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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

Los espejitos del asesor

No era suficiente con la ola de calor, ni los nuevos jinetes del apocalipsis: dengue, zika y chikungunya. No bastaba con el Aedes aegypti, El Niño, el dolor de tantos compatriotas inundados, Jalil Rachid y ¿Qué pasó en Curuguaty?

Cuando no habíamos terminado de digerir el escándalo de los favores del ministro del Tribunal Superior de Justicia Electoral (TSJE), Ramírez Zambonini, a su amigo y correlí Manuel Radice. Los cientos y cientos de planilleros hallados mediante una investigación de Última Hora (ÚH), este enero interminable nos sorprende (¿?¡!) con más planilleros.

Una nueva investigación de ÚH reveló los privilegios de un español que vino a hacer la América, de la mano de la gente del Frente Guasu, y que les vendió unos espejitos, pagados con el dinero de los contribuyentes.

Lino Valencia Montes, asesor de la campaña de Fernando Lugo, obtuvo un cargo en la Justicia Electoral, y fue comisionado con la ahora ex diputada Karina Rodríguez.

Hasta ahí todo normal. La cuestión es que la actual directora del Área Social de la nueva administración municipal de Asunción le firmó la planilla de asistencia cuando el sujeto se encontraba fuera del país, y por tanto siguió cobrando de lo más tranquilo.

El asesor consiguió un cargo en el TSJE, y a pedido de Rodríguez fue designado para hacer oficina en la Cámara de Diputados. Ahí tenía que cumplir el horario de 7.00 a 13.00, de lunes a viernes.

Sin embargo, la investigación de ÚH reveló que el español hacía viajes que coincidían con su horario de trabajo. Una de sus giras duró casi dos meses. Sin embargo, en la planilla de asistencia que le firmó Karina Rodríguez, el tipo figuraba trabajando. El superasesor cobraba G. 6 millones al mes.

En el caso del TSJE, institución en la que ÚH ha descubierto una verdadera red de planillerismo y venta de influencias, con personajes como Manuel Radice y sus esposas, las familias de sus esposas, sus amigos y correligionarios, la realidad insiste en dar nuevas sorpresas.

Y eso que a estas alturas ya deberíamos haber perdido la capacidad de asombro ante tantas groseras maneras de robar el dinero de los contribuyentes.

Pero no. Hete aquí que el ministro Ramírez Zambonini nombró como funcionario al asesor español Lino Xavier Valencia Montes 20 días antes de que este llegara al país y de esta forma le hizo correr salario sin que el extranjero comenzara a trabajar. Incluso, antes de pisar suelo paraguayo el TSJE ya le computó el sueldo al asesor español.

Este país, tan pródigo en infortunios, asiste hoy a un nuevo capítulo de la historia de la corrupción.

Hartos de tanta comedia y corruptos que no devuelven lo robado ni van a la cárcel, a veces uno sueña con que un día de estos se haga un poco de justicia. Y saber de paso qué espejitos vino a vender el superasesor español.

Brigitte Colmán

http://www.ultimahora.com/los-espejitos-del-asesor-n960287.html

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

14 comentarios en “Los espejitos del asesor

  1. Planillerismo y Coherencia
    Por Santiago González

    Fue espantoso escuchar a algunos referentes políticos hablar del caso Karina Rodríguez y el español acusado de planillero. Barriendo de derecha a izquierda, absolutamente todos hicieron el ridículo de alguna u otra manera. Incluso la opinión pública se dividió en el ridículo.

    Mientras la derecha pedía cárcel y azotes en plaza pública por los delitos cometidos por la ya condenada Karina, la izquierda nos quería hacer creer que lo que se había defraudado al estado era solo el vuelto; una cifra insignificante por la cual no valía la pena armar tanto escándalo.

    Tanta es la incoherencia que se evidenció en estos días, que una vez más quedó en claro que no importa lo justo, lo ético, sino que solo importa lo que es conveniente. Por el lado de lo justo es verdad que la expectativa de pena es muy baja por el delito que se le imputa a la ex diputada y directora social de la Municipalidad de Asunción. No se puede pretender encarcelamiento y pena de muerte según lo que el propio código establece.

    Ahora bien, tampoco corresponde lo que la izquierda pretendió instalar en este caso. La hipótesis de una persecución contra una mujer, por su condición de mujer, llegando a lo que por ejemplo Rocio Casco planteó: violencia de género y violencia política.

    Devolver la plata no era suficiente, era necesario el gesto que terminó teniendo Karina luego de tanta presión, el de la coherencia política de un sector que siempre criticó estas prácticas y que cuando la basura llegó a casa pretendió esconderla bajo la alfombra.

    Hoy el caso Karina sirve para que la sociedad entera también sea coherente más allá de banderías políticas y exija a los corruptos abandonar sus cargos y soltar sus fueros para que sean investigados. Los Ibáñez, los Bogado y los Cardozo, así como otros próceres como el excontralor deberían estar siendo presionados así como fue presionada Karina.

    “Karina renunció por presión” dicen algunos ¿y acaso los demás no tuvieron incluso manifestaciones en su contra? Coherencia, política y social. Eso es lo que nos falta.

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    Publicado por Anónimo | 26 enero, 2016, 5:03 am
  2. La mujer del César

    by Marilut Lluis O´Hara

    Qué mucha gente se enojó conmigo por haber cuestionado en Facebook a Karina Rodríguez por haber avalado a un planillero. “Te enojaste con Mario porque no te dio trabajo en la Municipalidad y por eso le atacás a Karina” me dijeron algunos tan cercanos que me asusta lo poco que me conocen. Otros que sí me conocen más me dijeron que lo que debía haber hecho era callarme nomás, como hicieron muchos que compartieron siempre conmigo sueños y proyectos comunes. Y hubo algunos que me metieron en la misma bolsa que los periodistas y medios que se han dedicado a proteger y defender, históricamente, a los corruptos.

    Yo no creo haber atacado a Karina, aunque sí es cierto que estaba indignada por lo que había hecho, porque justamente ella, una mujer luchadora, valiente y que tenía que convertirse en una alternativa válida para los honestos de este país, no tenía derecho de meter la pata de esa manera, aunque se hubiera tratado de una jugarreta protagonizada por Ramírez Zambonini y su escudero Héctor Alegre. Ella es lo suficientemente lista y astuta para no dejarse envolver en la trampa de estos sinvergüenzas.

    Ahhh otra cosa que me dijeron es que por culpa de gente como yo, los delincuentes de siempre tienen justificativo para atacar a la izquierda, mostrándose como blancas palomas. Quien haya pensado que los badulaques no iban a aprovechar para gritar a los 4 vientos que no hay diferencias entre ellos y quienes se han convertido en baluartes del cambio, pecó de inocente. En todo caso, no fue por lo que yo dije, sino por lo que ella hizo.

    Pero dejemos de lado a Karina, quien, al final, tuvo una reacción digna al renunciar a su cargo en la Municipalidad, algo que sí ha constituido la diferencia clara entre ella y los buitres. Como dije en su momento, el delito puede ser el mismo, pero la actitud los diferencia de aquí a la luna.

    Cuando una persona se convierte en una opción diferente, y hace que la gente crea en ella y piense que a través suyo puede conseguir una vida diferente, no tiene derecho a tener un desliz; de ninguna manera puede tener una actuación, aunque sea una pequeñita, que la asemeje a la caterva de delincuentes que se han apoderado del país desde hace siglos.

    Así como la mujer del César, no debe solo ser sino parecer buena. Y si esto no lo tienen asumido quienes acaban de incursionar en la arena política con proyectos excelentes, y responden con berrinches cuando se sienten atacados por la prensa, a la que siempre tuvieron de aliada, no han entendido las reglas del juego. La prensa atacará siempre, a tirios y troyanos, y uno debe estar preparado para reaccionar con firmeza ante cada caso, sin sentir que es una cuestión personal. En todo caso, sin importar que fuera una cuestión personal.

    Eso de que soy igual a los que protegen a los corruptos ni siquiera merece una respuesta. No soy de las personas que refriegan su trayectoria ni la ventilan a los 4 vientos. Creo que la mejor garantía de mi solvencia como periodista es que no ocupo un cargo importante en ningún medio masivo del país. Y no digo más.

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    Publicado por Anónimo | 26 enero, 2016, 4:59 am
  3. Si quieren que se les vea diferentes, sean diferentes

    Por Brigitte Colmán –

    A veces uno ya ni alcanza de terminar de indignarse cuando aparece un nuevo caso de planillerismo, chongueada, venta de influencia y/o corrupción. Y parece que no va a parar de llover.

    Las publicaciones de Última Hora sobre el caso del asesor español (de Lugo, y después de Mario y después de Karina) causaron diversos niveles de indignación.

    Un sector respondió con un “¡Fuerza, compañera!” “¡Ladran, Sancho…”, etc., etc. Y expresaron su admiración por lo que denominan coherencia de parte de la dirigente, que en una insólita decisión, agarró y renunció al cargo.

    Otro aprovechó para sacar la artillería pesada con sus consabidos: “¡Fuera, zurdita, Fuera!”, “Una corrupta menos”; “A este Ferreiro hay que tenerlo bien vijiladito (textual)”; “Corrupta y ladrona, disfrazada de luchadora $ocial, izquierdi$ta, sociali$ta y progre$ista”, y otros argumentos de “peso”.

    Se dijo de todo. Y hasta hubo quien se preguntó cómo lo que el epepé no ataca cuando hay denuncias de corrupción de alguien de la izquierda…

    La Renuncia. Es destacable que un político renuncie a su cargo, a su salario, a sus privilegios; y no es algo que suceda con frecuencia.

    No es poca cosa que Karina Rodríguez haya renunciado primero, nada más y nada menos que a la impunidad que le da el cargo de parlamentaria. Eso fue superimportante, yo le aplaudo de pie. Pero una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa.

    Aunque lo de la planilla que le firmó al español haya sido un descuido administrativo. Aunque no se puedan comparar las cifras que cobraba el asesor español mientras viajaba, con los millones de dólares que le costaron al pueblo paraguayo los más de 60 años de gobiernos colorados. Aunque no se compare este caso con los de cientos de amantes, chongos, socias, hermanas, esposas, amigos y correligionarios, que en este mismo momento siguen planilleando en alguna institución del Estado, de la mano de colorados y liberales.

    La cuestión es, querido saltamontes, que hacés bien las cosas o no las hacés bien. Sos honesto con el dinero del pueblo paraguayo o no lo sos. Cuidás los recursos que te encomiendan o no lo hacés.

    Por todo esto, en vez de victimizarse y denunciar planes mefistofélicos para acabar con sus carreras políticas con miras a lo que se nos viene en el 2018, quedaría mejor que se pongan las pilas, dejen de firmar cualquier planilla que les ponga enfrente y justifiquen bien cada guaraní que les toque administrar.

    Si quieren que se les vea diferentes, pues sean diferentes. No es tan complicado.

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    Publicado por Anónimo | 26 enero, 2016, 4:49 am
  4. Se requiere coherencia entre el discurso y el hecho político

    Uno de los principales factores que contribuyen a la credibilidad de un político –o de cualquier hombre público en general– es la coherencia entre aquello que profesa y lo que practica. Ciertamente es por ello que un hombre como José Pepe Mujica gozó de los elevadísimos índices de popularidad durante su presidencia en el Uruguay, y luego de abandonar el cargo. No solo proclamaba la austeridad como modelo de gestión; la asumía como un valor esencial de su vida cotidiana. Esto es, precisamente, lo que nos falta en el Paraguay para que nuestra clase dirigente alcance la confianza tan necesaria para su labor en el ejercicio del poder. A nadie convencen hoy las huecas palabras que no van respaldadas por la coherencia. La sociedad es cada vez más crítica con respecto a los que olvidan que el discurso necesita la garantía de los hechos concretos.
    La palabra comprometida de un hombre coherente tiene una fuerza particular. Es capaz, si no de “mover montañas” –como dice la Biblia– de transformar la realidad de las estructuras humanas. Así se ha visto en la historia con figuras de la talla de Mahatma Gandhi, Martin Luther King, Teresa de Calcuta y Nelson Mandela, entre otros.

    En nuestra región, hemos visto con asombro el caso de un gobernante sencillo, que generó sorpresa en su país y el mundo por su coherencia de vida: el ex presidente del Uruguay José Pepe Mujica, a quien la prensa internacional calificó como el “presidente más pobre del mundo”.

    Claro, la palabra de Mujica adquirió rápidamente firmeza y respetabilidad en todo el planeta. Merced a su influencia personal, más que política –ya que el Uruguay es un país de relativo peso en la comunidad internacional–, el ex mandatario logró promocionar a la cúspide de la Organización de los Estados Americanos (OEA) a Luis Almagro, quien se desempeñara como canciller durante su gestión.

    La principal fuente de credibilidad de Mujica, como la de tantos otros líderes, se basa en la perfecta congruencia entre lo que dice y lo que hace, entre discurso y praxis. No solo argumentaba que un hombre austero podía ser más pleno en esta vida que otro lleno de riquezas materiales; él mismo encarnaba su proclama viviendo en una chacra de las afueras de Montevideo con un Fusca como único medio de transporte. Desde luego, quien tiene esta escala de valores genera una confianza y una ascendencia entre sus conciudadanos que muy pocos logran alcanzar.

    Este, entre otros tantos, es el motivo por el cual la clase política paraguaya, y la dirigente en general, es tan poco creíble: porque no existe conexión entre su retórica y los hechos políticos que genera mediante su conducta.

    Actualmente se observa a algunos jóvenes políticos que se proclaman cumplidores puntillosos de las doctrinas socialistas, con alta “sensibilidad” por los temas que atañen a las necesidades que atraviesan vastos sectores desfavorecidos de la sociedad, pero cometen actos reprochables muy similares a los de aquellos que militan en formaciones partidarias tradicionales.

    Antes este desolador panorama, es necesario que nuestra dirigencia reflexione acabadamente acerca de la necesidad de acercar su discurso a su conducta. Ejemplos de patriotas convencidos y respetables que adecuaron sus convicciones a su trayectoria pública, al estilo de un Eligio Ayala, es lo que más requiere la clase política paraguaya para superar la profunda crisis de credibilidad que atraviesa en la actualidad. Los jóvenes, más que nadie, precisan que se les ofrezcan esos modelos de solvencia cívica y moral.

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    Publicado por Anónimo | 25 enero, 2016, 8:53 am
  5. ¿Karina dinamitó bases del proyecto presidencial 2018?

    El affaire de Karina fue quizás una de las correntadas noticiosas que más agua arrastró, y debe ser, a juzgar por la tremenda reacción en los medios convencionales y en los virtuales. Habrá sido también por ser quien ella es y a quien representa en este enmarañado escenario político; que cada vez más deja poco margen de confianza. No se salva nadie!

    Frases como: Con “este gesto”, lo de la devolución del dinero, lo que quedó en evidencia es que ella es corrupta cómo los otros a quienes se pasó criticando!!!; Y en su caso es más grave porque pidió votos de la ciudadanía “para administrar y cuidar la cosa pública”… diciendo que ella era diferente a los otros!!! O sólo un débil mental puede encontrar “virtud” en su renuncia!!!, Virtud hubiese sido no cometer un delito!

    Los que se animaban a defenderla apuntaban: Sigo creyendo que lo de Karina fue un error involuntario, un mínimo desliz.

    Karina es víctima de la violencia política y que esa situación se agrava porque es mujer, dijo Rocío Casco, diputada y miembro del mismo grupo político de Karina. A todas luces desatinada reacción; acaso su condición de tal, de mujer; exige un trato diferencial a la hora de ser calificado un hecho de corrupción?

    A mediados de la semana que pasó el concejal Federico Franco Troche se aproximó a lo que en el fondo lesionó –además de la confianza ciudadana- Karina Rodríguez al caer en el mismo error que horas antes cuestionaba de otros dirigentes, de otros partidos políticos. Franco Troche dijo que ve con preocupación la situación que envuelve a la funcionaria municipal y reconoció que no favorece en nada al proceso de cambio que se pretende generar en el municipio y que fue el eje de la plataforma electoral de Mario Ferreiro.

    Así mismo es, pero hay más y es probable que nunca lo digan: Karina dinamitó el proceso de construcción de la dupla presidencial para las generales del 2018.

    Desde que inició su campaña por la Intendencia de Asunción ya los que saben apuntalaron la tesis que en realidad Mario iba por el premio mayor, pero necesitaba sobrevivir políticamente hasta el 2018. Karina tenía el perfil necesario para acompañarlo; hasta que se le descubrió el “desliz”.

    Karina estaba convencida que era indestructible; que jamás nadie se animaría a apuntarle con el dedo acusador, creía que era impoluta porque su discurso anticorrupción convencía a los medios o a al menos a los periodistas con quienes tenía algún trato.

    Karina padece lo mismo que sus compañeros de causa, cree que por militar en la izquierda todo se le perdona. Viven en una izquierda muy encasillada, con la soberbia de creerse los únicos intelectuales del país y desprecian al resto porque no son marxistas, porque si no militan por esa senda ya están manchados. Karina se burló de la inteligencia de aquellas personas que no comulgan su ideología; y así le fue.

    Pero ella confió en ese halo protector y se la animó a dejar su curul en Diputados y se lanzó al siguiente paso; acercarse a Mario y hacerse con una de las direcciones más importantes: “Área Social”, desde donde tendría más llegada a la gente; al voto. Entendió que esta era la jugada, la misma que buscó cuando se lanzó para la diputación, pero no le estaba resultando.

    Pasó tiempo del affaire del español y se creyó blindada, pues entendió que los “compañeros periodistas” le seguirían el juego. Craso error.

    Antes de asumir ya le estalló en las manos la dinamita y terminó hiriendo de muerte a la que pudo ser una dupla potable en el 2018.

    Renunció porque simplemente no tenía otra alternativa. Ya no tenía condiciones políticas de continuar en el cargo y entendió que estaba minando la figura de Mario. Los días que se ausentó, que no apareció en los medios, hasta su renuncia, fueron ocupados con consultas con los principales referentes políticos de su entorno y de otros partidos, posibles aliados. Las respuestas fueron las mismas; “hacete a un lado, y salvemos a Mario”.

    El discurso del intendente tras la renuncia de Karina fue muy elocuente; “quieren manchar su administración”, como queriendo decir que le buscan la vuelta para destruirlo antes de llegar al 2018, cuando lo único importante debió haber sido alguna declaración que destaque su compromiso de transparencia y lucha contra la corrupción.

    La vida continúa, Mario deberá replantear lo que tenía previsto con Karina en la Municipalidad y la izquierda en general deberá entender que para ellos no existe manto de protección, pese a su discurso. Rocío, tu amiga Karina no fue víctima de ninguna violencia política, cometió un error debe pagarlo. Así de sencillo.

    José Rojas

    http://www.adndigital.com.py/index.php/impreso/columnistas/12549-karina-dinamito-bases-del-proyecto-presidencial-2018

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    Publicado por Anónimo | 25 enero, 2016, 8:53 am
  6. ¡Qué pena!

    Por Jorge Rubiani

    Cuando concluía mi mandato de concejal en la Municipalidad de Asunción, me preguntaron que había sido lo más difícil de mi actividad en la Junta. Contesté sin dudar: ser oficialista. Porque en tal carácter (era concejal del grupo que llevó al doctor Carlos Filizzola a la Intendencia) creía que de ningún modo tenía que incurrir en lo que siempre había criticado del ejercicio del poder. Pensaba que si hacía lo mismo SERÍA PEOR, porque al mismo mal le agregaría el cinismo. El hecho vino a mi memoria cuando trascendió en los medios de prensa que la Sra. Karina Rodríguez había cubierto con su firma la ausencia de un asesor del TSJE, comisionado en el despacho de la Sra. Diputada. Que habría hecho constar la presencia de un funcionario ausente en su lugar de trabajo, al solo efecto de que el señor cobrara haberes que no le correspondían. Además del festín de comentarios que sobre el tema se desparramaron en “las redes sociales” –cielo e infierno del siglo XXI–, me parece necesario puntualizar lo que sigue:

    * Que la inercia operativa que prevalece en el recinto legislativo destruye fácilmente –por lo visto– cualquier intromisión distinta a su naturaleza. Es posible que los fueros o la abundancia de sus recursos y prerrogativas desintegran cualquier voluntad de mantenerse alejado de los vicios que han contaminado a muchos de sus miembros.

    * Que no importa que el Parlamento se nutra de sangre joven, pues como lo expresó Marguerite Yourcenar, ninguna juventud es esperanza de nada si no cuenta con buena formación y buenos ejemplos. De este pequeño detalle y de ambas carencias surge que jóvenes con razonables ambiciones de protagonismo público tengan que arroparse hoy bajo el “ismo” de algún nombre que sustenta los oscuros códigos de la política local.

    * Que la ausencia de contrapesos morales, la desesperante impunidad y el acceso al liderazgo a través del dinero, además de los ineficaces mecanismos para la delegación de la voluntad popular, han generado una visible decadencia, en eficiencia y calidad, de los estamentos de gobierno.

    * Que las distintas reacciones sobre el “caso Karina” nos permiten verificar que, desentendidos de todo factor moral o ético, desplegamos nuestras afinidades ideológicas para acudir en tropel a confrontar nombres, afectos o trayectorias, en vez de consagrar valores que promuevan la confianza de la gente en sus autoridades. Este hecho, especialmente, nos confirma que los partidos están lejos de los ideales que pautaron su emergencia y sostuvieron sus hombres en el pasado. De cuando ciudadanos intensamente patriotas elaboraron conceptos, mecanismos e instituciones para conducir las inevitables confrontaciones sociales, dentro de pretensiones de justicia y libertad.

    ¿Y Mario Ferreiro? Justo en el momento en que la opinión pública critica a colorados y liberales que cierran filas en torno a algunos de sus impresentables correligionarios; cuando los primeros se empecinan en demostrar que la “unidad granítica” sigue vigente y que los otros deciden sepultar la principista posición de antaño, el flamante intendente de Asunción se coloca en la línea de fuego. Todos sabemos que la Sra. Rodríguez no es Víctor Bogado ni Alberto Ramírez Zambonini; pero tampoco ignoramos que en el ejercicio de la función pública nos igualamos en las faltas cometidas, sin importar su gravedad o calificación. Por lo que, si el voto de la ciudadanía consagró al Sr. Ferreiro para tan importante cargo, debería haber soslayado cualquier actitud fuera de lo conveniente, lo correcto y necesario, para asumir una actitud ejemplar. Aunque la misma afectada no le facilitó –aparentemente– el camino con su inmediata renuncia. Esa ha sido siempre la vieja trampa que nos tiende el poder: la falta de discernimiento para saber en qué momento los sentimientos pueden igualarse o imponerse a la razón y a la investidura. Un gesto como el indicado pudo haber concretado las diferencias con la vieja política, tantas veces anunciadas durante la campaña. Y hubiera ayudado extraordinariamente para que la gente se sintiera mejor dispuesta hacia una autoridad municipal que tiene ante sí un largo camino “lleno de abrojos y espinas”. Lo dicho: ¡qué pena!

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    Publicado por Anónimo | 25 enero, 2016, 8:49 am
  7. La cabeza de Karina

    Por Alfredo Boccia Paz

    Renunció Karina Rodríguez. Fue la mejor decisión que pudo haber tomado. La que menos daño le producirá a ella y al objetivo encubierto de muchos de los ataques: el proyecto municipal encabezado por Mario Ferreiro. Los hechos parecen claros. Ella avaló la supuesta presencia de un asesor parlamentario que se encontraba fuera del país. Hay por lo menos dos miradas al problema que merecen ser analizadas por separado.

    La primera corresponde al ámbito administrativo y allí el delito o la falta parecen menores, sobre todo si los comparamos con los escandalosos casos que fueron denunciados recientemente. Incluso entre los críticos más feroces, son pocos los que creen que Karina haya firmado las planillas con la intención personal de quedarse con el salario del español, quien, por otra parte, es un abogado y docente universitario que fue contratado para un servicio específico y temporal que venía cumpliendo efectivamente.

    La otra dimensión es la política, y es imposible de eludir. Con razón o sin ella, hubo una marejada de críticas que instalaron el caso Karina Rodríguez en el centro de la escena de un mes de enero en el que faltan temas políticos. La izquierda comprueba, una vez más, que paga un costo diferente cuando se la acusa de corrupción. Su fragilidad frente a la reprobación pública se origina en la expectativa de que ella sea distinta a lo tradicionalmente conocido. Que no caiga en los mismos vicios que denuncia.

    No es casual que la mayor indignación provenga justamente de allí, de los que asimilan el error de Karina a su propio y ancestral envilecimiento. Las planillas de Karina les ofrecen en bandeja la oportunidad de vestirse de indignación y decirnos en la cara: “¿Vieron? En política todos somos iguales”. En el fondo, saben que frente al prontuario de despojos al Estado que acumulan, lo de Karina parece una inocente travesura infantil, pero no iban a faltar a la fiesta de destrozar a la zurdita.

    Y los que sabemos que Karina no es así y no todos son iguales en política, nos quedamos con pocas respuestas. Porque seremos enseguida acusados de medir la corrupción con tamices de distinta malla, según provenga de la izquierda o de la derecha. Por eso, aunque doliera, Karina tuvo que ofrecer su cabeza en sacrificio.

    Si se aferrara al cargo o intentara eludir la investigación judicial estaría hipotecando su futuro político y comprometiendo la credibilidad de Mario Ferreiro, quien traba su propia lucha contra los centenares de planilleros –estos sí de verdad– que tiene en la Municipalidad de Asunción.

    El episodio también deja algunas lecciones para todos. No está mal que empecemos a tener una sociedad más exigente con sus representantes, sin excepciones para nadie. Y tampoco estaría mal que se valore la actitud inusual de Karina de renunciar y de ponerse a disposición de la Justicia frente a tantos ejemplos de lo contrario que todos conocemos.

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    Publicado por Anónimo | 23 enero, 2016, 5:10 am
  8. Señales positivas

    Ser funcionario público en Paraguay históricamente fue sinónimo de mediocridad y haraganería. Para acceder a un puesto en alguna de las instituciones lo único que no se necesitaba era capacidad. Bastaba con tener un buen padrino y, en lo posible, no dar mala fama al resto queriendo hacer algún buen trabajo.

    Toda generalización es injusta y somos conscientes de que, incluso en los aciagos tiempos de la dictadura, hubo alguna gente capaz y trabajadora mezclada entre los miles y miles de haraganes y sinvergüenzas a los que bastaba ponerse un pañuelo al cuello para garantizar que jamás quedaría sin ingreso económico. Así que hablar de planilleros en la Administración Pública era casi una perogrullada, ya que nadie ignoraba que un amplio sector de funcionarios de cada institución solo se presentaba a marcar entrada y salida y a cobrar su sueldo.

    No olvidemos que no hace mucho fue creada la institución del “freezer”, a donde van a parar los recomendados de quienes ya perdieron el poder, que quedan a la bartola, sin función ni obligación, pero no pueden ser despedidos porque la Ley de la Función Pública lo prohíbe.

    Pues bien, algo de esto ha empezado a cambiar. De pronto, ser planillero es un delito, y quien avala a los que cobran sin trabajar son cómplices de ese delito y resultan imputados y procesados por la Justicia. Esto apenas se ha iniciado a fines del año pasado, con el escándalo de la existencia de miles de planilleros en la Justicia Electoral de lo que se responsabilizó al miembro más antiguo del TSJE, Alberto Ramírez Zambonini.

    Cuando la Unidad de Delitos Económicos y Anticorrupción de la Fiscalía decidió imputar a presuntos funcionarios del TSJE, que cobraban salarios sin trabajar, y al mismo Ramírez Zambonini por cobro indebido de honorarios, inició un proceso que ya no debe tener marcha atrás.

    El caso de la exdiputada Karina Rodríguez y su asesor planillero fue el otro que cobró fuerza en estos días, con la diferencia de que ella renunció a su cargo en la Municipalidad de Asunción mientras que el miembro del TSJE sigue aferrado con uñas y dientes a su cargo, a pesar de tener medidas alternativas a la prisión.

    Es cierto que los delitos por los que se investiga a los planilleros y a quienes los avalan no tienen una expectativa de pena muy alta, por lo que, en este momento, no hay ni uno solo que fuera imputado por la causa de cobro indebido de honorarios que esté en la cárcel. Pero eso es lo que dice la ley y a ella deben atenerse fiscales y jueces.

    Pero el cambio de actitud es evidente. Los planilleros de la Justicia Electoral han sido despedidos y ya han prometido lo mismo los presidentes de ambas cámaras del Congreso y el intendente de Asunción, Mario Ferreiro. Y la pelota apenas ha empezado a rodar. Ayer nomás, el presidente del Senado, Mario Abdo Benítez, pidió a la Fiscalía que no sea selectiva a la hora de investigar e imputar a planilleros. Dijo que podría abrir causas en unos 15 mil casos aproximadamente. Suponemos que se queda corto; deben ser muchos más. Pero es andando como se hace camino y es obvio que ya se ha dado el primer paso para que estas garrapatas, que han vivido chupándonos la sangre, desaparezcan del mapa nacional.

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    Publicado por Anónimo | 22 enero, 2016, 3:41 pm
  9. “Asesores”

    Desde hace algunos años los políticos han encontrado una figura bajo la cual poblar el Presupuesto nacional con su tan numerosa cuan voraz clientela, los “asesores”, que se ubican generalmente en la punta de la escala salarial, superados quizás solo por las secretarias “vip”.

    En efecto, no todos los “planilleros” de la administración pública son de igual categoría, pues ciertos funcionarios o contratados gozan de un estatus especial, tanto por su pomposa denominación de “asesores” como por los buenos salarios que perciben, sin siquiera aparecer regularmente por su lugar de trabajo. Tal el caso del asesor español Lino Xavier Valencia, quien cobraba su salario hasta cuando estaba fuera del país, con el aval de la antes diputada y hoy ex funcionaria municipal Karina Rodríguez.

    Los “asesores” están en todas partes, y no solo en el Congreso y en la Junta Municipal de Asunción, como bien podría creerse a raíz de la serie de revelaciones de los últimos tiempos. Es verdad, sin embargo, que en esos órganos colegiados han proliferado bastante, gracias a que son los propios legisladores y concejales quienes sancionan los presupuestos que incluyen esos cargos muchas veces fraudulentos. Solo la Cámara Baja con 80 miembros cuenta con más de 500 “asesores”, entre ellos un hijo del senador Ramón Gómez Verlangieri y dos hijas de la diputada Ramonita Mendoza. Los 24 ediles asuncenos eran también asistidos el año pasado por 56 “asesores”, entre los que figuraba la esposa del entonces concejal Pablo Faccioli. Para retribuir los servicios de todos ellos, se habían presupuestado 2.314 millones de guaraníes. Ahora se sabe que la Junta Municipal no tiene ningún registro en el que conste la tarea realizada por quienes debían aconsejarles según sus conocimientos, algo de lo que seguramente también carece el Congreso con respecto a las labores realizadas por los parientes, amigos y correligionarios de los legisladores.

    Por regla general, los llamados “asesores” no son más que “planilleros vip” que esquilman al erario con la complicidad de legisladores y ediles, así como con la de las máximas autoridades de los diversos órganos.

    Si se necesitan servicios profesionales especializados, la ley de la Función Pública admite su contratación temporaria, previo concurso de méritos, mientras que la de Contrataciones Públicas habilita a recurrir a las prestaciones de una consultoría. Sin embargo, ocurre el absurdo de que abunden los funcionarios con estabilidad en el cargo que fungen de “asesores” permanentes, lo que implica, en última instancia, que la burocracia se aconseja a sí misma.

    En realidad, toda esta farsa se ha montado para robar al contribuyente de un modo más o menos elegante, dado que el rótulo de “asesor” impresiona y parece justificar un sueldo respetable. Se trata de una manipulación presupuestaria en favor de los allegados a los jerarcas o mandatarios de turno, que a estas alturas ya no puede engañar a nadie.

    Es tiempo, pues, de que la ciudadanía haga saber a los “asesores” y a los “asesorados” que ya no tiene ningún sentido seguir tratando de ocultar el robo con ese burdo disfraz y de que les muestre su indignación cada vez que se hable de alguien que “asesora” en la función pública. ¿O es que se debe suponer que el hijo del senador Gómez Verlangieri, con 22 años y sin título universitario, realmente “asesoraba” al diputado Jorge Ávalos Mariño sobre la “percepción de la calidad de vida de la ciudadanía paraguaya”? Por favor, que no nos sigan tomando por idiotas.

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    Publicado por Anónimo | 22 enero, 2016, 10:37 am
  10. Nuestros chanchos, chanchos son

    Por Sergio Etcheverry

    La novela de Karina llegó a su fin y de la manera que se esperaba: Ella alejada del cargo. Decidió renunciar, pero tarde; cuando todo saltó, hace casi una semana, estaban dadas las mismas condiciones que ahora, o más favorables aún, para dar el paso al costado; en ese momento, hubiera sido elegante (dentro de lo que el oscuro tema permite), atinado y hasta plausible.

    En ese momento, Rodríguez hubiera conservado intacta su imagen de mujer inteligente y luchadora, más allá que eventualmente se pueda estar o no de acuerdo con ella. Ahora quedó como que actuó acorralada por las circunstancias.

    El intendente Ferreiro fue el que más perdió; de sus promesas electorales de ser implacable con la corrupción, pasó a oscilar entre la indecisión y la inseguridad. Hace dos o tres días dijo que si se la imputaba, iba a pedir su renuncia, pero no la exigió en el mismo momento.

    El entorno de Mario estuvo silencioso o se dedicó a justificar, apelando a argumentos de las otras tiendas (hay que comprobar, hay que ver cómo es, las cosas no son como parecen, tiene que ir por los caminos normales). Con la actitud reconocida por Rodríguez, de avalar el hecho firmando un papel para presentar a un organismo oficial y así poder cobrar, ya reconoció un delito (“nunca firmes por otro”, me decía mi abuelo cuando yo era chico).

    Es una pena que el intendente haya decidido dilapidar un poquito de su enorme crédito político al apoyar una situación que no podía terminar de otra manera. Sus analistas, o él, fallaron al analizar la situación. Seguramente nos tapará la boca con obras, además, en unos días dará la lista de funcionarios planilleros, según había dicho.

    Lamentablemente, de todo esto quedó la impresión que, llegado el momento, para defender a alguien del mismo color está permitido torcer un poquito las cosas y hasta traer “violencia de género” al tapete. “Será un chancho, pero de nuestro chiquero”, dijo alguien alguna vez. Cierto puede ser, pero no dejan de ser chanchos.

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    Publicado por Anónimo | 21 enero, 2016, 1:35 pm
  11. Karina paga por involucrarse en vicios que siempre criticó

    La coherencia entre las palabras y los hechos es una virtud escasa en el país. Basta mirar lo que dicen y luego hacen los políticos a diario para ratificar que esa realidad sigue incólume. El caso de la ex diputada y, desde ayer, ex directora general del Área Social de la Municipalidad de Asunción, Karina Rodríguez, ratifica que ni siquiera alguien que aparecía en el escenario del poder con características esperanzadoras –por su juventud y las posturas asumidas en diversos momentos– está al margen de ese antiguo y condenable vicio de la incoherencia. Firmar una planilla para avalar la presencia en el trabajo de un funcionario ausente es a todas luces condenable. Lo que es grave para un liberal o un colorado, lo es mucho más para una persona que ha criticado aquello que ahora la tiene como protagonista.
    Tras la caída de la dictadura, hace ya casi tres décadas, dos países pujan con fuerza dispar: el de aquellos políticos que consideran la cosa pública como si fueran de su propiedad y, por lo tanto, pueden hacer con ella lo que se les venga en ganas y el de la ciudadanía consciente que brega por edificar un Paraguay donde la honestidad, la capacidad, la transparencia y el respeto sean las normas de convivencia habituales.

    Los políticos, a través de sus partidos o movimientos, detentan el poder y, como casi todos están cortados por la misma tijera de la irresponsabilidad para defender los intereses generales, resulta muy difícil hacerlos cambiar de actitud. Por lo tanto, persiste un modelo de discurso y de práctica que a esta altura del siglo XXI ya debió haber sido superado.

    A pesar de ello, hay sectores ciudadanos que con coraje y lucidez oponen un frente a los que consideran que las leyes sirven para los papeles, no para que ellos adecuen sus conductas a las mismas. Hasta hace poco, la ahora ex diputada Rodríguez, y desde ayer ex directora general del Área Social de la Municipalidad de Asunción, pertenecía a esta categoría.

    Su trayectoria pública caracterizada por sus cuestionamientos razonados y razonables, su postura firme de condena ante la corrupción de sus pares en Diputados y de los Senadores, así como de otros ámbitos de la vida pública, hicieron de ella una figura prometedora desde la perspectiva de contar con políticos no atrapados en la telaraña de los condenables vicios tradicionales.

    La connivencia con el asesor comisionado del Tribunal Superior de Justicia Electoral (TSJE) para apañar el incumplimiento de sus obligaciones personales, sin embargo, la muestran como alguien que, dadas las circunstancias, utiliza las mismas artimañas de algunos colorados y liberales del Parlamento.

    Prestarse para que un ausente cobre su salario como si fuera que está trabajando pertenece a un código del que ella aparentaba estar al margen. Incurrió en una conducta que ella misma censuraba en otros legisladores: intervenir indebidamente para que el dinero público llegue a manos de alguien que estaba en el exterior y no en su puesto de trabajo.

    Por las evidencias que están a la vista de todos, reprodujo una conducta que parecía más propia de otros antes que de ella: firmar las planillas como si fuera un acto normal y sin probables consecuencias ulteriores.

    Con su renuncia a su alto cargo en la Municipalidad de Asunción, se ha visto que a un problema político Karina Rodríguez le dio una respuesta política. No obstante, su paso al costado no disminuye la gravedad de haberse involucrado en vicios que siempre criticó.

    Ahora, ya sin cargo alguno, enfrentará las imputaciones de expedición de certificados no auténticos y cobro indebido de honorarios en carácter de cómplice. Tal situación no se ha dado en los casos de otros políticos acusados de corrupción en ambas cámaras. Al contrario, en vez de tener el coraje de renunciar y enfrentar su situación ante la Justicia, se han aferrado más a sus bancas con el propósito de alcanzar algún blindaje para sus abusos de poder.

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    Publicado por Anónimo | 21 enero, 2016, 1:20 pm
  12. Karina

    Tras ocultarse de la prensa durante varios días, la exdiputada y hoy funcionaria municipal Karina Rodríguez lanzó un comunicado con relación al bochornoso hecho de que desde 2012 hasta 2015, siendo diputada, firmara la planilla de asistencia del asesor español Lino Xavier Valencia, inclusive cuando este se hallaba fuera del país. La “servidora pública”, como se autodefine, no negó en absoluto los hechos, sino que se explayó sobre cuestiones accesorias apelando a una serie de frases huecas. En lo que concierne al tema, se puso “a completa disposición de las autoridades competentes para el desarrollo de la investigación emprendida por las mismas”, anunció que asumiría el “error” si se comprobara su existencia, y aseguró que no hubo “dolo o intención de sacar algún tipo de beneficio, menos aún de enriquecimiento ilícito” y que “cualquier falla administrativa será debidamente asumida”.

    En cuanto al primer punto: la investigación no dependerá de que ella se ponga o no a disposición de alguien. Nada hay que reconocerle por ese gesto y solo cabe esperar que no imite a su camarada de corruptelas, Camilo Soares, interponiendo reiteradas chicanas para impedir la apertura del juicio oral y público, una vez que sea imputada y acusada por el Ministerio Público, tal como corresponde. La directora general del Área Social de la Municipalidad de Asunción no cometió ningún “error”, como ella califica, al firmar la planilla de asistencia en lugar de un ausente, sino un delito de expedición de certificados sobre méritos y servicios de contenido falso y otro de expedición de certificados falsos sobre servicios ajenos, convirtiéndose así en cómplice del hecho punible de cobro indebido de honorarios, en el que incurrió el funcionario comisionado por la Justicia Electoral. La exdiputada no se equivocó al firmar la planilla, sino que actuó con el deliberado fin de engañar para que el asesor cobrara íntegramente sus salarios aunque no asistiera a su lugar de trabajo. Aquí hubo dolo. Puede presumirse como cierta su afirmación de que no quiso un beneficio ilícito para ella misma, pero sí para un tercero, estafando al erario.

    Karina Rodríguez no cometió una “falla administrativa”, como pretende hacer creer a la ciudadanía, tomándola por imbécil. Lo que hizo reiteradas veces no violó un manual de procedimientos administrativos, sino, lisa y llanamente, el Código Penal. Lo que debe asumir es la sanción prevista en él, si nuestra sinuosa Justicia la llega a condenar. No hace falta que tenga la generosidad de aclarar que se responsabilizará de su fechoría, que ella califica de simple “falla administrativa”.

    En el comunicado se lee también que la primera medida que tomó en la dirección de la Municipalidad a su cargo fue pedir un reloj biométrico para controlar mejor al funcionariado del área. Será cierto, pero sigue en pie que, como diputada, firmaba las planillas de asistencia del ausente Lino Valencia. Esta es la grave cuestión que ahora interesa. La conducta ulterior de la exdiputada no puede servir para atenuarla ni mucho menos para exculpar a quien la generó. En este contexto, tampoco es relevante la calidad intelectual del graduado en la Universidad de Valencia, que Karina Rodríguez se ocupa de subrayar. No se pone en duda su idoneidad, sino su honestidad, por haber cobrado más de lo debido, gracias a la complicidad de la asesorada.

    Por lo demás, el abogado renunció el 1 de diciembre de 2015, pero cobró por todo ese mes. Semejante desprolijidad –si así se la puede calificar– comprometería aún más la credibilidad del citado asesor, salvo que en realidad no haya sido él quien se quedó con el salario del mes. También se puede dudar, por cierto, de sus convicciones democráticas, pues integra el Centro de Estudios Políticos y Sociales (CEPS), una fundación española ligada al partido de ultraizquierda Podemos, que cobró 4,2 millones de euros por asesorar a Hugo Chávez en materia de imagen.

    Karina Rodríguez afirma que Valencia fue comisionado cumpliendo con los requisitos del Tribunal Superior de Justicia Electoral y de la Cámara de Diputados. Pero el punto no es que haya cumplido o no con ciertas formalidades, sino que ha cobrado más de lo debido mediante la complicidad de la exdiputada, que firmó sus planillas de asistencia, incluso estando él fuera del país.

    Hay que repetirlo para que no prospere cualquier intento de desviar la atención. Es un caso similar al del diputado José María Ibáñez, acusado por la Fiscalía de Delitos Económicos y Anticorrupción de haber “certificado documentos a través de los cuales se confirman las asistencias de las personas nombradas”, habiéndose corroborado que ellas “trabajaban como caseros en su casa quinta ubicada en Areguá”. Precisamente, este escándalo fue el que motivó el 30 de octubre de 2014 que la diputada Karina Rodríguez y su colega Rocío Casco emitieran un comunicado en el que sostenían que el legislador colorado admitió los cargos que se le imputaban y que, por lo tanto, debía “someterse al juicio y atenerse a las consecuencias jurídicas de sus actos”. Es más, enfatizaron que “en casos como este el legislador involucrado debe renunciar a su banca o ser destituido por el pleno”.

    ¿Recuerda Karina Rodríguez estas contundentes palabras suyas? Si no se arrepiente de ellas, debe aplicárselas a sí misma y renunciar de inmediato al cargo que hoy ejerce. Ibáñez admitió los delitos imputados y ella no negó haber firmado unas planillas de asistencia certificando hechos falsos. Con todos estos antecedentes que son de público conocimiento, si a la exdiputada no le resta un mínimo de delicadeza para dar ese paso, el intendente Mario Ferreiro debería apartarla de la Municipalidad para demostrar que repudia la corrupción. Sus “principios que tienen que ver con la lealtad” no pueden prevalecer sobre los de la honestidad en el ejercicio de la función pública. No hay lealtad que valga frente a los corruptos. En ese caso ella se convierte en complicidad. Y en cuanto a la famosa presunción de inocencia, también invocada por el jefe comunal: ¿valdría esta –guardando todas las distancias– para afirmar que Alfredo Stroessner murió inocente, ya que no fue condenado por ningún juez? Fue condenado “solo” por la opinión pública, la misma que hoy repudia a Karina Rodríguez, y está atenta sobre el final de este incidente en el que, de rebote, está involucrada la confianza ciudadana en nuestro nuevo intendente de Asunción.

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    Publicado por Anónimo | 20 enero, 2016, 6:30 am
  13. No aclares que oscureces

    No dio la cara, pero divulgó un extenso pronunciamiento. En éste, la exdiputada de Avanza País y actual directora de la Municipalidad de Asunción, Karina Rodríguez, niega que haya existido “dolo” o intención de convertir en “planillero” a su asesor en la legislatura, el español Luis Xavier Valencia Montes, para luego explayarse sobre las cualidades de dicha persona. “Es un profesional abogado graduado en la Universidad de Valencia, con pos grado en Ordenamiento Jurídico Monetario, docente universitario…de destacada trayectoria profesional, funcionario del Tribunal Superior de Justicia Electoral (TSJE), comisionado a la Cámara de Diputados en carácter de asesor. Y siguen los elogios. Solo que no está en discusión el curriculum de Valencia, sino su condición de “planillero”, que la tuvo a ella como cómplice y encubridora.

    Valencia podría ser el mismísimo Einstein resucitado o, para no ir tan lejos, Dick Morris, el politólogo que le asesoró a Bill Clinton en su carrera presidencial y luego le sacó las castañas del fuego cuando estalló el escándalo que protagonizó en el Salón Oval, con Mónica Lewinsky. El problema es que, al margen de sus capacidades, es alguien que cobraba por no trabajar y que estando en el exterior, Karina firmaba su planilla de “asistencia”. Y esto no es una simple “falla administrativa”, como aduce en otra parte del texto, adelantando que está dispuesta a asumir las responsabilidades de tal “error” si así se comprobase, sino un hecho de corrupción.

    La ahora integrante del primer anillo del intendente Mario Ferreiro sigue diciendo que gracias a profesionales como Valencia ella pudo ser uno de los diputados con mayor producción legislativa. Pero volvemos a lo mismo; ese no es el punto. Lo que Karina debe explicar no tiene nada que ver con eso y sí con lo denunciado por la prensa. El ciudadano de origen español incurrió en el delito de “cobro indebido”, entre otros, y ella no puede negar que lo sabía, porque avalaba con su firma que asistía al Congreso cuando en realidad se hallaba en España, algo que no podía desconocer, tratándose de un subordinado suyo, que para colmo cumplía un rol estratégico, según afirma.

    La exdiputada cometió el mismo ilícito del cual se le acusa a otros parlamentarios, a quienes en su momento no dudó en apuntar con el dedo acusador, por más que Mario Ferreiro trate de diferenciar los casos, al igual que ella, ensalzando los conocimientos de un vulgar… “planillero”!, lo cual no habla nada bien del flamante intendente capitalino.

    Hay que juzgar a todos con la misma vara. Ferreiro no puede mandar al infierno al diputado José María Ibáñez, ni al senador Víctor Bogado, y mantener en el paraíso a Karina, por el hecho de ser “su” corrupta. Tampoco es aceptable, como dicen algunos seguidores de Avanza País, que “no se puede echar por tierra toda su trayectoria por una sola equivocación”. No es así. Con ese criterio, un estafador “pillado” con las manos en la masa, puede defenderse alegando que “solo fue una vez”, lo mismo que un asaltante o un asesino.

    Quien esté seriamente sospechado de haber cometido un delito debe ser investigado y si se comprueba su responsabilidad, castigado de acuerdo a la normativa vigente, independientemente de que sea colorado, liberal o de izquierda. Y esta labor corresponde a la Fiscalía, que inexplicablemente aún no tomó cartas en este asunto.

    En cuanto a la carta abierta de Karina, solo resta decir que dejó más dudas que certezas y que en lugar de aclarar, oscureció más aún.

    http://www.adndigital.com.py/index.php/impreso/editorial-impreso/12225-no-aclares-que-oscureces

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    Publicado por Anónimo | 19 enero, 2016, 9:08 am
  14. La ética en la función pública

    Cualquiera podría pensar que es utópico pretender que la ética guíe los actos de los administradores de la cosa pública, cuando ni siquiera se ha logrado que la mayoría de ellos se atenga a lo que dictan las leyes. Si ni siquiera cumplen con la normativa que puede castigarlos, mucho menos habrán de cumplir lo que dictan las buenas costumbres, ya que no existe castigo para quienes no las respeten.

    Pero esto no es del todo cierto. Hay una nueva generación de personas honestas y probas que han empezado a ejercer la función pública, entre ellos, muchos intendentes y concejales municipales en todo el país. Así que a esta gente, que no parece pensar en enriquecerse ilícitamente, por lo menos en los próximos años, también deberíamos exigirles que adecuen sus acciones a la ética, esa ley no escrita que no tiene pena carcelaria, pero diferencia claramente entre quienes pueden lograr un cambio profundo y quienes no son más que un bluf.

    Cómo nos hace falta que alguien que ha logrado despertar nuestra confianza se muestre absolutamente intransigente con quienes no se adecuan a las normas vigentes, sin importar la gravedad del delito del cual se les acusa.

    Un sector político ha cuestionado a Mario Ferreiro durante la campaña proselitista por contar en su equipo con personas que han sido imputadas por enriquecimiento ilícito. En todo momento él mantuvo una postura aceptable, defendiendo la presunción de inocencia y evitando que los cuestionados aparecieran muy pegados a su figura.

    Pero hoy ya es intendente y la ciudadanía asunceña ha depositado en él la confianza de que un nuevo tiempo puede ser posible en la capital. Hay decisiones tomadas en la administración municipal que ratifican ese sentimiento y a nadie se le ocurre pensar que Ferreiro y su equipo hayan llegado a la administración pública para enriquecerse a costa nuestra. Confiamos en su honestidad y por eso es que nos sentimos con el derecho de exigirle que imprima a su actuación un gran componente ético, que es lo que realmente nos salvará como sociedad de este berenjenal en el que nos han metido durante décadas dirigentes políticos y funcionarios públicos que ni siquiera conocían el significado de esa palabra.

    No hay delito pequeño para un funcionario público. Si Karina Rodríguez firmó planillas de asistencia de un presunto asesor cuando éste ni siquiera se encontraba en el país, ha incurrido en el mismo delito por el cual se le acusa y está procesado Alberto Ramírez Zambonini.

    Y si Ferreiro aplaudió la investigación de la Fiscalía en el caso de los planilleros del TSJE (suponemos que lo hizo), no puede ahora intentar minimizar el hecho por el cual se le acusa a su directora del Área Social, por más cercanía que hubiere entre ambos.

    El intendente –que habla de una nueva forma de hacer política- debió ser el primero en reaccionar y anunciar que se investigaría la denuncia. Lo único que no podía hacer es lo que hizo, minimizar el hecho y restar credibilidad a lo que publican los medios, sin tener en cuenta que fueron denuncias de los medios los que pillaron grandes negociados que él mismo había aplaudido.

    Nadie acusa a Karina Rodríguez de ser delincuente. Pero si firmó esas planillas, falsificando una información, no es una persona creíble que pueda seguir ocupando un cargo público. Ya hay suficientes sinvergüenzas en la Administración Pública para que tengamos que soportar los desaciertos de quienes nos habían dicho que podíamos confiar en ellos.

    http://www.adndigital.com.py/index.php/impreso/editorial-impreso/12063-la-etica-en-la-funcion-publica

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    Publicado por Anónimo | 19 enero, 2016, 6:44 am

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