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La corrupción mata

Luego de 17 días de agonía se apagó la luz de Sara Amapola Insfrán, una niña de dos años que una tarde de domingo salió con su madre a jugar en una plaza pública y se encontró con la fatalidad. Un cable pelado que atravesaba un cantero ubicado en la plaza “Agustín Van Aaken” le produjo una descarga eléctrica que la llevó a la muerte.

La muerte de Sara es una bofetada para la sociedad esteña indolente y cómplice de los abusos y la corrupción. La pequeña niña es víctima de la corrupción. Una obra por la que se desembolsó un monto multimillonario tenía conexiones precarias. Los técnicos de la ANDE que estuvieron en el lugar del accidente aseguraron que los cables utilizados no son los adecuados para una conexión subterránea.

En las fotografías tomadas por los familiares y ampliamente luego difundidas por los medios de comunicación, se puede apreciar que los cables utilizados son del tipo de conexiones domiciliarias  ¿Porqué se utilizaron materiales no adecuados para una obra en un lugar público? ¿Qué decían las especificaciones técnicas, en el pliego de bases y condiciones para la adjudicación del contrato? ¿Quiénes fueron los funcionarios responsables de verificar y autorizar el pago por los trabajos realizados?

En forma absolutamente irresponsable la intendente Sandra Zacarías difundió a través de las redes sociales una fotografía que no corresponde al cable que causó el accidente, acusando a vándalos de la destrucción del sistema lumínico de los espacios públicos. Lo hizo con la evidente intención de distraer la atención y llevar la discusión a otro ámbito, porque la cuestión de fondo no es el vandalismo que existe en todas partes, sino que en la obra realizada bajo su administración se utilizaron materiales de segunda, y que su administración pagó con plata de los contribuyentes por una obra precaria, que finalmente se cobró la vida de una criatura de dos años.

Mientras Sara todavía peleaba por su vida, ya se preparaba el camino de la impunidad. En una demostración de absoluta mala fe, el lugar del accidente fue totalmente alterado. La fiscalía ni siquiera se constituyó en el lugar, y solamente ante la presión de la prensa inició una tibia investigación:

“La corrupción es la gangrena de un pueblo”, “la corrupción mata”, decía el Papa Francisco durante su visita a nuestro país. El caso de Sara Amapola es la demostración más triste y dolorosa de que la corrupción mata y seguirá pudriendo a la sociedad esteña, mientras sigamos teniendo una ciudadanía apática y cómplice, que se mantiene en la comodidad del silencio ante los negociados, la corrupción y la impunidad.

 http://www.vanguardia.com.py/v1/index.php/component/k2/item/40301-la-corrupci%C3%B3n-mata#sthash.90ArmUvR.dpuf

 

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

3 comentarios en “La corrupción mata

  1. Adiós, Sarita

    Por Marta Escurra

    A finales del año pasado un entusiasta grupo de personas corría una carrera contra el tiempo para llegar a Ciudad del Este (CDE). ¿El motivo? Ofrecer una charla sobre la “Ley de libre acceso ciudadano a la información pública y transparencia gubernamental” a estudiantes universitarios y público en general.

    El escenario era paradójicamente el epicentro de un conflicto por corrupción: Universidad Nacional del Este. Entre los privilegiados que escucharon la apasionada exposición del abogado Ezequiel Santagada, del grupo impulsor de la Ley 5282/14, hubo alguien que preguntó de qué nos sirve la norma si las cosas de gobierno solo les interesan a los gobernantes.

    Razonamientos erróneos como estos son los que alientan a los mandamases de moral distraída a sumar ceros a sus cuentas bancarias de manera ilícita.

    La corrupción es un mal que lleva a la muerte. No necesariamente muere el corrupto, mueren casi siempre inocentes víctimas. Si no, pregúntenle a Claudia y a Élida Torres, madre y abuela, respectivamente, de Sarita, la bebé de dos años a quien enterraron el jueves último.

    Sarita murió tras de 17 días de agonía como consecuencia de una electrocución cuando jugaba en la plaza Agustín van Aaken de CDE. La niña entró en contacto con cables pelados de la lumínica del espacio público, por cierto, inaugurado con las pompas de rigor por la intendenta Sandra McLeod.

    Sobre el incidente, la intendenta esteña hizo su descargo en la red social Facebook culpando a supuestos vándalos de destruir las instalaciones del lugar. Sin embargo, a la luz las investigaciones se constató que se trataban de trabajos mal hechos y de cables dispuestos de manera precaria por una empresa adjudicada por McLeod y cuya energía provenía de conexiones clandestinas. Más datos no se tienen pues es característica de su administración negar información y descalificar a quienes la solicitan, desconociendo la ley que le exige mostrar hasta el más mínimo detalle de sus gastos.

    Ejemplos de su negativa y prepotencia hay muchos, escándalos incluidos, y aunque su sospechoso actuar no nos da la certeza de que es corrupta, sí alimenta la firme sospecha de que tiene cuanto menos algunos millones malversados que ocultar.

    Cuando la sed por recaudar sobrefacturando a mansalva obras de dudosa calidad, cuando tus ansias de poder y el gen autoritario se cobran una vida, la indignación e impotencia hacia la política –persona de sexo femenino dedicada a este menester– son inconmensurables. Ahora, desde el punto de vista de la intendenta, la muerte de la niña será culpa de la –como ella trata a sus ciudadanos– “gentuza” que no sabe hacer una conexión eléctrica apropiada.

    Al lado de la tumba de Sarita convendría colocar otro cartel igual a los que la propia autoridad local ordena desperdigar por todo CDE: “Obra de la Administración de Sandra McLeod”.

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    Publicado por Anónimo | 24 enero, 2016, 2:15 pm
  2. Criminal

    Por Mariana Ladaga

    Es negligente habilitar una plaza con registros de instalaciones eléctricas ubicados en el suelo, sin tapa cerrada y cerca de las hamacas, toboganes y asientos donde jugarán niños. Pero es criminal –no cabe otro adjetivo calificativo– tener todo el espacio público alimentado con una conexión clandestina al tendido eléctrico de la Administración Nacional de Electricidad (ANDE) para evitar los costos de una correcta red de iluminación.

    El 3 de enero pasado, Sarita, de 2 años de edad, pisó un cable pelado en la plaza Agustín Van Aaken, mientras jugaba cerca de su madre. Después de luchar por vivir durante 17 días, la niña falleció este miércoles. Son criminales quienes habilitaron ese espacio público y los responsables de su mantenimiento que lo descuidaron.

    Este viernes, acompañando a la fiscala que investiga el caso como homicidio culposo, técnicos de la ANDE fueron hasta Van Aaken y encontraron que –según el jefe del departamento comercial Carlos Román– “la plaza en sí está con conexión directa. No tiene medidor dentro de la plaza. Tampoco tiene llave limitadora dentro de la plaza”. Eso es criminal.

    No solamente había un cable pelado en el suelo, allí donde jugaban los niños como Sarita, sino que no sabemos cuántos voltios recorrieron el cuerpecito de la niña porque la plaza tenía una conexión directa. Eso es terrorífico, pero empeora si se tiene en cuenta que al día siguiente del hecho, violando la escena del crimen, funcionarios municipales fueron al sitio, le pusieron cinta adhesiva al cable pelado, colocaron tapas en registros eléctricos e intentaron “parchar” la situación.

    Según la carpeta fiscal, el mantenimiento general de la plaza estaba a cargo de la Municipalidad de Ciudad del Este. Se trata de una institución verticalista, no deliberante, donde los obreros cumplen órdenes de los responsables de Obras, que entonces eran Pedro Duarte, Beatriz Maidana y César Saldívar, y estos planifican y reciben órdenes de la intendenta, Sandra McLeod de Zacarías (ANR). Los responsables de la situación, y de la muerte de Sarita, sin excusas, deben dejar de “parchar” situaciones y asumir las consecuencias de su negligencia criminal.

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    Publicado por Anónimo | 24 enero, 2016, 1:58 pm
  3. Víctimas de la corrupción

    A veces creemos erróneamente que con una muerte termina todo. Sin embargo, la muerte de una niña, Sarita, vino a echar luz sobre el ejercicio de ciudadanía y sobre las cosas que se hacen mal en nuestra ciudad y que ya se venían advirtiendo desde hace tiempo. Desde diferentes sectores, hace tiempo se señalan las obras mal hechas, las adjudicaciones dudosas, amañadas, las obras inservibles y otra serie de abusos.
    Sin embargo, nadie reaccionó, solo unos cuantos ciudadanos, quienes desde diversos sectores protestaron, señalando las deficiencias, mereciéndose por ello el ataque despiadado de los serviles rentados, siempre prestos a desacreditar, desde el anonimato, a todo aquel que cuestione a la pequeña claque que se adueñó de la ciudad.
    La precariedad de las obras desarrolladas por la administración municipal saltan a la vista. Solo hace falta recorrer el adefesio del Lago de la República, donde se invirtieron más de 11 mil millones de guaraníes del dinero de los contribuyentes, en una obra que cada semana presenta un deterioro nuevo. Cuando se reclamó sobre estas precariedades, la administración municipal había justificado recurriendo a la misma cantinela, acusando a vándalos por la destrucción. Inadaptados hay en todas partes, por ello hay que utilizar materiales de buena calidad, que garanticen la durabilidad de las obras.
    En varias ocasiones se denunciaron estas precariedades, pero ninguna autoridad se interesó. Es el precio que se paga cuando se tiene concejales improductivos, analfabetos y corruptos, como lo fueron quienes estuvieron en la Junta Municipal en el anterior periodo y avalaron con su ignorancia y complicidad todos los atropellos.
    Es también el precio que se paga por tener fiscales corruptos y acomodados que ignoran las denuncias ciudadanas y no actúan de oficio, agazapados en la comodidad de sus oficinas, a la espera de sacar tajada de algún negociado, olvidándose de su función de representar a la sociedad. Cuántas Saritas más tienen que morir para que el ciudadano esteño se ponga verdaderamente las pilas y reclame lo que por derecho le corresponde: un trato decente y un espacio digno adonde llevar a sus hijos y nietos, una ciudad amable, ordenada y limpia.
    Sin embargo, la bofetada que significó para nuestra sociedad la muerte de una niña de dos años, está comenzando a movilizar a la ciudadanía, que de a poco empieza a perder el miedo. Sarita les hizo valientes a esos padres, madres, vecinos, parientes que se animaron a salir a las calles a exigir justicia.
    Ahora hay que estar expectantes, una vez más, para ver si la justicia se rinde a la rosca corrupta o si por primera vez y de una vez por todas deja de ser indolente ante la muerte, los abusos y la corrupción.
    Y aunque Sarita ya no volverá a la vida, nos dejará un gran legado y una gran lección. De que si nosotros mismos no reclamamos nuestros derechos, mañana podemos estar velando a nuestras propias Saritas o ser nosotros mismos las víctimas de la impune corrupción.

    http://www.vanguardia.com.py/v1/index.php/component/k2/item/40363-v%C3%ADctimas-de-la-corrupci%C3%B3n#sthash.OIDfhZbL.dpuf

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    Publicado por Anónimo | 24 enero, 2016, 1:32 pm

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