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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

¿Planilleros o no?

Alcibíades González Delvalle señaló la contradicción en un reciente artículo: Enzo Cardozo, ex ministro de Agricultura, fue responsable de un desfalco multimillonario, pero hoy es senador y miembro del Consejo de la Magistratura; sin embargo, por infracciones mucho menores, la ley es implacable.

No se trata de un hecho aislado, ni la contradicción se da solamente en los hechos ilegales: también la vemos en aspectos que, sin violar la ley, violan ciertos principios éticos, y resultan perjudiciales para la administración pública y para la ciudadanía en general. No es un delito ser un inepto, aunque un inepto en un alto cargo pueda ser muy perjudicial. Ahí está el caso de los ineptos nombrados por razones políticas en Itaipú y Yacyretá; una garantía de que el Paraguay reciba siempre menos de lo que le corresponde. Conviene recordar que en el sector paraguayo de Itaipú y Yacyretá, hay más funcionarios que en los sectores brasileño y argentino; si nuestros vecinos no se han quejado, es porque les conviene tener como interlocutores a esos ineptos, con sueldos millonarios.

Esos ineptos se han salvado de la depuración emprendida por el Gobierno, que ha respetado un principio básico del sistema: lo que uno gana está en relación inversamente proporcional con lo que hace. O sea, cuanto menos trabaja, cuanto menos vale su trabajo, mayor es el sueldo. Una secretaria de oro, un asesor de oro tienen ventajas frente a los empleados públicos con salario mínimo o un poco más. Aun concediendo que existe corrupción y existen planilleros en la administración pública, los sueldos son bajos para los que trabajan porque no son planilleros.

Yo recuerdo a ese venerable funcionario del Archivo Nacional, don Aníbal Solís, una autoridad en la lectura de los documentos centenarios, que apenas sobrevivía con un sueldo de 500.000 guaraníes mensuales. Como contrapartida, en la Universidad Nacional había unos soberbios planilleros, con sueldos millonarios por no hacer nada, gracias a sus buenas relaciones. La administración pública es dura para quien accedió a su puesto por sus propios méritos y no cuenta con el apoyo de padrinos políticos, como el señor Solís, que no es el único de su género. Hay muchos funcionarios como él, que dan mucho más de lo que reciben, sin que se lo reconozcan. En numerosos casos, ellos se ven perjudicados por la mala fama de los planilleros y corruptos, que no son todos.

Las generalizaciones son injustas. Los recortes de los sueldos de los funcionarios competentes y que ganan poco son la consecuencia práctica de esa injusticia en el juicio. Para muchas familias, el porcentaje recortado era lo necesario para cubrir gastos básicos. ¿Por qué penalizarlos a ellos y tolerar a los grandes corruptos? Porque la cuerda se suelta por lo más débil.

Por Guido Rodríguez Alcalá

http://www.ultimahora.com/planilleros-o-no-n964198.html

 

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

17 comentarios en “¿Planilleros o no?

  1. ¿POR QUÉ NOS INDIGNAMOS?

    Nos indignamos porque los tiempos oscuros han vuelto o –más parece– no nos han abandonado nunca. Nos indignamos porque nos damos cuenta de que el enemigo sigue aquí, entre nosotros. Que ya no tiene la fisonomía del “único líder” ni se presenta de las maneras de antaño, sino busca hacerse irreconocible con un entramado de instituciones que se controlan unas a otras, que distribuyen cargos según los favores recibidos o los negocios en oferta, que engordan sus planillas de funcionarios con operadores políticos, amantes, parientes o asesores de distinto pelaje. El enemigo es el de siempre pero más peligroso hoy, porque se esconde bajo el ropaje de mecanismos democráticos que nos obligan a participar de sus rituales con listas sábana consagrando a los mismos de siempre. O a nuevos líderes que se someten a la mecánica mediocridad de un Parlamento que por más atribuciones que se asigne, solo hace uso de ellas para pellizcar algún poder de manera a continuar con la fiesta sin tantos contratiempos. O peor, para que algunos de sus miembros publiciten su actuación de manera a asegurar su próxima aparición en las listas de votos.

    Nos indignamos porque la independencia de los poderes no existe. Que si el dictador de antes imponía sus “reglas”, las de ahora se negocian, se cuotean o se canjean de acuerdo a los intereses de cada interna, de cada grupo y, solo a veces, de cada partido político.

    Nos indignamos porque el Sistema hizo hoy posible lo que ni Stroessner pudo: la desaparición de las entidades partidarias como factores de reflexión y fuentes creadoras de políticas de Estado. Porque remitió el liderazgo a la confrontación de ismos detrás de un apellido. Sin más ideas que el intercambio aleve de apoyos por “espacios de poder”, eufemismo que se concreta en recursos para financiar ONG’s, Consejos inútiles o instituciones pobladas de planilleros pero que no cuentan con fondos para la cobertura de compatriotas desfavorecidos por los cambios climáticos; o para algún proyecto proveniente de sectores igualmente postergados, llámense estos cultura o producción agropecuaria.

    Nos indignamos porque algunos justifican lo inexcusable con la cantinela de que “en todos los países hay corrupción”. Probablemente es cierto, pero sucede que aquí no se la castiga, porque los que debieran hacerlo serían los primeros en ocupar el banquillo de los acusados. Y porque en las cárceles no habría lugar para tantos; pues ya están sobrepobladas hoy, por presos con o sin condena. Con culpas o sin ellas.

    Nos indignamos porque si los vicios de antes tenían el exclusivo sello –y rostro– del dictador, los de ahora se presentan con maquillajes diferentes. Algunos de estos parecen disfraces que replican facciones conocidas: las de aquellos que conducían las movilizaciones estudiantiles, que editaban diarios o publicaban panfletos que denunciaban los vicios de la dictadura. De los que se convirtieron en asiduos residentes de las prisiones del régimen por su actitud de inclaudicable rebeldía. De personas que admirábamos, que intentábamos emular y que hoy, bajo esas caretas, no son sino la palpable demostración de lo que puede la ambición escondida entre los pliegues del poder. Del triste espectáculo, no de la decadencia física sino de la claudicación moral. De quienes creen que la dignidad también puede ser disimulada con cirugías o pastillas vigorizantes. De gente que por estirar la piel no se dio cuenta que ya hace rato se le han arrugado el corazón y el sentido de responsabilidad que los verdaderos líderes se llevan a la tumba.

    Bien vale entonces el recuerdo de aquella pregunta de Benedetti, para replantearla hoy de manera que suene alta y firme. Y para que también y a tono con el poeta oriental, resuene en todos los ámbitos de la República, la respuesta correspondiente. Nos indignamos: “…porque no podemos ni queremos que la indignación se haga ceniza”.

    Por Jorge Rubiani

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/por-que-nos-indignamos-1451521.html

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    Publicado por Anónimo | 10/02/2016, 07:09
  2. Robo billeteras, pero soy buena gente (*)

    Como si se hubiera acabado de inventar el agua tibia, ahora resulta que la mayor plaga del Paraguay son los planilleros. Y es cierto, son una plaga, nadie diga lo contrario. Pero parece nomás que estamos repartiendo mal las responsabilidades.

    Los planilleros son una de las cientos de plagas que tienen recontra jodido al país. Pero ellos no entraron ayer nomás a robar nuestros impuestos; no, señor.

    Al parecer, todo comenzó –como tantas otras cosas– durante la larga y desgraciada dictadura de Stroessner. En aquellos tiempos, solo los seccionaleros podían aspirar a ocupar cargos públicos, así como sus familias y sus correligionarios en general. Pero eso no era todo. Nadie podía conseguir un laburo si no estaba afiliado al Partido Colorado; de hecho, toda la administración pública está copada por los colorados como resultado de ese proceso.

    Con el tiempo fueron ingresando otros de otros colores, y llegó un momento en que incluso entró a trabajar al Estado paraguayo gente calificada, profesionales y gente bastante comprometida. Pero, para entonces los planilleros ya eran nuestra segunda piel.

    indignación. Que son peor que el dengue y que son el cáncer del Paraguay, que esto y lo otro. Está superbuena esta moda de la indignación por estos funcionarios públicos que cobran un salario sin trabajar.

    Lo único que preocupa es que esta indignación sea una moda pasajera. Que después de un par de meses nos volvamos a olvidar de ellos y volvamos a la rutina, la rutina del ñembotavy.

    Y digo ‘volvamos a olvidar’ porque todos sabíamos que ellos y ellas estaban ahí. Quien más, quien menos conoce a ese tipo que se la pasa tomando tereré en su vereda, pero cobra en algún ministerio.

    O conoce a esa chica que está sudando a tu lado en el gimnasio del Centenario y que había sido, mientras quema calorías, cobra millones en el TSJE.

    Porque, convengamos que un gran pedazo de este país sabía que ellos existían, que estaban entre nosotros.

    Un gran pedazo de este país decidía mirar hacia otro lado mientras estos desgraciados y desgraciadas cobraban un salario pagado con los dineros de nuestros impuestos, sin poner un pie en la oficina.

    Tal vez por eso siempre terminamos haciendo la vista gorda, con respecto al primo planillero, la vecina planillera, el planillero ex compañero de colegio, etc.

    Porque al final lograron integrarse a nuestro paisaje; estos estafadores consiguieron que el fenómeno resultara algo normal.

    Y ahí es donde comenzamos a ser todos responsables de esta plaga.

    Claro, porque pese a que nos roban millones cada mes, nos parecen buena gente.

    (*) Canción para un niño en la calle – versión de René Pérez (Calle 13)

    Por Brigitte Colmán

    http://www.ultimahora.com/robo-billeteras-pero-soy-buena-gente–n965745.html

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    Publicado por Anónimo | 10/02/2016, 07:08
  3. A LA CAZA DE PLANILLEROS

    Andrés Granje

    La prensa impone campañas periodísticas de por medio, temas y personajes, en muchos casos muy importantes, significativos y vitales para la marcha del país. Uno de ello es la moralizadora y redentora campaña de saneamiento moral de la nación, buscando el fin o la morigeración de tanta corrupción, acompañando la inquietud y el despertar de la juventud, que como fuente de inspiración tuvo la Santa Visita del Papa Francisco, quien con su frase simple y contundente les instó a que “armen líos, pero que también busquen las soluciones después”, entonces los jóvenes salieron a la calle a manifestarse exigiendo una mejor educación y en los campus universitarios renovación transparencia y el fin de la corrupción que se manifestaba por medio del planillerismo en el plantel administrativo.

    Ahora la campaña se extendió no solamente a los círculos educativos sino en todas las oficinas públicas del país, gobierno central y sus dependencias, municipios, entes descentralizados, en donde como se presumía pululaban de manera escandalosa los zánganos que vivían del estado sin trabajar, personas indecentes que cobran un salario por el cual no realizó ningún mérito , perjudicando al estado, al pueblo y a la misma clase trabajadora de estos entes, mal mirados y con mala fama a partir del hecho que todos los funcionarios públicos son medidos con la misma vara y nadie se detiene a considerar que existen denodados trabajadores cumplidores de sus obligaciones y que honrosamente se gana el pan cotidiano.

    Pero, ¿por que existen los planilleros, quienes son los responsables de la creación y el crecimiento geométrico de esta legión indecente de asalariados parásitos que causa tanto perjuicio al país?, allí inequívocamente como responsable de esta tremenda anomalía encontraremos a la mediocre dirigencia política, la casta de incapaces, rapaces y desvergonzados dirigentes que pululan en todos los partidos políticos que exigen cupos para sus seguidores y operadores partidarios, creyendo que el estado es una entidad de beneficencia y que porque resultaron vencedores en una contienda electoral pueden llenar las oficinas del estado con sus paniaguados incapaces y sin ningún conocimiento o habilidades para cumplir funciones.

    Nunca mas cierto el dicho, “la culpa no tiene el cerdo, sino quien le da de comer”, si se debe castigar la indignidad de gente que cobra sin trabajar, si deben ser repudiado y vilipendiado por tan deshonroso proceder también la repulsa colectiva de la ciudadanía y el peso de la ley debe ser dirigida con mayor intensidad a los autores morales y quienes permiten y exigen que sus operadores ingresen a la función pública. Además estos personajes han perfeccionado en los últimos tiempos la perversidad del sistema, otorgando contratos de un mes a tres meses de duración mecanismo abyecto de sometimiento de sus operadores al tener que estar pendientes de la voluntad del soberano canalla, debiendo humillarse de forma constante, para mantener vigente estos contratos.

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    Publicado por Anónimo | 08/02/2016, 09:14
  4. ¡Los planilleros a la calle!
    Por Santiago González

    No hace falta ser adivino para afirmar que este espacio se dedicó de manera sistemática a señalar los errores y las pifiadas del Presidente de la República Horacio Cartes. No me interesa ni me va a interesar analizar la vida personal de las personas públicas, salvo que desórdenes personales influyan en políticas públicas.

    Que un gobernante, un ministro, una intendente sea beodo es una pena, por él, por su familia; pero finalmente es su problema. Siempre que no eche a un ministro, un secretario, un asistente de manera arbitraria, tome determinaciones descabelladas o descuide su tarea en estado etílico puede hacer lo que quiera. Dicho esto, la de hoy es una columna bastante sui géneris y Cartes se merece el destaque.

    Cuando incluyó como un logro de su gobierno la ley de acceso a información pública, la verdad es que se alzó con un logro de la ciudadanía que luego de mucha presión consiguió trabajar con organizaciones del sector privado y la prensa misma en promover la ley. En contrapartida hay que decir con todas las letras, que la barrida de planilleros es un sello de su gestión.

    Desde hace años se viene hablando de gente que roba, malversa y defrauda al estado. Gente que aparece en las planillas, que cobra pero no trabaja. Desde hace años todos se llenan la boca diciendo que a esa gente hay que mandar a su casa, pero hasta ahora nadie lo había hecho.

    Con los planilleros, con los deshonestos, con quienes roban de esa manera no hay que tener piedad. Hay que echarlos y quemarlos. Los primeros afectados son sus propios compañeros que trabajan de verdad y tienen que hacer el doble, porque unos cuantos solo están para cobrar a fin de mes.

    Celebro, destaco y apoyo la depuración sin miedo y sin titubeos que está encarando el Gobierno de Cartes. Los honestos merecen ser premiados, los escombros y los que viven del estado merecen estar en la calle. Abogando siempre por un proceso pulcro, pero implacable con este tipo de prácticas.

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    Publicado por Anónimo | 08/02/2016, 09:13
  5. Ladrones públicos

    En los últimos tiempos saltó nuevamente a la luz pública un mal que se viene arrastrando como un fenómeno de la corruptela política paraguaya: el planillerismo. Planillero es un eufemismo que se utiliza para denominar a los ladrones públicos, lacras y sinvergüenzas que desangran al Estado paraguayo.
    Los planilleros son los corruptos que mensualmente cobran del presupuesto general de gastos del Estado nacional sin prestar ningún servicio en las instituciones donde figuran. Se dan la buena vida a costa del erario estatal. Los más afectados en consecuencia son las personas pobres de este país, privados de servicios básicos como: agua potable, atención médica, transporte, caminos y otros.
    En estos días se divulgó la lista de funcionarios del ministerio de Educación en la que apareció también el nombre de una diputada colorada del Alto Paraná, Blanca Vargas de Caballero. Hace poco se divulgó también que una mujer que trabaja en una empresa administrada por el hijo del diputado Elio Cabral cobraba en la cámara baja, sin trabajar.
    En todas las instituciones públicas, con cada gobierno, las municipalidades, las gobernaciones, el parlamento y otros van ingresando nuevos funcionarios, operadores políticos, cuyos salarios inflan de forma exorbitante el presupuesto. Las municipales destinan mayormente sus recursos para pagos de sueldos y solo una ínfima parte invierten en infraestructura y obras.
    En el décimo departamento, municipalidades como la de Ciudad y Presidente Franco se enfrentan con tremendos problemas para pagar a funcionarios que ni se sabe que actividades cumplían en la institución durante la administración pasada. Sobre todo en los últimos meses del año pasado, en plena época electoral, los ladrones públicos se multiplicaron como hongos.
    Los funcionarios públicos que realmente trabajan y cumplen, deben ser celosos de su puesto y hacer que sus compañeros fantasmas sean sacados de la institución, denunciándolos públicamente. Sólo con la colaboración de todos los sectores se puede acabar con este mal cada vez más enraizado en el país.
    Es hora de que se dejen de pagar viajes alrededor del mundo, lujos y caprichos de privilegiados que cobran sin trabajar, e invertir ese dinero en sectores tan golpeados como la salud pública y la educación. La ciudadanía debe exigir que estos sinvergüenzas devuelvan lo robado y que se vayan a la cárcel por ladrones.

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    Publicado por Anónimo | 08/02/2016, 09:10
  6. Mina de Planilleros
    Por Fernanda Robles

    No es nada nuevo para ninguno de los paraguayos la existencia de los denominados “Planilleros” dentro de las instituciones públicas, ni tampoco nos sorprende el enorme número de casos publicados en los últimos días. La práctica siempre fue bien sabida y hasta se volvieron comunes, de la mano de la corrupción y la impunidad del sistema de gobierno.

    Aunque nunca logremos saber con exactitud quiénes son, cuántos son en realidad, cuánto ganan, ni cómo fue que llegaron a las planillas de funcionarios públicos, sabemos que las instituciones están minadas de muchos que figuraban con jugosas remuneraciones y el beneficio de no cumplir con sus funciones o directamente ni siquiera asistir.

    Y lo que sabemos aún más, es que pese a la publicación de las listas de planilleros probablemente la mayor sanción que sufrirán será la separación de sus funciones, porque están bien resguardados. Están blindados por alguna fuerza de poder con la que los ciudadanos aún no pueden; los políticos.

    La mayoría de ellos ocupando importantes cargos donde manejan a su antojo el patrimonio público, igual a un bien personal. No contentos con sus cargos, ubicaron en la red a parientes, amantes, amigos, y amigos de los amigos. Es lógico, cuando más sea el dominio, mejor para ellos.

    Sin embargo, este dominio les está quedando suelto. Desde luego, los vicios de nuestra clase política no desaparecerán de la noche a la mañana, pero la repentina decisión del Presidente de la República de trasparentar las instituciones, es una enorme oportunidad para dejar atrás a la ingenuidad que nos envolvió por tanto tiempo. Y con esto, definitivamente no me refiero a esperar a que cambien las cosas plenamente a cuestas de la justicia.

    Ya nos llevamos centenares de decepciones, y lo que es peor, nos olvidamos. Que la lista de “planilleros” sea un verdadero instrumento para mejorar el sistema. Es necesario cambiar las reglas del juego, y que dominemos nosotros. Indignémonos y exijamos más.

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    Publicado por Anónimo | 07/02/2016, 16:21
  7. Que se vayan todos

    Por Mabel Rehnfeldt

    Gente que cobra y no trabaja (planilleros). Jóvenes “hijitos de papá” que apenas salen de la adolescencia contratados como asesores. Consultores que ni siquiera están en el país pero les pagan. Funcionarios sin estudios terciarios cobrando como grandes profesionales.

    Hombres y mujeres capacitados –algunos entrenados en el extranjero– pero discriminados en el “freezer”. Amantes hombres y mujeres escalando a la velocidad de la luz, prendidos como garrapatas de las ropas íntimas de los mandamases de los entes públicos. Grandes corruptos que van ascendiendo sin importar los resultados de sus sumarios, muchos zorros cuidando del gallinero. Avivados que marcan sus tarjetas de asistencia y luego se retiran ante la mirada de impotencia del resto de sus compañeros.

    Niñeras. Amantes. Peones. Comepapeles. Secretarias vip. Chongos. Chongas. Acomodados todos de un sistema que lleva años parapetado en la administración pública; zánganos y parásitos del dinero público obtenido sin esfuerzo alguno.

    No son todos pero son muchos… y representan un gran volumen de dinero que se roba a la salud, la educación, los caminos, los puentes, la vivienda digna, la tierra. Son los que deshonran a aquellos que trabajan honestamente en la función pública, sin más padrinazgo que su esfuerzo, su modesto salario y la necesaria virtud del silencio para sobrevivir a los gobiernos de turno.

    Horacio Cartes ha emplazado a todos los jefes de todas las instituciones públicas del Paraguay. Unos 280.000 hombres y mujeres sería el total del funcionariado público según calculan desde la Secretaría de la Función Pública. La cifra es engañosa porque no incluye municipalidades que no reportan sus empleados… Tan engañosa como el trabajo que diariamente muchos dicen hacer y no hacen pero cobran.

    Quieren saber cuántos trabajadores hay, qué trabajo hacen, dónde están y cuál es su productividad. ¿No es la pregunta que se hace el propietario de un taller, un copetín, una carpintería, una gomería, una gran empresa? Solamente la “agencia de empleos” estatal es capaz de contratar gente y pagarle sin que tengan necesidad de trabajar.

    Además de Cartes, nosotros también debemos estar convencidos de lo que se va a hacer. Grande nos equivocamos si creemos que este sinceramiento se hará sin crisis. Debemos exigir que los sindicatos defiendan a los verdaderos trabajadores y que no se conviertan en escudos de parásitos que deshonran a funcionarios públicos honestos. Que las centrales obreras recuerden que hay muchos trabajadores que se desloman para juntar un puñadito de plata y pagar sus impuestos para pagar a gente que no trabaja pero cobra.

    Tampoco deberíamos olvidar que también algunos sindicalistas se han valido de sus cargos para meter a su propia clientela en el sector público. Esos son los que más miedo dan porque bajo la amenaza y la extorsión ya nos hemos tragado un buen par de medidas de fuerza que terminaron encubriendo a gente que ni trabaja ni deja trabajar.

    NUESTRO país es NUESTRA gran empresa que sostenemos con NUESTRO trabajo.

    Que se vayan TODOS los que deshonran la función pública.

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    Publicado por Anónimo | 07/02/2016, 15:45
  8. Trabajadores

    Por Edwin Brítez

    Trabajador es toda persona que consciente y voluntariamente presta sus servicios a una empresa u organización, o trabaja por cuenta propia, a los efectos de recibir una retribución o ganancia. Para el Código Laboral, el trabajador es dependiente, es decir empleado, y sus derechos cuentan con la protección del Estado.

    Según la Iglesia católica, gracias a los talentos recibidos todo trabajador procura su sustento y el de su familia y sirve a la comunidad humana de modo que todo trabajo humano honesto, intelectual o manual, “debe ser realizado por el cristiano con la mayor perfección posible”.

    Volvamos al Código Laboral que considera el trabajo como derecho y deber social que exige respeto para las libertades y dignidad de quien lo presta, por lo que la ley establece que para el efecto se den las condiciones de manera que se aseguren la vida, la salud y un nivel económico compatible con las responsabilidades del trabajador.

    En estos días el presidente de la república bajó línea con respecto al tema de los trabajadores que tienen como patrón al Estado y dijo en resumen que mientras no se eliminen los privilegios indebidos y los planilleros, no habrá autorización para el reajuste de tarifas de los servicios públicos.

    ¿Qué significa esto? El reconocimiento de la existencia de clientelismo político y corrupción en la estructura del Estado por el máximo exponente de quienes venían sosteniendo lo contrario, pero no solamente en las empresas estatales sino también en la administración central y en los municipios.

    Algunos defensores del clientelismo, como el titular de la Essap, no titubearon en reaccionar tratando de tapar el sol con un dedo, pero otros se pusieron a trabajar y enseguida encontraron en sus filas centenares de planilleros o personas con “datos insuficientes” a quienes se emplazó para regularizar la situación antes de ser expulsadas.

    Lo extraño fue el caso del intendente municipal de Asunción, quien no se animó a ventilar los nombres de planilleros o como se los denomine invocando el Código Laboral que prohíbe a los empleadores incluir a los trabajadores en listas negras que perjudiquen las posibilidades futuras de los afectados.

    ¿Qué quiso hacer Mario Ferreiro al ocultar a las personas que cobran por no trabajar en la institución a su cargo?, porque el intendente de Lambaré, por ejemplo, dicen que despidió a más de 500 planilleros sin consecuencia legal alguna y muchos otros intendentes hicieron lo mismo.

    No es necesario ser abogado para entender que el Código Laboral es para proteger a los trabajadores y mucho menos para entender que quienes en verdad buscan sanear la administración pública y proteger el dinero de los contribuyentes, lo que pretenden es identificar y luego expulsar a gente que no trabaja y por ende al no trabajar no puede ser denominada trabajadora y en consecuencia ella no puede invocar la protección del Estado.

    Celebro sinceramente la voluntad de toda autoridad de respetar los derechos de los trabajadores, pero el caso invocado por Mario Ferreiro y sus asesores de ocultar la identidad de quienes no trabajan no viene al caso.

    Es todo lo contrario, es una ofensa al trabajador, al que se levanta temprano, prepara a sus hijos para ir a la escuela, espera el micro, vuelve cansado cerca de la noche y apenas llega a fin de mes con lo que gana, además de vivir en zozobra en un clima de inseguridad, precariedad y necesidades. Cheverõguarã ha’ekuéra la sujetos de la protección del Estado, estimado Mario, ndaha’éi umi otro.

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    Publicado por Anónimo | 07/02/2016, 15:42
  9. La peor plaga

    Por Juan Augusto Roa

    Un modelo de saqueo de los recursos del Estado es el “planillerismo”. Consiste en gente que figura en alguna planilla como funcionario, pero que en rigor no cumple ninguna tarea, y en muchos casos ni concurre a su “lugar de trabajo”.

    Es una especie execrable de gente que, lejos de estar en peligro de extinción pese a ciertos vientos de cambio que soplan en algunos rincones del país, goza de muy buena salud. El planillero no es un invento paraguayo –en la Argentina le llaman “ñoqui” porque aparece a fin de mes para cobrar– pero no cabe ninguna duda de que en nuestro país esta figura cobró dimensiones astronómicas de la mano de nuestros politiqueros sin un ápice de vergüenza.

    La gama de planilleros abarca todos los niveles y “especialidades”, desde simples portoneros, pasando por operadores políticos, damas y “damos” de buena compañía hasta “asesores”.

    La plata para mantener esta indeseable fauna de sanguijuelas sale del Estado, por lo tanto, a los “líderes” políticos no les cuesta un centavo mantener a sus favorecidos.

    El pueblo paga, y la moneda de cambio es precariedad en salud pública, en educación, en seguridad, en caminos, en oportunidades de desarrollo. El privilegio de unos cuantos se traduce en miseria para el resto del país.

    El planillero es peor que el mosquito transmisor del dengue, pues ninguna “minga” es capaz de acabar con ellos. Y mientras el mosquito se mantiene en lugares oscuros y ocultos, el planillero puede estar tranquilo y campante a la luz del día mientras “pica” el presupuesto.

    Ninguna institución pública parece estar libre de esta plaga. En la Municipalidad de Encarnación hay una gran cantidad de planilleros; incluso familias enteras “trabajan” en la institución, pero la nueva administración se muestra dubitativa en la toma de decisiones. La Gobernación de Itapúa no le va en zaga: hasta tiene un “especialista en pescado”, y la EBY ni qué hablar.

    La semana pasada estuvo de visita el nuevo director de la EBY, Ángel María Recalde, y anunció –muy serio– que no tolerará planilleros en la institución. Los únicos que quedaron preocupados fueron los “planilleros reemplazables”, aquellos que vienen y van con cada cambio de director. La mayoría tiene número puesto, y no los saca ni Mandrake.

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    Publicado por Anónimo | 07/02/2016, 15:35
  10. Cruzada anti planilleros

    Durante décadas, quienes llegaban al poder prometían a la ciudadanía liberar la Administración Pública de planilleros, y lo que hacían era exactamente lo contrario, aumentar el número de quienes vivían del Estado por supuesto, sin trabajar.

    Pero recién ahora el gobierno decidió tomar el toro por las astas y encarar el grave problema del gigantismo estatal que cuesta tanta plata al Estado, y que evita que se realicen las obras necesarias y urgentes para el país.

    Hay casi 300 mil funcionarios públicos en Paraguay, entre el gobierno central, entes descentralizados, municipalidades y gobernaciones. De ellos, el 20% no trabaja, según datos fríos dados por el ministro de la Función Pública, Humberto Blanco. Es la primera vez que se habla de manera clara de este tema, con datos reales y propuestas serias para solucionar el problema.

    En ese orden de cosas, recientemente el Ejecutivo ordenó a todos los entes públicos que presenten el listado completo de sus funcionarios y quienes fueron contratados desde 2003 hasta el año pasado. El plazo para hacerlo vence hoy. En otros 10 días, la planilla debe ampliarse con salario, ocupación y preparación técnica o académica de cada uno de esos funcionarios.

    El análisis que se realizará de estas planillas debe ser lo suficientemente serio como para no dejar librado al azar ningún privilegio absurdo, de los muchos que existen en algunas instituciones,como el pago extra por “presentismo”; esto significa que el funcionario que se “sacrifica” por asistir a su trabajo, además de su sueldo, recibe un premio por el esfuerzo.

    Despedir a planilleros no debe ser algo demasiado difícil, ya que en sí mismo está la justificación de la acción. Esto siempre y cuando esa persona no haya cumplido ninguna función específica ni antes ni ahora. El problema está con los miles de funcionarios que fueron de confianza en gobiernos y administraciones anteriores y que hoy están en el “freezer”, es decir que asisten a sus entidades, pero no cumplen ninguna función porque ya no la tienen y no pueden ser despedidos porque lo prohíbe la Ley de la Función Pública.

    La decisión del presidente Cartes de luchar contra los planilleros es un importante primer paso. Es obvio que en un mes o un año no nos liberaremos totalmente de esta lacra que ha dividido a la sociedad paraguaya entre ciudadanos de primera y de segunda. Pero constituye una esperanza de que el proceso de transparencia iniciando por el Ejecutivo, se irá profundizando cada vez más en beneficio de todos.

    Habrá que hacer un lobby intenso con las cámaras del Congreso para que modifiquen la ley de la Función Pública y se elimine la prohibición de despedir a un funcionario público. El trato debe ser el mismo que el que recibe un empleado del sector privado, a quien se le garantiza la indemnización en caso de que su despido fuera injustificado.

    Disminuyendo el número de funcionarios públicos el Estado se volverá mucho más ágil y efectivo, y el dinero que se ahorrará en cuanto a salarios podrá ser utilizado para muchas otras áreas que están paradas por falta de apoyo económico.

    Lo que produce esta orden de Cartes a los entes públicos es la certeza de que se están empezando a hacer las cosas como corresponden, en este ámbito. Por supuesto no tardarán en sobrevenir los famosos “palos a la rueda”, especialmente de los padrinos de los planilleros y demás ralea.

    La ciudadanía y la opinión pública deben abroquelarse apoyando fuertemente esta iniciativa, de tal modo que los sinvergüenzas de siempre no encuentren tiempos propicios para intentar volver al pasado, que se quiere superar a toda costa, para olvidar la diaria afrenta de ver a punteros, amantes y compadres, disfrutar de la fresca viruta mientras Juan Pueblo se desloma trabajando por un sueldo que casi nunca es suficiente.

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    Publicado por Anónimo | 06/02/2016, 07:21
  11. La nueva onda de combatir el planillerismo

    Por Andrés Colmán Gutiérrez –

    La palabra “planillerismo” ni siquiera existe en el diccionario de la Real Academia Española (aunque si “planillero”), pero en nuestro país se está utilizando más que nunca, en la calle, en los titulares periodísticos y en los discursos políticos oficiales.

    Fue creada quizás por la inventiva popular o por la dinámica simplificadora de la prensa. Probablemente termine siendo incorporada como “paraguayismo” al castellano universal, pero más interesante resulta el fenómeno sociopolítico y cultural que genera.

    En México los llaman “aviadores”, porque “tocan tierra” una vez al mes para cobrar el sueldo. En Argentina les dicen “ñoquis”, ya que allí esta comida se sirve cada día 29, fecha en que estos personajes aparecen para retirar su salario. En Brasil son “empregados fantasmas”, de incorpórea presencia. Aquí son “planilleros”, porque figuran en las planillas de sueldos sin trabajar.

    El delito (que jurídicamente se llama “cobro indebido de honorario”) no es nuevo. Existe desde hace décadas o siglos, como uno de los tantos modos de robar dinero público por parte de autoridades y políticos corruptos.

    En realidad lo nuevo es la ola de denuncias periodísticas sobre innumerables casos, las reacciones de indignación que provocan en la ciudadanía y la obligada actuación de las autoridades para aparentar combatir y disminuir este flagelo, aunque ello signifique destituir a gente que ellos mismos colocaron en esos privilegiados puestos ilegales.

    Hasta hace poco, en la particular cultura paraguaya, ser “planillero” no era mal visto. Por el contrario, era considerado una cuestión de estatus social, de buenos contactos en el poder. Es algo que se institucionalizó en los predominantes gobiernos colorados, pero que se adoptó también en gobiernos liberales, como en los más escasos espacios de centro y de izquierda.

    Los muchos hombres y mujeres que gozan de un sueldo del Estado o de gobiernos regionales sin necesidad de tener que trabajar, compartían impunemente en las redes sociales sus fotos en la playa o en el gimnasio, en horas laborales, con pose de winners (ganadores), burlándose de los demás comunes mortales, infelices losers (perdedores).

    Pero algo cambió positivamente, de un tiempo a esta parte. Hubo investigaciones periodísticas sobre niñeras de oro, caseros parlamentarios, secretarias vips, asesores y asesoras coleccionistas de rubros millonarios. Hubo leyes de transparencia y acceso a la información pública que permitieron destapar con más facilidad las ollas de la corrupción. Hubo indignación ciudadana en internet, en calles y plazas. Hubo escraches a los sinvergüenzas y, sobre todo, hubo el tsunami estudiantil de #UNAnotecalles.

    Es así como la Fiscalía y la Justicia hoy tienen que investigar y sancionar algo que siempre supieron que existía, aunque en varios casos signifique investigarse y sancionarse a sí mismos.

    Es así como el propio presidente de la República debe exigir a sus ministros que verifiquen si tienen o no planilleros, y que por primera vez en la historia, procedan a desvinculaciones masivas.

    Es la nueva onda de combatir el planillerismo, viejo.

    Veamos cuánto dura.

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    Publicado por Anónimo | 06/02/2016, 07:19
  12. El Gobierno demoró bastante en descubrir a los planilleros

    Llegar casi a la mitad de su mandato le tomó al Poder Ejecutivo caer en la cuenta de que el planillerismo es toda una institución en el ámbito de la administración pública. Recién luego de que la Municipalidad de Asunción decidiera desvincular a unos 600 empleados bajo sospecha de que no cumplían funciones específicas, la Secretaría General de la Presidencia intimó a las instituciones públicas a entregar el listado de funcionarios que perciben salarios sin prestar servicios laborales correspondientes. Rápidamente, el MEC detectó 400 planilleros en sus nóminas. La pregunta es: ¿quién ordenará recuperar los sueldos que se les pagaron a estos sujetos durante los, al menos, pasados dos años y medio de la gestión actual?
    El planillerismo es una verdadera institución en el Paraguay. Durante la dictadura encabezada por Alfredo Stroessner, era común que sus servidores más leales figuraran en las planillas de diversas entidades públicas de manera simultánea. Esa práctica permitió que muchos personeros del régimen autocrático engrosaran sus faltriqueras, enriqueciéndose a costillas del sacrificio del empobrecido pueblo paraguayo.

    Muy lejos de erradicarse, esa perversa práctica pública se extendió durante el periodo de apertura política iniciado en 1989. Como el Estado se parceló entre los distintos partidos políticos, cada cacique o mandamás posibilitó que el planillerismo cundiera en las instituciones, entes autárquicos y binacionales, donde procedieron a colocar a sus ahijados, parientes, compadres políticos y hasta amantes, como bien se constató en recientes casos ventilados a través de los medios de comunicación, tanto en el Congreso como en la Contraloría y el Tribunal de Justicia Electoral.

    Tuvo que llegar a la Municipalidad de Asunción un intendente opositor que durante su campaña política prometió desvincular de la institución a quienes no ejercían funciones determinadas, para que el Poder Ejecutivo descubriera que las agencias ubicadas bajo su jurisdicción también estaban repletas de planilleros. Dos años y medio le llevó al Gobierno del presidente Horacio Cartes caer en la cuenta del irregular fenómeno.

    Ahora, las instituciones tienen un plazo que a esta altura está ya feneciendo para dar a conocer las nóminas de los planilleros. Rápidamente, el Ministerio de Educación y Cultura presentó una lista de 400 desconocidos. La pregunta que legítimamente se formula la opinión pública es: ¿por qué demoró tanto el Gobierno en ordenar la limpieza de las oficinas estatales? Queda, al mismo tiempo, otra incógnita sin responder: si durante estos dos años y medio la administración central estuvo pagando salarios a gente que no honraba sus obligaciones, ¿quién recuperará el dinero indebidamente depositado en las cuentas de los venales?

    En la esfera de la empresa privada –el presidente lo sabe bien ya que él mismo es propietario de un número importante de firmas– ningún empleador permitiría que su dinero vaya a parar a manos de gente que figura en planilla pero no trabaja, ¿por qué entonces es posible que suceda en el ámbito público?

    Por el momento, aunque tardíamente, es de esperar que todas las instituciones del Estado limpien de planilleros sus nóminas y reencaucen el dinero de esos salarios hacia acciones socialmente redituables. Y que se adopten, al mismo tiempo, medidas legales para recuperar el dinero robado por los corruptos.

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    Publicado por Anónimo | 06/02/2016, 07:18
  13. La opinión pública debe actuar contra el “planillerismo”

    Con buen criterio, el presidente Horacio Cartes decidió impulsar una acción que hace 25 años la nación esperaba: ordenó a las instituciones públicas que presenten una lista de sus funcionarios, la función que cumplen y el salario que perciben, para corroborar quiénes son los que trabajan efectivamente y quiénes son los que “planillean” solamente para cobrar a fin de mes sin trabajar.

    El problema del espantoso exceso de personas que reciben salarios del Estado en el Paraguay genera numerosos perjuicios para todos, incluidos los propios funcionarios, su estima personal, su futuro y su dignidad ciudadana. Es parte sustancial de la peor enfermedad que padece el Paraguay en la actualidad: la corrupción.

    La distorsión del régimen de servicio y funciones públicas llegó a tan desvergonzado extremo que se inventan cargos completamente injustificados y con nombres ridículos, como “jefe de secretarias”, “jefe de ascensoristas”, para intentar acreditar el puesto fabricado bajo un título engañoso. Pero es en vano, porque se sabe cuál es la realidad de los miles y miles de “parásitos” que pueblan las oficinas y los pasillos de las oficinas públicas, ya que en la mayoría de los casos ni siquiera hay espacio físico libre para ellos. Tanto es el abuso en esta materia que abundan los jefes de oficinas de tercera categoría que tienen un ¡¡¡jefe o jefa de gabinete!!! Ni que fueran el mismísimo presidente de la República.

    El recurso de emplear más y más personas se tornó una salida fácil para los politicastros, principalmente para los que están en posesión del poder de administrar el Estado. A este régimen se lo conoce por “prebendarismo”. Mediante él, los políticos pagan sus deudas y promesas con las personas que les prestaron su adhesión, apoyo o les ofrecieron su tiempo y fuerza de trabajo en las campañas electorales, en la militancia permanente y en el sostenimiento de su base partidaria. Sin olvidar que a estos suelen agregarse parientes, amigos, asesores personales, empleados domésticos y hasta parejas y amantes, como se está publicando ocurre en el Tribunal Superior de Justicia Electoral.

    Por otra parte, los que reciben el beneficio especial de un contrato o un nombramiento logrado dentro del régimen prebendario, en su mayoría, son personas que carecen de trabajo; es decir que, de no ser así, serían desocupados.

    En los países donde se combate el paro laboral suele existir un fondo especial para adultos sin ingresos, un seguro público de desempleo. En nuestro retorcido y vicioso régimen, repartir cargos públicos es el recurso que sustituye al ordenado y controlable sistema de seguro de desempleo. El prebendarismo es arbitrario, caótico, inequitativo y onerosísimo; es un régimen que causa gravísimos problemas a la eficiencia en el funcionamiento de los organismos estatales y a las arcas públicas, comprometiendo severamente las posibilidades de desarrollo real del país.

    Ahora es el propio titular de la Secretaría de la Función Pública, Humberto Peralta, quien confirma que el 20% de los que reciben salarios estatales están sobrando, no tienen nada que hacer. De esta forma, de una cifra estimada de 300.000 funcionarios existentes, unos 60.000 haraganean en algún lugar de las oficinas públicas o directamente se quedan en sus casas, con el consiguiente alto costo para el erario.

    En consecuencia, hay una cifra elevada de funcionarios permanentes o contratados de los que muchos organismos deberían desprenderse, lo que clarificaría las oficinas atiborradas, definiría mejor las funciones, facilitaría el control del cumplimiento de reglas, suprimiría figuras de tan dudosa racionalidad y legalidad como los “comisionados”, y ahorraría mucho dinero al fisco.

    Por de pronto, existen dos figuras legales que están siendo completamente distorsionadas: la del “contratado”, que, según la ley, siempre debe responder a un caso excepcional y no convertirse en permanente, como ahora; y la del concurso de méritos, requisito que, cuando no se lo ignora directamente, no pasa de ser un trámite burocrático más para acceder al cargo ya obtenido.

    Sin soslayar que no todo el montón de dinero del que el Estado debe desprenderse mensualmente va al bolsillo de funcionarios menores y medianos. También –y en inmensa cantidad– a pagar remuneraciones extraordinarias, varios aguinaldos extemporáneos y gratificaciones especiales, de nivel “Primer Mundo”, que avivados titulares de ministerios y secretarías, de entes descentralizados y sociedades anónimas estatales se autoasignan.

    Lamentablemente, de los senadores y diputados no hay que esperar iniciativa alguna en esta materia, pues es obvio que no moverán un dedo para cambiar el régimen que ellos mismos crearon y tanto les favorece. Deberán ser presionados por la opinión pública, embretados por la ciudadanía, obligados a ceder sus abusivos e injustos privilegios y a cooperar con la tarea de suprimir el prebendarismo.

    Es el Poder Ejecutivo el que debería tomar la iniciativa de reformar este sistema viciado. Al mismo tiempo, el acompañamiento de los miembros del Poder Judicial es imprescindible, pues si los jueces se prestan a facilitar los obstáculos y sabotajes a las reformas, estas nunca podrán hacerse valer, como sucedió y ocurre ahora mismo con la Ley de la Función Pública, semiparalizada por acciones de inconstitucionalidad.

    Se debe concordar –no queda alternativa– en que el reordenamiento de las finanzas y funciones públicas debe comenzar a hacerse de inmediato, para que las reformas avancen gradualmente contra viento y marea –hay que prever que le lloverán las oposiciones, las huelgas, las acciones de inconstitucionalidad–, y permitan ver alguna luz al final de este negro túnel que acogota al pueblo paraguayo.

    Un buen primer paso constituye la lista de funcionarios solicitada por el Poder Ejecutivo, y cuyo plazo de presentación se cumplió ayer. Es muy importante que las autoridades del Gobierno del “nuevo rumbo” actúen en consecuencia y comiencen a sanear nuestra elefantiásica burocracia.

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    Publicado por Anónimo | 06/02/2016, 07:17
  14. “Los caballos y sus planilleros”

    Mario Aníbal Romero Lévera

    Estoy harto de ver gente que roba al pueblo, y específicamente me refiero a los “caballos” y a sus malcriados “planilleros”, a los que considero criminales, quitándole la oportunidad a muchos ciudadanos paraguayos para tener una vida más digna, y en muchos casos quitándole la vida literalmente, y lo que es peor… la esperanza de vida digna.

    Hace unos días publicaba, en una de sus redes sociales, un ex diputado paraguayo que según él existen dos tipos de “planilleros”:1) el que marca su entrada y salida, pero no trabaja;

    2) el que marca su entrada y salida, y se queda en su lugar de trabajo. Pero, no trabaja.

    Según su análisis este último es más nocivo. Porque no deja trabajar al que trabaja, además consume agua, electricidad, teléfono, Internet, papel, tinta, espacio, molesta, entre otros.

    Realmente al comienzo esa clasificación me generó hasta risas, pero luego, una gran molestia al conocer solo la situación actual de la Municipalidad de Asunción.

    Hace unos días el jefe de Gabinete de la Municipalidad de Asunción, Max Rejalaga, aseguró despedir alrededor de 500 “planilleros” lo que supondrá un ahorro de G. 1.300.000.000 por mes a la comuna capitalina. Esa cifra “solo” en esa institución. Y me pregunto ¿cuántos “planilleros” habrá en los 289.963 cargos públicos que soporta el Estado paraguayo? ¿Y si eso convertimos en guaraníes/mes?

    Personalmente estoy muy de acuerdo con las intenciones manifestadas y demostradas al respecto por nuestro presidente Horacio Cartes, y creo que debemos apoyarle. La presión para hacer lo contrario es muy alta, ya que con los años se dieron excesivos beneficios a algunas instituciones públicas, en especial las binacionales Itaipú y Yacyretá, generando una asimetría sin precedentes respecto al sector privado. Hoy ¿quién no quiere ser funcionario de Itaipú y Yacyretá? ¿Y cuántos de sus colaboradores ingresaron a través de un concurso de méritos y cuántos son realmente necesarios?

    Me tomé el trabajo para consultar con varias personas amigas sobre las causas del “planillerismo”. Me resumieron así: “fruto de la pésima justicia que tenemos y de nuestra maldita resignación”. Esto es lo que nos permite ver y comprobar las enormes asimetrías entre paraguayos. Esa es la percepción de muchas personas y es lo que también podemos observar, escuchar y leer a través de los distintos medios de comunicación.

    Finalmente, no quiero dejar de expresar mi preocupación por la pérdida de buenos valores de nuestras familias y que día a día se acentúa más el “planillerismo” porque el liderazgo está atomizado y los “caballos del comisario” corren libre esta carrera.

    ¿Qué podemos reclamar a nuestros hijos si estos aceptan ser “planilleros”?

    ¡El pueblo pide justicia!

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    Publicado por Anónimo | 05/02/2016, 04:48
  15. Los planilleros

    Por Caio Scavone

    Desde el 2010 la RAE (Real Academia Española) viene incorporando algunos vocablos originados en el Paraguay. Nuestros términos comunes están reconocidos y serán internacionales para que el idioma se enriquezca cada vez más.

    Algunos aportes criollos que aparecen son: plantera, puerqueza, aperitar, pirañita, tortolero, peajero y planillero. Los cuatro últimos vocablos no podían tener otro génesis más que el Paraguay. Es muy probable que este país le haya dado también cuna léxica a: la joda, amiguismo, correligionario, compadrazgo, subsidio, nepotismo, contrabandista, sinvergüencía, marihuanero, sindicalista, corrupción, operador político, secretarias vip, narcopolítica, fonacide, amiwis, polibandi, caballo loco, chongo, coimero y otras palabras de alto linaje. Faltaría incluir un combo autóctono como: rekutu, trato apu’a, pyrague, kuña’i, cras y hendy kavaju resa.

    Toda esta terminología forma parte de la identidad paraguaya que, del slogan “trabajo en primer lugar”, pasó a convertirse en “persona contratada que cobra un salario sin trabajar”. Esta es la definición que da la RAE del vocablo “planillero”. Quiere decir que nuestro asesor español se salva, ya que él cobra sin trabajar, pero fue nombrado.

    El presidente Cartes anunció que requerirá la inédita información sobre el nivel de capacidad, sueldo, qué hacen y cuántos son los funcionarios estatales que forman la larga lista de planilleros que tiene el Paraguay desde el año 2003. El origen del control presidencial viene del descontrol que existe de sus instituciones públicas plagadas de un ejército de recomendados sin base educativa, de secretarias de vida fácil pero de sueldo difícil de ganar, de la influencia de padrinos y madrinas para que aterricen y aterroricen al presupuesto de gastos y a la gente trabajadora de este Paraguay.

    Algunos capos de entes autárquicos salieron al paso de Cartes, como la ANDE y la ESSAP, a desperdigar comentarios que en sus respectivas instituciones no existen planilleros, tratándole prácticamente de mentiroso al Presidente. En Villarrica la aguatera hace agua todos los lados menos en nuestras canillas y es más reservorio de planilleros que de agua y la iluminada y excelente “Compañía de Luz y Fuerza SA” (CLYFSA) es un mal ejemplo para los miles de “electricistas” que oscurecen la imagen de este país. La ANDE tendría que aprender de la CLYFSA el saber trabajar y optimizar los recursos.

    Las dos instituciones públicas están con el aumento de sus tarifas. Con sus servicios, sin competencia, pierden plata sin pagar por la materia prima. Las dos cuentan con aptitudes inentendibles, venden agua y electricidad y anuncian suplicando que por favor no se use el agua y la electricidad. Solo en el Paraguay se imploran estos pedidos.

    El Municipio de Asunción acaba de comprobar la existencia de 577 planilleros y nadie descarta la enorme cantidad que debe existir en otras instituciones. Las planilleras también abundan a granel y son las que tienen escotes pronunciados, curvas pronunciadas y numerosos familiares. Tienen la complicidad del jefe inmediato, del subalterno y de quien las apoya tanto en el trabajo como el ciclópeo sueldo, autos, casas, viáticos y los aportes varios que se les brinda por su “delicada profesionalidad”.

    Existen planilleros que son todavía mucho más perjudiciales para el país. Son quienes puntualmente llegan a las oficinas para usufructuar los bienes y equipos del Estado. Hacen negocios por teléfono, usan el aire acondicionado y la computadora, gastan papeles, agua y gastan su tiempo. Convendría que queden en la casa y por delivery les acerquemos el sueldo a fin de mes.

    Los directores de entes anuncian que no tienen planilleros; si eso es así, deben llamarse San Antonio, el santo de las tres mentiras…

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    Publicado por Anónimo | 05/02/2016, 04:35
  16. Presunción de inocencia

    Algunos atribuyen que el origen histórico de la presunción de inocencia se remonta al Derecho Romano, y aunque la posterior irrupción del sistema inquisitorial adoptado por influencia del Cristianismo, la debilitó considerablemente.

    Ahora bien, ella ingresa formalmente al sistema legal de nuestro país, recién con la Constitución del año 1870, cuyo Art. 20 dice: “…La ley reputa inocentes aun los que no han sido declarados culpables o legalmente sospechosos de serlo, por auto motivado de juez competente…”.

    Aunque la redacción utilizada no sería la más adecuada para consagrar la presunción o estado de inocencia de los ciudadanos en la consideración de las autoridades políticas, administrativas y judiciales, resulta indiscutible que su enunciación en la Ley Suprema de la Nación, constituyó un paso trascendental en nuestra historia.

    Las siguientes Constituciones incluyeron disposiciones similares, la del año 1940, reproducía textualmente a la anterior, en su Art. 26, y la de 1.967, en parecidos términos expresaba: “…La Ley reputa inocente a quien no haya sido declarado culpable en virtud de condena de juez competente…”(Art. 63).

    Sin embargo, la presunción de inocencia consagrada por la Constitución Nacional, nunca bajó al plano de la realidad, debido a la supremacía de la voluntad de los gobernantes de turno, y la mayoría de las leyes dictadas por el Congreso, como si el principio consagrado en aquella, fuera algo así como un mero artículo decorativo.

    La Constitución de 1.992, por su parte, fue redactada con los ojos puestos en los instrumentos internacionales de protección y promoción de derechos humanos, que coinciden en consagrar la presunción de inocencia como uno de los Derechos Humanos fundamentales, o de primera generación.

    La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (1.789) expresaba: “…Presumiéndose inocente a todo hombre hasta que haya sido declarado culpable, si se juzga indispensable arrestarlo, todo rigor que no sea necesario para asegurar su persona debe ser severamente reprimido por la ley”, y; ya en el siglo pasado, la Declaración Universal de Derechos Humanos (1.948) y la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre (1.948), la consagraban, en los términos de sus Arts. 11 y 26, respectivamente.

    Poco después, los Estados asumieron la obligación y responsabilidad internacional de respetar la vigencia de la presunción de inocencia, mediante el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (16.2.) (1.966), y la Convención Americana sobre Derechos Humanos (8.2.) (1.969).

    El proceso de instauración de un régimen de amplias libertades civiles y políticas, iniciado apenas tres años antes de la promulgación de la Constitución actual, parecía el momento oportuno y adecuado para que la corriente garantista del pensamiento vaya ganando espacios, hasta derrotar definitivamente al sistema inquisitorial heredado del Medioevo, profundamente arraigado en nuestra sociedad.

    Los principios Constitucionales bajaron al nivel de las leyes, y seis años después, se promulgaba el actual Código Procesal Penal, que tenía como propósito hacer efectivas las disposiciones previstas la Ley Suprema, dando la sensación que estábamos en presencia de un verdadero proceso revolucionario, que no reconocería de retrocesos. Varias leyes dictadas en la primera década de vigencia de la Constitución parecían confirmarlo.

    Pero, lentamente el proceso fue desacelerándose. La conducta de las autoridades que sin el menor esfuerzo fueron recobrando las viejas prácticas, en violación a las leyes y a la misma Constitución, no encontró obstáculos en la sociedad, ni crítica en los medios de prensa.

    Nos había ocurrido lo peor. La Constitución y las leyes se modernizaron, las Instituciones se adecuaron, pero, la mentalidad no evolucionó.

    Por eso, cuando el nuevo intendente de la ciudad Capital de la República, consultado por la prensa sobre la situación que afectaba a la Sra. Karina Rodríguez, Directora del Área Social de la Institución a su cargo, dijo: “Para mí, la presunción de inocencia es algo central”, consideré se trataba de un gesto importante que parecía dejar translucir la enunciación de un criterio que se proyectaría a todos los aspectos de la nueva gestión municipal.

    Que un ciudadano común proclame y reclame el respeto a la presunción de inocencia no es algo que debiera sorprendernos, pero que se trate de un funcionario público, y más aún si es una autoridad, es algo que merece la mayor atención.

    Debemos coincidir con el intendente Ferreiro. Tanto Karina Rodríguez, como las cuatrocientas personas sospechosas de plantilleras, que integran la nómina de funcionarios y contratados de la Municipalidad de Asunción, según los anuncios oficiales de sus autoridades, son – y seguirán siendo – inocentes, “…hasta que hayan sido declarados culpables…”.-

    Debemos esperar – también – que, desde la Municipalidad de Asunción, se ponga en vigencia la “presunción de inocencia”, no solo para con sus altos funcionarios, sino para con todos los ciudadanos que habitan y transitan por la ciudad, superando definitivamente el viejo, ilegal e inconstitucional procedimiento policial de “Barreras”, que se funda en la presunción de que todo conductor de un vehículo, se encuentra en infracción.-

    Las “jaurías de zorros” (como calificara alguna vez el hermano del Intendente, el Senador Adolfo Ferreiro) que realizan controles en barreras, cortes de ruta o retenes, son la más clara expresión de la violación del principio de inocencia, y por ello, a partir de las expresiones del Intendente, albergamos la esperanza de su desaparición.-

    Jorge Vasconcellos

    http://www.adndigital.com.py/index.php/impreso/columnistas/13146-presuncion-de-inocencia

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    Publicado por Anónimo | 04/02/2016, 08:52
  17. La vagancia como profesión

    La nota que le envió al intendente Ferreiro el Sindicato de Funcionarios Municipales, en donde amablemente le advertía que podrían haber cuestiones que lamentar para su administración si se diera a conocer el listado de más o menos 400 planilleros sin que los sindicalistas pudieran hacer una depuración, no es más que una amenaza que prueba que la decisión, tanto del gobierno central como del municipal de Asunción, de despedir a todos los planilleros no será cosa de soplar y hacer botellas.

    En la Municipalidad, los despidos afectarán a 400, en la Administración Pública, a casi mil. Imagínense a 100 mil personas que de un día para otro pierden su fuente de ingreso, aunque jamás hayan movido un dedo para merecerlo. Vivir del Estado, abusar de él y dejarlo maltrecho es una costumbre del paraguayo sin importar su estrato social. Claro que el rico vive y aprovecha más que el pobre, pero ambos tienen la idea de que las arcas públicas deben alimentar sus bolsillos, con el menor esfuerzo posible de parte de ellos.

    Y vamos a dejarnos de joder. Entre estos aprovechados, en primer lugar están los sindicalistas, que han hecho de la vagancia una profesión. Ellos son los primeros planilleros ya que no trabajan en las instituciones donde cobran salario con la excusa de que deben ocupar su tiempo en defender los derechos de los que sí trabajan.

    Estoy convencida de que en la lista de la Municipalidad hay muchos sindicalistas, y ellos también lo saben, por eso hablan de “depuración” cuando que lo que intentarán será extorsionar al intendente y amenazarlo con huelgas y otras medidas de fuerza para evitar perder su curro.

    Y esto, seguramente, lo van a hacer todos los sindicatos de funcionarios del Estado, que pelearán como gato panza arriba para no perder sus privilegios inmerecidos, conseguidos en base a prebendas y negociados.

    Lo que tiene que saber esta gentuza es que somos un importante número de ciudadanos que estamos hartos de que nos vivan no solo los gobernantes de turno sino también esos compatriotas que, aunque tienen nuestros mismos orígenes, han decidido cruzar a la vereda de enfrente y unirse a los que nos roban todos los días.

    Hace unos días, con un grupo de amigos nos pusimos a analizar lo que pudiera ocurrir en el caso de que el sindicato municipal llame a una huelga general de sus afiliados, a fin de frenar los despidos. Y surgió una idea fantástica: convoquemos a la ciudadanía honesta de Asunción para que done un poco de su tiempo y vaya a cubrir los puestos que quedan vacíos a causa de los huelguistas, para que la actividad en la Municipalidad de Asunción no se detenga.

    Así que les advertimos a estos badulaques, haraganes y sinvergüenzas que hay una ciudadanía que está dispuesta a no permitir que el gobierno municipal se deje presionar por ellos. Y queremos que el intendente sepa que cuenta con nosotros, que somos gente que no permitirá que afloje en su decisión, y nos ponemos a su disposición para trabajar ad honorem en los lugares que los huelguistas dejen vacíos.

    Hay que terminar con el poder que tienen estos ladrones de pacotilla.

    Marilut Lluis O´Hara

    http://www.adndigital.com.py/index.php/impreso/columnistas/13149-la-vagancia-como-profesion

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    Publicado por Anónimo | 04/02/2016, 08:51

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Escuchas publicas

El tema que tiene que ver con este escándalo de las escuchas telefónicas que envuelve el tráfico de influencias, que todos presumiamos que existía de manera clara pero nunca de manera tan desembozada y tan elocuente, como el que hemos tenido la oportunidad de poder comprobarlo. Lo que queda ahora es corregir lo que está mal y eso significa que el Congreso debería suspender a González Daher, en sus funciones como representante ante el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados, y hacer un planteo severo en torno a la continuidad de esta institución, además de eso tendríamos que escuchar de manera mucho más valiente y objetiva las denuncias de fiscales y de jueces en torno a este tráfico de influencias, denunciando en los casos en los que habían sido sometido a una situación similar, haciendo que la justicia vuelva a ser creíble, y por sobre todo previsible de este país, que tiene una gran deuda con la sociedad en ese campo. Si la sociedad define la democracia como el estado de derecho, es evidente cuando vemos que ella es sujeta de las manipulaciones, tergiversaciones, chantajes y extorsiones, más claras que las que hemos podido comprobar en las últimas horas, nadie puede estar seguro en este país, y es el tiempo de corregir aquello que está mal y ademas de eso se tiene la oportunidad este domingo de castigar aquellos que se han apartado de lo que se espera debería ser la democracia, es el tiempo de los ciudadanos y en ese sentido nos queda ajustar cuentas con aquellos que se han apartado de manera clara y elocuente del mandato que recibieron de parte de nosotros, sus mandantes. (BFB)

Empresas del Estado

Uno de los grandes desafíos que tenemos en el país es indudablemente el encontrar un modelo económico que nos permita centrar la labor del Estado en lo que le corresponde realizar, cuando vemos mucho de las empresas públicas y especialmente en este verano, en que volveremos a padecer las consecuencias de una empresa monopólica como la ANDE, que no puede garantizar un buen servicio, por diferentes razones, se quejaron este año, porque las tarifas estaban fuera del rango que debieran, se incrementaron  esos números, pero no se mejoró el servicio, ahora aparece el argumento de que vienen de varios años de desfinanciamiento y que por lo tanto llevará todavía una buena cantidad de tiempo, ponerse a la altura y exigencias de la demanda de la gente. Pero si vemos también hay otras empresas públicas como el caso de la INC, que compra una nueva planta para procesar clinker y que ha tenido más de cien fallas, en un período de prueba y que podría ser otro gran elefante blanco, adquirido por el estado a las costas de cada uno de los contribuyentes, vemos de que hay algo mucho más profundo y grave en todo esto, el Estado no sabe hacer bien estas cosas y cada vez nos cuesta mucho más mantener a un personal ocioso y además de todo eso manipulado en tiempos electorales para que voten por que se sigan siendo manteniendo las cosas hasta ahora, nos cuestan mucho las empresas monopólicas del Estado, pero por sobre todo no vemos un rol del estado propiamente, incluso en aquellos sectores en donde debería actuar como elemento regulador del mercado. En definitiva tenemos dificultades filosóficas, administrativas y de gestión. (BFB)

A platazo

Es evidente que las campañas sacan lo mejor y lo peor de las personas, algunos demuestran cual es su verdadera concepción con respecto al poder, que es lo que entienden con respecto al de la prensa, a las encuestas, al twitter. La expresión del presidente Cartes de acusar de muchos de los males del país a los periodistas y especialmente aquellos que son críticos a su gobierno, y afirmar en términos bastantes soeces a la labor que cumplen algunos es una demostración de pobreza de espíritu que dominan a varias personas en estas elecciones. También ha sido noticia el hijo de la dip. Perla de Vazquez, exhibiendo dólares sobre una mesa dispuesto a comprar la voluntad de los votantes santanianos en el dia de los comicios, otras expresiones más se dieron en el transcurso de esto que casi siempre rodea a la práctica electoral y que demuestra, reitero, nuestra pobreza cívica, nuestra pobreza moral y nuestra pobreza argumentativa, no somos un país en el que estamos acostumbrados a debatir sus diferencias y a plantear propuestas, somos más bien personas que responden con insultos y agravios, cualquier afirmación que no sea la que uno comparte o tiene como argumento central. En definitiva las cuestiones electorales han vuelto a mostrar lo peor y pocos casos de lo mejor de nuestra sociedad, y varios de los temores que son permanentes en la vida política nacional, la posibilidad de comprar las voluntades de los votantes o de torcer las voluntades de los trabajadores del sector público, que más de 300mil de ellos, casi siempre son carne de cañón en los procesos electorales.   (BFB)

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