CARTES DEBE ASUMIR EN HACIENDA

Roberto Sosa

Un año y medio duró el primer ministro de Hacienda de la era Cartes. Tras la caída de la dictadura de Stroessner se hizo costumbre el cambio permanente de los titulares de esta cartera de Estado, considerada la más importante de la República. Las razones del por qué surgen constantes conflictos con esta institución son sencillas: Maneja las recaudaciones tributarias, así como los demás ingresos del Estado, y decide sobre la priorización de la distribución de ese dinero.

Cambios de ministros ha habido muchos y los motivos han sido diversos, pero un repaso a la historia reciente permite identificar un denominador común. Y, aparentemente, este no escapa a lo que ya conocemos. Germán Rojas presentó renuncia al cargo el pasado 23 de diciembre, sin que la información trascendiera hasta entrado el nuevo año. No es la primera vez que lo hace. El que lo reemplaza, Santiago Peña, tiene a partir de ahora a su cargo asumir una alta responsabilidad en momentos en que el país no está en condiciones de improvisar.

Los allegados a Germán comentan que el ministro se fue cansado de la falta de comunicación fluida con el Presidente de la República y al no encontrar el apoyo irrestricto para aplicar determinadas políticas, como lo exige una cartera como Hacienda. El problema del exministro es que no tenía el peso político propio o algún “ancla” del ámbito político que le permitiera imponer sus ideas ante Horacio Cartes. Cuando pretendía advertir de algunas dificultades o la necesidad de aplicar determinadas medidas, siempre se encontraba con una especie de “muralla” levantada por el primerísimo anillo de HC. Esto erosionaba sus posibilidades de enfrentar los pedidos políticos así como las presiones internas dentro del propio Gabinete.

Una cuestión no menor es que el país carece de un Ministerio de Economía, función que la cumple el ministro de Hacienda al frente del Equipo Económico. Germán fue un buen administrador y como bien lo dijo el propio Presidente, consiguió poner en orden la casa. Durante su gestión las recaudaciones impositivas crecieron de una manera importante. La debilidad de su gestión está en que nunca se erigió como líder de la política económica y su mayor falencia fue la falta del respaldo del Presidente. Dejó de lado un grave problema familiar con la esperanza de hacer un aporte al país, pero llegado un momento se convenció que tanto sacrificio no se correspondía con el apoyo que necesitaba para concretar los planes que tenía.

Existe un claro ejemplo de cómo funcionan las cosas en esa institución y en el país: El caso Dionisio Borda, un hombre apolítico, bien alejado de la derecha colorada. Fue ministro de Hacienda en dos oportunidades. Primero con el gobierno colorado de Nicanor Duarte Frutos, durante dos años, luego en el de centro-izquierda de Fernando Lugo, durante cuatro años.

Cuando asumió Nicanor el país estaba en cesación selectiva de pagos y Borda comandó un Equipo Económico que no solo logró estabilizar la situación, sino puso orden y sentó las bases para el sostenido crecimiento del cual hoy disfrutamos. Ello fue posible porque Nicanor, pese a la “jauría” colorada, lo mantuvo, lo apoyó en los momentos cruciales para hacer los cambios. El proyecto empezó a zozobrar cuando a Nicanor se le metió la idea de la reelección.

En su segunda oportunidad, Borda tomó el mando de Hacienda con Lugo en un nuevo escenario de mucha esperanza por cambios trascendentes esperadas en materia económica. Su gestión fue más modesta y se desaprovechó la coyuntura para acelerar el crecimiento de la economía. Lugo era más errante en sus posturas y decisiones y Borda jamás logró el apoyo que sí había tenido con un gobierno colorado, aunque el hecho parezca hasta contradictorio.

Santiago Peña es un joven sumamente capacitado y con experiencia en el ámbito público; sin embargo necesitará de un equipo que lo apoye para pisar fuerte en la cartera a fin de soportar las presiones y los embates políticos que se avecinan. El gran desafío es administrar un presupuesto deficitario e injusto y lograr el cumplimiento de la promesa del nuevo rumbo con un verdadero cambio en lo económico. Nada podrá lograr si Cartes no lo instala como su hombre de confianza, si no existe una línea de diálogo directa y si no tiene el apoyo irrestricto del Presidente.

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/cartes-debe-asumir-en-hacienda-1323114.html

 

12 comentarios en “CARTES DEBE ASUMIR EN HACIENDA”

  1. Del cajero al visionario

    Héctor Farina Ojeda (*)

    El cambio de mando en el Ministerio de Hacienda, un puesto clave en el equipo de Cartes, nos devuelve a una de las eternas pregun­tas que nos hacemos cuan­do se sustituye a una per­sona por otra: ¿qué tanto puede cambiar la política económica con el cambio de un ministro? A priori, se ve poco probable un cam­bio si consideramos que se cambia una pieza para que siga en funcionamiento la misma estructura. Y sobre todo porque la mirada sigue siendo hacia un ente cajero preocupado por recaudar y no hacia alguna estrategia innovadora que nos dé es­peranzas de que pasaremos de la urgencia por recaudar a la eficiencia en la inversión.

    No es una novedad que uno de los grandes problemas del Paraguay para su despegue económico es, precisamen­te, la carencia de una estra­tegia o un plan visionario que nos lleve a construir la economía que necesitamos. Se administra un Estado so­brecargado, con corrupción e ineficiencia, y no se alcan­za a poner orden para inten­tar ir hacia un destino eco­nómico favorable a todos. Y en este contexto, un hecho notable es la carencia de un Ministerio de Economía que se encargue de planificar, diseñar y ejecutar ideas que ayuden al crecimiento eco­nómico, a la reducción de la pobreza, la generación de empleos y, sobre todo, a sa­ber hacia dónde vamos y qué podemos esperar.

    Somos un país curioso que encabeza su economía con un ministerio que se preocu­pa por recaudar, al mismo tiempo que la informalidad es la que rige en la mayoría de los sectores. Esa misma preocupación que lleva a co­brarles a los yuyeros mien­tras se hace la vista gorda a las enormes ganancias de los sojeros. O la urgencia de re­caudar que no es coherente con los subsidios a sectores privilegiados o el despilfarro alegre de fondos en nombre de necesidades como la edu­cación. Un Estado sobredi­mensionado, desordenado y caótico se lleva la mayor par­te del presupuesto, lo cual no se corrige con recaudar más.

    Aunque la recaudación y la equidad en el pago de im­puestos son una necesidad, Paraguay necesita salir del modelo del cajero que sólo recibe y luego distribuye para mantener todo como está. Nos urge pensar en un Ministerio de Economía que se encargue de establecer la planificación y la estrategia del modelo de país que que­remos construir: ¿uno indus­trializado? ¿uno de servicios? ¿un país para la economía del conocimiento? Lo cier­to es que no se puede seguir con un modelo agropastoril que enriquece a unos pocos y deja en la pobreza a la mayor parte de la población.

    Hay que dejar de vivir en una economía a la deriva que de­pende de los vientos inter­nacionales, del precio de la soja, el mercado de la carne o el régimen de lluvias. Y no sólo hay que pensar en re­caudar más sino en superar el problema de gestión que tiene el país, que hace que incluso las buenas iniciativas y las buenas inversiones ter­minen empantanadas y es­tériles. Orden, planificación y estrategia es lo que necesi­tamos. Eso es lo que diferen­cia a los administradores de turno que sólo buscan que­dar bien, de los visionarios que intentan romper estruc­turas que no funcionan.

    Si el gobierno quiere tener rumbo -no sólo uno nuevo-, hay que marcar claramente el camino que seguiremos como economía, así como las metas perseguidas a corto y largo plazo. Más que por sus recaudaciones, por sus pla­nificaciones e inversiones los conoceremos.

    (*) Periodista y profesor universitario.

    Desde Guadalajara, Jalisco, México.

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  2. DE HACIENDA A ECONOMÍA: EL PENSAMIENTO MAINSTREAN

    Por Dr. Víctor Pavón

    El nuevo ministro de Hacienda, Santiago Peña, estableció importantes directrices relacionadas a su cartera. Resulta gratificante escuchar su desacuerdo en gravar con impuestos la exportación de granos.

    El costo de cualquier tributo se convierte para la producción en un inhibidor económico. Este tipo de impuesto resultará ineficiente y desalentará la inversión y la calidad, dado que desconsidera factores internos como la productividad y externos como los precios que, como se sabe, dependen de los incesantes cambios de la oferta y la demanda internacional.

    Son alentadoras igualmente las expresiones del nuevo ministro en hacer valer la sostenibilidad fiscal. El Presupuesto debe reencauzarse porque a la fecha, por cierto, se ha violado la Ley de Responsabilidad Fiscal que establece un déficit no superior al 1,5 por ciento del producto de cada año.

    Por otra parte, también el ministro dejó en claro una visión diferente: “Me gustaría hacer del Ministerio de Hacienda uno de Economía”, afirmó. Esta visión, lamentablemente, nada de bueno tiene para el país. El ministro se adscribió con su propuesta al pensamiento mainstrean, el ortodoxo o dominante en la actualidad.

    Esta línea de pensamiento considera básicamente que es posible tocar y retocar los mercados mediante la intervención estatal, como si fueran las manecillas de un reloj al que se puede adelantar o atrasar la hora. En efecto, la tesis del multiplicador keynesiano sobre la que se fundamenta el pensamiento mainstrean consiste en que aumentando la demanda se logrará un aumento de la producción y la renta, debido al incremento que realiza la acción gubernamental sobre el consumo, la inversión o el gasto público.

    Esto, no obstante, es una gran trampa. Un ministro de Hacienda convertido en uno de Economía no tendrá otra mejor actividad que la de empezar por tocar las delicadas manecillas del reloj económico. Para lograr su cometido, deberá inexorablemente contar con cada vez más recursos, en un país donde ni siquiera la cantidad ni la calidad del gasto pueden ser auditadas.

    Además, la renta no es la suma del consumo, la inversión y el gasto público, como sostiene el pensamiento mainstrean. El llamado gasto estatal no cae del cielo como el maná, sino que es el resultado de la previa renta de los contribuyentes, lo que significa la suma del consumo y del ahorro, siendo el ahorro lo que precisamente permite la inversión.

    Para muchos será muy atractivo contar con un ministerio de Economía en Paraguay. Sin embargo, no es necesario contar con el mismo. Es un gran mal en cualquier lugar, como se ha probado en tantos otros países que con dichos ministerios soportan las penurias ocasionadas por sus funcionarios que fungen como de directores de música, que con sus batutas pretenden marcar el ritmo de la economía.

    Basta con tener una Hacienda pública honesta, ordenada, sencilla en procedimientos, eficiente, respetuosa de los ciudadanos que pagan sus impuestos; una hacienda que deje en libertad las extraordinarias fuerzas creativas y progresistas de la iniciativa empresarial.

    El pensamiento mainstrean al comienzo aparecerá en escena como algo benigno. Muchos quedarán boquiabiertos por sus cálculos, cifras y gráficos. Pero pronto necesitará alimentar la voracidad del estatal Leviatán, representado por el nuevo ministerio de Economía, con nuevos y más recursos que deberán ser sustraídos, de alguna u otra manera y únicamente, de los bolsillos de los contribuyentes. Paradójicamente, la intención de “administrar” la economía terminará por dar un golpe mortal a la sostenibilidad fiscal que se pretende defender.

    (*) Decano de Currículum UniNorte. Maestría Economía SMC University (Suiza). Autor de los libros “Gobierno, justicia y libre mercado” y “Cartas sobre el liberalismo”

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/de-hacienda-a-economia-el-pensamiento-mainstrean-1326478.html

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  3. Año nuevo con ministro nuevo

    Por Rolando Niella

    En mi experiencia, el Año Nuevo casi nunca trae nada nuevo, salvo la época de vacaciones; pero este 2015 nos ha traído la renuncia de un ministro y la designación de su sucesor en el que es, hoy por hoy, el sector del Poder Ejecutivo más importante en nuestro país, el Ministerio de Hacienda.

    El ministro saliente, Germán Rojas, dio dos explicaciones distintas, aunque no incompatibles, para su renuncia: la tradicional excusa de los “motivos personales” y también afirmó que había “cumplido un ciclo”.

    El ministro entrante, Santiago Peña, anunció que continuaría la línea de su predecesor, pero también anunció medidas que se diferencian mucho de lo que estaba haciendo Rojas; la más notoria es su oposición sobre la ley de prejudicialidad, impulsada por el ministro saliente, pero que Peña considera que perjudica a los que quieren pagar impuestos y no a los evasores.

    Hay varios puntos positivos en la designación de Santiago Peña. En primer lugar, proviene del Banco Central, que en mi opinión es la institución gubernamental que está haciendo mejor su trabajo. A ello hay que sumar que es joven, pero aun así tiene bastante experiencia. No es un dato menor que el nuevo ministro esté afiliado al Partido Liberal, porque demuestra que se lo designó sabiendo de antemano que tendría resistencia de amplios y poderosos sectores del Partido Colorado.

    Dicho sea de paso, la importancia del recambio en Hacienda casi ha hecho pasar desapercibido el nombramiento, como ministro secretario de la Presidencia, de Arnaldo Franco, quien es claramente un hombre de la maquinaria de la ANR, quizás para paliar, al menos en parte, el enojo de los colorados.

    Pero la gran pregunta es si realmente debemos abrigar esperanzas de que las finanzas del país estarán mejor manejadas de aquí en adelante y si finalmente se podrá aprovechar para poner en marcha una política de desarrollo sostenible y duradero el buen momento económico que atraviesa el Paraguay, hasta ahora más por motivos externos, como los buenos precios de la materia prima y la baja sostenida del petróleo, que por mérito propio.

    Mucho me temo que el flamante ministro lo tiene muy difícil, para no decir casi imposible, aun contando, como hace suponer su currículum, con la mejor voluntad y la necesaria capacidad. El escenario del actual Paraguay no da para creer en los milagros.

    Veamos algunos de los obstáculos más notorios:

    Un Congreso que, sin sonrojo y sin vergüenza, incumple la ley de Adecuación Fiscal, que aprobó hace unos meses, confeccionando un presupuesto deficitario, no solo imposible de cumplir sino también difícil de administrar.

    Un gobierno que cede con facilidad a las exigencias de los más diversos sectores, de manera que a estos casi no les cobra impuestos para que no se enojen y a aquellos otros les regala plata para que no cierren carreteras.

    Unos partidos políticos que presionan insistentemente al sistema institucional para colocar cada vez más parientes, amigos y operadores políticos en todas las reparticiones públicas, anulando en la práctica cualquier programa de austeridad estatal y que, en consecuencia, hacen improbable lograr una administración pública saneada.

    En resumidas cuentas, un ambiente político y una maquinaria administrativa que dificultan, obstruyen y con frecuencia impiden por completo llevar adelante cualquier política económica verdadera, cualquier iniciativa de política de Estado, cualquier proyecto de país razonable que intente ocuparse del futuro y no solo del presente inmediato.

    En estas condiciones, además de la voluntad y la capacidad de impulsar una política económica, el nuevo ministro tendrá que hacer gala de una extraordinaria firmeza de carácter, que le permita hacer frente al millar de presiones que inevitablemente se le vendrán encima como un alud.

    Ojalá el ministro Santiago Peña tenga, además de la capacidad y la voluntad, también la fuerza de carácter y el respaldo suficientes para sortear estos obstáculos, que son verdaderas murallas que hasta ahora han mantenido a nuestro país incapacitado para impulsar el desarrollo y hacer frente a la desigualdad social y a la pobreza.

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  4. A PRUEBA LA APTITUD DE PEÑA PARA CONDUCIR LA ECONOMÍA

    El año se inicia con un nuevo ministro de Hacienda. No es cualquier año. Es el segundo completo de gobierno con un Presupuesto propio para cumplir con las promesas electorales, con una ciudadanía que está perdiendo la paciencia por la percepción de falta de resultados y en un año electoral en que los políticos presionarán por una fuerte expansión fiscal para dar lugar a sus tradicionales conductas prebendarias. No será un periodo fácil para el Ministerio de Hacienda, menos aún para sus autoridades y técnicos, que deberán demostrar su fortaleza frente a los embates políticos. Esperemos que el nuevo ministro sea capaz de liderar este proceso en pos del bien común, lejos de intereses particulares y de un partido de Gobierno.

    El año 2015 es el segundo en que este Gobierno cuenta con un Presupuesto realizado en función de su programa de gobierno. El Presupuesto del año 2013 fue en parte elaborado por las autoridades anteriores, por lo que podría suponerse que no respondía cabalmente al plan de gobierno del presidente Horacio Cartes.

    Desde esta perspectiva, la gestión de este año ya no tiene como excusa no contar con los recursos ni mucho menos no tener claro el rumbo a tomar en temas claves para la ciudadanía. El 2015 será estratégico para que el Gobierno de Cartes demuestre a la sociedad su capacidad en el ejercicio del poder y los objetivos del desarrollo. No hay pretextos para no mostrar resultados.

    Pero, por otro lado, la ciudadanía ya empieza a mostrar impaciencia frente a la falta de resultados, lo cual conspira contra una gestión eficiente. Si no hay planes y programas con objetivos claros, y a la hora de negociar el Gobierno termina ofreciendo respuestas coyunturales, que más que contribuir a mejorar la situación, da la sensación de un gran vacío de liderazgo que solo puede desarticular conflictos con soluciones fáciles y populistas.

    El año electoral será un factor negativo que atentará contra cualquier gestión racional. No hay que olvidar que el déficit fiscal que actualmente estamos enfrentando tuvo origen en las expectativas del partido de Gobierno de ese momento –el PLRA– de ganar las elecciones en 2013.

    Ya en el transcurso de la elaboración del Presupuesto 2015, los gobernadores y diputados dieron suficientes muestras de su interés particular por aumentar el gasto en las gobernaciones frente a la proximidad de las elecciones municipales. No hace falta señalar que este interés está sustentado en la cultura clientelista como forma de hacer política y no en una cultura que priorice el interés general y los derechos ciudadanos.

    El flamante ministro de Hacienda, Santiago Peña, deberá enfrentar la demanda ciudadana largamente postergada, frente a la presión de los políticos por expandir el gasto público para satisfacer sus promesas particulares. Todo esto en el marco de fuertes restricciones presupuestarias, peligro de mayor endeudamiento y la negativa de recaudar más impuestos de quienes más se benefician del crecimiento económico.

    Las perspectivas económicas tampoco parecen muy alentadoras, dada la expectativa de disminución de las proyecciones de crecimiento del PIB, tanto a nivel nacional como internacional. Esta situación afectará las recaudaciones tributarias y los ingresos privados, generando mayor presión sobre las finanzas públicas.

    En definitiva, no será un año fácil para el Ministerio de Hacienda. Esperemos que su máxima autoridad sea capaz de enfrentar estos desafíos técnicos y políticos con la solvencia que su alta posición requiere.

    http://www.ultimahora.com/a-prueba-la-aptitud-pena-conducir-la-economia-n862200.html

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  5. VERLO TODO CON MIRADA NUEVA

    El nuevo ministro de Hacienda es, sobre todo, un hombre joven, con excelente curriculum y buenos antecedentes en dos instituciones de grandes dimensiones, el Banco Central del Paraguay y el Fondo Monetario Internacional.

    Pero quizá uno de sus valores más importantes sea el de haber estado hasta ahora relativamente a salvo de contaminaciones de política doméstica gracias a la distancia impuesta por el organismo internacional y por el claustro bastante aséptico del BCP en el que se refugió al retornar al país. Esto le habrá permitido conservar un estilo de análisis y praxis profesional bastante intacto que ahora deberá exponer a un medioambiente visceralmente tóxico como el que le ha tocado vivir a su antecesor.

    Germán Rojas se retiró del ministerio luego de rearmar el descangallado aparato estatal heredado de la gestión Lugo-Franco y se supone –al menos, se supone- que el 2015 será un año relativamente tranquilo en lo financiero, aún con el agujero negro del descalce presupuestario perpetrado por un Congreso al que poco le importa cómo se enjugará el desajuste que introdujo en el PGN vigente.

    Santiago Peña tendrá que acostumbrarse a la barbarie en el gasto público de las oficinas estatales. Con su mente todavía ordenada y disciplinada en el FMI, en donde un licenciado en economía, con al menos 5 años de experiencia laboral y dominio absoluto de inglés puede ganar en Washington el equivalente a unos 27 millones de guaraníes mensuales, podrá comprobar que algo cercano a esa cantidad (20.500.000 guaraníes) gana un director de la Cámara de Diputados con escasa o nula calificación.

    Comprobará que en más de 600 “asesores”, los diputados se farrean anualmente más de 52.000 millones de guaraníes. Irracionalidades por el estilo pueden comprobarse en prácticamente todas las agencias gubernamentales, en donde se inventan permanentemente toda clase de variables semántico-administrativas para seguir cargando indefinidamente los sobres de miles de funcionarios que de tales sólo tienen el nombre, y que en realidad no son sino becarios de políticos y mercaderes de influencias.

    Cuando aterricen en la DGP los primeros planteos presupuestarios correspondientes a 2016, Peña verá allí expuesta bajo luces de reflectores la mano de los políticos hambrientos de poder y de recursos para sus campañas electorales, y que siempre se han servido del Tesoro Público para fines netamente personales o de construcción de poder dentro de la maquinaria del Estado.

    Ojalá el nuevo ministro vea ese patético panorama con ojos nuevos y desprovistos de anteojeras. Y munido del imprescindible herramental de ética administrativa y honestidad personal, empiece el desmontaje de este perverso y alucinante andamiaje montado durante décadas de saqueos inmisericordes del Tesoro Público.

    http://5dias.com.py/37883-verlo-todo-con-mirada-nueva

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  6. SEÑALES CLARAS DE AVANCE HACIA EL “NUEVO RUMBO”

    Si bien, los indicadores económicos señalan que el país tuvo un crecimiento del 4% y que hubo una leve reducción de la pobreza, la sociedad en general todavía está esperando los efectos del prometido nuevo rumbo, que fue la base de la campaña de Horacio Cartes. El presidente de la República sigue teniendo un gran respaldo a nivel de ciudadanía, por los logros en algunos aspectos, como el acceso a la información pública que permitió desenmascarar a unos cuantos sinvergüenzas, especialmente en el Congreso, que venían abusando del dinero público.

    La iniciativa de renovar la Corte Suprema de Justicia también tuvo respaldo ciudadano, aunque en el tramo final tuvo un sabor a derrota del Ejecutivo al no reunir los votos suficientes para destituir a los cuestionados ministros de la máxima instancia judicial. Sin embargo, se espera que en marzo efectivamente se concreten esos cambios, debido a que será muy pesado para los políticos cargar con la defensa de cuestionados personajes que vienen pudriendo la justicia en el país.

    El gobierno de Cartes también sigue aplazándose en materia de seguridad y en el combate al grupo criminal denominado Ejército del Pueblo Paraguayo, que, durante el 2014, perpetró dos secuestros y dejó, en varias ocasiones, en ridículo a la denominada Fuerza de Tarea Conjunta. Al mismo tiempo, el asesinato del periodista Pablo Medina y la joven Antonia Almada, todavía sigue impune y los autores materiales y morales, evidentemente, tuvieron protección de políticos que siempre estuvieron muy cerca de Cartes. Será una prueba de fuego más este año demostrar que su gobierno realmente quiere el saneamiento de la política y las instituciones públicas, en especial, los organismos de seguridad y principalmente la Policía, que siempre aparece ligada a la delincuencia y la corrupción.

    Como se ve, varios factores se presentan para que el 2015 sea un año especialmente complicado para el gobierno de Cartes. Este año se realizan las elecciones municipales y de renovación de autoridades del partido Colorado. Las disputas políticas suelen tener su impacto negativo en la gestión del gobierno, por la puja de intereses. Será el gran desafío para el presidente mantener el apoyo político de su partido y de un sector del PLRA, que le sigue dando sustento y sobre todo de la ciudadanía, que espera resultados concretos en la vida cotidiana, que señalen que el país realmente está caminando hacia el “nuevo rumbo”. – See more at: http://www.vanguardia.com.py/v1/index.php/component/k2/item/26390-se%C3%B1ales-claras-de-avance-hacia-el-%E2%80%9Cnuevo-rumbo%E2%80%9D#sthash.FDYtSj5C.dpuf

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  7. Viejos desafíos para nuevo ministro

    La renuncia del ministro de Hacienda Germán Rojas me permite volver a plantear algunas cuestiones sobre la marcha de la economía: La nación paraguaya ha venido creciendo al compás de las naciones ricas y avanzadas en aquellos rubros exportables que podían asumirse sin muchos cambios, provenientes de afuera y con consecuencias inevitables. Pero tiene necesidades que, para ser afrontadas, requieren esfuerzos adicionales y no tiene ni el conocimiento, ni los capitales para crearlos.

    Había que modificar la situación cuando escribí esto y ahora con más urgencia aún. Porque de lo contrario el progreso pasará y será imposible retomarlo. Pero esa decisión requiere la adopción de medidas adecuadas para tener la oportunidad. No se puede vacilar ni improvisar, hay que hacer lo que es debido.
    Hemos creado una nación retardada, llena de necesidades cada vez más difíciles de enfrentar y con conocimientos despreciables.
    La expansión de la economía tiene enemigos, ni siquiera saben que lo son, y la expansión, la respuesta vital, corre peligro de ser dejada de lado. La búsqueda de la expansión requiere, por ejemplo, una Justicia confiable, un presupuesto equilibrado y previsible, un material humano adecuado y una inclinación tenaz al trabajo.
    Cuatro puntos ausentes, hace mucho tiempo, de nuestra nación. La ausencia de los puntos señalados en nuestro país es agravada por la actividad política, centrada en el apoderamiento del poder para lograr progreso material privado, a costa de cualquier emprendimiento estatal. Tratar de expandir la economía, manteniendo los factores que han impedido hacerlo durante el tiempo pasado será un esfuerzo inútil y vano. Por eso es vital mantener a los viejos políticos apartados del esfuerzo y neutralizados. Si no se logra eso, el país, la nación, retrocederán.
    El objetivo es comprendido, y aprobado por la mayoría nacional, y es preciso defender esa mayoría. Expandir la economía es absolutamente indispensable para lograr el desarrollo del país, que ahora aparece como posible. El país se encuentra en un estado apropiado, salvo los problemas derivados de la tradición política, y hay un gobierno que parece comprender cuál es la salida necesaria.
    La expansión económica es el crecimiento tenaz y continuo de la economía en general, para que las necesidades sean atendidas y solucionadas.
    La expansión económica se logra, únicamente, acoplando las acciones de todos, casi al mismo tiempo. Hay que hacer, desde el gobierno, que la Justicia vuelva a ser honesta y haga cumplir las leyes a todos por igual; que tenga un costo adecuado y un alcance general y dependa de lo que dice la ley.
    Hay que tener una infraestructura adecuada para mover la producción y un sistema impositivo establecido para colaborar con el progreso, sin permitir abusos de ninguna parte. Y hay que eliminar las protecciones indebidas y los privilegios irracionales. Hay que garantizar la libertad de acción de quienes producen y dejarlos trabajar en paz. El Gobierno puede y debe hacerlo. Los gobernados deben hacer lo que saben y crear lo que sea indispensable y útil. Todos a una, para conseguir un progreso armónico y constante.
    La economía no se expande y se forman grupos que se expanden a costa del grupo general. Así, aumenta la pobreza, en determinados lugares y la riqueza en otros, y se vuelve al problema original. Muchas naciones han iniciado el camino de la expansión y luego han permanecido en su posición original o se han agravado a causa de la intención parcial de detener el proceso.
    Las naciones que han continuado el proceso son ricas y las otras, son lamentablemente pobres. En el mundo no hay naciones pobres o ricas, dependiendo de sus posibilidades físicas. Hay naciones pobres o ricas dependiendo de su voluntad de hacer bien las cosas. Las que lo hacen bien, enriquecen, las que lo hacen mal, empobrecen. El Paraguay está en la etapa de elegir.

    Alberto Vargas Peña

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  8. CAMBIO EN HACIENDA

    Se produjo ayer un recambio en un área sumamente importante del Gobierno, el Ministerio de Hacienda, lo que genera muchas expectativas y quizás también algo de incertidumbre.

    Germán Rojas se alejó del cargo poco más de un año después de asumirlo y llega en su reemplazo un joven profesional, Santiago Peña, hasta ahora miembro del Directorio del Banco Central del Paraguay. Si bien la información fue confirmada por el propio presidente de la República, es poco aún lo que se sabe tanto acerca de las motivaciones de Rojas como de los planes de Peña.

    De cualquier manera, un relevo en el timón de las finanzas públicas y, hasta cierto punto, de la economía nacional, es un hecho de la mayor significación que hace necesarias algunas consideraciones. A grandes rasgos es poco lo que de gestión en gestión ha variado en la orientación básica del Ministerio de Hacienda desde hace alrededor de una década.

    De uno a otro ministro cambiaron los énfasis, algunas prioridades, los matices, pero en esencia todos se enfocaron en construir un cimiento que ha resultado clave para alcanzar los índices de crecimiento de los últimos años: estabilidad de los indicadores macroeconómicos, previsibilidad desde el sector público y solvencia técnica en la administración. El orden y la solidez que han caracterizado a la gestión de Hacienda –y que han merecido elogios también a nivel internacional– son recursos que no pueden ser dilapidados.

    Para atraer capitales y asentarlos en el país –con la consecuente generación de puestos de trabajo y formalización de la economía– no basta con la seguridad jurídica establecida en las leyes y normas, sino que es preciso además que la gestión gubernativa mantenga la coherencia y la firmeza y no se deje arrastrar por intereses sectarios o personalistas. Es indispensable, en una palabra, que desarrolle un perfil técnico, más asociado a las grandes políticas de Estado antes que a las disputas partidarias o sectoriales.

    Por esta razón, el cambio en el Ministerio de Hacienda puede ser visto con algún resquemor, considerando que el 2015 es un año electoral y que los recursos públicos suelen ser una herramienta de captación de votos y lealtades del que echan mano políticos de todo el espectro ideológico. A la luz de la historia y de la experiencia en nuestro país, son comprensibles los temores de que la administración fiscal se aparte del camino que venía transitando y se convierta en instrumento de los políticos voraces de siempre.

    Por eso mismo, las primeras declaraciones del flamante ministro de Hacienda son muy positivas y apuntan a calmar estas inquietudes. Peña aseguró que intentará dar un perfil de Ministerio de Economía a la cartera a su cargo. Precisamente, una las deficiencias crónicas de la gestión gubernamental en relación con la economía es la carencia de una herramienta de aplicación de la política económica del Estado y de estrategias de desarrollo en este campo. El Ministerio de Hacienda –básicamente una entidad administradora de ingresos y gastos– está imposibilitado de cumplir a cabalidad con esta misión.

    Existe además una evidente descoordinación entre las diferentes entidades e instituciones que operan sobre las variables económicas, ya que no existe claridad en las funciones ni en las atribuciones. Por ello, la intención –es verdad que apenas esbozada por el funcionario– de sentar las bases para un eventual ministerio de Economía es un acierto que merece ser destacado.

    Es de esperar, en definitiva, que la nueva administración de Hacienda persevere en los aspectos positivos de los antecesores, pero es también deseable que impulse una labor más dinámica, con una visión más integral, para convertirse en una palanca de expansión económica.

    http://www.lanacion.com.py/articulo/188162-cambio-en-hacienda-.html

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  9. Augusto Dos Santos II

    PRESIDENTE-GABINETE: ¿CUÁL ES LA RELACIÓN IDEAL?

    Stroessner, no precisaba de un Jefe de Gabinete. Sus ministros eran altamente autónomos, ejecutivos pero al mismo tiempo ciegamente fieles ; entonces – para entretenerse – implementó la idea de las audiencias diarias. Así mientras gente muy emprendedora de su entorno construía represas y otra gente muy asesina mataba opositores, él hacia algo. No concentraba trabajo, concentraba poder.
    Cual es la relación ideal entre el Presidente y su Gabinete es una vieja discusión.
    La designación del nuevo Ministro de Hacienda trajo al debate en los medios sobre un estilo en el que los Presidentes no tienen contactos regulares con sus ministros sino a través de la Jefatura de Gabinete.
    Esta teoría plantea que el jefe del ejecutivo esté concentrado y atento solamente en asuntos por resolver que sean pre-digeridos por la jefatura de Gabinete.
    Esta buena idea, confronta con la cultura latinoamericana en la que “verlo” al Presidente ofrece: a) seguridad anímica b) solución ejecutiva para sus asuntos y b) esa sonrisa presidencial para nuevas ideas que seduce a los Ministros.
    Sin embargo, este estilo de gestión concentrado podría lograr mayor eficiencia aún cuando desluzca el protagonismo de los Ministros.
    Durante el Gobierno de Lugo, Miguel López Perito, quiso implementar este sistema con la ayuda de Hugo Royg, entonces Ministro de Planificación. Le fue bien solo con Ministros menos influyentes y mal con Secretarios de Estado del porte de Dionicio Borda, quien supo sostener sus números, su relación con el Presidente y su silla hasta el fin. De hecho muchos creen que uno de los que transportó la idea del gabinete concentrado al nuevo gobierno colorado fue Hugo Roig de muy buenas migas con el “primer anillo” actual.
    El Gabinete concentrado es una buena apuesta para un gobierno técnico y disciplinado. A todas luces la principal fortaleza que tiene el reemplazo de PEÑA por ROJAS tiene que ver con la necesidad del Palacio de López de contar con un gerente de sus finanzas que interprete y ejecute, sin incidentar, sus ideas.
    Cartes se aferra a un estilo de gestión, aún contra el canto apocalíptico de sus detractores partidarios, y ello, por lo menos como gesto de carácter, es una fortaleza.

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  10. Ministros liberales

    Enrique Vargas Peña

    Leí ayer en la edición digital de ABC que “El senador colorado Julio César Velázquez criticó al presidente Horacio Cartes por designar a Santiago Peña, de origen liberal, en la titularidad del Ministerio de Hacienda. Incluso, tildó al mandatario de ‘traidor’. El legislador utilizó su red social de Facebook para expresar su molestia por el nombramiento de Peña al frente de la cartera de Hacienda, en reemplazo de Germán Rojas. ‘Se confirma la designación de un nuevo ministro liberal en el gabinete del traidor colorado Horacio Cartes’, indica la primera frase del legislador. Acota, seguidamente: ‘Esto representa una ofensa más a todos lo que hemos luchado para el regreso del Coloradismo al gobierno, pero como se dice no regresamos al poder. Viva el glorioso Partido Colorado (sic)’, aseveró Velázquez”.

    Considero que Julio es uno de los políticos menos veleidosos de nuestra escena política y, por eso, tengo por él el mayor respeto. En general no oculta sus posiciones y tampoco las cambia con la asiduidad con que lo hacen otros políticos, lo cual es bastante raro en nuestra República.

    Sin embargo, en esta cuestión del nombramiento de ministros del Poder Ejecutivo, en la que ha sido particularmente crítico de las designaciones apartidarias del presidente Horacio Cartes, creo que Julio tiene una posición arcaica que, a mi modo de ver, debería ser superada.

    La administración de Horacio es, a todos los efectos prácticos y políticos, una que expresa al electorado de la Asociación Nacional Republicana (ANR, Partido Colorado) pero no únicamente a ese electorado: Un porcentaje importante de ciudadanos no colorados votó por las candidaturas lideradas por el presidente.

    Incluso esa convocatoria a sectores independientes fue parte de la propuesta electoral colorada y tuvo éxito, por lo cual Horacio fue elegido y con una sólida mayoría legislativa, además.

    Una de las razones principales por las que Horacio obtuvo ese amplio apoyo electoral fue la promesa que el ahora presidente hizo de que administraría la República para todos los paraguayos y con el concurso de los que considerara mejores.

    Eso es lo que la gente espera. Que la administración pública sea integrada por los mejores, desde los puestos del gabinete ministerial a elección del presidente de la República, hasta el último barrendero que ganó en un concurso de méritos el puesto de barrendero por ser el mejor barrendero compitiendo por él.

    Para determinar quiénes son los “mejores” en un equipo como el gabinete, que debe ser integrado a plena confianza del presidente y no por concurso, es necesario definir objetivamente los méritos para integrar ese equipo.

    El primero y principal, absoluta lealtad y compromiso con el presidente y con nadie más. El gabinete es, en las repúblicas presidencialistas, un equipo de secretarios del presidente y nada más. Lo que hace o deja de hacer, lo hace o deja de hacer bajo exclusiva responsabilidad del presidente.

    Esto excluye claramente a quienes tienen como primer compromiso y primera lealtad a un partido político, a líderes religiosos o a intereses económicos particulares.

    Recién luego viene la capacidad, y la opción por la capacidad la determina el mismo presidente según quiera altos rendimientos o prefiera la conformidad de algún sector.

    Si elige conformar a algún sector, sacrifica la capacidad y si elige la capacidad, corre el riesgo de dejar inconforme a alguien como Julio quien aparentemente cree que el partido debe dirigir el gabinete.

    Uno puede criticar las designaciones realizadas por Horacio para el gabinete, algunas de ellas no fueron afortunadas, pero creo que nadie podrá negar que, en el segundo criterio, optó generalmente por preferir la capacidad, al menos la capacidad formalmente proyectada por los currículos de los elegidos.

    A veces, Horacio prefiere gente capaz a militantes y creo que lo hace, reitero, porque los militantes son más leales al partido que al presidente.

    No entro a considerar acá el tema del papel que en el entorno de Horacio juegan los ex gerentes y gerentes de sus empresas. Con quién trabajará más íntimamente es también, en nuestra Constitución, una facultad discrecional del presidente pues solamente él es responsable de los resultados que obtenga su administración.

    Esto podrá o no disgustar a algunos, pero estas son nuestras reglas de juego y, para la cuestión que trato de explicar, es irrelevante.

    En consecuencia de todo lo anterior, el nombramiento del liberal Santiago Peña como ministro de Hacienda no es traición en absoluto, más aún considerando que Peña no es militante.

    El curriculum de Santiago es sobresaliente por donde se lo mire aunque, obviamente, esto no garantiza que tenga el carácter requerido para soportar todas las presiones prebendarias que aparecen en un año electoral que se financian con dinero público. Germán Rojas lo tenía, incluso para discutir con el presidente, lo que no quiere decir que no fuera leal a él.

    La idea que Julio Velázquez reivindica, y aclaro que es una idea ampliamente difundida entre nuestros políticos, es la del partido hegemónico para el que los triunfos electorales no son más que modos diversos de apoderarse de la cosa pública de modo excluyente.

    No es una idea que se desarrolle bien en democracias plenas, donde la cosa pública pertenece a todos los ciudadanos y quienes la administran son solamente empleados temporales y pasajeros. De hecho, los partidos hegemónicos han terminado siempre destruyendo la democracia.

    No estoy diciendo con esto que Horacio no está tentando a ensayar una vía semejante, de hecho lo estoy criticando por eso; lo que digo es que la crítica de Julio al presidente es más radical, menos sofisticada, que el objetivo que impulsa a Horacio.

    Espero que los paraguayos no terminemos prisioneros de una disyuntiva semejante, sino que podamos ver que en democracia no puede haber hegemonías excluyentes y que no aceptemos ninguna variable de ellas.

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  11. Recuperar la memoria de lo público

    Por Benjamín Fernández Bogado –

    Parafraseando a la publicidad de una compañía de celulares, podría comenzar diciendo que “cada persona es un mundo en el otro, con el otro y para el otro”.

    No hay mundos solitarios por más que nos empeñemos tozudamente en sustituir al otro por la conversación en tiempo real, pero… sin espacio real con cientos de otros.

    Vivimos en comunidad o por qué creen que Facebook a pesar de ser el canto de individualismo, la vanidad y las apariencias es únicamente una “red social”.

    Nos gusta vivir en comunidad aunque nos empeñemos en que parezca lo contrario, tanto que un joven americano me comentaba que había ido a una fiesta de fin de año en Villarrica donde sus contemporáneos ¡bailaban con un celular y no con otro ser humano!

    Eran decenas de zombis sacándose fotos de su soledad cuando alrededor sus coetáneos hacían lo mismo comentando “lo felices que eran en la fiesta!”.

    El baile a solas con el celular fotografiando o filmando toda una metáfora nueva para algún filme de González Irraritu. Vivimos juntos, pero… simulamos valernos solos y la vida real no es así.

    Hay que recuperar lo colectivo. Eso que nos empuja hacia objetivos comunes, nos multiplica en acciones que mueven a un país hacia un objetivo de conveniencia común.

    Lo hicimos cuando nos convocó el clarín de las batallas a defender la heredad amenazada; luego, cuando todo acabó, volvimos a lo mismo, al punto que el héroe de Campo Vía, el coronel Rafael Franco, derrocó vía golpe de Estado al presidente y el general victoriosos de la Guerra del Chaco a quienes, además… envió al exilio.

    Somos unos incompetentes en la paz los paraguayos, bravos en las guerras pero inútiles y egoístas en los tiempos pacíficos de nuestra historia.

    Nos falta ser más prácticos en cuestiones de conveniencia colectiva.

    Y hago algunas preguntas: ¿por qué el Ministerio de Educación paga anualmente en alquileres casi el doble de lo que cuesta construir una torre de edificio donde quepan todos? O, ¿por qué el funcionariado público paga anualmente millonarios seguros médicos cuando el Ministerio de Salud hubiera podido con esos recursos construir o acondicionar nosocomios modernos, dar un excelente servicio y mantener un nivel de calidad del primer mundo para todos?

    Nos empeñamos en que el mundo sea solo del Gobierno de ocasión y que los mismos beneficiados de siempre se empeñen en trasquilar lo colectivo. Imposible de argumentar que los millonarios de Itaipú paguen un servicio de transporte de más de cinco millones de dólares anuales a sus funcionarios que viven a 10 kilómetros del lugar de trabajo cuando los salarios de los mismos no bajan de 50 millones de guaraníes mensuales.

    Estamos mostrando signos de enfermedad que pueden generar radicalizaciones de un pueblo manso y sometido por años de haber soportado que lo público era solo la extensión patrimonial de lo privado y eso sin importar si la cabeza fuera un millonario o un obispo.

    Todos por igual han hecho del Paraguay un coto de caza privado donde el destino y el futuro se han vuelto trofeos individuales de una riqueza mal habida.

    Es tiempo de recuperar el accionar colectivo poniendo los sueños de todos por delante del egoísmo de unos pocos.

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  12. ¿Hacia dónde va la política fiscal?

    Por César Barreto Otazú (*)

    En los últimos días del 2014, el Ministerio de Hacienda nos sorprendió a todos con las cifras de déficit fiscal con las cuales estiman cerrar las cuentas del Gobierno Central en el año que acaba de terminar.

    Según el viceministro de Administración Financiera, el déficit estaría cerrando en alrededor de G. 3,2 billones, un 2,4% del PIB, o sea, un poco más de USD 700 millones de déficit fiscal.

    La sorpresa es por dos razones.

    Por un lado, desde la aprobación del presupuesto del 2014 hasta hace menos de un mes, las distintas autoridades del Ministerio de Hacienda y del Banco Central del Paraguay estimaban que el déficit fiscal estaría en alrededor 1,7% del PIB y que estaban haciendo esfuerzos por contener el gasto público.

    Por otro lado, sorprende porque es una indicación de que las finanzas públicas están a la deriva y ya no responden a una política de transparencia y responsabilidad fiscal como durante toda la década anterior.

    Antes de asumir el Gobierno actual, con fuertes críticas al gobierno de Federico Franco por haber dejado sin fondos el Tesoro Público, el equipo de transición había manifestado que uno de los objetivos era recuperar el equilibrio fiscal.

    En los primeros meses de gestión, al apoyar la aprobación de la Ley de Responsabilidad Fiscal, manifestaron que respetarían los límites fijados en esta Ley, un déficit fiscal máximo del 1,5% del PIB y una contención de los gastos corrientes del Estado.

    Con las cifras de déficit fiscal del 2014 y el presupuesto aprobado para el 2015 ya no aplica ni uno ni otro escenario. No hay política fiscal en el país.

    La Ley de Responsabilidad Fiscal fue una linda ilusión para quienes veíamos en ella un instrumento de institucionalización de una política fiscal responsable. Por lo visto es mucho pedir para nuestra cultura política y tengo que reconocer a aquellos que veían con incredulidad su aplicación, que estaban en lo cierto.

    De esta manera, está avanzando dentro del Gobierno lo que defino como un populismo de derecha, entendido como una política de gasto público insostenible en el tiempo, financiado con un masivo endeudamiento del Estado con la intención de mantener un crecimiento económico elevado.

    En este escenario, no existe política fiscal y el déficit está supeditado a la ejecución del gasto que realicen las entidades públicas dentro del presupuesto anual.

    Por estas razones, nuestra estimación para los próximos años es de un déficit fiscal creciente y la deuda pública se aproximará a niveles de USD 12.000 millones hacia el 2020, cerca del 30% del PIB.

    Estos ciclos de endeudamiento público y la expansión económica resultante no son permanentes. Este ciclo terminará cuando el mercado internacional ya no esté dispuesto a seguir comprando bonos, preocupados por el nivel de endeudamiento y la capacidad de pago.

    Típicamente terminan en una crisis fiscal que requiere un ajuste muy importante, aumentos en los impuestos, recortes del gasto público, recesión, estancamiento económico y desempleo en los años siguientes.

    El panorama fiscal no es alentador, especialmente, luego de una década de gestión económica ordenada, casi ejemplar en el contexto internacional.

    Ojalá las autoridades del Gobierno recuperen la sensatez y corrijan los rumbos hacia una política fiscal responsable. En este sentido, el Gobierno ha nombrado un nuevo ministro de Hacienda, de perfil técnico. Aunque leves, tengo esperanzas.

    (*) Economista de Desarrollo en Democracia (Dende). Ex ministro de Hacienda.

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