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País

El bombardeo a Encarnación

Dr. Humberto Zaracho

Nuestro país fue asolado por una guerra civil que se inició el 27 de mayo de 1922 hasta el mes de julio de 1923. Tuvo una duración de 14 meses ocasionando la muerte de miles de paraguayos sumiéndole en el luto y la desesperación. Fue un hecho tétrico provocado por la anarquía que se vivió bajo la dictadura del Partido Liberal.

En 1921 mandaba en el país la fracción liberal autodenominada Partido Radical, en desmedro de la otra fracción interna el autodenominado Partido Cívico. Por su parte el Partido Colorado estaba en la llanura con muchos de sus dirigentes confinados y exiliados. El 29 de octubre de ese año Manuel Gondra presentó renuncia al cargo de presidente de la república ante las presiones del expresidente y correligionario Eduardo Schaerer, que contaba con el apoyo de la Policía y el Batallón de Guardia Cárceles. Hizo lo propio el vicepresidente Félix Paiva. Por imposición de Schaerer, el 7 de noviembre el Congreso designó presidente provisorio al senador Eusebio Ayala, de quien el expresidentes Schaerer tenía la convicción que sería dócil a sus intereses políticos. Sin embargo éste, una vez en el poder, dio la espalda a las pretensiones de Schaerer provocando su disgusto. Poco después los liberales radicales se dividieron en dos grupos antagónicos conocidos como “gondristas o saco pucú” y “schaeristas o saco mbyky”. El nuevo gabinete fue integrado, entre otros, con el Dr. Eligio Ayala como Ministro de Hacienda, quien tiempo después maniobraría para desplazar de la presidencia a Eusebio Ayala.

En mayo de 1922 se presentó  en el Congreso un proyecto de ley de convocatoria a elecciones presidenciales para el día 16 de julio, que fue aprobado por la mayoría de los legisladores radicales schaeristas y colorados. El objetivo era el de postular la candidatura presidencial del coronel Adolfo Chirife. El 22 de mayo el presidente provisorio vetó la ley, convulsionándose el ambiente político. La reacción no tardó en sentirse, 19 legisladores radicales schaeristas exhortaron al Ejército a exigir al presidente Ayala el cumplimiento de la ley de convocatoria a elecciones. El 27 de mayo el coronel Adolfo Chirife, jefe de la II Zona Militar y el coronel Pedro Mendoza, jefe de la IV Zona Militar, enviaron un telegrama al Ministro de Guerra y Marina coronel Manuel Rojas de contenido subversivo, lo que le indujo al presidente Eusebio Ayala a retirar el veto. Pero esta decisión ya fue tardía porque las tropas comandadas por los coroneles Chirife y Mendoza, a las que se les sumó la del comandante de Concepción el TCnel Francisco Brizuela, se acantonaron en Paraguarí para preparar el ataque contra la capital de la república. De esta manera se inició la guerra civil más prolongada que abarcó casi toda la región oriental, que se constituyó en una tragedia para nuestro pueblo. El jefe civil de las fuerzas revolucionarias era el dirigente radical saco mbyky Eduardo Schaerer.

La Comisión Central del Partido Nacional Republicano publicó ese mismo día, 27 de mayo de 1922, un manifiesto firmado por el presidente Dr. Pedro P. Peña y los secretarios Tomás Salomoni y Gaspar Antoliano Garcete donde desmentían la versión que el partido estaba comprometido con una fracción en lucha del liberalismo radical.

Encarnación era una ciudad que adquirió importancia estratégica para la revolución. Situada frente a Posadas y unida por la vía del ferrocarril a Asunción, era el puerto indispensable para que los sediciosos no quedaran asfixiados con los demás contingentes revolucionarios. Por eso, fue ocupada por los revolucionarios al mando del Mayor José M. Valenzuela y el capitán Laureano Vázquez, instalando una guarnición de 300 hombres más dos piezas de artillería, siendo nombrado éste último comandante de la Plaza.

El gobierno –con mayoría radical saco pucú- dispuso el envío de una flotilla para neutralizar a los revolucionarios del sur integrada por el cañonero Adolfo Riquelme, de 150 toneladas montando dos cañones Vickers de 76 mm y dos Maxim de tiro rápido de 37 mm), y los avisos de guerra Triunfo, de 180 toneladas, y el Coronel Martínez,  de 80 toneladas, montando un solitario cañón de 76 mm y dos de 37 mm cada uno. Más adelante se sumaron el “Rivadavia” y el “Castelli”, dos buques de la Armada Paraguaya que ostentaban los nombres de dos próceres argentinos. Las unidades fluviales estaban tripuladas por aproximadamente 250 hombres entre oficiales, suboficiales, clases y elementos de tropa. La flotilla estaba bajo el mando del Dr. José P. Guggiari, nombrado delegado de gobierno, quien llegó frente a Encarnación el 21 de junio de 1922 e intimó la rendición a la Plaza.

Al ser rechazada la intimación, al día siguiente, a las 08,00 horas, el Dr. Guggiari ordenó un intenso bombardeo de la ciudad al mismo tiempo que intentaba el desembarco en varias lanchas. Ante la férrea defensa de las fuerzas comandadas por el capitán Vázquez entraron en pánico y volvieron a bordo del Adolfo Riquelme. “Esta operación dio por resultado la muerte en la ciudad de una señora francesa; la herida de tres niños y la destrucción de algunos edificios. Una bala de cañón tronchó una pierna al teniente De Miguel” (1). En consecuencia, el Dr. Guggiari dispuso el bloqueo de Encarnación que habría de durar hasta la finalización de la guerra civil, ubicándose la flotilla al oeste de la Isla del Medio. Desde este lugar sometía periódicamente a Encarnación a un despiadado bombardeo que “acontecían al atardecer, produciendo el pánico de la población que se disponía a descansar…. Relatores de estos acontecimientos no mencionan los daños colaterales, objetivos no militares, como si no hubieran tenido lugar. Se recuerda el caso de la familia Melgarejo, de profundas raíces encarnacenas, que habitaban en la Villa Alta. La joven hermana de la educadora Silvana Melgarejo, conocida ésta por todos, antigua y meritoria servidora de la cultura local, perdió las piernas a causa de la explosión de una de las bombas lanzadas sobre la población civil por el aviso de guerra “Coronel Martínez…” (2) El bombardeo se sucedió una vez más en la primera semana de julio cuando tuvo que retirarse después de sufrir daños menores del fuego de una batería costera  rebelde de un cañón Krupp de 75 mm y otro Maxim de 37 mm,  emplazados en Pacú Cuá.

Ante los escasos resultados obtenidos por los gubernistas en julio Guggiari fue sustituido en la dirección del bloqueo por el Dr. Lisandro Díaz León. Refiriéndose a aquel político saco pucú en sus “Recuerdos personales”, el coronel Manlio Schenoni, comandante de las fuerzas gubernistas, comenta lo siguiente: “Su psicología de político y de caudillo, le hacía entender que el acaudillamiento vulgar ejercía mayor influencia que la disciplina, para mantener la cohesión y las virtudes militares que hacen fuerte a las tropas. El Dr. Guggiari es partidario del ejército partidista, en vez del ejército nacional. … Está convencido que los gobiernos se sostienen con partidarios uniformados antes que con soldados del ejército. De nada le ha valido la experiencia del pasado, que ha demostrado que los ejércitos políticos sólo han servido para contribuir a las sublevaciones y que tales ejércitos jamás fueron motivos de patriotismo… Pues bien, a causa de su conducta caudillera tuvimos agrias discusiones, pues le demostré que no me agradaba su proceder entre mis tropas…” (3)

El 1º de agosto la flotilla fue bombardeada desde el aire por un aparato SVA 5 rebelde pero sin causar daños ningunos. En la mañana del 1º de septiembre, el Coronel Martínez intercambió disparos de artillería con rebeldes de Pacú-Cuá, sin sufrir daño, retirándose río abajo después de infligir algunas bajas a las fuerzas enemigas. El día siguiente el Adolfo Riquelme  bombardeó de nuevo las posiciones rebeldes, esta vez con un grado de éxito, forzándoles retirar y reubicar su artillería.

El 1º de setiembre el Adolfo Riquelme embarcó, río abajo de Asunción, a 150 efectivos del 6º Batallón de Infantería, con dos piezas de artillería Armstrong de 75 mm y dos Maxim de tiro rápido de 37mm, junto con dos ametralladoras, en compañía del remolcador Castelli, remolcando una chata en que 150 hombres más fueron embarcados en Pilar rumbo al Alto Paraná.

El 4 de Septiembre, una fuerza de desembarco del Coronel Martínez y del patrullero Rivadavia infligió bajas en las fuerzas rebeldes en Itá-Cuá, tomando algunos prisioneros. El día siguiente 5 de septiembre, el Coronel Martínez interceptó y hundió una canoa rebelde en al acto de procurar hundir el Adolfo Riquelme con dos torpedo improvisados.

El 13 de Septiembre, las tropas embarcadas, bajo el mando del capitán José María Casal, desembarcaron en Isla del Medio, a poca distancia de Encarnación, donde cavaron un sistema de trincheras y emplazaron una de las piezas Armstrong y ambas Maxim. Dos días después, tropas del gobierno cruzaron el río y desembarcaron en la ribera oriental del Río Paraná donde se produjeron algunas escaramuzas con patrullas rebeldes. El siguiente día 19 de Septiembre  el capitán Casal ordenó a su tropa cruzar el río para resistir un ataque esperado de una fuerza mixta rebelde de infantería y caballería.

Los primeros disparos se intercambiaron a las 14 horas, cuando las tropas de Casal avanzaron, frustrando un tentativo de ser flanqueados por las fuerzas enemigas, los cuales retrocedieron después de sufrir 18 bajas. Otros dos prisioneros rebeldes también cayeron en manos de los saco pucú. Antes de volver al abrigo de su propia artillería emplazada en Isla Paraná las fuerzas de desembarco destruyeron la línea férrea y el telégrafo.

El día 20, a las 5 de la mañana, el Adolfo Riquelme desembarcó una compañía de infantería en Caraguatá donde desalojaron una fuerza rebelde atrincherada compuesta de 70 hombres. La fuerza de desembarco volvió a su base a las 10,30 horas después de destruir una porción de la vía férrea.

Esto no significó el fin de las operaciones aéreas y anfibias en el río Paraná. Igualmente los bombardeos de Encarnación, San Juan y Caraguatá se repetían con frecuencia. El 2 de octubre el patrullero auxiliar Rivadavia desembarcó un grupo de 30 hombres en Pacú-Cuá, con el objetivo de distraer la atención del enemigo mientras que otro grupo logró destruir las líneas férreas y de telégrafo entre Caí-Puente y Encarnación. El día siguiente, un avión rebelde emprendió, sin éxito, otro ataque aéreo al Adolfo Riquelme. Desde entonces ya no habría más operaciones navales de importancia en el área de Encarnación, sobre el río Paraná, antes de la victoria de los saco pucú en Caí Puente del 15 de noviembre.

Entre tanto el conflicto armado se iba prolongando sin que las fuerzas gubernistas pudieran derrotar a los sublevados. Esta situación motivó al Sr. Belisario Rivarola, presidente del partido liberal gondrista, junto con otros miembros del Directorio y militares radicales no afectos a Schenoni, comenzaran a planear la renuncia de Eusebio Ayala. En efecto, en la reunión celebrada en abril de 1923 el Directorio del Partido Liberal Radical proclamó su candidatura presidencial que debía comenzar el 15 de agosto de 1924, y le invitó a presentar renuncia al cargo de presidente provisorio. Eusebio Ayala aceptó el ofrecimiento y el 12 de abril presentó su dimisión ante el Congreso Nacional, el cual, lo aceptó y designó a la vez como presidente provisorio al Dr. Eligio Ayala. Este ejerció el cargo hasta el 17 de marzo de 1924, fecha en renunció para ser el candidato presidencial del partido, materializándose el final de la conspiración que se gestó contra el Dr. Eusebio Ayala. “Entre bueyes no hay cornadas”, como lo dirían los de igual profesión.

La revolución se tornaba cada vez más sangrienta y ya se había extendido a todo el país. El 18 de mayo surge un acontecimiento luctuoso para los saco mbyky. El 18 de mayo de 1923, un año después del alzamiento armado, sucumbió de una congestión pulmonar el coronel Chirife. Le sucedió en el mando del comando de las tropas rebeldes el Teniente Coronel Francisco Brizuela. El 6 de julio los rebeldes entraron a la capital por los barrios de Tuyucuá y Ciudad Nueva irrumpiendo hasta la misma Plaza Uruguaya librándose duros enfrentamientos hasta el día 10. “Y tal fue el pánico que se apoderó del gobierno que apenas tuvieron tiempo de llevar, aceleradamente, todos los fondos existentes en la Oficina de Cambios, hasta a bordo del vapor San José, mientras el presidente provisorio Eligio Ayala y algunos de sus ministros y representantes en las cámaras legislativas llegaban hasta la escalerilla de acceso de la cañonera argentina “Paraná” a pedir asilo. Papelón… Al ser notificados por el comandante de la misma que desde el momento que se acogieran al asilo cesaban todos sus atributos de presidente, ministros, etc., y quedaban a disposición y sujetos a las leyes argentinas, permanecieron al costado y amparo del buque argentino hasta llegado el momento en que, derrotados los sediciosos, pudieron ganar otro abrigo” (4).

Finalmente, luego de un íntenso cañoneo desde el “Adolfo Riquelme” sobre las columnas saco mbiky, éstos tuvieron que retirarse con sus tropas diezmadas. Así se frustró el segundo intento los sediciosos de tomar Asunción. Solamente en estos combates hubo entre doscientos o más muertos y cerca de un millar de heridos, además de un centenar de prisioneros y muchos otros que consiguieron asilarse en embajadas extranjeras. Los prisioneros capturados fueron sometidos por los saco pucú a vejámenes de toda laya sin ninguna consideración a su jerarquía militar o a su situación política o social. Los revoltosos fueron definitivamente vencidos en el mes siguiente de agosto de 1924. De esta manera culminó la más larga guerra civil soportada por nuestro país.

El 1º de agosto se reunieron en forma extraordinaria los diputados “saco pucús” y decretaron la expulsión de los diputados “saco mbykys”  J. Manuel Balteryro, José Brun, Nicolas Coppulo, Héctor Cabañas Velazquez, Ernesto Montero, Manuel Riquelme y Cleto de J. Sánchez. Estos fueron unos de los firmantes de la nota que incitaba al ejército y al pueblo a levantarse contra el gobierno de Eusebio Ayala. Unos 15 días antes el Dr. Eligio Ayala decretó una prórroga del estado de sitio por tres meses más. Posteriormente se dictaron otros tantos decretos de prórroga.

NOTAS:

URIZAR, Rogelio. “Los dramas de nuestra anarquía”, Tomo II, pág. 491, Ed. Fundación Ross, Rosario (Santa Fe, Argentina), 1989

REVERCHON, Ramón Enrique. “Encarnación, Ciudad con historia”, Tomo I, págs. 184 y 185, Asunción 2010

URIZAR, Rogelio, ibídem, pág. 519

CARTILLAS POLITICAS (Nº 45). Publicación de la Junta de Gobierno de la ANR, Asunción 31 de mayo de 1960

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