estás leyendo...
HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

Los reeleccionistas

Los reeleccionistas son agentes intrépidos y bizarros de una causa para cuyo impulso no se necesita demasiado equipamiento intelectual y sí una abundante disponibilidad de impudicia y temeridad política. A tal dirigencia, tal gestión. No podemos esperar subir en las tablas de competitividad, de índice de calidad de vida o de desarrollo del servicio civil con semejantes enanos políticos.

El debate tan banal como superficial que se está dando en torno a la figura de la reelección presidencial pinta de cuerpo entero el bajo nivel que presenta la mayor parte de la dirigencia política paraguaya. Se escuchan, muy esporádicamente, algunas pocas voces aisladas que intentan introducir un marco de sensatez a la discusión pero que no logran imponerse a la vocinglería desatada por los más ruidosos “reeleccionistas”.

Esto no es esencialmente nuevo y define claramente lo poco que hemos avanzado en la consolidación de los mecanismos institucionales con los que se construye una República.

Los reeleccionistas son agentes intrépidos y bizarros de una causa para cuyo impulso no se necesita demasiado equipamiento intelectual y sí una abundante disponibilidad de impudicia y temeridad política. Apelando a un símil de la poderosa prosa de G.B.Shaw –el incisivo dramaturgo irlandés de la era victoriana-, digamos que los reeleccionistas no se dicen a sí mismos y a los demás, en forma expresa, que quieren la reelección para Horacio Cartes. Esperan pacientemente a que se les forme en el cerebro la idea de que conseguirle a Cartes un segundo periodo de gobierno es una causa nacional y patriótica y que quienes se oponen a ella sólo son obstáculos que dificultan la marcha y que hay que remover para poder llevar adelante los grandiosos planes que en un solo periodo sería imposible finiquitar. A esta gente es inútil decirle –porque las ideas les rebotan como pelotas de tenis- que si se va a reformar la Constitución es preciso hacerlo con tiempo, método y con cláusulas de salvaguardia que garanticen que la reelección entre en vigencia sólo después del segundo periodo presidencial inaugurado a partir de la nueva carta magna.

Pero claro, y como gráficamente lo expresan los niños, “así no da gusto jugar”. La baja calidad de la dirigencia política que en general gobierna o aspira a gobernar el país no admite postergaciones ni condicionamientos. Su consigna es “satisfacción ya”. “Para eso hacemos una reforma, para que el actual presidente se quede un periodo más”. Ese es el entorno que construye apresuradamente la idea de la que termina enamorándose su destinatario: “Si UD. se va, presidente, viene el caos. ¿Cómo terminará su obra, quien lo hará si no está UD.”. Convengamos en que esa es una idea poderosa, humanamente irresistible y para enfrentarse a la cual habría que ser un Ricardo Lagos, por ejemplo. Y si no, veamos el caso de Evo Morales, Rafael Correa o Nicolás Maduro, para quienes la “reelección indefinida” es algo más que una idea, es una meta.

A tal dirigencia, tal gestión. No podemos esperar subir en las tablas de competitividad, de índice de calidad de vida o de desarrollo del servicio civil con semejantes enanos políticos quienes, al no querer cambiar de opinión ni tampoco de tema, se convierten en fanáticos operadores de una idea bastarda que en nada enriquece la vida republicana.

http://www.5dias.com.py/44711-los-reeleccionistas

Anuncios

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

10 comentarios en “Los reeleccionistas

  1. ¿Reelección por enmienda? ¡De ningún modo!

    Por Jorge Silvero Salgueiro

    Las opiniones jurídicas están divididas. Por un lado, una mayoría ha afirmado que la prohibición de reelección presidencial no puede ser modificada por enmienda, solo por reforma constitucional, posición a la cual adhiero. Por el otro, una minoría calificada ha señalado perspicazmente que la modificación por enmienda es posible, pues la Constitución no contempla “la reelección” entre los temas sujetos expresamente a reforma, como ser: el modo de elección, la composición, la duración de mandatos y las atribuciones de los poderes del Estado (art. 290). Para esta posición la categoría “reelección” es otra, una no incluida en las anteriores citadas. Circunscribe, además, “modo de elección” únicamente al voto popular y descarta que tenga algo que ver con “reelección”.

    Sin embargo, a mi entender, el argumento de la minoría está equivocado, pues contiene un error jurídico de apreciación al producir una interpretación disociadora entre categorías constitucionales conexas, aislando y restringiendo conceptos hasta descontextualizarlos del párrafo constitucional, una situación excluida por cualquier enfoque de interpretación. El argumento de la minoría es, por tanto, atendible, pero inválido.

    Es atendible, porque expone cierto significado verdadero, aunque insuficiente. No hay falsedad. En su proceder utiliza un canon de interpretación constitucional conocido, el literal, aunque ahí mismo surgen sus primeras debilidades. La falta visible, el no ver la palabra en cuestión en la oración, no significa que el concepto que representa esa palabra no esté enraizado en la regla. Y todavía no me refiero al espíritu de la misma, sino a su propia comprensión literal. Así, conforme a la letra del texto constitucional la enmienda no se utilizará “para aquellas disposiciones que afecten el modo de elección” (art. 290). Vale decir, las disposiciones prohibidas a tratar por enmienda son: a) las que regulan directamente el modo de elección y; b) aquellas disposiciones que sin ser “modo de elección” en sentido propio la afecten. En este último caso, solo tienen que tener la posibilidad de afectar y no la cualidad de ser “modo de elección”. Entonces, la interpretación literal amplía y no restringe, ello significa que los posibilidades de exclusión de la enmienda son mayores que las cuatro categorías citadas, aunque siempre tendrán que incidir en éstas. Primer punto a tener presente.

    Segundo, el párrafo en cuestión del artículo 290 divide los temas impedidos de modificar por enmienda en dos grupos, uno relativo a los poderes del Estado y otro a los derechos fundamentales. “Modo de elección (…) de cualquiera de los poderes del Estado” encabeza el primero. Pero, dos de los tres poderes (Ejecutivo y Legislativo) son elegidos por voto popular, el tercero, el Judicial, no. Y aun dentro de éste el modo de elección varía entre Ministros de la Corte Suprema de Justicia y demás jueces. Es más, técnicamente no hay elección popular, dicha palabra debe ser entendida como sinónimo de designar, nombrar o seleccionar (jueces). Claramente, el “modo de elección” tiene más de una acepción en el mismo párrafo constitucional. Todo lo cual evidencia de cómo en esta categoría pueden estar enraizados varios conceptos conexos.

    Tercero, entre modo de elección y reelección hay un vínculo intrínseco, una afectación mutua en nuestra Constitución. Modo de elección es, por un lado, la forma en cómo elegimos al Presidente, y por el otro, la forma en cómo no elegimos, es decir, el modo prohibido de reelección presidencial contemplado expresamente en la Constitución. La elección solo se puede dar entre candidatos que nunca fueron Presidentes, pero nunca entre estos y expresidentes. La no-reelección es, entonces, una parte fundamental del modo de elección del Presidente en Paraguay. Asimismo, modo de elección también es votación (elección) en primera vuelta, pero no en segunda. El balotaje está prohibido implícitamente en la Constitución al consagrarse la regla de ganador por mayoría simple. Por tanto, la interpretación de “modo de elección” debe estar en asociación a otras reglas constitucionales relativas a la misma. Cambiar la actual regla de no-reelección es afectar el modo de elección, algo prohibido por enmienda.

    Cuarto, el modo de elección y las demás categorías conexas del art. 290 pertenecen a la organización de los poderes del Estado, conocida como parte orgánica de la Constitución. Por ende, deben ser interpretadas a la luz del propio concepto de Constitución y su función de establecer límites al poder. En ese sentido, en la enmienda y reforma se distinguen 3 límites constitucionales iguales, pero diferentes en intensidad: a) el tiempo: a los 3 años de promulgada la Constitución se puede enmendar la misma, a los 10 reformar; b) mayorías: el texto que enmendará la Constitución requiere ser aprobado por mayoría absoluta (mitad más uno de los miembros de cada cámara del Congreso), la necesidad de la reforma requiere ser declarada por mayoría absoluta de dos tercios y; c) atribución: y este es el asunto relevante aquí, la atribución para decidir sobre determinados temas. En el proceso de enmienda, es el poder constituido (ambas Cámaras del Congreso actual) quien decide el texto del nuevo artículo constitucional y, posteriormente, el pueblo por referéndum solo expresa sí o no. En cambio, en la reforma, el poder constituido no tiene esa atribución, sino que pasa al poder constituyente (una Convención Nacional Constituyente a elegir). Ello explica el porqué la Constitución excluye ciertas materias de la enmienda, para que el Congreso actual no modifique la Constitución en temas de interés propio, favoreciendo a otro poder o afectando el sistema de división de poderes. La Constitución le pone límites al Congreso actual. Por ende, el mismo no tiene la atribución de otorgarle más tiempo de gobierno al Presidente actual, ya sea prolongando el mandato del Presidente o dándole la posibilidad de renovar el mismo. Esa facultad corresponde al poder constituyente. Esto, además, excluye cualquier debate si la enmienda es igual o más democrática que la reforma teniendo en cuenta que si el paso 1 (la atribución de tomar la decisión) es inválido, el paso 2 (referéndum) ya no cuenta, queda inhabilitado, como la regla del “offside” en el fútbol. Además, esto es concordante con el artículo 122 que expresa: las elecciones nacionales no podrán ser objeto de referéndum.

    Quinto, por otro lado, “aquellas disposiciones que afecten la duración del mandato” del Ejecutivo están expresamente prohibidas de modificar por enmienda. Y cambiar la no-reelección es una de las disposiciones que pudiera afectar seriamente dicho tema, pues prolonga la duración en el mando presidencial de una persona, aunque sea por un nuevo encargo. En efecto, la regulación constitucional es muy estricta en “tiempo de mando”. El periodo presidencial dura 5 años, es improrrogable y el Presidente cesante debe entregar el mando al Presidente de la Corte Suprema en caso de que existiera algún inconveniente con la proclamación de su sucesor. Es decir, ni un minuto de más se puede quedar en el cargo presidencial una persona, bajo ninguna circunstancia. Tampoco puede ser reelecto en ningún caso. Y para sellar el cofre la Constitución estableció expresamente que solo por reforma, el modo más difícil, se podría cambiar esta regulación de duración del mandato. Entonces, mínimo tenían que pasar 2 Presidentes con un máximo de 5 años cada uno antes de pensar en cambiar regla alguna de permanencia en el poder, ese es el fondo de la discusión, decisión tomada tras 35 años en el poder de Stroessner. Pero, todo esto, tanta rigidez constitucional, se tira por la borda si se acepta que la prohibición absoluta de reelección se podía cambiar ya a los 3 años de vigencia de la Constitución de 1992, por enmienda (¡en 1995!), y aún antes que terminara el primer periodo presidencial (1993-1998). Es simplemente un contrasentido! Típico caso de una disociación interpretativa entre categorías conexas. ¿Para qué ajustar tanto las tuercas en un lado y dejar sueltas en el otro?

    Sexto, asimismo, en términos históricos la Constitución de 1992 fue consecuente en no permitir reelección alguna bajo su vigencia, ni aún al entonces Presidente General Andrés Rodríguez, cuya presidencia había empezado antes de la Constitución, se le permitió reelegirse: Para ello, la Constitución dispuso: “A los efectos de las limitaciones que establece esta Constitución para la reelección de los cargos electivos de los diversos poderes del Estado, se computara el actual periodo inclusive” (art. 19 Disposiciones transitorias). Históricamente, se había aprendido la lección de no permitir una interpretación falaz de la Constitución como lo hizo Stroessner bajo la Constitución de 1940 gobernando 3 periodos cuando solo se permitían 2, a quien le bastó decir “el primero no era mío, era de Federico Chávez”, ¡el Presidente electo a quien derrocó! Supuestamente, solo “completó” dicho periodo.

    Finalmente, se han dado aquí suficientes argumentos que van sumando posibilidades, asociando acepciones, resaltando afectaciones mutuas y explicando funciones conceptuales que en conjunto logran una armonía constitucional evitando notas discordantes y aprovechando las lecciones históricas. Entonces, la reelección presidencial es: a) un modo de elección excluido por la Constitución; b) una disposición que afecta la elección y; c) una disposición que afecta la duración del mandato. Bajo las tres modalidades es una materia sujeta a reforma constitucional, no a enmienda. Modo de elección y (no-)reelección están determinados el uno por el otro. Y todo está protegido por la rigidez constitucional, concepto conocido en el Derecho constitucional por consagrar cláusulas de difícil modificación con la pretensión de mantener por un largo periodo de tiempo las reglas de juego para que no estén a disposición de mayorías políticas coyunturales. Ello contribuye a estabilizar el sistema de gobierno y a diferenciar una Constitución de una ley cualquiera que año tras año puede ser modificada. Por cierto, el tema de reelección presidencial se puede modificar por reforma –si esa es la pretensión política–, pero por enmienda de ningún modo!

    (*) Investigador jurídico independiente, abogado constitucionalista.

    Me gusta

    Publicado por jotaefeb | 2 abril, 2016, 6:39 am
  2. Cartes, Nicanor, Lugo, ¿a qué más aspiramos?

    Por Susana Oviedo –

    Más allá de si es momento o no para convocar a una convención nacional constituyente y modificar, entre otros artículos de la Constitución, el que tiene que ver con la reelección presidencial (290), es preocupante la falta de renovación de la dirigencia política. Es desalentadora la ausencia de nuevos y potables liderazgos en los partidos y movimientos políticos.

    Faltan dos años para las elecciones presidenciales del 2018, y las primeras candidaturas en perfilarse son las de los ex presidentes Nicanor Duarte Frutos y Fernando Lugo, que aspiran a volver a ser jefes de Estado. Son, por lo tanto, los más interesados en la reforma constitucional para que se habilite la reelección, que hoy no está permitida.

    El debate sobre si esta debe incorporarse vía enmienda o vía reforma es reiterativo. Se viene dando desde que comenzó el proceso democrático en 1989, siempre ante la proximidad de nuevos comicios generales. Es sintomático, y hasta la fecha no se consiguió un acuerdo político para pasar a la siguiente fase, que es tomar la decisión de modificar la Carta Magna de 1992.

    Al margen de esta discusión y desgaste, el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) y la Asociación Nacional Republicana-Partido Colorado (ANR), las agrupaciones políticas más antiguas, están sumergidos en una larga abulia institucional.

    No invierten tiempo ni recursos económicos en formar políticamente a nuevos dirigentes, en identificar nuevas figuras, en analizar la realidad nacional y en elaborar propuestas. Ambos partidos están inmersos en la etapa postraumática electoral de la que no logran salir. Reemplazar a sus desgastados líderes no es siquiera un objetivo.

    Los nuevos movimientos y partidos políticos tampoco marcan la diferencia en este sentido. No parecen preocuparse por preparar a sus figuras y menos aún en captar a personas con vocación política genuina y con trayectoria de servicio, lucha y honestidad.

    Es agobiante hacerse a la idea de que en el Paraguay actual no contemos con mejores propuestas que Duarte Frutos, Fernando Lugo, Horacio Cartes, Efraín Alegre y otros próceres que ya conocemos. ¿No podríamos aspirar a superar estas candidaturas, potenciando y dando la oportunidad a otra gente que podría ser mejor que los partido jára o los ex presidentes? ¿Por qué no?

    Las expectativas serían otras. Las propuestas electorales y las aspiraciones ciudadanas también. Las organizaciones políticas tendrían una existencia más orgánica y sustentable y podrían sorprendernos con más y mejores candidaturas.

    Me gusta

    Publicado por jotaefeb | 30 marzo, 2016, 5:39 am
  3. La cortina reelectoral

    Por Miguel H. López

    Finalmente pareciera que la discusión que el presidente Horacio Cartes –y su equipo– busca denodadamente introducir sobre la reelección tiene, más allá del propósito de fondo, que es efectivamente tantear esa posibilidad, la intención de aprovechar para generar tal distracción que el debate se centre en eso, mientras en el país van pasando situaciones críticas, graves y que tienen directa relación con su mal gobierno.

    Por estos días un parlamentario dejó como al pasar la queja de que todos los candidatos, por más variopintos que sean, están dedicándose “a perjudicar a la ciudadanía” al introducir la discusión, tratando de lograr la figura de la reelección a través de una enmienda, que de por sí es ilegal. Su posición era que la vía de la reforma es factible en 2017, un año antes de las próximas elecciones generales. Y que todo sea resultado de un análisis serio.

    Esta advertencia, para nada descabellada, deja al descubierto que la discusión anticipada sobre la figura del doble mandato tiene a su vez un doble propósito político.

    Uno, el natural (?) deseo de poder, por la vía que fuere y articulando los mecanismos posibles o no para el efecto. Y aunque no sea finalmente legítimo, lo hacen y en ese intento pueden buscar embarrar el escenario o torcer situaciones hasta legales con autoritarismo, pokarê, y una retahíla de maniobras corruptas.

    El segundo es lo más preocupante; lo que despliega el daño posible, el colateral, el deliberado. Y es justamente esa búsqueda adrede de desviar la atención colocando en escena un asunto sobre el cual muchos, la mayoría, de los políticos van a opinar; los medios de información masivos van a polemizar y la multitud va a rumorear u observar, sin entender bien por qué, pero fanatizado por los punteros rojos, azules o pardos.

    Al final, lo sustancial del hecho ni emergerá y todo habrá quedado en un vericueto falso de unos contra otros y no el destino real de la gente y sus vidas ni del proceso democrático en el país.

    ¿A quién beneficia en este momento que el debate se centre en la reelección cuando que Paraguay se desmadra y pierde por goleada en un partido que a la larga tendrá 22 jugadores de un solo lado en la cancha y el réfere y los líneas comprados por ese mismo equipo?

    Favorece a los mismos de siempre. A los aprovechadores. A los oportunistas. A los ladrones de sueños. A quienes justamente introducen al país en la larga sombra de la miseria y el abuso. Porque mientras el debate vaya por ese riel, el de la reelección o no, en la vida real van a seguir muriendo paraguayos/as por hambre o diarrea, todo incubado en un nivel de miseria económica que supera los 2 millones de habitantes; sin contar otro número similar que apenas llega a subsistir con alguna dignidad.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 28 marzo, 2016, 5:45 am
  4. ¿Y qué si el pueblo no quiere?

    En el debate que se da estos días, más o menos encubierto, sobre la reelección presidencial ya se barajan nombres de candidatos “seguros” y hay dirigentes que están vehementemente a favor o en contra de contar con esa figura constitucional.

    Dan por descontado que, de plantearse la modificación de la Constitución, el electorado acompañará la idea como rebaño. Como tantas veces, hay algunos que creen saber lo que el pueblo quiere, antes de consultarle.

    Comenzando por la Constitución de 1992, la mayoría de las normas sobre cuestiones electorales planteadas (algunas aprobadas, otras no), respondieron a coyunturas puntuales o a los intereses de algunas personas o grupo político concretos.

    La posibilidad de reelección presidencial fue proscripta de nuestra Carta Magna vigente por la cercanía entonces de la larga dictadura stronista y también en contra de la continuidad del “hombre fuerte” que en ese momento (1992) detentaba el poder, el Gral. Andrés Rodríguez.

    A partir de ese momento, cada periodo en el que se impulsó la reelección presidencial fue por el interés de quien estaba en el cargo. Es significativo que los presidentes que no mencionaron su interés por ser reelectos fueron justamente aquellos que estaban muy seguros de no tener ninguna posibilidad real.

    Un argumento recurrente de quienes se oponen a darle la posibilidad de ser reelectos a quienes están detentando el cargo es que estos utilizarán los recursos públicos a su favor, con lo cual, presuntamente, tendrán una ventaja decisiva sobre los demás candidatos.

    Sin embargo, sobran ejemplos recientes y más o menos lejanos de que manejar el aparato del Estado, así como el de las municipalidades o gobernaciones no asegura absolutamente nada. Ya en 1991, Carlos Filizzola derrotaba al candidato oficialista y “seguro ganador” de la intendencia asuncena, Juan Manuel “Mochito” Morales. Igual pasó a, nivel nacional, en 2008 con Fernando Lugo contra la candidata oficialista Blanca Ovelar. Mucho más cercano en el tiempo, en Asunción, el año pasado, tenemos el caso de Mario Ferreiro contra Arnaldo Samaniego.

    Otro ejemplo a mencionar podría ser el del mismo Horacio Cartes, quien en 2013 derrotó al candidato del entonces oficialismo, el PLRA, Efraín Alegre. Sin embargo, en ese caso habría que hacer alguna salvedad. Si bien Alegre contó con los recursos del Estado, del lado de Cartes también había incontables recursos económicos que, de hecho, fueron decisivos para que fuera candidato colorado en la interna.

    No porque la mayoría de la clase política decida establecer la posibilidad de reelección presidencial, quiere decir que esto será aceptado automáticamente por el pueblo en el referéndum que tendrá lugar. Y, en el caso que se establezca finalmente la figura de la reelección en nuestro sistema legal y constitucional, eso no significa que serán reelectos quienes aparecen ahora como los más interesados.

    El poder del dinero, malhabido o no, la ventaja de contar con los recursos de las instituciones públicas para intentar comprar el favor de los votantes, no otorgó en periodos anteriores la seguridad de ganar a ningún candidato y no se la dará tampoco a quienes ahora pretenden quedarse o volver al poder.

    Se ha visto con ejemplos concretos de que cada vez será más difícil engañar al electorado, así se cuente con todos los recursos para pagar publicidad o para otorgar migajas circunstanciales a la gente más necesitada a cambio de votos.

    Quien crea (aunque no lo diga públicamente) que comprará o engañará fácilmente al pueblo se está engañando a sí mismo.

    Por Marcos Cáceres Amarilla

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/y-que-si-el-pueblo-no-quiere-1464676.html

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 28 marzo, 2016, 5:44 am
  5. PAR DE CARADURAS

    Hay gente que no aprende. Primero mete la pata hasta el fondo. Luego se tienen que ir –abucheados por todo el mundo- y uno piensa que bueno…aprendieron su lección. Pero no. Nada de eso. No aprenden nunca. Vuelven y lo peor del caso es que cometen los mismos errores que los llevaron a la llanura.

    Nos referimos a Nicanor Duarte Frutos y a Fernando Lugo.

    Cuando todo el mundo creía que ya no volvería a escuchar la voz tonante de Nicanor vociferado amenazas contra todo el mundo, -una de las razones por las que la gente lo desprecia profundamente- el hombre volvió a la palestra. ¿Más reposado? ¿Más reflexivo? Nada que ver. Se lo vio en el programa de Mina reincidiendo entusiastamente en todos sus defectos, aquellos que lo convirtieron en el Mariscal de la Derrota del Partido Colorado…el hombre que llevó a la llanura a la poderosa ANR, y de la que jamás iba a volver si no aparecía un caudillo providencial como Horacio Cartes.

    Hablando de HC, Nicanor le dio con todo, como si tal cosa, buscando réditos políticos, por supuesto. El muy caradura, su anémico gobierno no tiene punto de comparación con la gestión actual. Si alguien quiere discutirlo, están los números que cantan. Son irrebatibles. Si Nicanor hizo 3, HC llegó a 100, a estas alturas de su gobierno. “Ni nda carrerape´i”, como dice la gente en guaraní. Pero estamos hablando de todos los ámbitos, de rutas, de viviendas, de asistencia a los compatriotas en extrema pobreza, salud, educación, por donde se lo mire, existen años luz de diferencia entre uno y otro gobierno. Y el sinvergüenza éste, criticando…por favor.

    El otro es Lugo. Este sí que no tiene nombre. Delirante su argumento de que él puede ser presidente porque se trata de un senador de la República. ¿Será que padece de una súbita amnesia? Y no recuerda que él fue presidente de la República. Otro caradura, pero éste es incluso más extremo. Hizo el peor gobierno de la historia y se fue a patadas por la ventana del Palacio. Ni vale la pena ocuparse de sus múltiples trapisondas. Fue un accidente de la historia y jamás volverá.

    Tiene organizada una horda de delincuentes metidos a dirigentes campesinos en San Pedro y se apoya en ellos para intentar subvertir el orden, sembrar el caos precisamente para que él, y nadie más que él, el iluminati, se erija en el Salvador de la República. Nada que ver.

    Buena yunta hicieron ambos en la rentrée de Mina en la Televisión. Si quedaba alguna duda, respecto de la posible resurrección política de alguno de ellos, más que nunca quedó patente el presente y el futuro que afrontan: Cadáveres políticos.

    http://www.adndigital.com.py/index.php/impreso/editorial-impreso/16431-par-de-caraduras

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 19 marzo, 2016, 6:27 am
  6. Falta mucho, pero no demasiado

    Por Marcos Cáceres Amarilla

    Solapadamente o no tanto se empiezan a perfilar candidaturas para el próximo periodo presidencial, mientras el país se debate entre sus carencias tradicionales, sin que se vean indicios de que haya ganas o carácter para impulsar soluciones de fondo a problemas que todos conocen.

    Para el lector desprevenido de la realidad política local el 2016 se perfilaba como un año tranquilo en términos de disputa electoral. Solamente están previstas las internas del PLRA, en junio.

    Sin embargo, históricamente en nuestro país, al llegarse a la mitad del mandato de los presidentes y al estar prohibida la reelección, suele presentarse el fenómeno que podemos llamar la “fiebre de la sucesión”.

    El interés por la figura de la reelección presidencial, que ha desvelado a todos los mandatarios paraguayos desde el fin del vitaliciado stronista y con la vigencia de la Constitución de 1992, ha tomado en este periodo algunos condimentos particulares.

    Los oficialistas dicen que de eso no se habla, aunque se esté hablando mucho. Es como un fantasma que “no está, pero está”.

    El mensaje que baja desde las “altas esferas del Gobierno” es que el tema no se debe mencionar, aguardando los tiempos propicios para hacerlo abiertamente. El Ejecutivo y su entorno esperan también que nadie haga proselitismo por otro candidato en esta etapa. Algo que varios actores políticos no están dispuestos a cumplir, empezando por el mismo Presidente.

    Horacio Cartes ha optado en esta etapa por una forma tradicional de hacer proselitismo. El asunto es comenzar a hacer inauguraciones de obras, dando la imagen de que este gobierno hace cosas en distintos puntos del país. Aunque no sean obras rimbombantes (que no hay). Basta con la entrega de unas cuantas casitas, habilitación de tramos de rutas, aportes para agricultores, etc.

    Pero, eso sí, hablar con los medios de prensa lo menos posible. El discurso no es el fuerte del Presidente y corre el riesgo de decir, en cualquier momento, algo que no debe.

    El fruto que esperan recoger de este “proselitismo karape” es que, aproximadamente entre agosto y octubre de este año, un grupo de intendentes y gobernadores colorados lleguen hasta la residencia presidencial de Mburuvicha Róga para pedirle al “líder” que preste oídos al “clamor popular”, y “permita” que unos cuantos heroicos parlamentarios de su partido presenten el pedido de enmienda constitucional que lo habilite a optar por un nuevo mandato. Un guión poco original pero muy posible, con alguno que otro retoque.

    Ciertos actores políticos colorados esperan que este plan tenga un estruendoso fracaso. Están quienes ingenuamente apuestan a ser elegidos como sucesores por el Presidente. Están los que esperan tener vuelo propio, con el respaldo del Mandatario.

    En los partidos de oposición comienzan a barajarse tímidamente algunas candidaturas, que hacen patente la falta de nuevas figuras.

    En estas condiciones, el escenario actual está también abierto para propuestas novedosas que, dentro mismo de los partidos, pueden poner en jaque a las estructuras tradicionales.

    De repente, que algunos se animen a plantear salidas creíbles para mejorar la educación y la salud pública o para una mejor distribución de las tierras y de la riqueza en nuestro país puede significar la revolución que muchos paraguayos y paraguayas están esperando.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 10 marzo, 2016, 7:41 am
  7. Solo importa la reelección
    7 marzo, 2016
    Por Santiago González

    La política en general es toda una ciencia y entenderla desde la teoría, desde los libros, desde la ciencia misma es solo tener una visión parcial de la misma. Sus secretos, sus negociaciones, historias reales y aquellas que, se asumen pública y diplomáticamente y entretelones constituyen apenas algunas de las variables que deben ser analizadas para comprender su trasfondo.

    Si la política en sí misma es así de compleja, imaginen lo que significa entender a la paraguaya. Aún salpicada por la dictadura, por el caudillismo por encima de los nuevos estilos de liderazgo colectivo, por viejas costumbres que sostienen en la prebenda, prácticamente, la totalidad del sistema electoral.

    Pensar en un modelo de política local que piense en el interés general por encima del particular es una utopía. De muestra solo vale el debate que se da respecto a la enmienda o reforma constitucional. Con los cientos de temas urgentes que requieren una revisión constitucional, políticas públicas que dependen de un artículo de la carta magna y que pudieran ser revisados, de lo único que se habla es de la reelección.

    Referentes partidarios de la ANR, empezando por el propio presidente de la nucleación, se encargan de instalar el rekutu como una prioridad. No puede ser que algo tan delicado como tocar la constitución tenga solo como tema de discusión la intención de volver a postular a alguien a la Presidencia de la República.

    Los países serios plantean estos cambios teniendo como foco principal la ampliación de las garantías que la Constitución da a la libertad individual de las personas. Cuando se piensa en modificar la máxima norma de un país, lo que por regla se pretende es limitar las prerrogativas del Estado sobre sus ciudadanos.

    Aquí es diferente. Cartes juega a hacerse el difícil, Lugo coquetea con quien puede y Nicanor juega a las escondidas. Mientras, quienes operan a nivel legislativo no tienen para hablar de otra cosa que no sea la reelección.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 7 marzo, 2016, 1:10 pm
  8. Reflexiones sobre la reelección presidencial

    Nuevamente ha cobrado fuerza el debate sobre la reelección presidencial, desde distintos sectores políticos interesados en el tema, con los más variados argumentos a favor (y en contra), y ensayando todo tipo de tesis respecto, desde el punto de vista jurídico o político, según la formación o actividad del analista.-

    Algunos argumentos parecen serios y otros, no tanto. Entre estos, últimos encontramos que el abogado del expresidente Fernando Lugo sostiene que el mismo está habilitado para presentarse a una nueva elección, y para ello pretende que una interpretación gramatical del Art. 229 de la Constitución Nacional no impide que quien haya ocupado el cargo con anterioridad, puede volver a hacerlo, porque lo que prohíbe la disposición constitucional es la “reelección” consecutiva, no así la alternada.-

    “La interpretación nuestra es que los expresidentes no están vedados pero sí los actuales presidente y vicepresidente”, habría dicho a los medios de prensa, con apariencias de seriedad, olvidando que la norma constitucional dice textualmente que, tanto el Presidente de la República, como el Vicepresidente “No podrán ser reelectos en ningún caso”, y a renglón seguido habilita al Vicepresidente a postularse al cargo de Presidente, si hubiera renunciado al cargo con seis meses de antelación a la fecha de celebración de las elecciones generales, agregando, otra limitación: “…Quien haya ejercido la presidencia por más de doce meses no podrá ser electo Vicepresidente de la República…”.-

    De la disposición normativa surge que, quien ha sido electo Vicepresidente y ha ejercido la Presidencia, por cualquier motivo (permiso, renuncia, inhabilidad o destitución), no puede volver postularse, siempre que hubiera ejercido la Presidencia por más de doce meses.-

    En otros términos, conforme la redacción de nuestra Constitución, ni el Presidente, ni el Vicepresidente pueden ser reelectos, en ningún caso, para ejercer el mismo cargo, pero este último puede postularse para la Presidencia, solamente si no ejerció la titularidad del Ejecutivo por más de doce meses.-

    El Diccionario de la Lengua Española dice que reelección es “Acción y efecto de reelegir”, y define el término “reelegir” como: “Volver a elegir”. La tesis del Abogado de Fernando Lugo, no tiene siquiera la posibilidad de sortear con éxito un análisis serio y riguroso, la Constitución, conforme las reglas de la hermenéutica jurídica, que tienen al lenguaje como uno de sus principales instrumentos.-

    Si la prohibición de reelección se redujera a aquellos que se encuentran actualmente en el ejercicio del cargo (como se pretende), bastaría que el Presidente renunciara antes de terminar su mandato, al solo efecto de postularse nuevamente, tantas veces como quisiera, con lo cual mediante la interpretación ab absurdum estaríamos admitiendo la posibilidad de la reelección indefinida, desconociendo el impedimento que sentencia “No podrán ser reelectos en ningún caso”, explícitamente incluida en el mismo artículo.-

    Pero, esta no es la única tesis que se construye sobre el mismo tema, ya que los expresidentes Lugo y Duarte Frutos no son los únicos interesados en la posibilidad de ocupar nuevamente la titularidad del Ejecutivo, sin necesidad de modificar la Constitución, sino que – además – existen varios que reclaman la posibilidad de que el actual permanezca en el cargo por un periodo más, aún a pesar de las reiteradas manifestaciones en contra formuladas por el mismo Horacio Cartes.-

    Por una cuestión de honestidad, creo necesario aclarar que estoy en contra de la reelección, del Presidente de la República, de los Gobernadores, de los Intendentes, o de cualquier otro cargo que ejerza funciones ejecutivas, sin importar como se llame o a que sector político pertenezca.-

    Esta no es una posición jurídica, es política, porque argumentos a favor y en contra de la reelección hay muchos, como muchos son los países republicanos y democráticos que adoptan uno u otro sistema, pero la opción por la no reelección en nuestro país tiene una razón de carácter histórica, que ha sido atendida adecuadamente en la Constituyente de 1992, y aún hoy merece ser considerada.-

    La primera Constitución que regula la elección y reelección del Presidente y Vicepresidente de la República, en nuestro país, es la del año 1870, que establecía un mandato de cuatro años, con expresa mención de que “…no pueden ser reelegidos en ningún caso, sino con dos períodos de intervalo…” (Art. 90).-

    Posteriormente la Carta Política del año 1940, que reemplazó a la anterior, extendió el mandato a cinco años, y eliminó la reelección alternada, estableciendo la sucesiva, pero limitándola a un solo periodo (Art. 47).-

    La Constitución de 1967, mantuvo la extensión del mandato (cinco años), y modificó el régimen de la reelección, estableciendo que “…sólo podrá ser reelecto para un periodo más, consecutivo o alternativo…” (Art. 173), que nueve años después (1976) fue objeto de enmienda, habilitándose la reelección indefinida.-

    Durante la azarosa historia política de nuestro país, constitucionalizada nada más que hace 146 años, hemos tenido experiencias negativas, más que suficientes. Hemos visto como la ambición personal y su deseo de conservar el poder, ha impedido que crezcan y se fortalezcan las instituciones.-

    Los apologistas de la reelección argumentan su pretensión comparándonos con otros países, pero se olvidan que en la mayoría de los países sudamericanos, los Presidentes reelectos, procuraron la re-reelección. En algunos casos consiguieron y en otros no, pero siempre, a costa de la calidad y fortaleza de sus instituciones.-

    Si la reforma o la enmienda de la Constitución es el método adecuado, no es importante, lo importante es que reflexionemos sobre lo que hemos sido como país, lo que somos hoy, y lo que queremos que sea en el futuro, para nuestros hijos y nietos, para definir después – más allá de la coyuntura -cuál es nuestra posición sobre el tema.-

    JORGE RUBÉN VASCONSELLOS

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 7 marzo, 2016, 10:00 am
  9. El anhelado cambio se genera en la propia ciudadanía paraguaya

    Generalmente la ciudadanía ocupa mucho tiempo reflexionando acerca de las bondades o errores que tienen los gobernantes de turno como si fuera que la presencia de los mismos, al frente de los poderes del Estado, es una designación en la que no tenemos ningún tipo de responsabilidad. Olvidamos así la influencia de todos los ciudadanos en la legitimación de las autoridades que son designadas como administradoras temporales del poder, un mandato concedido por el pueblo bajo el esquema de representatividad que está establecido en el sistema electoral vigente.
    Allí comenzamos una voraz disputa en la que nos diferenciamos en bandos opuestos, intentando sacar la mejor tajada del beneficio de estar cerca de la administración de recursos. Lejos está buscar un objetivo altruista de forjar una sociedad mejor para todos; al contrario, en muchos casos, la mirada está puesta en que esa cercanía reditúe en un mejor pasar individual o que permita potenciar a nuestro entorno. Sucede en todos los estamentos estatales, una práctica habitual que es comprendida como la manera de ejercer el poder. Este esquema también se replica en instituciones de otro carácter, en donde el fin último de las actividades es estar permanentemente en el entorno de quien maneja la lapicera para sacar la mejor tajada.
    Como las soluciones en el plano teórico siempre aparentan suficientes, entonces repetimos el mismo planteamiento, sin entender que estamos cayendo en una espiral que no conduce a beneficios reales para la gente. En este punto es que perdemos grandes posibilidades de revertir la condición en la que nos encontramos. Inconscientemente nos desligamos de los compromisos buscando defectos en los demás, como una forma de vida. Así, fomentamos que el statu quo sea permanente y que la culpa tengan los demás.
    Debemos despertarnos de este letargo para empezar a cambiar nuestro destino. El punto inicial de partida debe enmarcarse en una profunda autocrítica ciudadana. Es imperioso preguntarse qué estamos haciendo para construir un país mejor. En una segunda etapa, una vez que establecimos los mecanismos para transformar nuestra conducta, podemos comenzar a mirar los problemas que son responsabilidad de las demás personas e instituciones.
    Es inadmisible que sigamos abarrotados de basura en nuestras casas, y que pretendamos que se pueda hacer un mejor combate a las enfermedades que transmite el aedes aegypti. Mientras nuestra inacción derive en las condiciones propicias para que el vector tenga miles de criaderos, no podemos esperar que otros vengan a solucionar lo que nosotros mismos deberíamos cambiar, como resultado de nuestro compromiso.
    Es inentendible pretender que la corrupción debiera eliminarse en las grandes cúpulas de poder cuando en nuestro andar cotidiano sigamos considerando como algo normal coimear, devolver el boleto al chofer, o no pedir facturas evitando pagar el IVA, por citar algunos temas que afrontamos periódicamente y a los que consideramos como una práctica normal, que no afectan al desarrollo comunitario.
    Soñamos con vivir en un país de maravillas, con beneficios que alcancen a todos los sectores para aumentar la calidad de vida de los paraguayos. Esto resulta de cumplimiento imposible, en la medida en que los ciudadanos no asumamos el compromiso de ser protagonistas del cambio y no en legitimadores de las prácticas perversas que se atribuyen únicamente a los grupos políticos.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 5 marzo, 2016, 9:50 am
  10. Cartes y el Congreso

    Por Osmar Gómez

    El presidente Horacio Cartes esta semana dio los primeros pasos para reconstruir el relacionamiento con los legisladores oficialistas. A mitad de mandato, y con un año que podría ser particularmente difícil para el Ejecutivo, es esencial recomponer alianzas. En el juego político el Congreso es un espacio vital.

    En poco más de dos años de gestión el Gobierno tuvo momentos complicados con el Parlamento, pero en general pudo llevar adelante los proyectos que planteó. Los temas administrativos siempre encontraron una salida, a pesar de alguna que otra demora. Solo las cuestiones altamente políticas han encallado en el Congreso.

    El dilema del Ejecutivo es que realmente nunca tuvo un soporte real en el Poder Legislativo. En la Cámara de Diputados los colorados tienen mayoría propia y en el Senado tienen una mayoría relativa. Desde esa perspectiva el presidente Cartes no tendría que tener problemas para que todas las iniciativas de su administración sean aprobadas. Sin embargo, no todo es lo que parece. Una cosa es que exista una mayoría de parlamentarios colorados en las dos Cámaras y otra es que respondan al Gobierno colorado. Esa desconexión institucional obligó al Ejecutivo a hacer un camino propio para sumar simpatizantes, pero nunca pudo construir lealtades; nunca pudo tener un equipo propio. Las mayorías que obtuvo en este tiempo siempre fueron coyunturales, con una vida demasiado corta.

    Esa es la cuestión de fondo que busca resolver el Poder Ejecutivo en este acercamiento con los colorados. Lilian Samaniego, la presidenta saliente de la ANR, lo dijo con todas las letras. Se necesita recomponer la unidad colorada.

    Con una incipiente interna y con un Parlamento que amenaza con torpedear las iniciativas del Ejecutivo, es imperioso para el Gobierno reagrupar sus fuerzas. Está claro que la unidad plena es una ilusión; pero al menos se trabajará para marcar las diferencias y pasar facturas de cara a las internas.

    En ese esquema Pedro Alliana, presidente electo de los colorados, es una pieza esencial. Cuando en abril asuma la presidencia el Ejecutivo tendrá en sus manos el control partidario. Desde ahí tratará de marcar los tiempos políticos, pero lo más importante es que será el interlocutor institucional con los parlamentarios.

    El senador Juan Carlos Galaverna, siempre hábil para comprender los tiempos de la política, fue el primero en hacer saber su intensión de acercarse de nuevo al presidente Cartes. Atrás quedaron los tiempos de fricción y enojos. Sabe que cuando Alliana asuma la presidencia de la Junta de Gobierno se abre un nuevo tiempo en el mundo colorado. Serán momentos de reacomodo; donde el senador colorado buscará mantener su espacio de poder apoyado en el movimiento que creó para las internas partidarias y sabiendo que su colega Mario Abdo será su mejor herramienta.

    El otro que también empezó a jugar sus cartas es el senador Luis Castiglioni. Dio un paso más en su coqueteo con el oficialismo y se sumó a la reunión de los senadores oficialistas con el presidente Cartes a mitad de semana. Sin candidatos visibles en Honor Colorado, Castiglioni se ilusiona con quedarse con la nominación presidencial para el 2018.

    Las próximas semanas y meses serán tiempos de acuerdos, de alianzas en el mundo colorado del Congreso. La interna seguirá siendo incipiente. Por ahora no tomará vuelo. Aún falta definir los términos de la contienda electoral. Discutir la reelección presidencial y definir si habrá o no una recomposición en la Corte Suprema de Justicia. Solo después se largará la interna presidencial. Para ese tiempo el Ejecutivo espera haber terminado su recomposición con los parlamentarios y con la dirigencia colorada para tener un equipo político que le responda sin fisuras.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 5 marzo, 2016, 9:44 am

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

fotociclo ✓

El paseo de la emblemática Avenida Quinta tiene planes de transformarse en un paseo gastronómico, por lo cual, los vendedores fueron reubicados temporalmente sobre la calle Antequera. Las obras durarán 7 meses aproximadamente.

impresos ✓

abcCOLOR

ULTIMA HORA

LA NACIÓN

EXTRA

POPULAR

CRÓNICA

5días

A %d blogueros les gusta esto: