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Sin trabajo y libertad sindical no habrá democracia genuina

Trabajo para todos y cada uno de los paraguayos fue uno de los principales ejes de la campaña electoral que llevó a Horacio Cartes a la Presidencia. Casi a la mitad de su periodo, vemos sin embargo que no solo su promesa aún resta incumplida, sino que el organismo encargado de implementar políticas públicas para generar empleo, el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social, no funciona de manera eficiente para dar cumplimiento a las atribuciones que la ley le asigna. El Gobierno debe asimilar que generar ocupación laboral y garantizar la libertad sindical son absolutamente indispensables para darle contenido a nuestra democracia.

La creación de empleo fue uno de los temas centrales de la campaña política que el entonces candidato presidencial Horacio Cartes desplegó a comienzos del año 2013. Una vez alcanzada la Primera Magistratura, también se comprometió solemne y públicamente a generar trabajo genuino para las paraguayas y los paraguayos.

“Ponderamos la democracia, nos jugamos por la libertad, exigimos justicia para todos, pero, fundamentalmente, tenemos el gran compromiso de hacer que cada uno de los habitantes del Paraguay tenga las mismas oportunidades de trabajo, de educación, de salud y de seguridad. ¡Que haya pan y trabajo en cada hogar paraguayo!”, declaraba Cartes al jurar aquel 13 de agosto de 2013.

En el cumplimiento de esta tarea, una labor primordial le cabe al Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social, que es la instancia administrativa que debe implementar las políticas públicas orientadas a la sustanciación de la promesa presidencial: creación de empleo genuino para todos y cada uno de los que habitan el país.

Desafortunadamente, no se ha visto hasta el momento una tarea eficiente por parte de esa importante secretaría de Estado. De hecho, cuando fue separada por ley del Ministerio de Justicia, estuvo largos meses sin cabeza, en manos de un “encargado de despacho” –Guillermo Sosa– al que después, casi diríamos que por inercia, se lo terminó elevando al cargo ministro de Trabajo.

En efecto, no solo puede decirse que se han creado más bien pocas fuentes de empleo, sino que tampoco se cumplieron las funciones vinculadas con la naturaleza misma del Ministerio, como ser velar por el cumplimiento de la normativa relativa con el pago de los salarios mínimos –cuando menos– las contribuciones a la seguridad social y el resto de los derechos laborales, que la propia Constitución consagra como “irrenunciables”.

La reciente crisis con los empleados despedidos por los propietarios de la Línea 49, deja de manifiesto que el Estado paraguayo aún está lejos de dar cabal cumplimiento al artículo 96 de nuestra Ley Fundamental, según el cual: “Todos los trabajadores públicos y privados tienen derecho a organizarse en sindicatos sin necesidad de autorización previa (…) Para el reconocimiento de un sindicato, bastará con la inscripción del mismo en el órgano administrativo competente”.

Como puede observarse, no se trata tan solo de generar trabajo, sino que ese empleo sea digno, es decir, respetuoso de las normas consagradas en la Constitución y el Código Laboral. Recién cuando estos principios prevalezcan de manera indubitable, podremos decir que nuestros gobernantes dan contenido a la democracia y que el Paraguay es un verdadero “estado social de derecho”, en los términos que lo declara y lo concibe la Ley Fundamental de la República.

http://www.ultimahora.com/sin-trabajo-y-libertad-sindical-no-habra-democracia-genuina-n944757.html

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

2 comentarios en “Sin trabajo y libertad sindical no habrá democracia genuina

  1. El incumplimiento de la ley laboral es un delito contra la sociedad

    El viceministro de Trabajo refirió que, en promedio, la mitad de las empresas fiscalizadas sobre el cumplimiento de las leyes laborales está aplazada, porque no cumple el pago del salario mínimo exigido por la ley laboral. También señaló que hay otras violaciones legales que muestran el escaso cumplimiento de las obligaciones que tienen las empresas con sus trabajadores, que no son ninguna novedad, pero que solo ahora se conocen gracias a la tarea que realiza el Ministerio de Trabajo.
    El funcionario detalló que en lo que va de este año, a raíz de las fiscalizaciones que realiza la cartera estatal, se registraron en las empresas infracciones de diferentes normas del trabajo por más de 14.000 millones de guaraníes, lo que equivale a 7.000 salarios mínimos actuales.
    Obviamente, si tales empleadores no están abonando el salario mínimo legal tampoco están cumpliendo con el pago del aporte obrero patronal al Instituto de Previsión Social y es probable que tampoco lo hagan con el aguinaldo anual y las vacaciones pagas en los términos que establece el Código Laboral.
    También señala el viceministro que las empresas encontradas en falta mayoritariamente son los hoteles, las empresas gastronómicas, el sector de transporte y de servicios de seguridad. Resalta que hasta la actualidad se tienen 22 empresas de seguridad que fueron sancionadas por incumplimiento de las leyes del trabajo.
    Para evaluar la tarea realizada por el ministerio en ese campo, es bueno puntualizar que en el 2015 las multas registradas por las infracciones a dichas normas fueron por 757 millones de guaraníes, que en el 2016 treparon a G. 13.388 millones y que en lo que va de este año ya superaron los 14.000 millones de nuestra moneda.
    Lo que revela el desempeño que está realizando el Ministerio del Trabajo en ese punto y que a medida que se extiende el control se encuentran más casos de incumplimiento laboral de las compañías.
    Es doloroso constatar que en pleno siglo XXI, con todos los avances en las leyes sociales en el mundo entero y el progreso que se ha alcanzado en la información y en el conocimiento de las leyes, en nuestro país estemos todavía viviendo un régimen de semiesclavitud en un 50 por ciento de las firmas controladas, que es un índice revelador del actuar de las patronales.
    Eso demuestra también que en el Paraguay nunca antes las autoridades del área ejercieron un buen control en el área del trabajo y que, por esa culpable omisión, son corresponsables de tamaña irregularidad.
    La constatación del Ministerio del Trabajo indica que un fuerte contingente de entidades empresarias ha hecho un floreciente negocio de la irregularidad y el chantaje a sus trabajadores, así como probablemente esté lucrando también con el incumplimiento de las leyes impositivas y otras obligaciones legales, en el sistema vicioso de la pasión por la ilegalidad.
    Ejemplos hay de sobra de estas prácticas irregulares con cadenas enteras de organizaciones para delinquir, burlando los pagos impositivos a través de tramoyas contables, como ha descubierto por valor de millones de dólares la Subsecretaría de Estado de Tributación en los últimos tiempos.
    Felizmente, esa cultura de la trampa y el afán del “pokarê” están siendo controlados por el Gobierno Nacional para tratar de regularizar esas prácticas mediante el castigo correspondiente y el reencauzamiento hacia la legalidad.
    La sociedad civilizada de nuestro país no puede aceptar bajo ningún concepto, y menos siendo cómplice haciendo la vista gorda, las irregularidades apuntadas.
    Por lo que debe denunciarlas como se hace con los ilícitos y apoyar a las autoridades e instituciones que procuran fiscalizar el cumplimiento de las leyes y poner fin a las anormalidades, aún dentro de sus precariedades.
    Hay que decirlo con todas las letras: el incumplimiento de las leyes laborales no es solamente una transgresión, en el sentido de una violación del orden legal, es sobre todo un robo económico, un fraude, contra la persona del trabajador y sus derechos y, por lo tanto, un delito contra una porción importante de la sociedad.
    El delito, sea cual fuere su índole, no permite medias tintas y no merece otra actitud que el repudio categórico y la consiguiente lucha para su eliminación. A menos que uno quiera formar parte de su lamentable cadena de cómplices como encubridor de la delincuencia.

    http://www.lanacion.com.py/editorial/2017/07/06/el-incumplimiento-de-la-ley-laboral-es-un-delito-contra-la-sociedad/

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    Publicado por jotaefeb | 9 julio, 2017, 10:40 am
  2. Cultura del trabajo
    El trabajo es un valor tan extraordinario que las ciencias, las letras y las artes existen gracias al trabajo y se han ocupado de explorarlo, analizarlo y exaltarlo. Parece lógico que se hayan interesado por él los economistas, pero sorprende constatar que lo investiguen además de los sociólogos y psicólogos, los físicos, neurólogos, filósofos, especialistas de ética y valores, teólogos bíblicos y de pastoral social, médicos de empresa, traumatólogos, abogados, historiadores, políticos, pedagogos, artistas plásticos como Velázquez con cuadros espectaculares sobre las Hilanderas o la Fragua de Vulcano, literatos con obras maestras como “El viejo y el mar” de Hemingway, etc. Hasta los místicos se sumergen y trascienden el sentido del trabajo, cuando proponen ser “contemplativos en la acción” como Ignacio de Loyola.
    Cada cultura asocia el trabajo con algún otro valor. La cultura judía en el libro del Génesis lo asocia con el esfuerzo, “con el sudor de la frente”, la cultura del cristianismo profundo lo asocia como Cristo con la dignidad humana diciendo que “digno es el obrero de su salario”, y con la creatividad, diciendo metafóricamente que “Dios trabaja”; otras culturas lo asocian con obtención de riqueza, con la realización personal, con responsabilidad familiar y social, y así con otros valores. En todas las culturas el trabajo es un derecho humano y un deber existencial, porque el trabajo es condición de supervivencia. Sin trabajo es inútil aspirar al progreso, al bienestar y la calidad de vida.

    La variedad de posibles trabajos y la diversidad frente a su identidad han obligado a filósofos y a responsables de instituciones y organismos internacionales como la OIT, a definir qué es el trabajo.

    Es muy significativo que la OIT, cuando habla del trabajo se refiere al “trabajo decente”, lo identifica con el adjetivo “decente”. El Tesauro de la OIT define el trabajo como “el conjunto de actividades humanas, remuneradas o no, que producen bienes o servicios en una economía, o que satisfacen las necesidades de una comunidad o proveen los medios de sustento necesarios para los individuos. El empleo es definido como “trabajo efectuado a cambio de pago (salario, sueldo, comisiones, propinas, pagos a destajo o pagos en especie)” sin importar la relación de dependencia (si es empleo dependiente-asalariado, o independiente-autoempleo).

    Y trabajo decente es un concepto que busca expresar lo que debería ser, en el mundo globalizado, un buen trabajo o un empleo digno. El trabajo que dignifica y permite el desarrollo de las propias capacidades no es cualquier trabajo; no es decente el trabajo que se realiza sin respeto a los principios y derechos laborales fundamentales, ni el que no permite un ingreso justo y proporcional al esfuerzo realizado, sin discriminación de género o de cualquier otro tipo, ni el que se lleva a cabo sin protección social, ni aquel que excluye el diálogo social y el tripartismo”.

    El trabajo es esencialmente acción transitiva, pasa del trabajador a la persona o elemento de la naturaleza o cosa que es objeto de nuestro trabajo. Los frutos del trabajo no están solamente fuera del trabajador en lo que ha transformado o creado y producido sean bienes, ideas o servicios, están también dentro de él mismo que crece en conocimientos, habilidades, destrezas y experiencias, en constatación de sus fecundidades y de su colaboración con la creación de Dios, contribuyendo al desarrollo de la humanidad y de la naturaleza.

    Por el trabajo se alarga la vida, se embellecen los entornos y se crean vínculos de humanidad y humanización.

    La Word Values Survey ha investigado la escala de valores sociales en varios países. La selección de países ha respondido a criterios en busca de mayor claridad en las posibles conclusiones al comprar unos y otros. Eligieron países ricos y pobres. Paraguay no estuvo incluido. En dicha investigación, el valor “trabajo” aparece en el segundo lugar de valores más apreciados. En primer lugar apareció la familia y en tercer lugar la amistad. Es interesante observar que en los tres países más ricos del mundo: Alemania, Japón y Estados Unidos, el trabajo está en tercer lugar y les anteceden la familia y la amistad…

    ¿Dónde ponemos los paraguayos el valor trabajo? Todos podemos opinar.
    Por Jesús Montero Tirado

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/cultura-del-trabajo-1424753.html

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    Publicado por jotaefeb | 9 noviembre, 2015, 7:49 am

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