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Promedio de un suicidio diario

Paraguay registra en lo que va del año un promedio de un suicidio por día, según datos proporcionados hoy por la Policía Nacional.

Según esta fuente, hasta el 29 de mayo se registraron 149 suicidios, cifra que coincide con los días transcurridos en el año.

En promedio, el número mencionado supera a la cantidad registrada en todo 2010, cuando fue de 290 casos para los 365 días del año.

El informe agrega que el medio más usado por los suicidios es el ahorcamiento, en 71% de los casos, siguiéndole la utilización de armas de fuego en 23%.

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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5 comentarios en “Promedio de un suicidio diario

  1. Bullying inconsciente
    15 Oct 2016

    Por Alex Noguera

    “El bullying inconsciente es el grito callado de la ignorancia en una sociedad”, explicaba un disertante como una jeringa que clava la carne, inyecta su contenido, pero no hace efecto. Y es que el público no comprendió el significado de esas palabras. El profesor se dio cuenta y desmenuzó esa fuerte idea, que acababa de lanzar.

    Para empezar, ¿qué es bullying? Ese concepto era utilizado en un principio solo para designar al acoso u hostigamiento -físico o psicológico- que recibía de forma permanente un alumno por parte de sus compañeros.

    Pero claro, hoy ese término ya no se circunscribe únicamente al ecosistema escolar, sino que se traslada también al ámbito laboral, al familiar, al sexual e incluso al de la moda. Sí, ni la moda se salva ya del bullying. Apenas hace unos días leíamos, por ejemplo en Clarín, sobre “las burlas que sufre en redes sociales por el diseño de su marca de vestidos” la polémica actriz Sarah Jessica Parker.

    El bullying inconsciente es el grito callado, continuó el entendido. Se refiere a que es una fuerte llamada de atención que todos oyen, de la que todos se percatan de una u otra manera y que, sin embargo, hacen oídos sordos. Cuando se produce el bullying, todos prefieren mirar hacia otro lado.

    ¿Cuántas veces nos reunimos en familia y recordamos “las travesuras” de Raulito? De cómo se hizo popó encima cuando lo habían vestido para ir al cumpleañitos… y mientras toda la parentela descerraja una sinfonía de carcajadas, la sonrisa de Raúl, hoy adulto, aprieta diente contra diente sin atreverse a hacer callar a hermanos, primos, padres y hasta a los nuevos integrantes del entorno íntimo que suman burlas.

    ¿Cuántas veces se te acercó una persona pasada de peso y “en broma” te dijo “vos todavía comiendo”? ¿Qué hacer en ese caso? ¿Callar como Raúl? ¿Tratar de entender ese mensaje? ¿Qué significa? El tono de “broma” es la llave permisiva que utiliza esa persona para pasarse de la raya. Si el receptor se ofende, será solo una broma y quedará como que simplemente no entendió el chiste. Sin embargo, Raúl ya sabe lo que eso significa.

    Es la sutil forma del emisor de hacerle bullying al receptor, hacerle una “broma”, obligarle a reír por tan “graciosa” ocurrencia y encima de todo, callar una respuesta de al menos “¿pero por qué no te vas con tu chiste a otro lado?”. Solo a vos te resulta simpático.

    Y es que el chiste resulta simpático cuando no hace referencia al defecto físico, enfermedad, problema, etc., de alguna de las personas que comparte ese círculo momentáneo. Sin embargo, eso no es muy común en nuestra sociedad, por eso en la proposición inicial se habla “de la ignorancia en una sociedad”.

    ¿Cuántas veces fuimos testigos de un piropo subido de tono a esa chica que va por la calle y nuestra primera reacción fue una sonrisa? ¿Una sonrisa en vez de sentirnos ofendidos por la turbación de esa muchacha, que podría ser cualquiera? Nuestra madre, hermana, hija o nosotras mismas si somos del sexo femenino. Ignorancia social. Mala educación. Atrevimiento. Y nosotros, callados cómplices ignorantes.

    El bullying es un problema serio. Hay una víctima. A veces se pretende aislarla o marginarla socialmente, otras se la hostiga, se la obliga a hacer cosas que no quiere, se la amenaza, se la intimida, recibe burlas, mengua su autoestima.

    Esa ignorancia o falta de educación de la que somos cómplices tiene relación con el creciente y preocupante aumento de casos de suicidios en Paraguay en los que los protagonistas son cada vez más jóvenes. La próxima en integrar esa estadística podría ser tu hija. O tu hijo.

    Hasta no hace mucho los suicidios eran solo cosa de adultos. Una mujer engañada por su marido o por una relación amorosa frustrada, un hombre en la ruina económica, personas desesperadas. Los únicos jóvenes de los que teníamos noticia que tomaban esa determinación vivían muy lejos, al otro lado del planeta. Eran japoneses, cuyo nivel de competitividad hacía que fuera suficiente obtener una mala nota en un examen para recuperar “el honor” a través del suicidio.

    Pero la sombra del suicidio llegó a Paraguay, está aquí, llegó, y la causa principal es la depresión. El chiste de una persona inconsciente puede ser la gota que colma el vaso. Y claro, ella nunca será la culpable ya que “solo fue una broma”.

    El bullying inconsciente es una epidemia que nos afecta como sociedad, así como la obesidad de la que casi todos están contagiados. Cerrar la boca, como recomienda un viejo proverbio árabe, sería la solución más práctica. Porque la sabiduría es un bien que ni con la moneda de los años a veces se puede comprar.

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    Publicado por Anónimo | 15 octubre, 2016, 6:38 am
  2. Bullying, padres y colegios

    Todo el mundo aplaude la primera condena por acoso escolar dictada en nuestro país. Parece que a priori la gente cree que a partir de la sentencia automáticamente irán a disminuirse los casos que, con mucha frecuencia, están apareciendo en las instituciones educativas y se extienden a través de las redes sociales.

    Se trata de hostigamientos sobre los que, por lo general, los docentes no saben cómo actuar o cómo contrarrestarlos y los padres se desentienden, en gran medida porque tampoco tienen idea de cómo afrontarlos. Claro, si es que se enteran de que están ocurriendo, puesto que la gran mayoría destina muy poco tiempo para realizar un seguimiento de la experiencia escolar de sus hijos.

    El caso que se cerró con la condena, nos cuentan, ocurrió cuando las protagonistas del acoso y la víctima tenían 10 años. ¡Eran una niñas!

    Ahora tienen 16 años y la condena que recibieron las dos hermanas responsables del acoso escolar consiste en seis meses de servicio en una fundación y someterse a una terapia sicológica.

    Esto último hubiera sido muy oportuno cuando las escolares comenzaban a desarrollar el liderazgo negativo que lograron ejercer entre sus compañeros de escuela, al punto de ponerlos a todos en contra de la niña blanco de sus maltratos y persecuciones.

    Si seis años atrás los docentes y las autoridades del colegio hubieran advertido la situación, y actuado de inmediato abordando el problema, habrían evitado el daño sicológico que le produjeron a la nena afectada. Ella llegó al límite de sufrir depresión y marcharse de la institución, de la que no quería irse ni debió salir.

    Aún así, la siguieron hostigando a través de las redes sociales. Si en el colegio hubieran tomado con seriedad su denuncia y la de sus padres, se habrían evitado seguramente otros acosos por parte de las hoy condenadas. Las que, ante la impunidad e inacción del propio colegio, probablemente crecieron convencidas de que lo que hacían no estaba mal y, por lo tanto, no tenían que asumir responsabilidad alguna sobre sus permanentes maltratos a una compañerita de clase.

    ¿Qué hay con los padres o los encargados de la educación y cuidados de estas dos niñas, hoy adolescentes condenadas? Ellos son los culpables, por omisión, por no ocuparse del tema. Ellos deberían cumplir la condena, al igual que los directivos del colegio donde tuvo lugar el acoso, por desentenderse del problema y no buscar ayuda profesional para ofrecer una solución.

    Contar con una ley contra el acoso escolar está bien. Pero no servirá de mucho si las víctimas no denuncian. Además no resuelve el que los padres no actúen como tales, que escuelas y colegios minimicen o ignoren el problema o que no se debata sobre las causas que hoy hacen del bullying un comportamiento recurrente.

    Por Susana Oviedo

    http://www.ultimahora.com/bullying-padres-y-colegios-n828445.html

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    Publicado por Anónimo | 11 septiembre, 2014, 5:57 am
  3. Suicidio, un grave problema oculto

    Una atroz epidemia va tomando proporciones francamente alarmantes en nuestro país: el suicidio. Aunque pueda parecer una exageración hablar de epidemia, lo cierto es que el aumento sostenido de las estadísticas apunta en esa dirección. Hasta junio de este año ya se habían registrado 184 suicidios, de acuerdo con estadísticas oficiales, lo que da un promedio de más de un caso por día.

    Si bien el fenómeno no distingue condición económica o edades, la mayor parte de las personas que deciden autoeliminarse son menores de 30 años. El método más empleado es el ahorcamiento y suele ocurrir en la privacidad, aunque se tienen casos que suceden en espacios públicos, como el de las dos adolescentes que meses atrás se lanzaron del Puente de la Amistad en cumplimiento de un presunto pacto suicida.

    Las motivaciones son igualmente muy variadas, desde problemas familiares y afectivos –que afectan especialmente a los jóvenes– hasta dificultades económicas, estrés crónico, cuadros depresivos o la sensación de extrema soledad, que suelen verse en las personas de más edad. En lo que coinciden los expertos es en que por lo general las personas que planean quitarse la vida dan “señales” que pueden ser identificadas y podrían ayudar a familiares, amigos y allegados a tomar medidas de contención con la persona en crisis.

    Lamentablemente, el suicidio es un tema tabú en nuestra sociedad, con frecuencia rodeado de silencio y de incomprensiones. También ocurre que las familias que reciben este duro golpe se niegan a hablar sobre el asunto, por el temor de que al profundizar en las circunstancias el dolor se acentúe y no sea posible procesar el duelo. Todo esto impide abordar el tema con la debida atención y eficacia.

    Tal es la magnitud del problema, sin embargo, que las Naciones Unidas lo consideran como un asunto de salud pública de la más alta importancia. De acuerdo con las estadísticas de la ONU, cada año se quitan la vida 800.000 personas en todo el mundo (a razón de un caso cada 40 segundos), una cifra superior a la de las víctimas de homicidios. Como bien lo califica el último informe sobre el punto de las Naciones Unidas, el suicidio es un problema oculto: Sólo 28 países en el mundo cuentan con un plan estratégico para prevenir la auteliminación en su población, y únicamente unos 60 recopilan datos de los suicidios cometidos.

    Desde el Estado, los medios de comunicación y la sociedad es preciso enfocar el tema del suicidio como lo que es: un grave problema de salud pública que exige políticas especiales, la asignación de recursos técnicos y humanos necesarios y el compromiso de instituciones en varios ámbitos y niveles.

    Como los factores que suelen llevar a esta terrible decisión parecen a primera vista muy personales, se tiene la tendencia a considerar el suicidio como algo que concierne exclusivamente al individuo afectado y a su entorno inmediato, cuando en realidad, dada la escala del fenómeno, es fundamental asumir que se trata de un drama de dimensiones y alcance sociales.

    El Ministerio de Salud Pública debe emprender sin demora un exhaustivo análisis de este complejo problema y diseñar líneas de acción que involucren también a otras instituciones. La atención a la salud mental constituye un eje central en este sentido, lo mismo que la difusión de campañas de concientización y el trabajo preventivo con niños y jóvenes. Es de esperar que esta fecha, Día Mundial de Prevención del Suicidio, sirva de punto de partida para la reflexión y la acción frente a este flagelo que llena de dolor y angustia a tantas personas y familias de nuestro país.

    http://www.lanacion.com.py/articulo/176505-suicidio-un-grave-problema-oculto.html

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    Publicado por Anónimo | 11 septiembre, 2014, 5:56 am
  4. ¿Por qué se suicidan los adolescentes?

    En los últimos tiempos, la cantidad de adolescentes que se suicidan ha ido en aumento. Este hecho debe llamarnos la atención, para buscar alguna respuesta. Los chicos y las chicas que deciden poner fin a sus vidas pertenecen a distintos estratos sociales, económicos y culturales. La pregunta es ¿qué pasa con ellos? ¿Cómo podemos ayudar para prevenir y detectar a tiempo la crisis emocional por la cual atraviesan? ¿Cuál es el rol de la familia, el Estado, escuelas, colegios, iglesias y profesionales de la salud, en este tema? Conviene abordar el asunto, sin miedos, con el mayor realismo posible.

    El Estado, a través de sus instituciones, debe acercarse más a los jóvenes. La Policía Nacional cuenta con su Departamento de Bienestar Familiar, que cumple una función importantísima brindando apoyo psicológico a personas con problemas. La Secretaría de la Niñez y la Adolescencia también otorga asistencia al igual que fundaciones como Kuña Aty. Son muchas las entidades públicas que dan apoyo a adolescentes con dificultades de diversas clases. La cuestión es que muchas familias desconocen la existencia de estos organismos y hay ocasiones en que temen plantear sus problemas.

    Existen brillantes psicólogos, psiquiatras, nutricionistas y otros profesionales que pueden aportar sus servicios, conocimientos y sugerencias para debatir sobre el tema. Las escuelas, colegios, universidades, clubes sociales y deportivos, municipalidades y gobernaciones, pueden promover actividades deportivas, artísticas y literarias para que los jóvenes no sean víctimas de las drogas o la delincuencia. Un ejemplo claro constituye la magnífica Orquesta de Cateura, a cargo del profesor Favio Chávez o Sonidos de la tierra, dirigido por Luis Szarán. Cuántos niños y niñas cambian totalmente sus vidas a través del arte, que los vuelve más humanos y sensibles.

    Las iglesias Católica o protestantes juegan un papel fundamental, porque cultivan la espiritualidad en sus miembros. La educación en valores cristianos es un punto clave para formar jóvenes que amen sus vidas y tengan temor a Dios. Quienes llegan a entregar sus vidas a Jesús conocen el tremendo cambio que se experimenta en el corazón. Presentan todas sus angustias al Señor, quien se encarga de curar las heridas y brindar gozo y paz. El alejamiento de nuestro Padre Creador tiene como consecuencia toda la ola de violencia, el desprecio a la vida y una impresionante cultura de la muerte.

    En la cultura de la muerte están el aborto, los crímenes, el suicidio, el sida, los bebés abandonados en las canastas de basura y tantas cosas más. La sociedad de consumo ofrece miles de artículos costosos e innecesarios. Los shoppings, llenos de color, brillo y ruido, son verdaderas ferias de la vanidad, donde las compras son compulsivas. Algunos jóvenes no pueden comprar la ropa de marca o el último celular y entonces cometen delitos para alcanzar esos artículos. Los bailes eróticos en la televisión incitan a la pornografía y al sexo. Hay un exhibicionismo enfermizo, del que nadie habla ni se queja. La familia, que es la célula de la sociedad, tiene la palabra. Es hora de replantearse su verdadera función como formadora y contenedora de los hijos. La familia es la que tiene la obligación de saber dónde y con quién están los chicos. Y saber qué problemas tienen. Caso contrario, se incurre en la falta del deber del cuidado, una figura contemplada en nuestras leyes. Los chicos se conectan 24 horas en las redes, con extraños y desconocidos y pierden el contacto con su entorno. ¿Por qué pasa esto? La tecnología no puede reemplazar a papá ni a mamá en la parte afectiva. El cariño, la ternura, el beso y el abrazo no pueden faltar en el hogar. Solo recuperando el amor, el perdón y la tolerancia podemos restablecer una familia armoniosa. Con esos dones, que vienen de Dios, se pueden curar las heridas de los hijos y tener vida feliz y en abundancia.

    Por Blanca Lila Gayoso

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/por-que-se-suicidan-los-adolescentes-1264149.html

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    Publicado por jotaefeb | 10 julio, 2014, 5:49 am
  5. Ante el dolor de una autoeliminación

    Dos adolescentes, de aproximadamente 15 años de edad, se lanzaron ayer desde el medio del Puente de la Amistad, en Ciudad del Este. Las razones se desconocen, y las especulaciones son numerosas. Pero, más allá de las motivaciones, sentimentales, económicas o de otro tipo, hablamos de una tragedia, una que termina con una vida –única e irrepetible– y enluta y llena de dolor no solo a la familia, sino también a toda la sociedad, porque cada uno tiene mucho que aportar.

    Según las estadísticas, más de 140 personas se autoeliminaron en lo que va del año en el país, una cifra alarmante, pero además una señal que no puede quedar como mera estadística, pues no son números, son personas.

    Tratar un hecho así, desde cualquier ámbito o perspectiva, requiere de criterio y serenidad. No conviene negar su existencia o descartar hablar de ello, cuando amerita y de la manera adecuada.

    A la prensa, por ejemplo, le corresponde no caer en el facilismo del morbo y el sensacionalismo lucrativo, dejando de lado la complejidad del suceso y sus implicancias, el impacto de las publicaciones, el dolor de los familiares, etc.

    Para la ciudadanía el desafío es evitar el juicio superficial y banal, cerrando el caso con calificativos emotivos o prejuiciosos, mientras que para el Estado es el de facilitar los servicios profesionales respectivos y gratuitos, además de invertir en el fortalecimiento de las familias y la calidad de vida de la gente.

    Sin embargo, el reto principal parece apuntar hacia los padres. Estos hechos son una provocación a una mayor atención y dedicación a los hijos, incluso en detrimento de lo económico –con menos horas de trabajo o dejando el empleo de uno de ellos–, si la situación así lo exige. Hay soledades y frustraciones que solo se perciben con el compartir atento; dolores reservados al diálogo constante o la mirada firme pero amorosa.

    El hombre de nuestro tiempo, y más aún el joven marcado por las redes sociales, vive saturado con esquemas e imágenes de éxito y satisfacciones en código consumista, que no responden finalmente a las exigencias existenciales, y que los suelen arrastrar hacia un callejón sin salida: el de la soledad y la depresión.

    Hay mucha desesperanza entre nosotros, maquillada en divertidas fotografías de Facebook. Un grito silencioso que necesitamos atender en un sociedad con fuertes componentes de deshumanización, en donde la alternativa a la tragedia es siempre el rostro de un semejante; de uno capaz de abrazar el drama que se vive y vencer esa “pinza macabra” de la desesperanza y la desesperación que es el suicidio.

    Por Gustavo A. Olmedo B.

    http://www.ultimahora.com/ante-el-dolor-una-autoeliminacion-n806851.html

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    Publicado por jotaefeb | 27 junio, 2014, 5:54 am

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