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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

El gran divorcio

Lauro Ramírez López

Haciendo analogía con el célebre libro de C .S. Lewis (El gran divorcio, un sueño, 1945), el pasado domingo 15 de noviembre se produjo en Paraguay la reafirmación de lo ocurrido en el 2008 con la elección de Fernando Lugo: un divorcio cívico entre los partidos tradicionales y el ciudadano elector. Se confirmó que el paraguayo sabe votar, y que su votación preferida es la cruzada. Se volvió a confirmar que el partido político más importante del país es el Colorado (más de 1.015.000 votos y 149 de 250 municipios en juego -el 60%, seguido del 30% de los liberales y 10% repartido entre los demás Partidos).

Y sobre todo, los políticos recibieron un mensaje bastante claro de parte de la ciudadanía, que les marca el camino para analizar, entender y descifrar la realidad si pretenden seguir representando a ese mismo pueblo en los siguientes eventos electorales.

Las taras atávicas de los partidos tradicionales

1- El famoso cuco de la estructura partidaria ya no es suficiente, Encarnación y Asunción son la prueba. Existe, y hace que el primer aluvión de electores tempraneros dispare las bocas de urna hacia sus candidatos en todo el país. Tal vez equivaldrá al 5% como mucho. Pero no basta, porque los que farrearon la noche anterior (el voto joven, un 70%), o los que van a misa y preparan el almuerzo para recibir a la familia en la casa, o simplemente los no comprometidos con un partido, van después del almuerzo y votan igual que los tempraneros. La estructura grande sirve, pero el convencimiento debe alcanzar a los no integrantes de dicha estructura, que votan también.

2- “El sentido de pertenencia partidario hará que finalmente se vote por el color, por lo tanto, hay que reafirmarlo con la simbología propia y fomentar la polca, los colores y la cita al fundador”. Sin embargo, hay que decir que eso a la gente le importa cada vez menos porque no le afecta en lo personal. Aun al devoto seguidor de un color. Le gusta sí, porque forma parte de nuestra tradición popular, como las polcas de Cerro y Olimpia, pero hoy no determinan nada.

Al votante le importa el candidato, sus cualidades, eventualmente sus propuestas incluso. Pero no el partido. Las agrupaciones políticas deberían analizar primeramente los candidatos que van a proponer, que podrían ganar sus internas y representarlos en las elecciones generales. Porque aunque materialmente uno de ellos tenga más votos y gane dichas elecciones internas, si no convence al elector, no lo van a votar ni los de su propio partido. Tendrían que realizar algo así como una “pre-selección” meritocrática. Porque el ambiente partidario es bien distinto al electorado nacional.

3- “Hay que buscar al elector donde esté, y pagarle para asegurar”. Lo sucedido el pasado 15 demostró que la gente acepta que le busquen, incluso acepta el dinero, pero en el cuarto oscuro vota como quiere. Y preferentemente, cruzado para no dar completamente su confianza a un solo sector. Tal vez no solo sea por una cuestión de dignidad sino simplemente porque el candidato no le gustó, o porque quiere castigar a su propio movimiento o partido, pero el pago hoy ya no asegura el voto. El grado de distorsión llegó a ser tan grande en la clase política, que siguiendo esa lógica trastornada, siempre debería ganar elecciones quien tenga y ponga más dinero. Y el 15 de noviembre quedó claro que eso no es así, constituyendo una de las lecciones más importantes que deberían aprender quienes se dedican a la difícil tarea de la política. De eso, Tony Apuril y su campaña en bicicleta, con un presupuesto de G. 20 millones, son el mejor ejemplo.

Algunas conclusiones:

1. La ciudadanía se va haciendo ducha respecto al supremo derecho que tiene de elegir a sus autoridades. Vota libremente a pesar de los ruidos y la campaña, de las presiones o amenazas.

2. Los colores partidarios importan cada vez menos. Ir a una concentración, figurar en un padrón o incluso recibir dinero en el día D no significan un apoyo automático. El apego a los colores es sentimental y existe, pero el voto “se independizó” del color.

3. El voto preferido de la ciudadanía, independientemente a su partido, es el cruzado.

4. El candidato tiene que gustar y convencer. Y la campaña ser positiva sobre el candidato propio.

5. El dinero no asegura el voto.

El crecimiento ciudadano en su autoconciencia cívica se destaca, y vamos aprendiendo a tolerarnos en la diferencia. Teniendo el 2018 a la vuelta de la esquina, los políticos y todos vamos sacando conclusiones. Un mejor Paraguay lo merece.

 

http://www.5dias.com.py/43256-el-gran-divorcio

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

4 comentarios en “El gran divorcio

  1. ¿Y el 2018?

    Por Santiago González

    Un par de años antes de cada elección presidencial nos damos cuenta de lo difícil que resulta el proceso de construcción de liderazgos lo suficientemente fuertes e importantes como para llegar a función de gobierno. Nuestro país, como probablemente muchos otros, atraviesa por una crisis que no necesariamente pasa por la escasez de potenciales referentes sino por el temor a la función pública.

    Quizá la excepción más elocuente de un liderazgo juvenil explotado en la esfera del estado sea el de la ministra Soledad Núñez, quien al menos hasta ahora no se dejó devorar por la estructura siempre corrupta y deshonesta de una institución clave en términos sociales como Senavitat. Pero el caso de Soledad parece ser el de la excepción a la regla.

    ¿Qué nos espera en el 2018 si no se involucran líderes honestos y capaces? Las estructuras políticas partidarias no buscan candidatos en base a perfiles que no respondan a parámetros ligados exclusivamente a la cantidad de votos que puedan obtener. Los partidos quieren ganar elecciones, no presentar a los mejores postulantes.

    Para cualquier desafío serio se necesita de los mejores; los partidos deberían entrenar a sus afiliados, seleccionarlos, capacitarlos en gobernanza y en el debate de la realidad nacional. No se puede formar un líder dos años antes de unas elecciones generales.

    Reitero: no dudo de la cantidad de jóvenes capaces que puedan existir o de adultos ya consagrados que de verdad quieran hacer bien las cosas. El problema pasa por el sistema que filtra a todos por el colador de las grandes estructuras a las que se deben desde el día en que llega al gobierno.

    El Paraguay necesita de gente buena en cargos de poder, de perfiles gerenciales que conozcan la realidad y sientan la problemática de la pobreza como un desafío. Paraguay necesita de gente capaz, que asuma la responsabilidad de armar equipos sanos y comprometidos con hacer las cosas de manera correcta.

    Solo con líderes reales, que sepan trabajar en conjunto y con honestidad y compromiso vamos a generar un 2018 alentador.

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    Publicado por Anónimo | 2 diciembre, 2015, 6:56 am
  2. Democracia no explicada

    Por Benjamn Fernandez Bogado

    Somos raros los paraguayos, queremos una democracia que funcione para todos, pero elegimos a los peores y de entre ellos a los que haremos padecer por el tiempo que les toca administrar. Lugo concitó el voto castigo contra Nicanor y ahora Ferreiro contra Cartes, pero tanto el anterior como el actual llegan a caballo de una coalición diseñada para no funcionar.

    Los tres poderes, Legislativo, Ejecutivo y Judicial, ejercen el gobierno en democracia. En el caso municipal, la cuestión es con una Junta que no rinde cuentas a nadie más que a ellos y donde algunos miembros de la coalición de Ferreiro ¡se ufanan de tener más de mil empleados suyos! Sí, así como leyó. De una dotación de más de 8.000, más de un 10% solo le responde a Wagner y ellos son capaces de todo: huelga, brazos caídos, destrucción de bienes municipales, corrupción, tráfico de influencia y otras formas de parar la máquina del Ejecutivo.

    Los concejales que no se deben a nadie más que a ellos mismos ganan más que el intendente municipal. ¿Por qué? Son ellos los que hacen el presupuesto. Simple.

    Si Ferreiro quiere gobernar debe dar una sacudida a este modelo que lo único que ha logrado hasta ahora es que los contribuyentes paguen más impuestos y que la ciudad pierda habitantes por miles porque no hay proporción entre lo que se paga de impuestos y tasas, y lo que se recibe. La capital ha perdido más de 500.000 pobladores en los últimos 15 años y la tendencia es a continuar con lo mismo convirtiéndola a corto plazo en una ciudad ocupada por conquistadores no invasores, como aclaró uno en la semana. Hay que dividirla por un conjunto de barrios de donde saldrán los concejales y a cuyos habitantes estarán obligados a rendir cuentas. Debe existir una política que haga que la gente quiera volver a vivir en Asunción porque, de lo contrario, el intendente tendrá 110.000 votos bronca, pero con concejales propios que no alcanzan ni 15.000. Crónica de un fracaso anunciado.

    Conceder para gobernar es no avanzar nada. Los electores se están burlando de la política porque los políticos vienen burlándose de ellos. Escogen de manera tal que la burla, el escarnio y el fracaso sean el único resultado posible. Lo peor: la democracia como modelo de gobierno menos malo se convierte en algo que no sirve y la ilusión autocrática vuelve a aparecer como opción para muchos. Entre los que eligen y los elegidos le estamos pasando la factura a una democracia kelembu, que ya tuvo a alguien con ese nombre representando a los esteños en los últimos comicios. Si antes estábamos llenos de médicos por la profunda enfermedad del Estado, ahora nos llenamos de cómicos para al menos consolarnos en el fracaso riendo.

    La democracia paraguaya necesita ser revisada. Estamos aprendiendo por descarte y quemando generaciones completas de incompetentes. Alguno dirá que es mejor eso que una revolución violenta. Pero el lento avance de los cambios, la acumulación de problemas, la falta de ideas que movilicen a pensar cosas distintas e innovadoras nos consuelan que la alternancia por la alternancia es buena, a pesar de que el que venga sea igual o peor del que se fue.

    Lamentable autojustificación del fracaso de un sistema que no termina de purgarse por completo, a pesar del mensaje elocuente que envía el electorado: te elijo porque estoy cansado, pero te doy todos los elementos para fracasar aunque en el medio te diré: Señor presidente, señor congresista o señor intendente. En el fondo me reiré de ti y esa será mi revancha. Triste… pero es así.

    http://m.ultimahora.com/democracia-no-explicada-n949030.html

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    Publicado por Anónimo | 2 diciembre, 2015, 6:56 am
  3. Más luz al final del túnel

    Por Ilde Silvero

    Al caer la dictadura stronista en 1989, ciertamente vimos la luz al final del prolongado túnel, pero aún persisten muchas zonas oscuras y pesados lastres que nos impiden caminar con normalidad. Los recientes comicios municipales han aumentado el nivel de luminosidad del sendero y algunos fantasmas del pasado se borraron, esperamos que para siempre.

    ¿Cuáles son algunos de los hechos relevantes a tener en cuenta?

    Voto consciente. Aumenta la cantidad de ciudadanos que no solo votan sino que eligen a quién respaldar en las urnas. El color partidario está cediendo lugar al perfil profesional y ético de los candidatos.

    Voto castigo. Tuvimos varios casos en los cuales la población sancionó con su no voto a conocidos políticos denunciados por corrupción, inmoralidad o mala administración del patrimonio comunal. Aunque en pequeña escala, es el fin de la impunidad para los sinvergüenzas.

    Confianza en autoridades. La gente confió y apoyó la gestión del Tribunal Superior de Justicia Electoral en cuanto a la legitimidad, validez y rapidez de los comicios. Esto no es poca cosa en un país donde las autoridades acostumbran a mentir y esconder la verdad como hábito.

    Cambio generacional. Se afirma el ascenso de una nueva clase política, pues los caudillos tradicionales de corte stronista ya murieron o están en plena retirada. Aún activan ciertos neostronistas nostálgicos de un pasado calamitoso, pero cada vez son menos.

    Valorar el diálogo. Como hay muchas alianzas de partidos y movimientos e intendentes electos de diversos colores, esto favorece el valor del diálogo entre pares aunque tengan distintas camisetas. Esto es fundamental para ir consolidando nuestra democracia. Los gobiernos pasan, los pueblos quedan.

    República, no monarquía. Los clanes familiares enquistados en el poder van desapareciendo. La sociedad también pone un parate a autoridades nacionales que se creen reyes, dueños de vida y hacienda de los ciudadanos comunes, que pueden burlarse de la ley o cambiar la Constitución si se les antoja. El soberano es el pueblo, no el primer mandatario.

    Ayuda de la tecnología. La rápida transmisión de los resultados electorales es una gran ayuda de las nuevas tecnologías. Un escáner y un celular envían al instante copias de las actas originales de cualquier parte del país. Ya no hay posibilidad de manipular o cambiar actas mientras se trasladan hasta la capital.

    Sin seguro antifracaso. Lo que no existe ni existirá es un seguro contra el fracaso. Intendentes nuevos como Mario Ferreiro y Luis Yd podrían ser muy eficientes y exitosos o… pueden resultar un desastre; nadie puede adivinar el futuro. Lo bueno de la democracia es que permite premiar o sancionar la conducta de los gobernantes.

    La alternancia es fundamental. Las autoridades que se eternizan en sus cargos inevitablemente caen en la corrupción y el nepotismo. La única localidad en donde hay serias denuncias de fraude es Ciudad del Este y la acusada Sandra McLeod va por su tercer período. 10 años en el poder ya son suficientes. Ome’êma ningo. Otros ciudadanos también pueden trabajar bien por su comunidad.

    ¡Ánimo, compatriotas, vamos lentos pero seguros!

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/mas-luz-al-final-del-tunel-1431085.html

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    Publicado por Anónimo | 2 diciembre, 2015, 6:54 am
  4. Cambiar como ciudadanos

    Por Gloria Rolón

    A veces hasta parece chistoso –aunque no tenga nada de gracioso–, pero, casi siempre, exigimos lo que no estamos dispuestos a dar.

    Criticamos el abuso, la prepotencia, el prebendarismo, la corrupción, la falta de educación, de ética, en fin, todos esos excesos lamentablemente típicos –es verdad, hay que reconocerlo– en la conducta de muchos de nuestros dirigentes (no solo políticos, sino también empresariales, sociales y hasta futboleros), pero no los vemos en nosotros mismos.

    ¿Por qué cree que sigue habiendo robos de celulares o computadoras, por ejemplo?

    La respuesta es obvia: porque hay compradores ávidos y sedientos de obtenerlos, al menor precio posible y sin preguntar siquiera su procedencia.

    En estos días nos sorprendimos y solidarizamos con la suerte que le cupo correr a un joven (quien al momento de escribirse estas líneas todavía seguía internado), al ser baleado por otro joven que se llevó su celular y el de una joven a la que aquel intentó defender del asaltante.

    Por suerte en este caso –aparentemente– los agresores, entre ellos un autor confeso, están detenidos, e inclusive fue demorado el comprador casual del celular del chico asaltado.

    Indudablemente esta sociedad sería mucho más sana y honesta si todos y cada uno de nosotros comenzamos a hacer lo que debemos y se espera de nosotros.

    Empezar, por ejemplo, no adquiriendo un celular o cualquier otro equipo electrónico sin conocer su procedencia y menos cuando se ofrece en la calle o en las redes sociales, y a tan bajo precio, porque como mínimo fueron robados.

    Podemos también iniciar ese cambio que tanto queremos respetando cuestiones tan mínimas, pero tan importantes, como cumplir las leyes de tránsito, o ejerciendo y poniendo en práctica aquellas normas de convivencia básicas como dar las gracias o ceder el paso.

    Siempre dije y sigo sosteniendo que a una sociedad culta, democrática y respetuosa de los derechos de todos y todas se la identifica claramente en la forma cómo conducen sus vehículos –tanto los privados como los del transporte público de pasajeros– sus habitantes.

    Y usted ya sabe, en nuestras calles… lamentablemente sigue imperando la ley del más fuerte, es decir, del prepotente.

    Que tenga un excelente resto de jornada.

    http://www.ultimahora.com/cambiar-como-ciudadanos-n949413.html

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    Publicado por Anónimo | 2 diciembre, 2015, 6:41 am

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