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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

El entierro de San Yacaré

Por Alfredo Boccia Paz

No se recuerda en Villa Hayes un entierro tan exitoso. Asistieron cerca de 400 personas que demostraban un dolor desgarrador. Las motos y los vehículos que acompañaban al cortejo se extendían por varias cuadras. El féretro llevaba una bandera paraguaya y una monjita en trance tiraba agua bendita y aseguraba que el muerto tendría un lugar a la diestra del Señor. Los gritos solo se aplacaban cuando una banda de mariachis cantaba Sigo siendo el rey.

El muerto tenía solo 23 años y era conocido como Yacaré Po, el más famoso asaltante de bancos y transportadores de caudales. Acumulaba cerca de veinte órdenes de captura por un número increíble de hechos delictivos. La Policía calcula que su banda se habría apropiado de unos seis mil millones de guaraníes en los distintos golpes realizados.

Con esa plata, Yacaré Po era generoso y solidario. Ayudaba a los vecinos de su barrio y, de paso, se aseguraba la protección de los mismos cuando las patrullas de uniformados lo buscaban. En realidad, casi siempre lo buscaban para pedirle dinero, no para atraparlo. Por eso su muerte desató tanto dolor.

En las redes sociales lo describían como un “ángel benefactor” y ponderaban su audacia y valentía. Si alguien mentaba sus antecedentes criminales la respuesta estaba en la punta de la lengua: “¿quiénes somos para juzgarlo?” y “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. No faltará quien, en algún polvoriento camino chaqueño, levante una cruz y proclame a San Yacaré. Así comenzó el Gauchito Gil en Argentina y resultó un fenómeno del márketing religioso.

Me cuesta, empero, tragarme la comparación con Robin Hood. Pienso en Digno Gómez, aquel humilde guardia de una empresa de seguridad acribillado por la banda de Yacaré Po y que dejó en el desamparo a su viuda y sus tres hijos. Pienso en otros muertos, algunos de ellos tan pobres como los que velaron al supuesto justiciero de Villa Hayes.

Pero debo rendirme ante la evidencia. Yacaré Po murió y todo el Paraguay estuvo allí. Es decir, no todo el Paraguay, ni siquiera toda Villa Hayes. Pero allí estaba todo el espíritu de una sociedad moldeada en el ejemplo de antivalores que surgía desde sus mismas autoridades y toda la desesperanza de una colectividad acostumbrada a no esperar nada de un Estado siempre ausente. Yacaré Po y su dadivosidad suplían las carencias y volvían superflua la pregunta sobre el origen del dinero.

Lejos de ser una imagen surrealista, la multitud que despidió a Yacaré Po refleja la falta de seriedad de nuestra República. Y nos interpela sobre la supuesta crisis de la representatividad política. ¿Existe esa crisis? ¿O nuestros políticos simplemente representan de modo fiel a la sociedad que los elige? Si fuera así, fíjese usted, todo lo que nos falta avanzar.

http://www.ultimahora.com/el-entierro-san-yacare-n948842.html

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

5 comentarios en “El entierro de San Yacaré

  1. http://www.hoy.com.py/nacionales/jakare-po-panadero-playero-empleado-de-gobernacion-y-asaltante-mi-hijo-era

    Jakare po panadero, playero, empleado de gobernación y asaltante: “Mi hijo era bueno”

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    Publicado por Anónimo | 3 diciembre, 2015, 9:57 am
  2. La fábrica de ídolos populares
    por Liliana Pereira

    Joven, malevo y cuestionablemente solidario. Tras su muerte, Yacaré Po generó controversias por su populoso entierro en la ciudad de Villa Hayes.

    Nelson López tenía 23 años, al menos 20 órdenes de captura por hechos delictivos y estaba involucrado en numerosos casos de robo a cajeros, bancos, financieras e incluso, pesaban sobre su cabeza resultados fatales de algunos de sus atracos.

    Más conocido como Yacaré Po, este joven asaltante tenía un prontuario que hasta el propio Billy The Kid hubiese mirado con recelo. Uno de los maleantes más buscados por las autoridades, un criminal, un forajido viviendo al margen de la ley, nada que una persona decente y trabajadora sea capaz de admirar o tomar como ejemplo a seguir para ella misma o su familia… se supone.

    Pero vivimos en Latinoamérica, donde el prima el reino del revés y las cosas no siempre tienen un resultado previsible o razón lógica. Resulta ser, que Yacaré Po no resistió un impacto de bala recibido durante su último robo y murió. Camino a su sepelio, lejos de condenarlo o maldecir su estilo de vida, gran cantidad de personas lo acompañó en un último adiós sentido y doloroso que llegó incluso a oídos de la prensa internacional.

    Los comunicadores extranjeros no dudaron en comparar al paraguayo con el extinto jefe del cartel de Medellín, Pablo Escobar, cuya muerte en el año 1993 causó conmoción y profunda tristeza en los poblados más humildes de su ciudad natal. La prensa local, hizo lo propio en numerosos artículos relacionados al tema, muchas veces dejando de lado la imparcialidad propia de la profesión para sumar su dedo acusador a un acelerado juicio contra quienes de manera espontánea, se reunieron motivados por esta particular causa común.

    Y como a toda acción le sigue una reacción, los indignados no se hicieron esperar y las redes sociales fueron el arma esencial disparadora de moralina contra las personas capaces de lamentar la muerte de un delincuente.

    Difícilmente lo entiendan así sus amigos y familiares de Villa Hayes, sus vecinos de Santa Librada, todas esas personas a las que de alguna u otra forma Nelson salvó de un aprieto económico, les hizo un favor o simplemente se mostró como la persona más solvente de la zona, capaz de otorgar una relativa seguridad allí donde faltan todas las garantías para vivir dignamente, donde de un estimativo de 100.000 habitantes casi un 9% corresponde a jóvenes desempleados, donde servicios básicos de sanidad brillan por su ausencia y la prebenda municipal es una de las pocas salidas factibles y seguras dentro de una cultura de supervivencia basada en usufructuar el sacrificio ajeno.

    Viéndolo así, quizás no sea tan extraño pensar porqué Yacaré Po tuvo una despedida digna de un ídolo popular. Es que simplemente lo era. Nelson no escapaba a la realidad de sus allegados y se hacía responsable de paliar las necesidades que las autoridades gubernamentales dejaron a suerte del sector más vulnerable. Sea por empatía, compasión o interés, lo cierto es que un delincuente, un criminal, estaba haciendo el trabajo de funcionarios sumamente preocupados en campañas políticas y demás intereses particulares.

    La larga fila de personas a pie, en autos y motocicletas llorando a Yacaré Po camino a su última morada, no lamentaron solo la partida de un ser querido. Presentían quizás que hasta el surgimiento de un nuevo salvoconducto, el desamparo y la desatención de sus necesidades básicas sería tan común al resto de los ciudadanos de varias regiones en el resto del país.

    Reivindicar a un ladrón es la consecuencia de un Estado ausente y un gobierno que fabrica a diario nuevos referentes de la delincuencia como modelos a seguir para cientos de jóvenes, que no ven en el futuro mayores logros si trabajan de forma honesta para conseguir sus metas.

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    Publicado por Anónimo | 2 diciembre, 2015, 3:00 pm
  3. HEROES VILLANOS

    Andrés Granje

    Es a veces incomprensible cómo reaccionan las masas, como el pueblo de
    repente erigen a personas que viven al margen de la ley de
    referentes, despertando el fervor hasta se diría enfermizo, que
    convierten en ídolos a los villanos, muchos dirán que se trata del
    complejo Robin Hood, el arquetípico héroe y forajido del folclore
    inglés medieval. Inspirado por Ghino di Tacco, según la leyenda Robín
    Hood era un hombre de gran corazón y vivía fuera de la ley, escondido
    en el Bosque de Sherwood y de Barnsdale, cerca de la ciudad de
    Nottingham. El mejor arquero, defensor de los pobres y oprimidos. Si
    bien es un personaje de leyenda es la imagen del ladrón bueno al
    servicio de los humildes y enfrentando a las crueldades y ruindades
    del poder.

    En el devenir de nuestra historia también existieron héroes criollos
    marginales que encarnaron el prototipo de figuras admiradas por la
    población, uno de los casos más comentado es el mítico “Mbopi Guazú”,
    un conocido ladrón, descuidista, que vivía en Asunción en los años
    anteriores a la guerra del chaco, cuyas fantásticas historias fue la
    delicia de nuestra niñez, el dulce de leche que nos brindaba como
    postres los abuelos memoriosos con sus fantásticos relatos, este
    folclórico personaje tenía a maltraer a los comerciantes del entonces
    conocido Mercado Guazú, ubicado en donde hoy esta erigida la Plaza de
    la Democracia. Se puede decir que todos los pueblos tienen estos
    personajes queribles y admirado a pesar de su condición de marginales
    y enemigos de la legalidad.

    La literatura inmortalizó en novelas brillantes que luego eran
    adaptadas para el séptimo arte, en versiones inolvidables las
    andanzas de celebres delincuentes como en la Argentina el temido
    “Mate Cocido” y Juan Moreira. Jesse James el temible forajido
    estadounidense y el integrante más famoso de la banda de asaltantes
    James-Younger era otro de los personajes mas querido. Asesinado a
    traición, se convirtió en una figura legendaria del Viejo Oeste del
    siglo XIX y luego la pareja de Asalta Bancos Bonnie and Clyde, en la
    década del 20 convertidos en héroes mediante películas donde el cine
    retrataba sus aventuras dándole un cariz de personajes románticos y
    altruistas con un amplio sentido social.

    Desde esa perspectiva no llama tanto la atención la pasión y el fervor
    desatado en el pueblo de Villa Hayes, el genuino y sincero pesar de
    la muchedumbre ante la muerte del conocido hampón y asalta cajeros
    automáticos, originario de esta comunidad, Nelson Gustavo López alias
    “Jacare Po”, quien según sus vecinos lejos de la ferocidad sin límites
    que exhibía sin pudor en los asaltos y que quedó registrado con las
    imágenes de los visores electrónicos ubicados en nuestras urbes ,
    entre sus vecinos se mostraba solidario y generoso repartiendo parte
    de lo robado, esos gestos hizo que gran parte de esta población
    chaqueña le llorara, en una reacción digna del estudio de
    sicoanalistas, lo que muestra el grado de deterioro de los valores
    éticos de la sociedad y la ausencia del estado en vastas regiones que
    son paliadas con el aporte de estos marginales.

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    Publicado por Anónimo | 30 noviembre, 2015, 3:26 pm
  4. Adiós a Yacaré Po

    Por Rocío Patricia Portillo

    Esta semana, pobladores de Villa Hayes y quienes siguieron el caso –a través de los medios de comunicación– y el sepelio de uno de los delincuentes más buscados del país, Nelson “Yacaré Po” López González, se encontraron con una gran disyuntiva: ¿qué es lo correcto hoy en día? ¿qué tan peligroso es rendirle pleitesía a una persona que tiene deudas con la justicia?

    “Yacaré Po”, tras un enfrentamiento con agentes de la policía, recibió un disparo que lo obligó unos días después a buscar asistencia sanitaria en Emergencias Médicas, falleciendo días después.

    La marcha fúnebre hubiera pasado desapercibida o no hubiera sorprendido si no fuera por el gran acompañamiento que le dieron sus vecinos.

    Al más puro estilo del narcotraficante colombiano Pablo Escobar, López González fue despedido por una multitud que de una u otra forma lamentó su muerte, aunque muchos se sumaron por simple curiosidad.

    Cuesta entender cómo es que a sabiendas de los antecedentes delictivos, cientos de personas lamentaran su deceso, a través de posteos en las redes sociales y la confección de afiches con sus fotografías con frases de agradecimientos.

    “Yacaré Po” era buscado por la justicia que le atribuía varios delitos, como asaltacajeros, asalto a camión de caudales, en muchos casos con derivación fatal.

    Hasta lo compararon con el personaje cinematográfico Robin Hood, quien robaba a los ricos, para dárselo a los pobres. Según testimonios, esa regla fue aplicada por él en la ciudad donde vivía.

    Pero también era temido por una gran mayoría. Imprimía temor entre los pobladores y él mismo temía ser delatado por sus vecinos.

    El llamativo hecho, de acompañamiento al velorio y posterior sepelio de un delincuente, demuestra lo peligroso que puede resultar para la sociedad hacer apología de delito, que lo incorrecto de apañar actos criminales, dejando de lado la cordura y la dignidad, sea considerado como un hecho “normal”.

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    Publicado por Anónimo | 29 noviembre, 2015, 7:50 am
  5. “Jakare po”, un Robin Hood sin marketing ni estrategia política
    Por Sergio Etcheverry

    “Vive rápido, muere joven y deja un lindo cadáver”, parecía ser el lema de Nelson Gustavo López, más conocido como “Jakare Po”, audaz asaltacajeros y asalta caudales quien, con su muerte, revolucionó las redes sociales esta semana.

    En vida fue considerado un enemigo público de primer nivel, buscado por cuantiosos golpes cometidos en varios sucesos; pero no es menor la conmoción que fue para todos nosotros, el resto de los mortales que no vivimos en Villa Hayes, el dolor que causó su muerte en esa ciudad: aparentemente el susodicho era una especie de Robin Hood y en esa zona, soltaba plata para socorrer a los vecinos en desgracia.

    Niños, jóvenes, adultos y adultos mayores se mostraron emocionados al despedir al dudoso héroe local. Convengamos en que nuestro Robin de entrecasa tenía algunas diferencias con el de la novela: no manejaba arco y flecha, sino armas de grueso calibre y en lugar de una enamorada, tenía más de una, que recibían de su parte no caballos y flores, sino camionetas y joyas.

    Un internauta hizo notar el parecido de las exequias de Pablo Escobar, el famoso narcotraficante, con nuestro “Jakare Po”. Guardando las distancias, las similitudes son evidentes: al pueblo liso y llano no le importa normalmente de dónde viene el dinero que tapa sus carencias más miserables y no es extraño que apoye a quien le facilita su vida.

    Si lo pensamos bien, al hombre de Villa Hayes quizás le faltó un asesor de imagen, alguien que manejara su comunicación institucional. Haciendo números, si todos los que fueron al velorio lo votaran (cosa que no sería tan difícil que ocurriera), “Jakare Po” quizás llegara a una concejalía y por qué no, a una intendencia; si dejamos volar la imaginación, la diputación y la senaduría estaban ahí, a la mano.

    Se equivocó “Jakare Po”… si alguien lo hubiera asesorado, hubiera progresado en su carrera delincuencial.

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    Publicado por Anónimo | 28 noviembre, 2015, 11:04 am

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