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Combate a la corrupción depende de la fortaleza ciudadana

Una de las tareas principales del Gobierno y de la ciudadanía es la lucha contra esa lacra que desangra el Presupuesto de Gastos de la Nación y condena al país al atraso: la corrupción. Su expresión más descarada y perniciosa se da en el abuso de poder de políticos de los tres poderesy de muchos funcionarios de alto rango de las instituciones estatales que despilfarran los fondos públicos, distribuyendo empleos con jugosos salarios a parientes, amigos y correligionarios ineptos para ejercer funciones en el Estado.
Si el año pasado hubo una tímida resistencia a los corruptos, en el 2016 tiene que fortalecerse la lucha en contra de los que empobrecen al Paraguay.

Gracias a la denuncia de la prensa y de los ciudadanos, el año pasado hubo alentadores resultados con respecto a la corrupción. No solo se dieron a conocer los nombres y los abusos de legisladores y funcionarios públicos, sino que, con la intervención del Ministerio Público, algunos de ellos hasta fueron a parar a la cárcel de Tacumbú.
Baste recordar el emblemático caso del ex rector de la Universidad Nacional de Asunción (UNA) Froilán Peralta, quien había convertido la principal casa de estudios terciarios solventada por el Estado en un feudo personal. Las denuncias de sus abusos en el uso del dinero público y la asignación de cargos docentes a personas que ni siquiera cuentan con títulos universitarios generaron la saludable reacción de los estudiantes. Gracias a ello se inició un proceso de cambio en esa universidad.
El otro caso ejemplar fue el de la Contraloría General de la República. Allí, sus dos principales autoridades también abusaron de su poder al privilegiar a unos cuantos funcionarios pagándoles horas extras que no correspondían y salarios muy elevados. La presión ciudadana, finalmente, logró desalojarlos de la institución de control que ni siquiera se controlaba a sí misma.
El 2015 estuvo marcado por la profundización de la lucha en contra de los funcionarios públicos corruptos. No hay que considerar, sin embargo, que el objetivo de adecentar y transparentar los organismos del Estado está logrado. Solo ha comenzado, con algunos resultados importantes e inéditos, la lucha frontal contra la plaga de la corrupción.
Todos los procesos por corrupción siguen en curso. Si bien hay diputados y senadores que fueron desaforados para responder ante la Justicia y existen funcionarios públicos de alto rango imputados por haber defraudado la confianza depositada en ellos, ninguno cuenta con veredicto judicial que los condene a prisión y les obligue a devolver el dinero público que usaron como si perteneciera a su peculio personal.
Por lo tanto, la tarea ciudadana y de los organismos del Estado vinculados a la persecución de los corruptos para este año será estar muy atentos a las instancias judiciales en las que estén los casos de los investigados por tráfico de influencia, lesión de confianza y cobro indebido de honorarios, entre otros delitos tipificados. No va a ser fácil condenar a los corruptos. Aun así, es necesario persistir e insistir en la necesidad de que sean castigados de una buena vez. Que así sea dependerá, en gran medida, de la fortaleza ciudadana.

 

http://diariolajornada.com.py/v6/category/editorial/

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

14 comentarios en “Combate a la corrupción depende de la fortaleza ciudadana

  1. La corrupción

    Por Ilde Silvero

    Aparentemente no tienen nada que ver la corrupción en la gestión pública y el nivel de pobreza en el país. Sin embargo, si nos ponemos a analizar las causas profundas de la existencia de tantos compatriotas sumidos en la miseria, hallaremos que uno de los múltiples factores es la malversación de fondos por el despilfarro de los recursos en instituciones públicas.

    La escandalosa y lamentable utilización de los fondos del Fonacide constituye un ilustrativo ejemplo de la relación entre corrupción y pobreza. Muchísima plata destinada exclusivamente a la refacción y construcción de centros educativos ha ido a parar a los bolsillos de intendentes y gobernadores corruptos o, en menor proporción, se utilizó para obras chapuceras, mal hechas y hasta peligrosas para la salud de los escolares.

    El no contar con confortables escuelas y colegios ni equipos pedagógicos adecuados conspiran contra una buena educación y, por tanto, los jóvenes no formados integran habitualmente la franja de población pobre. Los ladrones del Fonacide roban oportunidades de educación y de progreso de la juventud paraguaya.

    Las rutas y puentes de la mentira, esas obras públicas que solo existen en los papeles pues se pagaron, pero jamás se construyeron, ocasionan un enorme perjuicio económico a los agricultores y ganaderos que, debido a la falta de caminos en buenas condiciones, no pueden sacar sus productos hasta los mercados de venta. Los corruptos no se apropian solo del dinero del pueblo sino que impiden el cierre del ciclo productivo; en consecuencia, mantienen o aumentan la pobreza de la población rural afectada.

    Los planes sociales que subsidian a diferentes grupos de personas se prestan a casos de corrupción e incentivo a permanecer en la pobreza. Por un lado, hay miles de ciudadanos que reciben una ayuda monetaria del Estado simplemente por clientelismo político o parentesco con alguna autoridad. Por otra parte, hay mucha gente pobre que no busca ni acepta trabajar porque ya asumió su condición de indigente subsidiado y se limita a esperar, cada mes, la acreditación de su “sueldo”. Ser pobre es su profesión.

    Las gratificaciones, bonificaciones, dobles aguinaldos, gastos de representación, responsabilidad por cargo, autoasignación de premios y otros privilegios de funcionarios y directivos de instituciones públicas también contribuyen, de forma indirecta, a mantener en situación de pobreza a miles de familias. Se trata de grandes cantidades de dinero público que benefician solo a una élite de empleados estatales cuando tales fondos podrían ser utilizados para educar, capacitar, cuidar la salud, proveer de tierra, etc., a tantos compatriotas necesitados.

    La evasión fiscal y los sobornos en que incurre el sector privado también constituyen modalidades de corrupción que restan recursos al Estado que, de haber sido percibidos, podrían ser utilizados en programas de educación y promoción social de los sectores más humildes. Eludir impuestos es una forma de rehusarse a contribuir a la vigencia de una sociedad más justa, equitativa y solidaria.

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    Publicado por Anónimo | 31 enero, 2016, 8:28 am
  2. El Estado, una madama…

    Por Mabel Rehnfeldt

    Las madamas de antaño eran toda una institución.

    Casi todos sabíamos muy bien cuáles lugares servían a los vecinos para menesteres copulatorios e iniciaciones. “Casas de citas”, “whiskerías” y “residenciales” eran algunos nombres con los que ejercitábamos sinónimos para los lupanares.

    Mientras las abuelas se santiguaban al oír nombres de los locales y de sus propietarias, y nuestras mamás nos prohibían siquiera pasar enfrente, el sexo masculino disfrutaba jactándose de viriles –y difíciles de creer– hazañas.

    Las madamas eran una función casi necesaria para unir la demanda con la oferta de servicios que no estaban disponibles públicamente ni eran considerados presentables. Ir a estos lugares y dejar la vida húmeda en manos de una Madama era casi un pecado condenado desde los púlpitos… aunque algunos de los clientes vinieran también de allí.

    Con el tiempo la historia evolucionó. Tener sexo y pagar por él no fue mal visto a tal punto que empezamos a jactarnos de ello en programas vinculados con la farándula. Las madamas ya no están proscriptas sino publicitadas en tapas de revistas y páginas de Facebook. Grandes negocios públicos y privados empezaron a tejerse a su alrededor y los regalos a algunas de las discípulas dejaron de llamar la atención. Amanecer con una estancia, o un lujoso cero kilómetro sin tener trabajo o negocio conocido dejó de llamarse el milagro del modelaje para asumir un negocio que todos intuimos.

    Nos hemos asincerado. Entre la falsa moralidad, la pacatería de la religión y el caretismo algunos asumimos que cada quien tiene derecho a hacer negocio con lo que mejor le salga, sea la mente, el cuerpo propio o el ajeno… siempre y cuando sea lícito.

    Pero, a la luz de las últimas denuncias, el Estado ya no es solamente una agencia de empleos sino la MADAMA de pupilas y pupilos solventados con nuestros impuestos. Los burdeles se han mudado a algunas instituciones públicas donde los trabajadores de verdad deben convivir con amantes de mandamases de turno. Estos señores y señoras con poder ubican en oficinas públicas a quienes les proporcionan satisfacciones sexuales… pero, a diferencia de los burdeles, el salario por sus trabajos húmedos los pagamos nosotros.

    Paraguay ha mejorado en el ranking de transparencia. Y tiene que ver con el acceso a las informaciones públicas y con la decisión irrevocable que tomó Cartes –casi a los dos meses de su gobierno– de subir a internet nombres, cargos y salarios de funcionarios públicos. Los mejores trabajos de periodismo de investigación del año pasado se hicieron con estos datos y la denuncia de la gente porque… ¡oh sorpresa! No solo pagamos a las pupilas y pupilos de los poderosos, también a sus familias.

    La corrupción logró instalar a los amantes en el poder…. pero por ahora al menos nos vamos enterando dónde están y cómo se llaman… y aunque se libran de la justicia no lo hacen del escrache.

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    Publicado por Anónimo | 31 enero, 2016, 8:27 am
  3. Corrupción: La herencia maldita

    Un visionario hombre de prensa lo predecía, tres décadas atrás. “Lo más terrible que va a dejar el régimen Stronista, es la corrupción”, dijo ante un auditorio de jóvenes periodistas.

    ¿Corrupción?…palabreja que nadie utilizaba entonces, un concepto prácticamente desconocido, sus secuelas, la lacra que suponía para las generaciones futuras, no se veían venir. Salvo aquel hombre a quien todos miraron extrañados cuando soltó su extraña sentencia.

    ¡Cuánta razón tenía! La dictadura lo dejó todo tan impregnado de esta basura moral que por un tiempo largo, parecía que era normal. Todo el mundo coimeaba a todo el mundo, desde tiempos inmemoriales. Pero ¡ojo!, que la corrupción no se plantea solamente en forma de coimas. Tiene mil rostros, como titulaba ayer nuestro diario en portada.

    Desde los planilleros, pasando por licitaciones amañadas, obras mal hechas, pero “correctamente” presupuestadas, etc. Para llegar a un extremo, desde ese cinco mil-í que se le pasa al mozo en las fiestas privadas, para que atienda mejor nuestra mesa.

    Somos propensos a la corrupción. La propiciamos y la aceptamos, porque así fue siempre, la maldita herencia de la dictadura, entre otras raíces seguramente.

    Hasta que este año se produjo un acontecimiento si se quiere extraordinario en la historia del país. Los jóvenes se rebelaron ante tanta bajeza moral. Se amotinaron, en términos marineros.

    Se plantaron, generaron un intenso movimiento de simpatía hacia sus objetivos en la ciudadanía, y lograron remover años de hacer mal las cosas.

    Sacaron también por la ventana a los hombres que manejaban esos hilos turbios quienes se fueron con el rabo entre las piernas quedando malparados inclusive sus padrinos políticos cuyos nombres por primera vez saltaron al tapete. Histórico si se quiere. Refundaron así varias entidades que estaban sepultadas por años de ignominia y manos oscuras, entre ellas la UNA, nada menos.

    Lo que hicieron los jóvenes en primer lugar y lo que hace el gobierno todos los días, debe recordarse que no hay una sola denuncia seria de corrupción que afecte a entidades públicas, conformaron un combo atractivo para que la entidad Transparency International, mejorase drásticamente la calificación de Paraguay en la materia.

    Logro de primera importancia sin duda. Pero un primer paso, habrá que ir dando otros en la misma dirección….hasta que la “herencia maldita” sea sólo un mal recuerdo.

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    Publicado por Anónimo | 30 enero, 2016, 8:13 am
  4. A ciegas

    Por Wendy Marton –

    ¿Cómo se calcula la tarifa del servicio de energía eléctrica? ¿Cuáles son los costos de producción del cemento? ¿Cuál es el grado de penetración del servicio de telefonía básica? A dos años y medio de haber asumido el gobierno Horacio Cartes la ciudadanía desconoce los costos reales de los servicios que ofrecen las empresas públicas. No se sabe la cantidad real de empleados, ni cuántos había cuando Cartes llegó a la presidencia de la República ni cuántos son ahora. Y lo más importante: se desconoce la capacidad de gestión de los administradores de estas empresas.

    Hasta el momento, al igual que en gobiernos anteriores, solo se promociona la firma de contratos de gestión con la ANDE, ANNP, Copaco SA, Dinac, Essap SA, INC y Petropar, pero nunca se informa cuál es el cumplimiento del nivel de metas cuantitativas y cualitativas trimestrales, así como los avances registrados hasta la fecha.

    De hecho nunca hubo un informe sobre las inversiones realizadas por todas las empresas públicas en un periodo de tiempo determinado, no hay un seguimiento sobre el trato a los clientes, sobre el tiempo de respuesta a los reclamos o sobre la calidad del servicio.

    Resulta llamativo y preocupante que en vez de dar a conocer los avances logrados –independientemente a los recursos humanos con que cuentan– el Gabinete del presidente Cartes enfoque su atención solo en los contratos colectivos.

    ¿Son realmente un privilegio las conquistas laborales a las que accedieron los trabajadores de empresas públicas o el problema es que los demás trabajadores del país no tienen una entidad que los defienda de las violaciones laborales de las empresas para las cuales trabajan?

    Todo lo que se informó hasta el momento da a entender que el problema de todas las empresas públicas es solo la cantidad de recursos humanos con que cuentan o los beneficios que poseen, y no los problemas de gestión de sus administradores de turno.

    ¿Cómo sabemos que quienes fueron puestos al frente de las empresas públicas desde que asumió Cartes no incorporaron a más personas o no negociaron mayores privilegios para sus empleados?

    La estrategia de comunicación del gobierno de Cartes parece mayormente enfocada en atacar conquistas laborales, antes que en transparentar la administración de las empresas estatales.

    Es necesario, para todos los que sostenemos las empresas públicas, conocer cómo se administran estas entidades, cómo y en qué se invierte, cuál es el nivel de control y sanción sobre aquellos que no pagan por los servicios o buscan pagar menos, cuáles son los planes a un año, a cinco años y a diez años. Necesitamos saber si hay intenciones de sembrar dudas sobre estas empresas para poder privatizarlas y si es así a qué precio. Los usuarios necesitamos saber si hay alguien que busca que se ofrezca un mejor servicio para todos.

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    Publicado por Anónimo | 30 enero, 2016, 7:59 am
  5. Ciudadanía pila’i

    Creo que tantos años de corrupción y desembozado mal gasto público son en parte nuestra culpa. Las democracias fuertes son aquellas en las que la ciudadanía entendió su rol de contralor, aquellas en las que los ciudadanos se “plantaron” y se volvieron intolerantes a las autoridades que literalmente emputecieron el poder, para volverse más ricos y poderosos, de lo que en su momento les permitió la dictadura.

    Paraguay tiene una historia de hombres y mujeres que, desde los espacios públicos, han permitido un floreciente negocio de infidelidad al bien común, al servicio, a la política de la buena.

    La ciudadanía debe dejar de ser pila’i, de esperar mesías y salvadores o simples milagros de cambios culturales, de prácticas indignas, de redención ética y moral, pues las transformaciones necesarias vendrán únicamente con el esfuerzo y compromiso ciudadano que trasunta, entre otras cosas, liberarse de los políticos hediondos que traspasan sus recetas de generación en degeneración; sean de izquierda, de derecha o de centro.

    Somos demasiado pila’i y nos resignamos fácilmente ante la avalancha de planilleros y robos disfrazados en rubros de los más pintorescos: subsidios de energía eléctrica y almuerzo, bonificaciones, responsabilidad en el cargo, viáticos, reprogramaciones presupuestarias que disfrazan aumentos salariales astronómicos que un país de ingentes necesidades no puede aguantar.

    Faltan políticas públicas en salud, educación, seguridad, energía, vivienda, sistema carcelario, justicia, niñez y adolescencia, jubilación, infraestructura… o sea en el Paraguay está todo por hacerse.

    Años de política y políticos mediocres y angurrientos nos sometieron a una situación detestable e inaguantable, que hace que prácticamente todo lo que debemos obtener como servicio del estado sea una verdadera tortura… mi hijo diría con esa sonrisa que alegra el alma: ¡calzón chino!

    Si amamos nuestro país, si nos importa de verdad el presente y el futuro de nuestros afectos existe una receta: dejar de ser pila’í.

    Kattya González

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    Publicado por Anónimo | 30 enero, 2016, 7:45 am
  6. El difícil camino a la posteridad
    Por: Jorge Rubiani

    ¿Fue el mariscal López querido por su pueblo? ¿Lo fue el Dictador Francia? Difícil saberlo. No existían por entonces encuestas ni medios de comunicación masivos. Y por temor o ausencia de contactos por fuera de los claustros familiares, la gente se guardaría sus opiniones. Hoy, nutridos de información, pendientes de todas las encuestas, los gobernantes prefieren ser “populares” antes que amados. Obviamente quieren las dos cosas pero confunden cariño popular con algunas de las patologías del capricho, prestándose a cualquier reality de TV. O pretenden que sea lo mismo el fervor que le profesa el “selecto” grupo de favorecidos durante su mandato. Con estos “logros”, es probable que la memoria colectiva no se acuerde de ellos sino para lamentar otra de las tantas oportunidades perdidas para que fuéramos mejores.
    La historia recuerda -y generalmente bien- al Dictador Francia o a cualquiera de los López aunque éstos no se sintieran precisamente amados. Tampoco se preocuparon mucho del detalle, sino que el Paraguay fuera respetado y su pueblo, feliz, dentro de lo posible. Después de 1870 y en estos casi 150 años de historia nacional, hubo gente admirada u odiada en el gobierno, temida o respetada con distintas intensidades según la época, la filiación o el destino que tuviera. Entre los admirados y hasta amados podrían contarse a Cecilio Báez, Manuel Gondra y José Félix Estigarribia; hasta que accedieron al poder y su ejercicio les regaló exposición y vulnerabilidad, críticas y enemigos. Tanto como los Ayala, Eusebio y Eligio, diferenciados ambos por circunstancias y personalidades distintas. Bernardino Caballero es reverenciado por los colorados que, inexplicablemente olvidan a Juan B. Egusquiza. Tal vez por las mismas razones que los liberales recuerdan a dos de sus figuras que ni siquiera llegaron a Presidente: Eduardo Vera y José de la Cruz Ayala (Alón), pero olvidan a Eligio Ayala. De hecho, uno de nuestros compatriotas más amados y admirados sin haber protagonizado ninguna historia partidaria o sin que la historia patria se haya ocupado de él, ha sido Blas Manuel Garay Argaña. El sólo repaso de los discursos y declaraciones de contemporáneos ante sus restos mortales, nos indica que aquella figura asesinada cuando transitaba sus jóvenes 26 años, fue un “meteoro intelectual que cruzó raudo el firmamento nacional”, como lo recordó uno de los presentes en su sepelio.
    Pero independiente a los difíciles años de regímenes autoritarios, en el Paraguay se privilegió casi siempre, la buena formación o la ilustración para el ejercicio del liderazgo, cada vez que nuestros compatriotas albergaran esperanzas de progreso. Entre los años de 1920 y 1932 por ejemplo, Asunción fue gobernada por siete Intendentes egresados de universidades europeas, con altos honores: Albino Mernes, Andrés Barbero, Juan B. Nascimiento, Miguel Ángel Alfaro, Baltazar Ballario, Pedro Bruno Guggiari y Gustavo Crovato. Pero desgraciadamente y aún más que el conocimiento, también tuvo cabida la envidia en nuestro país así como el pertinaz torpedeo a las buenas intenciones. Arenas movedizas de la política criolla que abortarían cualquier atrevimiento de suficiencia en el gobierno. Tanto que, de anarquía en anarquía, caímos en las fauces de la dictadura de Alfredo Stroessner, compendio de todos los vicios practicados durante su gestación, en décadas de infortunio. ¿Pretendió Stroessner ser amado por el pueblo? Alguien dejó asentado que los dictadores no buscan que se los quiera sino que se los tema. Hoy todavía lo recordarán sus antiguos beneficiarios, como denostarán su figura los que sufrimos sus desbordes. En la “columna del medio” estarán los indiferentes de siempre. Pero la ciencia histórica le juzgará cuando los que nos sobrevivan: víctimas, indiferentes o adherentes al victimario, analicen los hechos con prescindencia de las emociones.
    La democracia sin embargo, otorgó al “amor del pueblo” una importancia inédita. En efecto, el mágico elixir del voto libre y directo hizo que partidos y dirigentes apuntaran en estos tiempos, a la conquista del volátil cariño popular. Con lo que tuvieran y pudieran. Lo primero es, obviamente, dinero. Lo otro, refiere cualquier recurso para -al menos- pellizcar el poder y mantenerse al alcance de la gente. Pero así como consagraban los emblemas de nuestras luchas juveniles de antaño: “No hay que descender hasta el pueblo, sino elevarse hasta él”… hubiera sido ideal que los que se pretenden líderes, se dieran cuenta que la historia sólo recuerda a los que amaron a su pueblo y fueron amados por él.

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    Publicado por Anónimo | 29 enero, 2016, 11:13 am
  7. De planilleros, corrupción y reforma política
    Por Mario Ramos-Reyes

    La vida del planillero está de moda. O tal vez sería paradójicamente, mejor decir, por suerte está de moda. Por suerte, pues la rabia e impaciencia de la ciudadanía está generando la conciencia de que, en una democracia –sobre todo si es republicana– la cosa pública no es privada ni debe usarse como tal. Pero toda esta forma de vida tiene una larga historia. Planillero, como el arco iris, se descompone en una serie de espectros, o esperpentos morales. Aquel que cobra y no asiste, y no se preocupa de firmar su asistencia, el que cobra, no asiste, y le “asisten” con su firma; el que va de vacaciones y le “asisten” con firma y sueldo, la que provee de trabajos remunerados gracias a su influencia política a alguien que, aunque asista, no sabe nada del trabajo; los que asisten, firman, hacen que trabajan, pero no saben mucho, los que para enamorar a alguien, le hacen planillear, etc.

    Y así siguiendo. Cuando las características del planillerismo pueden discutirse –aquello que hace planillero a un planillero– una cosa parece segura: no hace discriminación ideológica. Ni la izquierda ni la derecha, ni el centro, ni el género, están exentos de la misma. El planillerismo es una cultura. Siempre ha formado parte de nuestra política y vida social. Por décadas, por todos, o casi, todos los políticos. Aunque tampoco la sanción social (y coparticipación) ha sido ejemplar. Y con ello, incluso, se podría hablar de planillerismo en el sector privado. Pero, eso nos llevaría demasiado lejos.

    Dos aspectos revelan esta situación lamentable. El primero de ellos refiere a los valores de la vida del ciudadano en una república. ¿Qué tipo de valores o virtudes se necesitan para vivirla? Son varias, pero las de una ética del trabajo, responsabilidad, independencia, confianza, son imprescindibles. No hay sociedad civil madura sin estas cualidades. Pero hay más. La pregunta clave es: ¿dónde se aprenden las mismas? Muchos dirán, el sistema educativo. Lo que prolonga aún más la angustia pues el mismo, no es precisamente un dechado de dichas virtudes. Clientelismo y favoritismo son casi la esencia del mismo. ¿Qué más queda como fuente de conducta en una sociedad civil? La familia, donde, según algunos, nutre de las virtudes mencionadas más arriba, además de otras. ¿Pero será eso posible, o tal vez deseable? La realidad es que precisamente, el planillerismo, se nutre de una forma de entender la familia, una suerte de familismo, donde el favoritismo genera una serie de corruptelas que desfiguran totalmente el sentido republicano de la democracia.

    Este es el segundo aspecto, el familismo clientelista como valor que tiene primacía sobre el bien común. Stroessner lo explotó de manera perversa. Y continúa. Por eso, llamar a esto nepotismo es, para miles de ciudadanos, demasiado cruel para construir una república. Por eso, ¿encontrar culpables? ¿La de tal concejala?, ¿por socialista?, ¿la culpa de dicho diputado?, ¿por colorado?, ¿la de la susodicha senadora, ¿por liberal? Eso es solo parte. Este es apenas a la pincelada que nos acosa a todos, ya al Gobierno, a la oposición, a las instituciones, a las familias. Es esta cultura, la tónica no es la capacidad ni el mérito, sino el parentesco, la autoprotección de los clanes familiares o políticos. Al hijo no se educa para crear fuentes de trabajo sino para “conseguir” trabajo vía recomendación. No hay educación en la libertad y creación sino dependencia y “seguridad”.

    El planillerismo refleja el sentido de nuestro yo, de nuestras vidas. Como si nuestra “picardía” o nepotismo o familismo, solo afectaría a los demás y no a nosotros mismos. Es que una actividad moral, de costumbres y hábitos –que en eso consiste la moral– está embebida de nuestro yo. No nos engañemos. La queja de corrupción de la sociedad, de cualquier sociedad, debe ser también una queja hacia nosotros mismos. Ponerse feliz porque uno de los planilleros que renuncian podría servir de excusa para una genérica reivindicación política o ideológica, nunca será la solución. ¿Será posible empezar una reforma política por uno mismo?

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    Publicado por Anónimo | 29 enero, 2016, 5:01 am
  8. La amenaza del oparei

    Por Mario Rubén Álvarez –

    En materia de lucha contra la corrupción se han dado, de un tiempo a esta parte, algunos pasos firmes aunque todavía inseguros.

    Es imposible medir el porcentaje del avance porque —por ejemplo—, por lo que se lee casi todos los días, la galera de Ramírez Zambonini es un barril sin fondo. ¡Quién sabe lo que el futuro vinculado al planillerismo y afines puede deparar al Paraguay con él! Cuando parecía que su “sociedad” con Radice era una “cumbre” del vito del dinero público difícil de superar en los últimos decenios, emergió lo del cargo que podría estar enfardado con el fin de una investigación fiscal.

    Los pasos firmes se han comenzado a dar porque se pueden saber los nombres, padrinos y “actuaciones” —dentro y/o fuera de las instituciones públicas— de algunos jatevu que succionan la escasa sangre monetaria del Ministerio de Hacienda. Y también los “milagros” de algunos otrora dueños de lapiceras como Froilán Peralta, de la Universidad Nacional de Asunción (UNA) y Óscar Velásquez (de la Contraloría General de la República).

    Con el ventilamiento público de fechorías y trapisondas hubo tibias sanciones para la mayoría: están fuera de sus cargos, algunos probaron Tacumbú, ya no planillean y se les censura en las redes sociales.

    A esos pasos firmes aunque insuficientes aún, les falta —para cerrar el círculo—, el remate de la intervención judicial eficaz. Cuando haya sentencias condenatorias para los que se burlaron del país, allí podrá creerse que la caza de corruptos va en serio. Y puede convertirse en una saludable tradición a favor de la correcta administración del dinero proveniente del pago de impuestos.

    Hasta ahora, muchos de los expedientes de imputados —como protagonistas o cómplices— duermen en los cajones judiciales. Cuanto más poderosos y hábiles los imputados por la Fiscalía, más profundo es su sueño. Los casos de los diputados José María Ibáñez y Óscar Núñez y de los senadores Enzo Cardozo y Víctor Bogado lo ilustran a cabalidad.

    El entusiasmo con lo que pasó en la UNA y en la Contraloría no irá muy lejos si es que a lo ya recorrido no se le agregan condenados, aunque sea a tres años de cárcel.

    Lo poco que se consiguió se echará a perder si es que el poder político y factores de otra índole pero con igual propósito, con artimañas (arte y mañas) para dilatar los procesos, van logrando sus objetivos de alargar los juicios hasta el abismo del oparei.

    Las pequeñas batallas ganadas pueden quedar como escaramuzas irrelevantes si en tribunales la guerra, finalmente, acaba en impunidad.

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    Publicado por Anónimo | 29 enero, 2016, 4:58 am
  9. Igualdad de genero

    El culebrón sentimental de la senadora liberal Blanca Fonseca y su joven pareja, es otro escándalo insoportable para la ciudadanía, a pesar de las afirmaciones de la parlamentaria que ganó por merito y capacidad su puesto en la Entidad binacional Yacyreta, donde recibe una respetable remuneración por sus actividades que está en el orden de los 17 millones de guaraníes mensuales, nadie le cree, ni les van a creer, porque la ciudadanía en este aspecto ya maduró y tiene sobradas muestras de como se comportan los políticos y la indignación hace que nadie se trague un cuento tan cándido e ingenuo como relata la senadora, además no es el primer caso de la legisladora ya que curiosamente una ex pareja también consiguió empleo en esa entidad al igual que otros familiares, por lo que se puede decir se volvió costumbre.

    En este sentido debemos lamentar que el desaliño y las practicas deshonestas y que riñen con la ética personal y política que exhiben con impudicia los funcionarios públicos y los políticos, también las mujeres que llegan a la dirigencia en los partidos muestran el mismo comportamiento que los hombres y algunos dirían que hasta peor. Si no vean los últimos ejemplos de mujeres que ingresaron a la política y que ocuparon cargos ya sean electivos como de confianza y los que hicieron desde su puesto de mando y poder, los mismos vicios tantas veces criticados al sexo opuesto son los cometidos por ellas, y son ampliamente publicitados por los medios de prensa que en los últimos tiempos ejercen una función admirable en su tarea de ser contrapoder de los poderes oficiales.

    Cuando hablamos de hechos desdorosos debemos entender igualmente por tráfico de influencia, negociados etc. Si a los varones se les criticaba el hecho de colocar a amantes y familiares en la función pública con jugosos salarios sin transitar el camino de los test de aptitudes, que se puede decir de Fonseca y otras mujeres con poder político que igual colocan parejas o amigos y parientes en cargos de importancia en detrimento de gente con mayor preparación o capacidad, es decir el descaro y la desfachatez alcanza por igual a hombres y mujeres. Pensar que cuando ingresaban las primeras mujeres al ruedo político y ganaban preponderancia con mucha dificultad y coraje en un terreno hasta entonces privativo a los hombres una luz de esperanza y de cambio surgía en el país.

    Se pensó que la mujer, por su vocación maternal y de servicio, demostrado en gestas gloriosas, en momentos de dolor y miseria que nos tocó vivir en nuestra historia, que fue capaz de levantar de las cenizas a una patria mancillada y derrotada encumbrada en cargos importantes podía dotar a la política y a la dirigencia un aire de dignidad y honradez devolviendo a esta actividad valores olvidados y prostituidos por los hombres como la honestidad, la probidad, la solidaridad y la justicia en los procederes. Existen muchísimos casos de mujeres que cumplieron con ese cometido y enaltecieron los cargos que ocuparon y la buena reputación de la mujer paraguaya, sin embargo en este último tiempo vemos como el contagio de la pus maligna de la corrupción también se enseñorea de las mujeres políticas que con ostentación y desvergüenza exhiben sin impudicia sus actos irregulares.

    Andrés Granje

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    Publicado por Anónimo | 28 enero, 2016, 4:56 pm
  10. 20 lugares
    El temido informe de enero de Transparencia Internacional colocó este 2016 al Paraguay avan-zando 20 lugares desde la cola. La razón: tenemos por fin luego de 22 años una Ley de Acceso a la Información Pública que fuerza a que el Estado nos diga qué hace con nuestros recursos, cuánto ganan nuestros man¬datarios y con quiénes interactúan cotidianamente. Todo eso el habitante devenido en ciudadano puede hacerlo con la ley 5282 vigente desde el 18 de setiem¬bre pasado y convertida en un instrumento clave que lo identifica con su condición de mandante. El Estado lentamente está siendo sometido a la temida transpa¬rencia. La desinfección está en marcha. Ahí sabemos lo que ganan nuestros empleados en las binacionales y ver qué hacen con los más de 30 mil dólares mensuales que reciben. Nos enteramos de los convenios colecti¬vos que pagan un mes de sueldo por casarse y reciben un sobresueldo por vacaciones como los de la ANDE. Sabemos además la incoherencia del Ministro de Ha¬cienda, Santiago Peña, que está en contra de los “pri¬vilegios discriminatorios” pero cobra religiosamente sus tres aguinaldos como lo hacen los de Petropar y Essap, entre otros. Con esta ley nos estamos enteran¬do de la merienda de negros que es la función pública.
    Por eso, los jóvenes acaban con el rector de la UNA y su gavilla de decanos, la prensa accede a la informa¬ción de los recursos manejados discrecionalmente por Ramírez Zambonini y su correligionario liberal Ma¬nuel Radice, sabemos los chanchullos de Karina Ro¬dríguez, los de Víctor Bogado, José María Ibáñez que caradurezcamente siguen aferrados a sus cargos. Por esa bendita ley conocemos que el fiscal investigador del TSJE aflojó su tarea porque nombraron a la amante en el órgano investigado. La ley de transparencia está forzando al Estado a ponerse en forma, organizar sus documentos y castigar a los que destruyen los mismos como se espera que pase con los antecesores de la más joven intendenta del país en Nueva Colombia, que la dejaron como herencia la quema completa de los ar¬chivos.
    La gente quiere sanciones. Duras y ejemplares. Por¬que si nos quedamos con saber la corrupción y no castigarla es probable que volvamos a la cola entre los países más corruptos del planeta. Estamos aun penúl¬timo en América Latina con Venezuela al fondo.
    Hace falta meter mucha más presión sobre el Esta¬do porque esta es la gran batalla en el mundo actual. Francis Fukuyama autor del libro “Confianza” donde analiza porqué algunos países son ricos y otros pobres dijo: “ la generación anterior de latinoamericanos peleó por la democracia frente a dictaduras brutales, esta generación debe concentrarse en desarrollar una administración pública de elevada calidad. La clave de muchos países pasa hoy por dejar atrás el clientelis¬mo. Para eso, un eje crítico es que la sociedad manten¬ga la presión sobre sus gobernantes”.
    No hay margen en todo esto. Ponerse feliz por los 20 lugares desplazados es bueno, pero mucho más será la alegría si despertamos a los ciudadanos para que ha¬gan presión sobre sus empleados y que los remolones sean castigados como dice la ley. Eso nos llevará a es¬tar entre los primeros 50 sin lugar a dudas.
    Benjamín Fernández Bogado
    http://www.5dias.com.py/44118-20-lugares

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    Publicado por Anónimo | 28 enero, 2016, 3:41 pm
  11. Cobardía cívica conspira contra el combate a la corrupción

    Por primera vez Paraguay logró un cambio significativo en el ranking de corrupción que lleva a cabo la organización Transparencia Internacional, pues mejoró 20 posiciones en comparación al 2014, cuando aparecía entre los 20 países más corruptos del mundo. Aparentemente la ley de acceso a la información pública que dio inicio a la cacería de planilleros y sacó a luz a una serie de casos de nepotismo, mejoró la percepción de lucha contra la corrupción en Paraguay.
    No obstante, pese a esta mejoría, los datos que nos afectan siguen siendo deplorables, ya que a nivel regional, sólo estamos mejor posicionados que la tambaleante Venezuela. Lamentablemente desde hace mucho tiempo el Paraguay tiene la mala fama bien ganada de ser un lugar donde el delito en el ejercicio de la función pública es moneda corriente. Conste que el referido índice se funda en la opinión que los ciudadanos tienen sobre el sector público de sus respectivos países, de modo que son los propios paraguayos quienes están convencidos de que en el suyo campea la corrupción. Lo saben por experiencia propia. No se trata de que TI haya llegado a esa conclusión tras un minucioso estudio, sino de que nuestros mismos compatriotas creen que el soborno, la sobrefacturación, el nepotismo y la malversación están muy arraigados tanto en la administración nacional como en la departamental y en la municipal.
    Se plantea entonces la pregunta: ¿Está la ciudadanía haciendo algo para combatir el mal, o se limita a aceptarlo con resignación, como si fuera un castigo divino? El ranking global de TI se basa en la opinión que en cada país se tiene del sector público. Ahora bien, este no actúa en el vacío, apartado de la sociedad. Más aún, hay delitos que los funcionarios pueden cometer solo gracias a la complicidad de los particulares.
    Es obvio que el habitual soborno implica la intervención de una persona interesada en lograr un trato de favor a cambio de una dádiva, pero también suele ocurrir que se vea forzada a dar una “comisión” por un pago o servicio lícito. En el primer caso, el ciudadano es tan culpable como el funcionario, en tanto que el segundo colabora con la corrupción. Ya se contribuye con la depuración moral absteniéndose de entregar dinero por algo a lo que se tiene derecho, pero se contribuye aún más denunciando a quien exija un soborno. Nuestra administración pública no sería tan corrupta si no contara con la complicidad o la cobardía cívica de mucha gente del sector privado.
    Es claro que la corrupción no solo daña la moral, sino también el nivel de vida de la población. Si faltan escuelas bien equipadas u hospitales con suficientes insumos o rutas transitables durante todo el año, es porque las malversaciones y sobrefacturaciones hacen que una buena parte del dinero público termine en bolsillos privados. La corrupción conspira contra el desarrollo socioeconómico sostenido, por lo tanto, la ciudadanía debe movilizarse contra los ladrones, tanto en nombre de la decencia como del progreso social.

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    Publicado por Anónimo | 28 enero, 2016, 3:17 pm
  12. Corrupción y educación cívica

    Por Cristian Nielsen

    ¿Es la corrupción un estado de ánimo, una segunda naturaleza o el subproducto no deseado de una educación defectuosa? Preguntas como estas dan vueltas por todas las sociedades que, como las latinoamericanas en especial, aún no hemos podido entrar a un camino seguro de combate y prevención así como de condena social del acto corrupto.

    En muchos estamentos, en especial la dirigencia política que aspira a representarnos, parecen existir serios problemas de percepción de la corrupción. Mujeres y hombres públicos que, con pesados expedientes judiciales con causas por corrupción adheridos a su espalda debieran bajar su exposición mediática, hacen todo lo contrario: multiplican hasta el infinito su presencia en las redes sociales, hacen alarde de viajes, autos de lujo, mansiones principescas y hasta de groseros amancebamientos financiados con dinero público. Con su módico equipamiento intelectual, estos grotescos personajes llenan las enormes cavernas dejadas por su absoluta falta de moral con espectáculos de derroche y exhibicionismo que avergonzarían hasta a la más endurecida madama de lenocinio.

    Pero, ¿se limita la corrupción a los enclaves políticos?

    Organismos de la envergadura del Banco Interamericano de Desarrollo abordan este problema como algo sistémico. En su informe sobre “La educación como herramienta fundamental para combatir la corrupción”, el BID señala que “en la literatura especializada en materia de control de la corrupción se enfoca el problema de la violación a las normas desde perspectivas distintas que, sin ser antagónicas, pareciera que se presentaran como tales. Es habitual que aún en las conversaciones más informales sobre los motivos por los cuales las personas se corrompen, unos digan que es un problema de falta de educación o de sanciones individuales ejemplares, otros hagan hincapié en la falta de sistemas adecuados de control y en la existencia de incentivos para corromperse, en especial los bajos salarios y el escaso control social”. El organismo fue más allá de lo meramente enunciativo y elaboró el informe titulado “Permisividad de la corrupción: corrupción, valores democráticos y formación cívica entre los estudiantes secundarios en seis países latinoamericanos”. Este documento fue el resultado de un diagnóstico elaborado a partir de respuestas de unos 30.000 alumnos del octavo grado de seis países del continente, entre ellos, el Paraguay. El documento demostró que “a mayor educación cívica hay menos permisividad de prácticas corruptas y menor tendencia a violar la ley”. Y termina con este enunciado inquietante: “La corrupción debe enseñarse no como algo ajeno y complicado que solamente pasa en las esferas de la vida política, sino como algo que sucede en la vida cotidiana de las personas”.

    ¿Qué habrá hecho el MEC con este diagnóstico del BID? Como “educación cívica” desapareció como materia de la enseñanza hace años, habrá que ver de qué manera pudo implementar estas recomendaciones del organismo internacional.

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    Publicado por Anónimo | 28 enero, 2016, 3:15 pm
  13. Inaceptable impunidad para munícipes ladrones

    En los últimos tres años, los 249 municipios del país recibieron US$ 143 millones correspondientes a los recursos del Fonacide, y US$ 283 millones por royalties. En total, ¡426 millones! El cúmulo de informaciones que todos los días van apareciendo sobre los modos como se dilapidaron estos fondos del Fonacide en decenas de administraciones comunales nos da una idea cabal –agregada a las muchas que ya teníamos– del nulo temor que muchos políticos tienen de la justicia y de la extrema tranquilidad de que hacen gala a la hora de perpetrar sus delitos, actitud que no puede provenir sino del apoyo que les ofrecen sus amigos, jefes o protectores partidarios.

    Desde hace tiempo nuestro diario viene sosteniendo –y lo seguimos haciendo– que la administración de ciertos fondos de obras y servicios públicos debía serles confiada a las municipalidades, basado en el argumento de que esta es la forma correcta de llevar a la práctica la descentralización política del Estado, y porque es la única forma de que los poderes locales vayan habituándose –como deben– con la técnica del buen gobierno, sus obligaciones, responsabilidades y derechos. De otro modo, seguirían siendo como nenitos, incapaces de caminar sin que el “papá Gobierno central” les conduzca de la mano.

    Sin embargo, después de los escandalosos robos de estos fondos que debían estar dirigidos a impulsar y mejorar los servicios de educación, después de verse las mansiones y edificios, las estancias, los negocios comerciales y los objetos suntuarios con los que los munícipes ladrones se enriquecieron usando ilícitamente esos recursos públicos, alguna gente está reclamando que se vuelva a conceder la administración de los mismos al Ministerio de Educación y Cultura.

    Esta no es la solución a un problema que no tiene que ver con incapacidad administrativa municipal o ineptitud de sus funcionarios y técnicos para ejecutar proyectos, sino con la Justicia, con la codicia impúdica y descarada, la inmoralidad y la impunidad de los malhechores, lacras de las que, en las condiciones políticas que lastimosamente aún predominan en nuestro país, se pueden dar el lujo de abusar sus gobernadores, intendentes y concejales.

    Continuamos opinando que los fondos gubernamentales para el desarrollo deben seguir siendo administrados por los gobiernos locales, pero los gobernadores, intendentes y concejales deben responder políticamente por sus actos ante sus electores, y legal y económicamente, ante la justicia. Esta es la única forma de que el régimen democrático paraguayo algún día llegue a funcionar como debe y como manda nuestra Constitución. La asunción de deberes, obligaciones y responsabilidades de los gobernantes locales, así como la conciencia ciudadana de que es a ellos a quienes hay que obligar a rendir cuentas y a hacerse cargo de sus fechorías, son los primeros ladrillos de la democracia que pretendemos vivir y sobre los que descansa justamente su fuerza.

    No mejorará nuestro régimen democrático mientras las autoridades locales no aprendan y manejen con honestidad el dinero público, a aplicarlo a los fines lícitos previstos, y a someterse al escrutinio ciudadano y al de las contralorías institucionales. Retornar al sistema anterior implicará, otra vez, que los mismos pasen a ser manejados por una docena de funcionarios sentados en oficinas de Asunción, bien lejos de la realidad que tienen que conocer y de las personas ante quienes tienen responsabilidad: los padres y las madres, y los electores en general. Otorgarle al MEC el poder supremo de administrar los fondos de Fonacide en desmedro de los gobiernos locales, lejos de solucionar los problemas derivados de las deficiencias técnicas y la corrupción que se dan en las municipalidades, lo que logrará es despojar de iniciativa y responsabilidad a los funcionarios, directores de escuelas y docentes del interior.

    Ya es hora de que las personas que se postulan para puesto de trabajo en la docencia pública o en la gestión administrativa escolar aprendan a administrar esos oficios y funciones con habilidad y honestidad. Y, para esto, la ley es la custodia. Esas leyes están allí para ser cumplidas o, en caso de omisión, para que la justicia las haga cumplir por la fuerza. Y si los señores gobernadores, intendentes y concejales no saben o no se avienen a respetarlas, entonces que los jueces los envíen a la cárcel. Es así de simple. En cualquier otro lugar, afirmar esto sería una perogrullada, pero resulta que en nuestro país continúa siendo un reclamo popular tan persistente y necesario como ignorado por las autoridades superiores de la Nación.

    Posiblemente sea porque está demasiado fuertemente grabado en la conciencia colectiva que un cargo público es una catapulta para robar y enriquecerse; por eso parece normal que los funcionarios inescrupulosos lo hagan y hay una gran tolerancia hacia ellos. Sin embargo, también se concuerda unánimemente en que a quienes se postularon y fueron votados, se los eligió para que administren, no solo los recursos del Fonacide y de los royalties, sino la ciudad entera; que cuiden los intereses de sus compueblanos, de sus electores, y no que se pongan a robar a mansalva.

    El estado desastroso en que están los pueblos y ciudades del Paraguay, comenzando por Asunción, es porque intendentes tras intendentes, uno tras otro, fueron o ineptos o ladrones. Casi todos los que hicieron “rekutu” tienen, incluso, la posibilidad de mostrar y demostrar dos veces sus limitaciones, sus vicios y su deshonestidad. Y esto ocurre por la incultura cívica de nuestros ciudadanos y porque las leyes punitivas son letra muerta para aplicarlas a políticos bandidos que se alzan con los cargos. Para peor, quienes controlan en nombre del Estado y de la sociedad también son políticos inescrupulosos, ineptos o sobornables.

    Este caso del desfachatado robo de los recursos de Fonacide que perpetraron tantos intendentes (en sociedad con concejales y contralores amigos) es un gran ejemplo para demostrar, una vez más, que no todos los paraguayos y paraguayas cuando votan están atendiendo al tipo de persona a quienes dan su confianza.

    Hay que cerrar, de una vez por todas, los caminos, las ventanas, las hendijas por donde los bandidos penetran en la administración pública. Quienes lo hacen por la vía de comicios democráticos son aún más peligrosos y más impunes. Por lo tanto, los organismos de contraloría deben funcionar y la Justicia debe actuar con la venda puesta y con la vara rígida como corresponde. Así el país con el que soñamos todos los paraguayos y las paraguayas podrá convertirse en realidad.

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    Publicado por Anónimo | 28 enero, 2016, 2:55 pm
  14. Revivir nuestro niño interior
    Por Pablo Noe

    Responder las inquisidoras preguntas de los hijos quizá sea una de las tareas más desafiantes que todo padre debe superar. Principalmente aquellas que invitan a la reflexión por el hecho de tener respuestas rutinarias y que son difíciles de satisfacer, porque su elaboración discursiva es hartamente compleja. La amplitud de las mismas es otro factor, puesto que van desde la salida y puesta del sol, hasta temas que hubieran robado horas de cavilación a los antiguos filósofos griegos. Con la particularidad que tiene la inquieta actitud infantil, no parar con los cuestionamientos hasta que la insaciable sed de conocimiento sea satisfecha.

    La sociedad paraguaya, compuesta mayoritariamente por jóvenes, presenta un rasgo muy notorio en su funcionamiento. A pesar del bajo promedio en edad, nos volvemos viejos muy rápido. Nos aburguesamos, pensando que los grandes temas nacionales son problemas de otro, como si estuviéramos ajenos al desarrollo de nuestro destino. Rápido queda adormecido el impaciente niño interior que interpela ante diversos escenarios.

    Este razonamiento se observa cuando se plantea la detención de la suba de las tarifas básicas, energía y agua, hasta que las instituciones transparenten su gestión, eliminen los planilleros y se revean los contratos colectivos de trabajo. Todos conformes con el anuncio, no nos preguntamos, cual infante curioso que intenta conocer más sobre su realidad, la manera en la que se vienen gestionando desde el gobierno las administraciones de estos entes. Ni esbozamos una crítica hacia quienes contratan planilleros. Menos aún nos detenemos a solicitar que se investigue a quienes mal administraron nuestros recursos, despilfarrados en la gestión de estos servicios básicos. Apelamos a lo fácil, nos quedamos conformes con el anuncio, que satisface nuestros intereses.

    Algo similar se pudo observar con la noticia del proyecto de reconversión del centro de Asunción, en el espacio ocupado actualmente por el puerto. Se firmó un convenio en el que seis ministerios, sumado a proyectos de inversión privada, estación de metrobús y ferry se situarán en un punto clave de la capital. El anuncio, ampliamente difundido, tuvo una respuesta satisfactoria de la población que no reparó mayormente en preguntarse la financiación, las condiciones de desarrollo urbanístico del proyecto, la factibilidad de la realización, el impacto que tendrá para la zona. Menos aún se hizo hincapié en la coherencia de este plan con otras iniciativas similares que vienen desarrollándose para recuperar el centro histórico.

    Actuamos de esta forma, lo que facilita mantener el status quo. La memoria es tan flaca, que una vez que olvidamos estos temas, pasamos a otro foco de atención, sin priorizar lo importante de una buena vez. Mientras continuemos con este tipo de conductas, facilitamos la tarea de los que gestionan los destinos de nuestro país, desde el propio Presidente, pasando por ministros, parlamentarios, ministros de Corte, intendentes, concejales, gobernadores; que juegan un partido en el que la cancha casi siempre está vacía. Los oponentes, en este caso la ciudadanía, dejan el arco libre y los goles se suceden con el resultado que es ampliamente conocido, perder por goleada.

    Una ciudadanía informada es aquella que exige calidad de gestión a sus gobernantes. Este proceso de involucramiento no necesariamente es equivalente a una negación a conseguir mejoras en la sociedad, sino todo lo contrario. En la medida que aumente la elaboración de los cuestionamientos, aumentará la exigencia de quienes toman las decisiones. También ayudará a que los grandes proyectos, ya sea de infraestructura o de transformación del país, cuenten con la participación activa de los diferentes estamentos de la sociedad. Un debate clave, en el que la población no puede ni debe seguir ausente.

    Es fácil alcanzar este objetivo, dar una mirada más profunda a la simple noticia, una postura que nos empuje a escarbar, para notar lo que hay detrás de la información pura y dura. Recordar el niño que vive dentro nuestro. Aquel que pregunta, pregunta y pregunta. Porque quiere, como corresponde, alcanzar un objetivo: intentar conocer más.

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    Publicado por Anónimo | 27 enero, 2016, 7:41 am

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