Nuevos tiempos con la Argentina

La alternancia democrática decidida por la mayoría de los votantes argentinos encumbrando en la presidencia de la Nación a Mauricio Macri, tras más de una década de gobiernos bajo Néstor Kirchner primero, y de su esposa Cristina Fernández después, ha sido recibida por el Gobierno y el pueblo paraguayos con la expectativa de un largamente esperado positivo cambio de actitud en cuanto a la política exterior argentina con relación al Paraguay. Aunque la fraterna amistad entre los dos pueblos se ha mantenido inalterable a través de los siglos, independientemente de los vaivenes de la política exterior de los gobiernos de ambos países, nunca antes el Paraguay había sido tan groseramente maltratado por el Gobierno argentino como durante la nefasta era de los esposos Kirchner.

Alegrémonos con el cambio protagonizado por nuestros hermanos argentinos. Por sesenta años el peronismo estuvo con su sistema populista exprimiendo al país vecino y aplicando al nuestro un régimen imperialista. De sexta potencia económica en el orbe al terminar la II Guerra Mundial, país poderoso, con una población homogénea de origen de pueblos trabajadores, fue expoliado por un sistema político híbrido que condujo a su economía al estado en el que se encuentra actualmente. Ahora saldrá a la luz la verdadera situación económica en que yace, ya que los Kirchner se cuidaron bien de maquillar las estadísticas a su medida, al punto de que organizaciones y medios de prensa internacionales decidieron ignorar los datos oficiales.

El infortunio político argentino tuvo su impacto negativo en el Paraguay. Durante los doce años de gobierno de Néstor Kirchner y de su esposa Cristina, nuestro país no solo sufrió agresiones diplomáticas injustas derivadas de ideologías contrarias a la ley internacional que consagra el soberano principio de autodeterminación de los pueblos, y de la no injerencia en sus asuntos internos por parte de otras naciones, sino de un virtual bloqueo económico implementado mediante recurrentes trabas a la libre navegación del río Paraná, y barreras comerciales violatorias de las garantías de libre circulación de bienes y personas establecidas en el Tratado de Asunción y en el de Ouro Preto.

Esta política de mala vecindad no se ha limitado a poner trabas al comercio fronterizo entre ambos países, haciendo que productos agropecuarios estacionales de nuestro país se pudran en las aduanas argentinas de los pasos fronterizos debido a demoras arbitrarias de todo tipo; la hostilidad contra los intereses del Paraguay por parte del régimen kirchnerista también se ha dado en lo ideológico y comercial. Así, violando expresa prohibición del Tratado de Yacyretá, han estado vendiendo al Brasil energía producida por la usina binacional, con descaro equivalente a una provocación diplomática que nuestro gobierno no pudo o no supo replicar, como corresponde.

En tal sentido, desde el punto de vista diplomático, no deja de ser un indignante vejamen que mientras el Gobierno argentino saliente está vendiendo a buen precio electricidad de Yacyretá al Brasil sin el consentimiento del Gobierno paraguayo, al mismo tiempo le ha negado miserablemente al Paraguay la posibilidad de exportar su electricidad de Acaray a Uruguay y Chile, utilizando servidumbre de paso de la red eléctrica nacional argentina interconectada con las de los citados países limítrofes.

Para no dejar dudas acerca de su mala voluntad política con el Paraguay, durante los dos últimos años el gobierno de la señora Kirchner, con diversos pretextos dilatorios, también ha rehusado revisar el Anexo C del Tratado de Yacyretá, disposición contractual de plazo cumplido. Lo ha hecho con la finalidad de seguir administrando arbitrariamente la usina binacional. Concomitantemente, el mantenimiento del ilegal statu quo le permite continuar postergando sine die el pago al Paraguay de las compensaciones debidas por mayor territorio inundado, junto con el justo precio por su excedente energético que se lleva actualmente a valores pichincha con relación a su cotización de mercado. Si a esto sumamos la deuda de cientos de millones de dólares que el Gobierno argentino tiene hasta ahora con el Paraguay por la electricidad paraguaya que ha consumido durante el año pasado y el presente, el daño económico infligido a nuestro país por la política expoliadora y proteccionista de la era kirchnerista es enorme en términos comparativos.

Ante tan poco que agradecer y mucho que reclamar al Gobierno que se va, la actitud del pueblo paraguayo, siempre solidario con sus hospitalarios hermanos argentinos –y cuyo sentimiento el presidente Horacio Cartes debiera demostrar en función de Gobierno–, no puede ser otra que la de plena solidaridad y esperanza en mejores días para la Nación argentina. Esperanza cifrada en que el gobierno del presidente electo, Mauricio Macri, reencauzará a esa nación por el camino de la prosperidad, junto con el liderazgo regional que históricamente le corresponde en función de los valores democráticos de la Carta de la OEA, que sustentan la solidaridad continental.

Aprovechamos esta oportunidad para expresar nuestra esperanza en que el nuevo Gobierno argentino restablezca su tradicional política de fraternidad, hospitalidad y apoyo al afán cotidiano del pueblo paraguayo por abrirse paso hacia mejores días en democracia y prosperidad, cooperando con nuestro gobierno para desterrar las injusticias y provocaciones que en los últimos tiempos se han interpuesto en el camino de las relaciones bilaterales como vecinos y socios en la apuesta por el progreso de sus pueblos.

El presidente Cartes, a su vez, debería movilizar al Gobierno entero, seguido de cerca por el canciller, el ministro de Industria y Comercio, el de Obras Públicas y de otras carteras en cuyos ámbitos existen importantes asuntos que resolver, para impulsar sus soluciones con el vecino país. Es de esperar que el nuevo presidente, Mauricio Macri, trabaje con el Paraguay por un futuro de fraternidad y beneficios comunes.

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/nuevos-tiempos-con-la-argentina-1429552.html

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6 comentarios en “Nuevos tiempos con la Argentina”

  1. Hablemos de Mauricio

    La prensa Argentina insiste en hablar de Cristina, tanto para vincularla a hechos de corrupción que ameriten su procesamiento, como para responsabilizarla de todo lo que pudiera considerarse malo en la actualidad. Nosotros preferimos hablar de Mauricio, del actual presidente, de algunas cuestiones que dijo que haría y de lo que está haciendo, después de haber transcurrido sus primeros 100 días de gobierno, cumplidos el pasado 20 de marzo. Hoy ya no se parece a aquél que agitaba exultante el bastón de mando cuando asumió la presidencia, comprometiéndose a crear empleos y terminar con la pobreza, generando expectativas que aceleradamente se están transformando en decepciones. Y es que en lugar de nuevos puestos de trabajo, lo que se está produciendo es una fuerte ola de despidos, especialmente en la administración pública, de la que, según Macri, deberían ser desvinculados alrededor de 1.500.000 funcionarios, detrás de quienes existe igual cantidad de familias. A esto se suma la devaluación del peso frente al dólar, en el orden del 40%, el consecuente aumento general de precios y el violento tarifazo de los servicios básicos, que en algunos casos fue de hasta el 500%, lo cual hace que el descontento comience a anidarse en los sectores sociales menos pudientes, cuando aún le restan 1.350 días de mandato.

    Entre las primeras medidas adoptadas por el nuevo gobierno, las más destacadas fueron sin lugar a dudas la eliminación de las retenciones, el fin del cepo cambiario y la negoción con los fondos “buitre”. Lo primero fue celebrado desde luego por los exportadores y lo segundo por todos los que tienen condiciones de ahorrar en dólares, es decir, clase media para arriba. Pero a estos últimos la alegría les duró poco. Al abolirse el cepo en diciembre, el dólar comenzó a subir inmediatamente, situándose en 13 pesos en enero -todavía dentro de los marcos previstos por el Ejecutivo- y en 16 pesos en febrero, por lo que el Banco Central tuvo que intervenir a las corridas para evitar que siguiera la tendencia alcista.

    En cuanto a los “buitres”, habrá que ver lo que pasa en los próximos meses. Uno de los argumentos oficiales para llevar a cabo la negociación a tamborbatiente fue que Argentina precisa salir definitivamente del “default” en que se encuentra, porque eso le impide acceder a los mercados globales de capitales para captar dinero, es decir contratar deuda para implementar los planes del gobierno. Y a esto agregan que “encontraron el país en bancarrota, sin reservas internacionales y con una monumental deuda externa”; típico en los discursos destinados a cargar con todas las culpas a las administración anteriores y eludir las propias. Pero además, lo del endeudamiento argentino es falso o al menos muy relativo, pues si bien es cierto que el monto saltó de 150.000 millones de dólares, cuando asumió Néstor Kirchner en el 2001, a 220.000 millones cuando Cristina salió de la Casa Rosada, lo importante es que en aquel entonces representaba el 138% del Producto Interno Bruto (PIB) y ahora el 40%, que si bien sigue siendo elevado, refleja una disminución más que considerable.

    Este primer tramo del gobierno de Macri transcurrió, pues, en el marco de medidas polémicas, algunas con malos resultados, como la del cepo cambiario, otras que están por verse, como el caso de los fondos buitres y, finalmente, las que afectan las fuentes laborales, que plantea un escenario de alta conflictividad social. Y recién recorrió menos del 8% del camino que tiene por delante, que puede significarle a él y a los argentinos un peregrinar muy pesado.

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  2. Cambios en Argentina obligan a tomar serias precauciones

    A la volatilidad de la economía argentina –que afecta desde hace unos años a Paraguay y que genera efectos negativos en Paraguay– ahora se suma la incertidumbre acerca de los efectos de los cambios que generará una nueva política económica en el vecino país. Las señales económicas dadas en los últimos días hacen prever impactos en la economía paraguaya. Si bien se augura una mejor comunicación entre los presidentes de ambos países, esto no impedirá que el cambio político en la Argentina afecte la economía de nuestro país. El Gobierno debe estar atento para anticiparse a los cambios y evaluar criteriosamente los efectos, de manera a contar con respuestas oportunas.

    El 2016 se viene cargado de incertidumbre. Los desequilibrios en las economías argentina y brasileña vienen afectando desde varios años atrás. Más allá de las fronteras latinoamericanas, también se observa una fuerte desaceleración económica, especialmente de China y Europa, lo que afectará a Paraguay.

    Nuestra economía –sumamente abierta, con alta dependencia de pocos productos y mercados, y con serios obstáculos para emprender una rápida trayectoria al aumento de la productividad y competitividad– debe enfrentar un nuevo desafío. El cambio de gobierno en la Argentina, a juzgar por las decisiones tomadas en los primeros días, afectarán de manera directa a Paraguay.

    Las nuevas medidas, si bien aún no pueden estimarse su efecto negativo, por lo menos generan dudas frente al augurio positivo casi exagerado de varios analistas que hicieron conocer sus opiniones días antes de las elecciones.

    Paraguay no puede desconocer que la producción agropecuaria argentina es altamente competitiva en el mundo, no solo por su elevado nivel de productividad, sino también por sus estándares de calidad. Esta posición ventajosa en el mercado mundial será difícil de enfrentar.

    Paraguay se ha insertado internacionalmente, pero su posición es endeble. Su principal factor de competitividad han sido los bajos precios. Competir en calidad es todavía un desafío.

    A la retracción económica mundial ahora se agrega la posible inserción internacional de la Argentina con mayor fuerza como un competidor en casi los mismos bienes producidos por nuestro país.

    La negociación con Yacyretá es otro de los factores que marcará la relación positiva o negativa entre los dos países. Los fundamentos del optimismo se encuentran en la “buena voluntad” del nuevo Gobierno; sin embargo, la mayor responsabilidad está en la capacidad de los funcionarios paraguayos de generar y acordar una agenda favorable al país.

    La política cambiaria también nos afectará. Habrá que esperar a qué nivel se ubicará la relación dólar-peso para estimar el efecto neto, ya que cualquier movimiento en el tipo de cambio tendrá resultados positivos para unos ámbitos y negativos para otros. Lo que sí es claro es que su impacto se transmitirá casi inmediatamente a nuestro país.

    Como lo decíamos en este espacio, las buenas relaciones entre el presidente argentino Mauricio Macri y el paraguayo Horacio Cartes pueden ayudar a establecer vínculos que faciliten la comunicación. Pero eso no implica que los problemas económicos no tengan que ser abordados desde el Gobierno paraguayo con la claridad y celeridad que requieren.

    Dependiendo de la rapidez con que el Gobierno argentino tome las decisiones e implemente acciones para concretarlas efectivamente, los efectos empezarán a sentirse en Paraguay. Y hay que tomar precauciones desde ahora.

    El Gobierno paraguayo debe estar atento a los cambios en la política económica argentina.

    http://www.ultimahora.com/cambios-argentina-obligan-tomar-serias-precauciones-n952660.html

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  3. El triunfo de Macri y su impacto en Paraguay

    Por Alberto Acosta Garbarino Presidente de Dende

    El triunfo de Mauricio Macri en las elecciones realizadas el domingo pasado en la Argentina está generando grandes expectativas en todos los países de América Latina.

    Este triunfo ha significado el final de un Gobierno que, beneficiado por los altos precios internacionales de la soja, adoptó controvertidas políticas populistas de distribución de dicha bonanza.

    Lo peor de todo es que esta política, que ya de por sí genera grandes conflictos en una sociedad, se hizo con un liderazgo prepotente, arbitrario y soberbio, que destruyó casi todas las instituciones de una república.

    El triunfo de Macri es una apuesta a un nuevo tiempo donde se viva en las antípodas del tiempo que se está yendo; un tiempo de conciliación y no de confrontación; un tiempo de búsqueda del justo medio y no de la polarización extrema, un tiempo en que la Argentina vuelva a ser una verdadera república.

    Siendo la Argentina en la región la segunda potencia económica y por lejos el país más influyente en lo cultural, este cambio va a impactarnos a todos.

    Ni qué decir al Paraguay que es el país sudamericano más dependiente de la Argentina porque su salida al mar pasa por ella, porque nuestras tres ciudades más importantes (Asunción, Encarnación y Ciudad del Este) son fronterizas con ella y porque millones de paraguayos han migrado para trabajar en ella.

    Este cambio de Gobierno y de políticas va a impactarnos en lo económico, en lo social y en lo político.

    En lo económico, la actual política argentina de tener varios tipos de cambios del dólar, afectó negativamente al Paraguay, que se vio invadido por productos comprados en pesos e ingresados de contrabando al país, desplazando a los mismos productos importados legalmente en dólares.

    La nueva política económica de Macri de unificar el tipo de cambio va a eliminar de raíz este problema.

    Sin embargo y también en lo económico, la política del kirchnerismo de perseguir a los sectores empresariales y de restringir la exportación de carne, fue muy positiva para el Paraguay porque mucha gente vino de la Argentina a invertir en nuestro país en inmuebles rurales y urbanos, y nuestras exportaciones de carne tuvieron un crecimiento explosivo.

    La nueva política económica de Macri más amigable con los inversores y de estímulo a la producción va a afectar negativamente a nuestro país, con menores inversiones inmobiliarias y con mayor competencia en la exportación de carne.

    En lo social, la generosa política del kirchnerismo de salud y educación gratuitas para todos, fue extraordinariamente beneficiosa para los sectores más humildes de nuestro país. Mucha gente cruzaba la frontera para someterse a operaciones gratuitas en el país vecino o para llevar a sus hijos a las escuelas del otro lado del río.

    Nos imaginamos que con el gran déficit fiscal que heredará Macri, va a estar menos dispuesto a ser tan generoso con los paraguayos y su impacto puede ser muy negativo para un sector vulnerable de nuestra sociedad.

    En la política internacional, el Paraguay –por su tamaño– siempre ha sido favorable a la integración económica al mundo, por ese motivo en todos estos años se ha encontrado siempre “desubicado” en un Mercosur, donde todos sus integrantes, pero la Argentina con mayor énfasis, se declaraban antiimperialistas, anticapitalistas y antiglobalización.

    La nueva política internacional de Macri va a ser claramente de integración al mundo desarrollado y eso va a hacernos sentir más cómodos y apoyados en la región.

    En fin, estamos ante un cambio importante en un país muy importante para el Paraguay y estos cambios en el corto plazo van a afectarnos positiva y negativamente.

    Pero en el largo plazo, tener una Argentina ordenada, en crecimiento y en democracia, va a ser una bendición para nuestro país.

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  4. ¿Cambiará algo?

    El triunfo de Mauricio Macri en los comicios del domingo en Argentina significa, cuando menos, un cambio de signo en la política del país vecino y, para algunos observadores, un antes y un después en todo sentido. Quizá lo sea para los argentinos, pero será muy difícil que algo cambie realmente en la relación entre Buenos Aires y Asunción. Históricamente, un cambio de guardia en la Casa Rosada no ha significado ventaja alguna para esa relación, ni siquiera una normalización. Todos los gobiernos bonaerenses, desde los augurales días de 1810 y 1811, han intentado desde absorber a la “provincia rebelde” del Paraguay, pasando por una guerra de exterminio hasta la permanente hostilidad de los organismos administradores de aduanas, navegación y migración.

    Hay que reconocer, sin embargo, que las relaciones vecinales se dulcifican cuando el trato es directo y solidario. Enfermos que se atienden en hospitales argentinos cruzando la frontera, niños que estudian en escuelas provinciales, a veces cruzando un río en bote e inundados que van a encontrar cobijo y comida caliente en pabellones de alguna gendarmería provincial. Este mecanismo funciona desde hace décadas y no han sido necesarios, para que funcione, tratados de amistad o de buenas relaciones. Es en la relación institucional en donde las cosas se enturbian, por el lenguaje históricamente dual que se maneja en la política exterior argentina hacia el Paraguay. El Gobierno ha firmado tratado tras tratado de navegación, pero operativamente pone una traba encima de la otra a los trenes de barcazas que van y vienen. Juran respetar el libre comercio pero ordena a las aduanas abrir containers refrigerados o detener con cualquier pretexto cargamentos de productos perecibles o intervienen cargas en tránsito en violación a claras normas internacionales. Y podemos seguir así, con una larga lista de incongruencias que, sin embargo, no han logrado impedir que Paraguay le pise los talones a Argentina como exportador de soja y derivados y superarla como proveedora de carne vacuna. Sobre esto último debemos sí estar preparados para un cambio que podría jugar en nuestra contra. Es seguro que el Gobierno de Macri va a aflojar las retenciones al agro para devolverle competitividad en los mercados internacionales. Con Argentina de nuevo en carrera, es posible que en poco tiempo tengamos que cederle lugar por lo menos en la tabla de la carne, aunque como potencia sojera seguiremos cabeza a cabeza con nuestro vecino sureño.

    De todas maneras, todavía podemos apostar una ficha por Mauricio Macri pues todo inicio de una gestión gubernativa trae nuevas expectativas y posibilidades de que viejos vicios en la política exterior porteña se vayan con el hoy desalojado modelo kirchnerista. A Argentina le conviene un vecino ordenado y próspero con el cual hacer negocios en lugar de tenerlo como socio enfurruñado y gruñón, papel del cual los paraguayos ya estamos bastante cansados.

    http://www.5dias.com.py/43130-cambiara-algo

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  5. Macri, con el pie derecho…

    En su primera conferencia de prensa, el flamante presidente electo de los argentinos, el ingeniero Mauricio Macri, habló de las relaciones con los demás países de la región y el mundo.

    Muchos de ellos lo habían llamado por teléfono para congratularlo por su brillante elección. Pese al estrecho margen, finalmente le asiste el plus de haber vencido a toda la parafernalia oficialista en el poder, donde la presidenta que se va, empleó hasta los mínimos resortes intentando asentar a un candidato que por lo menos le asegurara la impunidad.

    Comentando a instancias de la prensa, las conversaciones que tuvo con los presidentes, sus futuros colegas, Macri habló de Chile, Colombia, Uruguay etc., y por supuesto del Paraguay. Lo hizo en los siguientes términos que pese a ser anecdóticos hablan de una “buena onda” inicial entre el presidente Horacio Cartes y él.

    Recordó Macri, textualmente: “Me crucé llamados con el presidente Cartes de Paraguay, al cual también me une una linda relación. Él me vendió a Bobadilla (Aldo) cuando yo era presidente de Boca y él presidente de Libertad”.

    Para abonar más estos indicios de posibles actitudes y acciones conjuntas entre los dos mandatarios, el portal de noticias “Hoy” recordó inmediatamente la visita que el 6 de noviembre del año pasado hizo el entonces alcalde de la ciudad de Buenos Aires, al presidente de la República del Paraguay.

    En la ocasión Macri ya elogió la gestión del HC.

    “Tenemos bastantes coincidencias. Encontré a un presidente que está abierto a hacer crecer su país, generando inversiones”, declaró en esa oportunidad.

    También destacó la importancia del proyecto de la hidrovía y opinó que era necesario resolver los problemas en torno a la Entidad Binacional Yacyretá y Aña Cuá y, principalmente, Corpus.

    Sobre la deuda de EBY dijo que tenía que buscarse el diálogo para solucionar el conflicto.

    Volviendo a la primera conferencia de prensa del futuro presidente argentino, enfocó otro tema que da para el elogio, aunque no tiene nada que ver directamente con nuestro país, aunque si con nuestras convicciones.

    Anunció que en el Mercosur solicitará la aplicación de la “Cláusula Democrática”, al gorila Maduro, por sus constantes violaciones a los derechos humanos y sobre todo a la libertad de prensa en Venezuela.

    Es la misma cláusula que nos habían aplicado injustamente en ocasión de la debacle del sátrapa de Fernando Lugo.

    De hecho, para que sus intenciones queden bien claras, la viuda del principal líder opositor venezolano, estuvo con él en el palco oficial cuando la proclamación de su victoria. Y protagonizó un largo abrazo con un muy complacido nuevo primer mandatario.

    “Es evidente que corresponde que se aplique esa cláusula porque las denuncias son claras, son contundentes, no son un invento”, continuó el mandatario electo en su respuesta.

    En fin. Aparentemente Macri está entrando con el pie derecho en el complejo mundo de la política Latinoamericana. Y resulta entusiasmante que Argentina vuelva a tener el protagonismo de antes. Que haya condiciones para comerciar, que haya equidad en el trato con Paraguay.

    Eso requeriríamos del nuevo presidente argentino en un editorial anterior… Que sea “buen hermano”, en otras palabras. Por lo que se ve, se agrandó la familia.

    http://www.adndigital.com.py/index.php/impreso/editorial-impreso/8829-macri-con-el-pie-derecho

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  6. Argentina vs. Paraguay

    Por Gloria B. Rolón L. –

    Si nos jactamos de ser demócratas, abiertos, pluralistas y respetuosos de la libre determinación de los pueblos (este es el principal argumento esgrimido a la hora de defender al gobierno de Maduro, en Venezuela), entonces estamos igualmente obligados a aplicar el mismo razonamiento lógico para la Argentina, que inaugura, en unos días más, un nuevo gobierno.

    Un gobierno que, para el caso paraguayo en particular, podría mostrarse más favorable a desarrollar agendas bilaterales en común, atendiendo las “buenas relaciones” que mantienen Mauricio Macri (presidente electo argentino) y nuestro jefe de Gobierno, Horacio Cartes.

    El propio Macri, en la primera conferencia de prensa que brindó, ya como presidente electo, aseguró que su gobierno afianzará relaciones con los países de Latinoamérica.

    Y fue allí, precisamente, que tuvo una mención especial y particular para con su par paraguayo. Es que cuando se le preguntó con qué presidentes había hablado ya, Macri, tras mencionar a la presidenta chilena, Michelle Bachelet, y al de Uruguay, Tabaré Vázquez, explicó que si bien no pudo hablar aún: “…tuvimos llamadas cruzadas con Cartes, yo fui presidente de Boca y él de Libertad, por lo que tenemos una linda relación”.

    Indudablemente las condiciones para el Paraguay en su relacionamiento con la Argentina se muestran ahora ideales.

    Y aunque el presidente electo del vecino país insistió en que “hay que afianzar relaciones con Latinoamérica y el mundo”.

    Paraguay debe encontrar la fórmula precisa para abordar pronto y satisfactoriamente con la Argentina temas tan delicados como urgentes, como lo pueden ser el de la migración (se estima que cerca del millón de paraguayos viven en la Argentina) y el pago de la deuda que Yacyretá mantiene con nuestro país por aproximadamente 150 millones de dólares (por la cesión de energía no consumida de la hidroeléctrica). Monto para nada despreciable y que, bien utilizado, puede ser provechoso para el Paraguay.

    De manera que, como ciudadanos y ciudadanas demócratas, saludamos la decisión del vecino país y hacemos votos por que los lazos entre nuestras naciones se estrechen y mejoren sustancialmente.

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