¿Hundidos o inundados?

Ser periodista y tener antigüedad –por llamarlo con elegancia– me da un palco privilegiado en esta grave inundación que vivimos. En mayo de 1983, hace más de 32 años, iniciaba mi primer trabajo y estaba en la facultad; los profesores de ciencias de la comunicación nos largaban a las calles con cámaras en blanco y negro a retratar la tragedia.

Algo grave pasaba en el país y desde mi supina ignorancia de ser una arribeña en la capital del país no lo dimensionaba: las aguas del río Paraguay se apoderaban de Asunción de una manera que para los asuncenos no tenía precedentes.

Ese año pudimos ver canoas paseándose por parte de la calle Colón, entrando al Puerto de la ANNP; ese año vimos el Mbiguá y el Sajonia navegables. Nos quedábamos mudos mirando la entonces bulliciosa Garibaldi –la de los almacenes, despensas y supermercaditos– totalmente inundada. Mirar el agua acercándose a la Recova, verla tomar lentamente viejos edificios de la zona portuaria asuncena era sobrecogedor. Ir a pasear por Sajonia y ver un montón de casitas de clase media sumergidas en el agua impactaba a cualquiera.

En esa época, dictadura stronista, no era mucho lo que se podía decir. Un chiste que circulaba por ese tiempo también decía que no podíamos hablar de que hacía mucho calor, la temperatura no subía más allá de los 38 grados, no bajaba más de 10 y tampoco había inundación. Muchos especulaban que no eran las aguas las que subían sino el país que se hundía.

Claro, se organizaba también la gente. El cuadro era tan dantesco que no podían decir que no existían los damnificados. Pilar se inundó por completo y en Asunción no era mucho lo que se informaba. La entonces primera dama de la nación presidía una organización que por su nombre ya imaginarán que tenía más carácter partidario que estatal: Comisión Nacional Republicana, una especie de comité de beneficencia de la ANR stronista. Polladas, frazadas, festivales y maratones sirvieron para poner curitas y parches a la miseria que se hundía.

Más de 32 años después la vida me ha permitido el miércoles pasado revisar las portadas de ese año, de ese mes y del diario ABC Color.

Y no pude evitar emocionarme e indignarme.

Emocionarme porque viví esa tragedia con un par de diferencias que nos separan de aquellos días: la cantidad de años transcurridos, la temperatura y el mes. Obvio que ese mayo de 1983 no hacía este calor húmedo que envuelve como en un sueño macondiano a un diciembre inesperadamente aguado; eran días fríos, donde cada vez que volvían las lluvias nuestros hermanos quedaban con ese gélido clima que congelaba los huesos, no anestesiaba el hambre pero aumentaba las tristezas.

Y me rabio e indigno sobremanera. Porque 32 años después existe un impensable internet que nos hace compartir en tiempos reales muros que se resquebrajan, pobreza que se hunde, estrecheces, miseria, basura. Ha aumentado la tecnología, vemos videos, audios, redes sociales y usamos la modernidad para transmitir al instante la tragedia… solo que esa tecnología no ha servido para construir una sola y miserable alternativa sustentable para la gente.

Los seres humanos siguen padeciendo en casuchas que son iguales a las del Paraguay de Stroessner, construidas de zinc, terciada, hule, barro y madera. Siguen corriendo del agua hoy como ayer dependiendo del humor del clima; los muros contra el río siguen precarios más de tres decenas de años después, parecieran construidos de un material más frágil que el bodoque. Pilar, Alberdi, Villa Oliva, Desmochados, Arroyos y Esteros, Paso Barreto, el norte, el sur, los Bañados… ¿qué hemos hecho por ellos en estos últimos 32 años?

El miércoles me despedí de unas 15 portadas de ABC Color pensando en el dictador y los ocho presidentes que han pasado por mi vida. Iba a compararlos con las aves de paso que vienen y van… pero esas aves que aprenden a volar y desafiar la vida, que construyen nidos aun sabiendo que tendrán que migrar, encierran más utilidad y belleza que las acciones de los mandatarios que mi vida está viendo pasar.

 

Por Mabel Rehnfeldt

 

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/hundidos-o-inundados-1441106.html

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24 comentarios en “¿Hundidos o inundados?”

  1. Nde perõ ha nde delicado

    Días pasados se generó un interesante debate en un grupo de WhatsApp de compañeros de trabajo a propósito de la forma de titular una información, publicada en un medio digital, acerca del rechazo de los inundados a mudarse a un barrio construido para ellos en Itauguá. “Pobres, pero delicados”, decía en parte dicho titular que, obviamente, aplica la folclórica frase recriminatoria “Ne mboriahu ha nde delicado” a una situación social cuya complejidad abarca mucho más que el simple capricho de un haragán.
    En la forma está sentada una postura que se afirma verdadera. Sin embargo, no lo es, si cambiamos de punto de vista.

    Las familias que quieran mudarse y dejar el bajo para buscar nuevas oportunidades, pues, adelante; esta es la oportunidad de hacerlo. El barrio habilitado en una compañía de Itauguá cuenta con viviendas económicas, pero lindas, luz eléctrica, colectivo de línea interna. Chatarras, pero colectivos. Sin embargo, el lugar es algo retirado y es probable que pasadas las 20.00 con suerte haya aún transporte. A algún negocio o trabajo deben dedicarse las familias que se mudan y la mayoría tiene sus quehaceres en Asunción, a donde llegar en estos días desde esos puntos del área metropolitana puede consumir al menos dos horas de viaje. Ese es el desafío que deben enfrentar en esta nueva vida para estar lejos del río.

    Pero están otras familias que prefieren rechazar la oferta y quedarse en los bañados, las que defienden un territorio con sus cíclicas inundaciones que ya han pasado a formar parte de sus vidas; las que defienden un barrio, una identidad, de los bañadenses, como lo haría el vecino de cualquier otro barrio de la capital nacido y sentido allí. En estos lugares viven familias que deben lidiar con las consecuencias de la adicción y el microtráfico de drogas, es cierto, pero también en estos barrios hay gente que ha tocado con el grupo Metallica nada menos. Y esa gente tiene igual derecho a reclamar al Gobierno una solución a sus problemas en sus lugares de residencia.

    Una defensa costera no les vendría mal, sea cual fuere la modalidad para revestir el muro: una carretera, una vía del tren o sencillamente miradores. Pero cualquier obra debe ser encarada luego de debatir sobre la pertinencia de robarle al río sus zonas naturales de inundación en épocas de creciente.

    Tampoco les caería mal mejorar el terreno para eliminar la insalubridad del charco y la basura, mejorar servicios de agua y salud, etc. Esta es la postergación en la que se les tiene a la gente bañadense a causa de su informalidad obligada, en su vida y en sus actos.

    Sobre el título en cuestión, no diré nada, solo que los muchachos opinaron que no debería “opinar” el redactor al preparar una información como la mencionada al principio. Otros, estuvieron de acuerdo con el titular.

    Por Roque Jara

    http://www.ultimahora.com/nde-pero-ha-nde-delicado-n960286.html

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  2. Cuando cuesta las inundaciones

    Cálculos hecho por expertos señala que en todas las inundaciones que se tuvo en Asunción desde una de las más grandes e histórica que fue en el año 1993, ya se gastó en asistencia a los damnificados aproximadamente 200 millones de dólares, por eso cuando tanto se pregunta cómo se puede pagar por la defensa costera que es una necesidad cada vez mas agobiante, la respuesta según este experto es fácil, se va a pagar con lo que se hubiera gastado en las cuatro crecientes venideras, teniendo en cuenta que por la cantidad de familias que pueblan ahora los bañados cada vez tiene consecuencias más críticas y dramáticas las crecidas y aumentan en progresión geométrica los gastos generados por las riadas cada vez mas frecuentes en nuestro territorio.

    Ante este panorama tan claro no existe mucho que pensar se debe hacer sin mayor dilación la franja costera tanto por economía como por necesidad social de evitar la diáspora lamentable y dolorosa que deben emprender nuestros compatriotas ribereños con cada crecida del río Paraguay, creemos que a la franja costera debe unirse el programa urbanístico de mejorar el entorno de la ribera recuperando la puesta en valor de esos inmuebles hoy depreciados. Además podría constituirse el cinturón de los bañados que hoy es un muestrario de miseria y dolor en un atractivo turístico sin igual, pues si también se construye la avenida costanera sur permitirá la circunvalación de la ciudad ingresando en el Jardín Botánico y terminando en Ita Enramada.

    Estas construcciones dependen mas que nada de las decisiones políticas que se tienen que tomar pues ya se evidenció cuanto cuestan las inundaciones, es similar al problema que tiene la ANDE, con la maraña del tendido eléctrico, que se convierte en peligros mortal por los cables sueltos que generan con cualquier pequeña tormenta o vientos fuertes, es inseguro en la provisión de energía para los hogares por los cortes, la pregunta es cuanto se gasta con cada reparación de estos destrozos en días de lluvias. Lo mismo sucede con los caños obsoletos de la ESSAP, el alto costo que tiene para al país reparar las roturas y las pérdidas de agua por esta causa, mejor sería cambiar íntegramente lo que generaría ahorros económicos en el futuro.

    Esta bien que el gobierno se endeude para realizar estas obras pues son mas que necesarias, adecuando nuestras urbes a los signos de la modernidad brindando bienestar a los habitantes, de paso la construcción de la franja costera es una necesidad perentoria y la construcción de viviendas populares para los habitantes de la zona solucionaría un problema que se volvió grave y que es el foco de muchos males de inseguridad que golpea a nuestra sociedad. Creemos que en estos emprendimientos la ciudadanía debe ayudar decididamente y no poner palos a la rueda pues si no se tiene un consenso mayoritario sería imposible llevar adelante estos proyectos.

    Andrés Granje

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  3. Damnificados, de nunca acabar

    Por Hector Ortíz

    El drama de los damnificados por la crecida del río Paraguay en Asunción será algo de nunca acabar, mientras no se logre evacuar a todos los habitantes de la ribera, quienes con el correr de los años se fueron multiplicando, como consecuencia del hacinamiento y la carestía generalizada en la que está sumida esa gente.

    Los ribereños no quieren abandonar sus lugares de residencia, ubicados en lugares bajos, porque les queda cerca el centro de la capital, donde pueden llegar sin siquiera pagar pasaje –en muchos casos– y conseguir distintos tipos de trabajo, que les permita subsistir, aparte de la profesión de pescadores, de la mayoría de ellos.

    Como solución, las autoridades les ofrecen sitios alejados, no solo de Asunción, sino de toda zona urbana, donde deben empezar de cero, como es el sector de Itauguá Guazú, que es bastante despoblado y donde los servicios básicos son muy escasos.

    Esta situación me recuerda cuando, en la época de Stroessner, les fueron asignadas tierras en un sitio apartado de Areguá, que resultaba bastante lejos y volvieron todos al bajo. A mediados de los años ’70 se había construido la Villa IPVU (del Instituto Paraguayo de Vivienda y Urbanismo) en la zona de Puerto Botánico. Eran 100 casas económicas y quedaban espacios para plaza, escuela, cancha de fútbol y dispensario médico.

    Si bien ahora hay una escuela y una plaza en la zona, el resto se fue llenado de viviendas construidas por familias que huían de la crecida. Luego se ocupó un gran baldío que había en Viñas Cué y hace unos años, la Municipalidad tuvo que recurrir a la fuerza para desalojar a sintechos que invadieron un predio aledaño al cuartel que está en la zona.

    Ahora, los damnificados fueron ubicados en el predio del RC4, donde el Gobierno proyecta construir más de mil casas para ellos. Mientras se concretan los proyectos pasará otro año más, bajarán las aguas del río (Dios quiera), volverán a sus casas en la ribera y, para la próxima crecida, aumentará otra vez el número de damnificados

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  4. La patria que abandona

    La patria es la madre común de todos, escribía el gran filósofo y político romano Cicerón. Pero qué pasa cuando esa madre nos hace a un lado, con indiferencia, nos abandona a la suerte y no se hace cargo de nuestros reclamos esenciales. La patria debe proteger, debe cobijar.

    Ese es el abandono que sienten las familias alberdeñas que encuentran en otro sitio el resguardo que se les niega en sus propias tierras.
    Alrededor de 70 alberdeños decidieron migrar a la ciudad argentina de Formosa, ya que el río los obligó a trasladarse para sobrevivir. Ellos reciben en el vecino país asistencia integral. La provincia chaqueña les da alojamiento, alimentos, asistencia médica, nutricional y hasta psicológica. Sin embargo, en su patria, la ayuda no les alcanza, y si les llega, no cumple con las necesidades básicas para vivir en forma digna.

    Si bien los damnificados calificaron de positiva la visita de Horacio Cartes a la ciudad de Formosa, donde recorrió los refugios, también esperan que su Gobierno siga el ejemplo. Pero pasa que estos pobladores ya esperaron demasiado, aguardan desde hace décadas poder sentirse como en casa, porque en otro país los tratan mejor que en el de ellos. Les garantiza educación y salud desde hace muchos años.

    Con respecto a la situación de los refugiados ya se habló de todo. Escuché comentarios absurdos como, por ejemplo, que “ellos (los alberdeños) están acostumbrados luego a cruzar, porque van luego hacia ahí para tener a sus hijos y van a estudiar. Seguro que por eso se sienten mejor del otro lado y buscan refugio allá”, pero hay que detenerse a pensar en estas palabras; es una realidad dolorosísima. Como paraguayos, este tipo de argumentos tienen que herirnos en lo más profundo, no se puede ser tan impasible. Hasta al más indiferente, en algún lugar de su ego patriótico, le tiene que molestar.

    Al inicio de su gestión, Cartes prometió que la dignidad de la patria jamás sería negociada y proclamó ante todos los paraguayos que no haría distinción de clases para salvaguardar la calidad de vida. “La bandera roja, blanca y azul jamás vacilará en mis manos”, había dicho el presidente de la República. Sin embargo, a la bandera se la honra, con honestidad y respetando a cada uno de los habitantes de una nación; de otro modo, es demagogia. Nos enseñan desde pequeños a amar a la patria, nos piden que exaltemos la bandera tricolor. Pero la verdadera patria está adonde va tu gente y donde tu gente tiene un techo digno, un trabajo decente y pan todos los días en su mesa.

    Por Liliana Pesoa

    http://www.ultimahora.com/la-patria-que-abandona-n958920.html

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  5. Los responsables de la ola de embarazos

    Por Ruth Benítez

    Quedé un poco confundida cuando la semana pasada escuché la noticia de que en los albergues para damnificados por las inundaciones se dio un número alarmante de embarazos adolescentes. La información la transmitió el médico Luis Fleitas, director de la XIII Región Sanitaria.

    El profesional detalló que en total se registraron 84 nuevos embarazos entre los desplazados. Desde luego que las condiciones para una mujer, menos aún para una adolescente, no son las propicias para sobrellevar un embarazo, tampoco son las indicadas para el bebé.

    El hecho es grave desde todo punto de vista. Primero, la situación de los afectados por una crecida es preocupante por sí misma. A esto se suma que viven en riesgo de contraer enfermedades como el dengue o las generadas por falta de higiene.

    Un embarazo no cabe en un ambiente así y cuando se trata de una adolescente la situación se torna mucho más dramática. Sin embargo, no fue precisamente este hecho lo más preocupante, sino las declaraciones del representante del Ministerio de Salud, Luis Fleitas. “Históricamente, en todas las inundaciones se vio un aumento de embarazos, especialmente en adolescentes”, dijo.

    “Históricamente”. Soy de las que creo que cada uno es responsable de sus actos y que buscar culpables es cosa de cobardes que no quieren hacerse cargo. Pero en este caso, se trata de adolescentes, varios menores de edad. Un embarazo adolescente es un drama social y en primer lugar son responsables los padres, la familia y por supuesto, el Estado.

    Fleitas “lamentó” la “inconciencia” de los jóvenes. No obstante, si esto se da cada año, en cada crecida del río, “históricamente”, ¿qué hizo el Ministerio para prevenirlo? ¿Usó el presupuesto destinado a campañas preventivas? ¿Trabajó con los jóvenes? Al parecer Fleitas olvidó su posición de Estado y solo se limitó a culpar a los que necesitan de protección y educación sexual.

    Sentí vergüenza, no de la inconciencia de los jóvenes, sino de la irresponsabilidad del Ministerio. Espero que en la próxima crecida la noticia sea que gracias a que Salud cumplió con su función, la cifra de embarazos se redujo. Basta de lavarse las manos.

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  6. El drama de estar siempre “demasiado bien”

    El periodista entró a la casa en una canoa porque el agua llegaba casi hasta el techo. De pronto, la cámara captó la señal de un hombre que avanzaba lentamente desde el fondo de esa habitación convertida en estanque por la crecida. Y el camarógrafo ajustó el equipo para capturar el testimonio dramático de una de las víctimas del fenómeno.

    La canoa se fue acercando lentamente para evitar que el reportero perdiera equilibrio. Habían pasado casi dos horas del mediodía y hacía un calor de los mil demonios. Los mosquitos zumbaban de hambre. El hombre cargaba una olla sobre la cabeza mientras caminaba despreocupadamente con el agua al pecho.

    El periodista sabe que tiene asegurada la nota del día. Una historia desgarradora de la crisis. El hombre se detiene casi frente a la canoa. El periodista busca romper el hielo y lo saluda con una pregunta retórica que sonaría a burla sino fuera parte del protocolo criollo.

    –¿Mba’etekopio, don?

    Y el hombre flaco y fibroso mira a la cámara y con una enorme sonrisa desdentada responde

    –Iporãiterei.

    Para un observador ajeno a estas tierras y a las particularidades de la gente que las habita, ese brevísimo intercambio solo podría ser explicado como una doble ironía, o como una broma a los televidentes montada de antemano entre el entrevistado y el entrevistador.

    ¿Cómo si no de otra manera podría un hombre parado en su modesta sala sumergida hasta el techo, con solo la cabeza y los brazos fuera del agua, en un ambiente de calor abrazador y acechado por famélicas alimañas, responder que se encuentra “demasiado bien”?

    ¿Qué lógica tendría de otra forma preguntarle siquiera cómo se encuentra o cómo se siente al propietario de una casa convertida en parte del río?

    Y es que ese observador foráneo carecería de la experiencia de vida necesaria, en tiempo y espacio, que comparten entrevistador y entrevistado como para entender ese diálogo absurdo, le faltaría ese vínculo casi místico que surge de haber sobrevivido desde siempre en estas tierras en donde toda esperanza está puesta únicamente en lo divino, en donde las mayorías aprendieron a fuerza de ninguneo que las instituciones terrenales solo existen para quienes trabajan en ellas.

    Por eso el hombre sonríe ante su desgracia, porque al momento de responder no pensó en su casa anegada por el inmutable río ni en los dientes que perdió ni en la ayuda que no llega. Él estaba feliz porque cargaba con el almuerzo del día sobre la cabeza, porque la segunda planta sigue seca y porque mañana puede que no llueva.

    Es la resignación que se le metió en la sangre. Como nada espera, no hay decepción, no hay frustración que le haga infeliz. Es la felicidad que surge de no saber que una vida mejor no solo es posible sino que es un derecho.

    Por eso lideramos algunos dudosos ránkings de felicidad. Para felicidad de quienes siguen teniendo la sartén por el mango.

    Por Luis Bareiro

    http://www.ultimahora.com/el-drama-estar-siempre-demasiado-bien-n958163.html

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  7. El problema de las inundaciones urbanas

    Recuerdo de mi infancia las torrenciales lluvias, que formaban un raudal a lo ancho de la calle y este duraba un buen rato, después que escampaba mi placer era armar barcos de papel que luego iba soltando en la corriente, flotaban un corto trecho, enseguida se hundían. Pero lo que no recuerdo es que alguna vez ese raudal se haya metido en la casa y se formara un lago de 20-30 centímetros en ella. Claro, por ese entonces nuestra casa tenía mucho patio de tierra, así como las casas de los vecinos que absorbían gran parte de la lluvia.

    Hoy día, desde hace ya unos cuantos años, los patios de tierra desaparecieron y en consecuencia toda el agua que cae sobre la manzana prácticamente va a parar a la calle, donde ya no casi no existe empedrado, que algo absorbe, y menos calles de tierra. O sea que toda el agua que cae sobre la ciudad indefectiblemente va a parar a la arterias, que se convierten así, algunas, en caudalosos arroyos.

    Un simple cálculo matemático da que si caen 100 mm, o sea 100 litros por m², en una manzana (1 ha) son unos mil metros cúbicos, si esto lo multiplicamos por un área de 100 km² tendremos una cantidad de agua impresionante, que no hay red pluvial que pueda aguantar, para dar una idea, si tomáramos el caudal del río Paraguay, que son unos 2.700 m³/seg, este tardaría en desagotar toda esta agua más de una hora. Y a veces cae mucho más, 150 o 200 mm en poco tiempo.

    Como se aprecia el problema no es tan solo de desagües pluviales que de seguro hacen falta, sino de una ciudad que va creciendo sin tener en cuenta ninguna planificación y ordenanza acorde al medio donde se desarrolla. Creo que lo que amerita es que los arquitectos e ingenieros, junto a los gobiernos que se sucedan, entiendan el problema y la necesidad de tener una ciudad con más verde, más espacios libres donde haya tierra que absorba, inclusive las veredas podrían ser un mix de baldosas y pasto; que las construcciones domiciliarias tengan un espacio libre, si bien el jardín no va a ser como los de antaño en algo ayudará; y sobre todo los especialistas deberían ir pensando en cómo debería ser la ciudad del futuro y dictar ordenanzas para que las nuevas construcciones sean de tal o cual característica, acordes al medio ambiental; tanto torres, como edificios públicos o casas.

    Creo que hasta ahora el único que pensó en una ciudad moderna fue el Dr. José Gaspar Francia, me da la impresión que ya es hora que algún otro se ocupe del tema.

    Rafael Luis Franco

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  8. Acuartelar a bañadenses

    Por Roberto Sosa

    Cómo no volver a recordar en estos días de intensas lluvias, especialmente en horas de la noche, un sábado, como muchos, de aquel verano de 1988. Dejarse sorprender por la oscuridad en aquel extraño lugar en medio de una intensa precipitación, había despertado la preocupación y el susto.

    El desafío era conseguir el último bus que sorteaba el itinerario en medio de charcos y calles destrozadas. Salimos corriendo con un grupo de jóvenes y unos pocos adultos para evitar sorpresas.

    Estábamos en medio de aquellas pequeñas casas, pegadas con lo que se había podido conseguir, cartones, chapas y madera terciada. Familias enteras levantando sus pertenencias. El raudal corría por debajo de las camas y otros muebles. Un hombre mayor totalmente borracho blandía un arma amenazando a su mujer y a sus hijos. Estábamos sorprendidos, no era una experiencia cotidiana.

    Casi treinta años después, las cosas no han cambiado mucho, excepto que hoy hay muchas más familias afincadas al costado del río. Esta nueva crecida está desnudando las graves deficiencias de un país altamente desigual, especialmente en las ciudades.

    El viernes último, el programa “Periodísticamente” de ABC Cardinal decidió realizar su emisión desde el RI 14, en la zona de Tacumbú. Solo en ese lugar hay 72 hectáreas disponibles. Muchos concurrieron para expresar sus reclamos, preocupaciones y esperanzas. Hace décadas vienen repitiendo lo mismo sin cansancio, pero no hay soluciones de fondo.

    Es difícil creer que un país de casi 7 millones de habitantes no cuente con mentes brillantes que pudieran proyectar una solución seria, social, urbanística, económica y financieramente viable. No me extraña que no exista voluntad política de las autoridades que se han sucedido. Los pobres nunca fueron prioridad, excepto en discursos y proselitismos.

    La oportunidad sirvió para preguntarnos por qué esos mismos cuarteles que rodean la ciudad, a escasos metros de los bañados y de las zonas urbanas, no pueden constituirse en el origen de la solución. Por qué no pensar que esos mismos bañadenses pudieran ser organizados para pagar parte del costo de la construcción de sus viviendas con su propia mano de obra. Por qué no construir una costanera de norte a sur que libere la ribera y que esos mismos inmuebles sirvan para generar los costos de las soluciones habitacionales.

    Cuánto puede costar todo esto, pensando que en sus primeros meses de administración Horacio Cartes consiguió en los mercados internacionales mil millones de dólares.

    Es seguro que muchos estarán pensando por qué todo un país debe ser endeudado para pagar las casas de personas a las que muchos consideran haraganes, sin mirar más allá de sus narices. ¿Acaso el Estado no está subsidiando a las empresas de transporte, o no hizo lo mismo con productores agropecuarios, o no está financiando los placeres de muchas autoridades públicas pagando hasta sus amantes?

    La situación en la que se encuentran forma parte de un círculo vicioso. No quedan dudas que para romperlo, hay que empezar por erradicar la desnutrición que los condena de por vida, fortalecer la educación que los libera en su proceso de desarrollo, y organizarlos para que se sientan útiles a la sociedad y vean que es posible progresar.

    Me resisto a creer que no es posible, viendo que muchos países han encontrado una solución a problemas más graves. Bastará solo una decisión política. Hay muchos cuarteles en el cinturón de Asunción que podrían ser más útiles si se los destinara a otro fin. Servirá también para que estos mismos militares brinden un servicio a la sociedad y sean reubicados en otros lugares donde también se los necesita.

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  9. El comandante de la base secreta

    El sentido del humor de los paraguayos es tan singular, que no es raro ver que en pleno velorio una ronda de amigos (o desconocidos) cuenten chistes. Ya el gran Helio Vera plasmó un tratado de paraguayología en honor a las características propias del homo sapiens de esta parte del mundo y hoy navegaremos tanto en humor como en velorios, pero con una profundidad trascendental, aunque parezca contrasentido.

    El tema arranca con el rimbombante anuncio de la Fiscalía, que ordenó se hagan las “pericias accidentológicas” en el caso del triple choque, ocurrido en la zona de Benjamín Aceval. Supongo que esas pericias son muy importantes por dos motivos. Uno, para revelar cómo ocurrió el accidente y por tanto servirá para alimentar la usina de morbo social, y dos, para encontrar al culpable de las muertes. Las causas pueden ser muchas, desde el sol que dio de frente a los conductores, la alta velocidad, hasta el folclórico “malavisión” y hasta el famoso bache que había –según dicen los testigos– y al cual hasta ahora no se lo encuentra. Supongo que a estas alturas este bache villano ya se habrá escapado y cruzado la frontera, pero si lo llegan a capturar espero que le den varios años de cárcel por criminal.

    Pero hablando en serio, la reflexión de hoy es una deuda póstuma que tengo con un amigo, Beto, un ser generoso que también perdió la vida en un accidente de tránsito en la misma ruta.

    Como Beto trabajaba en el Chaco, eran frecuentes sus viajes. Cada vez que sus hijos le reclamaban su ausencia, él les decía en tono bajo que debían comprenderle, que él era el Comandante de la más secreta base de submarinos en el corazón del Chaco paraguayo. Cuando los chicos lo miraban atónitos, él se ponía un dedo en lo labios en señal de que le guardasen el secreto. Los niños se preguntaban cómo era posible que hubiera submarinos debajo de tanta tierra. Suponían, tal vez, que navegaban por intrincados túneles de agua subterránea o quizá que debajo del Chaco había un océano. El caso es que un día el Comandante sufrió el accidente y en pleno velatorio alguien en broma comentó que un torpedo había alcanzado a su submarino. Los niños lloraban desconsolados la pérdida de su padre, quien jamás les contó que él apenas era un peón y que ese día no dirigía ninguna máquina de guerra, sino que iba en la parte posterior de una camioneta sujetando un pesado motor. Al volcar el vehículo, esa tonelada de peso lo aplastó.

    Esa vez no hubo fotos ni filmaciones ni “pericias accidentológicas”. No se difundió la información ni impactó en la sociedad. Tampoco hubo orden de captura para ningún bache. Pero sí hubo culpables. Y estos son tan negligentes, que ni siquiera son conscientes de su responsabilidad.

    Me refiero a esa falta de visión, a ese acomodo en las bancas, a esa costumbre de atiborrarse los bolsillos con dinero sin siquiera producir ideas. Por ejemplo, un tren de Asunción a Mariscal Estigarribia en el que se pueda viajar plácida y rápidamente, sin riesgo y a precio módico. Miles de paraguayos deben comprar camionetas 4×4 para gastar cientos de millones de guaraníes en combustible porque no hay un medio como ese. Cuánto desarrollo podría significar el tren. Incluso que llegue a Bolivia. Los bolivianos estarían encantados de poder sacar en vagones su producción minera hacia el Atlántico, o los ganaderos paraguayos sus vaquitas, o los turistas llegar hasta allá en 3 o 4 horas, en bólidos eléctricos, ya que no falta energía eléctrica.

    Si la Policía logra capturar al bache asesino y más, si logra que confiese, tal vez sabríamos cuántos paraguayos mueren cada año en esa ruta. Ojalá que revele el nombre de sus cómplices.

    Por Alex Noguera

    http://www.lanacion.com.py/2016/01/07/el-comandante-de-la-base-secreta/

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  10. El Niño, las calles y el constructor

    Por Mariano Nin

    Transitar por las principales avenidas es imposible. Es un caos. A los nervios del día hay que sumarles una cuota de impaciencia y todo se desborda. Ir al trabajo es de por si un problema en estas fechas. Si a eso le sumamos el malhumor de la gente es un peligroso cóctel que se toma todos los días en ayunas. Y si ir ya es problema, imaginate lo que es volver.

    Las calles parecen bombardeadas. La infraestructura está colapsada y lo repiten las autoridades. En estas fechas, estaba previsto desde hace tiempo, se está dejando sentir “El Niño”, un fenómeno climático cíclico pero incentivado por la mano del hombre. No cuidamos la naturaleza y estas cosas son las que suceden.

    Ya sé. Estás pensando qué tiene que ver una cosa con la otra. Pero está todo relacionado. Las autoridades culpan a la “naturaleza violenta” del estado de las calles cuando en realidad la culpa no es del tiempo sino de malas administraciones.

    Cuando construís una muralla y esta se derrumba con cada lluvia, la culpa no es de la lluvia, es del que la construyó. Eso pasa con las calles y nos quieren hacer creer que la culpa es de la muralla. Es imposible que una obra bien hecha se destruya con cada precipitación. No es lógico ni coherente.

    En Japón construyen rascacielos en zonas de constantes terremotos. Y no vemos noticias de que se caigan. Están bien construidos. Ese es el secreto.

    Mientras no hayan sanciones ni estrictos controles seguiremos culpando a El Niño, y la plata para las reparaciones seguirá saliendo de nuestros bolsillos descuidando nuestra salud, educación o nuestra seguridad.

    A los corruptos les encanta culpar a El Niño, total es chico y no se puede defender. Eso sí, lo seguirán explotando en los medios. Miles de damnificados lo avalan. Y nosotros… bueno, nosotros terminaremos creyéndoles el cuento.

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  11. Queridos Reyes: ¡Por favor vengan a Paraguay!

    Recuerdo con ilusión –con esa credulidad que solo caracteriza a los infantes– cuando mi padre nos pedía en la víspera de la festividad que preparemos los zapatitos, el agua y el pastito para que el camello se alimente, y los Reyes Magos traigan mi infaltable regalo anual.

    Esta tradición de obsequiar presentes a los niños cada 6 de enero –basada en la celebración cristiana de los Reyes Magos que entregaron sus regalos al niño Jesús– la viví varios años de mi infancia entre expectativas y alegrías.

    Sin embargo, miles de familias no celebrarán hoy esta fiesta de Reyes. No llegarán regalos a una de cada tres personas hoy sumergidas en la indigencia, y menos aún a uno de cada cinco sumidos en la extrema pobreza en el Paraguay. “Qué malos son los Reyes, no me trajo ni un autito… comprámena mamita, aipotánteko cheave”, dirían muchos niños desfavorecidos entre llantos y reclamos, recordando una de las estrofas más tristes de la polca paraguaya 6 de enero.

    En el 2016, los Reyes tampoco traerán oro, incienso y mirra a uno de cada veinte desempleados y se olvidarán de los 163.201 niños en edad educativa que no asisten a la escuela.

    Si seguimos las desalentadoras estadísticas del Banco Mundial, los magos ni se dignarán a premiar la buena conducta de unas 100.000 personas que viven con menos de 1,90 dólares (unos 10.000 guaraníes). En estas condiciones, los mismísimos Melchor, Gaspar y Baltasar alegarían insuficiencia de fondos o falta de garantías para realizar su viaje.

    Las aguas, quizás disfrazadas de los malvados Reyes, también trajeron consigo el inoportuno regalo de despojar de sus hogares a 20.000 familias y amenazar a otras más.

    Pero, ¿serán tan malos los Reyes? Quizás sea la pregunta no solo de cientos de niños o huérfanos, sino de las miles de familias que rodean a estos pequeños, quienes aguardan el milagro de dar una humilde dádiva para proseguir con la tradición de años.

    Debemos ser conscientes que los Magos del Oriente –que no son precisamente héroes de películas, aunque muchos lo crean– requieren de la ayuda de todos los sectores sociales para conceder cada año una pepita de esperanza y alegría a miles de niños. Personalmente quiero que continúe la costumbre de premiar con regalos la buena conducta de los chicos, y por eso pido a los Reyes que sean más misericordiosos en los próximos años y se apiaden de los más desfavorecidos.

    Si este texto no lo redacté en formato de carta, pues bien, lo resumo en estas líneas: ¡Queridos Reyes! Agradecería que se dignaran a visitar Paraguay. Nos vendría bien un transporte digno, educación de calidad, un salario justo y, por supuesto, menos planilleros! Firma: Sergio. Posdata: Por favor, este año castigale a los que no hicieron su deber.

    Por Sergio Noe

    http://www.ultimahora.com/queridos-reyes-por-favor-vengan-paraguay-n957207.html

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  12. Cuando El Niño tiende a ponerse bravo
    Por Luis Carlos Irala

    Los últimos días del año pasado y los primeros del 2016 se sintieron plenamente los efectos del fenómeno climático conocido como El Niño, cuyas características principales son las intensas lluvias y en consecuencia las inundaciones de las zonas ribereñas.

    Si bien los años anteriores el clima lluvioso no fue tan intenso, en esta temporada se hizo sentir con mayor fuerza afectando no solo a los poblados que están en las riberas de los ríos, sino también los extensos campos de pastoreo de ganado y de cultivos agrícolas.

    Los primeros en sentir los efectos de las continuas precipitaciones fueron los pequeños productores frutihortícolas, cuyos campos fueron castigados por la inclemencia del tiempo y buena parte de la producción de sandía, melón y piña, entre otros, se echó a perder. Ahora también los cultivos de arroz están siendo afectados por el exceso de agua y se habla de pérdidas de entre 10% y 15%.

    La ganadería tampoco escapa de esta situación. Ocurre que las zonas de amplios campos ganaderos como Concepción, San Pedro, Ñeembucú, Misiones y el Bajo Chaco están con abundante agua que ya perjudica la calidad de los pastos, a más de dificultar el traslado de los animales hasta los puntos de comercialización debido al mal estado de los caminos vecinales.

    Tal es el caso que el Banco Central tuvo que sacar una resolución a fin de facilitar la refinanciación de las deudas de los productores agrícolas y ganaderos, porque ya están en mora y se les hacía difícil cumplir con los pagos.

    Los efectos del fenómeno climático El Niño también están generando preocupación en el sector oficial, pues debido a las constantes lluvias casi el 80% de las obras viales están paralizadas, a más de los daños que causan las precipitaciones a los caminos ya habilitados. En caso de que el MOPC no pueda ejecutar las obras viales, las inversiones públicas se verán retrasadas y ello repercutirá finalmente en el crecimiento de la economía y en la circulación de dinero.

    Es más que evidente que las muchas lluvias tienen un fuerte impacto en la economía del país. Si bien el Gobierno está tomando acciones para mitigar sus efectos, resulta imposible controlar el clima.

    Ante esta situación de inclemencia del tiempo, desde mi punto de vista no queda de otra más que recurrir al Padre, cuando El Niño se pone bravo. En otras palabras, y desde el punto de vista cristiano, no queda otro camino que pedir al Creador que tome control de la naturaleza, obra de sus manos.

    Sé que algunas organizaciones religiosas están convocando a un día de oración nacional a fin de pedir al Creador que tome control de la naturaleza, que ya está perjudicando en lo económico, material y emocional al país.

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  13. ¿Emergencia?

    Más de 100.000 personas desplazadas de sus hogares sólo en Asunción y sus orillas. Calles y rutas rotas, basura acumulada y obras paralizadas en la capital y resto del país. Desde la frontera Norte a la del Sur, la ribera es invadida por las aguas del río y solo en Alberdi más de 3.000 compatriotas “resisten” para no abandonar sus casas que, por cierto, están ya anegadas. La “resistencia” será posible mientras el muro de defensa no colapse o el agua no supere la altura de su coronamiento. Si llega a suceder cualquiera de estos fenómenos, no habrá voluntad que salve a nadie.

    En relación a los problemas que se generan en Asunción, algunos la califican de “emergencia”. Pero considerando la situación por fuera de lo que ocurre en el resto del país, la misma no podría calificarse de tal, porque el mismo diccionario define el vocablo como un “acontecimiento imprevisto que requiere de una solución pronta e inmediata”. Por lo que el drama actual sólo nos muestra las consecuencias de la demagogia política, clientelismo barato y una suma de omisiones, errores e irresponsabilidades compartidas, que se vienen reiterando desde hace mucho y –se palpita– se prolongará por mucho tiempo más, mientras no se haga “lo que hay que hacer”. Porque la situación de los pobladores de costas y bañados ha venido siendo funcionalmente útil al sistema electoral que nos han regalado los partidos. Y porque además, ni uno sólo de los actores políticos parece querer aceptar –dentro de los márgenes de mediocridad imperante en el sector– que alguien fuera de la propia grey partidaria, se lleve los laureles de la solución.

    Debe ponerse en claro, sin embargo, que si los gobiernos de la “era democrática” se han omitido hasta el presente de una propuesta seria para enfrentar el problema, su consolidación ha sido mérito exclusivo de la Dictadura; porque si hablamos del origen del avance del río sobre la ribera, el hecho se pierde en la bruma de los tiempos coloniales.

    Por otra parte, la indiscutible asociación de “democracia” con “ineptitud”, se debe a que por no molestar el humor del electorado, nadie se atreve a proponer algo distinto a lo que “el pueblo quiere”. De esta extraña visión se deriva que los temas de general incumbencia se debaten hoy en las “redes sociales” o en una plaza pública; y desde esos ámbitos tienen sus respuestas correspondientes. A eso le llaman “participación”, otro vocablo democrático de difusa connotación; tanto como el de la “sensibilidad social”; el que ha adquirido impensado valor “científico” desde el advenimiento de los tiempos electorales. Los resultados de su incontrolada vigencia han sido pavorosos a partir de que las inundaciones comenzaron a afectar a grandes sectores de la ciudad para que, más que soluciones, se repartan promesas de todos los niveles.

    Dispuestas todas a que “nada debe tocarse” para preservar “los derechos de los bañadenses”. Lo irónicamente triste es que las erogaciones que ha demandado el largo proceso de relocalizaciones –en la costa o en los márgenes de la ciudad– ya pudieron haber financiado una solución definitiva al problema.

    El drama actual debe hacer que termine esta afiebrada distorsión. Deben proyectarse intervenciones definitivas con programas habitacionales ambientalmente compatibles con el entorno y un sistema vial que vincule estas localizaciones con el resto de la ciudad y a todos los habitantes con el río. Además –desde luego– de la protección de la costa y del ambiente natural.

    Debe dejarse de lado, imperiosa y definitivamente, la mentira y la demagogia de los que reclaman soluciones pero están resueltos a impedir o perturbar cualquier proyecto que termine con el drama que generan los vaivenes del río. Tanto como debe abandonarse el maquillaje de las “paladas iniciales” que solo ha hecho que los inconvenientes permanezcan, aunque más fotogénicos. O el de las pomposas “inauguraciones” que se van con los raudales en la primera llovizna.

    La protección de las costas (cuyos ejemplos pueden verse en todo el mundo) son el resultado de una actividad de alta complejidad que compete a profesionales de gran experiencia y conocimientos; los que por supuesto, tendrán en cuenta las necesidades de la gente aunque las propuestas no siempre coincidirán con lo que la gente quiere. Pues los Proyectos se diseñarán como indican el saber y la experiencia con una ejecución impecable ajustada a los más altos estándares de la construcción. Todo, junto a la previsibilidad y seguridad que requieran los trabajos, evitando fundamentalmente, que las ventajas obtenidas para unos no deriven en inconvenientes para otros, lo que finalmente se concretará en una intervención útil y duradera. Como toda medicina que duele y cuesta… pero que termina con la enfermedad.

    Por Jorge Rubiani

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/emergencia-1441886.html

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  14. Formosa, no lo olvidaremos

    Si algo de bueno tiene la actual creciente del río Paraguay es la fantástica solidaridad que finalmente despertó en la ciudadanía.

    Lo reclamábamos desde esta columna. Todo el mundo miraba, aparentemente sin comprender la rigurosidad del drama que se estaba desarrollando en sus narices. Hasta que se dieron cuenta que era algo extraordinario, que había que ayudar a como dé lugar. Los esfuerzos del Gobierno principalmente y de la comuna en menor grado, no iban a resultar suficientes.

    Y así se desató una explosión de solidaridad que posiblemente logre la meta de uno de los grupos de ayuda: Que ningún damnificado por lo menos pase hambre. Se solicitan por ello productos no perecederos y la asistencia llega puntualmente, quizá no a todos los que la necesitan, pero si, con seguridad a la gran mayoría de los desplazados.

    Y además se ha producido un hecho que deseamos destacar. Mejor, aplaudir. De pie, porque realmente llena de emoción la forma en que lo están haciendo, completamente entregados a ayudar como si ellos mismos fueran los afectados.

    Nos referimos a las autoridades argentinas y el pueblo de la provincia de Formosa, Argentina, lindera con la acosada ciudad de Alberdi.

    Le dijeron a los alberdeños…aquí estamos para auxiliarlos. Y éstos, los prefirieron a otro tipo de asistencia que se preparaba en Paraguay. Cruzaron el río confiados, y recibieron el abrazo cálido de los hermanos argentinos que esta vez se están portando de manera ejemplar.

    El presidente Cartes estuvo ayer en la vecina ciudad. Recorrió los albergues y agradeció vivamente el gesto.

    “Quisiera que muchos paraguayos sepan lo que años y años ha hecho el gobernador por nosotros. Realmente estamos muy agradecidos por este gran gesto humanitario de la Provincia”, dijo el presidente.

    Fue luego de mantener una reunión con el gobernador de la provincia, Gildo Insfrán.

    El presidente Cartes comunicó a todos los damnificados que no están solos y que tanto la Presidencia de la República como el Gobierno de Formosa los ayudará en todo lo necesario. Además destacó que el Gobierno Nacional está trabajando para brindar soluciones definitivas.

    Distintos estamentos del gobierno provincial de Formosa prepararon siete galpones, seis para alojamientos y uno para cocina. El lugar tiene capacidad para 400 familias y en caso de que sea necesario, adelantaron que se habilitarán otros lugares.

    El portal “La Mañana” de Formosa, informó que el predio está en óptimas condiciones. Realizaron trabajos de instalación eléctrica, agua potable y baños con duchas. También se encargaron de fumigar el predio y de garantizar la seguridad con un operativo policial.

    No hay más que agregar. Quizás, poner la mano en el corazón y exclamar a viva voz: Hermanos formoseños, este gesto no lo vamos a olvidar jamás.

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  15. Los bañadenses, la clase media y la TV por cable

    “Cuando el agua despoja y margina”, era el título de la portada del suplemento cultural Correo Semanal del diario Última Hora el sábado 16 de mayo del año 1992. Lo encontré de pura casualidad, rebuscándome en esa cápsula de viajes en el tiempo, conocida vulgarmente como el archivo del periódico.

    La tapa es elocuente: miles de precarias casitas de madera terciada y techos de zinc desparramadas en el paseo central de la avenida 21ª Proyectada. De no mencionar la fecha citada un poco más arriba, el lector podría advertir que se trata de una foto del 2015, pero no… hay una ligera diferencia: ¡No hay antenas de televisión por cable como ahora!

    Traigo a colación esto último ya que fue “el tema” en las redes sociales en los últimos días, luego de que un avezado analista –de esos que pululan en el divino universo 2.0– haya criticado que no falten las antenitas de… (no puedo mencionar a la compañía) en los campamentos de damnificados.

    Yo era muy chico en el 92, pero leyendo ese diario viejo caí en la cuenta de que el motivo de la indignación era que el agua obligara a los compatriotas a salir de sus casas y refugiarse en condiciones infrahumanas (como hasta ahora), que las autoridades no consiguieran una solución de fondo para tremendo problema social (como ahora); no sé por qué, pero no me imagino a la sociedad de aquel tiempo criticando que los damnificados vean televisión.

    “El Estado no le tiene que ayudar a estos roñosos”, “los que reciben ayuda de arriba son unos vagos, acomodados”, “el pobre es pobre porque quiere nomás luego”, “estos se dedican a la vagancia, a la bebida, no van a progresar así jamás”, son comentarios que escucho habitualmente no de magnates y acaudalados, no; escucho de la boca de asalariados, de personas que tienen que pelearla para llegar a fin de mes, de gente endeudada hasta el cogote en bancos y financieras.

    Me vienen tantas preguntas, entre ellas: ¿En qué se convirtió la gente humilde para la clase media de hoy? ¿Por qué tanto desprecio, tanto asco, tanto juzgamiento? ¿Por qué incomodan los que menos tienen?

    En fin, tal vez el tiempo me ayude a entender ciertas cosas y otras no tanto. Pero, hermano querido, si tanto te molesta que los pobres tengan televisores plasma, equipos de sonido y demás, espero que también te moleste que seamos uno de los países más desiguales del continente, en el que el latifundio expulsó a los campesinos de sus tierras y los obligó a asentarse en las zonas inundables de la capital.

    Por Elías Piris

    http://www.ultimahora.com/los-banadenses-la-clase-media-y-la-tv-cable-n956948.html

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  16. Las inundaciones como parte de un plan de expulsión.
    Ene 04, 2016 Redacción Ciencias Sociales 0 Comentario

    Por: Abigail Vázquez.-
    Dirigente Organización Desde Abajo.

    “Sucios”, “se levantan a las 11 de la mañana”, “se les da todo, ni siquiera pagan impuestos”, “les gusta vivir así”, comentarios que se han hecho hasta una moda en estas semanas. Quizá muchas personas ya pensaban así de los bañadenses o tal vez estas expresiones se acentuaron mucho más a medida que el río Paraguay crecía y los inundados eran criminalizados por habitar en el “territorio del río”.

    Cuando Arnaldo Samaniego anunció en el Bañado Sur los planes de “desarrollo” para Asunción, no hizo más que confirmar lo que ya se venía sospechando, especulación inmobiliaria sobre los bañados. Esos planes traerían consigo desalojo, desarraigo, expulsión, tal es el caso de la construcción de la costanera en Chacarita y en el Bañado Norte, donde centenares de familias fueron expulsadas.

    Sólo dos años después de aquel anuncio, en el 2014, los bañadenses tuvieron que soportar una inundación, luego de 15 años de “descanso”. Este año, una vez más se enfrentaron a otra crecida, que en el expresar de muchas familias, la inundación no es lo peor, sino la inasistencia, la falta de organización y la ineptitud total del estado paraguayo para hacer frente a esta catástrofe.

    Tanto las inundaciones del 2014 y del 2015 han representado verdaderas pérdidas para los afectados, perjuicios económicos y hasta de vidas humanas quedarán marcados en los miles y miles de damnificados.

    Mientras todas estas pérdidas se dan en el seno del pueblo pobre, el Estado paraguayo, representado por la narcopolítica y la mafia empresarial brilló por la falta de planes de evacuación, de refugios y de asistencia en materiales para la construcción de viviendas provisorias. Esta situación lo único que hizo fue reafirmar lo que ya se sabía, dilatar hasta el cansancio para lograr instalar principalmente dos cuestiones: Primero, la idea de que no vale la pena seguir viviendo en una zona inundable y que los bañadenses deben aceptar viviendas sociales preparadas especialmente para ellos; segundo, seguir reforzando la idea, en el asunceno común, de que los bañadenses lo único que hacen es molestar, molestan con su presencia en las plazas de los de clase media, molestan con su forma de ganarse la vida, reciclando, molestan con su forma de vestir y hasta con la música que escuchan, en fin, molestan en Asunción y deben ser llevados a lugares lejanos.

    Un caso de acoso por parte del estado para que abandonen sus hogares fue un censo realizado por agentes de la Policía Nacional en plena inundación del 2014, en donde una de las preguntas de formulario era expresamente si querían o no salir del bañado.

    Una situación más grave se dio cuando Samaniego intentó a toda costa aprobar una Ordenanza, también en época de inundación, en donde cedía tierras municipales -como es el caso de los bañados- a empresas privadas a cambio de obras de infraestructuras, intención que se logró frenar y que costó una fuerte represión y bañadenses imputados, tras una multitudinaria manifestación frente a la Municipalidad de Asunción.

    Asimismo, el discurso que se busca instalar contra los bañadenses es clarísimo, sólo miremos las medidas que tomaron los vecinos que viven alrededor de las plazas Japón y Expopar del Barrio Republicano, estos, en vez de hermosear las plazas, con juegos para niños o canchas deportivas, que es lo que supuestamente desean, y por eso no quieren a los bañadenses en sus plazas, despilfarraron millones de guaraníes para enrejar completamente tres plazas que en realidad, no pueden llamarse plazas, pues no son más que patios baldíos. Esto demuestra que la vida de las personas para ellos definitivamente no vale nada.

    Cuando los campesinos empezaron a ser expulsados del campo y habitaron las zonas de los bañados, ellos mismos tuvieron que resolver el problema habitacional que el Estado no quería resolver. A pesar de que eran conscientes del peligro que representaba la inundación, ellos decidieron hacer habitable la zona, no le quedaban muchas opciones tampoco, o se quedaban sufriendo como indigentes en el centro de Asunción o se instalaban en los bañados para intentar una vida nueva.

    Así como los primeros habitantes, la generación de hoy fue la que resolvió los problemas que acarrearon las inundaciones en estos dos años. Resolvieron la falta de refugios, ocupando plazas, patios y veredas, que dicho sea de paso, sin ningún grato recibimiento de la policía ni de los vecinos de las zonas ocupadas.

    Asimismo, fueron los que resolvieron el problema de la evacuación, realizando trabajos voluntarios en las mudanzas, ayudando a sus vecinos, familiares y amigos a salir de sus viviendas que estaban completamente bajo agua.

    En fin, así como sus padres y abuelos, una vez más, ante la inasistencia del Estado, los mismos bañadenses resuelven, a duras penas, la mayoría de las exigencias requeridas ante esta catástrofe, en pocas palabras, todo este tiempo vienen haciendo el trabajo del estado.

    La solidaridad se ha destacado en estos meses, la solidaridad entre bañadenses, la solidaridad entre pobres

    La lucha continúa.

    Si bien, el Estado y la prensa se han encargado de instalar que la única forma de solucionar el problema de los inundados es la re ubicación de los mismos en otras zonas del Paraguay, lejos de la “civilización” asuncena, un gran número de bañadenses están dispuestos a dar todo para no ser expulsados de su territorio, que indiscutiblemente les pertenece, por la vida que han construido ahí, por el sudor, las lágrimas y la sangre derramada. El bañado representa lucha.

    En ese sentido, seguirán adelante con su propio plan de desarrollo que incluyen la titulación de la tierra y la defensa costera como solución definitiva al problema de la inundación.

    Mientras tanto, desde donde están seguirán resistiendo y haciendo frente a la campaña de criminalización constante, que lo único que hace es favorecer a las grandes empresas inmobiliarias que tienen ambiciosas intenciones de negocios sobre esos territorios.

    ¿Acaso las autoridades permitiría que esos negocios se inunden en caso de que lleguen a concretar sus intenciones empresariales en el territorio bañadense? La respuesta es clara, sabiendo que vivimos en un Estado que sólo gobierna para aquellos que tienen el poder económico y no para aquellos que sobreviven a las adversidades económicas, sociales, climáticas…a las adversidades del capitalismo.

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  17. No bajar la guardia después de la crisis

    Según todos los pronósticos, el 2016 comenzó con la resaca de un 2015 que se despidió con mucho ruido y grandes crisis en todo el mundo. Las inundaciones, las olas de calor y las fuertes tormentas azotaron a casi todo el planeta, poniendo en jaque a numerosas poblaciones, algunas de ellas asombradas ante el inesperado cambio de temperatura y la presencia de fenómenos nunca vistos.

    Sitios tan dispares como Canadá, que en los últimos meses del año pasado sufrieron altas temperaturas con relación a las habituales, que alteraron el acostumbrado paso de una estación a otra, así como zonas del mundo como México, que se vieron sorprendidas por nevadas copiosas nada habituales para la época. Huracanes, tornados y otros fenómenos azotaron y siguen azotando extensas zonas de los Estados Unidos y Europa, hay evacuados por las inundaciones en Gran Bretaña y feroces tormentas en otras zonas.

    Australia sufre una ola de calor sin precedentes; hay incendios forestales y tormentas en lugares en los que nunca ocurrían estos fenómenos, como la Patagonia argentina, donde hace días fuertes tormentas hicieron caer árboles centenarios y causaron desastres y hasta se cobraron vidas humanas.

    Lluvias copiosas castigan esta parte del mapa, así como tormentas eléctricas de gran peligrosidad y granizo en abundancia, caen en lugares y tiempos absolutamente inesperados.

    Hablamos hoy de la fuerza inusitada del fenómeno El Niño, que parece haber crecido sin que nos diéramos cuenta de su peligrosidad o, como tantas veces hemos hecho, simplemente preferimos ignorar. Sin embargo, ahora sabemos que no son solo fenómenos aislados que pueden desaparecer mágicamente, sino que se trata de algo más grande y de alcance mayor, a lo que debemos atender y comprender en su magnitud, encarando planes preventivos que, aunque no eviten el ciento por ciento de los daños, ayuden a atravesar las crisis más protegidos.

    Poner en marcha proyectos que realmente estén concebidos con una visión creativa –especialmente ajustados a nuestra realidad y diseñados con honestidad técnica y voluntad para que sean útiles en el tiempo– es urgente, así como involucrar a las mejores mentes y los mejores técnicos y especialistas en la materia para lograr los mejores resultados, como lo han hecho antes otros países que han logrado el éxito y la seguridad para sus habitantes.

    La ciudadanía toda –sin importar el grado de capacidad económica ni la posición social– debe entender que cada uno es importante para lograr soluciones a mediano y largo plazos; que medidas tan simples como la limpieza de patios y casas para combatir los criaderos de larvas de mosquitos son importantísimas para evitar más problemas de salud que pueden ser graves, como una epidemia de dengue u otras enfermedades causadas por ello.

    Actuar es la palabra clave, tanto para las instituciones oficiales como para las organizaciones civiles así también para los ciudadanos “de a pie”. Organizarse con los vecinos; trabajar para que el barrio o la comunidad sea cada vez más saludable, más allá de los problemas que debemos enfrentar, es una manera positiva de atravesar los tiempos difíciles, con mayor esperanza y protección.

    La solidaridad –la responsabilidad que todos tenemos para la convivencia y que muchas veces nos cuesta ejercer por desidia– debería imponerse por sobre el egoísmo o la falta de compromiso con la comunidad. Poco a poco, con acciones sencillas como la mencionada, además de evitar arrojar desechos y basuras a raudales, cauces de arroyos y baldíos, aportarán mucho a la mejor y más rápida recuperación de nuestros pueblos y ciudades, luego de la crisis por la que estamos atravesando.

    http://www.lanacion.com.py/2016/01/04/no-bajar-la-guardia-despues-de-la-crisis/

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  18. La reiteración de la que no aprendemos

    Es tan triste nuestra realidad repetitiva. La misma desgracia una y otra vez y sin embargo no somos aun capaces de sobrellevar las inundaciones. Es cierto que tal problema tiene dos caras. Una es la de infraestructura, pues a pesar de ser tener tantas ciudades ribereñas, nuestra capital Asunción entre ellas, todavía no hemos podido adecuarlas a las subidas estacionales de nuestros ríos. En siglos, hemos aprendido que tales fenómenos se repiten año a año, y sin embargo seguimos recibiéndolos mal preparados.

    La otra cara es la social. Si hay tantos miles de compatriotas que pasan la mitad de su vida como damnificados, es a consecuencia de una injusticia social que arrastramos también históricamente. Si no hemos podido solucionar la parte de infraestructura, menos aún hemos podido solucionar la profunda desigualdad que nos afecta como sociedad y que nos lleva a ver casi como un fenómeno natural a la gente pobre viviendo en condiciones miserables a la vera de los ríos, cuando no tiene nada de natural, lo que lo convierte en hecho que puede ser solucionado con políticas sociales eficientes.

    La realidad del damnificado la conocemos desde que tenemos conciencia de nación, muchas décadas antes de que Maneco Galeano escribiera que “la crecida del río llegó con su canto de penas y angustias”; y sin embargo así nos va, improvisando siempre. Las municipalidades, las gobernaciones, el Estado, no conocen el concepto de previsión, algo tan caro al urbanismo inteligente. Asunción, que es la ciudad que conozco, es solo un botón de muestra del caos en nos acostumbramos a vivir. Su tráfico lo soportamos estresados, cuando llueve ya sabemos lo que nos espera, y cuando el río crece también. Vivimos en la resignación que ahora vemos en la cara del expulsado por el río.

    Nuestra ciudad tiene cinturones, pero no de seguridad, sino de pobreza. Aquellos rostros que no queremos ver viven en la periferia, y ahora son obligados por el río a establecer sus vidas cerca de nosotros. A muchos molesta esto, los prefieren lejos, donde siempre han pertenecido. Cuando alguna vez dejemos de ser una sociedad con líderes que no previenen, que no organizan la vida comunitaria de forma sistémica sino que solo se pasan apagando incendios coyunturales e interviniendo fachadas en busca del voto de los ciudadanos de vista corta, cuando la urbanidad sea un concepto armonioso con la naturaleza, no solo ya no habrá damnificados, sino que los cinturones de pobreza desaparecerán y los niños que suben riendo desde “el bajo” seguirán riendo, pero porque ya no habrá “subidas ni bajadas” sociales que nos diferencien.

    Por Sergio Cáceres Mercado

    http://www.ultimahora.com/la-reiteracion-la-que-no-aprendemos-n956683.html

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  19. ¿Somos incompetentes?

    Después de visitar Pilar y Alberdi, Guillermo Caballero Vargas, principal accionista de la fábrica textil del lugar, dijo que la situación de peligro en que se encuentran ambas ciudades a causa de la creciente del río es “signo de nuestra incompetencia”.

    Alegó que la causa de que el muro de contención que defiende estas ciudades de las periódicas inundaciones del río Paraguay se encuentre en peligro de ceder es la despreocupación de las autoridades, la falta de mantenimiento y la ausencia del control que se tendría que llevar cada cierto tiempo.

    Conociéndolo a Caballero, su natural prudencia, el cuidado que ha puesto siempre en sus palabras cada vez que habla en público cuidando no agredir a nadie ni herir susceptibilidades, que haya hablado de “nuestra incompetencia” tiene que ser tomado con mucha mayor gravedad de lo que podría haber sido en boca de cualquier otra persona. Aun así, no comparto el criterio de haber utilizado la palabra “incompetencia”. Creo que tendría que haber utilizado otra de mayor dureza. Los problemas que están viviendo actualmente los pobladores de Pilar y Alberdi no se deben a la incompetencia, sino a nuestra vergonzosa irresponsabilidad.

    Es costumbre nuestra que ante una situación determinada conflictiva, delicada, compleja, decidamos mirar hacia otro lado desentendiéndonos del problema. Por si esto no fuera poco, agregamos con un encogimiento de hombros: “El tema no es conmigo”. También hay otras salidas como “el asunto no es grave”, “se está exagerando”, “ya se va a solucionar con el tiempo”, “esto no puede pasar”, etcétera. Esta falta de responsabilidad tendría que ser considerada como una actitud delictiva que merece su correspondiente castigo.

    Acabamos de ver con motivo de las últimas elecciones municipales los esfuerzos hechos por los candidatos de los diferentes municipios por mostrarse (hipócritamente) preocupados por los problemas de sus conciudadanos, comenzando por el bochornoso espectáculo ofrecido por Arnaldo Samaniego. Es cierto que perdió y fue la manera en que la ciudadanía castigó su catastrófica administración municipal, una de las peores que se hayan visto en varias décadas. Este castigo no es satisfactorio. Tiene que hacerse responsable, desde la llanura, del daño que nos ha hecho a todos y que nos sigue haciendo, ya que no puedo imaginarme de qué modo Mario Ferreiro podrá solucionar las desprolijidades con que ejerció su cargo de intendente. Resulta muy fácil candidatarse para un puesto, asumirlo, aprovecharse de todos los privilegios que lo acompañan, darse la gran vida, satisfacer su exagerada vanidad y luego regresar a su casa como si nada hubiera pasado.

    Hasta el momento se ha escrito mucho sobre Pilar y Alberdi: la resistencia heroica de sus habitantes, la solidaridad entre ellos, el trabajo conjunto que realizan todos para poder salvar la ciudad, el desafío a la voracidad del río que un día baja unos pocos centímetros y las semanas siguientes no para de subir. Son conmovedoras las imágenes publicadas por la prensa de los ciudadanos llenando bolsas de arena para evitar las filtraciones del muro de contención. En fin, no creo que sea necesario extenderse sobre algo que todos saben, que conocen a través de las noticias o lo ven por televisión o, penosamente, por experiencia propia.

    Cuando esta emergencia pase –aunque dure varios meses– es imprescindible que no olvidemos lo que ha sucedido, lo que se han visto obligados a vivir miles de ciudadanos y se determine quien es el responsable de tener un sistema de contención del río, que sea fiable, seguro y, sobre todo, duradero. Alguien tiene que haber, con nombre y apellido, que decidió mirar para otro lado diciendo “El problema no es conmigo” o, peor, “No, no va a suceder nada. Ya se va a arreglar todo”. Como alguien decía: sólo los éxitos tienen paternidad conocida. Los fracasos son huérfanos de padre y madre. Entendamos en su verdadera dimensión lo que quiso decir Caballero Vargas, porque no somos incompetentes. Lo que en verdad somos es irresponsables y de alguna vez por todas debemos aprender la lección para no permitir que la gente sufra de manera innecesaria.

    Por Jesús Ruiz Nestosa

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/somos-incompetentes-1441370.html

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  20. Es el momento de que Paraguay se levante
    Néstor Ojeda Mendoza

    El espíritu de sensibilidad aún no hemos perdido del todo en nuestro país, y eso está demostrado fuertemente en toda geografía nacional, en esa cruzada de amor a favor de los miles de paraguayos afectados por las inundaciones que son víctimas de cuantiosos perjuicios.

    Esto es Paraguay señores, un país que a pesar de tantas injusticias cometidas por muchas autoridades insensibles, aún sigue luchando por una Patria soñada, como dice una conocida canción folclórica paraguaya.

    Estas familias paraguayas, que hoy día están afectadas fuertemente por las crecidas de los río, necesitan del apoyo solidario de todos sus compatriotas, y en especial de aquellos potentosos y acaudalados, llámense ganaderos, industriales, empresarios que gracias al sudor de este mismo pueblo amasaron sus fortunas. Hoy hermanos afectados fuertemente por esta catástrofe ocasionada por el fenómeno de “El Niño”, claman y solicitan un aporte solidario de todos sus compatriotas.

    Los efectos de la catástrofe natural que afecta a muchas regiones del Paraguay, no solo son responsabilidad de las autoridades del gobierno nacional, quienes deben de esforzarse al máximo a favor de tantas familias ribereñas para sacarles de sus apuros. A la par a esta situación aún no hemos escuchado o ha tomado estado público las manifestaciones de sensibilidad de personas con elevado nivel económico en nuestro país.

    Tampoco dentro del recinto parlamentario, el Congreso de la Nación paraguaya, los parlamentarios de ambas cámaras han realizado manifiesto alguno en pro de este pueblo hoy día enormemente perjudicado y afectado por la catástrofe de las inundaciones.

    Ante esta total indiferencia y falta de sensibilidad social ciudadana, muchas organizaciones sociales o recientemente constituidas les están demostrando totalmente lo contrario, quienes hacen un llamado de solidaridad ante la falta o el silencio de las autoridades parlamentarias, muchos de ellos con cuantiosos bienes malhabidos.

    Es hora de sumarse a la gran cruzada nacional a favor de este pueblo sufrido, y decir sí a este slogan que lleva la denominación de “Paraguay se levanta”, y que no solo en épocas eleccionarias realicen sus prédicas hipócritas para captar la adhesión de sus votos con el propósito de sus insanos objetivos de alcanzar el poder y lucrarse a través del mismo.

    Este es el momento de demostrar el espíritu de sensibilidad hacia el pueblo, que está con el Jesús en la boca. Aquellos que no lo hicieren en esta ocasión, de no sumarse con su grano de arena a favor de este pueblo en desgracia, estará claramente demostrando su falta de sensibilidad social y ciudadana, y ojalá que este mismo pueblo hoy día en desgracia en las próximas pujas electorales les pase la factura.

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  21. Un Niño travieso que genera desgracias
    José Rojas

    Paraguay pasa por un momento muy difícil. Este año que arrancó hace un poco más de 48 horas, pero ya el azote de la naturaleza generó más gastos no previstos que lo que ocasionaría un semestre presupuestario. Un informe del Ministerio de Obras Publicas estima demoras importantes en la ejecución de tareas de infraestructuras. Las lluvias se anuncian hasta marzo y este dato es para tomarse de los pelos en el Ministerio de Salud, pues esa información implica más dinero en programas de prevención, de vacunación en zonas de alto riesgo; peligro de duplicación del dengue y enfermedades similares ocasionadas por mosquitos. El ministerio de Educación deberá reestructurar el inicio de clases en aquellas localidades ribereñas.

    Esto que menciono es al solo a efecto a destacar que habrá mucho más trabajo al previsto a final de año; cuando se aprobaba el Presupuesto General de la Nación 2016.

    Una noticia positiva. Este año está considerado como el de más bajo nivel político; o sea no existirá tanta competencia que exija populismo de aquellos que buscan espacios aprovechándose de la situación; prometiendo cosas que quizás no cumplan.

    En contrapartida libera las manos del gobierno; de sus oficinas de gestión social para atender y resolver sin tantos apremios los desperfectos que dejó este travieso “El Ñiño”.

    Los científicos destacan que este fenómeno de la naturaleza es moderado. Desde el anuncio de su llegada a finales del 2014 cayó 60% su fuerza.

    Para entender de lo que estamos hablando; a lo que todo el país enfrenta (no solo sus administradores públicos) debemos conocer los estragos causados por el impacto de esta anomalía climática.

    El fenómeno del Niño (también conocido como Oscilación del sur – El Niño). Un informe publicado en por el BBVA Colombia dice que es un fenómeno climático clasificado por algunos científicos como uno de los más letales de la tierra, dada su mortalidad en términos de vidas humanas, daños económicos y cambios en los patrones climáticos normales del planeta. Entre mayo de 1997 y abril de 1998, ocurrió uno de los episodios más fuertes registrados: el clima en todo el mundo sufrió cambios drásticos; se presentaron inundaciones en Perú y Kenia, sequías en el norte de China y el sur de África.

    Las fuertes lluvias provocaron las peores inundaciones de los últimos 100 años en

    Europa, aumentaron la incidencia de enfermedades como la malaria en África, cólera en Perú y múltiples daños económicos alrededor del mundo. Se estima que este fenómeno causó 23,000 muertes y pérdidas por US$ 35,000 millones. Asusta!

    Basta con ver cómo se pierden cosechas de algodón, de soja para probar el impacto de El Niño sobre la microeconomía y el empobrecimiento de la gente, que además de perder sus hogares pierde su fuente de ingresos. También es terrible que El Niño provoque consecuencias negativas sobre la macroeconomía mundial.

    Un trabajo publicado en abril pasado por Allan Brunner, un economista de la Reserva Federal de Estados Unidos, sobre El Niño y los precios de los commodities en el mundo arroja resultados sorprendentes.

    Destaca Brunner que los commodities suben entre 3,5 y 4 puntos porcentuales por culpa de las sequías e inundaciones que afectan a Asia, Australia y América del Sur. El Niño es responsable del veinte por ciento de las variaciones en la tasa de inflación de los últimos años. Adicionalmente, El Niño tiene cierto efecto en el nivel de actividad mundial, ya que explica entre el 10 y 15 por ciento de las variaciones en el PBI global.

    Todos esos cálculos servirán sin dudas para conocer dónde estamos pisando; y permitir así trazar planes para uno de los cientos de países castigados: Paraguay.

    Frente a estos datos; cabe preguntarse, ¿qué puede hacer un Estado con un presupuesto que fue drásticamente cercenado en el Parlamento restando recursos a gastos sociales para crear más sueldos? No existe presupuesto que pueda prevenir sus efectos; tampoco existirá para intentar devolver todo lo que se llevó este fenómeno.

    No obstante existen planes que deben ser ejecutados de inmediato; una vez que se calme la furia de la naturaleza.

    Entiendo que en este momento lo que se debe hacer es mitigar de alguna manera el sufrimiento de las familias que son expulsadas de sus viviendas por la fuerza de las aguas que avanzan implacables, con el mismo criterio atender los pedidos de refinanciación de créditos destinados a cultivos hoy perdidos, o ganado arrastrado por las aguas.

    Existen prioridades. Es perentorio que se vaya pensando cómo resolver definitivamente este problema que con o sin El Niño es una deuda pendiente de todas las administraciones del Estado (Ejecutivo y Municipios) y todos sabemos cuáles son.

    No existe culpable en particular, pero si es responsabilidad de resolverlo. Este es un año de bajo perfil político electoral; lo debemos aprovechar.

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  22. El podio de las fotos del año
    ene 2, 2016
    POR ALEX NOGUERA
    Editor / Periodista

    El rey muerto 2015 no solo sirve de recuerdo, sino también como material de análisis a hechos trascendentes
    que ya son pasado. Y como con un racimo de uvas, unos prefieren saborear lentamente cada fruta, cada
    uno de los mejores momentos vividos durante el año; otros simplemente descerrajan la garganta y tragan sin
    rememorar nada. Y también están aquellos que hacen de la uva vino y se embriagan adrede para no recordar.
    Sería el caso de los franceses, quienes el 13 de noviembre pasado vieron la eterna noche de luces parisina
    teñida de rojo y confundida entre estrellas fugaces y furiosos destellos de AK-47. No menos infausta fue la
    marea de miles de refugiados que huyeron de la región siria, aplastada bajo el peso del demencial ejército islámico.
    En el álbum que deja el lapso anual fenecido podemos rescatar varias fotos únicas y maravillosas, como
    joyas irrepetibles. Sería lógico suponer que un buen porcentaje de paraguayos elegirá la venida del Papa
    como la imagen ganadora. Sentir su presencia y más su prédica y amor hacia el país y, sobre todo, el respeto y
    admiración hacia la mujer guaraní le valieron el cariño popular.
    Otros resaltarán la chispa iniciada por los alumnos de secundaria, que luego desencadenó las llamas de la insurrección universitaria. El entusiasmo de los jóvenes dio resultados insospechados: unos consiguieron que
    se modifique el PGN 2016 en favor de una mejor educación; otros lograron renuncias de autoridades enraizadas en la UNA como si esta fuera de su propiedad.
    Una tercera foto obligada en el podio imaginario es la de la inundación. ¿Pero cuál? ¿La de los bañados
    desapareciendo centímetro a centímetro, día a día, debajo de esa sábana marrón de agua fangosa? ¿La del
    señor sentado en el sofá con botas de lluvia? ¿La pileta de lixiviados de Cateura siendo asediada por ese enemigo impiadoso que bombardea desde las nubes millones de gotas para impugnar su maltrecha virtud? ¿La visión aérea de Alberdi convertida en isla? ¿El esfuerzo de los vecinos, hermanados en un mismo sentimiento de desesperación o la mirada de vergüenza de los desahuciados que reman desde los botes, como los que abandonan el Titanic, hacia tierras más altas?
    Hay una en particular que llama la atención. Una en la que se ve a un hombre que resiste sobre el techo de
    su casa. Las aguas son horizonte, su continente el tejado y su palmera, una chimenea. Pequeño su mundo y
    grande su pena. Y, sin embargo, su resolución atemorizaría al más feroz de los leones, ya que en su alma siente que nada más puede perder.
    Incomprensible para los demás, el náufrago voluntario queda para convertirse en vigilante de las cucharas
    sin valor y peineta sin dientes que forman parte de su ajuar de hombre digno. Sin reparar en el clima, que si
    llueve o sale el sol, que si la humedad o los mosquitos, que si el hambre o el sueño, el pobre gigante se adhiere
    a su única propiedad.
    Este valeroso guerrero teme. Teme la rapiña. Teme el producto de la falta de educación cívica, aquella por la
    que los jóvenes han luchado, y cuya carencia desemboca en la falta de respeto y moral, en llevar lo ajeno muchas veces sin siquiera por necesidad, sino por picardía.
    Paraguay se abre a un 2016 con pronóstico ambivalente. Por un lado, oscuro como las nubes de tormentas
    del “Niñazo”, que expertos vaticinan irá hasta mitad de año; o con la amenaza de una posible suba de tasas de
    interés de la Reserva Federal de EEUU, que haría decrecer el proyectado desarrollo de los países emergentes.
    Sin embargo, por el otro, vemos buenos augurios con una economía local sólida, a pesar de las caídas de las
    economías de los vecinos, incluso con empresas que analizan desembarcar próximamente y con el precio del
    petróleo debilitado.
    El 2016 ya está aquí y no trae pan bajo el brazo, pero sí mucha esperanza. Esperemos que la bendición sea
    para todos y no solo para algunos oportunistas.

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  23. Verdaderas tragedias

    Por Rosendo Duarte

    Tras tantos días de iniciar y finalizar la jornada con noticias de inundación y anuncio de posibles catástrofes, como es el caso de Alberdi, quienes vivimos al margen de esas realidades nos percatamos de que nuestros problemas son casi insignificantes. En Salto del Guairá también llueve bastante y hay barro y calles destrozadas, pero tenemos el privilegio de pisar tierra firme todas las mañanas y desarrollar nuestras actividades sobre la cumbre del Mbaracayú, con un panorama mucho más alentador.

    Es cierto, la crisis financiera es grave y de repente golpea tan fuerte como las inundaciones del sur, obligando con la misma intolerancia a miles de familias a buscar nuevos horizontes, o correr el riesgo de sucumbir. La falta de empleo también somete a la población al desplazamiento y a la constante búsqueda de mejores sitios para vivir.

    Las nuevas realidades de una u otra zona del país, sin embargo, nos obliga a recapacitar y sobre todo reanalizar nuestro futuro desde una perspectiva mucho más exigente. Debemos entender que con la inundación del El Niño o la crisis brasilera, vivir en el Paraguay sigue siendo un privilegio. No tenemos ISIS, terremotos, tsunamis ni volcanes.

    Las verdaderas tragedias del Paraguay no son los ríos que crecen y la falta de turistas en las fronteras. Nuestros grandes enemigos siguen siendo la corrupción, la falta de educación y las inequidades.

    El año 2016 debe ser el año de las grandes revoluciones que se iniciaron en las universidades capitalinas, donde decenas de ladrones de guantes blancos tuvieron que huir y algunos pisaron la cárcel.

    Ya no debemos quedarnos en la admiración genuflexa del Paraguay que es duro y que resiste a pesar la enorme cantidad de “chupasangres” que alimenta. Debemos despojarnos de aquellos que viven en el país de las maravillas, a costa del pueblo, para que la gente decente, trabajadora y determinada tenga al menos el derecho de vivir dignamente.

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  24. Acabar la angustia

    Por Clide Noemí Martínez

    La historia del Ñeembucú, caracterizada por la sucesión de hechos adversos que pusieron en riesgo la vida de sus pobladores y de la propia existencia de los pueblos del departamento, sobrevive gracias a la obstinación de sus pobladores. Castigados por la guerra, los periódicos embates de la naturaleza y el olvido de las autoridades, resisten estoicamente ante la crecida de los ríos Paraná y Paraguay.

    Los costosos muros construidos para protegerlos, en los que fueron destinadas decenas de millones de dólares, no ofrecen ninguna seguridad y se sostienen precariamente gracias a las miles de bolsas de arena que son cargadas diariamente por los “paleros” voluntarios, cubriendo grietas que amenazan la vida de los ñeembucuenses, principalmente de Alberdi y Pilar. Estos diques, que parecen tener deficiencias de diseño y construcción, representan una gran sangría económica para el Estado, que debe invertir periódicamente sumas extraordinarias en el mantenimiento de los terraplenes y las motobombas, sin garantizar la vida ni los bienes de los vecinos.

    En estas condiciones, las defensas costeras están lejos de ser la solución. No se puede seguir improvisando a la hora de encarar estas construcciones. Los muros deficientes son bombas de tiempo y ponen en serio riesgo la vida de miles de personas.

    La solución debería ser combinada y no solo reforzar los diques. Un buen Plan de viviendas, que contemple la reubicación de las familias cuyas viviendas están en los lugares más bajos, solucionaría en gran medida los problemas que generan la cíclica crecida de los ríos.

    En el caso de Pilar pondría fin a la angustiante situación que viven numerosas personas que viven en los terrenos cercanos a los muros y los reservorios. Esta alternativa ahorraría millones de dólares al Estado paraguayo en la construcción de imponentes muros y fundamentalmente en el mantenimiento.

    Esa gran solución depende del sentido común, la honestidad y de la sabiduría de las autoridades.

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