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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

La Tierra Explota

Y el problema de fondo, en realidad, es que cada vez somos más. Y lo que es peor, somos más, en las franjas poblaciones menos educadas y menos desarrolladas.

Cuando, allá por los años 70-80 inclusive, los EE.UU plantearonsu política de Control de la Natalidad, ya estaban mirando este problema, pero tuvieron que meter el rabo entre las piernas, al soportar un aluvión de críticas de los líderes de opinión de nuestros países, que les exigían que invirtieran más en la cooperación para el desarrollo y que se dejaran de joder con el tema. La entrega masiva de anticonceptivos, se paró abruptamente.

La pregunta que nos surge ahora ante la vista de los súper poblados cinturones de pobreza establecidos en la gran Asunción y en departamentos como Concepción, Canindeyú y San Pedro, que tienen las tasas más altas de natalidad, es…¿Estaban equivocados ellos o nosotros?

En realidad, en un tema tan sensible, quizás habría que tener más paciencia y encarar un proceso educativo respetuoso y serio que logre revertir estos números que ponen en riesgo no solamente la gobernabilidad de nuestros países, sino amenazan con hacer colapsar al planeta.

Volviendo al tema de la prolífica, Cristina Vega, un excelente análisis del problema de las súper numerosas familias de las clases populares,  lo realizó una funcionaria del Ministerio de Salud, Fanny Corrales.

Dijo que “en nuestro país aún existe la cultura de que la mujer vino al mundo para tener hijos”.

Agregamos nosotros que en la cultura popular hay un dicho machista muy recurrente: “La kuñá paraguay ko imembysentevoi”.

Agregó Corrales un dato que no deja de ser optimista: “El número de hijos está disminuyendo a raíz de la educación porque es difícil encontrar a una mujer universitaria con más de dos o tres vástagos”.

En fin, habría que repensar el tema, en realidad las opciones para dar una vida digna a los niños que nacen en estos ámbitos, se agota  rápidamente, cuando solucionas el problema de uno…y te aparecen otros diez.

 

http://www.adndigital.com.py/index.php/impreso/editorial-impreso/15468-la-tierra-explota

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

4 comentarios en “La Tierra Explota

  1. Supercondón

    Por Luis Bareiro

    La historia tiene tantas aristas. La mujer sintió dolores de parto en el colectivo y bajó desesperada en busca de ayuda. Entró a una farmacia y el propietario, en un acto de suprema indignidad, la echó para evitarse problemas. Intentó alcanzar otra, pero una fuerte contracción la tumbó. Cayó al suelo en la vereda, y allí, rodeada de tres o cuatro pasajeros que la siguieron desde el ómnibus, dio a luz a un varón de dos kilos y medio.

    Llovía. Un colectivo se detuvo justo al lado de ese alumbramiento público. Dos hombres que vieron al bebé desnudo en brazos de una de las parteras de facto se quitaron la remera y la arrojaron por la ventanilla para que cubrieran con ellas al recién nacido. Había suficientes elementos para calificar esa sucesión de eventos de hondo contenido humano como un todo inexplicablemente único, un milagro para los místicos.

    Luego vinieron los detalles menos estimulantes. Era el vigésimo parto de la mujer. De los veinte retoños, ocho fallecieron en circunstancias no explicadas. Ella vive de la venta de yuyos. Su pareja, que se presentó ante las cámaras como un padre laborioso que fabrica dulce de maní para venderlos y mantener así a su copiosa prole, tiene una larga lista de denuncias por atropello de domicilio y violencia intrafamiliar.

    El comisario de su barrio lo calificó como un “viejo amigo del calabozo”. Una veintena de vecinas montó guardia frente a su vivienda –un precario rancho de madera y paja que está a punto de venirse abajo– para evitar que “como acostumbra” –según ellas– se aparezca borracho y se robe lo que la gente donó para el bebé.

    Cuando se le preguntó a una profesional del Ministerio de Salud cómo después del quinto o el sexto o el séptimo parto nadie del Estado se acercó a recomendar enérgicamente a esta pareja el uso de algún método anticonceptivo, la mujer respondió con dolorosa resignación que ya no saben cómo luchar contra la contracultura machista y el extremismo religioso que neutralizan cualquier intento práctico de control de la natalidad.

    Me pareció que exageró sobre la cuestión religiosa y lo comenté en las redes sociales. Al toque me respondieron varios de los extremistas afirmándome que la simiente del hombre tiene por único fin la procreación y que cualquier otro uso es contrario a la vida.

    Casi me caigo de espaldas. Según esto, millones de adolescentes cometen genocidio a diario, algunos varias veces al día. Es más, es seguro que esas prácticas “criminales” se mantienen en innumerables casos a lo largo de toda la vida “útil”.

    Es obvio que para desmontar toda esta construcción contracultural en torno al uso práctico de un simple adminículo que puede evitar barbaridades como la de esta mujer alumbrando su vigésimo hijo en la calle es necesario empezar en las aulas.

    Que las iglesias se encarguen de sus fieles, el Estado necesita retornar al preservativo al pabellón de los héroes.

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    Publicado por Anónimo | 6 marzo, 2016, 8:54 am
  2. El pecado mortal de ser mujer
    5 marzo, 2016
    Por Gabriela Báez

    Ella salió de su casa con una remera corta y un short. Quiso vestirse así, se sentía más libre y sin complejos. Por el camino, dos hombres empezaron a “piropearla” y lanzar frases obscenas; ella siguió su camino, pero ya con la sangre hervida. Como no paraban de dirigirse hacia su persona como un objeto sexual; ella no soportó y lanzó un escupitajo al aire. Esto hizo reaccionar a los desubicados jóvenes, cuyas frases subidas de tono se convirtieron en insultos y maltratos.

    Ella contó a sus padres lo que ocurrió y estos le respondieron “vos luego te buscás por andar vestida así”. La típica frase utilizada para justificar la violencia hacia la mujer. Pero, ¡basta! Nosotras nos vestimos como queremos, no tenemos por qué ser censuradas por la mente morbosa de los que no nos valoran. Tenemos derecho a caminar sin miedo, a no depender de hombres que impongan presencia para defendernos. Somos seres humanos, sin importar el género.

    Las argentinas asesinadas hace algunos días en Ecuador se convirtieron en ícono de la lucha contra el feminicidio. Y no era para menos. Solo por haberse negado a ser manoseadas, fueron asesinadas sin piedad y no faltó el que las haya culpado por andar solas, como si fuese que por eso se buscaron lo que les pasó. Esta es una deducción de mentes retrógradas que pretenden atar a la mujer a las necesidades del hombre, sin tener en cuenta lo que ellas verdaderamente quieren.

    En nuestro país, ocurrió un caso parecido, aunque afortunadamente no terminó en tragedia. Dos colombianas fueron asaltadas por unos policías que, además, intentaron abusar de una de ellas. ¿Acaso el simple hecho de ser mujer nos corta las alas y nos condiciona a vestirnos o caminar encarceladas?, ¿es justo este trato? No deberíamos permitirlo.

    Tenemos que empezar a gritar nuestra verdad; para que nos escuchen, para que nos alienten, para que nos dejen ser libres. Nunca más dejemos que alguien nos diga que es normal que nos falten el respeto o nos agredan. Y por sobre todo, nunca más dejemos que una de nosotras sea asesinada solo por lo que algunos consideran pecado: SER MUJER.

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    Publicado por Anónimo | 5 marzo, 2016, 9:57 am
  3. Señorita… ¿quiere melones?
    4 marzo, 2016
    Por Sergio Etcheverry

    La anécdota es más o menos la siguiente: una querida amiga, muy bonita y simpática, manejaba su auto y paró en un semáforo. Un vendedor se acercó y le hizo la pregunta del título: “Señorita… ¿quiere melones?” Ella, amablemente (una más de sus virtudes), le contestó: “No, gracias”. El vendedor, sin venta pero con desparpajo, contestó: “No te hacen falta, hermosa”.

    Convengamos, quizás como único mérito, que el desubicado oferente logró algo difícil: dejar sin palabras a mi locuaz amiga. Luego, la luz verde del semáforo y las bocinas de los apurados de atrás hicieron el resto y ahí terminó la anécdota, esa muestra mínima del acoso diario que nuestras amigas, hermanas, esposas, hijas y demás deben sufrir diariamente.

    Las palabras tienen fuerza, marcan y señalan, a veces para siempre. Si se acompañan de acciones, definen situaciones y futuros. Cambiemos las cosas, en donde podamos: en el trabajo, ayudemos a nuestras compañeras, quienes normalmente, luego de largas horas, van a sus casas y siguen con las tareas del hogar.

    Luchemos para que en el colegio se implanten valores de respeto y de igualdad, respetando las lógicas diferencias individuales. Nosotros, por ahí, ya llegamos tarde y es difícil sacarse de encima ciertos hábitos, pero hablemos con nuestros hijos e hijas: que sepan que no necesariamente las cosas deben ser así, como ahora; que la pareja, sea cual sea y sea como sea, puede plantearse en relación de igualdad, sin jefes, sin abusos.

    Inculquemos sobre todo, la necesidad de que tengan relaciones sanas desde un principio, porque lo que comienza con palabras fuertes, sigue con palabras más fuertes, luego con zamarreos, después con golpes livianos hasta que finalmente la cosa se dispara y pasa lo que vemos todos los días.

    Comencemos por casa, sigamos en el trabajo y en la calle. Hagamos un futuro mejor, mientras podamos.

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    Publicado por Anónimo | 5 marzo, 2016, 9:56 am
  4. SON HIJOS DE LA VIDA
    3 marzo, 2016
    Por Mariano Nin
    Fue una casualidad que quizá era necesaria. Una mujer viajaba en colectivo cuando comenzó a sentir los dolores de parto. No hubo tiempo. El colectivo se detuvo y curiosos y pasajeros actuaron de parteros. Tras unos minutos, un milagro se hacía realidad. Nacía un precioso bebé. Allí, en la calle, con unos 30 grados de calor.
    La historia hubiese pasado desapercibida si no fueran por los números. Zulma (nombre ficticio) tiene poco más de 40 años y una sacrificada vida. Trabaja de vendedora en la calle, en las mismas calles en las que también trabajan algunos de sus hijos. Dice sin pudor que, solo sobrevivieron 13 de sus 20 hijos. Sobrevivieron.
    No tiene la culpa. Muchos lo tomaron como una anécdota. Otros, discutieron sobre lo que realmente importa. Algo nos está sucediendo como sociedad. Algo no está funcionando como debería.
    Me decía Sandra, productora de uno de los espacios periodísticos de la RPC, que ninguna institución se manifestó. No lo hizo ni el Ministerio de Salud ni la Secretaría de la Mujer. También calló el Ministerio de Educación, porque al final es una cuestión educativa. Las políticas educativas y de planificación familiar no dan resultado, y las instituciones hacen la vista gorda, mientras, las calles se siguen copando de gente que es rechazada por otra gente, pero que en verdad son producto de la falta de políticas gubernamentales.
    Hablar del tema puede ser un tabú, pero es necesario. Se tiene que hablar en las escuelas y en las casas. Se tiene que hablar en las iglesias y en el Gobierno. Mientras no sea así asistiremos impasibles a un escenario que no es alentador. Seguirá aumentando ese abismo entre ricos y pobres y las diferencias seguirán marcando esa discusión estéril entre unos y otros.

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    Publicado por Anónimo | 3 marzo, 2016, 8:41 am

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