalo, la prensa brasileña difundió el contenido de una conversación telefónica entre el expresidente y su sucesora, interceptada por orden judicial, en la que Dilma dice a su interlocutor que le está enviando “el acta de posesión” del cargo de ministro de la Casa Civil para que lo use “solo en caso de necesidad”, es decir, para que invoque su inmunidad si un juez federal ordena su prisión preventiva por los presuntos delitos de enriquecimiento ilícito, blanqueo de dinero y falsificación de documentos, de los que se lo investiga.

    Designar a alguien para ocupar un cargo público al solo efecto de librarlo de una orden judicial es francamente repugnante: implica ni más ni menos que prostituir la función pública. Solo horas antes de que la grabación telefónica fuera divulgada, la Presidente había negado terminantemente que el nombramiento apuntara a obstaculizar la pesquisa judicial. O sea que la Mandataria, que tanto hizo con Cristina Kirchner para aislar al Paraguay tras la destitución de Fernando Lugo, es una mentirosa de tomo y lomo, aparte de protectora de un camarada de ruta enjuiciado por graves hechos de corrupción. Si no tuvieran nada que temer, no tendrían que intentar eludir la acción de la justicia.

    Tras esta vil maniobra de Dilma, la prensa brasileña se encargó de recordar una frase pronunciada por Lula en 1988, y que pareciera haberla dicho para aplicársela ahora a sí mismo: “los pobres, cuando roban, van a la cárcel; los ricos se vuelven ministros”.

    Como los miembros de la izquierda de nuestra región se atribuyen una suerte de superioridad moral frente a las demás corrientes políticas, vale la pena recordarles también lo que dijo a principios de este año el exministro chavista venezolano Héctor Navarro, que “los ladrones no tienen ideologías”. En tal sentido, solamente en Petrobras, el perjuicio ocasionado por el latronicio de los funcionarios, en complicidad con autoridades y empresarios, se calcula entre 2.000 y 8.000 millones de dólares.

    El destape de las ollas nauseabundas en nuestros dos grandes vecinos enseña a desconfiar de quienes se llenan la boca de pueblo y se las dan de muy “progresistas”, mientras se llenan los bolsillos con el dinero público, en complicidad con empresarios concusionarios del sector privado.

    Esperando un contagio, estos casos abren una luz de esperanza para el Paraguay. Es tiempo de que en nuestro país comiencen las operaciones de limpieza que, como el “Mani pulite” italiano de la década de 1980, contribuyan a expulsar de la política y del empresariado a los ladrones, y enviarlos a donde corresponde, la cárcel.

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    Publicado por Anónimo | 18 marzo, 2016, 4:09 am
  31. El destino de los corruptos

    Empresarios codiciosos y políticos corruptibles, perseguidos por jueces probos y decididos a hacer justicia, están sacudiendo las sentinas de la corrupción en las dos economías más grandes de América del Sur. Cuidado con este modelo. El día de mañana podría replicarse en el Paraguay y terminar con la carrera de encumbrados políticos que hoy hacen gala de sus fortunas mal habidas y mofa grosera de la ley y la moral públi
    La dirigencia política paraguaya debiera seguir con atención lo que está sucediendo en Brasil. El hecho de que el CEO del mayor conglomerado de la construcción de América Latina, Marcelo Odebrecht, deba purgar 19 años de prisión tras ser juzgado por diversos delitos, es un punto gravitante, pero no el único. Odebrecht es un holding que abarca rubros tan diversos como ingeniería, construcción, petroquímica, industria naval y defensa. Empleaba en 2014 unas 170.000 personas en 28 países con una facturación, ese año, de alrededor de US$ 29.000 millones. Este monstruo empresarial es uno de los principales proveedores del Estado en Brasil, desde plataformas de perforación off shore hasta submarinos con propulsión convencional y propulsión nuclear dentro del denominado Programa Nacional de Desarrollo de Submarinos de la marina brasileña. Esto da una idea de los fabulosos negocios que maneja el conglomerado ya que instalar una plataforma petrolera cuesta unos US$ 500 millones y construir un submarino nuclear de los que Brasil pondrá en servicio en 2020 insume US$ 5.200 millones cada uno.

    Marcelo Odebrecht fue hallado culpable de obtener contratos en forma fraudulenta con la estatal Petrobras, integrando una tupida red de desvíos de dinero, obras sobrefacturadas y sobornos a altos cargos del Gobierno. Este escándalo expuso un modus operandi que observa un patrón de corrupción que comenzó con las denuncias sobre el denominado “mensalao”, un sistema de pagos clandestinos a legisladores para aprobar leyes favorables a determinados intereses que acabó con la carrera de no pocos políticos de campanillas. A esto siguió, más recientemente, el “petrolao”, un complejo sistema de sobornos que inyectó millones de reales al gobernante Partido dos Trabalhadores, hecho que puso en la galería de tiro al ex presidente Luiz Inácio “Lula” da Silva y que se cierne como la peor amenaza de juicio político sobre la presidenta Dilma Rousseff.

    Estos hechos nos dicen que en un país con una justicia razonablemente independiente, la asociación entre políticos y empresarios para realizar negocios al margen de la ley termina por exponerse públicamente y puede acabar con la carrera de más de un hombre o mujer públicos. En Argentina, la ex presidenta Cristina Kirchner deberá comparecer ante un juez para explicar operaciones de alto riesgo cambiario del Banco Central argentino días antes de dejar el poder y que podrían derivar en un serio deterioro patrimonial de la entidad. Empresarios codiciosos y políticos corruptibles, perseguidos por jueces probos y decididos a hacer justicia, están sacudiendo las sentinas de la corrupción en las dos economías más grandes de América del Sur. Cuidado con este modelo. El día de mañana podría replicarse en el Paraguay y terminar con la carrera de encumbrados políticos que hoy hacen gala de sus fortunas mal habidas y mofa grosera de la ley y la moral pública.

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    Publicado por Anónimo | 17 marzo, 2016, 7:23 am
  32. ¿Quiénes son los que protestan en Brasil?

    “La movilización más grande de la historia”, “el pueblo salió a las calles” y otros titulares de este tipo se leían en la prensa brasilera en la mañana de ayer, así como en los principales diarios del mundo entero, que le dieron amplio destaque a las protestas contra la presidente Dilma Rousseff del pasado domingo, especialmente al multitudinario acto realizado en la capital paulista. Seguidamente vinieron los pronósticos. “Dilma no aguanta un mes”, “el impeachment es prácticamente un hecho”, con agregados tales como “Lula está a un paso de ir a la cárcel”, etcétera, etcétera. Y puede ser que estas hipótesis se concreten, pues la crisis es profunda y las elites dominantes parecen estar decididas a desalojar al PT del poder e impedir que su líder histórico se postule en una próxima elección. Pero, ¿realmente es el pueblo el que está en las calles? La respuesta, aunque para muchos resulte sorprendente, es no. ¿Quién lo dice? Datha Folha, la encuestadora del influyente Folha de São Paulo, de línea opositora, según la cual la inmensa mayoría de los manifestantes eran de clase media, media alta y alta.

    Según el citado instituto, el 11% de los encuestados declaró tener un ingreso promedio de entre 20 y 50 salarios mínimos, el 24% de 10 a 20, el 26% entre 5 y 10, en tanto que un 2% dijo tener ingresos superiores a 50 sueldos básicos. Es decir, el 63% de los consultados forman parte de sectores bastante acomodados e incluso de los que se hallan en la cúspide de la pirámide social. ¿Y el resto? El 17% afirmó ganar entre 3 y 5 salarios, suma nada despreciable en cualquier país latinoamericano, el 8% de 2 a 3 y sólo el 6% entre 1 y 2.

    Datha Folha pone de relieve este hecho y señala que si bien la manifestación fue superior en número con respecto a las anteriores, tuvo la limitación de mantenerse “elitizada”. Y agrega otro dato curioso, relativo a la edad de los asistentes. El 40% de éstos tenían 51 años o más, el 36% de 36 a 50, el 18% entre 26 y 35, el 5% de 21 a 25 y el 4% de 12 a 20.

    Algo más, en un país como el Brasil, en el que la mitad de la población es negra o mulata, el 77% de los asistentes al mayor acto de protesta estuvo integrado por blancos, lo cual encaja perfectamente con la composición social del evento, ya que los primeros son precisamente los que pueblan mayoritariamente la clase baja. Y a modo de remate, también el 77% dijo tener formación superior, el 18% nivel medio y solo el 4% nivel básico.

    En síntesis, la movilización más grande, unas 500.000 personas según las estimaciones, tuvo como protagonistas fundamentales a personas de buen pasar y muy adineradas, adultos en su mayoría absoluta.

    Esto no le resta importancia a la protesta, ni minimiza la magnitud de la crisis política que está en curso. Después de todo, son esas minorías pudientes las que en América Latina siempre impusieron su voluntad, cosa que está por verse ahora en el Brasil, en donde la mayoría se mantiene silenciosa.

    En efecto, si hay algo claro que se desprende de estos acontecimientos es que el pueblo no es el que está en las calles y que los jóvenes también brillan por su ausencia, a diferencia del proceso que culminó con la destitución de Fernando Collor, hace casi un cuarto de siglo.

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    Publicado por Anónimo | 15 marzo, 2016, 12:48 pm
  33. Una ciudadanía más exigente

    Un ejemplo digno de imitar dieron los millones de brasileños, quienes el domingo pasado salieron a las calles para exigir un cambio de gobierno tras una serie de escándalos de corrupción, que envuelven a la presidenta Dilma Rousseff.
    Vivieron una jornada intensa, pero sin ningún tipo de incidentes en las manifestaciones en todo el país. En las concentraciones habían niños y adolescentes, y los carros blindados de la Policía solo fueron usados para la foto.
    Cuando los gobernantes no funcionan, los miembros de la sociedad son los que deben hacerse sentir con sus observaciones y exigir que las cosas cambien.
    Un pueblo tolerante, indulgente y apático está condenado a las precariedades, al mal manejo de sus autoridades, a los abusos y a las injusticias. Un pueblo digno reclama gobiernos y autoridades que estén a su altura.
    Sin embargo, la sola movilización para sacar un gobierno no basta. Brasil ya tuvo una experiencia en ese sentido con el Caso Collor de Mello. Los corruptos pueden se depuestos e ir a la cárcel, lo mismo que los que compran votos, los que malgastaron el dinero del pueblo, pero, ¿qué pasa con los que vendieron sus votos? Aquellos ciudadanos que se prestan a los políticos hambrientos sobreviven a las crisis políticas y en la menor oportunidad volverán a caer en lo mismo. Esto significa que de nada sirve cambiar cientos de veces a los gobernantes, si cada uno de los miembros de la sociedad no cambia. Si seguimos teniendo ciudadanos dispuestos a prestarse a los juegos inescrupulosos de los sinvergüenzas y a comerciar su conciencia hipotecando el futuro de toda la sociedad.
    De todas formas el ejemplo de Brasil es un primer gran paso para aprender a exigir. La misma presión ciudadana fue la que acompañó todo el proceso de esclarecimiento de todas las denuncias de corrupción. En Paraguay seguimos esperando que los fiscales actúen para llevar a fondo las investigaciones sobre las denuncias de corrupción, para enviar a la cárcel a los culpables.

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    Publicado por Anónimo | 15 marzo, 2016, 12:47 pm

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