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Historias minúsculas

En la cárcel más hacinada de Paraguay queda poco lugar para la Navidad

En los densos pasillos y patios de la cárcel de Tacumbú en Asunción, que alberga a tres veces más presos de los 1,500 que debería, solo unos pocos olvidan la falta de higiene, camas o celdas dignas y celebran con un asado las calurosas fiestas navideñas.

Media tarde, más de cuarenta grados de temperatura a pleno sol. Cuatro internos en uno de los concurridos patios del penal de Tacumbú en la capital de Paraguay estiran con todas sus fuerzas de las patas a un enorme cerdo a punto para asar.

Es Nochebuena, pero no lo parece. Las mugrientas paredes del presidio no albergan adorno navideño alguno, solo la fila extraordinariamente grande de familias despidiéndose del horario de visita indica que no es un día cualquiera.

Muchas mujeres con sus hijos, con regalos o ropa se han quedado fuera, sin ver a los suyos. Se quejan a voz en grito desde la puerta principal porque el horario es demasiado ajustado.

De nuevo en el patio, una treintena de presos juega al billar mientras observa a los expeditos asadores. Un guardia penitenciario se acerca al grupo, que ya despliega las patas del animal, y les hace un comentario socarrón en idioma guaraní.

Todos se ríen y uno de los cocineros, cuchillo en mano, dice en español: “Es un día más, pero algo hay que hacer”.

“Acá celebra el que puede. Cada uno celebra en la medida de sus posibilidades, pero somos todos hermanos”, afirma blandiendo una pequeña biblia de tapas verdes Salvador Oporto, de 51 años, que espera poder probar el pollo al horno que la ONG Cenando con Jesús repartirá más tarde.

“Es un día normal”, dice Nelson Sosa, apoyado en la barra de una improvisada cantina, de las muchas que pueblan el interior del presidio, un negocio que a algunos pocos presos les permite una calidad de vida mejor que al resto.

El pastor Pekos Sandoval lleva una década trayendo comida a Tacumbú en Nochebuena para los más desfavorecidos del centro, los llamados “pasilleros”, los que duermen y habitan en los corredores y patios, donde a falta de techo se abrigan día y noche con dosis de crack a unos 3.500 guaraníes, algo menos que un dólar.

Sandoval, con voluntarios de dentro y fuera del presidio, acompañado de la ONG Stop Violencia, repartió estos días miles de cenas de pollo y arroz “para que nadie se quede sin Navidad”.

El director de Institutos Penales, Francisco Quiñónez, dependiente del Ministerio de Justicia que recientemente anunció una necesaria reforma penitenciaria, dijo hoy a Efe que unos 55 guardias custodian a los aproximadamente 3.850 internos.

“Somos unos 40 para dos turnos y tengo que mandar a algunos a hacer de custodios al hospital”, dijo sin embargo uno de los jefes de guardia del centro, mientras controlaba el reparto de comida a los “pasilleros” entre expresiones de fervor religioso.

Un enorme pabellón de dos alturas y techo de chapa que alguna vez fue diáfano, antes de llenarse de pequeños bares con estructuras de madera y ladrillo visto, alberga una pequeña cancha de voley y a un grupo de religiosos en pleno rezo.

Eder, de 26 años, atrapado por portar un kilo de cocaína, se seca el sudor tras jugar un rato a una combinación de fútbol y voley y apura un tereré (agua fría con mate) que le pasa un compañero.

“Aquí todos los días son iguales. Excepto cuando llueve y se inunda el pabellón”, dice, y pide que le retraten con sus amigos.

Julian Arecos, preso desde hace dos años y medio, fue de los pocos que compartió el día con su familia.

Agradecido porque pudieran entrar a verle por Navidad, pero “dolido” al ver marcharse a sus hijos, asegura que, como los años anteriores, “sentimentalmente” está con ellos.

Cae la noche, el gran cerdo sin cabeza ya está estirado en las brasas hace rato, los cocineros y sus amigos se relamen y se frotan las manos. Para algunos sí hay un festín por Navidad.

El resto de reos miran la pieza, intuyen el placer, pero saben que no lo probarán.

SANTI CARNERI

EFE

Asuncion —

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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10 comentarios en “En la cárcel más hacinada de Paraguay queda poco lugar para la Navidad

  1. Vaciemos las cárceles

    En los últimos cinco años prácticamente se duplicó la cantidad de personas presas en las cárceles de Paraguay. Hay que tener en cuenta que durante seis años, de 2004 al 2010, la cifra se mantuvo oscilando alrededor de 6.100 reclusos. ¿Qué factores motivaron que el número se dispare a partir del 2010 y ahora tengamos más de 12.400 internos en las 16 cárceles del país? ¿Por qué en este periodo? Es un fenómeno que, sin dudas, deberá ser estudiado y explicado por instituciones y expertos en la materia.

    Algunas cuestiones que fomentan ese crecimiento desmesurado de la población penitenciaria, no obstante, son bastante fáciles de reconocer. El uso exagerado de la figura de prisión preventiva es uno de estos elementos. Casi el 78 por ciento de los reclusos en Paraguay no tienen condenas y, consecuentemente, son inocentes hasta que se pruebe lo contrario. El caso de Moria Casán es un claro ejemplo de esa política de mano dura que tiene como objetivo primordial encerrar a los procesados, a pesar de que no existan motivos fundados para ello.

    Ante los sectores que defienden el encarcelamiento masivo de las personas como medida de seguridad ciudadana para prevenir otros delitos, el miembro de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, James Cavallaro es tajante: “La idea de que una mayor utilización de la prisión preventiva es una vía de solución al delito y a la violencia es una falacia muy común en las Américas. No hay evidencia empírica para apoyar esa falacia”. Este es otro punto clave: el aumento de la población penitenciaria es un problema mundial.

    A esto hay que sumar el problema del microtráfico y el crac, que consume bajo el silencio cómplice del poder a miles y miles de chicos cada vez más sumidos en las calles, en sus latas, en la desesperanza.

    El sistema penitenciario es uno de los mejores ejemplos de los problemas estructurales que nos aquejan como sociedad y Estado. Ya no podemos hablar de bomba de tiempo si las cárceles están rebosando de hombres y mujeres abandonados a su suerte con una única consigna: sobrevivir. La bomba ahora está explotando en nuestras manos y esperar que una ministra de Justicia o un gobierno arreglen por sí solos un sistema quebrado simplemente parece iluso. Los 12.400 presos en Paraguay nos interpelan diariamente desde sus celdas a dejar de proyectar la construcción de más cárceles para empezar a pensar en cómo vaciarlas.

    Por Fernando Boccia Torres

    http://www.ultimahora.com/vaciemos-las-carceles-n953848.html

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    Publicado por Anónimo | 23 diciembre, 2015, 6:50 am
  2. JACARE PO

    El conocido asaltante Nelson Gustavo López, alias “Yacaré Po”, falleció en la tarde de este lunes tras haber estado internado de gravedad en el Centro de Emergencias Médicas desde el pasado viernes. El hombre ya tenía muerte cerebral clínica. El deceso de López se produjo pasadas las 18: 00 horas, confirmó al diario  ABC Color el doctor Luis Carlos Báez, vicedirector del Centro de Emergencias Médicas (CEM) De esa forma muere uno de los más buscados criminales de los últimos tiempos sindicado como el responsable de la mayoría de los  asaltos a mano armada realizados en nuestro país, junto a una banda que según la policía es de las más numerosa y que se repartían integrantes de acuerdo a los ataques que tenían como blanco, sin  embargo López integraba casi todos los ataques seguramente por su gran ferocidad y crueldad.

    El tristemente célebre, a pesar de su juventud, tenía solamente 23 años, gracias a la tecnología los visores electrónicos que  graban  lo que sucede en la vía publica, documentaron  los  ataques de esta banda y permitían observar la ferocidad sin límites con que actuaban los videos eran rescatados por la policía y difundidos por los medios de comunicación mostraba siempre  la saña y ferocidad con que actuaba el personaje que disparaba primero y hablaba después si hablaba. Con esta muerte la sociedad puede descansar del azote que significaba el accionar de este criminal y la detención de otros integrantes de la banda, muestra también como estos grupos  criminales están equipados y el grado de violencia que imprimía a todos sus golpes atacando sin preocuparse por las trágicas consecuencias que su accionar provocaban en la indefensa población.

    Es impresionante como el crimen se integró en la región, en esta gavilla se contaba con el brasileño que murió en su guarida luego de ser mal herido en una refriega con custodios de un banco, conocido como Negrao, la integración del Mercosur se da con mayor facilidad entre estos malvivientes que entre las naciones. Es más se habla de las conexiones que existen entre los grupos mafiosos brasileños, paraguayos y argentinos en el negocio del narcotráfico y todas sus derivaciones en delitos conexos entre los mas lucrativos están el robo de vehículos y el contrabando de armamentos,  sin desechar  los asaltos a camiones transportadores de caudales y el delito que está de moda en los últimos tiempos, el robo  a cajeros automáticos, con explosivos, del cual Jacaré Po era un especialista.

    Los últimos sucesos mostraron a una policía más atenta, que reaccionó  de manera eficaz, de la misma forma que los custodios de empresas privadas enfrentaron a los asaltantes, lo que antes no acontecía  que ojala sea el proceder siempre para desalentar cualquier intento criminal, más ahora que se acerca las fiestas de fin de año, tiempo en donde arrecian estos asaltos. La policía también necesita perfeccionar los métodos preventivo para evitar la comisión de delitos, en ese sentido es importante el trabajo de inteligencia que deben hacer para cortar antes que se ponga en marcha la maquinaria delictiva estos ataques a los bienes materiales de la ciudadanía, lo que también pone en peligro la vida de las personas, ojala que el triste fin  de “Jacare po”, quien murió en su ley sirva de lección a los jóvenes para no emularlo, ya que el crimen nunca deja dividendos.

    Andrés Granje

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    Publicado por Anónimo | 26 noviembre, 2015, 4:39 am
  3. El Estado “se defiende”

    En una entrevista, el director de Institutos Penales, hace un par de días atrás, informó que en la cárcel de Tacumbú se encuentran cerca de 4.000 personas privadas de su libertad. De esta cifra, el 80 % en carácter de procesados y el 20 % como condenados.

    Describir la situación de hacinamiento, promiscuidad y degradación en que se encuentran los reclusos, debido a la falta de infraestructura adecuada para atender las necesidades de la población carcelaria, resulta innecesario, ya que es harto sabido que el principal reclusorio del país es poco menos que un depósito humano. La antesala del infierno, o quizás el infierno mismo.

    A quien se aplica la prisión preventiva, aun cuando no ha sido declarado culpable mediante una Sentencia Judicial firme, se somete al cruel castigo que representa privarlo de su libertad, en condiciones infrahumanas, sin que el Estado asuma ningún tipo de responsabilidad frente a ello.

    La desidia, incapacidad, e indolencia de las anteriores y actuales autoridades para enfrentar el problema carcelero, han convertido nuestra Constitución Nacional en una suerte de “catálogo de expresión de deseos” y del mismo modo, catálogo de violaciones permanentes y constantes.

    Que el Art. 5 de la Constitución establezca que “…Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes…”, pareciera que a ningún funcionario importa. Tampoco importa a Fiscales y Jueces que tienen a su cargo la responsabilidad de aplicar las leyes penales de modo armónico con el ordenamiento constitucional.

    Les importa menos que el Art. 21 de la misma ley fundamental establezca que “…Las personas privadas de su libertad serán recluidas en establecimientos adecuados, evitando la promiscuidad de sexos. Los menores no serán recluidos con personas mayores de edad. La reclusión de personas detenidas se hará en lugares diferentes a los destinados para los que purguen condena…”.

    El nivel de importancia que dan al problema carcelario, es el resultado de una sumatoria de factores de carácter cultural y económico, aunque el elemento “corrupción”, tampoco está ausente.

    El extendido criterio de que sospechosos, procesados o enjuiciados son culpables, y que la cárcel debe ser la primera (y única) respuesta del Estado, es compartido por una parte importante de la sociedad, pero lo peor de todo, es que en la práctica este criterio es aplicado por jueces y responsables del Ministerio Público, que – debe reconocerse – tienen una habilidad impresionante para encontrar “razones” (excusas) para disponer la reclusión de personas procesadas, y mantenerlas en ese estado, el máximo tiempo posible.

    Mientras tanto, las autoridades del Poder Ejecutivo, solo entienden que la respuesta adecuada al problema, es la construcción de nuevos establecimientos carcelarios, la ampliación, remodelación o restauración de las inadecuadas instalaciones existentes.

    Los grandes delineamientos trazados por la política criminal diseñada por nuestro Código Penal, que junto al Código Procesal Penal, se han adherido a la doctrina del derecho penal mínimo o de la mínima intervención, en virtud de la cual se ha pretendido excluir del sistema penal y carcelario a todos los hechos ilícitos menores, reservando la actividad represiva a los hechos graves, de trascendencia y alto impacto social.

    El sistema legislativo ha pretendido que el Estado se dedique a perseguir delitos (y crímenes) importantes. Que a éstos dedique su energía y recursos, dejando de lado un número importante de casos que carecen de trascendencia social. La idea que se funda en la necesidad de un sistema judicial que ocupe todo su tiempo y esfuerzo en de perseguir a evasores, contrabandistas, corruptos y homicidas, evitando en lo posible distracciones con ladrones de gallinas, pero ello no ha sido comprendida.

    Cuando vemos que el sistema judicial sigue al servicio de mercaderes y usureros quienes instrumentan el servicio de Justicia para el cobro de sus créditos instrumentados mediante cheques extendidos para garantizar el pago de las deudas, con la libertad de sus víctimas, tenemos el más claro ejemplo del modo en que funcionan las cosas en nuestro sistema.

    El nuestro, es un sistema en el que la pena ha sido sustituida por la prisión preventiva, y el propósito de esta es el castigo en reemplazo del objeto proclamado por la Constitución Nacional, en su Art. 20 (la readaptación de los condenados y la protección de la sociedad).-

    Mientras tanto, la cartelería publicitaria callejera, pagada por el Estado, anuncia con letras de molde que “El Estado se defiende”, promocionando la labor de la Procuraduría General de la República.

    Pero, ¿De qué o de quienes se defiende el Estado? Sería bueno que lo aclaren, porque si es de aquel ciudadano que resultó víctima de los abusos y arbitrariedades de sus funcionarios, cuando “se defiende”, realmente lo que hace es desproteger a la sociedad.

    Jorge Vasconcellos

    http://www.adndigital.com.py/index.php/impreso/columnistas/8769-el-estado-se-defiende

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    Publicado por Anónimo | 26 noviembre, 2015, 4:38 am
  4. CÁRCELES NO CUMPLEN EL PAPEL REHABILITADOR QUE SE LES ASIGNA

    En nuestro país, el sistema penitenciario constituye una estructura obsoleta que no responde al propósito de rehabilitar a los reclusos. Con presidios donde el hacinamiento es el rasgo distintivo, la violencia en sus múltiples formas se da en cada instante y la falta de respeto a las personas es lo cotidiano. Se trata de lugares donde los seres humanos, por lo general, se degradan al máximo y en muchos casos, cuando recuperan la libertad, se convierten en peligros para la sociedad. Si no hay significativas inversiones del Estado en infraestructura y no cambia la forma de relacionamiento con los reclusos y entre los reclusos, los presidios seguirán siendo parte de un gravísimo problema que nunca terminará.
    James Caballero, relator de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, sostuvo que “los problemas más graves de las cárceles en el Paraguay son de gestión”. El alto funcionario internacional trae de nuevo, así, a la consideración pública, la incapacidad para hacer que los establecimientos penitenciarios sean una respuesta eficaz a favor de la sociedad paraguaya.
    La función social de las prisiones es sacar de circulación a los delincuentes para mantenerlos custodiados en un régimen de estricta vigilancia, de tal modo que no vuelvan a las calles a delinquir. No queda, sin embargo, su rol circunscripto al castigo de los transgresores de las leyes: también le atañe la recuperación de los que han cometido algún delito.
    Así como están estructuradas las 14 penitenciarías para mayores —incluyendo hombres y mujeres— y los 6 centros educativos para menores, no cumplen el papel rehabilitador que se les asigna, de tal modo que los condenados se reinserten alguna vez a la sociedad nacional siendo útiles a sí mismos, a sus familias y a sus comunidades. Actualmente, hay casi 11.000 reclusos en el país. De esa cantidad, alrededor de 10.000 son hombres y poco menos de 1.000 son mujeres.
    Aunque es uno de sus rasgos más resaltantes, el problema de las cárceles del Paraguay no es solamente el de la superpoblación y sus nefastas consecuencias. El aspecto humano de la rehabilitación para retornar a la sociedad y ser personas de bien está más que descuidado. Al encierro vigilado no le acompaña una educación que permita, a los que posteriormente recuperan su libertad, ser hombres y mujeres que dejen atrás el pasado y se proyecten a la reconquista de su dignidad y su responsabilidad social.
    La actual administración penitenciaria y el Ministerio de Justicia cuentan con dinero para la construcción de dos presidios en Emboscada y el Alto Paraná. Contar con nuevas instalaciones será un avance, pero tendrá que verse aún cómo se administra la reeducación de los internos desde una perspectiva humana totalizadora. Si hay déficit en ese sentido, las mejoras en infraestructura habrán sido en vano.

    http://diariolajornada.com.py/v6/category/editorial/

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    Publicado por jotaefeb | 20 septiembre, 2015, 9:48 am
  5. Se necesitan más cárceles

    Hay 9.413 personas mayores de edad recluidas en 14 penitenciarías y dos granjas comunitarias. El 42,8% de ellas está concentrado en la Penitenciaría Nacional de Tacumbú y el 12,7% en la Regional de Ciudad del Este.Ya no hace falta insistir en que, sobre todo en las dos mayores cárceles, los reclusos están hacinados en condiciones inhumanas.

    Es claro que se necesitan más prisiones, pero no basta construirlas, ya que es imprescindible que cuenten con suficientes recursos humanos y materiales para que puedan operar en buenas condiciones.

    El presupuesto nacional debe incluir las partidas correspondientes para el efecto. Todo esto parece obvio, pero ocurre, por ejemplo, que los “centros de atención a menores infractores” inaugurados el año pasado en Pedro Juan Caballero y en Encarnación siguen en desuso porque no se previeron los fondos para su funcionamiento. El de la capital del departamento de Amambay costó casi 2.900 millones de guaraníes y se halla tan abandonado, en medio de la maleza, que unos magistrados no pudieron ingresar en sus ya deterioradas instalaciones porque en toda la ciudad nadie tenía las llaves. Desde luego, también el centro de la capital del departamento de Itapúa se halla en las mismas circunstancias. Estos patentes ejemplos de estupidez administrativa y legislativa muestran que las políticas más sensatas en materia penitenciaria habrán de quedar en el papel si en la programación y en la sanción presupuestarias intervienen unos incompetentes de tomo y lomo. Incompetentes o avivados que solo apuntan al efecto propagandístico de la cinta inaugural, sin importarles lo que debería venir después.

    Construir más cárceles, bien equipadas y con personal capacitado, resulta imprescindible no solo para evitar que los reclusos vivan hacinados y duerman en los pasillos, sino también para cumplir con la obligación constitucional de que los procesados, que hoy conforman el 60% de la población penitenciaria, estén recluidos en lugares diferentes a los destinados a los ya condenados. Es decir, lo que está ocurriendo hoy es que, durante por lo menos un año y medio, que es el término medio de duración de los juicios, la mayoría amparada por la presunción de inocencia debe sufrir los mismos rigores que la minoría que ha sido condenada. No sería raro que una persona inocente aprendiera a delinquir de la mano de sus compañeros de infortunio. Porque si algo se enseña en las cárceles es sobre todo la mejor manera de apropiarse de lo ajeno, tanto que los condenados salen de allí con ganas de seguir delinquiendo, evitando los errores de procedimiento del pasado. Muchos vuelven a fracasar, de modo que la tasa de reincidencia de los reclusos es del 35%. Este dato del referido censo revela el escaso éxito de los programas de reinserción social, lo que no debería extrañar, considerando el deplorable ambiente en que son implementados, sobre todo por parte de organizaciones no gubernamentales.

    Solo levantando nueva prisiones, en las que haya suficiente espacio, se podrá alfabetizar, capacitar laboralmente y brindar una adecuada atención sanitaria a los reclusos. Cuando se aboga por ampliar o abrir nuevos centros penitenciarios no faltan quienes señalan que, antes que reforzar el aspecto represivo, lo aconsejable es tomar medidas preventivas, en el sentido de eliminar el caldo de cultivo de la delincuencia, que estaría vinculado con la exclusión social, combatiendo el desempleo juvenil y alentando la capacitación para el trabajo, entre otras cosas. Es muy cierto que se necesitan políticas preventivas de amplio alcance que reduzcan la pobreza, aunque en la última década 70 millones de latinoamericanos hayan dejado de ser pobres sin que por eso haya disminuido la criminalidad en la región, según el Banco Mundial. En todo caso, esas medidas preventivas no tendrán un impacto inmediato, de modo que se plantea el conocido problema del “mientras tanto”.

    Las penas carcelarias tienen por objeto proteger a la sociedad y readaptar a los condenados. Además, la construcción de nuevas penitenciarías, en las que las penas sean cumplidas en condiciones acordes con la dignidad humana, no es en absoluto incompatible con medidas socioeconómicas de amplio alcance. Se pueden y se deben encarar al mismo tiempo ambas tareas.

    Sumado a todo lo ya señalado, debe recordarse que en la Penitenciaría Nacional de Tacumbú ingresan cada día 30 nuevos reclusos, de los cuales el 60% es adicto a las drogas. De hecho, ese establecimiento ya ha colapsado, de modo que resulta ineludible reducir su población. También hace falta combatir la drogadicción, causa inmediata de la comisión de muchos delitos violentos, pero no será fácil disminuirla significativamente a corto plazo, así que de nuevo se plantea la cuestión de qué hacer entretanto. Por lo demás, los expertos recomiendan que los drogadictos no convivan con los reclusos, sino que sean tratados en centros de rehabilitación.

    Dada la dolorosa experiencia acumulada, la solución no puede consistir en otorgar aún más generosamente medidas sustitutivas de la prisión, reformando los códigos o violándolos con el pretexto de la sobrepoblación carcelaria. Los reclusos deben ser readaptados en espacios amplios y limpios y la sociedad debe ser protegida. Para eso se necesitan no solo políticas penitenciarias adecuadas, sino también, como enseñan los casos de Pedro Juan Caballero y Encarnación, funcionarios y legisladores con sentido de responsabilidad y por lo menos dos dedos de frente.

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/se-necesitan-mas-carceles-1262143.html

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    Publicado por jotaefeb | 4 julio, 2014, 5:54 am
  6. Por causa de irresponsables, la justicia se torna más lenta

    Las reiteradas suspensiones de las audiencias preliminares de personas recluidas en los penales hacen que la pesada maquinaria judicial se vuelva aún más lenta de lo que ya es. Ello se debe a la irresponsabilidad de fiscales, defensores públicos, abogados y hasta jueces que no se presentan a la hora de la comparecencia de los imputados, debiendo suspenderse el trámite. Esto perjudica a las personas procesadas importando incluso violación de sus derechos humanos y aumenta el hacinamiento en las cárceles. Corresponde que los responsables de cada sector exijan a los funcionarios puntualidad y cumplimiento de sus deberes.

    Norma Bogarín, directora del penal de mujeres Buen Pastor, denunció que en cuatro meses se suspendieron 82 audiencias de reclusas que iban a deponer ante los magistrados judiciales. Esa cantidad da como resultado 20 comparecencias postergadas al mes, es decir una por día, considerando que solo de lunes a viernes se realizan esos trámites.

    Mencionó también que hubo un caso en que las audiencias no se realizaron en 28 ocasiones y otro, en 22 oportunidades, citando los hechos más notorios en materia de irresponsabilidad de algunas de las partes involucradas en la presentación de las internas en las instancias correspondientes.

    En el proceso a Recicatal Martínez, a quien se le acusa de posesión y tráfico de 2 gramos de crac, con una reclusión que ya lleva 20 meses, las audiencias fueron suspendidas en 12 ocasiones. Si prestase declaración, podría quedar en libertad.

    La postergación reiterada de las audiencias trae como consecuencia el hacinamiento de la población penal de mujeres. Actualmente hay 450 reclusas. De ellas, 314 están sin condena. Esto significa que tras declarar podrían quedar libres si los juzgadores consideran que no hay razones suficientes para seguir manteniéndolas en prisión.

    La situación se vuelve cada vez más preocupante porque el Buen Pastor solo tiene capacidad para albergar a 200 internas. Y las que ingresan, por día, son de 8 a 10, mientras salen tan solo de 2 a 3. Así, la progresión de la cantidad de recluidas va sobrepasando largamente la capacidad de la penitenciaría.

    Los irresponsables que no acuden a la cita pautada y suspendida son algunos defensores públicos, fiscales y jueces. En ocasiones también se debe a la irresponsabilidad de abogados que no llegan a la hora de la convocatoria.

    Lo que ocurre en el penal de mujeres también se replica en reclusos de penales ubicados en diversos lugares del país.

    El incumplimiento de las obligaciones de los que deberían estar en las comparecencias hace que la Justicia sea lenta y, por lo tanto, más cara, tanto para los juzgados como para los juzgadores. Solo en combustible para traslados desde las distintas penitenciarías hasta los juzgados hay una importante erogación de dinero del Estado. Si las audiencias no se concretan, se desperdician los fondos públicos.

    Ante esta realidad, es necesario que la Corte Suprema de Justicia, el Ministerio Público y el Ministerio de la Defensa Pública tomen medidas correctivas urgentes.

    Es inadmisible que la irresponsabilidad de unos pocos siga persistiendo para perjudicar a personas que ya deberían haber recuperado su libertad, y al Estado, que tiene que gastar más para albergar y transportar a los reclusos a sus audiencias preliminares frustradas.

    http://www.ultimahora.com/por-causa-irresponsables-la-justicia-se-torna-mas-lenta-n776855.html

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    Publicado por jotaefeb | 23 marzo, 2014, 8:30 am
  7. Cárceles llenas de jóvenes

    El Ministerio de Justicia completó la recolección de datos del segundo censo nacional penitenciario, un instrumentos indispensable para conocer el estado exacto en que se encuentran las cárceles y la población penal de nuestro país. Si bien el informe final será presentado en los últimos días de este mes, las autoridades del ministerio dieron a conocer algunos resultados preliminares. A diciembre del 2013, había un total de 9.413 personas privadas de su libertad en nuestro país. De este total apenas el 6,6% es de sexo femenino. El censo pudo detectar un hecho preocupante: la edad promedio de los internos tiende a bajar. Es decir, quienes ingresan al sistema penitenciario son cada vez más jóvenes, especialmente en el Este del país, donde el promedio de los reclusos es de apenas 30 años. Pero este no es el único dato alarmante que se desprende del censo. Las personas privadas de su libertad pasan casi dos años (entre 20 y 21 meses) en las cárceles sin recibir condena por los delitos por los cuales son procesados. Se trata de una información atroz que prueba que, si no ha naufragado ya, el sistema judicial paraguayo se encuentra completamente a la deriva.

    Se sabe desde hace mucho que la mayor parte de los reclusos de los penales no tienen sentencia y que aguardan la evolución de sus causas judiciales, compartiendo el mismo espacio con aquellos que sí tienen condena. Lo que se ignoraba era la cantidad de tiempo que estas personas pasaban en estas condiciones de total irregularidad. Otro aspecto que merece un análisis detallado es la gran cantidad de reclusos que recurren a los defensores públicos, proveídos por el Estado. Estos constituyen el 44,6% del total, mientras que los internos que tienen la posibilidad de costearse una defensa privada llegan al 44,8%. El 10,5% restante carece completamente de asesoría y acompañamiento de abogados.

    Más de la mitad de los reclusos cuyas causas están en manos de defensores públicos aseguran que no reciben desde hace meses ningún seguimiento por parte de los abogados. Esto quiere decir que la Justicia no solo no consigue ofrecer procedimientos breves y eficaces sino que además deja en el desamparo a aquellos que no tienen la capacidad de pagar por su defensa. La Constitución garantiza que todos los ciudadanos son iguales ante la ley y tienen derecho a un juicio justo y a que su causa sea debidamente atendida. Es evidente que tal precepto no se cumple en una gran cantidad de casos.

    El censo también confirma el vínculo estrecho entre el delito y la ausencia de oportunidades, especialmente a nivel de la juventud. El 15,7% de los internos no sabe leer ni escribir, mientras que el 23,9% no cuenta con ningún estudio, más allá de estas habilidades elementales. En contrapartida, el 79,9% manifestó su deseo de estudiar y aprender un oficio para contar con herramientas que le permitan conseguir un trabajo una vez que recuperen la libertad. Estos datos muestran que mientras no exista una mejor educación y se amplíen las posibilidades laborales, la población de las cárceles seguirá aumentando sin pausa. Las cárceles tienen que garantizar seguridad a la ciudadanía, evitando que se transformen en centros de entrenamiento de delincuentes o en focos de corrupción. Al mismo tiempo, los penales deben desarrollar programas eficaces de rehabilitación para aquellos que tengan la voluntad de reinsertarse a la comunidad una vez cumplida su condena.

    El censo penitenciario –que recoge información demográfica, judicial sanitaria y educativa– es un paso adelante para el diseño de políticas más efectivas en este campo.

    http://www.lanacion.com.py/articulo/157870-carceles-llenas-de-jovenes-.html

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    Publicado por Anónimo | 6 marzo, 2014, 9:38 am
  8. El estallido en los pabellones

    Huelgas de guardiacárceles malpagados que derivan en muertes de reos en los pabellones. Niveles de hacinamiento que obligan a los internos a dormir en los pasillos o en cualquier espacio que no esté ocupado ya por otro ser humano. Sicarios presos que, a balazos de pistolas calibre 9 mm, matan a otros sicarios presos, con la evidente complicidad de los celadores. Esta es la situación en nuestras cárceles en este 2014 y no hay muchos elementos que nos permitan avizorar un futuro mejor en los próximos años.

    Decir que las penitenciarías están en crisis es insuficiente: el sistema no conoce otra realidad que no sea la del colapso total. Tacumbú, infierno que alberga a 4.000 hombres de los cuales más de 3.000 no están condenados, es el producto de décadas de una desidia criminal de los sucesivos ministros de Justicia y Trabajo. La situación no es mucho mejor en las otras prisiones del país: hace unos días se informaba que el penal de Ciudad del Este tiene solo 3 sanitarios por cada 167 reos. En los últimos años, las penitenciarías de Concepción y Pedro Juan Caballero fueron el escenario de espectaculares fugas de peligrosos criminales que un día se cansaron de sus celdas vips y decidieron ser libres.

    Nadie sabe cómo los exorbitantes montos que esta institución recibe del Poder Judicial, del Ministerio Público y del Ministerio de la Defensa Pública nunca resultan suficientes para una mejora sustancial en las condiciones de vida de los reos y mayor seguridad en los pabellones.

    Como otras penitenciarías del país, Tacumbú debería haber dejado de existir hace años. Quien alguna vez pisó el penal, sabe que una estructura así es insostenible. Más que una bomba de tiempo, Tacumbú es una afrenta permanente, un monstruo que devora a sus hombres día a día, un lugar del cual solo se sale quebrado. La prisión explotó hace rato y cada tanto vuelve a recibir a sus víctimas para luego soltarlas nuevamente más hambrientas, más desesperanzadas y con cada vez menos que perder.

    En diciembre pasado, la ministra Sheila Abed decidió cerrar Tacumbú, luego de alcanzar la cifra récord de 4.000 internos en un penal con capacidad para un poco más de 1.500 personas. Esto generó que el Departamento Judicial de la Policía, una dependencia “de tránsito” para los imputados, también termine sobrepasado. Los procesados ahora son enviados a distintas cárceles regionales del país: un parche más para un sistema penitenciario que se desangra por la ausencia, durante tantos años, de un plan a largo plazo para volver dignos a los penales.

    Por Fernando Boccia Torres

    http://www.ultimahora.com/el-estallido-los-pabellones-n758519.html

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    Publicado por Anónimo | 15 enero, 2014, 8:37 am
  9. Iniciativa positiva en las penitenciarías
    Noticias buenas y malas han surgido en los últimos días de las penitenciarías del país. La ejecución de un interno en una cárcel del Pedro Juan Caballero -hecho que motivó la remoción del director de la institución- y la imposibilidad de bloquear las señales de celular en el penal de Tacumbú -las denuncias por extorsión telefónica recrudecieron nuevamente- deben apuntarse entre las novedades negativas y que muestran que existe aún mucho trabajo por delante en este campo.

    En la columna de los avances hay que señalar la reducción de la población de la principal penitenciaría del país, producto de la disposición de cerrar sus puertas a nuevos reclusos en atención al hacinamiento en el que viven los presos. De igual forma, hay que destacar también la requisa de centenares de armas blancas de fabricación artesanal que suelen ser usados en riñas y ejecuciones. Sin embargo, la noticia que definitivamente marca la diferencia por su potencialidad es la creación de una Mutual Carcelaria. Se trata de una organización de socorro mutuo abierta a todas las personas que se encuentren privadas de su libertad en el país, impulsada por el Ministerio de Justicia y Trabajo y las iglesias Católica, Adventista y de los hermanos Menonitas. En las primeras etapas, se prevé que la organización se enfoque sobre todo en brindar asistencia en materia de salud. Además, cada uno de los aportantes tendrá una caja de ahorros, cuyos fondos le serán entregados al recuperar la libertad. Este dinero será de suma utilidad cuando las personas privadas de la libertad se reintegren plenamente a la sociedad, ya que uno de los factores que empujan a la reincidencia en el delito es precisamente la ausencia de alternativas laborales y la precariedad económica. Como se sabe, el penal de Tacumbú funciona casi como una pequeña ciudad. Allí hay una gran cantidad de negocios y de personas que practican diferentes oficios. Todos estos negocios -se estima que alcanzan la cantidad de 700- y trabajadores tendrán la oportunidad de capitalizarse mediante la Mutual Carcelaria. En el futuro se podría pensar en sistemas de créditos y en asesoramiento y capacitación técnica y administrativa para los reclusos. La virtud principal de este proyecto es, sin embargo, intangible. La organización de mutua ayuda tendrá un hondo y positivo impacto en la autoestima de las personas privadas de la libertad. Una entidad de estas características les permitirá recuperar la confianza y cimentará las bases para relaciones más solidarias al interior mismo de las penitenciarías. De igual forma será una eficaz promoción de la cultura del ahorro y de los valores de la honestidad, la transparencia y la cooperación.

    Las cárceles paraguayas -más parecidas a depósitos humanos antes que a centros de punición judicial y de reinserción social- son sitios abrumadores y deprimentes. Para cualquiera que conozca alguna penitenciaría como visitante sabe que estando dentro se siente el espíritu acongojado y el ánimo aplastado. Basta imaginarse cómo estos sentimientos se multiplican para quien debe permanecer allí día y noche. Es verdad que las cárceles no pueden ser lugares de recreo ni nada parecido, pero agregarle padecimientos y sufrimientos a quien desde ya no puede disponer de su tiempo, su energía y su vida con libertad, no es civilizado ni provechoso para nadie. Quien infringe la ley y perpetra delitos y crímenes debe ser castigado, pero el Estado debe asegurarse de que la pena se cumpla en condiciones humanitarias y teniendo en perspectiva la futura reinserción del recluso a la sociedad. Por todo esto, la iniciativa de constituir una Mutual Carcelaria merece el mayor respaldo de la ciudadanía.

    http://www.lanacion.com.py/articulo/152526-iniciativa-positiva-en-las-penitenciarias.html

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    Publicado por Anónimo | 11 enero, 2014, 7:22 am
  10. RECORRIDO POR LAS COSTAS DEL RÍO PARAGUAY EN ASUNCIÓN
    Chapuzón pese a la contaminación
    Playas de Itá Enramada y Paso Medín estuvieron repletas, mientras que en la Costanera de Asunción la gente solo se mojó los pies.
    26/12/2013

    El deseo de mitigar el intenso calor de ayer, sumado al feriado navideño, hizo que se obviaran todas las restricciones o recomendaciones de evitar el uso recreativo de las aguas del río Paraguay por el alto nivel de contaminación que presenta, de acuerdo al estudio realizado por la Dirección General de Salud Ambiental (DIGESA).
    La sensación térmica superaba fácilmente los 40º grados, pese a que Meteorología indicaba solo 37º grados, lo que motivó a muchas familias a buscar refrescarse en el río, principalmente en la Playa Itá Enramada, donde cientos de bañistas se metieron al cause hídrico munidos de conservadoras con abundante bebida espirituosa. Aunque algunos, en menor cantidad, optaron por el refrescante tereré.
    Una mala costumbre de los bañistas, nuevamente se repitió sin control alguno, que es ingresar hasta la orilla lodosa con sus vehículos, con músicas de diferentes estilos a todo volumen, en una competencia de ver quién es el que tiene el equipo de sonido más potente. Pero para el conductor del Mitsubishi Nativa con placa AJX 364 fue definitivamente una mala elección, su vehículo se hundió en un pozo y el agua le llegó hasta las ventanillas. Tirado por un Jeep 4×4 y con la ayuda de los presentes por varios minutos intentaron sacarlo a flote.
    Por otra parte, en la Costanera de Asunción al igual que los fines de semana, tuvo mucha concurrencia aunque en este caso, las personas solo se animaron a mojar sus pies en las visibles aguas sucias, que presentaban un color verdoso espumante.
    Los encargados de River Tour Paraguay, que ofrece el servicio de paseo en lancha por la Bahía de Asunción, indicaron que la Prefectura Naval está realizando un control para evitar que las personas ingresen a bañarse, debido al alto nivel de contaminación que presenta la Bahía. Eso sí, el servicio de lancha, e incluso el alquiler de kayac y canoas con remos para dos personas fueron lo más demandados para dar un paseo por el río.

    Villa Elisa
    En tanto, que aguas más abajo ya en la zona de Villa Elisa, en la playa conocida como Paso Medín, también fue otro de los puntos elegidos para sofocar el intenso calor, pese a que la playa está prohibida para el uso recreativo por ser peligrosa más que todo, debido a que en el lugar ya se han reportado muchos ahogamientos.

    http://www.lanacion.com.py/articulo/151154–chapuzon-pese-a-la-contaminacion.html

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    Publicado por jotaefeb | 26 diciembre, 2013, 10:49 am

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