Políticas de educación superior

En educación superior estamos recogiendo el fruto de lo que se ha sembrado. Si preguntamos cuáles han sido las políticas de educación superior en nuestro país desde que se inició la democracia tras la caída de la dictadura, va a ser difícil encontrar respuesta.

El Dr. Vicente Sarubbi, miembro del Consejo Asesor de la Reforma Educativa (CARE), publicó un extraordinario volumen de 641 páginas, apoyado por el CARE y mediante edición del Cidsep de la Universidad Católica, sobre “Un sistema de Educación Superior para el Paraguay Democrático”. Me gustaría saber quiénes de las personas entonces y después comprometidas con el sistema educativo han leído alguno de los diez extensos capítulos que contiene tan interesante libro.

Igual pregunta podemos hacer sobre los miles de páginas que publicó el CARE acerca de este y otros temas relacionados directa o indirectamente con él. Es muy fácil e irresponsable decir después que el CARE nada hizo por la reforma de la educación. El CARE hizo su trabajo, como Consejo aconsejó, pero la definición de las políticas y su ejecución no corresponden a los consejeros, sino a los ejecutivos y ejecutores.

Lo preocupante es que seguimos igual. Todavía no hay políticas definidas para la educación superior. De acuerdo a la ley de Educación Superior (4995/13) en sus artículos séptimo y noveno inciso b) “el Consejo Nacional de Educación Superior (Cones) es el órgano responsable de proponer y coordinar las políticas y programas de educación superior”. Pero el Cones, a casi dos años y medio de la promulgación de la ley que lo creó, aún no tiene local propio ni sitio donde guardar los cientos de carpetas y archivadores que viene recibiendo.

No parece razonable que una pieza absolutamente vital para la supervivencia y el desarrollo de la nación (como es la universidad) esté tan abandonada a su propia suerte. Si se vuelve a preguntar cuál ha sido y es la política gubernamental sobre la educación superior, especialmente para las universidades e institutos superiores, la respuesta es una sola: “dejar hacer” a cada cual lo que se le antoja, dentro o al margen de la ley, incluso, en algún caso, descaradamente en contra de la ley.

Nuestra imagen en el exterior está muy deteriorada. Para muestra baste citar algún análisis comparado. Según datos sobre las “Políticas de Educación Superior en Iberoamérica 2009-2013” (Brunner y Villalobos, 2014), Paraguay en el año 2010 ocupaba el quinto lugar entre los países que más universidades tienen en Iberoamérica, después de México, Brasil, Argentina y Perú, y por encima del número de universidades que en el 2010 tenían España y Portugal. Del 2010 a la fecha ha crecido notablemente el número de nuestras universidades y no digamos el de las filiales o sucursales de nuestras llamadas universidades. Un indicador más de esta situación de subdesarrollo de nuestra educación superior es la fecha de creación del Viceministerio de Educación Superior, hace muy pocos años, con un presupuesto de financiación radicalmente insuficiente y consecuentemente con escaso número de profesionales de alto nivel de cualificación.

Hay políticas en educación superior que son urgentes, por ejemplo, política de gobierno de la educación superior. En cuanto sistema le corresponde al Ministerio de Educación y Cultura, como queda definido en la Constitución Nacional y en el artículo 4º de la ley 4995/13; sin embargo en el artículo 7º de dicha ley es el Cones el órgano responsable de proponer y coordinar las políticas y programas de educación superior. ¿Qué corresponde al Ministerio y qué corresponde al Cones? ¿Cuándo el Ministerio puede y debe actuar por encima del Cones? Puede suceder que por respeto entre ambos quede la casa por barrer.

Es comprensible que el Ministerio, sobrecargado de trabajo, deje cancha libre al Cones, pero a la hora de exigir últimas responsabilidades ¿a quién le pide cuentas la ciudadanía organizada?

Estrechamente relacionada con esta política está la política de racionalidad, ordenamiento y saneamiento del subsistema de educación superior. Al ritmo en el que actualmente trabajan y pueden trabajar el Cones y la Aneaes, junto con el Ministerio, el saneamiento, ordenamiento y racionalidad del sistema tardará en tener resultados notables varias decenas de años. Demasiado tiempo estafando a demasiados jóvenes. Urge definir políticas eficaces.

Por Jesús Montero Tirado

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/politicas-de-educacion-superior-1441312.html

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3 comentarios en “Políticas de educación superior”

  1. Superar el reduccionismo en educación

    Por Jesús Montero Tirado

    Antes de iniciar el curso en instituciones educativas de primer, segundo y tercer nivel, es necesario repensar qué se hará este año y de aquí en adelante para la educación, en todo el sistema educativo.

    Comprendemos que los planes y programas están ya definidos, no se pueden improvisar en un mes. Pero sabemos que todos estamos preocupados por lo que en educación estamos haciendo. El curso pasado se terminó con muy significativas manifestaciones estudiantiles en el nivel medio y en la universidad, reclamando una educación mucho mejor.

    A los reclamos estudiantiles se unieron las voces y gestos de la sociedad. Lo que unos y otros solicitaban era totalmente razonable: mejorar la calidad, mejorar sueldos a profesores, mejorar infraestructura, equipamiento, formación docente, recursos tecnológicos, financiamiento, legislación actualizada, etc. Todo ello necesario, pero radicalmente insuficiente. Hay problemas sustanciales, de visión y concepto de todo el sistema que urgen un cambio fundamental. Estamos inmersos en un sistema educativo reduccionista, que ha reducido a los que están en formación desde la educación inicial hasta el doctorado universitario, porque se mueven en una antropología amputada, es decir, en un proyecto y modelo de ser humano, hombre y mujer reducidos a su dimensión biológico-corporal, psicológica y social, sin hacer nada, sin incluir en sus diseños curriculares y programas el desarrollo de la dimensión espiritual, dimensión esencial constituyente de todo ser humano, que le diferencia radicalmente de los demás seres vivos.

    Nadie puede decir actualmente, a no ser por ignorancia, que el ámbito de la dimensión espiritual escapa a la competencia de las ciencias.

    Desde hace muchos siglos, sabios de Oriente y Occidente, nos han dejado el legado inteligente de comprensión de la naturaleza del ser humano en su integridad. Filósofos eminentes universalmente reconocidos como Dilthey han distinguido “las Ciencias del espíritu” de las “Ciencias de la naturaleza” o como Hegel que escribió una obra maestra sobre la “Fenomenología del espíritu”. Científicos de la Física, como Einstein o Fritjof Capra afirman enfáticamente la dimensión espiritual y tratan de la energía espiritual como factor determinante. Los historiadores de la antropología de todos los tiempos reconocen esta dimensión, en todas las épocas, excepto un grupito reducidísimo de materialistas que ignoran la existencia del espíritu.

    El famoso científico Ken Wilber al Investigar la conciencia humana encuentra en ella un espectro de posibilidades de conocimientos que se clasifican en tres: el conocimiento de lo sensible, el conocimiento de lo racional y el conocimiento de lo espiritual; para explicarlo habla después en otro libro de “los tres ojos del conocimiento”: el ojo de los sentidos, el ojo de la razón y el ojo del espíritu, que ve mediante la contemplación.

    Damasio profundiza la investigación y en su best seller científico sobre “La conciencia” nos demuestra como neurólogo la existencia de la misma dimensión.

    A los tres ojos del conocimiento corresponden tres formas de inteligencia, la inteligencia racional, la inteligencia emocional y la inteligencia espiritual. Hoy el estudio y la divulgación sobre la inteligencia espiritual es de dominio público. Más aún, el neurólogo y psicólogo de la Universidad Wisconsin de Nueva York, Richard Davidson, demuestra, investigando neurológicamente la meditación, qué zonas y neuronas del cerebro se activan cuando hay actividad espiritual. Tan importante es lo que se está descubriendo que ya existe la rama científica de la neurociencia espiritual o la neuroespiritualidad.

    Las ciencias positivas, que se apoyan con los datos que dan el ojo de los sentidos y el ojo de la razón, son capaces de descubrir y explicarnos realidades maravillosas de nosotros y todos nuestros entornos próximos y lejanos, hasta cósmicos; pueden decirnos cómo funciona la vida, pero no son capaces de decirnos cuál es el sentido último de la vida; pueden decirnos cómo somos engendrados y nacemos, pero no pueden decirnos por qué existo yo y no fue fecundado con otro espermatozoide otro óvulo de mi madre que no hubiera sido yo; me pueden decir cuáles son las manifestaciones del amor, pero no son capaces de decirnos por qué nos enamoramos y cuál es la esencia y el sentido del amor.

    Trascendencia y misterio existen. Sin desarrollo de la dimensión espiritual jamás encontraremos sentido último a la belleza, la bondad y la verdad.

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  2. Necesario cambio en la universidad

    Tras la rebelión estudiantil en la Universidad Nacional de Asunción, que trajo como consecuencia el cambio de autoridades, el nuevo rector de la institución Abel Bernal anunció, no hace mucho, que con el desprendimiento de 232 docentes y 74 planilleros, lograron ahorrar 1.355 millones. Es una suma multimillonaria dentro de un presupuesto anual. Multiplicado por 12, equivale a casi 2 millones 800 mil dólares anuales.

    La otra cara de la moneda, en la Universidad Nacional del Este, la rebelión estudiantil no logró absolutamente nada. Una descreída Contraloría General de la República vino a llevar los documentos de la institución y la fiscalía de Ciudad del Este siempre timorata y corrupta ni siquiera inició una investigación.

    Durante la movilización estudiantil, gracias a la investigación y denuncia de los universitarios se constató la existencia de docentes planilleros, verdaderos clanes familiares que acaparan cargos dentro de la institución, supuesta sobrefacturación de obras, y profesores que cobraban por más de 15 cátedras. A pesar de todas estas denuncias, no hubo ningún cambio dentro de la institución. La mayoría de los docentes planilleros seguirán “dictando cátedras” y las autoridades y directivos cómplices seguirán tranquilamente en sus puestos.

    Se supone que la labor docente es una de las actividades más nobles que puede desarrollar una persona. La labor del educador va mucho más allá de las aulas y se convierte normalmente en modelos a seguir. Muchos maestros de las universidades marcan de tal forma con sus enseñanzas e inspiran a sus alumnos a ser mejores profesionales y ciudadanos. Este tipo de docencia no se construye con cátedras magistrales, si con autoridad moral, esa autoridad que precisamente se logra con el ejemplo.

    La pregunta es: ¿qué modelo de enseñanza estarán brindando aquellos docentes que estuvieron cobrando millonarias sumas sin haber dictado clases? No obstante, cabe esperar que en el año lectivo entrante, las autoridades de la Universidad Nacional del Este, hagan los cambios necesarios para sanear una institución tan cara a los sentimientos de la sociedad altoparanaense. Solamente con la transparencia y la honestidad, la Universidad volverá a construir su prestigio como institución formadora de líderes.

    http://www.vanguardia.com.py/v1/index.php/component/k2/item/39633-necesario-cambio-en-la-universidad#sthash.lFDlL68c.dpuf

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  3. El Paraguay y su futura universidad de clase mundial (I)

    Por Walter Ovelar Fernández (*)

    Paraguay necesita una universidad de clase mundial. Esto lo habíamos afirmado en mayo del 2014 (http://goo.gl/u5y2PX). Aparentemente, esta necesidad va camino a ser una realidad porque el 15 de diciembre de este año el Equipo Nacional de Estrategia País (ENEP), en el marco del Plan Nacional de Desarrollo 2030, pretende ubicar al menos 1 universidad paraguaya entre las primeras 400 a nivel mundial (en cualquiera de los 3 rankings más utilizados). Celebramos el objetivo del gobierno en crear de la nada la Universidad Científica y Tecnológica del Paraguay.

    Tener una universidad de clase mundial nos permitirá ser partícipes e integrantes activos de la sociedad del conocimiento mundial. La misma debe ser una hidroeléctrica generadora de conocimiento nacional con una sólida proyección nacional, regional e internacional. Así como en el pasado reciente la hidroeléctrica de Itaipú Binacional nos convirtió en el país con mayor cantidad de energía renovable per capita del mundo y como en la actualidad el recién inaugurado WTC Asunción es considerada como la plataforma de comercio más poderosa del mundo, nuestra WCU debe posicionarnos a futuro como la mejor plataforma creadora de conocimiento.

    Precisemos a qué tipo de universidad nos referimos cuando decimos “universidad de clase o rango mundial” (Word-Class University, WCU), también denominada por otros autores como “universidad global de investigación” (Global Research University, GRU). Finalmente, algunos expertos en educación superior utilizan el término universidad de elite. Aunque en Latinoamérica utilizar esta denominación no será la más afortunada. Convengamos desde aquí en que todos estos términos se refieren a un modelo de universidad determinado; modelo que deseamos se utilice en esta iniciativa.

    Para Marginson (2008), el resultado de la conjunción entre la visión del modelo humboldtiano y las ideas expresadas tanto por John Henry Cardinal Newman como por Clark Kerr se ha cristalizado en lo que actualmente se denomina Universidad Global de Investigación (Global Research University, GRU) o, para nuestro propósito, WCU. Este modelo, de reconocida raigambre anglosajona, es el predominante en el mundo hoy y es el modelo que nuestra WCU deberá intentar replicar con varios aditamentos de raigambre nacional o criollos.

    Por otra parte, Jamil Salmi (2009) afirma que el término “universidad de rango mundial” se ha convertido en una frase de moda, no solo para mejorar la calidad de la enseñanza y la investigación en la educación terciaria, sino también, y lo que es más importante, para desarrollar la capacidad que se necesita para competir en el mercado mundial de la educación terciaria mediante la adquisición y creación de conocimientos avanzados. Y como no es tan solo una frase de moda, varios países a nivel mundial, y desde ahora el nuestro, pretenden ingresar a este exclusivo club con algunas de sus universidades, ya sea creando una WCU de la nada o potenciando a sus principales universidades.

    Sin embargo, pertenecer a este exclusivo club de universidades no es tan fácil, y para países como el nuestro podría ser una simple expresión de deseo muy difícil y costosa de lograr. Tanto es así que Albalch (2004), citado por Salmi (2009), expresa esta paradoja de la siguiente manera: “todo el mundo quiere una, nadie sabe lo que es y nadie sabe cómo obtenerla”. Esta paradoja es la que trataremos de analizar, dilucidar y aportar próximamente.

    * Master of Accounting and Information System. Encargado de Cátedra en las facultades de Ciencias Económicas y Politécnica de la UNA.

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