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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

Sindicalismo cómplice

Hubo una época en el Paraguay en que el movimiento sindical gozaba de respeto. Los sindicalistas eran interlocutores de peso.

En los primeros años de democracia del país, existían escuelas de formación sindical en las dos principales centrales de trabajadores (CNT y CUT). Se formaba a los dirigentes y también se realizaban estudios y análisis de la situación económica y social del país.

Los líderes sindicales manejaban con solvencia los índices económicos y las leyes. Con firmes argumentos, hacían el contrapeso al argumento oficial. Había dignidad.

Luego, por diversas razones, pero principalmente por involucrarse en hechos de corrupción, tentados por el poder político y económico, algunos referentes del sindicalismo nacional fueron a parar a la cárcel, y de este estigma hasta la fecha el movimiento de los trabajadores organizados no logra sacudirse.

En los últimos años hubo un progresivo debilitamiento del sindicalismo en general, pese a aumentar el número de centrales sindicales y crearse permanentemente nuevos sindicatos, incluso en una misma institución o empresa.

Sin embargo, los que mantienen un fuerte poder, basado sobre todo en un entramado de complicidades y negocios bajo la mesa, son los sindicatos de funcionarios del Estado. Sus dirigentes se mueven como punteros de partidos políticos, consiguen empleos para sus allegados y para los miembros de la directiva, la mayoría de las veces, a cambio de mantener “quietas las aguas” y hacer la vista gorda. Conocen con lujo de detalles hasta cada licitación y todos los entresijos de la corrupción que admiten o denuncian, según el beneficio que puedan conseguir.

Así lograron los famosos pagos adicionales por presentismo, triple aguinaldo, viático para vacaciones, plus por títulos académicos, etc. Hasta cupos de nombramientos. Todo a cambio de mantener el statu quo en el que todos ganan algo.

Ayer veíamos las patéticas imágenes de grupos de funcionarios del Senado sindicalizados que a gritos trataban de impedir que la nueva directora de Recursos Humanos ingresase a la oficina. En el fondo, la oposición no era hacia ella, sino a favor de mantener al anterior director, que ha sido funcional al sistema que ha permitido nombrar a las “queridas” de los senadores y a otros “recomendados” de estos, sin mérito alguno, y hasta a apañar la existencia de los planilleros.

La nueva directora viene con ganas de cambiar muchas cosas, al parecer. Entre otras, incorporar el sistema de control de acceso biométrico de la asistencia.

Si los sindicatos fueran fieles a su propia esencia, no se darían situaciones patéticas como estas. Si hubiera algo de dignidad y honorabilidad, los trabajadores del Senado deberían estar alentando cualquier intento de transparencia, tanto en los concursos de oposición como en las remuneraciones.

Por Susana Oviedo

http://www.ultimahora.com/sindicalismo-complice-n971565.html

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

11 comentarios en “Sindicalismo cómplice

  1. Prendidos a la teta

    Sería espectacular una encuesta entre la gente, sobre todo en las clases populares, pero también en las acomodadas, pero éstos, generalmente, se hacen los ñembotavy, para conseguir sus objetivos, en la cual formular una pregunta respecto a… ¿de dónde creen que sale la plata del Estado?

    Nos animamos a plantear este despropósito, observando los múltiples reclamos de todo el mundo, de los más variados niveles, que le piden al gobierno subsidios de toda laya, pensando quizás- no estamos seguros- que la plata sale de un pozo de la fecundidad, se materializa con un pase mágico, o se la encuentra tirada a la vuelta de la esquina, cuando se trata del sector oficial, por supuesto.

    Todo el mundo le pide plata al Estado. En forma de subsidios, generalmente, pero también como sueldos, comisiones, anticipos, descuentos, condonaciones, etc, etc.

    ¿De dónde sale la plata que manejan el Presidente y sus ministros?

    La respuesta es de lo más prosaica y seguramente ya casi todo el mundo lo sabía o lo intuía, pero aun así no cejaron nunca en sus solicitudes de dinero fácil. Sale del bolsillo de todos nosotros. Los que pagamos impuestos. Y el muy burro dirá no, yo no pago nada, pero no se da cuenta en que todo lo que toca, tiene un componente impositivo, su comida, su ropa, su pasaje, su combustible, su salud, etc.

    Lo que gasta el gobierno lo pagamos todos. Así de sencillo, aunque venga en forma de empréstitos, hay que terminar honrando esa deuda, y de dónde saca Hacienda el dinero para ello…de las recaudaciones. No hay vuelta que dar. Lo único que no pagamos todos son las donaciones que llegan cada vez menos.

    De modo que develada esta “incógnita” se debe concluir necesariamente que los subsidios públicos, a la gente que puede trabajar y conseguirse el sustento, deben ser inmediatamente suprimidos, no así los que son imprescindibles para las personas que ya no pueden valerse por sí mismas.

    Pero los demás, son avivados, especialmente ciertos sectores campesinos que urgen la “condonación” de sus deudas, por un dinero que el Estado, les prestó, que malgastaron y que ahora simplemente quieren que se convierta en un regalo. ¿A fuer de qué?

    Ejemplos del populismo barato que llevó a muchísimos países a la quiebra, son Venezuela y más cercanamente Argentina, con la política de sueldos para todo el mundo de doña Cristina, que terminó con una hiperinflación aun no controlada del todo en el hermano país.

    Este tema de que todo el mundo quiera mamar de las resecas tetas del Estado, debe cesar no tanto porque la gente tome conciencia de ello, sino porque el gobierno debe ponerse más firme aún y premiar solamente a aquellos compatriotas que trabajan denodadamente para dar un futuro mejor a sus familias. No a los pedigüeños y sinvergüenzas.

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    Publicado por Anónimo | 7 marzo, 2016, 1:09 pm
  2. Fracaso en empresas del Estado

    Por Jesús Montero Tirado

    Analizadas como empresas, casi todas las empresas del Estado son un fracaso: administración contaminada de corrupción, pésimos servicios, perversión de su naturaleza institucional convertidas en instituciones de prebendarismo político partidario, paralizadas en su desarrollo y actualización.

    En un porcentaje escandaloso no contratan a profesionales competentes para el servicio a la ciudadanía, sino que compran la dependencia y fidelidad de partidarios y votantes.

    Esos intrusos prebendarios no van a la empresa para trabajar, sino para vegetar o en todo caso para hacer un pueril proselitismo partidario. No son profesionales que ganan el puesto de trabajo por méritos en conocimientos y competencias mediante concurso y, por tanto, no rinden lo que las empresas necesitan. En realidad están en desempleo encubierto, ocupan espacio, sillas, mesas, computadoras, consumen energía eléctrica, agua, servicios, etc..; durante su superflua presencia distraen y desmotivan a los verdaderos trabajadores que llevan adelante el peso de las empresas. No están ahí para mejorar la productividad, sino para confirmar el poder de sus padrinos políticos, cobrar el sueldo con extras y retribuir en todo caso su gratitud a sus padrinos cuando lleguen las elecciones.

    Con el dinero de la ciudadanía, las empresas del Estado se han convertido en servidoras de padrinos políticos y sostenedoras de parásitos.

    Estamos ante una grave lesión ética. Este modo de hacer política y desvirtuar las empresas públicas daña a la nación debilitando las empresas y la economía del Estado. Lesionan la ética quienes ocupan puestos de trabajo y cobran sueldo del Estado sin merecerlo, los políticos que abusan de poder y traicionan al pueblo, porque no buscan el bien común, sino su beneficio propio con el dinero de la ciudadanía, y los presidentes y directores de tales empresas, porque son cómplices ejecutores de tal corrupción.

    Tal vez el daño más grave humano, ético, social y económico es que con este sistema de invasión de la peor política en el mundo de las empresas públicas se ha destruido la naturaleza y valor fundamental del trabajo. Y destruir el trabajo en un pueblo es aniquilar al pueblo.

    Es aleccionador que el famoso Howard Gardner, creador de la teoría de las múltiples inteligencias, descubriendo ocho tipos diferentes de inteligencias, decidió dedicarse a investigar sobre la ética y el trabajo. ¿Por qué? Llegó a la convicción de que los problemas de ética y trabajo son muy graves y merecen ser investigados. En 2001 publicó el libro “Good Work”, en castellano el 2002 con el título “Buen Trabajo (Cuando la ética y la excelencia convergen)”. El libro tiene como coautores nada menos que a Milhaly Csikszentmihalyi y William Damon.

    Daniel Goleman, en su último libro sobre nuevos descubrimientos en torno al “Cerebro y la inteligencia emocional”, tratando de la motivación que mueve (2016, 52) alude al libro de Gardner, que acabo de citar, y afirma que para que el trabajo tenga calidad, el trabajador debe contar con “una mezcla de excelencia (hacer el trabajo dando lo mejor de sí), compromiso (estar entusiasmados y llenos de energía y que nos encante lo que hacemos) y ética (el trabajo encaja con el sentido, el propósito y el rumbo que damos a nuestra vida)”.

    La simple observación externa sobre los motivos que mueven a la mayoría de los trabajadores filtrados en las empresas públicas por la presión de padrinos políticos evidencia que no entran para dar lo mejor de sí, sino para llevarse el sueldo más jugoso posible (sobre todo si es secretaria vip o niñera) con el mínimo de trabajo, y ciertamente no tienen las características del compromiso y menos aún el mínimo de ética exigible a cualquier trabajador y funcionario público.

    Al hablar de las empresas públicas corrompidas por la presión de políticos invasores también me refiero a las universidades del Estado invadidas por políticos corruptos e instrumentalizadas para sus intereses ajenos a la Academia.

    Hay más causas del fracaso en las empresas del Estado también de orden político, social, económico, jurídico y ético. Hay causas directas e indirectas. Vale la pena citar la corrupción de la administración de la justicia y la impune impunidad.

    ¿Cómo puede el Estado educar para el trabajo si sus empresas, en vez de corroborar el valor del trabajo, lo descalifican? Cuestión de coherencia.

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    Publicado por Anónimo | 7 marzo, 2016, 4:40 am
  3. Vyrésa

    Por Benjamín Fernández Bogado –

    En guaraní eso significa tonterías o pamplinas. De esas cosas a las que somos muy afectos los paraguayos, vivamos en Asunción o en Potrero Ybaté, donde retornó el que no solo leía mis artículos primero, sino que los corregía, muy especialmente las palabras en guaraní, y que se acaba de jubilar: Mario Rubén Álvarez. Linda manera de reconocernos viejos es cuando los buenos amigos se jubilan a pesar de que hay mucho “mandi’o jekyty” por hacer. Nos perdemos en las cosas sin trascendencia, como bien lo recordó en la laureada película Spotlight el jefe de redacción a sus periodistas del Boston Globe. El tema no era publicar los nombres de los curas pedófilos o amorales, sino ir contra el sistema que permitía que existieran más de 90 depredadores sueltos en Boston y miles en el mundo de los clérigos.

    El problema no es el planillerismo, el chonguismo o el puterío de la función pública, sino el sistema que lo permite. La pelea a cuerpo gentil en el Senado, esta semana, por un simple cargo de relaciones humanas, no tiene que ver con la persona en cuestión que ha sido sustituida, sino con el impacto que tiene esa movida en el sistema de prebendas y clientelismos que habita en el Congreso y en todas las reparticiones públicas. No interesa el partido tampoco, eso es secundario si el que viene sostiene “la línea de producción” que convierte a un ignaro funcionario ascensorista en alguien que gana más que un gerente de sucursal del banco más exitoso de plaza.

    Estamos perdiendo el tiempo en vyrésa cuando debemos atacar el sistema. Y los výro también son aquellos que creen que esto puede continuar igual sin ningún costo para ellos. Los Ibáñez, Bogado, Radice o Ramírez Zambonini y otros deben reconocer que el sistema hoy está expuesto ante los ojos de la gente y que las filtraciones son parte de este cambio de era que se oponen en reconocer. El próximo año se cumplirán 500 años de la primera gran revolución mundial. La que inició de manera absolutamente inocente un monje católico harto de la venta de indulgencias en la Iglesia. Los políticos se dieron cuenta del cambio solo cuando las cabezas de Luis XVI y María Antonieta rodaron por las calles de París más de 200 años después.

    Están intentando distraer y detener las cosas, pero sobre todo el tiempo que vivimos, y eso no es posible. Lo intentaron en Brasil con un escándalo de corrupción de 10.000 millones de dólares y tontamente ni Lula ni Dilma y menos el PT creen que pueden salvarse. Lo mejor que pueden hacer es darse por detenidos, y eso solo porque el harakiri no es parte de la cultura de los brasileños, a pesar de los muchos japoneses que viven en São Paulo.

    Son nuevos tiempos y es mejor dejarse de vyrorei. Las deliberaciones tontas del Congreso son insostenibles, la conversación sobre la reelección presidencial absurda o los cambios en la Justicia… tontos. No vamos a resolver los grandes temas del país con tonterías inventadas para giles. Ya lo demostró la Municipalidad de Asunción con sus 600 supuestos planilleros o la megaevasión que denunció la Secretaría de Tributación. Hay que ser serios y atacar el sistema que permite tontamente distraerse en las vyrésa.

    Quizás el retornado poblador de Potrero Ybaté nos obsequiará algún libro sobre las tonterías que nos mantienen atrasados tantos años o tal vez solo se reirá de estas líneas. Buena jubilación, Mario, en tu silla de dos patas.

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    Publicado por Anónimo | 6 marzo, 2016, 8:51 am
  4. Concursos del MEC

    Por Desiré E. Cabrera

    En setiembre de 2015 el Ministerio de Educación y Cultura (MEC) realizó la Convocatoria 06/15 a través de la Resolución Nº 19333 para cubrir cargos directivos en diferentes puntos del país. Los docentes que se presentaron al concurso fueron examinados en forma escrita y oral y entrevistas, además del puntaje obtenido con los títulos y certificados que poseían cada uno luego de años de estudio y formación.

    El 1 de octubre se dieron a conocer los resultados preliminares. La Lic. Nancy Figueredo concursó por el cargo de la dirección del Colegio Nacional de EMD Dr. Eusebio Ayala, de la ex Barrero Grande, y obtuvo 93,04 puntos sobre 100, seguida de Sandra Resquín, con 78,68, y Juana Rodríguez, con 74,43 puntos.

    El 20 de octubre la Comisión de Selección, presidida por Sonia Paredes, directora de Concursos del MEC, dio a conocer el listado final y designó a Juana Rodríguez como la ganadora del puesto de directora de los turnos mañana y tarde.

    Esta situación generó la protesta de Nancy Figueredo, a quien en un primer momento llamaron de la supervisión regional para informarle que había ganado.

    Sonia Paredes señaló que se tuvo en cuenta la Resolución 19201/15 del MEC, que establece que se les dará prioridad a los docentes que pertenezcan al plantel educativo de la institución afectada por el concurso, por lo que el puntaje obtenido por Figueredo no era factor determinante para acceder al cargo. El hecho nos remonta a la dictadura stronista, cuando se accedía a los cargos por padrinazgos o designaciones arbitrarias, no por merecimientos.

    Alumnos de la institución manifestaron que esta situación demuestra claramente lo que significa la Excelencia Educativa para el MEC: algo que se puede manipular de acuerdo a la conveniencia. Incluso afirmaron que la propia cartera estatal demostró que la formación y la excelencia no son parámetros importantes para acceder a un cargo público, lo que es lamentable desde todo punto de vista.

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    Publicado por Anónimo | 6 marzo, 2016, 8:37 am
  5. Espacio reservado

    Por Guillermo Domaniczky

    Nancy es maestra. Se preparó a lo largo de su vida para intentar alcanzar su objetivo, e invirtió tiempo y dinero para formarse, y enfrentar bien capacitada las oportunidades que se le presentaran.

    Apareció una de ellas, un concurso para dirigir un colegio, el nacional de enseñanza media diversificada en Eusebio Ayala. Se presentó al concurso y obtuvo la mayor cantidad de puntos.

    ¿Ganó? No, perdió.

    En su lugar fue nombrada la candidata que quedó tercera y a bastantes puntos. El argumento del Ministerio de Educación para nombrarla es que ya formaba parte del plantel de profesores de la institución.

    El coordinador general de concursos, Luciano Cáceres, nos admitió en la 730 AM que el sistema está pensado para que gente de la casa ocupe esos cargos, a través de una resolución que prioriza a los que ya trabajan en la institución.

    Vistas así las cosas, son casi nulas las posibilidades de que alguien de afuera acceda, por más méritos que tenga, y por más puntos que alcance en la propia escala de valoración que establece el MEC.

    En síntesis, los alumnos están destinados a tener casi siempre a los mismos docentes, ya que cuando se presenta alguien de la institución es evidente que quienes vienen de afuera adornarán las ternas.

    ¿Injusticia? Sí, es la misma sensación que paradójicamente también existe en el órgano que selecciona a candidatos a magistrados del poder judicial.

    Los abogados que quieran acceder a la carrera deben saber que solo concursan para ocupar uno de dos lugares disponibles en una terna, ya que el tercer lugar está de facto reservado a fiscales o jueces que vuelven a concursar, y que a pesar de no reunir los méritos deben ser obligatoriamente incluidos.

    La Ley que tiende a perpetuar el sistema es la 5336/15, y en su artículo 4° obliga a que “El Consejo de la Magistratura deberá incluir en la terna al magistrado o funcionario que pretenda su confirmación”.

    Es pública y recurrente la queja de los miembros del Consejo contra esta ley, que los obliga a meter en ternas a personas que no reúnen los requisitos y que en muchos casos tienen serios cuestionamientos.

    Uno de los últimos casos expuestos por el propio Consejo es el de un miembro de un tribunal penal de apelación, quien pese a tener en su haber varias denuncias hoy integra obligatoriamente la terna para ser confirmado.

    Educación y Justicia. Dos pilares fundamentales de una sociedad, con sistemas que conspiran contra la renovación, la competencia y la selección de los mejores.

    Todo esto bajo la figura de los derechos adquiridos, ¿le suena? La misma que algunos utilizan para defender varios groseros beneficios concedidos a los sindicatos por administradores infieles, deshonrando el principio de que el Estado es de todos, y no de unos pocos privilegiados.

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    Publicado por Anónimo | 6 marzo, 2016, 8:36 am
  6. Abusos sindicales

    Por Nancy Espínola

    El sindicalismo es una de las actividades más nobles. En todo el mundo ha significado para miles de personas una mejoría laboral, personal, familiar. Gracias a los sindicatos, muchas empresas acostumbradas a tratar a sus empleados como esclavos han tenido que negociar, aceptar reglas o firmar contratos colectivos que representaron importantes beneficios para las personas.

    En nuestro país, sin embargo, y especialmente en las instituciones públicas, en los últimos años fue utilizado para cometer abusos, cubrir irregularidades, defender a corruptos y obtener beneficios personales a costa de las instituciones sostenidas con dinero de la ciudadanía. Para muchos “dirigentes” fue una buena excusa para cobrar sin trabajar abusando de la licencia sindical.

    Hace dos semanas, el IPS decidió poner límite a uno de esos casos, y despidió a la eterna sindicalista Estela González. El caso fue presentado como un ataque al sindicalismo; sin embargo, la realidad es que González no marcó tarjeta durante varios meses del año pasado, lo que significa que simplemente no fue a trabajar. La mujer se defendió diciendo que tenía fueros sindicales. O sea, el solo hecho de ser dirigente sindical ya le da derecho a que la ciudadanía le pague un salario sin trabajar.

    A mitad de semana, en la Cámara de Senadores se vio otro caso de abuso sindical. Los funcionarios, encabezados por Hugo Caballero y la “novia” del senador Ramón Gómez Verlangieri, ofrecieron un bochornoso espectáculo al impedir que la nueva jefa de Recursos Humanos nombrada por la presidencia del legislativo asumiera su cargo. No se sabe a ciencia cierta la razón de esta manifestación. Lo que se escuchó es que la actual administración busca ejercer un mayor control sobre el funcionariado en una institución donde pululan los planilleros con salarios de primer mundo; y donde el hecho de ser amiga, amante, pariente u operador político es suficiente currículum para ocupar un cargo, o simplemente acceder a un buen ingreso bajo la figura de “asesor”. El propio Caballero tiene un salario de G. 15.000.000 y su cargo es “director de guardería”.

    Los abusos que se cometen en las instituciones públicas no tienen límites, y los sindicalistas, lejos de denunciar, se hacen cómplices. A los beneficios personales se suman en varios entes los “logros” colectivos aberrantes como el pago por “presentismo” (cobrar por ir a trabajar) o que en instituciones como la ANDE los trabajadores solo paguen el 50% del total por el uso de energía.

    En estos momentos, Función Pública está revisando los contratos colectivos y se anuncia la publicación de listas de planilleros. Si tienen el coraje de mostrar, veremos aún a muchas “novias” de poderosos tirándose al piso en defensa de sus privilegios, como ocurrió en el Senado.

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    Publicado por Anónimo | 6 marzo, 2016, 8:32 am
  7. El ocaso de una forma de hacer política
    Mar 3, 2016
    Porf Clari Arias

    En las últimas horas hemos asistido todos los paraguayos a un vergonzoso espectáculo de funcionarios públicos de la Cámara de Senadores negándose a acatar, ni más ni menos, que una orden del presidente del Senado. Éste, en su carácter de administrador del Congreso Nacional, decidió remover al director de Recursos Humanos Arturo Lombardo, funcionario de vieja data dentro del Parlamento y con largos trece años al frente de la mencionada dirección.

    El cambio ni siquiera es un hecho que pueda llamar la atención dentro del gran organigrama del Estado, pero algunos pocos servidores públicos, liderados por una exacerbada mujer de nombre Nadia Espinosa Pintasilgo, arremetieron contra el cambio administrativo como si se tratara de un atentado a sus derechos. Y por supuesto no lo es.

    El bochornoso evento que protagonizaron unos pocos en la mañana del martes pasado en las oficinas del Senado es uno de los contados y últimos pataleos de los esbirros de la vieja política paraguaya. Esa que permitió durante más de dos décadas que “dirigentes” de los principales partidos hicieran lo que quisieran con el presupuesto nacional, ubicando a sus “seguidores” en cargos públicos de toda índole. El mismo destituido, el tal Lombardo, en abuso de sus atribuciones como director de personal del Senado, no se ruborizó al nombrar a sus hijos Arturo y Larissa y a su hermano Lucio como funcionarios de la Cámara. Es claro que para el señor Lombardo la palabra nepotismo no existe, y la estimación de la propia honra nunca la valoró. Él también es un escombro del pasado, y a buena hora fue removido.

    La guerra por terminar de una buena vez por todas la repartija inmisericorde de zoquetes a los correligionarios todavía es larga. Las acciones del actual gobierno han sido claves para, por lo menos, comenzar a hablar de planilleros, acomodados y gente que sin mérito alguno succiona –como garrapatas famélicas– la sangre del presupuesto público. Por lástima, algunos políticos que dicen ser aliados del presidente Cartes son los mismos que siguen con la vieja práctica de pedir zoquetes en cuanta oficina estatal les permita tal abuso, interfiriendo de mala manera con una tarea que a estas alturas ya no tiene retroceso: acabar con el prebendarismo.

    Nuestros hijos, la próxima generación de paraguayos, verán un país mejor. Aunque esto nos cueste derribar a los partidos y movimientos políticos cuyas cúpulas se empeñan en mantener viejos privilegios convertidos en tristes paradigmas de la forma de hacer política. ¿Acaso es justo tener que tolerar, en el nombre de la democracia, la aberración de pagar sueldos a gente que no cumple función alguna? ¿Es justo que Ramírez Zambonini haya repartido cargos entre hijastros, cuñadas y amigotes? ¿Es justo pagar sueldos con dinero del pueblo a niñeras, caseros, amantes y serviles de los políticos? No, casi nada es justo en este país.

    Este pueblo no se ha desanimado jamás ante las adversidades, ni siquiera ante una cruenta guerra de exterminio en su contra. No lo hará ahora ante el amedrentamiento de unos pocos miles que creen ser dueños de la hacienda del país. Basta de privilegios. Basta de zoqueteros. Basta ya de la vieja forma de hacer política.

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    Publicado por Anónimo | 3 marzo, 2016, 8:26 am
  8. Funcionarios que dan vergüenza

    Por Gustavo A. Olmedo B.

    No serán todos, pero los que protagonizaron el lamentable y bochornoso bloqueo para impedir el ingreso a su oficina de la interina de la Dirección de Recursos Humanos de la Cámara de Senadores, Miriam Arroquia, el pasado martes, deja a todos los funcionarios de la institución muy mal parados y con una pobre imagen de patoteros y poco profesionales. La actitud prepotente y desubicada de estos empleados públicos, lanzando improperios y hasta instando a utilizar la fuerza por “defender a los señores senadores”, como lo expresó la novia de un legislador y funcionaria de dicha dependencia –como si los mismos lo necesitaran, con los fueros e influencias que poseen, que alguien lo hiciera–, expone un nivel de comportamiento muy por debajo de lo esperado de estos colaboradores de parlamentarios.

    Aquí no hablamos de que los funcionarios no tengan el derecho a defender sus posturas o exponer sus reclamos, pero realizar una patoteada en contra de una resolución institucional, legalmente promulgada, y además acompañarlo con un show propio del programa sensacionalista Laura en América, no corresponde ni va con la jerarquía que debería tener el plantel; existen canales y formas pertinentes. Esto merece una respuesta clara de parte de las autoridades, una sanción e incluso la imputación si la investigación lo determina. De lo contrario el mensaje sería: Aquí todo sigue igual; y lo que vale es el padrino, novio/a o amante político que nos hace intocables.

    El Congreso de la nación, y en este caso la dependencia que administra nada menos que los recursos humanos; factor vital para el quehacer de una institución, no puede manejarse con los criterios de compra y venta de un mercado, seguir privilegiando el intercambio de favores –de todo tipo– y los cupos políticos.

    Lo primero que uno interpreta es que aquí hay gato encerrado en el manejo de RRHH del Senado; mucho por ocultar a la opinión pública, además de evitar los concursos por méritos y aptitudes, y sacar a luz a los planilleros activos o funcionales (de aquellos que abarrotan las oficinas sin ninguna función), así como millonarios salarios injustificados.

    Pero llama la atención que el presidente del Congreso no pretenda una auditoría –según Arroquia–, algo muy necesario si realmente se quiere transparentar la institución. Es decir, se quiere hacer las cosas a medias, quizás para cuidar intereses políticos partidarios, antes que los del bien común. Lo claro con todo lo acontecido es que urge jerarquizar el ingreso a la función pública, con personas de calidad profesional y humana, que cumplan con su tarea, no apoyen manejos poco transparentes, y sean capaces de actuar con ética y respeto, incluso, cuando alguien “que no es de la casa” se atreve a interinar una oficina.

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    Publicado por Anónimo | 3 marzo, 2016, 8:24 am
  9. Cuidar la institución y no a legisladores

    Por Marcos Cáceres Amarilla

    Los directores de Recursos Humanos (también llamados jefes de personal) de las empresas e instituciones no suelen ser personajes populares entre los empleados. Sin embargo, el de la Cámara de Senadores de nuestro país, Arturo Lombardo, parece ser la excepción. Los funcionarios de ese organismo estuvieron esta semana dispuestos, aparentemente, a ser hasta garroteados para exigir su reposición. Es extraño.

    El escándalo que se desató en la Cámara Alta por el cambio de Lombardo puso en evidencia, por si hubiera dudas, el manejo clientelista y prebendario que existe en el Congreso, igual que en otras instituciones del Estado.

    Los cargos se reparten y se repartieron durante muchos años con base en cupos político-partidarios. Se fomentó una suerte de complicidad entre funcionarios y legisladores para tapar hechos de corrupción, tráfico de influencias, nepotismo y, en general, el despilfarro del dinero público, con el otorgamiento de privilegios.

    Terminar con estas prácticas que se arrastran desde hace décadas será muy difícil si es que no hay voluntad de los administradores y de quienes ocupan altos cargos.

    La mayoría de los parlamentarios –y por contagio los funcionarios– se han comportado por mucho tiempo como si el Congreso fuera suyo y no una institución de representación ciudadana.

    Si en los últimos años se comenzaron a aprobar los pedidos de desafuero de los legisladores sin mayores inconvenientes se debió sobre todo a la presión ciudadana. También, vale decirlo, porque finalmente, ellos estaban casi seguros de que igualmente podían conseguir quedar impunes por obra de un Poder Judicial corrompido y donde ellos mismos tienen sus tentáculos.

    Las cosas han cambiado un poco con el paso de los años. Pero no se debió a una súbita conversión de los dirigentes políticos en honestas y pulcras personas sino porque el desarrollo y la expansión de los medios de comunicación y especialmente las redes sociales los dejan ahora más expuestos. Se han dado cuenta, por algunos ejemplos concretos, de que es necesario que cuiden su imagen pública.

    Ya no se trata solamente de algún medio masivo de comunicación que pueda publicar alguna trapisonda concreta en la que incurran. Ahora también están expuestos a que cualquier vídeo de contenido sexual o algún bochorno público o privado que protagonicen ellos o sus familiares y allegados los puede afectar.

    Los parlamentarios, los políticos y los funcionarios públicos en general, sean de elección popular o designados por concurso, por el padrinazgo de algún cacique político, por nepotismo, por sorteo o licitación, saben que no pueden hacer lo que se les ocurra porque no ya no les saldrá gratis como antes.

    Los actos de prepotencia, las manifestaciones ofensivas o burlonas que expresen puede costarles caro.

    Durante la reciente manifestación que hicieron los funcionarios del Senado sonó un tanto estrafalario que los indignados por la designación de la nueva directora de Recursos Humanos apelaran a estribillos (“el pueblo unido jamás será vencido”, por ejemplo) más propios de actos ciudadanos masivos que de la presunta demostración de fuerza de unas cuantas personas tratando de proteger privilegios particulares.

    Si lo que quieren es proteger a la institución, como debería ser, y no simplemente “cuidar” a parlamentarios que están circunstancialmente en el cargo deberían más bien comenzar a revelar todas los negociados y tranzadas dentro de la institución de los que seguramente conocen bien. Eso sería realmente útil y beneficioso para la mayoría del pueblo, del cual dicen sentirse parte.

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    Publicado por Anónimo | 3 marzo, 2016, 8:19 am
  10. “Nuestros señores senadores”

    Por Hugo Barrios

    A Nadia Espinosa (27) le brillan los ojos y siente mariposas en el estómago cuando habla de su novio, el senador Ramón Gómez Verlangieri (53). Eso sí, se transforma en una fiera cuando expresa su disconformidad y defiende a “nuestros señores senadores”, según sus palabras. Está segura de que no haraganea sino que trabaja, y muy duro, en ese edén llamado Congreso Nacional.

    La funcionaria del departamento de Recursos Humanos de la Cámara Alta fue una de las cabecillas de la ruidosa y novelera manifestación que hubo ayer en la oficina de dicho departamento para impedir que Miriam Arroquia asuma como nueva directora. “¡Qué se quede sola esa perra!”, se escuchó gritar a una de las manifestantes. “Él me prohibió que haga quilombo”, respondió Nadia a la prensa, cuando le consultaron qué opina el apuesto dueño de su corazón sobre la pequeña pero barullenta protesta.

    El bloqueo no pasó de ser un bochorno y refleja la joda en que se convirtió la administración de la cosa pública en nuestro país. El tráfico de influencias y el chonguismo le hacen 6-0 a la buena preparación, la eficiencia y la educación.

    El concurso de méritos y aptitudes, en la mayoría de los casos, no existe. A cambio de eso tenemos funcionarias que tratan de “perra” a su futura jefa, por ejemplo, y el debate de la función pública pasa por enterarte de que uno de los miembros del Congreso le pide a su novia que no haga “quilombo” en su lugar de trabajo.

    A propósito, según ABC, la que arranca los suspiros de nuestro senador percibe un salario nada despreciable de G. 8.500.000 con el “plus” de otros G. 2.529.000 por los benditos “gastos de representación”. Y después lloramos al ver lo que piden los limpiavidrios.

    Los manifestantes, incluida Nadia, denunciaron que fueron agredidos por la Policía y ni por Cristo están de acuerdo con la salida de su ahora exdirector, Arturo Lombardo. Algunos de ellos, dice la fiscala Claudia Morys, serán imputados por “atrincherarse” para evitar la asunción de Arroquia. Pero no pasa nada, todo quedará en el oparei y no habrá castigos. Total, siempre habrá un novio que solucionará el “quilombo”. Ya tú sabes.

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    Publicado por Anónimo | 2 marzo, 2016, 6:54 am
  11. Patoteros en el Senado
    Funcionarios del Senado impidieron por la fuerza que Miriam Arroquia, nombrada directora de Recursos Humanos en reemplazo de Arturo Lombardo, ingresara en su lugar de trabajo. Los patoteros estuvieron liderados por el sindicalista Hugo Caballero y por Nadia Espinosa Pintasilgo, funcionaria de esa Dirección: “Vino a amenazarle acá a uno de nuestros compañeros y nosotros no vamos a permitir, no vamos a permitir porque cuidamos nuestra casa y cuidamos a nuestros señores senadores” (las negritas son nuestras), vociferó la novia del senador Ramón Gómez Verlangieri, el que horas después planteó en la mesa directiva de la Cámara, con su colega Jorge Oviedo Matto, la reposición de Lombardo.
    La agente fiscal Claudia Morys, quien intervino tras una denuncia hecha en una comisaría, anunció que identificará a los prepotentes bloqueadores para una eventual imputación, acaso por el delito de coacción, previsto en el art. 120 del Código Penal: “El que mediante fuerza o amenaza constriña gravemente a otro a hacer, no hacer o tolerar lo que no quiera, será castigado con pena privativa de libertad de hasta dos años o con multa”.
    El escandaloso episodio implicó también un alzamiento contra la resolución del presidente del Senado, Mario Abdo Benítez, que a la vez encabeza el Congreso y ocupa el segundo lugar en la línea de sucesión en la Presidencia de la República, y una evidente insubordinación de unos funcionarios que se creen dueños de la institución donde “trabajan”, como se desprende de las disparatadas declaraciones de la mencionada dirigente.
    Aquí está en juego el principio de autoridad, que debe hacerse respetar en el marco de la ley para que el caos no se agrave aún más en la administración pública. Los insurrectos exigen que Lombardo siga al frente de la Dirección de Recursos Humanos o que, en todo caso, sea sustituido por alguien “de la casa”, arrogándose así un derecho del que a todas luces carecen. Es claro que si esta absurda pretensión fuera admitida y la conducta delictiva de esos “servidores públicos” quedara impune, muy pronto se podrían repetir hechos similares en todo el aparato estatal.
    Conste que la nueva directora solo es interina y que el presidente del Senado ya había llamado a un concurso interno para ocupar el cargo en cuestión. Que así y todo se haya impedido por la fuerza que la persona designada ingresara en su oficina –lo hizo después de cinco horas, escoltada por la policía– muestra que quienes provocaron el incidente están convencidos de que pueden ignorar derechos ajenos, y frustrar el cumplimiento de una resolución de la máxima autoridad del órgano en donde prestan servicios. El grave incidente es oportuno para hacer saber a los funcionarios del país que no lo sepan, que no son los propietarios de las entidades en donde trabajan y que ni la Constitución ni las leyes prevén cogestión alguna en su administración: en ellas hay un orden jerárquico que debe ser respetado como corresponde, aplicando si necesario las sanciones previstas en el régimen disciplinario de la Ley N° 1626/00 e incluso en el Código Penal.
    Ha sido llamativa, por cierto, la vehemencia de los funcionarios alzados, hasta el punto de que cabe sospechar que se pretende ocultar irregularidades que se habrían acumulado durante los quince años en que Lombardo ejerció el cargo. También es curioso que los senadores Gómez Verlangieri y Oviedo Matto hayan llevado el caso a la mesa directiva de la Cámara, con la intención de que sea tratado incluso en la sesión plenaria de mañana. Resulta descabellado llevar al pleno del Senado una resolución dictada por el presidente en el ejercicio de la facultad que le otorga el art. 41, inc. n, del reglamento interno, según el cual puede nombrar o remover al personal administrativo, con excepción de los secretarios. ¿Qué harían los senadores? ¿Revocar la destitución del director de Recursos Humanos y el nombramiento interino de su reemplazante? Esto significaría lisa y llanamente desautorizar ilegalmente al propio titular de la Cámara, porque esas decisiones son privativas del presidente y no pueden ser impugnadas por los integrantes de ese órgano colegiado. Pareciera que los dos senadores de marras no lo saben.
    De nuevo, cabe preguntarse por qué tanto interés en que el asunto sea revisado. ¿Será que al menos los “señores senadores” mencionados se sienten “cuidados” por los funcionarios encabezados por Nadia Espinosa Pintasilgo, y que, por tanto, se creen en la obligación de retribuir sus cuidados apoyando lo que el personal sublevado plantea, recurriendo incluso a la violencia? ¿O, tal vez, hay algo que no les conviene que se ventile, porque podrían ser descubiertos los planilleros instalados por ellos?
    Es intolerable que justamente allí donde se sancionan las leyes que los ciudadanos deben cumplir, ciertos funcionarios hayan protagonizado hechos vergonzosos, que dañan aún más al ya muy desprestigiado Congreso. En consecuencia, se impone que el presidente del Senado, complementando la pesquisa fiscal, cumpla con el deber que le impone la parte final de la norma reglamentaria antes citada, y ponga a disposición del juez competente a los miembros del personal que hayan cometido hechos delictuosos.
    Este deplorable suceso debe ser castigado con todo el rigor de la ley.

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    Publicado por Anónimo | 2 marzo, 2016, 6:46 am

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