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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

El presidente, la palabra y la soberbia destructiva

Las expresiones desacertadas y desubicadas –lastimosamente cada vez más frecuentes– del presidente Horacio Cartes, sobre todo cuando se trata de un discurso improvisado, sin papeles o el famoso telepronter, revelan mucho de lo que es el presidente en la soledad de su cuarto. Responder fría e irrespetuosamente sobre el fallecido durante un cierre de ruta en Canindeyú; acusar de forma ligera y sin argumentos, o adherirse a la “fecha feliz” del cumpleaños del ex dictador Alfredo Stroessner, en tono de broma y sin considerar la historia de dolor y muerte que encierra su figura para miles de paraguayos, exponen a la luz rasgos lamentables y  preocupantes del mandatario.

Soberbia, irresponsabilidad, falta de sensibilidad ante las necesidades de la población, sobre todo de aquella que no comulga con el Partido Colorado; incapacidad para el diálogo, desfachatez, son todos aspectos que surgen a partir de estas declaraciones poco felices y dañinas.

Más allá de que estamos en tiempo electoral, y que en campaña política “todo vale”, la investidura presidencial exige de Horacio Cartes moderación, palabras conciliadoras e inteligentes, respuestas honestas y coherentes. Se trata del máximo cargo político y, por tanto, pretende que quien lo ocupa se ciña al respeto, desechando la vulgaridad y el discurso prebendario, mediocre y sin altura.

Y no hablamos solo de “cuidar una imagen” o de criticar los “sincericidios” –como si ser sincero fuera siempre un acto de suicidio–, sino de entender que las palabras tienen su peso y valor, y que ellas reflejan en gran medida lo que somos. Por tanto, no se trata de disimular las miserias e incapacidades, sino de enfrentarlas para mejorar. Y allí está el gran problema o el gran desafío para el mandatario y sus asesores. En la verdadera política no se busca ocultar lo que se es, sino asumir con espíritu de autocrítica lo que es necesario cambiar.

Es conocida la fama de soberbia del presidente, según allegados y periodistas del entorno; característica que le impide escuchar las sugerencias y recomendaciones; una situación que no puede continuar. Horacio Cartes debe entender que las palabras son algo serio, y que una basta para desencadenar conflictos o construir la paz; abrir heridas o sanarlas, levantar muros o promover la unidad. A él le toca decidir si con ellas buscará ganarse el respeto o convertirse en permanente burla de los medios nacionales e internacionales.

Por Gustavo A. Olmedo B.

http://www.ultimahora.com/el-presidente-la-palabra-y-la-soberbia-destructiva-n944008.html

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

7 comentarios en “El presidente, la palabra y la soberbia destructiva

  1. Gracias al presidente Cartes

    Si solamente los stronistas nostálgicos hubieran hecho el cada vez más escaso y poco ruidoso ñembokapu del inicio del día 3 de noviembre, la fecha hubiera pasado como   ya lo es: sin pena ni gloria.

    Eso hubiera concordado con el paulatino olvido de las barbaridades del Tiranosaurio y el lamentable desconocimiento de lo que fue su gobierno de terror por parte de la mayoría de los jóvenes.

    El que vino a salvar la fecha y a poner de nuevo ante la memoria colectiva la figura del dictador fue el presidente Horacio Cartes, incapaz de frenar su incontinencia verbal.

    Al elogiarlo, no hizo otra cosa que pulsar el disparador de la memoria para recordar que asesinó a 336 compatriotas, ejecutó a 59, apresó a 19.862 personas, torturó a 18.762 y arrojó al exilio a 3.470.

    Esas cifras navegan en las redes sociales, refrescan el recuerdo de los olvidadizos, despiertan preguntas y resucitan los dolores que provocó a nuestro pueblo.

    Stroessner —a través de sus ta’ýra sanguinarios como Montanaro, Coronel o el comisario Cantero, Irrazábal, Cáceres Spelt, Víctor Martínez, Édgar L., “Sapriza”, Grau y Kururu Pire— enterraba vivos a los que decía que eran sus enemigos y eran solo campesinos deseosos de comer cuatro veces al día; pileteaba a los que creía que tenían algo que “cantar”; apresaba por leer Rayuela, de Julio Cortázar, y prohibía que se difundieran en las radios las obras de Méndez Fleitas, correligionario suyo al que traicionó y lo dejó morir en el destierro con la nostalgia atorada en la garganta.

    Dueño no solo de vidas y haciendas, se apoderó hasta de la altura de los ríos en temporadas de creciente e hizo que la rotura de la capa de ozono pasase desapercibida en la información oficial de la Dirección de Meteorología.

    La paz que impuso era la de los sepulcros. El orden, resultado de su siembra de terror.

    Su casta de aduladores incondicionales —los primeros en correr la noche del 2 de febrero de 1989— le rendían pleitesía y, a cambio de su lealtad, les permitía ser un Stroessner’i en sus feudos reproduciendo su autoritarismo.

    Recordar a Stroessner es revivir las negras madrugadas en que la Caperucita alimentaba su vientre para desparramar a sus víctimas en Investigaciones, la Técnica o la Comisaría Séptima.

    Vano será reprochar a Cartes por recordar a su ídolo. No hay mal que por bien no venga.

    Gracias a él vuelven las atrocidades stronianas y la convicción de que la historia paraguaya nunca más debe parir un monstruo como él.

    Mario Rubén Álvarez

    http://www.ultimahora.com/gracias-al-presidente-cartes-n944232.html

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    Publicado por jotaefeb | 7 noviembre, 2015, 6:24 am
  2. Neoestronismo o nuevocartismo

    Más que una reivindicación del estronismo, lo que hizo Cartes en sus últimas intervenciones es una defensa de su propia administración. A falta de explicaciones claras de su proyecto político, sus gestos, sus exabruptos y sus oraciones a medias dicen mucho de sus objetivos, del rumbo al que pretende llevar al país y de cuáles son sus prioridades.

    Volver al estronismo en Paraguay no es posible. Aunque Cartes añore y envidie el control que tenía el dictador de las instituciones pseudodemocráticas de entonces, de cómo manejaba a su partido y a la oposición, en base a persecuciones, exilios y con la ayuda de los medios de prensa amigos o silenciados.

    No existen ahora condiciones objetivas y tampoco él tiene algunas condiciones personales para intentar copiar aquel régimen. Su alternativa podría ser apuntar a un país moderno, más justo y más democrático. Pero, no lo hará.

    Entre el proyecto esbozado por Cartes antes de asumir y al inicio de su gestión y lo que está haciendo efectivamente existen gruesas contradicciones. Aquel planteo de “modernizar” el Partido Colorado y transparentar la administración del Estado quedó en una cuestión de fachada. Pese a los concursos en la administración pública, su asesor ministro Jorge Baruja dejó en claro la instrucción presidencial de darles una “ayudita” a los correligionarios para que sigan siendo privilegiados en la obtención de empleos. Tampoco se ve algún plan de reforma estructural del Estado que heredamos de la dictadura y que se fue agigantando sin control y sin eficiencia en estos últimos años.

    Es llamativo que el presidente acuse a algunos sectores de presuntos atentados o planes de desestabilización mientras él, plantea una división tajante entre quienes son colorados y el resto de los paraguayos.

    “Quiero teñir de rojo el país”. “Este presidente no habla con intendentes que no sean colorados”. Esas frases son un remedo de lo que era el Paraguay del dictador. Pese a sus ganas de imitarlo, la realidad social y política del país y la inexistencia de una ciudadanía pasiva le marcan los límites.

    La reciente huelga de trabajadores del transporte protagonizada, según el ministro de Trabajo, por un “pequeño grupito”, ha semiparalizado la actividad en la Capital, sin que el Gobierno haya tenido la capacidad de respuesta para paliar los perjuicios a la ciudadanía. Por incapacidad, falta de interés o un mal cálculo del escenario.

    La “barrida” de autoridades en la Universidad Nacional de Asunción, obligada por las movilizaciones estudiantiles, afectó sobre todo a referentes del Partido Colorado. Los reclamos de estudiantes secundarios quedan pendientes y son una bomba de tiempo para esta administración. Ni hablar de otros problemas profundos como la distribución de la tierra en Paraguay, algo que no figura en la agenda del presidente ni por asomo.

    En la interna de su partido, la elección municipal obliga a los dirigentes colorados a mostrar una presunta unidad granítica que tiene fecha de caducidad el 15 de noviembre próximo. De lo que vendrá después, nadie está seguro, aunque Cartes piensa que el poder económico y el tener la “lapicera” es decisivo.

    El gobierno procura instalar titulares favorables desde los medios de comunicación comprados por la familia del mandatario quien, en campaña electoral, se dedica a inaugurar calles o rutas asfaltadas.

    Mientra, los estudiantes secundarios y universitarios mantienen sus reclamos, comienza una huelga de médicos de Clínicas, los transportistas siguen en pie de guerra y continúan secuestrados y olvidados el suboficial de policía Edelio Morínigo y el productor Abrahán Fehr. Para el gobierno, es como si no pasara nada de qué preocuparse.

    Por Marcos Cáceres Amarilla

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/neoestronismo-o-nuevocartismo-1423720.html

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    Publicado por jotaefeb | 6 noviembre, 2015, 2:40 pm
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    Publicado por jotaefeb | 6 noviembre, 2015, 2:38 pm
  4. LA FECHA IN-FELIZ DE CARTES

    No hay una sin dos, suele decirse. Pero cuando la cosa se vuelve una retahíla se torna necedad. El presidente Cartes no podía dejar pasar el cumpleaños del dictador Stroessner (3 de noviembre) para hacer gala de su insobornable estupidez y mediocridad. Producto él mismo de los beneficios espurios de los años de terror –y de la corrupción que se incubó y desplegó– se puso a criticar a quienes cuestionan al régimen criminal y enfundó una zoncera, maquillada de primaria ironía, para ensayar un mal hilvanado justificativo. La cúspide de su discurso y que lo pinta de cuerpo entero –como dirían los analistas de la enunciación– fue cuando asumió que ese día era Fecha feliz, la institución a la lambisconería, el arrebato abyecto y la lascibia prebendaria del dictador. El cumpleaños del Rubio. El asesino de quienes luchaban por la democracia. El instaurador de la corrupción como cultura y destrucción en el país.

    Cartes habló de esto, esta semana, en un acto en el Alto Paraná. Muy cerca de Ciudad del Este, otrora Pto. Presidente Stroessner. Allí también enfundó otra triste y célebre frase del mismísimo tirano: El mejor amigo de un colorado, es otro colorado. Expresión con la que se encubrieron cómplicemente todas las barbaridades, el latrocinio, la persecución, las torturas y las muertes bajo el régimen de sangre.

    Y remató con un: Le guste a quien le guste, quiero teñir de rojo la República del Paraguay, con municipios colorados. Clásica expresión con fuerte carga de autoritarismo e irrespetuosa prepotencia; como la que viene imponiéndose desde la época del dictador y del partido que le sirvió de bastón para deshacer la República.

    Pero la cosa no termina allí. En ese mismo acto y antes de tanto exabrupto, Cartes acometió una legitimación del dictador, su dictadura y sus adoradores. Mario Abdo Benítez, hijo de su homónimo, que fuera secretario de Stroessner, y actual presidente del Congreso Nacional, debía pronunciar allí un discurso, pero, según el mandatario: Me dijo, no me voy a aguantar, no me voy a aguantar. Felicidades! (por el 3 de noviembre), y celebró con una sonrisa socarrona.

    Cartes es de esos típicos personajes que, amparados en la petulancia de su riqueza obtenida mediante medios ilegales, según las denuncias de público conocimiento, habla porque tiene boca. Nunca sabe lo que dice. Siempre se desubica. Ignora todo. No le importa hacer el ridículo y, por si todo fuera poco, llega a presidente de la República alquilando un partido (del que Stroessner sigue siendo presidente honorario), para desgracia de la población y sus instituciones.

    La reivindicación de la dictadura y del dictador es el reflejo de su soterrado stronismo. Por algo tiene un canciller (Eladio Loizaga) forjado en las escuelas de la Liga Mundial Anticomunista; y cada vez que puede, defiende al tirano.

    Esta vez, antes que pedir disculpas, se mofó de la memoria.

    Por Miguel H. López

    http://www.ultimahora.com/la-fecha-in-feliz-cartes-n944009.html

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    Publicado por jotaefeb | 6 noviembre, 2015, 2:38 pm
  5. CARTES Y STROESSNER

    Andrés Granje

    Escandalizaron a los demócratas, las declaraciones del mandatario Horacio Cartes en Ciudad del Este, reivindicando la figura del Dictador Alfredo Stroessner y en especial sus obras de gobierno, fue el día en que el Dictador festejaba antaño, su cumpleaños, el 3 de noviembre que en el apogeo de su poder los chupamedias llamaban a este día como fecha feliz.

    Personalmente estas declaraciones no nos extrañaron mucho, no por su acostumbrada incontinencia verbal cuando se dirige a la concurrencia, donde es posible esperar cualquier tipo de exabruptos, sino porque sabíamos de su simpatía por el dictador, después de todo los negocios que le iba a llevar a la opulencia y el poder comenzaron en ese tiempo, creemos que los votantes sabían de esta inclinación y entonces nos parecen cínicas estas reacciones de la gente rasgándose las vestiduras y escandalizándose por las expresiones presidenciales.

    De la misma forma la preocupación que existe en la población al ver la poca sensibilidad social de este gobierno, nos parece ahora ya fuera de lugar, puesto que al elegir a Horacio Cartes, de un perfil eminentemente empresarial, que alquiló al Partido Colorado para llegar a la presidencia de la república, se sabía lo que se podía esperar, hacia donde iba a dirigir sus preocupaciones como gobernante.

    De allí que esta mentada poca sensibilidad social era algo que se veía venir y que no hace más que ratificar que el pueblo paraguayo no sabe votar o al menos no sabe elegir, ya que espera milagros de sus candidatos electos cuando se sabe que es lo que se puede esperar de ellos y hacia donde van a dirigir sus gobiernos.

    Por eso creemos que Cartes no está haciendo nada que no haya sido previsible que hiciera, más allá de algunos postulados generales sobre como erradicar la pobreza o trabajar en el campo de la salud, o en el de la educación, que exponía en sus discursos porque era lo que políticamente convenía en etapa electoral, pero nunca engaño a la población con relación al sesgo que daría a su gobierno, beneficiando a los sectores empresariales dando la espalda a los problemas sociales y menos a los problemas sindicales.

    Si en la tabacalera suya en Hernandarias no se permitía la sindicalización de los empleados y aunque en verdad cuentan los trabajadores de la fábrica pagaba buen salario y el ambiente de trabajo era de muy buen nivel, como Gobbel, el jerarca nazi, cuando escuchaba hablar de cultura sacaba su pistola, igual acontecía con los gerentes del grupo Cartes cuando se hablaba de sindicalismo.

    Entonces el proceder de este gobierno no está alejado de lo que se podía esperar, lo que el pueblo tiene que saber es a discernir qué es lo más conveniente para la ciudadanía en general a la hora de elegir, cuál es el modelo de país que quiere. Por eso esto que parece un exabrupto del Presidente es más bien un sincericidio que muestra su concepción del país, los modelos que le atraen, como el stronismo que le encanta y donde no tiene problemas para expresarse con admiración sobre el mismo.

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    Publicado por jotaefeb | 6 noviembre, 2015, 2:36 pm
  6. Mburuvicha Róga, una seccional colorada
    El 19 de marzo de este año, en una reunión con dirigentes colorados del departamento de Paraguarí, el Presidente de la República se refirió a la residencia oficial de Mburuvicha Róga como Colorado Róga, agregando que él es un “presidente colorado (…) puesto por el Gobierno colorado” (sic) y que nadie le libraría del deber de trabajar por su partido. Lo dijo durante la campaña electoral para llevar a la presidencia de la ANR al diputado Pedro Alliana, cuya candidatura fue definida en un encuentro realizado justamente en la residencia presidencial, como Horacio Cartes recordó en la citada ocasión. Se debe admitir que está cumpliendo con su palabra, pues Mburuvicha Róga se ha vuelto de hecho un “puesto de comando” colorado, de cara a los comicios municipales del próximo 15 de noviembre. Se trata de una vivienda que pertenece al Estado y cuyo mantenimiento corre a cargo de todos los contribuyentes: el Presidente de la República no es su dueño, de modo que comete un abuso al utilizarla para recibir a numerosos candidatos, quizás ávidos de recibir algo más que aliento e instrucciones.

    Esta última suposición se funda en lo que el prominente anfitrión manifestó el último 15 de julio, al celebrar la victoria de sus candidatos en las elecciones internas, en las que también se disputaron las candidaturas para las municipales: “Es la primera vez que no se hace campaña con el dinero del Estado; se hace con el dinero del Presidente de la República”.

    Dejando de lado que implícitamente acusó a los anteriores Presidentes de la República colorados de haber cometido o tolerado el delito de malversación de fondos públicos en campañas electorales, aquí importa señalar que, dada la generosa experiencia recogida, quienes llegaron a ser candidatos gracias al apoyo económico de Horacio Cartes querrían conquistar ahora las Intendencias y las Juntas Municipales con ese mismo apoyo.

    Más allá de la legislación electoral vigente, el problema radica en que la persona que debería ser el presidente de todos los paraguayos actúa como si lo fuera solo de sus correligionarios, degradando así el cargo que ocupa y convirtiendo a los demás en ciudadanos de segunda clase, que deben resignarse a observar cómo una residencia oficial, costeada también por ellos, se convierte en un centro de operaciones colorado.

    El sectarismo que el actual jefe del Poder Ejecutivo exhibe ante los comicios municipales es de larga data. Se remonta por lo menos a la convención de la ANR de noviembre de 2014, cuando aseguró a los delegados que “no van a encontrar un colorado más enérgico en pintar el mapa del Paraguay con intendencias coloradas que este presidente de la República”, expresión que reforzó hace poco más de un mes, en una reunión partidaria hecha en el municipio de Tomás Romero Pereira, al anunciar que pondrá “hasta lo que no tiene” para “aplastar con votos” a los candidatos de la oposición.

    Da la impresión de que Horacio Cartes cree que los comicios venideros serán una suerte de plebiscito acerca de su gestión gubernativa y que, por lo tanto, debe empeñarse en ganarlas por su propio honor, aunque ello implique ignorar normas electorales y éticas. En efecto, en la última alocución referida no tuvo reparos en señalar que “cuando los colorados arremeten, lo hacen con tanta fuerza que aplastan y hasta con transgresiones” (las negritas son nuestras), empleando un vocabulario impropio de un Jefe de Estado. También es presumible que su coloradismo acérrimo responda al “fanatismo de los conversos”, dado que se afilió a la ANR hace solo seis años; se diría que quiere despejar toda duda sobre su fervor republicano, olvidando su condición de presidente de la República, para lanzarse al ruedo como un seccionalero más.

    A la ciudadanía no le interesa cuán colorado sea él, sino que se dedique a cumplir los deberes y ejercer las atribuciones que la Constitución establece, atendiendo el interés general y no solo al de sus correligionarios. Un Jefe de Estado no tiene “la obligación de trabajar” por su partido, sino por su país, para lo cual conviene que se coloque por encima de las contiendas partidarias, respetando la función que ejerce.

    Los vecinos de las 250 localidades deberían elegir a los intendentes y a los concejales municipales considerando su idoneidad, su honradez y su vocación de servicio antes que su carnet partidario. En cambio, el Presidente de la República cree que sus correligionarios deben votar a los candidatos colorados aunque no reúnan ninguno de esos atributos. Para él, lo importante es “pintar el mapa” de colorado, aunque ello acarree, eventualmente, que en muchos lugares continúen el latrocinio –como es el caso de Roberto Cárdenas en Lambaré–, la ineptitud y la pereza con que muchos de sus correligionarios han lastimado al país.

    Resulta chocante, entonces, que el Presidente de la República, que más de una vez habló de modernizar el Paraguay, reitere los viejos vicios de la politiquería criolla. El Jefe de Estado debería elevarse a la altura de su cargo, para ser mucho más que el presidente de facto de un partido. Dar al país un “nuevo rumbo” supone abandonar el sectarismo y dedicar los mayores esfuerzos a promover el bienestar de todos los paraguayos, sin tener en cuenta ni la polca ni el pañuelo. Un estadista no tiene anteojeras partidarias, sino una idea clara de lo que cabe hacer por un país: se esfuerza por realizarla cada día, sin inmiscuirse en contiendas electorales ajenas a sus funciones ni perder el tiempo en tareas propias de un jefe partidario. Hacer de Mburuvicha Róga una seccional colorada implica degradar la investidura otorgada por el pueblo paraguayo, es decir, ofenderlo.

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/mburuvicha-roga-una-seccional-colorada-1423406.html

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    Publicado por jotaefeb | 5 noviembre, 2015, 4:44 am
  7. La amnesia de Cartes

    Al parecer Horacio Cartes sufre de algunos problemas de memoria. O al menos a esa conclusión se puede llegar si se tienen en cuenta los discursos que diera durante los tiempos de campaña y sus alocuciones de los últimos meses.

    Y es que en los días que decidió bajar del mundo empresarial al campo político, Cartes prometía ser “presidente de todos los paraguayos”. Prometía insistentemente que el nuevo rumbo no despreciaría a nadie por colores o afiliación política. Básicamente, afirmaba ser la encarnación de los vientos de cambio para un Partido Colorado carcomido por décadas de prácticas clientelistas y prebendarios.

    Incluso durante los primeros meses de su gobierno siguió insistiendo en este punto, llegando incluso a negarse (supuestamente) a los reclamos de repartija de cargos que hacían los seccionaleros.

    Pero cuando llegaron los tiempos electorales, llegaron también los cambios de discurso. Cartes decidió convertirse en un jefe de campaña a tiempo completo para los candidatos oficialistas y en sus ratos libres se dedica a ser presidente de la República.

    En reiteradas ocasiones ha manifestado su intención de “pintar de rojo” las intendencias de todo el país en las municipales del 15 de noviembre y advirtió que no está dispuesto a recibir a los jefes comunales que sean de otro partido. Según Cartes, el país funciona bien solo gracias a la ANR, la misma que mantuvo en el poder durante casi cuatro décadas al dictador Stroessner y que en 61 años de gobierno ininterrumpido se encargó de convertir a Paraguay en un país sumido en corrupción y prebendarismo.

    No, los colorados no son los únicos culpables; pero tienen un grado importante de responsabilidad y el mismo Cartes lo reconoció en varias oportunidades cuando prometía ser el salvador de esta isla rodeada de tierra.

    Horacio Cartes se olvidó que cuando ganó las elecciones generales de 2013, lo hizo para ser presidente de todo un país y no el hurrero número 1 de los actos proselitistas de su agrupación política.

    Y las promesas de nuevos vientos de la ANR también quedaron en la mismísima nada. Si no, habría que fijarse en cómo se utilizaron bienes públicos y el chantaje durante las últimas internas coloradas, aunque la amnesia parece ser un mal que afecta incluso a los opositores del partid de gobierno. Si no, que lo diga Mario Abdo.

    Poco importaron las promesas de nuevas prácticas cuando fue grabado prometiendo a Perla de Vázquez que enviaría maquinaria pública para realizar obras a fin de conseguir votos.

    Entre las cosas que a Cartes se le borraron de la memoria están los supuestos vínculos con narcotraficantes de varios miembros de su primer anillo. Poco y nada importa a la hora de abrazarlos durante actos oficiales que terminan convertidos en proselitismo burdo. No hay problemas para abrazar a la “Reina del Norte” y a tantos otros.

    Así también, rápido se olvidó Cartes de la admiración que decía tener por los trabajadores de prensa hace apenas algunas semanas, para terminar denostando esta labor y señalando a quienes la realizan de ser holgazanes.

    Mucho más rápido se le olvidaron a Cartes sus vínculos con la evasión de divisas, sus cuentas secretas en Suiza, su repentino enriquecimiento y el contrabando de cigarrillo.

    Habrá que ver si alguien ayuda a Horacio Cartes a recordarle algunos puntos de esta larga lista de cosas que se la han olvidado. O quizás, se lo puedan escribir en algún telepromter que sí funcione, porque Paraguay necesita en el Palacio de López un estadista y no un jefe de campaña.

    por Juan Carlos Lezcano

    http://www.abc.com.py/blogs/a-sangre-fria-130/la-amnesia-de-cartes-2786.html

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    Publicado por jotaefeb | 5 noviembre, 2015, 4:37 am

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