¿Qué esconden en Barbero Cue?

En el distrito de San Pedro de Ycuamadyyú, en la zona de Aguaraymí, hay un lugar conocido como Barbero Cue, donde se arrastra desde hace décadas una aguda y extendida problemática de tenencia de tierras. Esta colonia en particular no fue formada a partir de tierras fiscales en manos de campesinos, sino desde una propiedad privada con origen en 1887, según los registros.

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La Urbana Rural SA, del Filántropo Andrés Barbero, era la propietaria de estas tierras, hasta que en 1951, después de la muerte del Dr. Barbero, sus herederas decidieron donar 9 leguas cuadradas de la propiedad al Gobierno de Italia para un asiento de inmigrantes de ese país, conforme era la voluntad del difunto. Serían unas 20.978 hectáreas, según la unidad de medida que usamos hoy.

En la donación se previó descontar parte de las tierras que en ese momento ya estaba ocupada por terceros. Así, el inmueble fue inscripto en los Registros Públicos como finca 231, padrón 682, a nombre de Italia, con una superficie de 17.343 Ha. Como la donación se hizo cuando aún regía la Constitución de 1940, que permitía a un Estado tener tierras en otro Estado, quedó esa fracción a nombre de Italia. Pero como en la siguiente Constitución (1967) eso ya no era posible, comenzaron intentos de regularización de la propiedad.

En vista de que no se llegó a instalar la comunidad de inmigrantes italianos en el sitio, los paraguayos comenzaron a ocuparlo. Varias décadas después, en 2012, a través de un Tratado Internacional, el Gobierno de Italia dona la finca 231 al Estado paraguayo. Sin embargo, no lo hace para un uso arbitrario del inmueble, sino que se deja expresa constancia (Art. 2), que es para los ocupantes de hecho, sujetos de la reforma agraria.

Hoy, el inmueble es ocupado por varios grupos de compatriotas, entre ellos pequeños productores agrícolas y empresarios agroganaderos, comerciantes y pobladores dedicados a otros rubros (habría incluso políticos), pero digamos que la mayoría responde a la primera distribución.

En el grupo de pequeños productores agrícolas se conformó hace un par de años la comisión vecinal “Un Pedacito de Italia”, que gestiona una mensura judicial que determine la superficie real y quiénes la ocupan. Esta agrupación fue reconocida por la comuna de San Pedro de Ycuamandyyú, el Instituto Nacional de Desarrollo Rural y de la Tierra (Indert) y según resoluciones judiciales, incluyendo Cámara de Apelación, tiene legitimación activa, es decir, el reconocimiento para intervenir como demandante en un proceso jurídico.

En el grupo de empresas están las agroganaderas La Blanca, Vista Alegre, Nicasio Acosta e Hijos y otras, que alegan “superposición de títulos”. Supuestamente, hasta una de las firmas de Horacio Cartes estaría ocupando parte de la colonia.

Estas empresas se vienen oponiendo sistemáticamente a la mensura solicitada por la comisión “Un Pedacito de Italia”, pese a que esa medición no da ni quita derechos a nadie. Entonces, cabe preguntarnos ante todo este panorama si qué temen las firmas que explotan Barbero Cue y también si en verdad sus títulos son 100% legítimos y están en el lugar físico indicado por sus documentos. Si la respuesta fuese sí, ¿por qué se oponen a la mensura, que no les debería suponer ningún perjuicio?

La mensura judicial en Barbero Cue debe hacerse, para dilucidar quiénes ocupan la colonia y si lo hacen legítimamente. La propiedad privada tiene que respetarse, pero si hay títulos con origen ilegítimo, la situación debe corregirse por el bien de todos.

Por Gladys Benítez Prieto, ABC Color

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/que-esconden-en-barbero-cue-1432954.html

 

 

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4 comentarios en “¿Qué esconden en Barbero Cue?”

  1. Barbero Cué de nuevo
    Está mal que el Gobierno italiano presione al paraguayo reclamando el pago de la deuda falsa del affaire Gramont Berres.

    Eso no justifica que el Gobierno paraguayo defraude al italiano; que trate de defraudarlo de una manera tan burda: cuando se debió firmar la escritura, la embajadora italiana, Antonella Cavallari, se negó a firmarla y con razón. Ella es una persona honesta y una funcionaria competente; sabía que su Gobierno había donado al Paraguay, para destinarse a la reforma agraria, unas 17.000 hectáreas, las del terreno llamado Barbero Cué (según la última mensura, la más precisa, eran 18.000, pero pasémoslo por alto). Esos eran los términos del acuerdo firmado por los dos países el 14 de junio de 2012.

    Sin embargo, cuando llegó el momento de firmar la escritura de transferencia de Barbero Cué a nuestro favor, en el escrito no figuraban 17.000 sino 14.000 hectáreas; por eso la señora Cavallari se negó a firmarla.

    ¿Y las 3.000 hectáreas faltantes? ¡Regalo para los muchachos!

    No precisamente para los sintierras, sino para los contierras, para los estancieros que las ocupaban y las siguen ocupando, sin que nadie los haya molestado.

    La actitud firme de la diplomática italiana dificultó pero no impidió la maniobra: el 2 de setiembre pasado, sin representación de Italia, el Indert inscribió Barbero Cué en el registro correspondiente, pero no con sus 17.000 hectáreas, sino solamente con 14.000, en beneficio de los ocupantes ilegales.

    Quizás para favorecerlos del todo, se modificó el número de padrón: el de Barbero Cué (según el acuerdo binacional) era el 682; en la inscripción de setiembre aparecen los números 5802 y 2614. Esto hará más difícil recuperar el terreno ocupado por los estancieros, ¡no contaban con mi astucia!, diría el Chapulín Colorado.

    Si la inscripción vale, pese al número cambiado, casi me quedaría tranquilo: 14.000 hectáreas son mejor que nada. Al fin y al cabo, la usurpación puede ser mayor: en el Parque Nacional Defensores del Chaco, unos individuos ocuparon 15.000 hectáreas y nadie les ha dicho nada (facilitándoles las cosas, el Congreso redujo la extensión de esa reserva natural: de 780.000, la dejó en 720.000 hectáreas).

    Por eso no me puedo tranquilizar con un peor es nada; no se trata de un error, ni de una atorrantada aislada, sino de una política de gobierno; la que se ha visto en Marina Cué, Guahory, Laterza Cué, Chino Cué, etc.

    Es la política de favorecer el acaparamiento de tierras sin tomar en cuenta para nada la destrucción del medioambiente ni los intereses de los pequeños agricultores paraguayos; se trata de una reforma agraria al revés.

    No importa que la reforma agraria, la auténtica, sea un mandato constitucional, porque existe una marcada diferencia entre el país ilegal y el país legal.

    Por Guido Rodríguez Alcalá

    http://www.ultimahora.com/barbero-cue-nuevo-n1042058.html

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  2. Barbero Cué

    Desde hace un buen tiempo, el Paraguay incumple un tratado firmado con Italia, lo cual tiene consecuencias nacionales e internacionales. Internacionalmente, la imagen del país no es la mejor, aunque el asunto no sea el más importante en ese terreno. Nacionalmente, el incumplimiento es una violación de la ley, ya que los tratados tienen el carácter de leyes.

    Resumiendo, Italia donó al Paraguay unas 18.000 hectáreas en 2012, con el compromiso de emplearlas para la reforma agraria; hasta el momento, no se las ha empleado como se debía. ¿Por qué? Porque hay 4.000 hectáreas ocupadas por dos estancias, que ni han salido ni tienen intenciones de salir de allí. Los ocupantes no tienen la menor intención de irse; es dudoso que el Gobierno haga algo para desalojarlos. El GEO, la FOPE y otros organismos de seguridad se emplean cuando los campesinos ocupan las estancias de los amigos; cuando los ocupantes son los estancieros, sus colegas del Gobierno los amparan. En el parque nacional Defensores del Chaco, se descubrieron 15.000 hectáreas ocupadas ilegalmente por estancias; no se ha visto ni siquiera un amago de recuperar la propiedad usurpada. No hablo de Marina Cué, porque es un caso demasiado conocido. El de Barbero Cué se conoce menos; eso tampoco justifica aceptarlo como una cosa natural.
    Para entrar en detalles, el tratado entre Italia y Paraguay se firmó el 14 de junio de 2012, o sea, un día antes de la matanza de Marina Cué, y ocho antes del golpe parlamentario del 22 de junio. Quizás porque estaban confundidos, los golpistas ratificaron el tratado, pero sin mostrar propósitos de cumplirlo. ¿Para qué tomarse el trabajo de cumplirlo habiendo cosas más importantes, como la elección presidencial de 2013? Puede comprenderse el desinterés, pero no que el desinterés haya seguido hasta hoy. Habiendo tanta agitación en el campo, ¿qué se gana con agitar los ánimos todavía más? Una buena manera de evitarlos sería hacer justicia, o sea, asentar familias campesinas en el lugar, dándoles los títulos de propiedad y dándoles toda la ayuda necesaria para que allí pueda surgir una comunidad campesina próspera.
    “Existe una lucha de clases y mi clase la está ganando”, dijo un millonario norteamericano. Esta actitud desafiante pareciera ser la del Gobierno. Un tratado lo obliga a hacer algo por la reforma agraria y la reforma agraria tiene carácter constitucional; no importa. Se quiere dejar en claro que se van a respetar todas las usurpaciones de tierras, que no han sido pocas: en tiempos de Stroessner, fueron cerca de ocho millones de hectáreas. Si no es esto lo que se propone el Gobierno, no se entiende qué puede ser.
    Al margen de las especulaciones, lo que está claro es que los funcionarios públicos están obligados a cumplir la ley, y esto es precisamente lo que no hacen.

    Por Guido Rodríguez Alcalá

    http://m.ultimahora.com/barbero-cue-n1020196.html

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  3. ¡Reelección ya!

    Por Guido Rodríguez Alcalá
    En el 2012, Italia donó al Paraguay el terreno llamado Barbero Cué; unas 18.000 hectáreas para destinarse a la reforma agraria. Una reciente mensura muestra que, de esa superficie, unas 4.000 hectáreas están ocupadas por estancias, y sin ninguna relación con la reforma agraria (http://www.abc.com.py/edicion-impresa/economia/ganaderas-ocupan-tierras-donadas-para-labriegos-demuestra-mensura-1509634.html) Además de ilegal, esa ocupación es una violación del acuerdo entre Italia y el Paraguay, que se proponía beneficiar a los campesinos y no a los estancieros.

    ¿Podemos esperar que las autoridades hagan algo para recuperar su patrimonio usurpado? Las autoridades tienen criterios diferentes, dependiendo de que los ocupantes sean estancieros o sean campesinos: para los primeros, tolerancia; para los segundos, la ley y mucho más. Esta es la diferencia entre Barbero Cué y Marina Cué, que no es el único caso.

    A partir de 1967, la Marina ocupó el terreno hoy llamado Marina Cué. En el 2005, Nicanor Duarte Frutos decidió destinar ese terreno a la reforma agraria. Entonces el latifundista que lo ocupaba, Blas N. Riquelme, inició una reclamación judicial en el fuero civil, reclamando la propiedad del inmueble. Esa cuestión judicial aún no se ha resuelto en lo civil hasta el momento; sin embargo, a Riquelme se le permitió dejar el inmueble a sus herederos y la Justicia se lo permitió; con él los fiscales, jueces y comisarios han sido superformidables. Un trato muy diferente les dieron a los campesinos que reclamaron Marina Cué y ocuparon el lugar por algún tiempo, con la aprobación del Indert. Una fuerza de más de trescientos policías, agentes de la FOPE y GEO los desalojaron matando a once y apresando a muchos más; otros fueron condenados a muchos años de cárcel por hacer lo que hacía el latifundista: ocupar un terreno fiscal.

    Al pedir penas severas para los campesinos procesados, la Fiscalía se basó (según su libelo) en el conocimiento “de la revolución rusa y el comunista Lenin”. Por supuesto, la revolución rusa fue urbana y no rural, pero la Fiscalía se propuso intimidar a los campesinos que reclaman el derecho constitucional de la reforma agraria. No importa que, en tiempos de Stroessner, ciertos privilegiados del régimen se hayan tragado unas ocho millones de hectáreas de tierras fiscales; tragar es humano, perdonar es divino. Este es el mensaje para quienes, de acuerdo con la propuesta de Horacio Cartes, usan y abusan del Paraguay; siempre y cuando tengan la suficiente cantidad de hectáreas que los ponga por encima de la ley.

    El mensaje ha dejado muy contentos a muchos especuladores. ¿Dónde puede deforestar tan impunemente como en el Paraguay? ¿Dónde pueden pagar o dejar de pagar impuestos? ¿Dónde pueden pagar sueldos tan bajos? Como contrapartida, el mensaje ha dejado muy descontentos a otros, conscientes de que se trata de un proyecto neoliberal, kachiãi, pero neoliberal, y en beneficio de pocos. Los descontentos sienten las consecuencias en la salud y en la educación públicas, que se han ido al mazo; lo sienten en el parón comercial; una vendedora de pohã ro’ysã me contó que sus clientes quieren pagarle en cuotas; lo sienten en la inseguridad, cada día mayor. Por eso las encuestas salen tan mal para la reelección de Cartes, indeseable más por desgracia viable.

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  4. Mensura y engaños

    Increíblemente, aunque la mensura es un juicio voluntario que no da ni quita derechos, sigue habiendo grupos en Barbero Cue que se oponen tajantemente a la medición de la colonia, apelando a argumentos que, en algunos casos, hasta ofenden la inteligencia.

    Específicamente, un grupo de agroganaderas y otros pobladores, y hasta presuntos testaferros de narcos según algunas versiones, muestran fobia hacia dicha mensura, como si la misma implicase alguna pérdida de “derechos” ganados en ciertos procedimientos, dudosos y muy comunes en un país como el nuestro, con un tangible problema de distribución de tierras.

    Hay artimañas jurídicas, criminalización del campesinado, engaños y presiones de parte de los interesados en que no se sepan los límites de la propiedad, que si bien tiene antecedente privado, fue donada hace dos años al Estado paraguayo para ocupantes de hecho, sujetos de la reforma agraria.

    Hay también políticos inescrupulosos que intentaron rematar Barbero Cue hace un par de años, acaso con la perversa intención de apropiarse de valiosas tierras, una historia que tiene como protagonista al exintendente de San Pedro, Pastor Vera Bejarano. Tiempo después, el propio Instituto Nacional de Desarrollo Rural y de la Tierra (Indert) promovió una mensura que debía delimitar las 17.343 hectáreas del lugar, pero solo halló 14.090 hectáreas. Fue durante la administración del cuestionado Luis Ortigoza, hoy con varias imputaciones y acusaciones por mal desempeño en el ente.

    Con estos lamentables antecedentes y sabiendo que el Gobierno de Italia donó las tierras para campesinos, no es extraño que estos se agrupen en una comisión vecinal como lo hicieron en su momento y que hayan iniciado por las vías legales el proceso de transferencia y titulación a su favor. Pero aquí aparecen empresas a oponerse, como Vista Alegre, que al parecer tiene un título de 7.000 hectáreas, pero a través de mensuras hoy posee 40.000; o La Blanca, que cuenta con todos los documentos, pero que supuestamente corresponden a otro sitio, no a Barbero Cue.

    También hay versiones de que parte de Tabacalera Paraguaya (de H. Cartes) entra en Barbero Cue, así como Isla Yobái, Nicasio Acosta e Hijos, Amigo y una larga lista de cuestionada procedencia. Asimismo, hay personas con grandes extensiones que amenazan con usucapión, pese a que no se puede usucapir al Estado.

    No obstante, es probable que esas versiones solo sean calumnias contra firmas que dan trabajo a compatriotas y cumplen sus obligaciones. Tal vez tienen títulos legítimos que no fueron creados por un escribano muy conocido en el rubro. Existe la posibilidad de que estén en regla, y que por lo tanto no deberían oponerse a la mensura. Después de todo, quien nada debe, nada teme.

    Por Gladys Benítez Prieto

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/mensura-y-enganos-1437185.html

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