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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

El costo financiero de nuestra deuda pública externa

La deuda externa de nuestro país al cierre del 2015 ascendía a más de US$ 3.900 millones, equivalente al 14% del PIB, la cual aparentemente continúa encuadrándose dentro de los límites no superiores al normal, pues según lo habían señalado organismos multilaterales que lo que habrá que cuidar es que no sea superior al 18%.

Por suerte hasta ahora al menos los costos financieros que llevan aparejado las transacciones que se han realizado ya sea vía préstamos de organismos multilaterales internaciones y/o vía emisión de bonos soberanos han sido razonables, pues como lo he leído en un artículo, si la FED llegare a decidir en los próximos meses un nuevo incremento en las tasas de interés se daría una amplia posibilidad de que un monto importante de dólares tengan que ir migrando de las economías emergentes hacia los EEUU, donde aparte de estar rindiendo mejores retornos por las inversiones estamos hablando de un país con una economía muchísimo más sólida, comparativamente con países de la región específicamente.

Aquí considero que uno de los aspectos más importantes que nuestras autoridades económicas deben tenerlo muy en cuenta es que estos préstamos tengan un uso eficiente, pues de nada vale que tengamos en caja de ahorros montos importantes aún no utilizados provenientes de emisiones anteriores de bonos soberanos y que probablemente nos estarían generando una tasa de interés negativa vs. los costos financieros que fueron pactados en su momento.

El hecho específico de que la cotización del dólar tenga una tendencia cada vez más alcista dentro de nuestro mercado de divisas, debido a factores exógenos y endógenos, quizás no estaría impactando tan negativamente en las arcas fiscales, dado que el gobierno no solo posee ingresos tributarios en guaraníes sino también en dólares, lo que hace como dicen los americanos se cuente con un razonable “hedge” en cobertura tanto del capital como de los intereses que van devengando estos préstamos.

Hoy día Paraguay es el único país de la región cuya calificación de riesgo tiene una tendencia positiva, lo cual es un punto a favor, pues de darse en los próximos meses el cumplimiento de los principales requisitos establecidos por las calificadoras de riesgos internacionales (incremento en obras de infraestructura, respeto al tope de la política fiscal, estabilidad macroeconómica e institucional), y que todo ello se vaya trasuntando en un nivel más sólido de nuestra microeconomía, de hecho nos estarían poniendo “a las puertas” de un potencial upgrade a nuestra calificación de solvencia, que nos permita alcanzar el anhelado grado de inversión, la que de concretarse en este 2016 independientemente de ser un espaldarazo para el país, nos permitirán poder seguir negociando con futuros potenciales inversionistas tasas de intereses competitivas para cuando volvamos a tener necesidad de una nueva eventual emisión de bonos soberanos.

Nada resulta fácil por supuesto, pero “la pelota está en nuestra cancha” y ya dependerá mucho de la “muñeca” con que tanto el sector público como privado puedan manejar en forma eficiente y eficaz lo que podría depararnos nuestro desarrollo económico en los próximos meses que hasta ahora al menos como lo ha señalado un periodista se lo ve bastante nublado.

En principio, y no es nada utópico las perspectivas preliminares de poder lograr este año un crecimiento económico a nivel regional no menor al 3%, aunque lo que ha señalado el ex ministro de hacienda de Chile Dr. Felipe Larraín de que no tenemos que seguir comparándonos con los demás países de la región en donde el crecimiento es casi negativo, sino con los de la alianza para el pacífico, para que realmente el mismo pueda ser sostenible y sustentable y que tenga “peso”, pues aquí es como sucede en la escuela y en el colegio. No es muy complicado cuando uno es un alumno aplicado poder compararse con los que no estudian, sino para que los parámetros comparativos tengan sustento deberían serlo siempre con sus pares pues de lo contrario seria una comparación no aplicable entre aceite y vinagre.

El escenario económico a nivel tanto regional como de extrarregión en este 2016 no será nada fácil nuevamente, pues mientras nuestro país siga sustentando gran parte del peso de su economía en la exportación de materias primas siempre seguiremos expuestos a los efectos negativos de las volatilidades de precios en el mercado internacional.

Es por ello que definitivamente no podemos seguir hablando “in eternum” de la buena cosecha de soja en grano, ni de los buenos niveles de exportación de carne bovina, sino que tenemos que fortalecer nuestro lenguaje tradicional y empezar a hablar cada vez más y más de exportaciones de productos industrializados, con mercados diversificados y muy bien atomizados.

Ese será el verdadero día en que realmente podemos decir que hemos dado un muy buen paso al frente, pues no es la producción y exportación de materias primas las que fortalecen las economías de los países sino que es la palabra industrialización, la que realmente algún día nos estaría dando la verdadera membresía como país bendecido por Dios, en cuanto a la gran riqueza en recursos naturales que poseemos y que ya en pleno silo XXI todavía no hemos aprendido “a sacarle el jugo” como realmente corresponde y que se torna muy necesario dentro de este mundo globalizado, pero cada vez más complejo y competitivo.

Por Juan Carlos Zárate Lázaro

http://www.lanacion.com.py/2016/01/26/el-costo-financiero-de-nuestra-deuda-publica-externa/

 

 

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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11 comentarios en “El costo financiero de nuestra deuda pública externa

  1. La verdadera deuda pública

    El nivel de deuda pública en Paraguay está en 22,5% del producto interno bruto (PIB) que, al comparar con el nivel de los países de la región, es uno de los más bajos.

    Podemos discutir si es sostenible en el tiempo, si el manejo de pasivos o “bicicleteo” es prudente o no; pero, más allá del debate técnico sobre el asunto, hay una deuda pública mucho más grave y tangible que aquellos millones de dólares comprometidos a pagar a organismos internacionales.

    La verdadera deuda pública la siente el empresario que invierte millones de dólares en grandes construcciones, que genera en empleo y le maquillan los números macroeconómicos a este gobierno de turno; pero que en contrapartida este mismo inversor ve cómo continúan los baches, las cloacas a cielo abierto y los raudales a falta de un desagüe pluvial frente a sus monumentales edificios.

    Con total honestidad no sé cómo las autoridades del gobierno municipal y la Administración Central se animan a ir a esos eventos de inauguración a soltar la cinta cuando el fétido aroma se percibe a pocos metros.

    Deuda pública es no otorgar al sector Salud un mayor presupuesto, y a la vez, seguir pagando casi G. 2.000 millones en un seguro privado a parlamentarios que, por su nivel de ingresos, tranquilamente pueden financiarse el tipo de atención que deseen.

    Esa deuda indignante que la siente el paraguayo de a pie, que forma fila para sacar turno en un hospital público desde las cuatro de la mañana, para que cuando por fin le atiendan (si consiguió que aparezca el médico) le digan que no hay medicamentos, y que su cirugía programada pasa para dos meses más porque tampoco hay insumos. Esa deuda pública es intolerable.

    Deuda pública es que el ciudadano siga viajando en la estribera de un bus chatarra para ir al trabajo; son los altísimos niveles de inseguridad en las calles, son esas escuelas cuyos techos se caen sobre los estudiantes por falta de mantenimiento, esta es la deuda palpable de estos administradores de turno.

    Y esta es la razón por la que esta cuestión genera molestia; pues mientras se ha hecho tan poco para atenuar toda esta intolerable deuda, nuestra clase política paraguaya sale otra vez a plantear con descaro la reelección aun pisoteando el mecanismo constitucional.

    ¡Que la gente decida! es la consigna que tiran desde el sector oficialista para instalar algo que –en el fondo– lo único que pretende es lograr otros cinco años más para seguir haciendo negocios a costa del Estado o beneficiando con recursos públicos a toda la parentela y amigos.

    La verdadera deuda pública la tienen ustedes, con un país al que prometieron un “nuevo rumbo”, para en realidad dar más de lo mismo.

    Por Samuel Acosta

    http://www.ultimahora.com/la-verdadera-deuda-publica-n1047500.html

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    Publicado por Anónimo | 15 diciembre, 2016, 8:46 am
  2. Las obras están
    24 octubre, 2016

    El diario ABC se desgañita y arrastra a los incautos de siempre a una opinión tremendística sobre el tema del crecimiento de la deuda. Los “vaticinios” son cada día más exagerados al punto que –según advierten- se arriesga a enajenar el futuro de generaciones enteras de paraguayos. Artimañas para vender más diarios a los contreras de siempre, pero nada más. Ni la deuda es astronómica, lo dicen el FMI, el BID y cuanto organismo internacional se ocupa del tema, ni se va a hipotecar el futuro de nadie, etc. Ahora, lo que se debe destacar y por supuesto que el tema no le interesa al dueño de ABC, es un asunto fundamental. Y que marca la diferencia con los gobiernos anteriores que endeudaron al país. Esto que vamos a anotar debe brillar con letras de oro en cualquier análisis que se haga del tema este tan agitado por los trasnochados escribas de Zuccolillo.

    Las obras están. Se están haciendo. Se concluyeron algunas. Se licitan otras, se está batiendo un récord de 12 años en la materia. Nunca ningún gobierno ejecutó tanto ni tan bien el presupuesto del MOPC. Y vamos por más.

    La plata no fue a parar a un agujero negro como en el pasado, en tantos casos. Eso es lo que debería temer ABC, pero no, le basta con encajar palos a la rueda del Gobierno, en una demencial campaña que tiene eco solamente en la entente sin rumbo ni futuro, empotrada en el Senado y capitaneada, ¡oh vergüenza para los colorados¡- por Desirée Masi, la del partido familiar.

    Por donde se mire se encaran obras gigantescas, todas destinadas a beneficiar a un amplio sector de la ciudadanía, como rutas, viviendas sociales, viaductos, etc., que demuestran a las claras que esas deudas que se han adquirido en este tiempo no han sido objeto de ningún negociado sino que se han destinado para lo que habían sido previstas.

    Lo reiteramos para que quede bien claro. Esto es muy diferente a lo que ha ocurrido siempre en gobiernos anteriores, en donde se contraían deudas que hasta hoy sigue pagando la ciudadanía paraguaya. Y no es que haya empezado con la democracia sino que es una costumbre nefasta que viene desde la dictadura. Producto de ello es la millonaria deuda contraída en la época de Gramont Berres, que hasta hoy el gobierno suizo reclama a nuestro país.

    Pero para no alejarnos tanto en el tiempo recordemos la deuda adquirida por el gobierno de Fernando Lugo con la petrolera venezolana PDVSA, que hoy está exigiendo el pago de la misma como forma de chantaje para que nuestro país deje de presionar al Mercosur y al resto de la comunidad internacional para que se tome una decisión democrática sobre el gobierno de Nicolás Maduro. Por si fuera poco, no solamente debemos pagar una deuda que nadie sabe para qué se adquirió ni qué se hizo con el dinero obtenido, sino que debemos soportar la vergüenza de que un dictador de pacotilla nos deje en evidencia por no haber cumplido con los compromisos contraídos.

    De esa época también vienen los préstamos internacionales para la construcción de viviendas sociales que jamás se terminaron y que quedaron abandonadas a la vista de todos, aunque todo el dinero previsto desapareció en un gran agujero negro al que iba a parar cualquier préstamo internacional que obtenía el gobierno de turno endeudando al país y las futuras generaciones.

    Esas sí eran deudas nefastas porque lo único que hacían era enriquecer cada vez más a los mandamases de turno, mientras el país seguía sufriendo los mismos males de siempre, sin caminos adecuados para que los campesinos puedan hacer llegar sus productos a los mercados importantes, sin escuelas, sin hospitales, sin viviendas. Nada de esto podrá ser definitivamente solucionado en los menos de 2 años que quedan de este gobierno, pero el paso dado es fundamental y de los futuros gobiernos dependerá que el avance siga su curso y termine por convertir a nuestro país en lo que debe ser, avanzado, moderno y adecuado para dar una vida digna a sus habitantes.

    Las monumentales obras emprendidas por este gobierno harán posible que las deudas contraídas para el efecto sean fácilmente honradas por el país, esa es la verdad de la milanesa, como se dice vulgarmente. El resto es hojarasca. Basura. Como suele decir HC: Los números cantan…y son irrebatibles.

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    Publicado por Anónimo | 24 octubre, 2016, 7:33 am
  3. Endeudamiento: Además de irresponsable, poco transparente

    El endeudamiento en que está incurriendo el actual Gobierno ya dejó de ser un problema que generaba dudas, para pasar a ser un tema que –además de ser calificado de irresponsable– genera desconfianza acerca de la transparencia de la información que provee el Ministerio de Hacienda. Varios parlamentarios y referentes de opinión empezaron a cuestionar las cifras acerca de los montos reales que implica el endeudamiento a corto, mediano y largo plazos. El Ministerio de Hacienda debe proporcionar los informes técnicos necesarios para que la ciudadanía sepa con exactitud no solo la deuda actual, sino también las futuras deudas derivadas de los proyectos de inversión y de las alianzas público-privadas.

    El Gobierno ya perdió capacidad para convencer acerca del bajo nivel de endeudamiento y de la sostenibilidad de la deuda y ahora genera desconfianza sobre el nivel real del mismo. Esto es grave.

    El argumento central de los primeros años de gobierno fue que el nivel de endeudamiento con respecto al PIB era bajo, por lo cual no era un problema aumentar la deuda.

    Lo que no informaba con el mismo énfasis era que los escenarios internacionales estaban cambiando hacia menores niveles de crecimiento, sobre todo de las economías muy vinculadas a la paraguaya.

    Este cambio de escenario hace que el peso de la deuda contraída aumente más por efecto de una reducción del crecimiento del PIB, por lo que, al transcurrir el tiempo, la proporción deuda/PIB tendería a crecer; situación que empeora con la contratación de nuevas deudas.

    La segunda falacia es que el indicador deuda/PIB es relevante para países en que el crecimiento del PIB genera los impuestos necesarios para el pago de la deuda, situación que no necesariamente es la de Paraguay.

    En nuestro país, es sabido que los sectores en los que crece el PIB son los que menos aportan al fisco; por lo tanto, es casi mentir a la ciudadanía cuando se sostiene que la deuda es baja porque se compara con el producto.

    Por otro lado, aunque sea cierto el supuesto de que la deuda se pagará “casi sola”, porque contribuirá al crecimiento y ello generará los recursos para el repago, esto solo sería posible si los recursos provenientes del endeudamiento se destinarán a infraestructura; sin embargo, ya estamos viendo que una alta proporción de los mismos se utilizan para cubrir deudas anteriores. Es decir, el endeudamiento no necesariamente contribuirá al aumento de infraestructura, que a su vez impulsará el crecimiento del PIB.

    Finalmente, el argumento de la sostenibilidad de la deuda hay que tomarlo con cuidado en un país con deudas sociales pendientes, como la pobreza, la exclusión en salud, la mala calidad de la educación, los déficits en vivienda y las importantes brechas de desigualdad que contribuyen a la conflictividad, a la penetración del narcotráfico y la persistencia de grupos delictivos.

    Pagar la deuda en un país sin capacidad recaudatoria de recursos genuinos, o sea de impuestos, siempre ha implicado restricciones presupuestarias al gasto que afectan de manera directa a la gente.

    En el Presupuesto público no hay secretos. Si no se cobran impuestos, el pago de la deuda se realiza a costa de la reducción del gasto.

    Siempre los más afectados son quienes menos poder tienen.

    Y en un Estado como el paraguayo sobran los ejemplos de corrupción, tráfico de influencia, conflictos de interés que han terminado poniendo los intereses privados de grupos minoritarios por encima de los intereses nacionales y de las necesidades de la mayoría.

    http://www.ultimahora.com/endeudamiento-ademas-irresponsable-poco-transparente-n1030472.html

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    Publicado por Anónimo | 12 octubre, 2016, 8:25 am
  4. La gestión de la deuda exige cambios estructurales

    El informe de la Contraloría General de la República (CGR) alerta sobre situaciones complejas en torno al manejo de la deuda, algunas conocidas por la ciudadanía y otras nuevas que se originan en la gestión interna de la deuda por parte de Hacienda y de otras instituciones involucradas. Cualquier tema relacionado con la deuda debe interesar a la ciudadanía, teniendo en cuenta su impacto en el presente y en el futuro. De un país con bajos niveles de endeudamiento, Paraguay pasó en muy poco tiempo a una situación riesgosa, dados todos los factores que alerta el informe señalado. El Gobierno debe actuar con responsabilidad; le está dejando a próximos gobiernos y siguientes generaciones el peso del pago.

    Dos temas importantes percibidos por la ciudadanía como riesgosos en el manejo de la deuda son el excesivo aumento de la deuda en muy poco tiempo y el uso de los recursos. El aumento de la deuda preocupa, ya que refleja un problema estructural del Presupuesto, dado por la baja recaudación de tributos, que son los recursos genuinos para financiar los gastos públicos.

    El pago de la deuda, tanto del capital como de los intereses, debe ser realizado en los plazos y montos comprometidos para no poner al país en una situación internacional desventajosa . Tal como señala el informe de la CGR, el Ministerio de Hacienda no cuenta con una estrategia a largo plazo para honrar la deuda, como, por ejemplo, la creación de un fondo que permita prever los fondos para el pago del capital, con lo cual los siguientes gobiernos tendrán la responsabilidad de pagar sin contar con los recursos. La falta de planificación –junto con los bajos niveles de recaudación tributaria– está obligando a pagar los intereses de la deuda contraída con nuevas deudas. Desde cualquier punto de vista es inadecuado y es el segundo motivo de preocupación.

    El argumento principal para contraer la deuda fue la necesidad de mejorar la infraestructura, de manera a impulsar el crecimiento económico. El dinamismo económico, a su vez, mejoraría las recaudaciones tributarias y generaría los recursos para pagar la deuda. Esta lógica de la argumentación no se está cumpliendo y la deuda se está pagando con nuevas deudas.

    Otro aspecto analizado por el informe, pero todavía no muy difundido, es que lo que se está destinando a infraestructura no se ejecuta en tiempo y forma debido a los problemas de gestión. Esta situación no es nueva; al contrario, es un problema histórico del sector público. En general, la administración pública ejecuta con puntualidad solo los salarios; la ejecución en el resto de los rubros es lenta y se produce en los últimos meses del año o queda sin ejecutarse. Cuando se trata de préstamos, la situación se agrava porque los intereses se continúan pagando aun cuando no haya ejecución. Asusta que la principal institución estatal encargada de los recursos públicos tenga los supuestos problemas de gestión de la deuda que el informe destaca.

    El Ministerio de Hacienda se conocía como una de las instituciones más profesionalizadas del sector público; sin embargo, los hallazgos de la entidad contralora ponen en tela de juicio esta percepción. Más todavía considerando los desproporcionados beneficios que tienen sus funcionarios frente a otros del sector público.

    El Ministerio de Hacienda debe tomar en consideración las alertas de la CGR, que se suman a otras ya señaladas en informes de entidades internacionales. La sensación de que se empieza a ser irresponsable con el endeudamiento parece fortalecerse en la sociedad, lo que debe revertirse con la implementación de cambios estructurales en la gestión de la deuda y la información de los cambios a la ciudadanía.

    http://www.ultimahora.com/la-gestion-la-deuda-exige-cambios-estructurales-n1026940.html

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    Publicado por Anónimo | 28 septiembre, 2016, 5:36 am
  5. Responsabilidad

    A fines de 2013 se aprobó una de las leyes más importantes del país en materia económica. El proyecto fue elaborado por el ex ministro de Hacienda Manuel Ferreira Brusquetti y aprobado durante los primeros meses de gobierno de Horacio Cartes: la Ley de Responsabilidad Fiscal.

    El principio de esta normativa es asegurar la sostenibilidad de las finanzas públicas en el mediano plazo, teniendo como meta resultados fiscales que no causen efectos negativos sobre la estabilidad macroeconómica y preservando el equilibrio entre los ingresos y gastos.

    Asimismo, fijó cuatro puntos básicos para el sector público: que el déficit fiscal (más gastos que ingresos) no debe superar el 1,5% del PIB; que el incremento del gasto corriente primario (gasto total, excluyendo pago de intereses) no exceda a la tasa de inflación interanual más el 4%; que no se puedan incorporar incrementos salariales, excepto cuando se produzca un aumento en el salario mínimo del sector privado; y, finalmente, que en años electorales, el gasto corriente primario –entre enero y julio– no sea mayor al 60% del presupuesto aprobado para ese año, excluyendo al Poder Judicial de esa restricción.

    Para cumplir el tope del déficit fiscal fijado en la ley, el Ministerio de Hacienda cambió la forma en que medía las cuentas fiscales. Hasta el año 2014, utilizaba el “Manual de estadísticas de las finanzas públicas” del año 1986 del FMI, y desde el año pasado utiliza una versión del año 2001. Con esto, gastos que anteriormente incrementaban el déficit fiscal, fueron reubicados, por usar un término, y con ello el saldo negativo de las cuentas fiscales disminuyó.

    El Ejecutivo pretende ahora que esta norma, que por fin permitió poner un tope a las apetencias de los legisladores en años electorales, sea cambiada. Ello, aunque apenas pasaron dos años y medio de su aprobación; y de que efectivamente empezó a ser aplicada recién desde el año pasado.

    El argumento esgrimido por el Ejecutivo para modificar la norma es permitir que el déficit fiscal pueda ser mayor cuando esté destinado a financiar inversiones. Discutible o no el fin de la intención, enrarece el ambiente la pretensión de cambiar algo cuya efectividad aún no puede ser medida en apenas un año de implementación. Respetar las normas establecidas es el principal punto para atraer inversiones y esto debería saberlo el Gobierno. Es necesario mantener las reglas claras si de verdad se pretende construir el país que todos queremos.

    Por Wendy Marton

    http://www.ultimahora.com/responsabilidad-n981496.html

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    Publicado por jotaefeb | 11 abril, 2016, 5:41 am
  6. Endeudar al país exige cambios en la gestión del Presupuesto

    El ministro de Hacienda se reunió esta semana con el presidente del Senado para tratar varios temas económicos, entre ellos la solicitud de aprobación de nuevos préstamos con entidades financieras internacionales. No cabe duda acerca de la necesidad que tienen el país y la población de contar con mejores políticas públicas. Sin embargo, utilizar como fuente de financiamiento al endeudamiento presenta riesgos y empieza a ser irresponsable dada la falta de reformas estructurales que permitan recaudar más y mejor y garantizar la calidad del gasto público. La solución actual es la más fácil: endeudar para realizar obras sin comprometerse a sentar bases firmes para que el endeudamiento beneficie a todos.

    Varios estudios a lo largo de los últimos años han demostrado la inequidad tanto del gasto como de los ingresos tributarios en Paraguay. Es decir, las obras, los servicios públicos y la mayoría de las acciones gubernamentales benefician en mayor medida a sectores de mayores niveles de ingresos, mientras que el pago de impuestos exige un sacrificio mayor a trabajadores, pobres y, en general, a los de menores ingresos.

    En definitiva, la política pública no solo no logra revertir el problema más grave que tiene el país que es la desigualdad, sino que contribuye a exacerbarla. Están ampliamente reconocidos los efectos negativos de altos niveles de desigualdad en el crecimiento económico y la gobernabilidad, por lo que no debe dejar de considerarse esta situación a la hora de evaluar los pilares del financiamiento público.

    Más allá de la inequidad que traerá consigo el aumento de la deuda externa, un tema central es la calidad del gasto. La prensa expone diariamente y la ciudadanía siente de manera cotidiana los pésimos resultados de la gestión pública. Obras de infraestructura que no cumplen las especificaciones técnicas contratadas y que tardan más de lo debido; servicios públicos deficientes y carencia de insumos son sufridos permanentemente por la ciudadanía, a pesar de que en los últimos años han aumentado los recursos públicos, muchos gracias al endeudamiento.

    A la par del aumento de la deuda, el Gobierno debería mejorar sus mecanismos de contrataciones públicas y de control de la gestión, minimizar las posibilidades de conflictos de intereses y colusión en el marco del trabajo con el sector privado y garantizar mayor transparencia. Adicionalmente, no puede dejar de considerar el rol fundamental que tiene el Poder Judicial en la lucha contra la corrupción al eliminar la impunidad. Mientras no tenga ningún castigo robar al Estado, el país seguirá padeciendo los resultados de un sector público incapaz de implementar políticas que satisfagan necesidades ciudadanas.

    El mismo ritmo que el Gobierno le está dando al endeudamiento externo debe darles a las reformas del sector público que permitirán que las obras realizadas tengan el impacto previsto en el bienestar de la población. Sin embargo, esto no será suficiente: el país debe crear las condiciones para el repago de la deuda, lo que implica también reformas tributarias. De hecho, actualmente ya hay problemas en este sentido, por lo que el Ministerio de Hacienda está debiendo pagar intereses de deuda ya contraída con nuevas deudas.

    A la deuda de la emisión de bonos y de préstamos con organismos internacionales se agregan los riesgos derivados de las alianzas público-privadas y la eventual generación de pasivos contingentes, tal como ha ocurrido en Europa y América Latina, situación alertada por la reciente Misión del Fondo Monetario Internacional.

    El escenario actual de Paraguay empezará a ser vulnerable si no se toman los recaudos necesarios. Este Gobierno no puede ser irresponsable contrayendo más deudas sin otras medidas que garanticen la equidad y calidad en el uso de estos recursos.

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    Publicado por Anónimo | 11 marzo, 2016, 9:30 am
  7. Calificación de Paraguay

    La agencia Fitch Ratings mantiene la calificación “BB” con perspectiva estable para nuestro país, pese al contexto regional de estancamiento e incluso de recesión en grandes economías del continente. La prestigiosa firma destaca sobre todo el manejo fiscal prudente, la solidez de los indicadores macroeconómicos y la capacidad de acceso de Paraguay a fuentes de financiamiento externo.

    El hecho es, naturalmente, muy positivo, en atención a que el deterioro económico no se circunscribe solo a la región sino que abarca al mundo entero, con la desaceleración china, la crisis en Rusia, el estancamiento de Europa y la debacle de los países productores de petróleo.

    En un panorama mundial signado por una caída generalizada, el mantenimiento de la calificación habla muy bien de la gestión económica paraguaya. En este sentido, existen dos factor que son especialmente importantes al momento de negociar la llegada de nuevas inversiones y capitales: la previsibilidad y la estabilidad. Es esta una condición indispensable para fomentar nuevas inversiones y emprendimientos económicos.

    Para atraer capitales y asentarlos en el país –con la consecuente generación de puestos de trabajo y formalización de la economía– no basta con la seguridad jurídica establecida en las leyes y normas sino que es preciso además que la gestión gubernativa mantenga la coherencia y la firmeza y no se deje arrastrar por intereses sectarios o personalistas o por circunstancias coyunturales.

    En materia económica, el papel del Estado es sencillo: generar confianza en los diferentes actores productivos, coordinar acciones con estos en torno a una estrategia de crecimiento y estimular las inversiones, desde las micro y pequeñas empresas hasta la radicación de grandes capitales.

    Para generar esta confianza, Paraguay necesita: a) Seguridad jurídica, b) Previsibilidad en el sector público, c) El combate serio y consecuente a la corrupción y d) El reconocimiento de la responsabilidad social y ambiental como un factor crucial para el crecimiento. Con estas condiciones –que dependen exclusivamente de la madurez y el sentido de patriotismo que pudieran tener las autoridades y la clase política en general– se habrá andado buena parte del camino para inyectarle el dinamismo necesario a nuestra economía.

    Es verdad que queda mucho por hacer para que el país crezca al ritmo necesario para superar el atraso y la pobreza. Mejoras sustanciales en la infraestructura del país, la abolición de la corrupción en la gestión pública, la simplificación de la burocracia y mayores facilidades para empresas e iniciativas productivas son solo algunas de las tareas que los paraguayos tenemos por delante.

    Es crucial además superar las deficiencias estructurales de nuestro aparato económico: garantizar el suministro en volúmenes apropiados de energía; conseguir la provisión regular de insumos clave como el cemento; mejorar sustancialmente la calificación de la mano de obra e implantar las condiciones para la modernización en tecnología y comunicaciones. Sin embargo, está claro que la base firme en la que deben apoyarse estas políticas de desarrollo es la estabilidad, sin la cual todo lo demás no pasa de ser castillo en el aire.

    Que una reconocida agencia de calificación internacional mantenga la nota a Paraguay es una señal positiva que debe apalancar la promoción de nuestro país en el exterior como destino de inversiones.

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    Publicado por Anónimo | 29 enero, 2016, 4:59 am
  8. Coyuntura económica, país de oportunidades

    Por Dr. Víctor Pavón

    Este año Latinoamérica se verá afectada por la disminución en la actividad económica. La recesión empieza a jugar un rol preponderante en la toma de decisiones. En este escenario sobresalen no solo la caída de los precios de los commodities, lo que presupone una alta dependencia de la volatilidad en estos mercados, sino también la muy posible decisión de la Reserva Federal norteamericana (FED) de aumentar nuevamente la tasa de interés y de ese modo estimular la migración de capitales desde las economías emergentes hacia aquel país.

    Las expectativas no parecen ser tan halagüeñas en la región, excepto en los miembros de la Alianza del Pacífico. Aún no siendo miembro de este bloque, nuestro país tiene oportunidades basadas en fortalezas que las debemos aprovechar. Los informes internacionales generados desde la calificadora de riesgo Standard & Poor’s (S&P) y el Banco JP Morgan posicionan al Paraguay en un nivel destacable para promover las inversiones. Sin embargo, esta perspectiva económica positiva necesita de un fuerte impulso de carácter institucional en lo que se refiere a las reglas de juego, llámese tributos, propiedad privada, Poder Judicial, legislación, todos ellos como propiciadores o inhibidores de la libertad económica.

    En este sentido, el Índice de Libertad Económica 2015 elaborado por la Heritage Foundation y The Wall Street Journal posiciona al Paraguay como modernamente libre, esto es, de 178 países estudiados el nuestro ocupa el lugar 83. De manera que se puede avanzar mucho, y una forma consiste en terminar de una vez por todas con ciertas prácticas denominadas “estímulos económicos”, como el incremento del gasto público (aunque sea controlado) y del crédito.

    Se sabe que estos estímulos son del agrado de los analistas ubicados en la línea del pensamiento mainstream en boga, no obstante sus efectos dañinos sobre la economía en su conjunto. La política pública de incrementar la disponibilidad de fondos desde el sector estatal es un error que, si bien sus efectos pueden provocar una sensación de auge y alivio, pronto se notan sus efectos secundarios. Y si se quiere echar por tierra aquellos auspiciosos informes de la S&P y de la JP Morgan, pues no hay mejor forma que la de apelar a aquellos estímulos económicos.

    Hay un proceso doloroso del cual el Paraguay no necesita pasar como lo hicieron otros países. Aquí cerca les tenemos a Argentina y Brasil, dos gigantes con pies de barro; el primero, afortunadamente, ya inició algunos cambios y el segundo, Brasil, está inmerso en la incertidumbre que la política supuestamente “social” dejó como herencia mediante desajustes que se notan en la contracción de su economía.

    Es lo mismo que ocurre en Venezuela y un poco más lejos en España y Grecia, todos ellos con el denominador común de los “estímulos económicos” llevados a cabo por sus respectivos gobiernos. Aquí en Paraguay más que nunca debemos tomar nota de lo que estos países hicieron porque cuando la economía real se enfría, no hay forma de ponerla nuevamente en movimiento si no es mediante reformas de fondo rechazadas por el corporativismo político.

    Estamos entonces en una coyuntura que no resulta desalentadora para el país. Para no contagiarnos de la recesión e incertidumbre de gran parte de la región, hay que desechar la idea de los famosos “estímulos económicos” de los que nos hablan algunos analistas y políticos. En una economía de mercado, los recursos productivos deben asignarse a sus usos más valiosos, los que deben ser decididos por los individuos y las empresas en un ambiente de libertad económica con reglas de juego garantes de la propiedad privada y los contratos. En la coyuntura económica, el Paraguay debe ser un país de oportunidades.

    (*) Decano de Currículum UniNorte. Autor de los libros “Gobierno, justicia y libre mercado” y “Cartas sobre el liberalismo”.

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    Publicado por Anónimo | 29 enero, 2016, 4:50 am
  9. Cómo sobrevivir y no morir en el intento

    Según un estudio realizado en el 2011 por la PWC a nivel mundial, el 2/3 del PIB está compuesto por empresas familiares, pero además solo el 15% de estas empresas sobrevive la tercera generación. Esto significa una gran pérdida a nivel mundial.

    Para poder prevenir esta inminente extinción de nuestras empresas familiares debemos, como parte del proceso de aprendizaje, identificar el tipo de organización con el que contamos, cuál es su nivel de complejidad y a ello adicionar el factor cuantitativo de familiares que se ven involucrados en su contexto.

    La empresa familiar no forma un todo homogéneo, sino que pueden distinguirse cinco grandes tipologías, cuyas características y comportamientos son distintos. Por ejemplo: podemos decir que una empresa tiene un estilo de Capitán cuando cuenta con una escasa complejidad, tanto de familia como de empresa, normalmente son pymes en gran parte controladas por su fundador. Lo recomendado en este caso es buscar un nuevo líder o capitán que garantice el relevo.

    En segunda instancia podemos ver a la empresa con el Emperador, estas son empresas de una complejidad mayor, con más tamaño, así como la complejidad de la familia también es mayor. La recomendación para este tipo de organización sería una mejor estructuración.

    Luego, tenemos a las empresas que trabajan como Equipos Familiares. Son las que tienen una baja complejidad empresarial pero una alta complejidad familiar, como se podría decir “hay mucha familia para tan poca empresa”. El consejo para este tipo de organización sería limitar en lo posible la complejidad familiar.

    Después vienen las organizaciones llamadas Estructuradas. Y son aquellas que poseen un alto nivel de complejidad en la empresa pero baja en la familia. El consejo de los expertos en este tipo de caso es que se restrinja el futuro acceso de los accionistas a la compañía.

    Por último, cuando la compañía es una Corporación, tanto el nivel de complejidad empresarial como el de la familia son altos, por lo que normalmente están conformados por empresas grandes con familias extensas donde están involucrados los hijos, primos y nietos. El consejo a este tipo de organización es que traten de desarrollar la comunicación.

    Otro punto relevante surgido de esta encuesta mundial a empresas familiares es que el 49% de las empresas no tienen un plan de sucesión. Por otro lado, ante la consulta si la empresa tiene suficientes activos como para dividirlos en este momento equitativamente entre todos sus miembros, incluyendo aun a aquellos que no trabajan en la empresa, el 61% contestó que no tiene recursos suficientes. Este es un hecho que puede agravar todavía más los conflictos por dinero y por quien sería el próximo líder del grupo.

    Además de esto, el 62% contestó que no tienen un plan ante una defunción o enfermedad de un directivo o accionista clave. Los desacuerdos sobre la estrategia a seguir en el futuro son la causa más habitual de enfrentamientos. Pero lo más llamativo de esta problemática es que ni un tercio de estas empresas ha instrumentado un mecanismo de cómo lidiar con los desacuerdos.

    En pocas palabras, debemos conocer cómo estamos conformados, tener una excelente comunicación entre nosotros. Y, especialmente, pensar en equipo, con una herramienta que nos ayude a conciliar, para poder tener un plan de contingencia ante una crisis organizacional de liderazgo.

    Por Laura Ramos

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    Publicado por Anónimo | 28 enero, 2016, 5:04 pm
  10. Dinero más caro, ¿justo ahora?

    Después que el Banco Central del Paraguay decidió elevar un cuarto de punto porcentual la tasa de referencia, llevándola al 6%, la conclusión y consecuente anuncio de los CEOs bancarios era previsible: “Van a subir las tasas de interés, no inmediatamente, pero a corto plazo lo harán”.

    ¿Dinero más caro, precisamente ahora que el crecimiento durante 2015 se contrajo, poniéndonos frente a un 2016 con más incertidumbres que certezas? Veamos el mundo en el cual estamos insertos.

    Brasil enfrenta un 2016 con el peor de los escenarios posibles. En medio de una economía que caerá por lo menos un 3,5%, según el último informe del FMI, el Gobierno profundiza su plan de austeridad. Algunos ajustes son drásticos para alcanzar el 0,5% de superávit primario y bajar a 6,5% la inflación que cerró en diciembre pasado en un 10,7%, la peor en más de una década. En medio de este clima, Brasil da vuelta “hacia adentro” su economía, volviéndola autista evitando comprar afuera.

    Otro de los Brics, China, también mira hacia adentro inyectando al sistema bancario, a través del Banco Popular de China, fabulosas cantidades de dinero en previsión del aumento de la demanda por el año nuevo chino en ciernes, a comienzos de febrero. Según estimaciones de EFE-Dow Jones, “el BPC realizó esta semana su intervención en el sistema financiero del país más agresiva en cuatro años al ofrecer el jueves 21 400.000 millones de yuanes (US$ 60.800 millones) en préstamos a corto plazo”, la operación más masiva de la banca china desde 2012. Objetivo: estimular el consumo interno.

    Otro jugador regional, aunque de menor dimensión pero que nos influye directamente, Argentina, empieza a lamerse las heridas dejadas por el vendaval kirchnerista. Sus consecuencias sobre la economía nacional comienzan a verse y su extensión y profundidad las veremos a lo largo de este año.

    ¿Y nosotros? Es evidente que no podremos esperar, durante 2016, nada mejor desde la economía mundial, cuyos protagonistas se reacomodan cada cual según su conveniencia, sin reparar en daños a terceros. Si nuestra conducción no logra reactivar el mercado interno, del externo solo podremos esperar malas noticias. En la cadena de la carne bovina, Chile y Rusia, nuestros principales clientes, compran lo mismo y hasta un poco más, pero pagan menos. Argentina empieza a demandar soja paraguaya para reactivar industrias que todavía no reciben el grano local, amenazando con dejar a las plantas paraguayas sin materia prima. En tanto, el contrabando sigue corroyendo la base industrial nacional mientras la producción de rubros de consumo masivo diario no logra despegar por falta de una política masiva y agresiva de estímulo. Política dentro de la cual, huelga decir, los créditos accesibles son una herramienta esencial. Pero con una tasa de política monetaria del 6%, eso se torna más difícil. Justo ahora.

    Por Cristian Nielsen

    http://www.5dias.com.py/44040-dinero-mas-caro-justo-ahora

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    Publicado por Anónimo | 28 enero, 2016, 5:01 pm
  11. Masoquistas

    Evidentemente los paraguayos tenemos algo de masoquistas. Nos enfervorizamos y retwitteamos; compartimos en Facebook, y publicamos en destaque por todos los medios posibles, las malísimas calificaciones con las que figuramos en algunos rankings elaborados por entidades internacionales, en los que descollamos entre los más corruptos del mundo, entre los menos competitivos, etc., etc. Y lo más curioso es que esas pésimas calificaciones que nos sorprenden y nos espantan, nos las pusimos nosotros mismos!

    Es así. Cuando pregunté a gente vinculada con las entidades que elaboran esos rankings, si ellos realmente creían que, entre todos los sinvergüenzas y haraganes que abundan en el mundo, los paraguayos éramos más corruptos y menos competitivos que la mayoría en el planeta, encontré una llamativa coincidencia en sus respuestas: “Esa calificación no surge de lo que nosotros pensamos; sino de lo que ustedes, los propios paraguayos, piensan de ustedes mismos”.

    Eso me movió a indagar más sobre la metodología utilizada para elaborar esos rankings. Me explicaron que el factor que más incide en estas calificaciones es el resultado de las mediciones de la percepción de la población local. Es sencillo: vienen a Paraguay, y preguntan a personas de distintos sectores de la sociedad cuál es su percepción acerca de estos temas. Nuestras respuestas determinan la calificación que nos van a dar. Obviamente, si nosotros en coro les convencemos de lo haraganes, corruptos y malnacidos que somos todos, no podemos esperar que nos feliciten.

    No pretendo que recurramos a la mentira para disimular los escandalosos casos de corrupción que nos sorprenden cada día, o la inocultable realidad de que ALGUNOS de nuestros compatriotas son más aficionados al ocio que al trabajo; vicios ambos que sin dudar debemos combatirlos con toda energía. Pero asumamos que estos no son problemas que se manifiestan solamente en el Paraguay, o que adquieren dimensiones desmesuradas solamente en nuestro país en comparación con los demás, como para que merezcamos la crucifixión, en un contexto de países que tienen más y peores problemas de corrupción y de otro tipo que los que tenemos nosotros. Como en todos los países, y en todo el mundo, aquí también tenemos algunos haraganes, corruptos, atorrantes y malnacidos; pero son algunos; no todos; ni siquiera la mayoría.

    ¿Por qué afirmo esto con tanta seguridad? Porque sería imposible que el Paraguay pueda resistir a tantos sinvergüenzas juntos. No podríamos seguir existiendo, y menos aún estar como estamos, a flote y en crecimiento en medio de una feroz crisis subregional, si absolutamente todos los funcionarios públicos fueran corruptos; si todos los empresarios fueran evasores de impuestos; si todos los periodistas fueran unos vendidos; si todos los asalariados fueran planilleros y haraganes; si todos los estudiantes fueran compranotas, etc., etc. Indudablemente este país está sostenido por una mayoría de su población que vive, sueña, trabaja y produce con honestidad.

    Entonces, no entiendo por qué somos tan injustamente duros con nosotros mismos, y por qué amplificamos y generalizamos con tanta irresponsabilidad, cuando hablamos de situaciones que ocurren todos los días, en todos los países, y con mucha mayor magnitud que entre nosotros.

    Mientras muchos inversionistas que trabajan aquí, que conocen bien el Paraguay y a los paraguayos, hablan maravillas de nuestro país, de la mano de obra paraguaya, de la tenacidad guaraní, de lo rápido que aprendemos, y de lo productivos que somos cuando el ambiente nos exige, nosotros insistimos en autodevaluarnos ante la comunidad mundial. Mientras muchos diplomáticos y representantes de organismos internacionales que trabajaron aquí, optaron por dejar sus países de origen para radicarse en nuestro Paraguay, los nativos de esta tierra esperamos con ansias que nos llegue el turno de responder a las encuestas, para explayarnos con una temeridad increíble, acerca de lo atorrantes y sinvergüenzas que supuestamente somos todos.

    Comienzo a pensar que en estas encuestas nos iría mucho mejor, si los extranjeros respondieran por nosotros. Entonces, la próxima vez que nos pregunten, pensemos antes de contestar. No podemos pretender que el mundo tenga un buen concepto de los paraguayos si nosotros mismos –simplemente por masoquistas– nos declaramos una especie de lacra de la sociedad global.

    * Miembro del Equipo Nacional de Estrategia País (ENEP)

    Por Jacinto Santa María

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/masoquistas-1447171.html

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    Publicado por Anónimo | 28 enero, 2016, 4:51 pm

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