Pobre hospital de pobres

En 1996, Clínicas nos devolvió el rostro más duro y criminal de la miseria y corrupción de un país: Niños en un miserable estado de desnutrición llegaban al hospital sin dar tregua a la posibilidad de recobrarnos del espanto. Las historias se mediatizaron, una tras otra, y una ciudadanía indignada se organizó para sacar el pan de sus bolsillos y compartirlo con los más humildes.

En diciembre de ese año, “Unidos por Clínicas” fue parido como un esfuerzo conjunto de ABC Color y Radio Ñandutí. Bajo la batuta de don Humberto Rubín la solidaridad se dibujó en la figura de un festival que recibió insumos y dinero para dar un salvataje, un parche para una gigantesca herida que 19 años después sigue sangrando.

Innumerables otras veces la ciudadanía ha tenido que acudir en auxilio del hospital escuela para ir parchando desesperaciones como se podía. Y en este escenario, los más solidarios siempre fueron sus médicos, su personal de blanco, sus administrativos y otros empleados que han hecho de las “contribuciones express” toda una forma de sobrevivencia para pagar necesidades acuciantes de sus pacientes y del nosocomio.

Clínicas siempre vivió de la mendicidad de propios y extraños; siempre fue obligado a arrastrarse en dignidad, humillado en lo esencial y forzado a arrodillarse ante los poderes de turno.

Este 2015 el hospital volvió a mediatizarse en el escenario de una lucha por combatir la corrupción. Una claque enquistada en la médula del hospital escuela casi la arrastró a niveles más bajos que la acostumbrada mendicidad. Casos escandalosos fueron revelados y una de las más puercas realidades vino cuando tras mejores controles a proveedores y existencia de insumos el depósito lució abarrotado de alimentos con riesgo de pudrirse.

No pasó mucho tiempo para que esta abundancia coyuntural fuera solo eso, coyuntural. En la semana que pasó, llamados desesperados de los médicos nos devolvieron a la realidad de un pobre hospital para los ciudadanos pobres.

Clínicas tiene un primer y gran problema: el dinero que Hacienda entrega pensando en el hospital se reparte casi todo antes de llegar a su fuente primaria.

Cualquiera sea el desembolso que Hacienda realice, el rector de la UNA tiene la “discrecionalidad” de poder repartir el dinero entre 12 facultades, de las cuales una de ellas es la de Medicina. Y dentro de Medicina, nuevamente Clínicas es solo UNO MÁS de sus componentes. Es decir, para los burócratas puede tener el mismo peso usar el dinero para comprar papelería, bocaditos y fotocopias que para comprar reactivos para laboratorio y sangre para trasfusiones.

El Estado paraguayo debe decidir qué quiere hacer con Clínicas. O seguir jugando a experimentos, curitas, parches y desesperaciones, o darle el peso que debe tener como hospital escuela y refugio desesperado de los humildes. Pero seguir como un apéndice de una universidad que privilegia pagos de peones –coman o no papeles– es criminal.

Por Mabel Rehnfeldt

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/pobre-hospital-de-pobres-1435325.html

 

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