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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

No roben más

La información señala que el jefe de Policía de Alto Paraná, Darío Aguayo, resolvió que los agentes ya no detengan vehículos con chapas extranjeras, admitió que hay denuncias de pedidos de coimas por parte de los agentes. Se trata de la resolución 150/2016 que afecta a todas las comisarías, subcomisarias y demás dependencias policiales.
Aguayo explicó que es una orden para que la Policía sea mediadora “en vez de crear problema por la ruta ante extranjeros, turistas, visitantes”. Ante la consulta de la existencia de quejas por pedidos de coimas por parte de los agentes, respondió que “es una realidad” y que precisamente también para evitar eso se emitió la resolución a partir de la cual “están ayudando a cuidarle más bien a esta gente antes que molestarles por las rutas”. Hasta aquí la crónica.

Esto que puntualiza el Comisario Dario Aguayo, es la triste realidad de nuestras rutas y las ciudades fronterizas, especialmente en Ciudad del Este, no así Encarnación, ya que los moradores de la capital del séptimo departamento  entendieron muy bien que para dinamizar la actividad turística deben ser amigos y servidores de los turistas y no sus perseguidores o verdugos. Lamentablemente no lo entienden así los agentes policiales y de tránsito, de estos lugares quienes acechan a los  turistas y al darse cuenta que tienen matriculas extranjeras detienen a los rodados con cualquier excusa y luego plantean las coimas para dejarlos pasar.

Parece mentira que a la propia policía se le tiene que recordar, resolución de por medio, algo que parece tan obvio y que debe ser prioridad dentro de las ocupaciones que tienen que realizar como custodios de la ley, se presume que los agentes de policías deben tener en el ABC de su manual que ellos son amigos de la población,  como patriotas deben cuidar el buen nombre y el prestigio de la patria y de las ciudades donde prestan servicios y deben ser los más celosos contralores para que nadie contravengan estas disposiciones,  de tal forma que los visitantes se sientan como en casa, seguros y confiados y puedan retornar cuantas veces quieran, en vez de la imagen de corrupción que proyectamos.

Esperemos que acompañando esta resolución que ganó estado público surjan nuevos controles más estrictos que impidan que agentes policiales y de tránsito, cometan estás tropelías que dan una imagen deplorable como país, sin embargo no son los únicos zancudos chupasangres  que con uniformes y credenciales  de representar alguna institución del estado se dedican  a “asaltar”  en las rutas a camioneros con matriculas  locales y extranjeros, que se aventuran a circular por las mismas, en una actitud lamentable, que desmoraliza a los trabajadores  ya que se tiene la percepción que  más que perseguir  faltas a las normas de tránsito  su único objetivo es coimear a la gente.

Andrés Granje

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

3 comentarios en “No roben más

  1. Un clásico maestro llamado Matute

    Por Alex Noguera

    Este año se cumplen 55 de que saliera al aire el primer capítulo de una serie de dibujos animados llamada “Don gato y su pandilla”. Muchos componentes de la generación actual no la conocen, no existe, están más conectados con las nuevas propuestas de Cartoon Network y sus nuevos personajes.

    Para los televidentes intermedios, “Don Gato” es un clásico. Añejo, pasado de moda, con valores y episodios ridículos, que se ganó un merecido respeto, pero nada más. Ya fue.

    Para otro público, entrado en años, sin embargo, es más que una simple serie de dibujitos pasada de moda. Incluso, tal vez, los que tengan la capacidad, pueden extraer algún tipo de enseñanza.

    La serie tenía varios personajes y cada uno reunía ciertas características y talentos especiales. Eran los “malos”, y su criminalidad radicaba en organizar alguna que otra rifa pro bolsillo, vivir sin trabajar, dar una moneda y retirarla con un hilo y usar el teléfono del oficial Matute para tomar las apuestas.

    Matute era “el bueno”, el impecable oficial que ni siquiera portaba una pistola, solo una cachiporra con la que jamás golpeó a nadie.

    Bueno, su tarea consistía en mantener el orden en la manzana, controlar que abrieran las tiendas a hora, que los vecinos sean felices… y amenazar al “cerebro” de la pandilla, a Don Gato, con obligarle a limpiar el callejón, si lo sorprendía en alguna fechoría. Como un padre a su hijo, para que ordenara su cuarto.

    Después de 30 capítulos, el 8 de abril de 1962, Hanna-Barbera jubiló al intachable Oficial Carlos Matute, quien a partir de entonces se dedicó a vivir de rentas, pues la serie tuvo gran éxito durante un par de décadas.

    Este personaje, Matute, era la imagen perfecta del policía: bueno, confiable, capaz de dar la vida por sus semejantes, aunque en la tira cómica nunca arriesgaba el pellejo ya que los ladrones y asaltantes no disparaban y salían huyendo cuando el uniformado hacía sonar su silbato.

    Nada que ver con el sonido que produce una ametralladora calibre .50, nada que ver con el terror de toda una ciudad sitiada por sicarios, regada de asesinatos, de drogas, de policías que son acusados no de recibir coimas, sino de exigir y montar situaciones en las que obliguen a que se les pague.

    Matute no entiende. Claro, está fuera de moda. Para él, ayudar a cruzar la calle a una ancianita era una razón para sentirse bien.

    Se pregunta cuántos policías de hoy en toda su carrera ayudaron a una viejecita a cruzar la calle. La respuesta le causa vergüenza.

    Los tiempos son otros. Hoy la idea de diversión o de éxito pasan por quien puede beber más, quién tiene un mejor automóvil -aunque carezca de documentos legales- y si es soltero, quien tiene más conquistas.

    Los tiempos son otros. Hoy día Matute se tapa la cara de vergüenza cuando lee en los periódicos que sus colegas, incluso el comandante de Policía, van presos por robar combustible. Imagina que esto no es de ahora, que tal vez viene de antes, pero que ahora hay gente que se anima a denunciarlos, que no tiene miedo, que cumple su labor para la gente.

    Matute está jubilado. Sentado en un sillón en su Nueva York de siempre recuerda a Don Gato. Se pregunta dónde estará, en qué playa del Caribe habrá tendido su hamaca. En el fondo, no era tan malo. Travieso sí, pero malo no.

    El no mandaba matar, no distribuía drogas, no destruía generaciones enteras para vender su “mercancía”, no entraba en las escuelas para iniciar a los menores en los vicios. ¿Qué habrá sido de los muchachos? El enamoradizo Panza, Demóstenes el tartamudo, el dulce Benito y Cucho, el de la pronunciación rara.

    En la televisión de hace medio siglo atrás, la lucha entre el bien y el mal era una batalla épica de inocencia. No había agentes con metralletas que por error mataban a niñas de 3 años.

    Tal vez en la Academia de Policía puedan enseñar a los reclutas un poco más de silbatos y menos de balas, tal vez vean una serie en la que aparece un personaje llamado Matute y traten de entender su figura y la importancia que representa para toda una sociedad que se precie de civilizada.

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    Publicado por jotaefeb | 6 julio, 2016, 9:16 am
  2. Desterrar los antivalores

    Se desató una polémica por las declaraciones de un periodista de nuestra zona a la televisión argentina. Según el video difundido el hombre de prensa se refirió durante una breve entrevista al tráfico de drogas, la trata de personas y las sospechas de financiamiento del terrorismo, un trillado tema que ya había sido descartado por el mismo departamento de Estado de los Estados Unidos.

    Quitando esto último, nada de lo que se dijo en la referida entrevista se aleja de la realidad. Nadie puede negar que desde hace años el Alto Paraná y toda nuestra frontera es territorio liberado para el tráfico de drogas. Las incautaciones realizadas dentro de nuestro territorio y en el Brasil dan muestra de los niveles de producción de marihuana y del tráfico de todo tipo de estupefaciente.

    Nadie puede negar que en nuestra región los traficantes son grandes señores y gozan de la protección de las autoridades. Por años, muchos se codeaban con Tomás Rojas y los policías le ofrecían protección.

    Sobre el caso de trata de personas, ya fueron varias las intervenciones a nivel local y en el exterior, en donde se comprobaron que efectivamente el crimen organizado recluta mujeres en nuestra región para utilizarlas como mulas para traficar drogas u obligarlas a la prostitución.

    Las causas de estos graves problemas que estigmatizan a nuestra sociedad, es la galopante corrupción que no solamente corroe las instituciones públicas, sino que consume también a la misma sociedad civil, que participa por complicidad, comodidad o cobardía, contemplando como esta terrible “gangrena”, como la definió el papa Francisco, va destruyendo lentamente nuestra sociedad.

    Los problemas se superan cuando la sociedad asume conscientemente su existencia. Ignorar la enfermedad o negarla solamente conduce a la muerte.

    Por otro lado, salta a la vista que todavía nuestra sociedad tiene que aprender a convivir en democracia. La libertad de expresión es una de las conquistas de nuestra joven democracia. Debemos aprender a respetar las opiniones de los demás. Expresarse libremente no tiene que significar de ninguna manera ningún tipo de condena, hostigamiento, persecución ni amedrentamiento. Una de las mayores riquezas de nuestra región es precisamente la apertura a diferentes culturas y la hospitalidad para recibir a ciudadanos del mundo. Nuestra sociedad se fortalecerá desterrando los antivalores de la corrupción, la ilegalidad, el contrabando y todo tipo de tráfico, que solamente benefician a un reducido grupo de personas y perjudica a la gran mayoría trabajadora y honesta.

    http://www.vanguardia.com.py/v1/index.php/component/k2/item/41509-desterrar-los-antivalores#sthash.QHcgKFuN.dpuf

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    Publicado por Anónimo | 19 febrero, 2016, 2:45 pm
  3. Aumentó cantidad de policías, pero no así la eficiencia de la institución

    Uno de los más graves problemas que enfrenta el país es la inseguridad física de las personas y sus bienes. Aunque en los últimos 25 años la Policía Nacional aumentó su cantidad de efectivos y sus recursos disponibles para combatir la delincuencia, el servicio que presta a la ciudadanía carece de eficacia. No hay solvencia ética ni eficiencia en esa institución clave de la sociedad. Los que han gobernado y gobiernan el país, a lo largo del cuarto de siglo posterior a la caída de la dictadura, han puesto un excesivo énfasis en la cantidad de las prestaciones a la ciudadanía en detrimento de su calidad.

    Basta echar una mirada a lo que ha pasado con algunas de las instituciones claves del desarrollo para encontrar fundamento a esta afirmación. El Poder Judicial ha crecido enormemente. La cobertura de juzgados, fiscalías y defensorías públicas abarca casi todo el territorio nacional. Las grandes distancias entre la sede judicial en la que se sustancia un caso y el lugar de residencia de las personas inmersas en un litigio legal se han acotado en gran medida.
    La Policía Nacional vivió el mismo fenómeno de incremento cuantitativo. Actualmente las lejanas compañías cuentan con efectivos con medios de movilidad y de comunicación que antes parecían imposibles. Distribuidos en todo el país, hoy existen más de 25.000 policías.
    Así como al crecimiento numérico del Poder Judicial y de la educación de gestión pública oficial no siguió un progreso cualitativo hasta el presente, a la Policía Nacional tampoco le alcanzó aún la etapa de la excelencia.
    La corrupción es el principal obstáculo que impide a esa institución cumplir con eficacia su labor de defensa de la vida y los bienes de la ciudadanía. La aceptación de sobornos, la venta de protección a empresas, el funcionamiento de cajas comunes para distribuirse entre jefes y subalternos, los policías asaltantes y otros males forman parte de una estructura podrida que, contradictoriamente, apeligra y ataca la seguridad ciudadana.
    No todos los policías están vinculados a la ilegalidad, pero todos son cómplices de los aliados a los delincuentes por omisión de denuncia, porque saben cuál es el medio por el que los agentes aumentan su patrimonio personal. La prosperidad que exhiben algunos suboficiales y las faraónicas residencias de algunos oficiales no concuerdan con sus modestos salarios.
    Por todo esto, es necesario que el Ministerio del Interior piense en una profunda y radical depuración de la Policía. Con simples traslados no se va a arreglar el problema de los policías que sirven por dinero a asaltantes, narcotraficantes y otros delincuentes, traicionando su responsabilidad.
    Para sanear los cuadros policiales, habrá que poner a muchos de ellos en la calle. Serán menos peligrosos afuera que adentro, mimetizados y amparados en el uniforme. La ciudadanía exige y merece seguridad reclamando policías honestos y comprometidos con la seguridad de las personas.

    http://diariolajornada.com.py/v6/category/editorial/

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    Publicado por Anónimo | 18 febrero, 2016, 8:52 am

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