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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

Refugiados y damnificados

Las fotografías y los datos que encuentro en los periódicos de Asunción son estremecedores ante un panorama que, por más repetido que sea, no deja de producir una profunda desolación. En el momento en que escribo estas líneas el nivel del río, en Asunción, es de 7,80 metros y se espera, se teme, que se llegue al nivel récord que se registró en 1983, vale decir, más allá de los nueve.

Las cifras son dramáticas: según la Secretaría de Emergencia Nacional (SEN) hay unas 100.000 personas desplazadas y alrededor de 25.766 han sido albergadas. De ellas, la mayoría son de Asunción y proviene de los dos bañados, norte y sur, y de la Chacarita con un total de 13.400 familias. Después del último temporal 125.000 viviendas se quedaron sin energía eléctrica y hay localidades en donde no sólo la gente está aislada, sino además carece de agua potable.

Los datos de la Municipalidad de Asunción difieren con los de la SEN ya que asegura que las familias desplazas son 18.000 y también da una cifra mayor para la altura del río. Mientras tanto, se han lanzado a la búsqueda urgente de sitios donde ubicar a estas familias ya que los lugares que se previeron se encuentran sin poder recibir a una sola familia más.

Para nosotros esta parece ser la mayor calamidad del mundo y las instituciones encargadas de buscar y, sobre todo, de encontrar soluciones, aparentemente están sobrepasadas por el tamaño del problema. Sin embargo, quiero contrastar estas cifras, no para desmerecerlas, sino para que se tenga una mejor perspectiva de la lucha cotidiana por la supervivencia no solo en nuestro país.

A punto de culminar el año, la Organización Internacional de Migraciones (OIM) y la agencia de Naciones Unidas para refugiados (ACNUR) han informado que este año han entrado a Europa más de un millón de personas, más de un millón de refugiados principalmente de Siria, Irak y Afganistán, que huyen de una guerra atroz que asuela dichos países y, que para mayor desgracia, no tiene visos de lograr una solución. Se estima que este es el mayor desplazamiento de personas en Europa después de la II Guerra Mundial que fue de entre 12 y 14 millones de personas.

El solo hecho del desplazamiento no es el rasgo más dramático de esta historia. Quienes huyen buscan llegar a Europa y uno de los pocos caminos viables, en este momento, es a través de puertos de Turquía desde donde pretenden alcanzar las cosas griegas, especialmente la isla de Lesbos. Los traficantes de personas, por sumas muy altas, se comprometen a hacer la travesía a través del mar Egeo. Para ello utilizan embarcaciones muy frágiles que van sobrecargadas para obtener mayor ganancia. Es muy frecuente, mucho más de lo que uno se podría imaginar, que tales embarcaciones vuelcan o naufragan con todos sus ocupantes que terminan ahogándose si no tienen la suerte, rara, de ser rescatados por barcos patrullero griegos. Sólo en los últimos cuatro días han muerto 42 refugiados y casi la mitad, una veintena de las víctimas, fueron niños o bebés.

La tragedia más reciente fue de una embarcación con 29 personas a bordo. El resultado: 13 muertos, siete de los cuales eran niños. Un par de meses atrás, una fotografía de un rescatista sacando del agua el cadáver de un niño conmovió al mundo entero. Fue la primera, pero no la última. Desde entonces es frecuente ver la escena repetida, casi todos los días, en los periódicos europeos. La Organización Internacional de Migraciones ha dicho que por lo menos el 30% de las personas muertas en estas circunstancias, son niños. Sólo en el mes de octubre se ahogaron en aguas del Mediterráneo 90 niños, muchos de ellos bebés de menos de dos años de edad.

Quizá la magnitud de esta tragedia pueda ayudarnos a entender que la que estamos viviendo en nuestro país a causa de las inundaciones, es difícil, pero es manejable siempre y cuando haya la voluntad de encontrar soluciones. No es posible que nos pasemos varios años mirando al cielo para ver pasar las nubes sin tener presente que en cualquier momento podrá regresar El Niño azotando a decenas de miles de familias. Las zonas inundables no son un fenómeno político, ni económico, ni religioso, ni social. Es un fenómeno de la naturaleza que todos bien conocemos. ¿Entonces…? Si no está en nuestras manos controlar la fuerza de la naturaleza sí podemos, en cambio, controlar los efectos desastrosos que pueda ocasionar.

Por Jesús Ruiz Nestosa

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/refugiados-y-damnificados-1439731.html

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

22 comentarios en “Refugiados y damnificados

  1. Planificar

    Por Clide Noemí Martínez

    El estado de aislamiento e incomodidad en el que sobreviven miles de paraguayos en Ñeembucú amerita una acción contundente de los organismos del Estado, que deben acudir inmediatamente al rescate de los afectados. Estos embates de la naturaleza vienen repitiéndose con mucha frecuencia desde hace algunos años, pero las instituciones locales, departamentales y nacionales hasta el momento no han respondido a la altura de las circunstancias, olvidándose de la planificación y las transformaciones que se deben aplicar, para evitar la desgracia del pueblo al que representan.

    La asistencia no se debe limitar a la provisión de víveres que aporta la Secretaría de Emergencia Nacional (SEN), sino abarcar la construcción de caminos de todo tiempo, con suficientes obras de arte para permitir el escurrimiento de las aguas. Un estudio técnico minucioso que verifique el estado de las cuencas hídricas de la zona debe guiar los trabajos que se ejecuten apenas permitan las condiciones para mejorar el manejo de las aguas, que hoy inundan gran parte del territorio departamental.

    En los centros urbanos se deben construir viviendas en los terrenos que no están expuestos a la inundación por crecida de ríos o lluvias. Las instituciones no deben seguir cometiendo el error de edificar en la zona baja de Pilar, y se deben liberar los reservorios para no repetir lo que hoy es común, el ingreso de las aguas a las viviendas, incluso con una mínima precipitación, destruyendo las pertenencias de humildes familias, que merecen una vida más digna.

    El Ministerio de Agricultura y Ganadería debería marcar presencia asesorando con sus técnicos a los agricultores para el cultivo de variedades resistentes al muy particular clima que caracteriza a Ñeembucú. Los recursos de los municipios, la Gobernación y de las instituciones nacionales no pueden seguir siendo derrochados en proyectos que dan la espalda a las reales necesidades de los habitantes de la zona, apuntando solamente a proyectos personales y políticos. Hoy gran parte de la población departamental está en extrema desgracia y las autoridades deben ponerse a la altura de las circunstancias.

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    Publicado por jotaefeb | 28 mayo, 2017, 1:15 pm
  2. Furia de la naturaleza

    Por Rafael Montiel

    La furia de la naturaleza es consecuencia de los daños que ocasionan los habitantes de distintos estratos sociales al medioambiente. La meteorología no puede predecir lo que puede ocurrir con el clima, el viento ni la lluvia, y menos aún con los fenómenos que pueden causar destrozos.

    Esta reacción de la naturaleza, ya fue advertida reiteradas veces por los científicos desde la década del 70 del siglo pasado con el uso de los aerosoles que contienen gases (clorofluorcarbonos), que destruyen la capa de ozono. Pero, nadie hizo caso y menos aún los jefes de Estados, a nivel mundial, ante la llamada de atención y las medidas aconsejadas para evitar mayores daños.

    En la compañía San Javier, distrito de San Ignacio, Misiones, el 8 de abril pasado un tornado derrumbó viviendas, árboles y destruyó cultivos. Cinco minutos bastó para dejar un ambiente desolado y en ruinas.

    Los distritos de Villa Florida, Ayolas y Yabebyry están rodeados de agua por las copiosas lluvias que se produjeron en abril. En un solo mes llovió 480 milímetros y en algunas localidades han superado esta marca.

    Con precipitaciones de 200 milímetros en un día y noche, acompañada de tormentas, ya puede causar suficiente destrozos porque no tenemos medidas de prevención ante un fenómeno natural que arrasa y deja ruinas a su paso.

    El Congreso Mundial de la Naturaleza (UICN) se realiza cada cuatro años. Reúne a líderes y responsables de la toma de decisiones de gobiernos, sociedad civil, pueblos indígenas, empresas y académicos. El objetivo es promover soluciones a fin de conservar el ambiente. Sin embargo pese a las advertencias ni gobiernos ni comunidades toman conciencia del peligro que se cierne por la destrucción de bosques, desecación de esteros, quema de reservas naturales, eliminación de gases, sin contar con las pruebas nucleares, fuga de radiaciones y desechos industriales.

    Debemos entender que el desequilibrio ecológico es por la agresión sistemática al ambiente.

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    Publicado por jotaefeb | 14 mayo, 2017, 7:22 pm
  3. Luego de El Niño, a combatir sus secuelas

    Ante la posibilidad de retornar a sus casas, muchos habitantes de los bañados están expectantes y ansiosos por volver. Las aguas estacionadas del río Paraguay son para ellos un mensaje de aliento que invita al retorno. Sin embargo, aún hay riesgos que afrontar y son bastante importantes.

    Para muchos, la noticia de que lentamente el fenómeno de El Niño, que nos tuvo a mal traer en esta parte del mundo, está dejando la zona es una buena noticia. Especialmente para quienes debieron abandonar por largos y duros meses sus hogares en los bañados y zonas bajas, tanto de Asunción como de otros lugares del país, que sufren con la crecida en forma verdaderamente crítica.

    Las aguas del río van bajando y dejan ver las secuelas de un momento crítico: zonas en las que el lodo y la suciedad muestran el doloroso saldo de las pérdidas materiales y son testigos mudos del otro dolor, el humano, al que las inundaciones someten a tantas familias.

    La Secretaría de Emergencia Nacional ha anunciado que ya son más de trece mil familias las que pueden regresar a sus casas en zonas ribereñas en estos días. Mientras, los meteorólogos hablan de la cercanía de otro fenómeno, el de La Niña, que es la otra cara de la moneda, con su escasez de lluvias y sequías, que arribaría a esta región en la próxima primavera. Sin embargo, aclaran que eso no ocurrirá con mayor fuerza en Asunción y el Sur, sino que estaría ligado más a la zona del Chaco paraguayo, con las consabidas etapas de falta de agua de lluvia en los tajamares y los problemas derivados de ello.

    Ante el panorama de la posibilidad de retornar a sus casas, muchos habitantes de los bañados están expectantes y ansiosos por volver. Las aguas estacionadas del río Paraguay son para ellos un mensaje de aliento que invita al retorno. Sin embargo, aún hay riesgos que afrontar y son bastante importantes.

    Aunque la altura del río disminuya, aún hay calles totalmente anegadas en el Bañado Sur, especialmente, y también está el riesgo para la salud de las familias que regresan apresuradamente a sus hogares. La humedad y el frío acumulan sobre la precariedad más peligro de contraer enfermedades respiratorias y ser afectados por virus circulantes en estos tiempos, que son particularmente agresivos y peligrosos, especialmente para los más vulnerables, como los niños y personas de la tercera edad.

    Aunque en el Bañado Sur ya son escasas las personas que se han quedado a vivir, debido a la constante inestabilidad de las aguas, en la zona del Bañado Norte, la población es más abundante y es allí donde ahora se percibe ese deseo de retornar a sus casas. Sin embargo, basta una mirada a las calles anegadas, a la tremenda acumulación de todo tipo de desechos, llevados por la creciente y estancados en las que alguna vez fueron calles, que eso, como decíamos, es prácticamente imposible de considerar como “habitable”.

    La buena noticia para los bañadenses es que la esperada gran inundación de junio, anunciada hace varios meses, parecería ser poco probable, de acuerdo a la evolución del clima en los últimos tiempos. Las autoridades de Meteorología e Hidrología de la Dinac anuncian que el río en este mes estaría en una altura de unos 6,30 metros, lo que está bastante lejos a los más de 9 metros pronosticados para esta época.

    Pero esta situación, que parece mutar favorablemente las predicciones, debería servirnos para impulsar con más fuerza los proyectos destinados a solucionar efectivamente las consecuencias de las crecidas e inundaciones, atacando así el problema desde su raíz e impidiendo que cada año tengamos que atravesar meses de un verdadero drama humanitario.

    Las necesidades urgentes de una defensa costera, de la Costanera en sus siguientes fases y de la construcción de viviendas sociales pensadas para quienes viven en constante zozobra por las inundaciones deben ser prioridad en estos próximos meses en los que se augura un tiempo más benigno en lo que a fenómenos climáticos se refiere.

    Además, cada proyecto debe ser llevado a cabo con seriedad y capacidad puesta al servicio de su utilidad y permanencia en el tiempo. Solamente así, tendremos la tranquilidad de estar solucionando los problemas de un sector que merece una vida más digna.

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    Publicado por Anónimo | 9 junio, 2016, 9:38 am
  4. La antena de tevé sobre una choza

    Ah, ok. Entiendo tu pregunta.

    –”¿Por qué hay una antena de tevé cable arriba de la choza de un damnificado por la inundación…?”.

    Me aclarás, sin ánimos de ofender, que es “una simple pregunta”.

    O como lo dirías después, con un tono más ñembo académico, “una interpelación neutra y objetiva sobre la realidad”.

    Para empezar te diría que no es una simple pregunta. Mucho menos neutra y objetiva.

    En realidad tu observación (como probablemente la mía, en sentido contrario) está cargada de prejuicios, de visión ideológica discriminadora.

    ¿Qué me decís…?

    ¿Que estas familias no tienen derecho a tener una tele y una conexión a algún servicio de cable, solo porque viven en una zona inundable y ahora están en un precario asentamiento de refugiados, debido a la crecida del río?

    ¿O acaso el cuestionamiento es porque eso presuntamente demuestra que en realidad no son tan pobres, y solo son avivados haciéndose pasar por pobres para no trabajar?

    ¿En serio pensás eso…?

    ¿Creés que realmente alguien elegiría vivir así, en una casita de cartón como la de la foto, si tuviera la oportunidad de algo diferente? ¿Por eso te indigna que la humilde choza de cartón tenga arriba una antena de tevé cable…?

    Fijate, a mí eso no me indigna…

    Por el contrario, lo que sí me indigna es que esa antena de tevé cable no tenga debajo una vivienda realmente digna, mínimamente decente, en un buen barrio residencial, con todos los servicios básicos.

    Un lugar en donde los niños puedan jugar y reír en un jardín verde y amplio, en vez de chapotear en el barro junto a la basura y a los desagües cloacales.

    Sí, claro… Me gustaría que en lugar de gastar en la cuota de la tevé cable y su antenita parabólica –o en otras cosas que nosotros consideramos superfluas–, ahorraran para invertir en un lote y una vivienda mejor.

    Pero ¿será que ellos y ellas tienen esa perspectiva?

    Las veces que hablé con muchos de los bañadenses, siempre me dijeron que consideran al Bañado su tierra, su espacio, su lugar. Y que lejos de querer marcharse, lo que buscan es ayuda para asegurar jurídicamente la tenencia, y soluciones técnicas para hacerlo más habitable, al igual que el resto de la ciudad.

    ¿Será que no tienen derecho a soñar con eso? ¿A que tengamos en cuenta sus sueños y les ayudemos a volverlo realidad? Mientras llega ese día, al menos aprendamos a convivir con mayor tolerancia.

    Y a distinguir lo que hay arriba… de lo que hay abajo.

    Por Andrés Colmán Gutiérrez

    http://www.ultimahora.com/la-antena-teve-una-choza-n956338.html

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    Publicado por Anónimo | 3 enero, 2016, 4:10 pm
  5. Las lluvias desnudan nuestras precariedades

    Que penosa la situación que atraviesa nuestro país como consecuencia de las últimas copiosas lluvias, las aguas caídas generaron la gran crecida del río Paraguay desnudó nuestras voluminosas precariedades, Esta fragilidad se da tanto en las ciudades como en el campo, en la capital de la república y en los pueblos más pobres. Para comenzar nos mostró el rostro duro y triste de la pobreza extrema, pues las aguas sacaron a las familias que vivían en chozas paupérrimas a la orilla del río en sitios bajos donde no las viéramos, conocido como los bañados, pero que gracias a la improvisación y la falta de planificación fueron expuestos a la ciudadanía al ser arrojarlos con cuatro pedazos de terciadas y cuatro chapa de eternit a que construyan sus remedos de vivienda en espacio muy reducidos, los que al poco tiempo se convierten en lugares sucios y promiscuo.

    En esos lugares es imposible que la ciudadanía siga sin verlos, la exposición de la pobreza es tan evidente y grosera, el canto desgarrador de las inclemencias suenan de forma tan lastimera, lo que mueve a la conmiseración a muchas personas, entonces comienzan algunos a mostrar su lado sensible y a exigir al estado y a los municipios para que se les de mejores condiciones de vida, se realizan colectas de víveres y ropas, pero todo esto no alcanza ya que al poco tiempo todo vuelve a acontecer de la misma forma repitiéndose el drama en ciclos cada vez más corto, el único camino que queda es buscar soluciones radicales que se den por muros de contención y planes habitacionales para satisfacer la necesidad de más de 30 mil familias que viven en estas condiciones.

    Las precariedades también se evidencian en ciudades ribereñas como Pilar y Alberdi del departamento de Ñeembucú donde la crecida del río Paraguay sumados a las grandes tormentas que se abatieron sobre este departamento dejo sin luz por más de 50 horas a la capital del departamento y 5.000 familias, quedaron en la indigencia total por la crecida del río, mientras tuvieron que salir familias de muchos barrios evacuados por el anegamiento y existe la posibilidad de que las aguas superen los diques de contención, al igual que en Alberdi que sería realmente una calamidad para el departamento y todo el país, ya que la evacuación debiera ser masiva en ese caso, con una asistencia total de parte de las instituciones gubernamentales ante una situación semejante.

    Pero lo más peligroso está en la capital donde ya se tiene más de 100.000 damnificados y existe aún la posibilidad más grave, que la pileta de lixiviado que es donde se deposita el líquido toxico de la basura en Cateura pueda llegar al río Paraguay lo que tendría dimensión de catástrofe, es verdad que el río tendría que crecer como mínimo 2 metros más para que esto ocurra , lo que parece imposible para los especialistas, aparte se realizaron refuerzos a los muros de contención que rodea la pileta y la construcción de un muro adicional para que no rebase el agua, sin embargo la prudencia indica que es tiempo de pensar en otro lugar para la disposición final de los residuos domiciliarios y públicos que son procesados en ese lugar para evitar cualquier posibilidad que pueda contaminar de forma grave nuestro principal curso hídrico.

    Andrés Granje

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    Publicado por Anónimo | 2 enero, 2016, 6:01 am
  6. La solidaridad más allá de todo

    La grave situación a causa de las inundaciones que afectan nuestro país –y a algunos de los vecinos como Uruguay, Brasil y Argentina– nos ha puesto en las portadas de los medios de comunicación de todo el mundo. Los estragos causados por el fenómeno El Niño, cuya manifestación es este año más dura y brutal que en otras ocasiones, son motivo de análisis en diversos espacios de discusión sobre preservación del medio ambiente.

    Cada amanecer, los paraguayos que habitan zonas ribereñas o ciudades que son víctimas de las crecidas miran al cielo en busca del consuelo del anuncio de una jornada de sol que ayude a soportar el rigor de tener que dejar todas las pertenencias y subir a zonas donde no llegue el agua con su fuerza incontenible.

    Pilar y toda su zona de influencia demuestran una vez más que el espíritu de lucha está marcado a fuego para reaccionar como comunidad unida ante la crisis y que la pelea contra las aguas es a brazo partido. Igualmente, la gente de Alberdi ha quedado cercada por las aguas convirtiéndose en una minúscula isla en medio de un enorme lago.

    Los bañadenses han ido a los refugios temporarios y los mismos ya están a punto de colapsar porque la necesidad de un pedazo de tierra seca donde levantar la casita precaria es, para muchos, un sueño que con cada lluvia se convierte en pesadilla.

    En medio de todo lo que significa la tragedia y mientras se buscan soluciones definitivas y efectivas que den respuestas a las miles de familias afectadas, por parte de las instituciones del Estado que por muchos años han elegido la postergación de las urgencias y el poco interés en trabajar seriamente, la solidaridad de los paraguayos vuelve a ser la manera de expresar el interés genuino en ayudar a los menos favorecidos, más allá de cualquier connotación o interés sectario.

    Clubes importantes llaman a los aficionados a aportar ayuda; grupos organizados de la sociedad civil anuncian colectas y dan amplias posibilidades de horario para que la gente, independientemente de sus ocupaciones y compromisos, pueda enviar su ayuda a quienes más lo necesitan.

    Héroes solidarios que no tienen nombre ni apellido ayudan a construir puentes; dedican tiempo y esfuerzo a recolectar, clasificar y disponer de las ayudas para que puedan llegar en tiempo y forma a las manos adecuadas; dejan de lado horas de sueño y comodidades para acudir prestos a ayudar a las zonas inundadas, atendiendo la salud de los más vulnerables, entregando su esfuerzo como verdadera ofrenda a los hermanos que la necesitan.

    Por gastado que parezca el argumento, la solidaridad es realmente vital en casos como el que ahora afecta a gran parte de la población de las zonas afectadas. Implica, además de la tarea propia de entregar los alimentos no perecederos o las prendas y calzados que abrigarán a los ateridos cuerpos de los que sufren, un acto de suprema humanidad.

    Eso que nos hace más cercanos al prójimo, que va más allá de los kilos que tiene la entrega o el volumen del paquete, o la dimensión del gasto económico, es lo que nos conecta con la idea de projimidad, de empatía.

    La solidaridad es la mejor manera de superar las diferencias, las críticas u opiniones encontradas sobre lo que hay que hacer o no, para evitar las catástrofes. Todo queda de lado y pierde importancia ante la mano tendida hacia el otro, aunque no estemos de acuerdo o ni sepamos qué piensa.

    Y en momentos como este, cobra una dimensión que trasciende lo cotidiano, para convertirse en un modo de expresar a los demás que estamos a su lado, que los sentimos próximos y dignos.

    http://www.lanacion.com.py/2015/12/30/la-solidaridad-mas-alla-de-todo/

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    Publicado por Anónimo | 2 enero, 2016, 6:00 am
  7. Con el agua al cuello

    La emergencia que se desata con los compatriotas ribereños es un asunto de Estado. Sin embargo, a las autoridades nacionales, con el Ejecutivo a la cabeza, les importa poco, no le dan la gravedad que tiene ni la dimensión del drama social que está ocurriendo.

    Con más de 100.000 desplazados en los pasados días, el Gobierno dijo que no ameritaba hablar ni declarar emergencia. Que el hecho no había llegado aún al nivel que determina que exista una situación crítica. Lógicamente, este tipo de posiciones es muy fácil de adoptar desde una cómoda oficina, donde se tiene todo sin restricciones.

    Hoy, esa cifra ya está ampliamente superada. Y recién ahora comienzan los mecanismos institucionales a articularse. Es como esa vieja práctica indolente de quien deja que todo caiga hasta que queda en pie el último pedazo y allí intenta salvar levantando lo caído cuando mejor y más económico hubiera sido evitar que se desplomara.

    Para la mayor o menor celeridad en la reacción del Gobierno central (el municipal en la capital por lo menos está actuando) hay que entender la lógica del momento y el ciclo histórico que se vive. Dicho de otro modo, no estamos en tiempos electorales. Las municipales ocurrieron a mediados del mes pasado y la generales se darán recién en 3 años. Eso coloca el caso en un terreno de poco interés electoral, entonces el aparato que hace “negocio del voto” con la desesperación, el drama y las miserias sociales, no ve ningún interés para estar aceitado y eficiente.

    Tampoco se los ve a los políticos –como cuando están en campaña– apareciendo y movilizando recursos –aunque si son del Partido Colorado por lo general usan los que son del Estado, es decir los de todos– generando aunque sea un paliativo en medio de la desesperación generalizada.

    El problema no es solo en la capital de la República, es en todas las zonas ribereñas del Paraguay y Paraná y sus afluentes. La magnitud del problema es impredecible.

    La solidaridad ciudadana –la de aquellos que no condenan a los damnificados por supuestos hechos de raterismo y afeamiento de plazas– comienza a desencadenarse ante la indolencia pública. No debería ser en un país donde el Estado funcionara al servicio de la gente, donde el Gobierno sostuviera políticas públicas reales y coherentes, pero es. Y es para evidenciar que las autoridades nacionales se preocupan de la realidad de la población solo cuando el problema ya es inocultable. Mientras esté en la visibilidad pública, no les importa.

    Los ribereños la pasan muy mal. Recibirán un nuevo año en condiciones indeseadas. Eso, a quienes nos gobiernan les importa poco, prefieren ocuparse de sus intereses particulares dejando a la población con la soga al cuello.

    Por Miguel H. Lopez

    http://www.ultimahora.com/con-el-agua-al-cuello-n955998.html

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    Publicado por Anónimo | 2 enero, 2016, 5:59 am
  8. La asuncena y la pilarense

    Por Ruth Benítez

    En estos últimos días en las redes sociales corrieron conmovedoras fotos de los trabajos y la solidaridad de los pilarenses, asistiéndose entre todos para sobrellevar las consecuencias de la crecida del río Paraguay. Antes ya se vio a las víctimas de las inundaciones, que en todo Ñeembucú suman 20.000, formar fila para cargar la batería de sus celulares, comprar hielo o llenar los tanques de sus vehículos de combustible, para abastecerse de lo que en este momento de sus vidas son preciados elementos.

    Se tomó a los pilarenses como verdaderos ejemplos y se destacó la figura de la mujer, que con pala en mano colaboró con la construcción de barreras para impedir el paso del agua. Y es que no en vano Carlos Miguel Jiménez le dedicó sus letras: “Pero el orgullo de mi terruño es la pilarense, con los claveles de los vergeles de mi Humaitá”, a las que Agustín Barboza no dudó en ponerle melodía.

    Pero no solo esas inspiradoras fotos se vieron en estos días. También corrió como contraste a la escena de las trabajadoras pilarenses, la imagen de dos mujeres bañadenses, sentadas, mirando el celular y viendo cómo el río se asomaba cada vez más a sus casas.

    La gente dijo de todo, calificó a los pobladores de los bañados de vagos, haraganes, delincuentes y no sé qué otro adjetivo más. Seguro si fuera periodo de campañas electorales habría un sinfín de candidatos cholulos rescatándolos, tomando mate con ellos, caminando por las aguas con los pantalones remangados y exigiendo a las autoridades una respuesta.

    Pero no, ahora, solo por una foto, les juzgamos a todos ellos, sin conocer sus historias ni sus luchas, menos el contexto de la foto. Y es cierto, las pilarenses son hoy un ejemplo y seguro en los bañados hay vagos y delincuentes, como también en el Parlamento, en los hospitales, en las iglesias y en todas las áreas de la sociedad.

    A los jueces del teclado que ni conocen las zonas ribereñas, les invito a dejar de twittear y leer en los diarios dónde acercar las donaciones. Empecemos a ser de provecho.

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    Publicado por Anónimo | 2 enero, 2016, 5:59 am
  9. Sobredosis de prejuicios

    Una imagen que corría por estos días en las redes sociales muestra en una foto a unas mujeres recostadas por una casita precaria y chateando en un campamento de damnificados. En otra, a numerosas personas cargando bolsas de arena para levantar el nivel del muro de protección de la ciudad de Pilar.

    Cada foto con el localizador de “bañadense” y “pilarense”, respectivamente, y abajo, la frase: “La diferencia la hacen los que no esperan que todo les caiga de arriba”. El posteo está cargadísimo de prejuicio e incurre en el facilismo de juzgar alegremente a las personas, sin considerar el contexto ni las circunstancias.

    Además, antes que jueces, las miles de familias afectadas por la crecida del río y las copiosas lluvias de esta época requieren mejor de alta dosis de solidaridad y ayuda desinteresada.

    A priori, el contraste de imágenes que plantea la publicación produce el efecto que busca: ganarse adeptos que cuestionen la holgazanería y el oportunismo de los pobladores de los Bañados, supuestamente, acostumbrados a esperar que se les provea todo.

    Pero despojado de todo preconcepto uno cae en la cuenta de que, en realidad, los bañadenses no salvarían sus casas en la ribera del río ni si quintuplicaran la cantidad de bolsas de arena para cubrir toda la zona baja de Asunción. Si esa fuera la solución, hacía tiempo que lo hubieran hecho y no se habrían visto de nuevo en la urgente necesidad de abandonar sus casas.

    En segundo lugar, ¿por qué norma, razón o disposición la gente que vive en chabolas y en una zona inundable o en un asentamiento de sintechos no puede tener su tiempo de relax para sentarse a chatear, a tomar tereré o mirar televisión por cable? Además, qué tanto tiempo puede demandar ordenar una pequeña habitación de madera terciada y techo de chapa de zinc en un refugio de damnificados, incluida la limpieza del reducido espacio externo que le queda a cada familia. Por otro lado, si todos los que están en estos lugares provisorios tuvieran empleo, no habría nadie en los campamentos durante el día. Solo los niños y ancianos que, por cierto, precisan del cuidado de algún adulto.

    En fin, la intencionalidad del posteo en cuestión, que a todas luces busca reforzar prejuicios y estigmas que pesan sobre los pobres, además de constituir un despropósito, revela una gran mezquindad en un momento de fuerte dramatismo para las familias que prácticamente perdieron gran parte de sus enseres domésticos, su intimidad y hasta la dosis de esperanza, en una época en que la mayoría hace planes para el año que comienza, y lo que menos espera es pasar por un hecho dramático y estresante. Ayudaría mucho ver los hechos sin tantos prejuicios, poniéndose en el lugar del otro, sobre todo, en las noches de tormenta.

    Por Susana Oviedo

    http://www.ultimahora.com/sobredosis-prejuicios-n955702.html

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    Publicado por Anónimo | 2 enero, 2016, 5:58 am
  10. Cretinismo en crecida

    Por Santiago González

    Los años de desidia y de olvido están pasando factura. Es imposible esquivar el rostro y pretender ignorar y pasar por alto el drama de las inundaciones. Es cierto que a nivel regional la propia naturaleza está pasando factura, pero el efecto del río ocupando su mismo territorio era algo absolutamente previsible.

    No podemos seguir sin establecer políticas drásticas, casi similares a las que las aguas generan cada vez que avanzan. No soy quién para indicar lo que debe hacerse, si el plan más apropiado es el de tal o cual arquitecto, pero es inadmisible que nada se haga.

    Esperar que las aguas bajen y paulatinamente volver a ocupar sin hacer nada en las mismas zonas de afectación es burlarse de nuestra propia memoria. Hay niños que en medio de estas crecidas están siendo afectados psicológicamente para siempre, secuelas que quedan en el corazón y en la memoria sabiendo que cada noche de lluvia el terror aumenta un poco más, además de la crecida natural del río.

    Que los grandes estén acostumbrados a vivir en la zozobra es terrible pero no criminal como condenar como sociedad a niños y niñas a pasar por tormentos similares. Una sociedad que esté lista para actuar solo ante la urgencia es una sociedad cretina y si uno quisiera ser un poco mal pensado, hasta una sociedad perversa que juega con estas emergencias para liberar recursos de manera extraordinaria.

    ¿Se imaginan cuántos millones de dólares cuesta cada crecida? ¿Se imaginan cuánto mueve el asistencialismo? Versus lo que podría costar una solución definitiva es abismal la diferencia. Las decisiones no pueden esperar, no podemos permitir que los actuales gobernantes terminen sus respectivos mandatos sin hacer realmente algo.

    Todos ellos nos prometieron soluciones, soluciones que hasta hoy solo quedaron en las promesas. Llegar a las próximas generales o municipales sin haber movido un dedo dejará en evidencia el nivel de yodo que nos falta como sociedad.

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    Publicado por Anónimo | 29 diciembre, 2015, 4:54 am
  11. Evacuados: el drama que desvela

    Las inundaciones, que afectan a cada vez más zonas cercanas a la ribera de los ríos, son cada día más graves, debido a la gran extensión que abarcan. Las copiosas lluvias repartidas por el fenómeno El Niño siguen con sus estragos, afectando no solo a nuestro país, sino a cientos de miles de personas en países vecinos como Argentina, con gran afectación del Litoral; Uruguay, que ya tiene sus primeros evacuados por la crecida del río homónimo, y también el sur de Brasil, donde el agua ha ganado vastas zonas, poniendo en jaque a extensas poblaciones y sectores de cultivo.

    En nuestro país, al igual que en los mencionados, los esfuerzos están orientados a evitar más dramas, tratando de paliar la situación de los evacuados que permanecen en refugios, a salvo de males mayores, pero añorando sus casas y pertenencias, con medidas que son urgentes y constantes.

    Por otra parte, ahora se presenta el drama de la evacuación de zonas afectadas como Alberdi y otros sitios donde los muros de contención han dejado de ser seguros y presentan grietas que son un peligro para la población.

    En ese contexto, cuando las lluvias siguen cayendo en abundancia, el drama de los que deben dejar sus casas y pertenencias recrudece, porque eso les causa un dolor y preocupación que son más que atendibles, pero que también exigen una respuesta firme por parte de autoridades y expertos que evalúan los posibles daños y que deben actuar en consecuencia.

    La fragilidad de un muro de contención –en el caso de Alberdi, concretamente– es un problema serio que no se puede dejar de lado, ni permitir que ocurra una gran tragedia solo por el hecho de no haber considerado todas las posibilidades, hasta las peores.

    En casos de emergencia, como la que estamos viviendo, no se puede apelar a la suerte o a lo que decida el destino, porque hay vidas en juego. Siempre criticamos duramente la falta de prevención que ha costado muy caro en otros momentos, pero solemos ser reacios a reconocer cuando nos advierten sobre alguna situación real de peligro.

    Es probable que no ocurra la rotura del muro tan temida, pero, ¿y si ocurriera y no se hubiese advertido del peligro? ¿Qué podríamos decir ante el drama?

    Las autoridades gubernamentales y municipales, así como los técnicos y especialistas en el tema, deben ser lo suficientemente claros y capaces de transmitir la real situación a los ciudadanos que habitan las zonas que consideran en grave peligro. También la ciudadanía afectada o cuya seguridad esté en riesgo debe también encarar la situación con responsabilidad por la preservación de sus propias vidas y las de toda la comunidad.

    Un diálogo sincero y una actitud de franqueza mutua y transparencia serán la mejor manera de sortear el crítico momento que se está viviendo en la actualidad y que, de acuerdo a todos los pronósticos, se agravará con más lluvias copiosas durante la semana que hoy comienza.

    Poner de parte de cada uno de los sectores las mejores intenciones y creatividad, así como respetar las indicaciones y las advertencias, evitará que debamos lamentar más desgracias y pérdidas de las que hasta ahora hemos padecido.

    La responsabilidad de ofrecer alternativas y soluciones es de las autoridades, así como la ciudadanía involucrada tiene también el compromiso de cuidar de la comunidad para evitar tragedias que habrían podido ser evitadas, con actitud generosa y transparente por ambas partes.

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    Publicado por Anónimo | 29 diciembre, 2015, 4:50 am
  12. Agua, electrocución y el festín político

    Por Miguel Benítez –

    Paraguay, al igual que Brasil, Argentina y Uruguay, está siendo bastante afectado por El Niño. En los cuatro países, la cantidad de evacuados crece día a día, por lo que amerita un trato más agresivo, a largo plazo, no de mero parche, medida tan habitual en nuestro territorio.

    Los presidentes Mauricio Macri y Dilma Rousseff sobrevolaron en helicóptero las zonas inundadas de sus respectivos países y hablaron con sus compatriotas. Esto puede no solucionar los problemas automáticamente, pero al menos es una señal, es un gesto de que el Estado quiere acompañar a sus pobladores. Si bien Horacio Cartes promulgó la declaración de emergencia, tras la aprobación del Congreso, no lo vi tener un acercamiento más profundo, no observé un gesto más cálido, al menos simbólico. Además, ¿qué da la garantía de que esos G. 20.000 millones por la declaración serán destinados correctamente para asistir a las familias perjudicadas? ¿Qué nos asegura que no “caerán” unos fajos por el camino para sostener la “ayuda”?

    La medida del Congreso parece una decisión apurada, exprés, para no tener remordimientos a la hora de gozar del jugoso receso parlamentario. Dos meses pagados por el pueblo para que muchos de sus representantes, quienes cobran 35 a 41 millones de guaraníes por sesionar tres a cuatro horas, cuatro veces al mes, puedan liberar el estrés en paradisíacas playas del Caribe, mientras aquí las aguas suben.

    Tal vez el fenómeno climático está golpeando más fuerte que en los últimos tiempos, pero no es menos cierto que hace cuatro años Paraguay tiene importantes crecidas y cada temporada es lo mismo: inundaciones, desplazados, damnificados que se ubican con precarias casas en plazas y avenidas. A todo esto ahora se sumaron las muertes por electrocución.

    Y el problema de los electrocutados también tiene un largo historial de desidia. En el 2011, en Diputados se elaboró el proyecto de la Ley de Seguridad Eléctrica. Esta planteaba las normas de calidad de productos y servicios a ser utilizados en las instalaciones eléctricas, los procedimientos, monitoreo y estandarización en domicilios, de manera a evitar los accidentes. Pasaron tres años sin que se trate y recién el año pasado se envió la ley al archivo. Comprometía a la ANDE y al INTN a trabajar en conjunto y ser los veedores de la seguridad eléctrica. Sin embargo, en completa irresponsabilidad, este tema se dejó de lado.

    Aquí se necesita una solución de fondo y previsión. Hace falta mucho trabajo de concienciación y reinserción a las personas que viven en las zonas inundables. Muchas de ellas no quieren salir de las áreas en las que están asentadas desde hace generaciones. No se puede con palos introducirlas en un cuartel militar. Requieren otro trato y no justamente un trato político prebendario.

    Recuerdo que, apenas tres meses atrás, políticos candidatos a intendentes y concejales iban con víveres y calcomanías a los bañados a repartir sus panfletos. Hoy, finalizados los comicios, las autoridades brillan por su ausencia y casi nadie se acuerda de los damnificados. Pero bien que cuando necesitan votos, no escatiman las obras de caridad y mejor aún si pueden divulgarlas en redes sociales.

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    Publicado por Anónimo | 29 diciembre, 2015, 4:47 am
  13. El drama de las inundaciones exige una solución permanente

    Ya a comienzos del siglo XX, cuando la capital comenzaba a ser repoblada tras la hecatombe de la Triple Alianza, los medios escritos de comunicación se hacían eco de los estragos generados por las inundaciones en la ribera del río Paraguay. La situación se agravó a medida que los cinturones de pobreza que rodean a la ciudad fueron nutriéndose con más pobladores desplazados del campo y las crecidas del cauce hídrico se hicieron más cíclicas. Sin embargo, ningún gobierno ha implementado un proyecto de largo aliento para dar solución al drama que año tras año tiene a los habitantes de los bañados como protagonistas de una añeja historia de desidia estatal.
    A esta altura de la historia, sostener que la crecida del río Paraguay es la principal causante del reiterado drama que anualmente viven los habitantes de las zonas ribereñas, más que una obviedad, es un despropósito.

    El verdadero origen de esta historia, que ya adquiere ribetes de tragedia humanitaria, es la ausencia y la imprevisión de un Estado incapaz de dar una solución de largo aliento a la gente que está viviendo en esas zonas por diversas causas: la expulsión de pobladores de áreas rurales por la implementación de la agricultura intensiva y maquinizada, la deforestación y la correspondiente desertificación de amplias superficies del territorio nacional, así como la carencia de planes gubernamentales para desarrollar la agricultura familiar. En suma, la falta de oportunidades.

    Dependiendo cada vez de la mayor o menor intensidad de las inundaciones, así como de la extensión geográfica que el fenómeno ocupa, las autoridades reaccionan muy a última hora, acercándose a los lugares afectados o efectuando visitas testimoniales a los lugares anegados, para entregar asistencia que ayuda a salvar la coyuntura y dar muestras de una cercanía “políticamente correcta” con un pueblo que está atravesando una situación de vulnerabilidad.

    Mientras que el actual Gobierno hablaba de los grandes cambios que sobrellevaba nuestro modelo económico, el boom de las construcciones y la llegada de 700 millones de dólares de inversión, tuvo que venir una nueva y más potente crecida del río Paraguay para que unas 100.000 personas quedaran sin techo y nos diéramos cuenta de que aquí, a nuestras propias espaldas, 1 de cada 5 asuncenos vive en una situación de precariedad económica y emergencia habitacional absolutamente incompatible con el “estado social de derecho” en que la Constitución Nacional constituye a la República del Paraguay.

    Queda, en amplios sectores de la opinión pública, la idea de que a la clase política paraguaya le conviene esta realidad sumamente adversa en la que se desenvuelve la vida cotidiana de los bañadenses. Saben de sobra que están allí, pero es preciso no hacer nada para transformar su realidad porque el asistencialismo permite sostener la dependencia de potenciales votantes en épocas de campaña electoral.

    Esta situación ya no debe permanecer igual. Es responsabilidad ineludible del Gobierno nacional, así como de los departamentales y municipales afectados, delinear un plan que posibilite encontrar una salida duradera al drama de las inundaciones, no solamente desde el punto de vista de la infraestructura, sino desde una perspectiva estructural integral, destinada a crear las condiciones para dar techo y trabajo digno a la gente que se afincó en las zonas afectadas por las crecientes del río porque no tuvo otra alternativa ni herramientas para enfrentar los retos que la vida le plantea.

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    Publicado por Anónimo | 29 diciembre, 2015, 4:43 am
  14. Defensa costera

    De vuelta la situación de los ribereños capitalinos se torna crítico, la periodicidad se volvió más puntual y dramática, casi todos los años por culpa del fenómeno del niño se viene las grandes riadas que sumen en la desesperación a tantos compatriotas que tienen que salir a las apuradas con sus enseres montados en motocargas o en los vehículos de la Municipalidad y de la Secretaria de Emergencia Nacional emigrando hacia sectores mas amigables, algo de esto sucedió de vueltas desde el mes de noviembre que emulando y hasta superando lo sucedido el año anterior el rio comenzó con las lluvias a crecer superando los 8 metros de altura, lo que de cómo resultado que 17 mil familias hayan sido ya reubicados, esto significa más de 100.000 personas, viviendo en precarias chozas de cartón y eternit en condiciones infrahumanas.

    Esta situación no puede continuar, es justo y necesario que desde el gobierno central y el gobierno local es decir la Municipalidad, se haga algo que aligere la situación penosa de tantos compatriotas, el ciclo se torna cada vez más regular y periódico por lo que se debe remediar con medidas que brinden soluciones duraderas. En ese sentido mucho se habla y poco se hace en este país, es absolutamente necesario dejar los discurso e ir a las acciones concretas entre las que se mencionan la urgente necesidad de construir la tan mentada defensa costera o cualquier otra forma de defensa en contra de los embates de la crecida del río, para lo cual es también necesario sacar a las personas cuyas precarias viviendas se encuentran muy en el lecho del río de tal forma que queden dentro de los limites de protección de la franja de defensa.

    Pero no basta solamente con levantar los muros de contención también hace falta construir viviendas dignas para tantos compatriotas que hoy habitan en las riberas en condiciones miserables. Estas viviendas solidarias si tienen un costo para estos pobladores deben ser muy bajos de tal forma que puedan pagar e inicien una vida diferente convertidos ya en ciudadanos, con todas las responsabilidades deberes y privilegios de ser vecinos y contribuyentes de una urbe que necesita imperiosamente terminar con ese cinturón de miseria e inequidades que es el caldo de cultivo de todas clases de irregularidades y crímenes, en donde abundan la prostitución y el pequeño tráfico de estupefacientes, allí se encuentran los micros vendedores de crack y de la marihuana de estos lugares salen los motochorros y caballos locos que azuelan posteriormente los barrios asuncenos.

    Nuestras autoridades deben ponerse de acuerdo y pergeñar rápidamente los planes para cambiar esta realidad, este es el momento, ahora que estamos con el agua hasta el cuello debemos sin embargo tener la lucidez y rapidez para actuar, comenzando los trabajos necesarios, golpeando las puertas que se deban, ya sea a nivel local o mundial para conseguir los recursos necesarios para llevar adelante las obras. Aunque sean de signos políticos distintos el presidente de la republica y el Intendente capitalino debe primar el sentimiento de patria y de servicio al semejante realizando las obras necesarias para este fin. Hasta las ciudades ribereñas mas pobres de la región tienen una defensa costera, no es posible que no la podamos hacer, terminando de esta forma con tantas penurias que cada vez se torna mas insistentes por el comportamiento climático en la región.

    Andrés Granje

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    Publicado por Anónimo | 28 diciembre, 2015, 7:31 am
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    Publicado por Anónimo | 28 diciembre, 2015, 7:30 am
  16. José y María inundados

    Ocurrió hace más o menos 2.015 años, en una ciudad llamada Belén, en la antigua Judea, durante la ocupación romana. Movilizados por un decreto del emperador César Augusto, el carpintero José y su esposa lavandera María, embarazada y montada sobre un burrito, deambulaban en busca de un lugar en donde refugiarse, pero nadie les abría las puertas. Tuvieron que guarecerse en un establo o pesebre de animales, en donde nació el niño llamado Jesús, cuyo cumpleaños celebramos actualmente con fiestas en cada Navidad.

    Ahora, por las calles de Asunción del Paraguay también deambulan carpinteros, lavanderas, pescadores, gancheros, recicladores… con sus niños y bártulos a la espalda, en este caso debido a que sus hogares quedaron inundados por la gran crecida del río y les resulta difícil hallar un lugar en donde refugiarse a salvo de las aguas, ni siquiera establos o pesebres.
    Ya se han producido lamentables incidentes y enfrentamientos, como los de la plaza Japón, en el barrio Republicano, donde los vecinos y la Municipalidad construyeron rejas alrededor del espacio público, para evitar que los inundados puedan entrar, pero estos rompieron cadenas y candados para ingresar y levantar sus precarias chozas de emergencia. O como los de la ocupación del Club Deportivo Paraguay, en el barrio Ricardo L. Pettit, que al principio fue resistida con una fuerte represión policial.

    “El enfrentamiento entre pobladores, por falta de lugares de refugio, está creando una situación de tensión social, casi de guerra civil”, dijo, con tono de alarma, en la noche del domingo, el nuevo intendente municipal asunceno, Mario Ferreiro, en un programa de televisión. La sensibilidad social y la dedicación mostradas por las nuevas autoridades comunales no resultan suficientes, sin embargo, para enfrentar el drama de la inundación, que ya ha sobrepasado marcas récords para convertirse en la más grande de este siglo. Es un drama que interpela a todos los gobernantes y a toda la sociedad, y que exige que todos nos involucremos.

    Hemos retrocedido mucho en valores solidarios, en actitudes de tolerancia y capacidad de ser sensibles con el que sufre. En décadas anteriores, el país entero se movilizaba en campañas de solidaridad con los damnificados, contribuyendo a generar un espíritu colectivo de esperanza por encima de las tragedias. Ahora, en cambio, priman los prejuicios sociales, la condena fácil, la idea prefabricada de que todos los bañadenses son “haraganes” y “delincuentes” que no quieren trabajar, y se merecen el sufrimiento por negarse a salir de los bañados, ignorando que ese es su lugar en el mundo, y que hay formas técnicas de volverlo un lugar digno, siempre que haya voluntad política de los gobernantes.

    2.015 años después, ¿seguiremos negándoles un refugio al carpintero José y a la lavandera María?

    Por Andrés Colmán Gutiérrez

    http://www.ultimahora.com/jose-y-maria-inundados-n954797.html

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    Publicado por Anónimo | 28 diciembre, 2015, 7:30 am
  17. Las urgentes prioridades

    El año 2016 está ahí, a pasos de hacer su entrada e independientemente de los buenos deseos que se desparraman por todos lados, existen problemas que requieren de una urgente solución, y son estos donde las autoridades nacionales y municipales deben centrar la prioridad absoluta.

    Hoy no cabe la menor duda de que el caso de las inundaciones y las miles de familias afectadas son los temas sobre los cuales, necesariamente, deben estar trabajando todos los organismos estatales y municipales bajo cuya jurisdicción se encuentra este tipo de problemas. No se puede o debe pensar en otros proyectos sin antes ir paliando, aunque sea de a poco, la crisis social que está generando la crecida de los ríos, y que ya tiene en su haber un casi incontable número de familias víctimas. Pero lo que es peor, los pronósticos no son nada auspiciosos, y la crisis está a un paso de convertirse en tragedia.

    Pero claro, el tema no es un problema que se generó en este tiempo, con estas últimas lluvias, sino que viene de mucho antes y se agravó debido a que siempre hubo quizás desidia de las autoridades para encontrar una salida, o una solución, especialmente para los habitantes de las zonas ribereñas, quienes son los principales afectados por este fenómeno.

    Mucho tiempo se “perdió”, mucho tiempo se gastó en temas que no eran (no son) prioritarios, se privilegió a sectores que no están en la categoría de urgencias, y es por eso que se llegó a esta situación que, como se mencionó más arriba, no es nuevo, pero sí ya se está volviendo grave.

    De aquí en más habrá que plantearse la cuestión desde otro punto de vista. El Gobierno y los municipios que se ven afectados por la crecida de los ríos o cualquier otro tipo de cursos de agua deben, sin ningún tipo de trabas, trabajar en forma conjunta. Se deben extremar todos los recursos necesarios para encontrar una solución definitiva al problema. Es cierto, la construcción de refugios para los damnificados es urgente, pero no se debe quedar en estos. Hay que apuntar mucho más en profundidad al problema. Defensas costeras, sitios donde ubicar definitivamente a los ribereños, deben ser los proyectos sobre los cuales se trabaje y rápido.

    Lamentablemente, los fenómenos naturales son difíciles de parar si no se ha tomado conciencia y cuidar “la naturaleza” a su debido tiempo; es momento de ponerse las pilas para aminorar el problema. Pero hoy las lamentaciones no sirven, el mal ya está hecho y habrá que encontrar el camino para evitar males mayores, para evitar que lo que en este momento es una crisis se termine convirtiendo en tragedia. Ambas cosas, crisis y tragedia, están a un solo paso de distancia, y hay que poner todo para que no se vuelvan una sola cosa.

    Es por eso, y sin el ánimo de ser reiterativo, el trabajo no debe ser de una sola parte; muy por el contrario, las fuerzas deben darse desde todos los sectores, incluso, desde el campo privado, ya que no se puede negar que en una gran parte de los casos, el origen del problema no salió desde el Gobierno o los municipios, sino de personas que nada tienen que ver (o no) con las autoridades de turno.

    Es difícil, en la situación en que se encuentran miles de compatriotas desear un feliz fin de año y aventurar un próspero año nuevo. Pero no se puede perder la esperanza de que en poco tiempo mas el camino de la solución se abra y que todos los ciudadanos aportemos algún grano de arena para que en ninguna época del año, otros compatriotas tengan que estar viviendo en las difíciles condiciones que están hoy.

    Lo ideal es que este 2016 sea el año en que esas soluciones que se reclaman se comiencen a dar.

    Por Antonio López

    http://www.lanacion.com.py/2015/12/26/las-urgentes-prioridades/

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    Publicado por Anónimo | 28 diciembre, 2015, 7:30 am
  18. Enfrentar la difícil situación

    La preocupación por la cada vez más difícil situación derivada del avance implacable de las aguas de los ríos, además de las constantes y abundantes lluvias, nos pone ante el compromiso de ir más allá de las palabras para pasar a las acciones urgentes.

    Sabemos que las instituciones del Estado, las autoridades municipales y la ciudadanía organizada en grupos de apoyo, como los bomberos voluntarios y otros sectores de la sociedad civil, se desviven noche y día para llevar ayuda de emergencia a las miles de personas afectadas que ya casi desbordan los refugios transitorios.

    La naturaleza parece más que dispuesta a demostrarnos su poder destructor y, en varias semanas, hemos visto cómo las tormentas se hacen cada vez más violentas y los vientos atacan con fuerza produciendo daños materiales en toda la geografía nacional y hasta se cobra vidas humanas, haciéndonos padecer la angustia y el duelo de las familias y comunidades más afectadas.

    La capital del país sufre el ataque impiadoso de tormentas fuertes y los raudales peligrosos se multiplican con cada lluvia torrencial. Barrios que ya sienten la amenaza de las aguas en sus propias casas; historias que se muestran a través de los medios, como muestra de lo que significa el drama de no tener un techo que proteja a la familia y brinde seguridad mínima a quienes deben dejar que el agua tome como rehenes a las pocas cosas que han logrado en años, para huir con lo puesto hacia las zonas altas.

    Árboles que caen peligrosamente, sepultando bajo sus fuertes ramas a personas y viviendas; que dejan extensas zonas sin energía eléctrica con las consiguientes incomodidades y pérdidas de mercaderías y elementos. Gente que lo pierde todo y deambula por las calles en busca de refugio; que debe sortear como puede los peligros que afectan a la salud, especialmente de los más pequeños, que sufren problemas respiratorios, de la piel y otras enfermedades ligadas a la emergencia.

    Ayer de mañana se anunciaba que el nivel de las aguas en Asunción siguió subiendo a un implacable ritmo y que la situación puede derivar a la necesidad de evacuación total de las zonas ribereñas. La altura del río estaba ya a centímetros de los 8 metros, considerados críticos y que marcan la necesidad de evacuar zonas como la Chacarita y otros barrios como Blanco Cue y la zona del Mbiguá, entre otros.

    La inundación también se ha adueñado de zonas portuarias y de las Aduanas. La zona primaria de Puerto Falcón ya está totalmente inundada y en Clorinda ya hay unos 2.500 damnificados y la zona no tiene agua potable.

    La situación dramática amerita que se tomen en serio acciones como la puesta en marcha de obras destinadas a mejorar la calidad de vida de la ciudadanía y evitar que las crecidas tengan un efecto tan devastador. En otras zonas, como el litoral argentino, la situación es también crítica.

    En Concordia, Entre Ríos, se habla de la peor inundación en 50 años y hay miles de evacuados por la crecida del río Uruguay. También Corrientes, Chaco y Formosa tienen zonas anegadas y miles de evacuados y los pronósticos no son nada alentadores. Se esperan, como aquí, más lluvias y tormentas al amparo del fenómeno de El Niño, durante el verano que recién comienza.

    La propia vicepresidenta de Argentina, Gabriela Michetti, de visita en Entre Ríos, dijo que “es un desastre; le pido a Dios que deje de llover”, un ruego que a ambos lados de la frontera se escucha en los labios de miles y miles de afectados de todas las condiciones.

    Según los anuncios realizados por el MOPC en conjunto con el municipio asunceno, las obras de la Franja Costera en su fase 2 comenzarán pronto. No será una solución total del problema, pero sí un primer e importante paso para comenzar a caminar hacia la organización de las ciudades de una manera más racional.

    Un tema que debe debatir la sociedad, para que comencemos a evaluar y diseñar cada espacio, barrio o urbanización, con un criterio más adecuado a la realidad en la que vivimos y con el apoyo y dirección de los técnicos y especialistas que realmente saben del tema.

    Más allá de trabajar duro para paliar la situación de emergencia que hoy afecta a nuestros compatriotas de diversas zonas, es hora de mirar hacia adelante y construir el futuro con bases sólidas y transparentes.

    http://www.lanacion.com.py/2015/12/26/enfrentar-la-dificil-situacion/

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    Publicado por Anónimo | 28 diciembre, 2015, 7:30 am
  19. El río no es de los “bañadenses”

    Tal como señalara recientemente Monseñor Edmundo Valenzuela, Arzobispo de Asunción, los damnificados por la creciente del río Paraguay -así como la del Paraná- son nuestros hermanos y compatriotas. Son seres humanos con derecho a una vida digna, capaces de participar de un proceso de superación y mejoramiento de su estilo de vida.

    También está en lo cierto cuando afirma que las miles de familias desplazadas se merecen vivir en barrios nuevos, modernos, en los que cuenten con todos los servicios. Pero se equivoca de cabo a rabo cuando agrega “en su territorio” y lo hace nuevamente cuando plantea de dónde sacar los recursos para financiar un proyecto de esta envergadura. Veamos porqué.

    En primer lugar, porque gran parte de lo que el Monseñor sostiene que es territorio de los “bañadenses, en realidad no lo es, como el que se halla comprendido en todas las zonas consideradas inundables. En estas no pueden ni deben estar asentadas familias que inexorablemente serán afectadas de manera periódica por el aumento del cauce hídrico. Esas tierras son parte del lecho del río, el cual, valga la perogrullada, no es de los “bañadenses” ni de nadie, por lo que la respuesta de fondo es reubicarlos en otros lugares en los que sí puedan tener una vida digna.

    Claro, como se trata de 100.000 personas o más, que se niegan a ser reubicadas, es más fácil apelar al discurso populista de que se las mantenga en “su territorio”, como lo hacen los políticos de distintos colores que están a la caza de esos votos, aunque esto suponga “corregir” a la misma naturaleza, por medio de la ejecución de proyectos que después provocarían otros desastres medio ambientales.

    El río Paraguay se acercó ayer a los 8 metros, nivel que ya implicaría la evacuación total de la zona baja de Asunción. Según Víctor Hugo Peralta, director de Emergencias y Desastres de la Municipalidad de Asunción, el número de familias damnificadas en la capital aumentó de 17.212 a 18.312, de las cuales 6.000 son del Bañado Sur, 5.000 del Bañado Norte y las demás de otras zonas bajas de la ribera del río Paraguay.

    La Secretaría de Emergencia Nacional y la comuna capitalina se vieron en la necesidad de habilitar más de 100 sitios para albergar a los evacuados, destinando para ello cuantiosos recursos, lo que desde luego no es cuestionable, ya que se trata de un problema humanitario que debe ser atendido con urgencia. Pero esto, que antes sucedía cada quinquenio o cada década, ahora sucede todos los años. Entonces, lo que corresponde, insistimos, es reubicarlas en otros sitios.

    Cualquier solución definitiva supondrá una inversión millonaria, pero imprescindible. Y ahí se equivoca nuevamente Valenzuela, al afirmar que las fuentes de financiamiento debieran ser Itaipú y Yacyretá, como si fuera que los fondos de éstas son infinitos, o al menos sin plantear con seriedad qué proyectos debieran dejar de lado para poder desarrollar lo que él propone.

    No es nuestra intención simplificar un problema harto complejo y que involucra a tanta gente. Hay que debatir con la celeridad que el caso lo requiere cuál es la salida de fondo adecuada y a la vez posible, sin consideraciones de índole populistas. Pero una cuestión, aunque resulte duro afirmar, no debiera ser objeto de polémica: el río Paraguay, incluyendo su lecho, no es de los “bañadenses”.

    http://www.adndigital.com.py/index.php/impreso/editorial-impreso/10788-el-rio-no-es-de-los-banadenses

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    Publicado por Anónimo | 28 diciembre, 2015, 7:25 am
  20. ¿Qué hacer con los ribereños?

    by José Rojas

    Debemos dejar de ser un país de improvisaciones; debemos institucionalizar de una buena vez el uso de los antecedentes para entender lo que está pasando y tratar de anteponer soluciones a lo que se puede venir.

    Pero para ello se deben dejar de lado las posturas proselitistas que a veces se convierten en máquinas de impedir. Me refiero a los efectos de estas lluvias continúas que amenazan cada día expulsar a más familias que residen cerca de los ríos. Hace dos años que los expertos –meteorólogos e hidrólogos- venían anunciando esto que está ocurriendo: las anunciaciones.

    Los intendentes de ciudades ribereñas; como el de Asunción; no atinaron a intentar alguna contingencia “porque son votos y sacarlos de ahí, es peligroso”; esa inacción le costó, caro a Arnaldo Samaniego.

    ¿Qué hacer?; el gobierno central levantó viviendas en zonas alejadas del río; los habitantes inundados fueron unos meses, pero luego retornaron. Varios fueron los motivos. Son pescadores, recogen latas en las madrugadas, lavan autos; no saben hacer otra cosa.

    En esta ocasión, la furia de la naturaleza, es también propicia para abrir una nueva oportunidad; la de un trabajo más organizado entre la Intendencia y la administración Central.

    El gobierno Cartes levantó varios barrios en tiempo récord con la construcción de viviendas. La Intendencia de Asunción debe impedir que vuelvan a la ribera, proponerles que ya no es vida estar pendientes de la crecida del río y se reiteran ciclos que solo producen más deterioro a su calidad de vida.

    Principios quieren las cosas. Entendiendo aquella premisa la nueva administración de la Municipalidad capitalina hizo un giro importante para acercarse a la administración central a elaborar planes de acción con un objetivo común: Asunción.

    El plan es recuperar espacios de la ciudadanía sin atacar intereses de los ribereños; o explicado de otra manera; atender mejor sus requerimientos dándoles la calidad de vida que hoy carecen.

    El ministro de Obras Públicas y Comunicaciones, Ramón Jiménez Gaona, y el intendente de Asunción, Mario Ferreiro, acordaron integrar una mesa técnica para coordinar acciones en relación a las obras de infraestructura que se ejecutan en Asunción. El MOPC tiene una inversión de US$ 1.200 millones en obras en la capital.

    El Proyecto Costanera (norte y sur) entre ellos y teniendo en cuenta el éxito del que ya está terminado se podría vaticinar que los que faltan correrán la misma suerte. De hecho, está en marcha el proceso de liberación de zonas afectadas de la costanera Norte.

    Jiménez Gaona reiteró la predisposición del gobierno de trabajar coordinadamente con la nueva administración municipal y el intendente Ferreiro manifestó que como administradores de la capital reclamaban participación en las decisiones que se toman en el ámbito capitalino en materia de infraestructura. Aclaró que el espíritu de su administración es coadyuvar con la administración central.

    Elogió la apertura de las autoridades nacionales para trabajar coordinadamente.

    Si bien; estos trabajos no hacen directamente a la protección de los ribereños; sin embargo una vez iniciado los trabajos; los paquetes de ejecución de la obras tendrán incluidos planes de recuperación de sus viviendas; sea en zonas de la ribera, pero menos riesgosas o en zonas alejadas del río, pero con atención a otras necesidades, como la de empleo; servicios básicos, escuelas y hospitales y transporte.

    Lo más importante en este momento es asistirlos; sobre todo a los niños y sus madres. La intendencia de Asunción y las del área metropolitana apoyadas por reparticiones del gobierno solo deberán coordinar tareas; sin necesidad de fijarse en un eventual calendario proselitista; error cometido por dirigentes que solo querían ganar las elecciones. Y así les fue.

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    Publicado por Anónimo | 28 diciembre, 2015, 7:18 am
  21. No es hora de poner palos a la rueda

    Apenas el ministro de Hacienda anunció la intención decidida del gobierno de solucionar el dramático problema de las inundaciones, merced a la construcción de la costanera del bañado norte (2) y la costanera sur, ya surgieron voces en contrario, opinando estúpidamente sobre algo que no tienen ni idea de lo que podría significar para tantos compatriotas.

    Efectivamente, ayer, el escriba anónimo de la columna “Ñeembeguepe” del diario ABC, opinaba muy suelto de cuerpo que a la vista de lo que estaba ocurriendo (la inundación de los barrios ribereños), quedaba demostrado que tal como estaba planteada, la construcción de las costaneras anunciadas iba a resultar inútil.

    Ayer mismo, en el programa de Telefuturo, “La Lupa”, hicieron un sobrevuelo por toda la ribera inundada de la capital, de la zona del Ñeembucú, de Alberdi, en especial y se detuvieron también brevemente sobre la zona de la costanera de Asunción.

    Allí estaba a la vista, la respuesta para el cronista anónimo de la columna ídem: Toda la zona circunvalada por la doble carretera, servía de parapeto contra el agua, ya que el talud, para ser construido, fue elevado más o menos a una altura de cuatro o cinco metros.

    Más atrás de la zona protegida por estas obras, tierras, altas, algunas de ellas es cierto, rellenadas, exhibían un nuevo barrio de viviendas populares, totalmente a salvo del agua y la inundación.

    Al costado nomas, en la zona no protegida, todo el sector mostraba la tragedia habitual en estos días…casas con el agua a la altura del techo, todo anegado, basuras, suciedad y subdesarrollo.

    No lo decimos nosotros. Están las imágenes para el que quiera verlas.

    Cada costanera, obra sumamente costosa por cierto, implica un salto hacia una mejor calidad de vida de la población: Protección contra la riada, carreteras para el tránsito y lugar de solaz y esparcimiento para la familia. Tres en uno, nada mejor.

    De modo que no es tiempo de andar con las sandeces habituales de los paraguayos acostumbrados a meter palos a la rueda y poner manos a la obra.

    Lo habíamos dicho en esta misma columna editorial ayer. Ningún gobierno se animó antes a ejecutar estas obras. Ahora lo que habría que hacer, lo decimos sin empacho, es apoyar calurosamente la iniciativa oficial que alejará de nuestras retinas el dolor y la perdida de tantos compatriotas que pasaron sus navidades en el agua y pese a ello no perdieron la esperanza de días mejores.

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    Publicado por Anónimo | 28 diciembre, 2015, 7:17 am
  22. EL TORO POR LAS ASTAS

    Realmente una buena noticia. Entre tantos datos de inundaciones, damnificados, daños y perjuicios por doquier. En una entrevista publicada ayer por la prensa local, el ministro de Hacienda, Santiago Peña, anunció la decisión del gobierno de solucionar de una vez por todas, el cíclico problema de las riadas que ocasionan tantos problemas a la población ribereña.

    En primer lugar el ministro reveló que el gobierno de Horacio Cartes está decidido a encarar una solución definitiva a este drama. “No podemos seguir exponiendo a la población a los problemas que acarrea la crecida”, dijo.

    Luego anunció planes concretos en la materia. Se trata de la construcción de la Costanera Norte (II) y la Costanera Sur.

    Indicó que “la segunda parte de la Costanera (Norte) ya se licitó. Ya se está construyendo. Es una donación del Focem (Fondo para la Convergencia del Mercosur). Eso va desde General Santos hasta donde termina la Transchaco”.

    Respecto de la Costanera Sur añadió que “Esa es un área donde hay una mayor concentración de gente. Tiene un costo de 200 millones de dólares. Ya se inició el proceso. Se están estudiando los pliegos para poder hacer la licitación. El gobierno está decidido a hacer estas obras”.

    El ministro Peña concluyó los importantes anuncios indicando que ya son emprendimientos que prácticamente están en marcha. “La segunda parte de la Costanera Norte comienza ahora, en enero. La Costanera Sur creemos que se va a llamar a licitación a mediados del 2016. Lo seguro es que comenzará bajo este gobierno. No sé si lo terminaremos nosotros o si lo terminará el siguiente gobierno, pero creemos que esta es una solución definitiva a un problema que se está volviendo cada vez más recurrente”.

    Como dato final se anota la inversión prevista para estas monumentales obras que además de solucionar un grave drama ciudadano, darán mano de obra a cientos de familias. Se invertirán unos 300 millones de dólares.

    Realmente es lo que se estaba necesitando. Darle un corte al tema. Porque además cada emergencia cuesta en asistencia aproximadamente unos 10 millones de dólares, según se reveló igualmente en la entrevista comentada. Dinero que se lleva el río, en realidad.

    El vaivén de las aguas del río Paraguay quizás sea tan antiguo como la propia fundación de Asunción. Nunca nadie, ningún gobierno, encaró la solución real a este problema. Aparentemente ahora, el gobierno de Cartes se apresta a poner las cosas en su lugar.

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    Publicado por Anónimo | 28 diciembre, 2015, 7:16 am

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