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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

Dictadura tributaria

Es posible que muchos de los temas políticos, los escándalos de farándula y la modelo suicida estén distrayendo nuestra atención de algunos asuntos verdaderamente importantes y que a la larga serán críticos. Es el caso de los cambios que el Gobierno planea introducir al impuesto a la renta personal y que generan tirria en diversos ámbitos.

Si bien es justo que quienes más tienen tributen más, no como ocurre hoy día que por la perversión del sistema a veces el más pobre subsidia al rico; lo que planea ejecutarse podría poner en entredicho incluso la libertad administrativa de las familias.

De una lista de variaciones, uno de los temas controversiales –y lo defienden Hacienda y sus funcionarios– es que haya un tope de gastos para las familias. Es decir, cada una de ellas no podrá gastar más de G. 5.000.000 en un mes, porque si lo hace ingresará a la lista de quienes deberán ver deducidos los impuestos de su volumen erogado.

Quienes asesoraron estas “novedades” son consultores del Fondo Monetario Internacional.

Llamativamente, considerando el sesgo ideológico del organismo internacional, lo que se plantea desde el Ejecutivo –que tiene una clara intención recaudadora, más que formalizadora, como insisten los hombres del Gobierno– riñe con ciertas líneas de la libertad de acción y decisión de las personas sobre sus recursos, en especial el caso de las familias.

Sin embargo, esta aparente contradicción con la doctrina liberal que propugna el organismo financiero no es tal. En el fondo, sigue representando el mismo esquema que deja resquicios para que quienes más tienen, menos aporten y que la mayor carga tributaria termine recayendo en quienes menos ingresos poseen.

Haciendo una reflexión y proyección elíptica de la situación y el volumen de población, es mayor el número de familias que pueden gastar más de 5 millones al mes que quienes superan con sus riquezas el tope establecido. De esa manera, posiblemente la mayor recaudación se dará con el grupo mayoritario, es decir de a puchito, y no de quienes finalmente tienen tanto que ni siquiera saben cuánto.

Además, la idea de los asesores externos evidentemente no tiene en cuenta una serie de realidades socioeconómicas locales de un país tercermundista en donde la tasa de natalidad y los números de las familias son superiores al primer mundo.

Sea como sea, el Gobierno puede provocar una catástrofe en el sistema tributario y una lenta agonía en las familias y en las arcas de los trabajadores que son quienes finalmente pagan el pato de todo experimento financiero.

Por Miguel H. Lopez

http://www.ultimahora.com/dictadura-tributaria-n973735.html

 

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

13 comentarios en “Dictadura tributaria

  1. De ortodoxia salvaje a populismo irresponsable

    Desde comienzos de la década de los 40 hasta nuestros días, el Paraguay ha sido permanentemente asesorado y tutelado, en lo económico, por el Gobierno de los Estados Unidos primero y por el Fondo Monetario Internacional después.

    Producto de este asesoramiento se aplicaron en nuestro país políticas económicas ortodoxas, como por ejemplo, no gastar ni endeudarse más allá de lo que los ingresos permiten y tener un Banco Central independiente que sea custodio de la estabilidad de precios y no emita dinero para financiar al fisco.

    Basados en esa política económica ortodoxa en el Paraguay se creó un Banco Central autónomo, se emitió el guaraní como moneda nacional y se ordenó el funcionamiento del Ministerio de Hacienda.

    Gracias a este tutelaje durante todos estos años tuvimos equilibrio fiscal, inflación baja y endeudamiento controlado, a pesar de los vaivenes políticos que hemos vivido, como una guerra civil en 1947, una larga dictadura desde 1954 y una, por momentos, anárquica democracia desde 1989.

    La crítica a esta política a la que muchos denominan “ortodoxia salvaje” es que la misma se aplica a rajatabla sin importar los costos sociales que pueda tener, como el quiebre de empresas, el desempleo de la gente o la falta de acceso a servicios públicos como caminos, educación o salud.

    En nuestros países donde hay tantas necesidades y tan pocos recursos, una política ortodoxa es políticamente impopular y suele ser el caldo de cultivo para la aparición de liderazgos populistas, que se pasan al otro extremo, es decir, a prometer darle todo al pueblo, sin ningún costo.

    El populismo no es una ideología, sino un estilo de gobierno donde aparece un líder, que se constituye en un semidios, que “defiende a los pobres de las ambiciones desenfrenadas de los empresarios” y del capitalismo internacional y que promete alimentos, vivienda, salud y educación gratuita para todos.

    Como en economía “no existe comida gratis” y alguien debe pagar la fiesta, primero la pagan los empresarios con un aumento descontrolado de impuestos que termina con la quiebra de las empresas y la fuga de capitales; después se recurre al endeudamiento externo que termina en default o se recurre a la emisión de dinero del Banco Central que termina en hiperinflación.

    En los últimos 60 años en nuestra región latinoamericana nos hemos movido en un trágico péndulo, que nos ha llevado desde el extremo del populismo irresponsable como el de Chávez al otro extremo de la ortodoxia salvaje como la de Menem.

    En el Paraguay, sin embargo, no hemos vivido ese péndulo porque desde hace también 60 años hemos adoptado políticas ortodoxas que nos aseguraron la estabilidad, pero que por otro lado, nos dejaron un gigantesco déficit social. Hoy ya no podemos quedarnos en la ortodoxia actual, pero debemos evitar caer en la tentación populista.

    Viendo a nuestro Congreso ganando apoyo popular con leyes que van contra la actividad empresarial, viendo a Nicanor y a Lugo subir en las encuestas con discursos irresponsables, y viendo las últimas decisiones populistas del presidente Cartes, uno no puede dejar de preocuparse.

    Para evitar entrar en el péndulo latinoamericano, tenemos que aceptar que la estabilidad macroeconómica es fundamental pero es un medio y no un fin; el fin debe ser el bienestar y una vida digna de nuestra gente.

    Pero esa vida digna solamente va a obtenerse con racionalidad y con trabajo tenaz e inteligente.

    Esa vida digna solamente va a obtenerse con el desarrollo del Paraguay, para lo cual necesitamos de una estrategia clara y compartida, de empresas bien gerenciadas y competitivas y una ciudadanía informada que sepa que el trabajo duro es el único camino para labrar un futuro mejor para ella y para sus hijos.

    Por Alberto Acosta Garbarino

    http://www.ultimahora.com/de-ortodoxia-salvaje-populismo-irresponsable-n978091.html

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    Publicado por jotaefeb | 30/03/2016, 08:31
  2. Acertada decisión sobre Impuesto a la Renta

    “No queremos que se nos regale nada; queremos pagar impuestos”, expresó el presidente de la Federación de Cámaras de Comercio de Ciudad del Este (Fedecámaras), Juan Santamaría, dirigiéndose a los senadores de la Comisión de Industria, Comercio y Turismo, tras criticar duramente a los funcionarios aduaneros corruptos que toleran el contrabando masivo. Este delito tan extendido, lo mismo que el de la evasión impositiva, priva de recursos al erario y perjudica a los empresarios honestos, hasta el punto de que puede inducirlos a cometer el mismo hecho punible para no sucumbir ante la competencia desleal. Es decir, los contribuyentes honestos están dispuestos a seguir cumpliendo con su deber, pero en contrapartida exigen que los delincuentes de guante blanco sean perseguidos con todo el rigor de la ley.

    Si el Estado quiere aumentar sus ingresos, antes debe depurar sus filas. Es inmoral que trate de elevar sus recaudaciones aumentando la carga tributaria que soportan las personas honestas, mientras permite que sus propios agentes se confabulen con los facinerosos para defraudarlo cotidianamente esquilmando el Tesoro, sin consecuencias para los ladrones públicos. La cuestión sube de punto cuando se pretende afectar aún más a los contribuyentes de siempre para abonar los sueldos y las remuneraciones adicionales de decenas de miles de sanguijuelas de la administración estatal.

    En estas condiciones, ¿qué autoridad moral tendrían, por ejemplo, los parlamentarios para aumentar la presión fiscal si en el Palacio Legislativo “trabajan” más de 3.000 funcionarios y contratados, incluidos muchos parientes cercanos que fungen de “asesores”? Es irritante saber que, el año pasado, el 73% de la recaudación impositiva se haya destinado solo al pago de salarios, sin incluir otros gastos de los “servicios de personal”. De hecho, quienes pagan impuestos saben que no lo hacen tanto para que se construyan y equipen rutas, hospitales o centros educativos, sino para que sea atendida la clientela política parásita dispersa en múltiples organismos.

    Es cierto que la carga tributaria del 13% es relativamente baja, pero la contraprestación estatal es despreciable, y no solo porque abunda el personal superfluo, sino también porque la corrupción rampante hace que las contrataciones públicas de bienes, obras y servicios tengan grandes sobrecostos. Porque si la plata no alcanza, es también porque una buena parte de lo poco que sobra para las inversiones va a parar en las faltriqueras de los jerarcas y de los funcionarios de las entidades contratantes.

    No se puede soslayar también que nuestra cultura tributaria es muy pobre, en el sentido de que los compradores no suelen exigir la expedición de facturas, lo que constituye un factor más para que el grado de informalidad de la economía equivalga nada menos que a la mitad del producto interno bruto, es decir, a unos 12.000 millones de dólares.

    El Impuesto a la Renta Personal (IRP) y el IVA han servido, por su parte, para ir reduciendo esa informalidad mediante las deducciones que permiten en la medida en que los contribuyentes reclaman los comprobantes de pago. Pero sería inadmisible disminuir esas deducciones solo con el fin de recaudar más para seguir manteniendo un aparato estatal sobredimensionado y corrupto, que no está en condiciones de devolver el dinero que recibe mediante prestaciones adecuadas.

    En efecto, cómo la gente no se va a resistir a pagar más impuestos viendo que todos los días salen a luz la escandalosa clientela de los políticos y las mil y una formas de esquilmar las arcas públicas, sin que la Justicia actúe, permitiendo así que los ladrones continúen impunemente en sus cargos.

    Está visto que los contribuyentes no pueden confiar en que la Contraloría General de la República, el Ministerio Público y ni qué decir los legisladores velen por el buen uso de su dinero, de modo que deberían tomar la iniciativa de denunciar cuando constaten derroches, malversaciones, clientelismo, contrabandos o evasiones impositivas.

    El mejor estímulo que puede tener el contribuyente para privarse de una parte de sus ingresos es recibir la debida contraprestación de las entidades públicas. Así que, en vez de lanzarse a elucubrar mecanismos más o menos disfrazados para exprimir aún más a los de siempre, lo que los Gobiernos nacional, departamental y municipal deben hacer es, primero, depurarse de los parásitos y dotarse del plantel estrictamente necesario de funcionarios probos e idóneos que recauden y gasten como corresponde.

    Por de pronto, es plausible que la administración tributaria haya anunciado que postergará todo cambio relativo al IRP y, sobre todo, que el Presidente de la República haya escrito en una red social que “IRP NO MÁS IMPUESTOS” y que “la prioridad es reducir evasión y fortalecer la economía para todos los paraguayos”.

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    Publicado por Anónimo | 17/03/2016, 04:29
  3. ¿Da gusto pagar impuestos?
    15 Mar 2016
    Natalio Rubinsztein

    Así planteada la cuestión, entendemos que la respuesta es no.

    Sin embargo, es interesante tratar de desentrañar las razones de no querer o bien no estar dispuestos a pagar impuestos. Reconociendo que es un tema que nos atañe no solo a nosotros, sino antes bien en general a la casi totalidad de los países Latinoamericanos.

    Ello puede estar relacionado con distintos componentes, que trataremos de identificar a continuación:

    1. En primer lugar, con honrosas excepciones, nuestra formación cultural nunca ha sido demasiado insistente o importante como para moldearnos de modo de vivir y reconocer la responsabilidad social, cooperativa y solidaria que cada uno tenemos en nuestra sociedad. En tal sentido, el vale todo y el individualismo ha sido una constante en nuestro modo de comportarnos. Como ejemplo –singularmente demostrativo– podemos señalar el modo caótico en que conducimos nuestros vehículos, sean éstos de transporte público, automóviles, motos, etcétera. Entonces, parece ser que nos preocupamos solo de nosotros y no del conjunto de la sociedad.

    2. En segundo lugar, no somos adeptos a cumplir con las normas y reglamentaciones. Como comportamiento siempre tratamos de ver cómo “saltar el cerco” o bien cómo cumplir lo antes posible con el famoso dicho: “Hecha la ley, hecha la trampa”.

    3. También que, al no ver claramente el destino de los fondos recaudados a través de los impuestos y dudar ciertamente de la eficiencia y transparencia de cómo se maneja la “cosa pública”, se desvanece rápidamente la voluntad que pudiere existir de cumplir con las obligaciones tributarias.

    4. Del mismo modo, podría argumentarse que la ausencia de una adecuada política de distribución del gasto público coadyuvaría en tal sentido.

    5. Asimismo, todo ello se halla íntimamente relacionado con la voluntad o cultura de, si bien no dejar de pagar del todo, declarar y pagar sobre solo una parte de las operaciones efectivamente realizadas. Algo bastante común en general.

    6. El argumento que se esgrime en ocasiones –y que no apoyamos– es que, si bien nosotros cumpliríamos con nuestras obligaciones, el vecino no. Con lo cual correríamos el riesgo de quedar fuera del mercado. En consecuencia nos encontramos con la “obligación” de emular el modo de pensar y actuar que nuestro vecino, de manera de no vernos perjudicados.

    7. Un punto que tiene gran influencia en el comportamiento del contribuyente es que las reglamentaciones y legislaciones no resultan claras y en una gran cantidad de casos son de difícil interpretación para proceder a su cumplimiento. En consecuencia resulta necesario contar indefectiblemente con un profesional en el tema para llevar adelante cualquier consulta o reclamo ante el fisco. Y todo proceso iniciado se torna engorroso.

    8. En muchos casos los criterios del fisco respecto de cómo enfocar una situación determinada son considerados como excesivamente rígidos en sus interpretaciones. Cuando el contribuyente defiende y explica su posición, pareciera que el fisco, en lugar de adentrarse y tratar de entender el tema planteado, asume una actitud como que el contribuyente simplemente no desea pagar y tampoco es bien intencionado en sus peticiones o planteamientos. Las legislaciones y reglamentaciones parecieran hechas considerando a todos los contribuyentes como malintencionados y evasores.

    9. En otro orden cuando el fisco requiere de alguna información o aclaración en especial, solicita con urgencia al contribuyente que presente la documentación en un plazo perentorio de dos o tres días. Empero, una vez en poder de lo requerido, puede llegar a demorar hasta meses para informar de los resultados de su revisión. Situación que es percibida por el contribuyente como un exceso por parte del fisco y que además entorpece todo trámite o procedimiento de reclamación ante el mismo (así por ejemplo solicitar la devolución de pagos en exceso en general, también de anticipos de Iracis o Iragro que no correspondían o incluso devolución o recupero de IVA).

    10. Todo lo anterior no pretende ser un tratado ni nada similar respecto del tema; no obstante consideramos que es una descripción general comprensiva y demostrativa de las situaciones que ocurren y argumentos que se esgrimen corrientemente.

    En consecuencia, reiteramos que de modo urgente debería de encararse una nueva campaña permanente de concientización social y comunitaria, desde el punto de vista fiscal y tributario, respecto del rol que cada uno de nosotros tenemos en la sociedad (que debiera encaminarse por distintos frentes, pero fundamentalmente en la educación del ciudadano). Acompañada dicha campaña por un presupuesto del Estado que evidencie la intención de revertir todo ingreso en el bien de la comunidad, sobre la base de una legislación fiscal y social acorde.

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    Publicado por Anónimo | 15/03/2016, 12:50
  4. Ya y todavía no
    14 marzo, 2016
    Por Santiago González

    Hasta hoy recuerdo cuando llevado por el nerviosismo del debut en un noticiero central, dije al presentar un material “el presidente de Cerro dijo que Costas es el nuevo entrenador azulgrana. Lo confirmó o al menos lo dejó en duda”. Aquello fue aislado y propio de un momento de nerviosismo, pero hay gente que adopta esa ambigüedad como modo de vida y peor aún como modo de gobierno.

    Fernando Lugo fue conocido por vivir permanentemente en la duda, en lo que comúnmente se conoce como NI, una mezcla entre el no y el sí. Quienes lo conocieron afirman que en las reuniones anotaba absolutamente todo y no daba ninguna respuesta a nada ni nadie.

    Hoy, el presidente Cartes gobierna en una linea un poco más peligrosa y es la línea del globo sonda, la del tanteo permanente. Su gobierno es el que genera y propicia un feroz y desgastante debate sobre un tema determinado, para que sea la propia cabeza de gobierno la que después salte a convertirse en el mesías, el salvador.

    Hace unas semanas recordarán el escándalo que se generó cuando titulares de Essap y ANDE salieron a decir que aumentarían las tarifas. Después de días de silencio, Cartes salió al paso vía Twitter a decir que eso no sucedería hasta que administren mejor sus recursos y echen planilleros.

    Todo un tumulto social a raíz de lo que parecía una política de estado por el tiempo que se dejó inflar el globo hasta que el mismo Cartes lo pinchó. En las últimas dos semanas pasó exactamente lo mismo con el IRP y las posibles modificaciones que buscaban sacar más dinero a los contribuyentes que ya aportan, en lugar de formalizar la economía.

    Cartes salió nuevamente al paso luego de dejar que se desate la polémica y desautorizó vía Twitter a su Ministro de Hacienda y la Viceministra de la SET. “Kuña ha arco etanteante arã” dice un viejo refrán, que parece que Cartes lo aplica a su gestión.

    ¿Cree HC que no nos damos cuenta o nos quiere tomar por estúpidos? Así como viene la mano hay que estar atentos no sea que intente hacer lo mismo con la reelección.

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    Publicado por Anónimo | 14/03/2016, 08:54
  5. No más cargas a los que ya contribuyen
    13 Mar 2016

    Por Enrique Vargas Peña

    Aunque el presidente Horacio Cartes intervino ya en favor de los contribuyentes en la cuestión planteada por la Subsecretaría de Tributación (SET) sobre establecer retenciones y reducir la deducibilidad para quienes pagan el Impuesto a la Renta Personal (IRP), tal cuestión merece insistir en los elementos por los que las medidas desechadas por el Presidente deben ser desechadas definitivamente.

    Antes de la decisión del Presidente, explicaron sus ideas a la 9.70AM el ministro de Hacienda Santiago Peña (http://bit.ly/1U8e7ko) y la viceministra de Tributación Marta González (http://bit.ly/1YG57CE).

    Las retenciones son los descuentos compulsivos de un porcentaje de los ingresos de los contribuyentes, principalmente los asalariados, porcentaje que la SET fija en base a sus estimaciones sobre lo que el contribuyente debe pagar. Los descuentos los realizan los generadores de los ingresos, en el caso de los asalariados son los empleadores, debiendo transferirlos al fisco.

    La deducibilidad es la posibilidad de los contribuyentes de descontar de su pago de IRP los gastos realizados para el desarrollo de sus actividades, siempre que dichos gastos se encuentren documentados en facturas legales.

    A los efectos de ilustrar las razones por las que insisto en que estas medidas no deberían ser implementadas en nuestro país, voy a recurrir a la historia del IRP en Estados Unidos, país que sirve de ejemplo para muchas cosas buenas y, a veces, para cosas muy malas como esta.

    Las retenciones del IRP en Estados Unidos se establecieron primero con la excusa de compensar las pérdidas de ingresos fiscales que supuestamente generaría el descenso de las tarifas aduaneras ordenado por la Ley de Ingresos de 1913 –Ley Underwood– (http://bit.ly/1MdPNG2). Sin embargo, jamás se produjo ninguna pérdida de ingresos fiscales, por lo que las retenciones fueron abolidas por la Ley de Ingresos de 1916.

    En 1943, las retenciones fueron restablecidas por la Ley de Pago de Impuestos, con la excusa de las necesidades del esfuerzo bélico norteamericano, pues Estados Unidos se encontraba involucrado en la Segunda Guerra Mundial, es decir, las retenciones se definieron como un acto de defensa nacional (http://bit.ly/21nXyA7).

    Terminó la guerra con la completa victoria de Estados Unidos y sus aliados y, sin embargo, nunca más se derogaron las retenciones, tal vez porque los políticos de aquellos años y los siguientes inventaron una guerra perpetua, la Guerra Fría, como pretexto para mantener las retenciones para siempre.

    La idea filosófica actualmente tras las retenciones, según la cual los impuestos deben ser pagados antes de que el contribuyente decida usar esa plata en otra cosa, es profundamente autoritaria, paternalista y constituye una ofensa a quienes pagan por el funcionamiento del Estado tratándolos genéricamente de irresponsables. Es una idea incompatible con la democracia.

    El ente recolector del IRP en Estados Unidos, el Internal Revenue Service (IRS), equivalente a nuestra SET, dista mucho de funcionar democráticamente, aunque, obviamente, fue construido por una democracia. Hasta 1998, el Estado presumía la culpa de los contribuyentes, lo cual en nuestro país violaría el Artículo 17 de nuestra Constitución y hasta hoy el gobierno norteamericano puede confiscar bienes de los contribuyentes sin orden judicial, lo cual violaría el Artículo 20 de nuestra Constitución.

    Debido a sus abusos sistémicos, pero recién en 1998, la Ley de Derechos del Contribuyente (http://bit.ly/1P5nh9n) derogó limitadamente en Estados Unidos la presunción de culpa para establecer la presunción de inocencia, como corresponde a los países civilizados.

    Pero mantiene su poder confiscatorio y, como no podía ser de otra manera, su potencial de instrumentación política: “En el 2013, el IRS se vio involucrado en un escándalo político en el cual se descubrió que la agencia sometía a los grupos conservadores” –opositores a Obama–… “a un sobre escrutinio. El 5 de setiembre del 2013… un subcomité del Senado publicó un reporte que confirma que el IRS usó criterios inadecuados contra objetivos del Tea Party” –opositores a Obama– (http://wapo.st/228wYko).

    Además, el IRS no ha sabido proteger los datos privados de los contribuyentes como lo reconoció el 25 de mayo del 2015, admitiendo que “grupos criminales accedieron a información confidencial sobre más de cien mil contribuyentes” (http://usat.ly/1PxlRr1).

    En todos los países donde existen, las retenciones generan ingresos indebidos al Estado y a los agentes de retención –los intereses, que en realidad pertenecen al contribuyente quien es propietario del dinero retenido, lo que los norteamericanos han tratado de frenar con la “Publication 15 (Circular E), Employer’s Tax Guide” que obliga a transferir inmediatamente el dinero retenido pero solamente para retenciones mayores de cien mil dólares (http://1.usa.gov/1TW9o1V) quedando todo lo demás a merced de los agentes de retención– y somete a los contribuyentes a la voluntad de dichos agentes de retención que, como en el caso de los descuentos para nuestro Instituto de Previsión Social (IPS) pueden hacer negocios financieros con el dinero que descuentan compulsivamente a los asalariados.

    Los agentes de retención, generalmente empresarios privados, adquieren privilegios por partida doble: Pueden usar, en efecto, el dinero de los contribuyentes en beneficio propio hasta que lo transfieran y son los que determinan en realidad el porcentaje de la retención, pudiendo “negociar” evasiones con el contribuyente, también como ocurre con nuestro IPS.

    Eso además de que la fijación de la retención será siempre arbitraria y solamente puede calcularse adecuadamente sobre salarios, pero no sobre ingresos eventuales. Lo que convierte a los asalariados en las principales víctimas de las retenciones.

    Esa, entre otras, es la razón por la que el ex ministro de Hacienda Manuel Ferreira calificó a estas ideas de la SET como un ataque a las clases medias (http://bit.ly/1TVLtDN) y Nora Ruotti como un fracaso en la gestión de control de la SET (http://bit.ly/1LOB7T2).

    El nivel de deducibilidad, por su parte, se establece siempre con criterios políticos incluso en Estados Unidos (http://bit.ly/1pfA6sR), y ciertamente ella, la deducibilidad, no tiene conexión lógica alguna con la idea de que los que más ganen paguen más, razón por la que creo que no se debería discutir que el total de gastos familiares debe mantenerse deducible.

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    Publicado por Anónimo | 14/03/2016, 08:42
  6. Entre cortesanos y damas de compañía

    Por Luis Bareiro

    En tiempos medievales los siervos estaban obligados a pagar tributo a los señores feudales para permanecer en sus tierras y la falsa promesa de protección en tiempos de guerra. Era una explotación institucionalizada. Los recaudadores sabían que si cobraban demasiado podían encender la mecha de la revolución, y si cobraban poco despertarían la ira de los monarcas cuyos lujos se pagaban con ese dinero. Encontrar el equilibrio no era fácil.

    El advenimiento de las democracias sustituyó las monarquías por el Estado. Los siervos se convirtieron en contribuyentes obligados por ley a pagar impuestos para que los Gobiernos financiaran los servicios públicos, la educación, la salud, la protección y la infraestructura.

    Igual quedaron en la memoria colectiva las injusticias de antaño. Era muy difícil que los ciudadanos estuvieran dispuestos a pagar si no veían que sus administradores usaban el dinero en su favor, si los servicios eran malos o inexistentes y si, al final, los burócratas de turno terminaban despilfarrando la contribución pública con el mismo espíritu de las monarquías depuestas.

    Había además otro desafío. Ahora el impuesto debía ser más justo. Quien tuviera más debería pagar más.

    La situación no ha cambiado mucho en los siglos siguientes. En ningún lugar del planeta el contribuyente es feliz de serlo, pero está claro que en aquellos lugares donde son más evidentes la utilidad práctica de pagar impuestos y la equidad a la hora de hacerlo hay menor reticencia a tributar.

    Por decir, un belga o un noruego sabe que el Estado se quedará con la mitad de sus ingresos, pero también que en contrapartida tiene escuelas, hospitales y transporte público de calidad; calles, rutas, aeropuertos y plazas en excelentes condiciones y seguridad física y jurídica.

    Ese ciudadano nórdico sabe además que el accionista de IKEA y el gerente de Orval pagan más impuestos porque tienen más ingresos. Y si bien todos estarán más o menos amargados a la hora de tributar, en general el sistema seguirá funcionando.

    Paraguay está entre los países con menor presión tributaria en el mundo; y, sin embargo, debe haber pocos contribuyentes tan molestos a la hora de pagar como el paraguayo. ¿Por qué?

    Es simple, porque no ve el resultado de su contribución. Casi todo lo usan para pagar salarios de funcionarios que, en su gran mayoría, no le reportan el menor beneficio. Y la poca obra pública que ve se financia con deudas que él y sus hijos deberán saldar a futuro.

    Para colmo, como la recaudación descansa principalmente sobre el consumo y él destina casi todos sus ingresos a consumos básicos, proporcionalmente paga más impuestos que los que ganan más.

    Esto explica nuestra sobrerreacción cuando cualquiera habla de cobrar más impuestos, aunque se trate solo de cobrarles a quienes ganan más. Primero hay que corregir el despelote del gasto. Caso contrario, nos seguiremos sintiendo como en el medioevo, con los señores feudales repartiendo nuestro dinero entre cortesanos y damas de compañía.

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    Publicado por Anónimo | 13/03/2016, 07:27
  7. Los mismos tontos de siempre

    Por Benjamín Fernández Bogado –

    El debate sobre los impuestos es clave en la construcción de cualquier democracia. Los tributos determinan el grado de confianza de los contribuyentes en el Estado administrador y en la manera como este usa los recursos de todos para beneficio del país. Esto en Paraguay tiene como siempre sus bemoles.

    Aquí tenemos un Estado cada vez más endeudado que no tiene capacidad para implementar los proyectos de inversión, donde el titular de Hacienda y varios otros altos funcionarios se autoadjudican sobresueldos, gastos de representación, triple aguinaldo y pueden estar en 4 lugares al mismo tiempo haciendo cosas diferentes y teniendo un salario que jamás en el sector privado ganarían. Además de eso, como no les alcanza para cumplir con los compromisos, afirman sueltos de cuerpo que los que siempre pagan… deben pagar más. Están provocando al pueblo a una reacción en contra, de imprevisibles consecuencias. Parten de la teoría equivocada de creer que los mandantes siguen siendo los mismos tontos de siempre.

    Ahora que sabemos cuántos son, qué hacen y lo que cobran, la ciudadanía tiene por fin conciencia del perfil y la realidad del Estado y de sus funcionarios.

    Por eso se rebelan muchos ciudadanos y no están dispuestos a financiar más planilleros, caseros, amantes, familiares y otros de igual calaña. Los tiempos económicos son duros y requieren ajustes para todos, pero parece que el Estado solo pretende que sigamos contribuyendo los mismos tontos de siempre para la recurrente joda del pésimo y corrupto gasto público.

    El MOPC no tiene capacidad de usar los créditos que recibe ni gente y menos vergüenza en asumir su incompetencia, pero sin embargo le siguen dando dinero de empréstitos, cuyos intereses pagamos religiosamente sin tener un metro realizado de la obra. Le dieron dinero para el metrobús y está justificando el dato de que en Paraguay, desde el momento que otorgan el crédito hasta que se realiza el proyecto, puede pasar más de mil días, pero… pagando intereses sin prórroga alguna. Los que no pagan impuestos como deberían afirman que es mejor no hacerlo porque finalmente el Estado es corrupto e incompetente y no merece un solo guaraní más. Tienen razón, pero estos que evitaron el 10% de impuestos sobre las ganancias de la soja son tan paraguayos como nosotros. Respiran el mismo aire, transitan por las mismas rutas, se benefician o perjudican de los mismos policías o médicos, pero son los vivos. Nosotros: los tontos de siempre. Un amigo tiene una idea genial: que los eternos vyro (tontos) que tributan al mismo Estado ladrón, caradura y corrupto dejen de pagar unos 10 años y que ingresen a la financiación del parásito los que nunca lo hicieron. Es como dejarles en el banco a los vyro sempiternos para que ingresen los vivos de siempre. No es mala idea, aunque estos últimos tienen más capacidad de cabildeo y poder para evitar esa acción absolutamente justa.

    Hay que arreglar el desastre del Estado paraguayo. Ahorrar todos los recursos posibles, hacerlo eficaz y honesto para después incrementar los impuestos a los mismos tontos de siempre. Ver si un médico trabaja en un solo hospital y no cobra en cuatro puede ser un buen comienzo. De lo contrario, declaramos so’o nomás y que los impuestos y tasas los paguen los mismos vyro que circulan por la calle 22 de Setiembre y José Asunción Flores, donde el bache está a punto de tragar a los miles de contribuyentes que transitan por dicha arteria. Ni por márketing hacen lo que deben… qué será por otras razones.

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    Publicado por Anónimo | 13/03/2016, 07:26
  8. Aumento de impuestos y la inequidad

    Por Alberto Acosta Garbarino Presidente de Dende

    En el aspecto económico y político, la noticia más importante de la semana pasada ha sido la intención del Ministerio de Hacienda de hacer modificaciones al impuesto a la renta personal con el objetivo declarado de darle mayor “equidad” a nuestro sistema tributario.

    El argumento utilizado para realizar los cambios era que los “ricos casi no pagaban impuestos” y esto hacía que la “desigualdad” entre los que más tienen y los que menos tienen se vaya incrementando.

    Considero que independientemente a que sea bueno o malo el cambio propuesto, el mismo ha sido políticamente inoportuno, incorrectamente liderado y muy mal comunicado.

    Es políticamente inoportuno, porque este es el peor momento para plantear un aumento de impuestos, ya que por un lado existe una fuerte contracción económica y por el otro, todos los días salen a luz los escándalos de corrupción en el uso del dinero público.

    Estuvo incorrectamente liderado, porque lo impulsó la viceministra de Tributación, que se encuentra en la tercera línea de mando del Gobierno, y cuya única y muy impopular responsabilidad es la de recaudar a base de los impuestos existentes.

    Una medida de esta naturaleza es de “altísima política” y debería ser liderada por el presidente de la República y por el ministro de Hacienda ya que la misma afecta a la política fiscal y a la política económica y su implementación depende de tener los votos necesarios para su aprobación en el Congreso.

    Nada de eso se hizo y ante la reacción masiva de la ciudadanía en su contra, el presidente, por medio de un simple y corto Twitter, dio marcha atrás a la decisión inicialmente tomada.

    Pero independiente a esta inoportuna, mal liderada y mal comunicada decisión, por parte del Gobierno, todos los que conocemos la realidad nacional compartimos la opinión del ministro de Hacienda de que en nuestro país existe un grave problema de desigualdad y de inequidad, que es como una bomba de tiempo social, que tarde o temprano va a explotar.

    Esta desigualdad y esta inequidad no solamente son una injusticia social inaceptable, sino que representan un grave problema que hará inviable nuestra actual democracia y nuestro futuro desarrollo económico.

    Sobre este tema tenemos que debatir todos los que tenemos cierta función de liderazgo en la sociedad, hasta encontrar consensos que nos permitan cambiar el rumbo actual, en el que una explosión social es el final inevitable.

    Existe una frase del ex presidente norteamericano John F. Kennedy que siempre tengo muy presente: “Los que hacen imposible una evolución pacífica, harán inevitable una revolución violenta”.

    La evolución pacífica será posible si los políticos de nuestro país aceptan reformar el Estado, para reducir sustancialmente sus gastos corrientes y aumentar la inversión en vivienda, salud, educación e infraestructura.

    La evolución pacífica será posible si también los empresarios aceptan que todos los sectores y todas las personas que viven en este país deben pagar los mismos impuestos.

    No debe haber regímenes especiales para nadie, salvo en casos muy especiales y por periodos muy limitados, y los impuestos deben ser progresivos, es decir el que más gana debe pagar lógicamente mayor monto, pero también mayor porcentaje.

    Todo esto hay que hacerlo con muchísima inteligencia y en un proceso de largo plazo, porque debemos tener siempre presente que el mantenimiento de la competitividad de nuestras empresas es la base del desarrollo económico, que a su vez es la base para una política social inclusiva, que a su vez es la base de nuestra democracia y de nuestras libertades.

    El Gobierno se equivocó en plantear un aumento de impuestos sin que antes haya en la sociedad un profundo debate y comprensión sobre los riesgos de la inequidad y la desigualdad.

    Estamos a tiempo, hagámoslo ya.

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    Publicado por Anónimo | 13/03/2016, 07:24
  9. Hacienda debe tener un plan táctico de reforma tributaria

    Es indiscutible la necesidad de dotarle al sistema tributario de mayor equidad. No es posible continuar sustentando las recaudaciones en impuestos indirectos que afectan en mayor proporción a asalariados y a los grupos de menores ingresos y por tanto los más vulnerables de la sociedad. Las recientes declaraciones del ministro de Hacienda, Santiago Peña, sobre la necesidad de que los que tienen más paguen más, es totalmente pertinente. El Ministerio de Hacienda debe contar con una estrategia de reforma a mediano y largo plazo, fundamentada en evidencia empírica rigurosa de manera que la ciudadanía ayude en la implementación del mencionado plan.
    Tal como el Ministerio de Hacienda está planteando las reformas necesarias para recaudar más, lo único que consigue es generar indisposición hasta en los sectores que no serán afectados. El reciente planteamiento de esa Secretaría de Estado impactará a probablemente el 2% más rico de la población; sin embargo, la falta de estrategia comunicacional generó un debate poco productivo.

    La discusión generada esta semana en la prensa fue un buen ejemplo de las dificultades que enfrentará el país en su tránsito hacia una estructura tributaria más justa. Un cambio radical exige analizar el tema con evidencia empírica rigurosa que permita conocer a cabalidad a quiénes afecta cada una de las propuestas de reforma y quiénes son los que tienen más.

    Tanto el debate sobre la necesaria reforma al impuesto a la renta personal (IRP) como al del IVA a las cooperativas debe sustentarse en información certera. Al margen del objetivo formalizador del IRP, este impuesto es uno de los más justos, ya que recauda de quienes más ganan. Por lo tanto, uno de los pilares de la reforma impositiva debe ser hacerlo progresivo. A mayores niveles de ingresos, mayores tasas.

    Por otro lado, las cooperativas plantearon la presentación de un nuevo proyecto de ley para mantenerse en el esquema de exoneración del IVA. Este tema también debe ser analizado a la luz de quienes serán los afectados. El tema debe discutirse teniendo como principal criterio la equidad. Las ventajas impositivas no pueden seguir privilegiando a los sectores de alto nivel adquisitivo. Hay socios y operaciones de cooperativas de bajo nivel de ingreso, pero también los hay de muy alto nivel de ingreso.

    Mas allá de la coyuntura semanal sobre el IRP y el IVA, el análisis de la situación debe enmarcarse en la atención hacia otros sectores de altos niveles de ingresos y de baja tributación, como el de los grandes productores, muchos de ellos con fuertes externalidades negativas para el país, especialmente en el área ambiental. Este tema no puede dejar de discutirse desde ahora. El alto nivel de endeudamiento para obras de infraestructura y los beneficios que generarán esas obras deben ser financiados por los sectores que se beneficiarán en mayor medida. Con la actual estructura tributaria, el pago de la deuda terminará sacrificando más a los de menores recursos.

    Es urgente un diálogo nacional sobre la temática, pero con fundamentos empíricos y de manera planificada. El Ministerio de Hacienda no debe continuar con reformas que solo significan parches al sistema. El problema es estructural, por lo tanto merece un tratamiento profundo y con los diversos sectores que componen la sociedad.

    Que no le quepa duda al Ministerio de Hacienda que si propone reformas estructurales que garanticen que quienes ganen más paguen más impuestos, tendrá el apoyo de la ciudadanía. Pero tenemos que estar seguros de que realmente sean quienes tengan más.

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    Publicado por Anónimo | 13/03/2016, 07:20
  10. Señor ministro:

    Por Roberto Sosa

    Con todo el respeto y el aprecio que le tengo, me dirijo a usted para expresarle que lamento no haber tenido la oportunidad de intercambiar algunas informaciones y criterios con relación al Impuesto a la Renta Personal (IRP). Por razones que ni valen la pena mencionarlo, Dr. Santiago Peña, no pudimos coincidir en ABC Cardinal, y como a esta altura el Presidente de la República y usted ya han informado que desistieron de su plan de modificaciones del citado tributo, quisiera compartir con la ciudadanía algunos datos que recopilé para aquel frustrado encuentro.

    Le aclaro que todos los números que voy a mencionar fueron extraídos de las páginas oficiales de Hacienda, Tributación y de otros entes públicos. Aprovecho para quejarme de que algunos datos de importancia de la cartera a su cargo están sumamente desactualizados y otros desaparecieron.

    Me place escuchar de las máximas autoridades su preocupación por la gran inequidad existente en el país en cuanto al sistema tributario vigente. La predominancia de impuestos indirectos (como el IVA) sobre impuestos directos (como el Iracis o el IRP) viene de hace tiempo y fue el principal motivo de grandes “peleas” públicas entre la prensa y el Poder Ejecutivo de entonces, cuando en el 2003/2004 se discutió la Ley de Adecuación Fiscal, bautizada como el “impuestazo”, precisamente por extender el IVA.

    Decir que se necesita impuestos directos progresivos para que exista justicia tributaria es una perogrullada. Y culpar del régimen impositivo a la desigualdad que existe en el país es tener una visión extremadamente simplista del verdadero problema que vive el Paraguay, especialmente los más pobres. El IRP fue concebido en principio como un tributo finalista, según juraron y rejuraron las diferentes autoridades que se sucedieron en el Ejecutivo y Hacienda desde el 2003.

    A partir de la aplicación de aquella reforma, las recaudaciones tributarias pasaron de G. 4,9 billones en el 2004 a G. 18 billones en el 2015, es decir, casi se cuadruplicaron en apenas 11 años. La cantidad de contribuyentes ha pasado de 329.442 en el 2005 a un total de 684.048 al cierre del 2015, es decir, se ha duplicado. Estos datos demuestran que la Ley de Adecuación ha permitido un aumento importante en el número de contribuyentes y en lo recaudado.

    En contrapartida, al cierre del año pasado los pagos por servicios personales representaban el 76% de todos los ingresos tributarios. Si a esto se sumaban las transferencias para abonar beneficios de la administración descentralizada y pensiones, los impuestos no alcanzan. La relación no ha cambiado mucho desde el 2004 en que se aplicó la Ley de Adecuación.

    Un informe de la Presidencia dado a conocer recientemente revela que entre los gobiernos de Nicanor, Lugo y Franco se han incorporado al sector público casi 80.000 nuevos burócratas. El funcionariado público percibe un salario promedio por encima de G. 5 millones mensuales, en tanto que en el sector privado ronda los G. 2 millones e incluso menos (hay datos contradictorios). Hoy existen más de 300.000 estatales, entre permanentes y contratados, lo cual representa aproximadamente el 8% de la Población Económicamente Activa. En otras palabras, el 92% de los ocupados o potenciales ocupados del país laburan y pagan impuestos para ese pequeño 8% que tiene salario asegurado, beneficios, seguro médico, jubilación y muchas otras comodidades.

    Estos datos hacen suponer que el problema no está en los ingresos ni en los resultados de una reforma impositiva, sino en el malgasto de nuestro dinero en manos del Estado. El sector público paraguayo es “Hood Robin”, porque saca dinero a los más humildes para dárselo a los que están mejor posicionados.

    Lo cierto es que se acabó el debate sobre el IRP, pero valdría la pena que el Ejecutivo (Hacienda) nos explique qué medidas concretas y en qué plazo corregirá el despropósito existente, así como cuáles son los números que manejó inicialmente en su idea de cambiar la renta personal.

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    Publicado por Anónimo | 13/03/2016, 07:10
  11. Yo pago, tú pagas, el paga…

    Posteado por Sebastián Acha el 11-03-2016

    Se ha dado un inesperado debate sobre una eventual reforma tributaria – bah! reforma sobre un solo impuesto, el de la Renta Personal – a partir de las expresiones de la Viceministra de Tributación afirmando que el deseo de la administración tributaria es de “ir hacia un sistema más equitativo” y no el de recaudación. ¿Será?

    “Y la palabra se hizo carne y habitó entre nosotros…” Conocido pasaje bíblico que acompaña oraciones de responso paradójicamente entre otras muchas plegarias del cristianismo. Pues bien, en la administración tributaria y en la construcción de una política fiscal, generalmente ocurre lo mismo: cuando los administradores dan una “opinión” sobre “proyectos de cambios” finalmente ocurre lo que ocurrió. Cunde la desesperación, aumenta el nivel de interpretaciones proporcionalmente al número de especialistas – y no tanto – que opinan sobre el tema y termina generando lo que menos necesita un país que busca formalizarse y atraer inversiones: incertidumbre.

    La propuesta concebida en el seno de la SET afecta a los aproximadamente 30.000 contribuyentes de la Renta Personal. La consigna que lleva escrita el estandarte es tan clara como populista: “los más ricos deben pagar más”. Retención entre el 1 al 2 % como anticipo de renta personal y un tope de gastos familiares de hasta 5 millones de Guaraníes.

    ¿Alguien podría estar en desacuerdo con estos principios? Por supuesto que no. A cada uno según su capacidad contributiva ya enseñaba el Doctor Carlos Mersán insigne maestro de Derecho Tributario de la UNA.

    Ahora bien, este sistema de Renta Personal, no está concebido como para aprobar una supuesta progresividad tal como señalan. Este sistema, que me tocó negociarlo, defenderlo y votarlo hace doce años, es un “impuesto a los gastos no deducibles”. ¿Qué significa? Que si gano 100 y gasto 100, pago cero. ¿Cómo acredito mi gasto? Con facturas legales.

    Si sacamos o limitamos las deducciones (poner tope a gastos familiares, retenciones y otros) ¿cuál será el estímulo para pedir factura legal si ese gasto no será deducible del bruto de mi impuesto? La consecuencia inmediata será generar estímulos para la informalidad y por ende para la evasión.

    En conceptos abstractos, todos coincidimos con la premisa de que quien más tiene más debe contribuir, conforme a su capacidad contributiva. Pero si en el Paraguay existe una evasión del 50% de los sujetos obligados a pagar impuestos más un 70% de evasión al IPS, ¿no sería más equitativo que antes que hablar de aumentos de tasas, exijamos que todos paguemos lo que hoy está previsto?

    “Es muy fácil cazar en el zoológico” repetía un economista argentino meses atrás en una charla sobre el futuro de la economía argentina. Claro, porque quienes hoy somos formales y pagamos, con esta idea, pagaremos más. ¿Y quienes no pagan? Sólo Dios sabe.

    Conjuguemos el verbo pagar: Yo pago, Tú Pagas, El paga, Nosotros pagamos, Vosotros pagáis,

    Ellos pagan…

    Esto suena más a un sistema tributario más equitativo.

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    Publicado por Anónimo | 12/03/2016, 19:18
  12. Cambios

    Por Wendy Marton –
    Todos estamos de acuerdo en que quienes más ingresos tienen, deben pagar más. Pero la mala política de comunicación de parte del Gobierno sobre los cambios que pretende hacer al impuesto a la renta personal (IRP) hizo que hasta las personas que no están ni estarán afectadas por estas modificaciones reaccionen negativamente.

    Hasta ahora lo poco que se sabe es que el Gobierno pretende hacer dos modificaciones, una por ley y otra por decreto del Poder Ejecutivo. Para la primera, analiza la posibilidad de reducir la cantidad de gastos deducibles para que los contribuyentes alcanzados por este impuesto tributen un monto mayor. Para hacer los cambios, que aún no se sabe cuáles son ni a quiénes afectarán (se presume que será a quienes perciban 10 salarios mínimos al mes o más, algo así como G. 18.240.550), se necesita modificar la ley que puso en vigencia el IRP, y, por ende, la aprobación del Congreso.

    El segundo cambio guarda relación con la posibilidad de que los empleadores y empresas retengan los ingresos de los alcanzados por el IRP, en porcentajes que van del 0,5% al 2%. Con esto, se asegura que el dinero ingresará directo a las arcas fiscales, y le permitirá al Tesoro contar con más recursos para atender los gastos del Estado.

    La relación conflictiva de la gente con el IRP es de larga data. El tributo fue creado en el año 2004, a través de la Ley de Adecuación Fiscal, y debió entrar a regir en enero del 2006. El fin del tributo es formalizar la economía, pues al permitir deducir la mayoría de los gastos para pagar menos impuesto, quienes están alcanzados solicitan facturas legales, y con ello aumenta la recaudación del IVA y del Iracis.

    Pero como el impuesto afectaba a la clase más rica del país, siempre se obtuvieron los votos necesarios en el Congreso para posponer su vigencia, hasta que finalmente entró a regir en el año 2012 y terminará de implementarse en el 2019, cuando alcance a quienes perciben 36 salarios mínimos al año.

    Y si afecta a la clase económica que tiene más ingresos, ¿por qué tanto alboroto? Porque, hasta donde se sabe, los cambios solo se aplicarán a quienes ya están inscriptos en el IRP, y principalmente a los asalariados. ¿Son los asalariados los más ricos de este país? Obviamente no. ¿Por qué el Ministerio de Hacienda no busca mecanismos para sumar a más contribuyentes al tributo en vez de castigar a quienes ya están pagando? Porque su sistema de control aún es débil y el sistema informático necesita mejorarse, y para ello se requiere más inversión.

    ¿Es conveniente aplicar modificaciones a un tributo cuya vigencia absoluta será recién dentro de tres años? La recomendación es que no. Definitivamente, la estrategia de comunicación del Gobierno es errada. Si hubiese comenzado diciendo que los cambios afectarán solo al 2% de la población más rica del país, si hubiese sido claro en las propuestas de reforma, y si no sembrara dudas que orientan a creer que solo los formales terminarán sufriendo las consecuencias de los cambios, quizá hoy todos hubiésemos estado frente al Parlamento exigiendo los cambios.

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    Publicado por Anónimo | 11/03/2016, 09:13
  13. Los avaros de siempre

    Bastó que el Ministerio de Hacienda informe que se halla abocado al estudio de mecanismos para limitar la capacidad de deducir impuestos al 2% de los contribuyentes más pudientes, para que “arda Troya”. Sectores del empresariado y de la prensa denunciaron lo que consideran “un plan destinado a meter la mano en el bolsillo de la gente” y “un abuso tributario inaceptable”. Resulta curioso que para éstos, el concepto “gente” se restrinja a ese ínfimo porcentaje de la población, que se halla en la cima de la pirámide social y que hoy, injustamente, paga lo mismo que el 98% de los que están debajo. Además, no se trata de un “bolsillazo”, como pretenden instalar, sino que paguen 10% de impuestos por ciertos productos de consumo familiar por los que hoy no abonan un centavo, como las “delicatesen” a las que el grueso de la ciudadanía jamás tuvo acceso. Paradójicamente, los que rechazan esta iniciativa de Hacienda son los mismos exigen al Estado que brinde servicios del primer mundo, de ser posible como los de Alemania o EE.UU., pero con un sistema tributario propio de Burundi, Namibia o Somalia.

    Aunque resulte una obviedad decirlo, todo Estado requiere de recursos para su propio funcionamiento y para financiar sus obligaciones en materia de salud, educación, vivienda, programas destinados a combatir la pobreza y para dar impulso a las necesarias obras de infraestructura, en cuyo ámbito nuestro país registra un atraso profundo.

    De algún lado tiene que salir el dinero. Uno de ellos es por medio de la contratación de préstamos internacionales, es decir, por vía del endeudamiento externo, que dependiendo de la cantidad y del destino que se dé a los mismos puede ser positivo, pero de ningún modo el principal, ni mucho menos el único, ya que sería insostenible en el tiempo. El otro es la política tributaria, la recaudación de impuestos. ¿Y qué dicen al respecto los empresarios que parecen tener cocodrilos en sus billeteras? Que antes de implementar este mecanismo se apueste primero a “combatir la evasión para ampliar la base imponible”, o sea, que se les haga pagar a los que hoy no pagan, como si fuera que eso es tan sencillo como “soplar y hacer botellas”.

    ¡Claro que hay que combatir la evasión fiscal! Hay casos de grandes fraudes que en este mismo momento están siendo investigados por la Subsecretaría de Estado de Tributación (SET), como el detectado por dicha repartición en Ciudad del Este, que superaría los 50 millones de dólares. Pero desactivar las roscas corruptas compuestas por poderosos personajes del sector privado y funcionarios desleales de todos los tiempos, no es una tarea que se resuelva en el corto plazo. Además, ¿por qué razón no se puede ejecutar esta estrategia y, al mismo tiempo, introducir ajustes al IRP para limitar la deducción de impuestos a ese pequeño sector de contribuyentes, el 2%, que acaparan gran parte de la torta? ¿O es que no se puede mascar chicle y cruzar la calle?

    Es hora de que los empresarios y, en general, los que tienen altos ingresos, dejen de pensar sola y exclusivamente en sus bolsillos sin importarles los del resto, los de la inmensa mayoría de nuestro pueblo. Es hora que comiencen a aportar lo que durante mucho tiempo no lo hicieron. Es hora, en fin, que piensen un poco en el país y que dejen de comportarse como los avaros, egoístas y privilegiados que siempre fueron.

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    Publicado por Anónimo | 10/03/2016, 07:49

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Escuchas publicas

El tema que tiene que ver con este escándalo de las escuchas telefónicas que envuelve el tráfico de influencias, que todos presumiamos que existía de manera clara pero nunca de manera tan desembozada y tan elocuente, como el que hemos tenido la oportunidad de poder comprobarlo. Lo que queda ahora es corregir lo que está mal y eso significa que el Congreso debería suspender a González Daher, en sus funciones como representante ante el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados, y hacer un planteo severo en torno a la continuidad de esta institución, además de eso tendríamos que escuchar de manera mucho más valiente y objetiva las denuncias de fiscales y de jueces en torno a este tráfico de influencias, denunciando en los casos en los que habían sido sometido a una situación similar, haciendo que la justicia vuelva a ser creíble, y por sobre todo previsible de este país, que tiene una gran deuda con la sociedad en ese campo. Si la sociedad define la democracia como el estado de derecho, es evidente cuando vemos que ella es sujeta de las manipulaciones, tergiversaciones, chantajes y extorsiones, más claras que las que hemos podido comprobar en las últimas horas, nadie puede estar seguro en este país, y es el tiempo de corregir aquello que está mal y ademas de eso se tiene la oportunidad este domingo de castigar aquellos que se han apartado de lo que se espera debería ser la democracia, es el tiempo de los ciudadanos y en ese sentido nos queda ajustar cuentas con aquellos que se han apartado de manera clara y elocuente del mandato que recibieron de parte de nosotros, sus mandantes. (BFB)

Empresas del Estado

Uno de los grandes desafíos que tenemos en el país es indudablemente el encontrar un modelo económico que nos permita centrar la labor del Estado en lo que le corresponde realizar, cuando vemos mucho de las empresas públicas y especialmente en este verano, en que volveremos a padecer las consecuencias de una empresa monopólica como la ANDE, que no puede garantizar un buen servicio, por diferentes razones, se quejaron este año, porque las tarifas estaban fuera del rango que debieran, se incrementaron  esos números, pero no se mejoró el servicio, ahora aparece el argumento de que vienen de varios años de desfinanciamiento y que por lo tanto llevará todavía una buena cantidad de tiempo, ponerse a la altura y exigencias de la demanda de la gente. Pero si vemos también hay otras empresas públicas como el caso de la INC, que compra una nueva planta para procesar clinker y que ha tenido más de cien fallas, en un período de prueba y que podría ser otro gran elefante blanco, adquirido por el estado a las costas de cada uno de los contribuyentes, vemos de que hay algo mucho más profundo y grave en todo esto, el Estado no sabe hacer bien estas cosas y cada vez nos cuesta mucho más mantener a un personal ocioso y además de todo eso manipulado en tiempos electorales para que voten por que se sigan siendo manteniendo las cosas hasta ahora, nos cuestan mucho las empresas monopólicas del Estado, pero por sobre todo no vemos un rol del estado propiamente, incluso en aquellos sectores en donde debería actuar como elemento regulador del mercado. En definitiva tenemos dificultades filosóficas, administrativas y de gestión. (BFB)

A platazo

Es evidente que las campañas sacan lo mejor y lo peor de las personas, algunos demuestran cual es su verdadera concepción con respecto al poder, que es lo que entienden con respecto al de la prensa, a las encuestas, al twitter. La expresión del presidente Cartes de acusar de muchos de los males del país a los periodistas y especialmente aquellos que son críticos a su gobierno, y afirmar en términos bastantes soeces a la labor que cumplen algunos es una demostración de pobreza de espíritu que dominan a varias personas en estas elecciones. También ha sido noticia el hijo de la dip. Perla de Vazquez, exhibiendo dólares sobre una mesa dispuesto a comprar la voluntad de los votantes santanianos en el dia de los comicios, otras expresiones más se dieron en el transcurso de esto que casi siempre rodea a la práctica electoral y que demuestra, reitero, nuestra pobreza cívica, nuestra pobreza moral y nuestra pobreza argumentativa, no somos un país en el que estamos acostumbrados a debatir sus diferencias y a plantear propuestas, somos más bien personas que responden con insultos y agravios, cualquier afirmación que no sea la que uno comparte o tiene como argumento central. En definitiva las cuestiones electorales han vuelto a mostrar lo peor y pocos casos de lo mejor de nuestra sociedad, y varios de los temores que son permanentes en la vida política nacional, la posibilidad de comprar las voluntades de los votantes o de torcer las voluntades de los trabajadores del sector público, que más de 300mil de ellos, casi siempre son carne de cañón en los procesos electorales.   (BFB)

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