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Populismo en acción

El concejal municipal de Asunción Daniel Centurión (ANR) presentó recientemente un proyecto de disposición para que, desde el próximo primero de abril, quede prohibida la permanencia de “limpiavidrios” en todos los cruces semafóricos de la capital.

La iniciativa de este edil viene a contradecir otras que se insinuaron en años anteriores, como por ejemplo aquella que buscó otorgar a los “cuidacoches” cierto estatus legalizado, lo que les convertiría en una especie de funcionarios, aberración legal y de sentido común que, según los pocos que acompañaban esta idea, mejoraría la situación de esos trabajadores irregulares incorporándolos a la formalidad.

Lo que ni siquiera veían –o no les importaba– eran las amenazas que con tal transformación crearían para el resto de las personas. Por este motivo, la actual propuesta del concejal Centurión, en la parte que prohíbe dicha cuestionada actividad, es atinada. Su criterio se funda en la simple razón de que avenidas, calles y veredas son bienes del dominio público, que deben servir exclusivamente para la circulación de personas y vehículos, función que es entorpecida, cuando no puesta en riesgo, con la presencia de “cuidacoches”, “limpiavidrios”, mendigos y vendedores ambulantes.

Sin embargo, la idea establecida en el mismo proyecto de ordenanza de hallarles a estas personas desde el ámbito municipal algo que hacer en la vida, buscarles trabajo, actividades remuneradas u ocupaciones tales como estudios escolares o técnicos, como paso previo a la prohibición de sus actividades en la vía pública, es un disparate. Es una modalidad populista para disimular, para granjearse simpatías políticas o eludir responsabilidades.

Por eso no hace falta crear una “mesa interinstitucional” para desarrollar proyectos de capacitación e inserción laboral de las personas que realizan esta actividad, tal como prevé la minuta presentada, según la cual, para esa finalidad, intervendrían nada menos que cinco organismos públicos: la Intendencia y la Junta Municipal, los ministerios del Interior y del Trabajo, la Secretaría de la Niñez y la Adolescencia, mientras que la tarea de prepararlos laboralmente quedaría a cargo del Servicio Nacional de Promoción Profesional, debiendo concluir antes de que entre en vigor la ordenanza.

Todo eso para ocuparse en forma exclusiva y particular de 300 “limpiavidrios”, que de este modo devendrán, en cierta forma, ciudadanos privilegiados, ya que miles de otras personas que se hallan en la misma situación de necesidad, pero que no están en las calles, continuarán sin merecer atenciones de este tipo y no recibirán igual tratamiento de favor. La lección que estos últimos sacarán de todo eso será que para recibir ayuda laboral estatal hay que salir a las calles a molestar, agredir, extorsionar o mendigar. Por otro lado, ¿cómo preparar para una actividad laboral a niños desde seis años como a adultos de 60, tal como comprende la franja etaria de los “limpiavidrios”? Como se ve, la iniciativa es traída de los pelos, pues la problemática es bastante más compleja.

Por otra parte, si las cosas se hacen así como se pretende en la minuta municipal, si realmente tienen éxito y llegan a sacar a los 300 limpiavidrios, al día siguiente tendrán 600 más en su reemplazo. Para muestra de esto basta la anécdota de que los 70 vendedores ambulantes censados en la zona de obras del viaducto de Madame Lynch y Aviadores del Chaco, ante la absurda expectativa de cobrar una anunciada indemnización municipal, en pocos días sumaron 200.

El concejal proponente manifiesta estar entusiasmado porque ya habría empresas de seguridad interesadas en emplear a “50 personas de la calle, de entre 22 y 50 años; solo piden que la Junta Municipal haga la preselección”. Pero en la calle no solamente se ve a adultos jóvenes, en plena capacidad para trabajar o estudiar, sino también a madres con bebés en brazos, niños y niñas, indígenas, discapacitados y ancianos, que mendigan, venden frutas, aceites y otros productos de contrabando u ofertan camisetas de Cerro Porteño y Olimpia, que no todos podrían ser empleados en actividades económicas regulares.

Es oportuno recordarles a los concejales y a otros políticos populistas que súbitamente creen hallar soluciones mágicas para resolver en un minuto grandes problemas sociales, que la Municipalidad carece de la finalidad y la atribución de la capacitación laboral ni de la obtención de empleos. Su finalidad principal es hacer que la existencia colectiva en la ciudad sea adecuada, digna, placentera, para lo cual deben desarrollar, poner orden, limpiar, vigilar, sancionar, en fin, dictar y hacer cumplir ordenanzas que respondan a su razón de ser institucional, al cumplimiento de los deberes y atribuciones que prevén la Constitución y la ley orgánica que la regula.

En suma, los ediles harían bien en limitarse a aprobar la prohibición referida, disponiendo su inmediata entrada en vigor, sin caer en la tentación de aprovechar la oportunidad para poner en acción medidas populistas, invariablemente destinadas al fracaso y la decepción.

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/populismo-en-accion-1452523.html

 

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

11 comentarios en “Populismo en acción

  1. Limpiavidrios, cuidacoches y leyes

    Por Enrique Vargas Peña

    El desconocimiento que impera en el mundillo periodístico y de medios de comunicación sobre el objeto, el propósito, el alcance y las posibilidades de las normas legales, desde la Constitución hasta el último decreto, es asombroso pues habla muy mal de la formación cultural de quienes lo integran, y, lo peor, es peligroso porque difunde en la sociedad un sentido de impotencia paralizante.

    Cuando se señala este desconocimiento, los aludidos acusan a quien lo indica de ser pedante y pretensioso, como si la ignorancia fuera una virtud que no debiera ser criticada públicamente y combatida de manera militante.

    Empiezo el razonamiento que sigue, pues, repitiendo el célebre aforismo que Edmund Burke espetó a los jacobinos franceses: Ciertamente los países no son papeles en blanco sobre los que los legisladores pueden escribir cualquier cosa (http://bit.ly/2115Fo8).

    Esto quiere decir simplemente que las normas legales no se pueden elaborar sin considerar la historia y las circunstancias. No quiere decir que no se busquen objetivos transformadores ni, mucho menos, quiere decir que haya que renunciar a elaborarlas.

    No existe ninguna sociedad civilizada de la Historia que haya realizado las transformaciones que haya requerido sin haberlas diseñado e implementado como instrumentos normativos, si haberlas conceptualizado como constituciones, leyes, ordenanzas, decretos o reglamentos.

    Para poner un ejemplo práctico y cercano, tenemos el caso de nuestra Constitución de 1992 en lo que tiene de exitosa: Nuestra historia muestra que en Paraguay la reelección es el instrumento central de la construcción del autoritarismo; nuestra circunstancia confirma que en Paraguay la reelección es el instrumento central de la construcción del autoritarismo y, por tanto, nuestra Constitución prohíbe, con excelente tino, la reelección.

    Eso exactamente es lo que trató de explicar Burke a los jacobinos franceses.

    La idea de desalentar la implementación de una ordenanza municipal, como la presentada por el concejal Daniel Centurión, prohibiendo la actividad de los limpiavidrios y, eventualmente, de los cuidacoches, sostenida en el editorial del diario Última Hora de ayer, sábado 13 de febrero de 2016 (“No es con ordenanzas que se superan los dramas sociales” –http://bit.ly/1SnXBMJ-) es simplemente pretender obligar a la sociedad a renunciar a su derecho a transformar la realidad y a resignarse a la coacción, a la extorsión y a la violencia en cada esquina de Asunción.

    Notablemente, el editorial de Última Hora olvida, pasa por alto, la exitosa experiencia de Encarnación, en Paraguay y no en el planeta Marte, que con buenas ordenanzas está impidiendo la irrupción de limpiavidrios en la capital del Sur.

    El editorial de Última Hora pretende que la aparición de limpiavidrios y cuidacoches y demás ocupantes ilegales de espacios públicos es producto de la incapacidad de nuestra sociedad de generar empleos dignos, pero esa es una media verdad que se usa para ocultar la otra media verdad.

    Y la otra media verdad es que la ocupación ilegal de espacios públicos, prohibida por leyes y ordenanzas, existe porque es fuente de recaudación de policías, funcionarios municipales, políticos y organizaciones no gubernamentales corruptos.

    El mismo editorial no puede evitar reconocer que “Nadie pone en duda que los espacios públicos pertenecen al conjunto de la ciudadanía y, por lo tanto, no son susceptibles de usurpación compulsiva, confiscación ni privatización. Pese a esta innegable realidad legal, hace muchas décadas que en las veredas, plazas, calles y avenidas trabajan paraguayos y paraguayas que carecen de oportunidades laborales en otros ámbitos, trátese ya de las populares yuyeras, quiosqueros, canillitas, vendedores de frutas y, de manera más reciente, limpiavidrios y cuidacoches. Si la norma fuera a aplicarse a rajatabla, todos, absolutamente todos deberían ser retirados de lo lugares que actualmente ocupan”.

    Es muy fácil ver, al leer este párrafo, que las personas legalmente encargadas de implementar las normas, policías, funcionarios municipales y políticos, no lo han hecho y no lo hacen, y no lo hacen porque de una forma u otra obtienen beneficios de incumplir con sus obligaciones, es decir, son corruptos.

    El proyecto de ordenanza de Daniel Centurión, a mi modo de ver, tiene el defecto de que no aborda el castigo a los corruptos. Pero es un paso en la dirección correcta y tiene el enorme mérito de expresar el sentimiento mayoritario de los asuncenos, hartos de vivir sometidos permanentemente a las molestias y al peligro generados por limpiavidrios y cuidacoches.

    Es verdad que una ordenanza no puede castigar la corrupción policial, pero podría crear una oficina de denuncia de la corrupción policial, ya que la propia Policía Nacional viene impidiendo desde el 2003 la implementación de un verdadero Departamento de Asuntos Internos, fuerte e independiente que no dependa de su comandante.

    Y puede, y debería, castigar la corrupción de los funcionarios municipales encargados de calles y espacios públicos que permiten su usurpación.

    La Policía Municipal de Tránsito (PMT), por ejemplo, realiza barreras inconstitucionales para recaudar, pero no defiende a los automovilistas del acoso y la coacción de limpiavidrios y cuidacoches. Notable.

    Entre paréntesis, ¿dónde está la contabilidad de los ingresos por multa de la PMT? ¿Por qué no se implementa el sistema norteamericano de multas vía sistema bancario que impide a los agentes tocar dinero? ¿No hay bancos en Paraguay o qué razón impide esa fórmula sencilla que impediría a los jefes de la PMT recaudar en negro “para la corona”?

    El editorial de Última Hora usa el remanido argumento de todos los corruptos que llevan años robando dinero de los contribuyentes según el cual no hay que legislar sino que hay que tener “…sensibilidad social y propuestas específicas para generar las opciones laborales que permitan a miles de paraguayos ingresar a la formalidad de la economía en condiciones de mayor dignidad a las existentes en la actualidad” porque “…los fenómenos sociales…no se solucionan con el voluntarismo de las autoridades o de los ciudadanos. Mucho menos con decretos y ordenanzas”.

    Lo anterior es el clásico razonamiento de los interesados en mantener un status quo que les beneficia.

    El editorial termina alentando más la inacción con un postulado antológico: “Lo que no solucionaron diez intendentes anteriores no lo podrá hacer de buenas a primeras el actual”. Otra mentira usada por los beneficiarios del status quo según la cual le es imposible a la sociedad mejorar su propio destino porque la inutilidad de los anteriores debe marcar al actual. Patético.

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    Publicado por Anónimo | 14 febrero, 2016, 7:40 am
  2. Los frutos de la marginalidad

    Por Ilde Silvero

    Un concejal asunceno propone una ordenanza que a partir de abril haga desaparecer a los limpiavidrios de las calles céntricas. Con acertados argumentos, sostiene que deben ser capacitados y luego darles trabajo en empresas legales y así; gracias a esta norma, los automovilistas, los empresarios y los para entonces exlimpiavidrios estaremos todos felices. ¿Por qué no se nos ocurrió antes esta maravillosa idea?

    El plan no funcionará porque una compleja, difícil y dura realidad no se puede cambiar simplemente con una norma escrita en un papel. Es cierto que una buena idea puede cambiar el mundo, pero Platón, Jesucristo, Karl Marx y Mahatma Gandhi no abundan en estos días.

    Tenemos muchos ejemplos de nuestro devenir histórico que testimonian la inutilidad de constituciones, leyes y ordenanzas cuando proponen cambios estructurales en una sociedad que se niega a aceptarlos.

    La ley prohíbe el contrabando, y somos el mayor país exportador clandestino de cigarrillos. No se puede vender legalmente bebidas alcochólicas a menores, y diariamente vemos a niños enviados por sus padres a comprar cerveza en los almacenes. Todo paraguayo tiene derecho a un pedazo de tierra propia, y hay miles de campesinos que no poseen ni un metro cuadrado de nada. El Estado debe garantizar la educación básica de todos los niños, y 7 de cada 10 adolescentes jamás llegan al último año del bachillerato.

    Podríamos continuar con los ejemplos en las más diversas esferas de nuestra realidad, pero sería llover sobre mojado, pues todos conocemos la sociedad en la que vivimos.

    A muchos ciudadanos les molestan los limpiavidrios, los damnificados por las crecientes del río, los campesinos que cierran rutas, los indígenas que acampan frente al INDI, los niños que piden limosnas en los semáforos, las niñas que se prostituyen en los lupanares, los pordioseros que buscan comida en los tachos de basura, etc.

    ¿A alguien le podría gustar estar en la piel de alguno de estos compatriotas? ¿Podría un ser humano ser tan idiota como para elegir una de las “profesiones” citadas? ¿Somos tan ciegos que no vemos que la cuestión no es lo que la gente quiere hacer, sino lo que las personas pueden hacer para conseguir un poco de comida o exigir sus derechos?

    Al analizar esta compleja problemática, no podemos fijarnos solamente en lo que hacen los vendedores ambulantes, los cuidacoches, los migrantes, los desempleados, los niños de la calle, etc. Ellos son la consecuencia de un sistema social injusto, son los frutos visibles de una raíz llamada pobreza, son los desperdicios de un aparato productivo que los ha marginado y tirado a un costado.

    Si limpiar vidrios de autos en la calle permite llevar algo de comida a un hogar pobre, ese oficio sobrevivirá a cualquier norma contraria.

    El problema no es el jovenzuelo con su trapito y su balde de agua; el problema es la pobreza, es la miseria de millones de paraguayos. Si eliminamos la pobreza, los limpiavidrios desaparecerán. Entonces, enfrentemos la raíz del problema y no solo las ramas torcidas que crecen sobre el suelo.

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    Publicado por Anónimo | 14 febrero, 2016, 7:14 am
  3. No es con ordenanzas que se superan los dramas sociales

    El fenómeno de los cuidacoches, limpiavidrios y otros trabajadores informales que ejercen sus labores en la vía pública es bastante amplio y el abordaje de su situación requiere una mirada y una estrategia integral. La crítica fácil y la descalificación no alcanzan para superar los fenómenos sociales adversos que afectan a nuestro país. En efecto, estas realidades complejas no se eliminan con puro voluntarismo o la mera emisión de ordenanzas o decretos por parte de los poderes de turno. La situación exige creatividad por parte de las autoridades, sensibilidad social y propuestas específicas para generar las opciones laborales que permitan a miles de paraguayos ingresar a la formalidad de la economía en condiciones de mayor dignidad a las existentes en la actualidad.

    Nadie pone en duda que los espacios públicos pertenecen al conjunto de la ciudadanía y, por lo tanto, no son susceptibles de usurpación compulsiva, confiscación ni privatización. Pese a esta innegable realidad legal, hace muchas décadas que en las veredas, plazas, calles y avenidas trabajan paraguayos y paraguayas que carecen de oportunidades laborales en otros ámbitos, trátese ya de las populares yuyeras, quiosqueros, canillitas, vendedores de frutas y, de manera más reciente, limpiavidrios y cuidacoches. Si la norma fuera a aplicarse a rajatabla, todos, absolutamente todos deberían ser retirados de lo lugares que actualmente ocupan.
    Desde luego, ello no podría efectivizarse sin generar una grave situación de malestar social y hasta de revuelta popular. Es que los fenómenos sociales, sobre todo aquellos que representan realidades adversas y complejas, no se solucionan con el voluntarismo de las autoridades o de los ciudadanos. Mucho menos con decretos y ordenanzas. Si así fuese, hace muchas décadas algún presidente ya debería haber emitido una norma declarando la eliminación absoluta de la pobreza en el Paraguay, situación que lo expondría, claro está, a la burla y el escarnio públicos.

    Por esta razón, es comprensible la postura asumida públicamente días atrás por el nuevo intendente municipal de Asunción, Mario Ferreiro, en el sentido de instar a la calma a la ciudadanía, mientras se elabora una estrategia destinada a generar la condiciones que posibiliten incorporar a los trabajadores en situación de calle a la formalidad del mercado laboral que es, sin lugar a dudas, el objetivo que finalmente todos anhelamos ver cumplido.

    Lo que no solucionaron diez intendentes anteriores no lo podrá hacer de buenas a primeras el actual. El abordaje de esta problemática social requiere, pues, una respuesta multidisciplinaria e interinstitucional. La Municipalidad de Asunción, el Ministerio de Trabajo, el de Educación, la Secretaría de Acción Social y el Servicio Nacional de Promoción Profesional (SNPP) deberían conformar una mesa conjunta de trabajo para, previos datos estadísticos producidos con estándares científicos, elaborar un plan de acción que se oriente al retiro programado de aquellos que hoy se dedican a actividades cuestionadas por vastos sectores de la sociedad en la vía pública.

    El populismo, la descalificación y el afán de caerle bien a todos sin facilitar soluciones alternativas es un facilismo en el que no podemos caer. Nuestra realidad social como uno de los países más desiguales en el continente más desigual del planeta, requiere una respuesta que debe estar acorde con esa perspectiva y no buscarse en dogmatismos legales de dudosa viabilidad.

    http://www.ultimahora.com/no-es-ordenanzas-que-se-superan-los-dramas-sociales-n966894.html

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    Publicado por Anónimo | 14 febrero, 2016, 7:04 am
  4. Ilegalmente aceptados
    Por Fernanda Robles

    Junto a los limpiavidrios, los llamados cuidacoches están en el centro de un debate ciudadano tras la propuesta de prohibir la actividad que realizan en varios puntos de Asunción y otras ciudades, a cambio de, alternativas propuestas por la propia Municipalidad. Igual que siempre, la ciudadanía se despertó inmediatamente a reforzar su postura en contra de la presencia de los mismos, acusándolos de ser delincuentes escondidos detrás del trabajo.

    La calificación se respalda en el habitual violento comportamiento de la mayoría, que además, de incurrir en delitos como la agresión, su labor se sustenta con la extorsión; esto sumado a que la actividad es completamente ilegal. Y son ilegalmente aceptados, bajo el temor de muchos por encontrarse bajo la amenaza o miedo de exponer su integridad o propiedad.

    Tanto en el caso de los cuidacoches, como en el de los limpiavidrios, en plena vía pública, a cualquier horario, y en cualquier lugar, ofrecen sus servicios obligatorios; sí, casi en todos los casos el cliente está obligado a abonar una suma de dinero a cambio de que los vehículos no sufran rayaduras o abolladuras, vidrios rotos o algún tipo de robos. Y esto es lo que pasa si no pagás, y no precisamente por la falta de cuidado, sino más bien, por la falta de pago.

    Si bien es una actividad rentable que da el pan a muchas familias, es una problemática compleja que viola derechos de muchos. Existen salvedades. No todas las personas que se dedican a esto incurren en delitos, pero la mayoría lo hizo o lo hace con frecuencia; es una realidad y no deberían tratar de maquillarlo con la pena de la necesidad. La realidad nos muestra que urgen las oportunidades, algún plan que logre concretar la solución definitiva a esta situación, y que sea aceptada por todas las partes.

    Que no nos quedemos con la culpa de sacarles el pan de la boca, y que ellos dejen de jugar a su conveniencia. Lo concreto es que, si no queremos un servicio, no nos obliguen a quererlo.

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    Publicado por Anónimo | 14 febrero, 2016, 7:03 am
  5. Limpiavidrios y cuidacoches

    La propuesta de prohibir la actividad de los llamados limpiavidrios en esquinas y cruces semafóricos de Asunción y otras ciudades del Área Metropolitana ha despertado una inmediata controversia. Estas personas –que se dedican a lavar los parabrisas de los vehículos con agua jabonosa y un escurridor de mano a cambio de dinero– se encuentran, junto a los cuidacoches, en el centro de un debate ciudadano que lleva ya muchos años y que cada cierto tiempo recobra vigor.

    La razón es el comportamiento agresivo y extorsivo que muchas de estas personas tienen al ofrecer sus servicios y cobrar por ellos. No es inusual además que tomen represalias contra aquellos que se resisten a pagar o que cuestionan el monto. Vehículos rayados o abollados, vidrios rotos y robos y hasta ataques físicos suelen suceder en tales circunstancias.

    La gran cantidad de casos como estos justifica plenamente la prevención que muchos ciudadanos tienen hacia limpiavidrios y cuidacoches. Estas conductas son desde luego completamente inaceptables y deben ser combatidas con la mayor energía por las fuerzas de seguridad.

    Precisamente, el papel de la Policía es fundamental en esta problemática. Buena parte de la ciudadanía percibe que existe connivencia entre los extorsionadores y los agentes policiales, ya que a la hora de mantener el orden o no se dejan encontrar o no actúan con la debida celeridad.

    Dicho esto, es preciso hacer una quizás obvia pero también necesaria salvedad: no todas las personas que se dedican a estas labores incurren en estos delitos. Es probable que ni siquiera la mayoría. La generalización no es más que un prejuicio que solo puede conducir a razonamientos y conclusiones equivocadas y perjudiciales. No se avanza mucho además con insultos y ataques irracionales que sirven tan solo para crispar aún más los ánimos.

    Ahora bien, sería necio negar que detrás de esta situación se encuentra un problema social auténtico. Limpiavidrios y cuidacoches no son sino partes de una amplia economía informal que gira alrededor de un eje: la calle. Allí se cruzan actividades diversas –vendedores, malabaristas callejeros, mendigos– y dramas de todo tipo –niños en situación de extrema vulnerabilidad, adicción a drogas, ancianos en situación de abandono, etc–. La resolución de estos dramas sociales no vendrá de la mera coerción: prohibiendo la presencia de ciertas personas o de determinadas actividades en la calle.

    Es preciso castigar las prácticas extorsivas y los ataques a los bienes y las personas, pero cualquier proyecto que busque una salida de fondo debe incorporar también un programa de inserción laboral.

    La realización de un censo y un relevamiento preciso de datos es una condición previa para legislar acerca de cualquier tema, lo mismo que las consultas y el debate con los ciudadanos.

    De igual forma, talvez resulte de utilidad también la experiencia de otros países en esta materia. Intentos de ordenar, por ejemplo, la actividad de los cuidacoches se ha producido en México y en Uruguay. En ambos casos, las normativas parten del reconocimiento de tres hechos: la calle es un espacio público que no puede ser “privatizado”; nadie puede ser forzado al pago por un servicio que no solicitó y la tarifa por el servicio debe ser voluntaria.

    Es de esperar que las autoridades avancen en un plan que desactive definitivamente un foco de permanente tensión y conflicto en nuestras ciudades.

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    Publicado por Anónimo | 12 febrero, 2016, 7:57 am
  6. La pobreza ilegal

    Por Mariano Nin

    Hay 710.000 paraguayos que viven con menos de G. 285.000 mensuales. Ellos son los pobres, pobres. De alguna manera tienen que sobrevivir, y la mayoría lo hace en las calles, haciendo cualquier cosa, lo que sea con tal de ganarse el sustento y sobrevivir un día a la vez. Venden chucherías, limpian vidrios, cuidan autos o simplemente piden limosnas explotando a niños indefensos.

    Es el país del día, el de la supervivencia, el de los semáforos. Sin embargo, el problema no radica en la pobreza en sí, sino en la forma de enfrentar las necesidades básicas. Lo que es ilegal, es ilegal y punto. Nada lo justifica. Y allí es donde entra la responsabilidad del Estado a la hora de implementar políticas sociales.

    El cuidacoches no puede cobrarte por cuidar tu coche sin tu consentimiento, porque eso es como usurpar dinero público en concepto de estacionamiento. Además, no te puede exigir dinero por un servicio que vos no solicitaste. Lo mismo pasa con el limpiavidrios, contra quienes miles de personas libran todos los días una batalla de desgaste.

    Pero el Gobierno ataca el contrabando porque perjudica a los supermercados, y deja que se venda aceite y jabón en las calles. El contrabando es ilegal, pero la venta es legal así como la extorsión de limpiavidrios y cuidacoches, mientras, la secretaría de la niñez ignora a los niños explotados a plena luz.

    Cuando estas cosas suceden, las señales de alarma se disparan y las instituciones deberían acusar recibo. Sin embargo, no pasa aquí, donde primero debe haber una muerte para después pensar soluciones. Las políticas sociales deben apuntar a sacar a la gente de la pobreza, capacitándola en lo que sea para que pueda insertarse legalmente al mundo laboral. Mientras eso no suceda, los pobres seguirán copando las calles y la ilegalidad seguirá siendo legal mientras vemos como legalizarla.

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    Publicado por Anónimo | 12 febrero, 2016, 7:56 am
  7. Vendedores pueden hacer lo que quieran

    Sucede casi cada año. Se anuncia que prohibirán a los vendedores ambulantes subir a los colectivos pero al final siempre se llega a un acuerdo. Ahora la situación tiene un condimento diferenciador: los micros climatizados.

    El Centro de Empresarios del Transporte del Área Metropolitana (Cetrapam) anunció que prohibirá que los vendedores informales suban a estos nuevos buses y si quieren hacerlo, deberán pagar el pasaje.

    La reacción de la Asociación de Vendedores Ambulantes no demoró. Saltó una serie de pedidos y condiciones para que esto se concrete sin violencia. Primero pidieron seguir subiendo a los colectivos, manifestaron que no tienen problema con usar chalecos que los identifiquen, así que el jueves presentarán esta propuesta al Gobierno.

    En caso de que no se llegue al acuerdo deseado por estos trabajadores, exigirán un subsidio estatal.

    Lastimosamente, estos vendedores tienen mucho en su contra: la mayoría de sus productos son de contrabando, el Ministerio de Salud recomienda no consumir alimentos de la calle porque no reúnen condiciones de salubridad, no pagan impuestos, muchos de ellos son delincuentes que roban a los pasajeros lo que compraron con esfuerzo, sus productos no tienen garantía y no se les puede reclamar ni devolver algo que presentó alguna falla como en los locales comerciales.

    Los vendedores de la calle no aceptan la capacitación que les ofrece el Gobierno alegando que percibirán menos plata con los nuevos empleos y que además, muchos de los trabajadores no serán aceptados en las empresas por contar con antecedentes. Tienen razón. Pero ellos no pueden forzar una situación a costa de la gente que vive atemorizada.

    Los asaltos se redujeron en gran medida tras la implementación de los buses diferenciados. Es lo que la ciudadanía se merece. Y por lo laboral, como el resto de los mortales cada uno debe procurar por un trabajo. No podemos frenar un avance en el mejoramiento del transporte público. Los vendedores pueden hacer lo que quieran, pero no a costa del resto.

    Por Ruth Benítez

    http://www.extra.com.py/columnistas/vendedores-pueden-hacer-lo-que-quieran.html

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    Publicado por Anónimo | 12 febrero, 2016, 7:56 am
  8. La mafia de cuidacohes, limpiavidrios y conductores

    Marco Bogarín, el hombre del hacha que desafió a limpiavidrios, mencionó en sus redes sociales que solo se defendió ante la extorsión de los trabajadores informales, ya que nadie puede exigirle pagar por un servicio que no solicitó. La explicación la dio en medio de varias quejas que lo tildaban de insensible y violento. El hombre, que estaba con su esposa e hijo pequeño en el vehículo, añadió que mucho menos estaba dispuesto a aceptar un rayón o un vidrio roto por su negación.

    Acertadas palabras de un ciudadano que, como muchos otros, tiene que pasar una verdadera odisea en cada cruce semafórico o cuando busca dónde estacionar. Marco añadió que tampoco pueden exigirle que se haga cargo de la problemática social que representan los limpiavidrios y los cuidacoches, dado que para eso está el Estado.

    Esta última afirmación es la que no entienden muchas personas que defienden la actividad de limpiavidrios o cuidacoches, esgrimiendo la mera lástima como justificación. Añaden la falta de educación, desigualdad social, expulsión de la población del interior a causa de las multinacionales, etc. El conductor de un vehículo no tiene por qué estar reflexionando en cada esquina cómo erradicar la desigualdad social, ni cómo combatir la falta de trabajo en el país, no es su obligación. Además, unas monedas tampoco van a aminorar la problemática.

    Hay que enseñar a pescar, no repartir pescado, y para eso existe un Estado. Si no funciona, esa ya es otra historia, pero el énfasis de las protestas tienen que darse en ese ámbito, a las autoridades de turno, y no contra los ciudadanos que solo expresan su descontento por las actividades informales, y tienen toda la razón en hacerlo.

    Sin embargo, en alguna medida también es la ciudadanía la que ayuda a fomentar estas prácticas, como se da en el caso de los cuidacoches. En muchos casos, si un conductor frecuenta bastante un sitio, ya sea para trabajar o distenderse, suele arreglar por buena plata con el cuidacoche, para que ese sitio de estacionamiento siempre sea para él, como si fuera el dueño de la calle. Cuando otra persona quiere estacionar allí, el cuidacoche le dice que no puede hacerlo porque ya es el lugar de su cliente. Un hecho totalmente ilegal; la calle es de todos.

    Evidentemente, para muchos, limpiar vidrios y cuidar vehículos es una manera fácil de ganar dinero, antes que buscar un trabajo formal. Por ejemplo, el Servicio Nacional de Promoción Profesional (SNPP), cada año ofrece cursos gratuitos para mandos medios, que bien pueden ser aprovechados por todos los que se dedican a estas actividades. Tal vez solo necesitarían el acompañamiento de algunos de los tantos políticos que dicen preocuparse por ellos. En vez de querer legalizar sus seudoprofesiones, podrían ver la forma de insertarlos realmente en la sociedad.

    Por Miguel Benítez

    http://www.ultimahora.com/la-mafia-cuidacohes-limpiavidrios-y-conductores-n965743.html

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    Publicado por Anónimo | 12 febrero, 2016, 7:56 am
  9. Patas para arriba

    La salida fácil es una alternativa que tiene un atractivo casi irresistible, principalmente cuando se convierte en la vía por la que alcanzamos a sacarnos de encima las responsabilidades que no nos interesan honrar. Es una forma de priorizar lo urgente, sin detenernos en analizar a profundidad las consecuencias de nuestros actos. Traducido a un lenguaje futbolístico, es rechazar para lejos el balón, desviando el peligro del arco, dejando pocos argumentos contra esta práctica, porque resulta efectiva, aparta los compromisos que pudiéramos tener en ese momento, e incluso nos ayuda a obtener o asegurar un resultado positivo.

    Como el fútbol, indudablemente el deporte más popular, sirve para graficar una serie de hechos que ocurren en la vida; para ejemplificar esta aseveración, la de buscar la alternativa más simple, en la sociedad paraguaya podemos emplear varias analogías para explicar esta idea.

    La primera nos remite a los limpiavidrios y cuidacoches. Un tema que sin una lógica racional, aparece y desaparece de la opinión pública, porque interesa a gran parte de la población, generando todo tipo de comentarios y debates, pero al que nunca se le encuentra una salida real. La última opción que se plantea es impedir la presencia de estos en las calles, incluso amenazando con medidas drásticas como la prisión preventiva para quien quebrante el planteamiento de la Junta Municipal capitalina. Para fortalecer esta solicitud se suman una serie de voces que cuestionan sus servicios, con una serie de argumentos absolutamente entendibles.

    Sin embargo, en el planteamiento de fondo se ignoran las causas que llevan a que niños, adolescentes, adultos e incluso personas de la tercera edad estén empeñadas en esta actividad, a la que consideran un trabajo. Cuando hablamos de este drama social, nos ponemos en una postura soberbia ignorando el origen de este esquema, que desencadena en este verdadero drama cotidiano. Al desechar la chance de escarbar en los procesos que desembocan en este inconveniente, salvamos el ocasional peligro que merodea nuestro espíritu de aparente tranquilidad y nos embarcamos en otros conflictos.

    Es el mismo bosquejo se describe mirando al pasado reciente recordando la situación de los inundados. En aquel tiempo se planteó un versus entre vecinos y damnificados. La convivencia entre los mismos fue la alternativa forzosa a la que se tuvo que llevar, porque no se analizó una solución de fondo que pudiera satisfacer a ambas partes. Como el tema se tranquilizó temporalmente, la insatisfacción que se reflejó en los medios, dejó su lugar a otros problemas como el planteado anteriormente, sin que se tenga una medida real que garantice un mejor pasar para todos en un futuro para nada lejano, cuando las aguas vuelvan a ganar terreno.

    Mirando al futuro, se puede ver que la disputa por una posibilidad de reelección presidencial copará los espacios informativos. Con certera seguridad podemos considerar que no se reparará en el respeto de las leyes como premisa fundamental en este punto. La discusión se centrará en nombres y partidos políticos, dejando a un costado la incorporación o no la figura de la reelección como una alternativa para respaldar políticas públicas que se estén implementando en gobiernos que tengan el apoyo mayoritario de la población. Lo urgente vuelve a marcar su implacable presencia, desechando el puesto que debe ocupar lo importante en todo marco que tenga al país como eje central de debate.

    En Paraguay estamos acostumbrados a sufrir, y no siempre entendemos que ese sufrimiento está vinculado al poco espacio que le dedicamos a pensar en construir proyectos auténticos desde espacios, en donde la reflexión ocupe un lugar de privilegio, elaborando propuestas amplias y consensuadas, en la que se incluyan todos los factores que intervienen en un complejo entramado, como lo es nuestra sociedad.

    Pateamos al balón con fuerza a cualquier dirección, y lo celebramos. Con esta práctica creemos que estamos cumpliendo con nuestro compromiso ciudadano. La verdadera complicación es que olvidamos que la pelota vuelve y que los contragolpes que soportamos suelen ser letales, dejándonos patas para arriba, con lo difícil que es revertir resultados cuando el marcador es desfavorable.

    Por Pablo Noe

    http://www.lanacion.com.py/2016/02/10/patas-para-arriba/

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    Publicado por Anónimo | 12 febrero, 2016, 7:56 am
  10. La provocación del molestoso limpiavidrios

    En las últimas semanas, la rabia y el descontento de mucha gente hacia los cuidacoches y limpiavidrios tomaron “estado público”, más que en otras ocasiones, obligando a las autoridades pertinentes a plantear alternativas de solución.

    La cosa no es fácil, pues se trata de una problemática social y cultural compleja, con raíces profundas y de larga data. Son la punta de un iceberg, que por debajo oculta años de manipulación politiquera, basada en el prebendarismo y la corrupción; la ausencia de políticas reales de empleo, protección de la familia y acceso a la vivienda y educación; pobreza urbana y promiscuidad, entre otros.

    En este contexto, hay que reconocer que tanto aquellos que están a favor de estos o salen en su defensa, como los que abiertamente manifiestan su rechazo y piden su expulsión de las calles, cuentan con argumentos atendibles.

    Extorsión, violencia, drogas, prepotencia y hasta criminalidad se escudan y entremezclan fácilmente, y de manera impune entre las actividades de estos contingentes de niños, jóvenes y adultos que tristemente pululan en esquinas y veredas de nuestra ciudad. Esto es así, y quien lo niegue –por no querer criticar al menos favorecido o aparecer como revolucionario– no es del todo honesto.

    Pero, por otro lado, también es cierto, que no a todos se les puede “meter en la misma bolsa”, como vulgarmente se afirma; acusarlos sin miramientos de delincuentes y extorsionadores no es justo ni razonable. Posturas radicalizadas no llevarán a buen puerto. Aquí las autoridades deben intervenir haciendo respetar los derechos básicos de la ciudadanía. No es justo que el automovilista y su familia sean amenazados por un servicio que no solicitan, pero tampoco corresponde que estos jóvenes y adultos sigan en la calle sin sustento digno.

    Pero esta situación también desafía nuestra forma de estar frente a las personas que se encuentran en situación de marginalidad. Por un lado podemos victimizar al pobre, justificando todo su actuar, por el hecho de serlo, y, al final, considerarlo incapaz de ser sujeto de su propio desarrollo, olvidando que la justicia social no requiere de una actitud de conmiseración, sino de dignificación del ser humano.

    Por otro, estos hombres y mujeres también nos invitan a fortalecer esa mirada de humanidad que necesitamos como sociedad; esa que permite reconocer en el otro la misma dignidad, aspiraciones y necesidades que a uno le apremian. Es uno como yo, aunque me moleste, y es válido reflexionar sobre ello. No es tarea fácil, pero quizá sea el ejercicio que necesitamos para asumir posturas más realistas y alcanzar soluciones más integrales que las actuales.

    Por Gustavo A. Olmedo B.

    http://www.ultimahora.com/la-provocacion-del-molestoso-limpiavidrios-n966351.html

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    Publicado por Anónimo | 12 febrero, 2016, 7:55 am
  11. Limpiaparabrisas

    Sucio, mal vestido, con pinta de drogadicto y actitud agresiva. Así va a recaudar el doble en el oficio. Debe atacar a las mujeres y a los viejitos y desde atrás. Para que cuando se dé cuenta su parabrisas ya estará todo mojado. No importan los deditos que se mueven diciendo ¡Noo! Rápido, levantan el cepillo limpiaparabrisas y allí ya está frito el automovilista. No importa si el auto salió recién del lavado. Si entre 4 le dicen que Nooo se quedan parados pidiendo moneditas. O sea, o pagas o colaboras o…

    Esta es la escuela perfecta de la delincuencia. Atropellar los derechos ajenos. La frustración y la impotencia de los automovilistas deberán reventarla contra sus empleados o cónyuge. Los correctos recaudan la mitad y son motivo de burla entre los delincuentes.

    No estoy de acuerdo en que se los saque a todos. No hay que destruir el jardín porque tiene yuyos. Debemos favorecer a los que ofrecen el servicio respetuosamente. Las autoridades deberán trabajar continuamente a favor de esta política.

    Censados e identificados, con números grandes y bien visibles Deberán habilitar un teléfono QUE TIENE QUE DAR LIBRE.

    La ciudadanía debe denunciar e identificar la esquina, la hora y el número de quien procede mal. La Municipalidad puede, discretamente controlar el comportamiento de este supuesto limpiador y sacarlo de la esquina. La pérdida de la esquina aunque sea inicialmente por 15 días será terrible para el atropellador. Si dejamos trabajar a los que son correctos, limpios e identificados, ¿quién se va a quejar?

    Otra cosa, el servicio debe ser realizado de día y con tiempo suficiente antes de que el semáforo de verde, igual procedimiento de cualquier vendedor ambulante.

    Nadie tiene que perder el paso por algún despistado que compra frutas a última hora y no encuentra dinero sencillo.

    Raúl Rivarola M.

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    Publicado por Anónimo | 12 febrero, 2016, 7:10 am

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