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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

Otro abuso de la clase política

La Cámara de Senadores restauró el aporte estatal a las organizaciones que compiten electoralmente, lo que se conoce por “subsidio político”, que, según la ley vigente anteriormente, correspondía a cada competidor en proporción al número de votos obtenidos. Esta norma establecía una cantidad que podía variar entre el 5% y el 15% del jornal mínimo.

Recientemente, los diputados propusieron suprimir esta contribución, haciéndose eco del clamor de la ciudadanía, que considera dicho subsidio como una forma en que la “partidocracia” se apodera de fondos públicos que deberían estar siendo empleados para resolver problemas sociales urgentes. Precisamente, en su homilía en la misa principal de Caacupé, el obispo diocesano monseñor Claudio Giménez realizó en un párrafo de su alocución el siguiente cuestionamiento: “…por qué se dejó a los casi 32.000 ciegos sin presupuesto y sí se aseguró un presupuesto millonario para los partidos políticos”.

Sin embargo, ajenos al malestar popular, los senadores no solamente restablecieron la cuestionada contribución, sino que la llevaron a su máximo nivel, es decir, al 15% del jornal mínimo. Además, como este índice se incrementa de vez en vez, las expectativas de los políticos es que “su dinerito” no vaya siendo menoscabado por la inflación y otros fenómenos que afectan al poder adquisitivo del común de la gente.

A este aporte del Estado a las organizaciones políticas que obtienen cierto número mínimo de votos en las elecciones se lo justifica con la falacia de que, si esos partidos, movimientos o alianzas no recibieran esta “ayuda”, no tendrían fondos para costear sus gastos y, “tal vez”, se verían tentados a buscar financiación en las organizaciones marginales o en los bolsillos de padrinos poderosos.

La experiencia demuestra que, con o sin subsidio estatal, los partidos gastan más dinero que el que legalmente reciben, lo que dice a las claras que tienen “fuentes complementarias”. Que el Estado destine una verdadera fortuna –nada menos que 10.523 guaraníes por voto– a obsequiar a los partidos y movimientos que ganaron bancas no constituye ninguna garantía de que las organizaciones criminales o los aportantes particulares (narcotraficantes, contrabandistas, aduaneros, directores de entidades administrativas, etc.) no contribuyan también, incluso con mayor generosidad.

En este sentido, los senadores dieron otro “toquecito” al proyecto de ley de financiamiento político, tal como les llegó desde Diputados. Estos habían establecido la prohibición de que las organizaciones políticas recibieran aportes de personas formalmente acusadas de narcotráfico, pero los senadores ladinamente cambiaron esta condición por la de “condenadas por narcotráfico”. Claro, como este país tiene uno de los índices más bajos de condenas judiciales de Latinoamérica, es fácil prever (nos gustaría apostar) que para las próximas elecciones no habrá ni un solo caso al cual aplicarle la astuta prohibición de los senadores, y el “aporte” de los narcotraficantes arribará con generosidad.

Además, los partidos políticos están recibiendo subsidios y otro aporte estatal desde hace décadas, con el argumento de que son organizaciones que difunden la educación cívica y la democracia. Mirando nuestra realidad social, no se ve un solo ejemplo de que algunas de estas organizaciones subsidiadas gaste un centavo en tales fines. En las temporadas previas a los comicios generales, es la Justicia Electoral la que corre con cursos de adiestramiento, divulgación, capacitación y formación de autoridades de mesas, apoderados, veedores, etc.

En resumen, el subsidio por voto que acaba de ser reinstalado por la Cámara de Senadores con fuerza de ley es un despojo inicuo que la “partidocracia” hace de fondos públicos para autoasignarse más dinero del que ya obtienen por otra vía, como el aporte estatal permanente, que corre paralelamente. Agregado, por supuesto, al libre acceso a los recursos públicos que los grupos partidarios que ganan el Gobierno, las gobernaciones, las intendencias, la Juntas, etc., se asignan arbitrariamente a sí mismos.

Este odioso subsidio tiene que desaparecer en bien de la ética, de la decencia ciudadana y en provecho de la población de este país, que mientras padece decenas de necesidades, cada una más acuciante que la otra, tiene que ver con angustia cómo miles de millones van a perderse en los agujeros negros de las organizaciones políticas.

Al mismo tiempo, persistir en imponer esta clase de rechazadas decisiones por el solo hecho de tener el poder en las manos demuestra una total falta de sensibilidad de los senadores, lo que ahonda el abismo que ya existe entre la privilegiada clase política y la sufrida población de nuestro país. Que no se quejen después si la “primavera” de los estudiantes prende en la ciudadanía y esta también les demuestre con manifestaciones concretas su repudio y su rechazo.

El presidente Horacio Cartes, quien estuvo presente en Caacupé cuando monseñor Giménez cuestionó el injustificable subsidio político, e inclusive recibió en esa oportunidad la comunión, tiene la oportunidad de demostrar su perceptividad a los reclamos populares vetando la cuestionable ley de financiamiento político sancionada por la Cámara de Senadores.

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/otro-abuso-de-la-clase-politica-1434833.html

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

2 comentarios en “Otro abuso de la clase política

  1. Los ciegos que ven

    En su mensaje del pasado martes 8, monseñor Claudio Giménez, entre las muchas mechas que le prendió a su bomba pre-Año Nuevo, dijo que sacaron el presupuesto a los ciegos y dieron más dinero a los partidos políticos. Y hasta los ciegos se dieron cuenta de esta bofetada que le dan al país. Entre las muchas cosas que no se quieren ver se encuentra un montón en el Paraguay:

    Los ciegos también ven los productos de contrabando que ingresan masivamente por la cantidad de manos zoqueteras de los aduaneros fronterizos que pululan en el país.

    Los ciegos ven la injusticia mediante el rápido abandono que hizo el exrector de la UNA de la cárcel que, de por vida, tiene que ser su casa y no pasar la buena vida en su casa como cárcel.

    Los ciegos también siguen viendo la falta de medicamentos que siempre existió en este país y ven la proliferación de enfermos cuando se aproxima alguna elección en el Paraguay y existen medicamentos hasta para hipocondriacos.

    Los ciegos notan el subsidio entregado cada año a los pescadores que nada aportan para la calidad acuática a lo largo del año y de nuestros ríos. Además ven la gran joda existente cuando ingresan al listado hasta concejales y políticos partidarios de todos los colores.

    Los ciegos ven la quema de campos y la deforestación en el norte chaqueño, ya que la Seam y los fiscales ambientales se encuentran en ambientes climatizados y no les interesa mirar y controlar lo verde sino solamente ver los verde$.

    Los ciegos ven la plata entregada a las universidades fantasmas para que sirva de nido corrupto y lactosa ubre de directivos sinvergüenzas como a la UNVES de Villarrica, la UNP de Pilar, a la UNCA de Oviedo y a otras que también enlutan al país.

    Hasta los ciegos ven la pérdida ocasionada por la caída de los precios internacionales de nuestros productos agrícolas estrellas como el arroz, el trigo, la soja y el maíz, y dos parlamentarios, que de liberales nada tienen y cobran sus sueldazos con el dinero que deja el impuesto a estos granos y su cadena productiva, piden más costos a los granos de la soja. A uno de los proponentes Alí Babá le puede pedir autógrafo por lo que hizo del IPS. El propio BCP vio con buenos ojos la refinanciación de los créditos de los productores de granos. Los sojeros también cultivan maíz, girasol, canola, abonos verdes, trigo y cuidan sus suelos y el entorno. Es por eso que desde hace más de 40 años logran buenos rendimientos de los granos, de su aceite y de su harina.

    Los ciegos ven lo que los granos y la carne dejan al Paraguay. A esos parlamentarios les insto a resignar su retrógrado populismo y solo otear en la SET (Subsecretaría de Estado de Tributación) del Ministerio de Hacienda todo el dinero que deja el impuesto a la soja y a los otros granos que se producen en este país. Y como haraganes y trogloditas que son, y para no esforzarse tanto, eso nomás pueden hacer.

    Y ya que los ciegos no pueden ver el presupuesto que se les quitó, pueden ver la diferencia de cálculo que existe entre el Ministerio de Agricultura y el de Defensa Nacional. El primero tiene unos 430.000 y Defensa 1.600.000, en millones de guaraníes. Este presupuesto lo habrán tratado en Villarrica, ya que tendría que ser al revés. Este país vive de lo que el campo produce, la leche, el trigo y el pan; las frutas, las verduras y hortalizas; la carne de aves, vacunos, cerdos y de peces; el azúcar, el alcohol y la levadura; la mandioca, el almidón, las plantas medicinales y un montón de cosas más.

    Los ciegos ven que la agricultura apuntala la alimentación del Paraguay y de otros países, y dos senadores ven que el de Defensa solo apunta para defender lo indefendible…

    Por Caio Scavone

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/los-ciegos-que-ven-1434825.html

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    Publicado por Anónimo | 11 diciembre, 2015, 4:35 am
  2. Turbio financiamiento

    Por Mario Rubén Álvarez –
    A lo largo de casi 30 años de una democracia yrei, sin contenido sustancial para que la República funcione de acuerdo a la razón y las leyes, los partidos políticos con diputados y senadores en el Parlamento siguen abusando del poder que les fue otorgado en las urnas.

    Tal como actúa la mayoría de los legisladores, ellos no están necesariamente para enderezar lo torcido, sino para torcer aun lo que tiene al menos apariencia de estar derecho.

    El patrón de comportamiento de los legisladores ha enseñado que hay que desconfiar de los pasos dados en dirección correcta por ellos. A veces es solo el capítulo previo para volver a las andadas. Avanzan dos metros para retroceder siete.

    La Ley de Financiamiento Político es una prueba de que si los parlamentarios constatan que sus intereses corren peligro, son capaces de volver a reproducir modelos repudiados que ya parecían desdibujarse en el horizonte.

    No les importa lo que la opinión pública piense. Las censuras de su conducta son irrelevantes cuando ellos han determinado preservar, a cualquier costo, su coto de caza.

    La primera ley que establecía algunas reglas de juego para el manejo del dinero por parte de los grupos políticos no fue un progreso singular en el mar de descontrol que había.

    Su aspecto más gravitante fue que los que debían recibir el subsidio —dinero de la ciudadanía que los políticos se autoentregan después de cada comicio— tenían que informar previamente a los organismos competentes del Estado en qué y cómo habían gastado el dinero que el Ministerio de Hacienda les había desembolsado en concepto de aporte del Estado.

    Como los políticos quieren controlar a todos, pero no que se les controle a ellos, prepararon su golpe para poner la palanca en reversa.

    Eso fue lo que hicieron en medio de la furia lluviosa y tormentosa de El Niño, el tufo poselectoral de las municipales y la fiebre artificial por el pan dulce de fin de año.

    Como los senadores y diputados carecen de respeto alguno por quienes abogan por un país más decente y transparente en el uso del dinero de los impuestos, reincidieron en su vieja manía de borrar con el codo lo que escribieron con la mano.

    Fue así que la nueva Ley de Financiamiento Político fue urdida para obligar a Hacienda a que en los tres meses posteriores a los comicios pague a las agrupaciones políticas… sin que medie el requisito de presentar todas las facturas de uso de los fondos en regla.

    Así, el intento de transparencia, que tuvo un efímero reinado de tres años, vuelve a las tinieblas. Lo que alguna vez fue oscuro, vuelve a ser oscuro. Los partidos recuperan el libre usufructo de las sombras.

    La ley tendría que llamarse de Financiamiento a Políticos sin Vergüenza.

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    Publicado por Anónimo | 11 diciembre, 2015, 4:35 am

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