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HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓

Cinismo plástico

Ahórrense el sobreactuado espanto, la falsa inquietud y el descarado cinismo. Jamás a ustedes, operadores de tarjetas de crédito, les importó el consumidor. Regalaron el plástico como caramelo y ofrecieron productos financieros con insospechadas letras chicas jugando con las necesidades del ciudadano.

Ahora tienen el tupé de cacarear por la falta de educación financiera del pueblo. Que muestren cuánto de lo que recaudaron en estos años de cuasi impunidad fue gastado para educar financieramente a sus clientes. No vengan ahora a lamentarse cuando el negocio se les explotó en la cara, y de puros glotones.

Desde que a las empresas privadas les convino canalizar los salarios por los cajeros automáticos, los bancos saturaron con ofertas de tarjetas, giros y sobregiros al desaprensivo trabajador. Y lo hacían con riesgos mínimos, pues técnicamente los salarios pasaron a ser manejados por los bancos. Fíjense la cara de temor con que un trabajador llega hasta el cajero. Es como entrar en una dimensión desconocida en donde cualquier cosa puede pasar con el salario de uno.

Se las dieron de Dios. Apretaban, pero no asfixiaban. En el momento en que te hacían los descuentos más enrevesados –de los cuales por cierto te informaban más mal que bien– que carcomían tus ingresos, te ofrecían una solución en cómodas cuotas a dos o tres años. Y no es porque les inquietaba la salud financiera del trabajador que ofrecían una solución dando pacientes plazos. Es porque a cuotas más extensas, mayor interés.

Llenaron de promociones que encandilaban al consumidor y cuando la morcilla se puso no negra, apenas algo grisácea, le dieron la espalda a la gente. Salieron a decir que se acabaron las promociones. Más infantil, imposible.

El festín de abundancia de efectivo de la última década se les subió a la cabeza. El boom económico hizo que hubiera dinero de sobra y como es menos riesgoso dejar en el banco a intereses irrisorios que hacer inversiones complicadas, los banqueros se frotaron las manos.

Recibieron ese dinero pagando un precio bajísimo y lo pusieron a trabajar, ganando cinco veces más, a tasas cuasi usurarias. En síntesis: clink, caja.

La baja de tasas fue abrupta, desproporcionada y populista. Tal vez. Pero qué opción había. ¿Acudir a un Banco Central que es, por ejemplo, incapaz de ver un multimillonario vaciamiento como el de Ára de Finanzas, y cuyos directivos y funcionarios actúan como si no quisiesen hacer enojar a los banqueros, sus potenciales futuros patrones? ¡Por favor!

Por Arnaldo Alegre

http://www.ultimahora.com/cinismo-plastico-n941705.html

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

6 comentarios en “Cinismo plástico

  1. Educación financiera en las escuelas y colegios de nuestro país

    Por Dr. Juan Carlos Zárate Lázaro

    La educación financiera en nuestro país constituye una de las asignaturas pendientes de relevante importancia que amerita que le podamos dar el justo lugar que le corresponde a la mayor brevedad posible y que pueda ser impartida tanto en las escuelas y colegios públicos y privados en los ciclos primario y medio como materias que formen parte de la malla curricular que permitan a nuestros niños y jóvenes poder “digerirlo” y crear la debida conciencia e importancia a algo que nos atañe a todos en nuestro día a día.

    Estamos viviendo en plena era del consumismo. El marketing cada vez se muestra “más agresivo” dentro de los diversos segmentos empresariales y no empresariales también.

    No los podemos criticar pues es parte de su actividad primaria. Somos nosotros los que desde chiquitos tenemos que ir conociendo en forma gradual pero sostenida los distintos aspectos que hacen relación a los principios básicos que encierran una buena educación financiera.

    Hoy día por ejemplo vemos, leemos y escuchamos con mucha pena, que miles de docentes no cobran un “guaraní partido por la mitad” mensualmente pues se ven enfrentados a descuentos derivados de compras a crédito que pudieron haberlo hecho por necesidad o quizás en “forma compulsiva”.

    Muchos dirán ¿Y qué podemos hacer si ganamos muy poco y el sueldo no nos alcanza para cubrir nuestras necesidades? En parte es verdad, pero tengamos en cuenta que antes, hoy y siempre las necesidades son y serán ilimitadas pero los recursos siempre serán limitados.

    Es por ello que desde niño se los debe ir inculcando en función a la edad de cada uno con ilustraciones gráficas u otros sistemas que les puedan llegar en forma efectiva y que no los olviden, pues dicen que lo “que entra por los ojos” es lo más importante en la vida de los seres humanos.

    Y obviamente ello deber seguir teniendo continuidad dentro del nivel medio en donde los jóvenes y más que los niños deben crear verdadera conciencia de la importancia que reviste una buena educación financiera.

    Siempre solemos leer los hijos “son el reflejo de sus padres” y es verdad en gran medida. ¿Y en cuántos hogares nacemos y crecemos sin que nuestro papá y mamá nos hayan inculcado sobre el buen manejo de nuestras finanzas personales?

    Quizás no porque en su interior no los deseen, sino más bien muchas veces por desconocimiento de los principios básicos que los rigen, y son justamente estas personas adultas las que vemos todos los días que están sobreendeudadas por no haber sabido manejar racionalmente su relación ingresos-egresos y concienciarse debidamente de que no podemos deber más de lo que podemos pagar.

    Hoy día tenemos a varios economistas que se están especializando en esta noble disciplina que es la educación financiera.

    Qué bueno sería que empresas privadas actúen de sponsors y los contraten como parte de su responsabilidad social corporativa y puedan empezar a impartir todo lo que se debe saber acerca de esta disciplina y que los mayores receptores de ello sean los propios educadores, pues mal podrían ellos en caso que el MEC decida incorporarlo como materia necesaria a impartirse en escuelas y colegios, cuando ellos mismos están dando un mal ejemplo a través de sus niveles de sobreendeudamiento.

    “Soñar despierto” es gratis, pero también gratificante, pues qué bueno sería que luego de que nuestros niños y jóvenes empiecen a recibir estas lecciones del manejo de finanzas, ellos mismos puedan ser los portadores de mensajes sanos sobre educación financiera a sus propios padres, quienes de hecho estoy casi seguro se sentirían mucho más sensibilizados si su hijo pequeño se le acerca y le dice “papá, hoy en la escuela nos enseñaron de que no se debe gastar más de lo que se tiene para que las deudas no aumenten y vos puedas ‘volver a sonreír’ y jugar con nosotros todos los fines de semana tranquilo y sin mayores preocupaciones”.

    La educación financiera es algo tan importante en nuestras vidas, que si hasta ahora no le habíamos dado la importancia que se merece, bueno mejor “es tarde que nunca” y así podremos tener niños, jóvenes y padres de familia conscientes de que hay que vivir y gastar en función a lo que nuestros ingresos nos lo permiten, pues todo exceso en la vida es dañino, y mucho más para nosotros que como seres humanos podremos sufrir a consecuencia de todo esto afecciones psicosomáticas, que pudieron haber sido evitadas con mayor sentido de responsabilidad personal y social.

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    Publicado por jotaefeb | 30 junio, 2017, 9:44 am
  2. Alberto y la luz al final del túnel

    Alberto es docente en el sector público, un día le ofrecieron adherirse a una asociación del trabajo. Le dijeron que con ese sistema tendría la facilidad de sacar productos o incluso préstamos sin más requerimiento que firmar un documento, donde habilite a que le hagan el descuento de las cuotas automáticamente de su salario.

    Le pareció fantástica la idea. Inmediatamente, fue y sacó a crédito un televisor plasma que casi duplica su nivel de salario mensual. Jamás preguntó cuánto era la tasa de interés que le iban a cobrar e, incluso, con suerte llevaba la cuenta del plazo que estaría pagando.
    Cada mes, algunos de los comercios adheridos al sistema le llamaban para ofrecer productos de promoción; que en realidad, si él se hubiera tomado el tiempo para comparar precios se habría dado cuenta de que la oferta era incluso superior al costo normal en otras casas del ramo. Pero como trabaja de 12 a 14 horas, no tiene tiempo para esas gestiones. Ese dato, los oferentes lo saben perfectamente.
    Así seguía firmando y retirando los productos. Hasta que llegó un día en que prácticamente el 95% de su salario estaba embargado. Cuando se dio cuenta, la cuestión se había pasado de manos y entró en desesperación.
    Alberto es uno de los miles de funcionarios públicos o privados cautivos de este enorme sistema que factura millones de guaraníes a la sombra.
    Estos establecen tasas, plazos y condiciones excesivas sin ningún tipo de control, es más, hasta el propio Banco Central admitió la semana pasada que hay una laguna legal que les permite obrar con total impunidad.
    Hace dos meses se presentó un proyecto de ley en la Cámara de Diputados que pretende poner cierto freno a los descuentos compulsivos.
    Si se aprueba la ley de libranza, el 25% del salario del trabajador no se podrá tocar, y la empresa, firma u organiza- ción deberá encontrar el meca- nismo para prorratear el pago del saldo restante adeudado.
    También ordenaría que las tasas de interés no sobrepasen el límite máximo –no usurario– que mensualmente establece el Banco Central del Paraguay al sistema financiero. Si una persona es despedida, tampoco se le podrá descontar más del 50% de la indemnización en concepto de su deuda.
    La ley no será la solución a la grave falta de educación financiera de la población; pero quizás a fin de mes para muchos como Alberto, esta sea una luz al final del túnel.

    Por Samuel Acosta

    http://m.ultimahora.com/alberto-y-la-luz-al-final-del-tunel-n991956.html

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    Publicado por jotaefeb | 18 mayo, 2016, 6:20 am
  3. Destruyendo el sistema financiero

    ¿Quién no desea pagar menos por un producto o servicio? Nadie en su sano juicio desea pagar más caro. Sin embargo, para que esto suceda ambos deben ponerse de acuerdo libremente. Solo así se benefician las partes e incluso pueden mejorar sus intercambios.

    El sistema financiero paraguayo, en tal sentido, ha venido dando en los últimos años importantes avances, como se puede apreciar por la inclusión de cada vez más personas de diversos estratos socioeconómicos, a lo que hay que agregar la significativa reducción de los índices de morosidad. Estas evidencias no solo son contundentes, sino también beneficiosas para las familias y pueden seguir mejorando, así como también pueden bajar las tasas de interés.

    En el mercado financiero, aquel acuerdo de partes es una condición necesaria para aumentar su calidad, rendimiento y provecho en beneficio de todos. Reducir las tasas de interés por las tarjetas de crédito, por tanto, no se hace obligando al otro por medio de la fuerza utilizando la ley. La disminución del costo del dinero es una cuestión del mercado que solo se puede dar introduciendo más competencia y con menos burocracia estatal que entorpece la dinámica del ahorro y de la inversión, ya sea aquí en nuestro país o en cualquier otro lugar del mundo.

    En este sentido, no hay recetas mágicas de carácter populista como se ha hecho tratando de forzar la conducta económica de los individuos y las empresas. Tal vez las tasas de interés sean altas para nuestro medio como se afirma con insistencia, pero esto no puede ser corregido mediante una ley que obligue a una de las partes. Si así se procede, se expandirá la demanda de tomadores de crédito por la disminución artificial de las tasas de interés, pero también por otro lado se reducirá fuertemente la oferta compuesta por los bancos y financieras que prestan el servicio a través de las tarjetas.

    Si el retorno del capital prestado se reduce cada vez más y de manera obligatoria hacia el nivel del costo de intermediación, el resultado será que los emisores restringirán sus servicios haciéndolos más caros y con más requisitos que cumplir. Los redactores de esta ley y sus promotores afirman que las tasas de interés son demasiado altas, dándoles el carácter de usura, lo que por supuesto fue inmediatamente bien recibida por gran parte de los clientes que así se beneficiarían con una merma en sus respectivos pagos. Y como dijimos, ¿quién no estaría de acuerdo en pagar menos?

    Sin embargo, este tipo de leyes impulsadas bajo el influjo del populismo cuya característica consiste en obligar a unos a pagar por otros para así tratar de quedar bien sin importar los efectos de las medidas prometidas o aplicadas por ley, conducen a ciertas consecuencias que empiezan a aparecer y no por arte de magia o por la maldad de los banqueros, sino porque la ley está imponiendo a tomar ciertas decisiones debido a que afectan el cálculo empresarial, ya sea estemos hablando de un banco, una financiera, una despensa o un bar.

    Las tasas de interés son exactamente eso, precios por el costo del dinero que requiere de cierto margen de retorno de acuerdo a variables como el riesgo de devolución por parte del cliente, los costos administrativos, a lo que se suman las características de nuestro país caracterizado por un mercado financiero de alto contenido informal. En el afán de bajar las tasas de interés usando la coerción de la ley, también se esta procediendo a destruir lenta, pero sostenidamente al mismo sistema financiero.

    Por Víctor Pavón (*)

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/destruyendo-el-sistema-financiero-1419853.html

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    Publicado por jotaefeb | 25 octubre, 2015, 7:00 am
  4. Urge el buen funcionamiento de las instituciones de control
    La crisis desatada en el sistema financiero a raíz de una ley que pone límites a las tasas de interés de las tarjetas de crédito es el resultado de la combinación de conductas económicas abusivas por parte de las instituciones financieras y las deficiencias del Banco Central del Paraguay (BCP). Ante esta situación el Congreso intervino aprobando una nueva legislación que luego fue promulgada por el Poder Ejecutivo. Esta situación debe preocupar a todas las autoridades económicas teniendo en cuenta los problemas de desconfianza e incertidumbre que se están generando en el mercado financiero.

    La falta de regulación oportuna y eficaz de las tasas de interés cobradas por el financiamiento a través de las tarjetas de crédito se agrega a la tardía reacción del BCP este año para regular también las comisiones bancarias.

    En Paraguay, el consumidor está totalmente desprotegido, ya que ninguna institución gubernamental cumple los roles para las que fueron creadas en este ámbito. Ni el organismo que cumple ese propósito en el Ministerio de Industria y Comercio (MIC), ni la Defensoría del Pueblo –cuyo fin, entre otros, es defender a la ciudadanía de los abusos de cualquier sector, público o privado– se han dedicado a proteger a las personas de los abusos económicos.

    En este caso, el BCP dejó que por un largo periodo las instituciones financieras cobraran tasas de interés a todas luces usurarias y fuera de lo razonable.

    A ello se agregan los excesivos cobros de comisiones bancarias, no siempre justificadas. Solo recientemente esta situación fue subsanada con nuevas regulaciones; sin embargo, los usuarios llevan largos años sufriendo todo tipo de abusos.

    Los supuestos problemas que se generarán, según voceros de las instituciones financieras, sobre todo para quienes cuentan con tarjetas de crédito con bajas líneas de crédito, deben llamar la atención de las autoridades. Si es cierto que este hecho perjudicará a algunos usuarios se hace necesario que se tomen las medidas necesarias para mitigar los efectos negativos.

    Es lamentable que la situación haya llegado al extremo de que haya sido necesaria la intervención del Poder Legislativo por iniciativa propia. La propuesta de regulación debiera haber surgido del BCP, fundamentada en estudios y argumentos contundentes de manera que no haya espacio para la actitud chantajista que asumieron varias de las instituciones privadas en estos últimos días.

    Actualmente ya se está discutiendo una nueva propuesta de ley para ajustar otra vez las tasas de interés. Aquí habrá que congeniar las expectativas de todos los sectores involucrados en el tema, en buscando de un equilibrio para la defensa de sus intereses.

    El abuso cometido contra los usuarios por parte de las instituciones financieras, la desprotección del Estado, la incertidumbre que generan los cambios sucesivos en la normativa, sumados a la desconfianza de la ciudadanía, que ya tiene larga data debido a las crisis financieras de la década de los noventa, ponen límites a la eficacia de cualquier política de inclusión financiera.

    Las instituciones económicas deben cumplir los roles para los que fueron creadas de manera oportuna y eficaz, garantizando el interés general por encima de los intereses particulares y garantizando el buen funcionamiento del mercado.

    http://www.ultimahora.com/urge-el-buen-funcionamiento-las-instituciones-control-n941701.html

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    Publicado por jotaefeb | 25 octubre, 2015, 6:34 am
  5. EL DIFÍCIL EQUILIBRIO ENTRE REGULACIÓN Y AUTORREGULACIÓN

    Los problemas surgidos con la promulgación de la ley que regula a las tarjetas de crédito ha ocupado gran parte de los espacios de los medios de comunicación y de las redes sociales, durante la semana pasada. Una absoluta mayoría festejaba la ley porque castigaba a los bancos, mientras que una pequeña minoría alertaba sobre los inconvenientes económicos que dicha ley acarrearía.

    Por ética –debido a que estoy en el sector bancario– no voy a utilizar este espacio que me concede el diario para opinar sobre lo que pueda mal interpretarse como defensa de intereses personales, y por lo tanto no voy a referirme a esta ley.

    Lo que sí me parece es que esta situación debe servirnos para reflexionar y definir algo mucho más amplio, que es cuánto Estado y cuánta libertad económica queremos tener.

    En este tema, nuestra Constitución Nacional adopta el modelo de la economía social de mercado. Un modelo donde la columna vertebral es el sector privado actuando en un mercado libre, pero subordinando ese actuar al bienestar social de toda la población.

    Este modelo requiere de una gran cooperación entre el Estado, el empresariado y la sociedad civil organizada.

    Este modelo requiere que el Estado y la sociedad civil valoren la importancia de las empresas como generadoras de riquezas, de trabajo y de impuestos y, por lo tanto, sean defensoras de ellas.

    Pero también requiere que las empresas acepten su responsabilidad social y ambiental y se autorregulen por medio de códigos de ética de la empresa o del gremio.

    Lo que está ocurriendo con las tarjetas de crédito nos demuestra lo lejos que el Paraguay se encuentra de una verdadera economía social de mercado.

    En primer lugar, se siente muy fuertemente una actitud hostil de la sociedad civil, del Estado y de los medios de comunicación hacia las empresas exitosas y que ganan dinero, que son las elogiadas en una economía social de mercado.

    En segundo lugar, muchas de estas empresas declaran con gran retórica su responsabilidad social, mientras que por otro lado no tienen a sus empleados en el seguro social, o no respetan las normas ambientales o cometen abusos en los cobros a los clientes.

    En tercer lugar, casi no existe gremio empresarial que fomente la autorregulación de sus miembros y castigue a aquellos que no la cumplen.

    En cuarto lugar, la sociedad civil no se encuentra organizada en asociaciones fuertes de consumidores, que puedan exigir sus derechos a las empresas abusivas.

    Y, por último, el Estado, por ineficiencia o por corrupción, no cumple con su tarea de controlar adecuadamente. Todo esto es pasto fácil para los políticos populistas, que con el aparente deseo de proteger al consumidor promulgan leyes que hacen imposible seguir brindando un servicio, generando desabastecimiento o un mercado negro.

    Siempre que el sector privado no se autorregule, existe el gran riesgo de que esos políticos populistas lo regulen y lo hagan mal, porque generalmente lo hacen a espaldas de los que conocen el tema y sin considerar el alcance real de las decisiones tomadas.

    Esto que está ocurriendo con las tarjetas de crédito es un ejemplo de lo que no debemos hacer si queremos el desarrollo del Paraguay y si queremos hacer realidad la economía social de mercado en nuestro país.

    El sector privado debe autorregularse, la sociedad civil debe organizarse para defender y controlar el cumplimiento de sus derechos y el Estado debe intervenir regulando, buscando el difícil equilibrio de no afectar la actividad de las empresas que generan empleos y pagan impuestos, pero protegiendo el bienestar social de toda la población.

    Cuanto más y mejor autorregulación, menos regulación es necesaria; cuanto más y mejor sociedad civil, menos Estado es necesario; y cuanto menos Estado, tenemos más libertad y más desarrollo… en democracia.

    Por Alberto Acosa Garbarino

    http://www.ultimahora.com/el-dificil-equilibrio-regulacion-y-autorregulacion-n941697.html

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    Publicado por jotaefeb | 25 octubre, 2015, 6:32 am
  6. El celofán de las finanzas

    Por Jorge Benítez Cabral

    ¡Qué película esta la de los intentos de cambios de fichas en el ámbito financiero! Avances y retrocesos, manifestaciones, solicitadas, reuniones de alto nivel, negociaciones de sordos, y al final se echa mano hasta a razones políticas, casi partidarias, para mantener la plaza en calma.

    Pero las cartas oficiales de los cambios ya están echadas, y los sectores afectados buscan oponer las suyas, aunque todavía no al estilo del “al todo o nada”. Hay cierta mesura. Las negociaciones, en unos casos, y las manifestaciones, en otras, han dado sus frutos; a medias, pero nadie quedó sin nada. Parece evidente que el Estado lleva las de ganar, pero no va a ganar todo, por lo menos esta vez.

    En primer lugar están los intereses de las tarjetas de créditos. El impacto de la ley que limita esos intereses ha esparcido muchos detalles en el aire, tanto que hasta los bancos, en algunos casos, han admitido que quizá ha fallado la autorregulación. Se les fue la mano con los intereses, y lo que es peor, el Banco Central actuó con tibieza, casi casi limitándose solamente a ubicar el listón de “intereses no usurarios” a la altura que le marcaba el mercado.

    Así, por supuesto, estaba descartada la usura en el mercado financiero abierto, pues el BCP solo seguía la tendencia. Es decir que el criterio que mes a mes publicaba la autoridad monetaria era totalmente inútil para salvaguardar de alguna forma a los usuarios de un abuso evidente.

    La Ley 5476/15 ha pateado el tablero, y ha pateado mal, porque se fue al otro extremo; la verdad un extremo imposible de cumplir y sostener en el tiempo, pues ha determinado intereses por debajo del 15%. Pero las entidades financieras deben saber que eso que ellas sienten ahora es lo mismo que los usuarios sienten cuando reciben los extractos con intereses efectivos de casi el 54%. No podía ser, no era razonable, pero eran las reglas del juego. La diferencia es que los usuarios no podían hacer nada, sin embargo los banqueros sí tienen la posibilidad de negociar a fin de que las cosas vayan hacia un escenario más realista, y en ese sentido hablan ellos mismos de niveles de alrededor del 30%. Todo indica que habrá un punto medio.

    La cuestión tampoco está fácil en el otro frente de batalla abierto a nivel financiero por el Poder Ejecutivo, en este caso la pulseada con las cooperativas. Es evidente que el Gobierno no solo quiere cobrar el IVA a los actos cooperativos; posiblemente hay preocupaciones más profundas, como la debilidad de los controles oficiales en el sector. Por ahora, el Estado ha cedido seis meses en el plazo para la aplicación del impuesto, muy probablemente para favorecer las negociaciones que ya tiene en marcha con los cooperativistas sobre temas de fondo. Las cooperativas tienen cero de autocrítica y hasta transmiten la idea de que prefieren arruinarse antes que corregir sus actuales deficiencias.

    Sea como sea, son asuntos delicados, y las autoridades y los actores privados deberán tener suficiente tino para no romper el celofán que hoy nos separa de la posibilidad de una discordia financiera mayor que termine afectando a todo el país. Todos los cambios cuestan, pero no tienen por qué costar tanto cuando la necesidad de los mismos es tan evidente.

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    Publicado por jotaefeb | 25 octubre, 2015, 6:03 am

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