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LA AGRICULTURA Y EL PARAGUAY, UNIDOS EN TODA LA HISTORIA

Dos agriculturas diferentes conviven hoy en el Paraguay. La empresarial que atrae capitales, innovaciones tecnológicas y se integra con fuerza al mercado global; y la campesina que desde los tiempos de la Independencia no pudo despegar a causa de los vaivenes de la política. La historia de la agricultura está marcada por múltiples y destacables acontecimientos en los que intervinieron la decidida acción de hombres y mujeres, inmigrantes, y sobre todo la bondadosa naturaleza que nos privilegia.

La preocupación por mejorar la técnica productiva en la agricultura no es exclusiva de los tiempos actuales. Hace casi 200 años, la Junta Superior Gubernativa  no solo se proponía aumentar la producción agrícola, sino  además dejar de lado el método utilizado en el período colonial, caracterizado por el arado rústico (por lo general, una rama gruesa con vástagos divergentes), una yunta de bueyes y la ausencia de abono.

Sin embargo, este propósito no se concretó ni en aquel entonces ni en la época de Don Carlos Antonio López. En 1847, Juan Andrés Gelly reconocía en un artículo de “El Semanario” que las cosechas “parecen debidas más bien al vigor espontáneo de la naturaleza que al trabajo e industria del hombre”.

Según el Dr. Emiliano Alarcón -experto en temas agrícolas y autor de varios libros  sobre  el sector rural-  durante el periodo que le tocó gobernar al Dr. Gaspar Rodríguez de Francia, la agricultura campesina tomó cierto impulso pero no evolucionó. “En las chacras cada uno producía lo que necesitaba para su consumo porque Francia no permitía la exportación de los productos agrícolas. Si había excedentes, se perdían”, señala.

Alarcón comenta que a inicios del siglo XIX los productos agrícolas principales eran el algodón y el tabaco, seguidos de la mandioca, maíz y el maní. La yerba mate nunca fue un cultivo de los campesinos, estuvo supeditada a los grandes terratenientes que tenían grandes extensiones de montes de donde se la extraía.

Respecto al algodón, el cierre comercial y la imposibilidad de importar telas en la época francista obligaron a un intenso cultivo de este producto para fabricar tejidos con los cuales la población pudiera confeccionar sus vestimentas.

“En cuanto a las hortalizas, si bien entraron con los colonizadores españoles,  la gente del campo no estaba acostumbrada a consumirlas, fenómeno que prácticamente siguió hasta épocas recientes. Sólo se utilizaban la cebolla, ajo, un poco de perejil y el repollo perenne que se  echaba al locro o a los caldos”, indica Alarcón.

Nuevamente la exportación

Con Don Carlos Antonio López la agricultura floreció. El gobierno mostró mucho interés en desarrollar rubros exportables como el tabaco y el algodón.   Documentos de la época dan cuenta que en 1860 se exportaron 5.115.925 libras de tabaco y 6.000.000 de cigarros paraguayos.

“La Guerra contra la Triple Alianza destruyó todo, aunque siempre  se trató de proteger a la agricultura por ser fundamental para la subsistencia. A medida que iban escaseando los hombres, las mujeres se hacían cargo de los cultivos, pero después todos marcharon con el ejército y las chacras quedaron abandonadas. Al terminar la guerra hubo una diáspora, la gente fue transportada  en ferrocarril a sus pueblos y muchos murieron de hambre porque no había nada que comer”, apunta.

Impulso del petit grain

A la guerra siguió un periodo de anarquía política sin que ningún gobierno pensara con seriedad en los agricultores. Así, en el proceso de reconstrucción entran en escena nuevos productos como el  petit grain, un cultivo muy importante para los pequeños productores y que se  desarrolló muy fuerte desde 1870 hasta finales del siglo XIX.

Alarcón dice que en 1896 se puso en funcionamiento la Escuela Nacional de Agricultura, bajo la dirección del sabio Moisés Bertoni. Tuvo una efímera existencia pero de ella egresaron los primeros agrónomos. Uno de ellos fue Juan Aranda Giménez, que puede ser considerado como el padre de la fruticultura en el Paraguay.

Llegada de  inmigrantes

“Paulatinamente comenzó a llegar una importante inmigración de Europa, aunque no todos eligieron la agricultura como actividad. En el 1900 colonos alemanes se instalaron en Hohenau  y luego en la Colonia Obligado en 1912, en Itapúa. Si bien se dedicaron a la agricultura, ellos vivían aislados del país, hablaban su idioma y vestían sus ropas típicas. No hubo integración y tampoco transferencia de sus conocimientos al agricultor paraguayo, por lo menos en forma inmediata. Lo mismo ocurrió con los menonitas, que comenzaron a llegar a finales de la década del 20, y con los japoneses, que se instalaron en el país en 1936 en La Colmena y más tarde en Pirapó”, refiere el Dr. Alarcón.

La naranja paraguaya también tuvo su momento de esplendor. Entre 1910 y hasta 1940 se exportaba principalmente a la Argentina. En el Paraguay había grandes naranjales cuyos frutos eran transportados por mujeres, “las naranjeras”, hasta el puerto de Villeta. De ahí se llevaban en chatas a las ciudades argentinas.

El cultivo a gran escala de hortalizas recién vino en los años 60,  especialmente de la mano de  colonos japoneses y también de algunos agricultores paraguayos.

“En líneas generales el agricultor paraguayo siguió sumido en la pobreza y labrando la tierra con herramientas precarias, en prácticamente todo el siglo XX,  marcado por revoluciones y la Guerra del Chaco”, asegura Alarcón.

Instituciones para el agro

Aires de renovación llegaron a partir de la década del 40 con la creación del Instituto Agronómico Nacional y el Servicio Técnico Interamericano de Cooperación Agrícola, con apoyo de Estados Unidos. Recién con estas instituciones comenzó la asistencia técnica a los campesinos paraguayos.

Al Cnel. Rafael Franco se le debe la creación del Ministerio de Agricultura, uno de sus primeros actos al llegar al poder en 1936. Luego bajo la presidencia de José Félix Estigarribia esta cartera se convierte en Ministerio de Agricultura, Comercio e Industria. En 1950 el Dr. Federico Chaves separó ambos ministerios creando el de Agricultura y Ganadería; y el de Industria y Comercio.

Pese a   estas instituciones -sigue Alarcón-, prácticamente nunca hubo una política seria para el campesinado. Hasta hoy se habla de la reforma agraria y del combate a la pobreza en el sector rural. Cada administración inaugura un plan estratégico, y así  el agricultor campesino siempre estuvo supeditado a los vaivenes de la política.
(continuará…)

A inicios del siglo XIX los productos agrícolas principales eran el algodón y el tabaco, seguidos de la mandioca, maíz y el maní. La yerba mate nunca fue un cultivo de los campesinos, estuvo supeditada a los grandes terratenientes.

La Guerra contra la Triple Alianza destruyó todo, aunque siempre se trató de proteger a la agricultura por ser fundamental para la subsistencia. A medida que iban escaseando los hombres, las mujeres se hacían cargo de los cultivos.

En líneas generales, el agricultor paraguayo siguió sumido en la pobreza y labrando la tierra con herramientas precarias en prácticamente todo el siglo XX, muy marcado por las revoluciones y la contienda del Chaco.

http://www.abc.com.py/nota/la-agricultura-y-el-paraguay-unidos-en-toda-la-historia/

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

10 comentarios en “LA AGRICULTURA Y EL PARAGUAY, UNIDOS EN TODA LA HISTORIA

  1. Sector agropecuario vs. políticas públicas

    Por Ricardo Rodríguez Silvero

    Para el desarrollo sostenible, las actividades del sector primario son importantísimas. En los últimos años, representaron una cuarta parte del producto y del empleo así como el 70% del valor de la exportaciones en nuestro país. Paraguay se ha vuelto además uno de los principales productores y exportadores de alimentos a nivel mundial. Sus proveedores son actividades agropecuarias en su acepción amplia. Se incluye dentro de ellas la explotación forestal así como la acuicultura y los animales silvestres. Todos ellos son fundamentales para proveer seguridad alimentaria y combatir la pobreza. Dentro de ese contexto, es mucho lo que se ha avanzado y es también mucho lo que hace falta por hacer.

    FOMENTO A PEQUEÑOS PRODUCTORES. Los logros alcanzados por las actividades agropecuarias deben ser afianzados. Y a las tareas pendientes hay que darles prioridad. Entre estas últimas está el fomento a los pequeños productores, así como su integración económica y social, compatible con el medioambiente, con buenas prácticas en la producción y con certificados de calidad y de sanidad. El Marco Estratégico Agrario 2014-18 contiene directrices básicas para proceder de acuerdo con las normas vigentes y servir de base a políticas públicas orientadas al desarrollo sostenible. Esas directrices no son más que teoría si es que las políticas públicas quedan rezagadas.

    ESCASA ASIGNACIÓN PRESUPUESTARIA A GANADERÍA. En el sector ganadero, cuya actividad es decisiva para la producción de alimentos y el combate contra la pobreza, hay todavía mejoras importantes a realizar. Por ejemplo, se debe fortalecer el Viceministerio de Ganadería en términos de recursos humanos y presupuestarios, así como mejorar su visibilidad de forma que su posicionamiento tanto dentro del Ministerio de Agricultura y Ganadería MAG, como a nivel nacional, sea coherente con su importancia alimentaria y estratégica para el desarrollo sostenible. Desde el MAG hay que bregar por que las políticas agropecuarias combatan la volatilidad del crecimiento económico con diversificación en la producción y exportación, así como superen el cambio climático con políticas públicas compatibles con el medioambiente. También falta instalar centros de observación del comportamiento de los mercados regionales y mundiales.

    ABARCAR TODOS LOS SUBSECTORES PECUARIOS. Es importante señalar la necesidad de fortalecer, aparte del ganado bovino, también a los demás rubros pecuarios como acuicultura, avicultura, apicultura, caprinocultura, cunicultura, lechería, ovinocultura, suinicultura, entre otros, y facilitar el acceso de los pequeños productores a los mercados –sin confundirlos con productores de pequeñas especies– a través de la conformación de pymes pecuarias, a fin de formalizar la actividad con criterio de empresa, en alianzas público-privadas.

    POLÍTICAS PÚBLICAS BRINDAN POCA ATENCIÓN AL AGRO. Respecto de Paraguay y en los últimos años sendas publicaciones han puesto énfasis en eso. Valga mencionar por lo menos las siguientes, entre todas ellas:

    • Políticas públicas para el desarrollo pecuario. Estudio publicado en el marco de las Necesidades del Viceministerio de Ganadería versus políticas pecuarias innovadoras, dentro del programa de ayuda brindada por la Unión Europea: Apoyo a la Integración Económica del Sector Rural Paraguayo AIESRP. Ministerio de Agricultura y Ganadería, San Lorenzo, agosto 2014. Parte de los pensamientos impresos en esta columna provienen de dicho estudio.

    • Desarrollo rural, Banco Interamericano de Desarrollo, marzo 2015. Es un diagnóstico de los desafíos del sector rural, en el contexto de la Estrategia de País. Se recomienda promover la innovación tecnológica para el aumento de la productividad agropecuaria y adaptar la tecnología en la agricultura familiar campesina para superar barreras de acceso, fortalecer los sistemas sanitarios y de inocuidad, garantizar la seguridad jurídica de la propiedad de la tierra, así como reducir la vulnerabilidad al cambio climático y manejar mejor los recursos naturales.

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    Publicado por Anónimo | 27/09/2016, 7:35 am
  2. Festival con fondos públicos

    “Hay algunas zonas en donde los coordinadores impiden que sus asociados contacten con la institución”. Esta expresión pertenece a la presidenta del Crédito Agrícola de Habilita­ción, Amanda León, quien a continuación se interrogó a sí misma diciendo que “no se explica por qué ocurre esto” (sic Abc Color 30-6-2016). Podríamos disculpar esta inocentada si no proviniera de una alta funcionaria de Gobierno obliga­da, por su posición, a explicar el origen del desbarajuste ocu­rrido con las cuentas pendientes con pequeños productores que tomaron créditos del organismo público de su conduc­ción.

    Entregar dinero es algo muy serio. Compromete por com­pleto a las personas a cargo de operaciones de esta índole. En la banca privada, no poder explicar la morosidad en la cancelación de préstamos significa el final para la carrera de cualquier empleado bancario independientemente de su je­rarquía.

    Y tratándose de la banca pública, las responsabilidades su­ben hacia niveles superiores para co­brar allí los costos políticos derivados. Pero claro, hay que pensar que eso suce­de en estados avan­zados en donde mal administrar recur­sos financieros tie­ne sus derivaciones políticas y, even­tualmente, conse­cuencias ante la jus­ticia ordinaria.

    ¿Por qué “hay zonas en donde los coor­dinadores impiden que sus asociados contacten con la institución”? Le respondemos a la presi­denta del CAH: porque el tema de la deuda contraída por pe­queños productores -tanto con el CAH como con entidades privadas- ha dejado de ser un compromiso individual para convertirse en un instrumento extorsivo manejado por un conjunto de “dirigentes campesinos” que acaudillan a los morosos convirtiéndolos en rehenes de sus campañas polí­ticas. Por eso la gente “no contacta con la institución”, por­que si lo hiciera podría resolver su situación y de esa manera volvería a sus tareas habituales, es decir, cultivar la tierra y seguir adelante. Eso dejaría a los políticos mimetizados como ardientes defensores de la causa campesina sin mano de obra barata con la cual apretar al Gobierno.

    Este sainete todavía no termina. El ministro de Hacienda anunció el envío al Congreso de un pedido de aprobación de un bono de US$ 35 millones para dar más plata al CAH “a fin de que siga concediendo préstamos”. Más plata para una entidad cuya presidenta admite que muchos deudores no acuden a refinanciar sus deudas porque sus “coordinadores” (léase, caudillos políticos) no les permiten hacerlo. En medio de semejante cuadro de precariedad de gestión, el Gobierno se permite pedir más fondos para volcarlos en este pozo sin fondo. ¿Es que no hay auditorías que lo impidan? ¿Qué dice la Contraloría General sobre este despropósito? Hasta el Pro­curador general tiene la obligación de pedir cuentas sobre este dispendio de fondos públicos. Ojalá el Congreso corte todo esto y rechace un pedido tan descarriado.

    http://www.5dias.com.py/47775-festival-con-fondos-publicos

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    Publicado por jotaefeb | 07/07/2016, 8:20 am
  3. Pequeño productor brasileño vs. paraguayo

    Posteado por Víctor Hugo Florentín el 22-06-2016

    Las comparaciones siempre son odiosas y, generalmente, terminan afectando o hiriendo a alguien; sin embargo, tal como el sol no se tapa con un dedo, así sucede con la producción agropecuaria de nuestro país y la de nuestros poderosos vecinos (Brasil y Argentina), principalmente en lo referente a la agricultura familiar campesina o pequeña agricultura, como se la quiera llamar.

    En esta oportunidad quisiera hacer una comparación entre lo que es la pequeña producción en Paraguay y en el Brasil, si bien la diferencia poblacional es abismal, de 7 millones ante 204 millones de habitantes, la posibilidad de usar tecnologías, de aplicar conocimiento y de lograr mejores condiciones de vida no tienen barreras.

    Ya hace años, nuestros vecinos cuentan con un sistema denominado “Plan Zafra” (Plan Cosecha), que consiste en un financiamiento para pequeños, medianos y grandes productores, destinado al sector agropecuario, con tasas de interés anuales muy bajas, que van desde el 2 por ciento por año para pequeños productores y el 7 por ciento para los grandes; en Paraguay, en cambio, no existe ningún plan anual y los intereses de los préstamos están entre el 15 por ciento anual a nivel Estado y ni hablemos a nivel privado.

    El Gobierno de Brasil ha destinado a este “Plan Zafra” la suma de 57.940 millones de dólares, a fin de que el agro pueda cumplir su objetivo de alimentar al mundo.

    Este “Plan Zafra” es lanzado habitualmente en el mes de mayo, ya que el año agrícola en el país vecino va de junio a junio, y a partir de este lanzamiento toda la cadena de Agronegocios empieza a meter segunda y tercera para acelerar la economía.

    Conversando con periodistas del sector económico rural brasileño, los mismos nos explicaban que en su país ya ha pasado todo aquello que ahora estamos pasando en Paraguay, y que tiene que ver con la falta de pago de créditos por parte de pequeños productores, falta de asistencia técnica, ausencia de canales de comercialización, desarraigo de las familias motivadas por las necesidades, etc. Sin embargo, han superado muchos de esos problemas gracias al orden que han impuesto en toda la cadena productiva.

    En Brasil, el pequeño productor tiene la posibilidad de recibir un crédito, a baja tasa de interés, pero que conoce de un seguimiento para que el mismo destine ese dinero a la producción. En Paraguay, el crédito tiene un alto interés, se debe hipotecar lo que se tiene, no existe un seguimiento de “en qué se usa el dinero”, y en caso de imprevistos (climáticos) tampoco existe un seguro agrícola.

    Nuestros vecinos pequeños productores reciben asistencia técnica, se hacen proyectos anuales de producción con los técnicos, existe un seguimiento para lograr el éxito del cultivo y se cuenta con canales de comercialización. En nuestro país casi no llega la asistencia técnica, los técnicos no tienen recursos y no pueden hacer el seguimiento a los productores debido a la fragilidad institucional (declaran que tienen el dinero, pero se dilapida), y los canales de comercialización no son directos, generalmente el intermediario se lleva todas las ganancias.

    Cuentan con instituciones como la Embrapa (Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria), que permanentemente están creando nuevas tecnologías para el pequeño productor, y socializando dichos trabajos. Acá, la investigación es casi una grosería, aquellos técnicos dedicados a esto no son reconocidos y los que logran algo es más por pasión y amor a lo que hacen que por apoyo gubernamental; es decir, la inversión en este rubro casi no existe.

    Gracias a un importante trabajo, el agro brasileño cuenta con zonificaciones en donde se ha logrado potenciar a los pequeños productores a producir rubros específicos, sean frutas, hortalizas o pequeñas cuencas lecheras. En este bendecido país, se sabe cuáles son las mejores zonas de producción, pero no se potencian, no se instalan industrias para dar un valor agregado a aquel producto fresco.

    Realmente, si siguiéramos comparando las ventajas que tiene el pequeño productor brasileño, en donde ya cambiaron el nombre, pues se denomina “agricultura familiar mecanizada”, con relación a lo que reciben por parte del Estado nuestros pequeños agricultores, necesitaríamos un libro de 200 páginas.

    El punto es que nuestros vecinos no están haciendo nada de otro mundo, han superado todos los problemas que nosotros estamos viviendo ahora, con orden, trabajo y tecnología.

    Falta un compromiso por parte de nuestro Gobierno con los pequeños productores, pero también falta que esos productores cumplan con su parte. Los buenos ejemplos hay que imitarlos y mejorarlos, porque como dicen, lo que es bueno para el campo, es bueno para el país.

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    Publicado por jotaefeb | 06/07/2016, 5:45 am
  4. Positivo acercamiento entre sectores campesinos y el Gobierno

    Desde abril pasado, cuando el gobierno y sectores campesinos acordaron la implementación sobre la refinanciación de la deuda del sector rural, los avances para dar una solución efectiva a este conflicto han sido tímidos. Sin embargo, pese a los contratiempos ambos sectores han mostrado su interés y su disposición para concretar los compromisos; y esta circunstancia abre perspectivas favorables para poner fin al conflicto que ha sido una preocupación permanente para los labriegos y un rompecabezas para las autoridades.
    Si bien en la transición hacia ese fin se han producido inconvenientes y contratiempos innecesarios, el objetivo ulterior –que ha permitido que gobierno y dirigentes campesinos aún continúen en la mesa de negociaciones– abrió un compás de concordia que es ineludible para todo convenio que pretenda arribar a buen puerto.
    Para ese espíritu colaborativo, poco ha hecho mella la aparición de inescrupulosos que han buscado e intentado obtener algún tipo de provecho en detrimento, primero, del frágil diálogo que termine echando por tierra cualquier acuerdo y, segundo, socavar la credibilidad y capacidad del gobierno.
    Sin embargo, integrantes del Ministerio de Agricultura y del Crédito Agrícola de Habilitación (CAH) así como miembros de la Mesa Multisectorial Campesina han advertido la presencia de estos avivados que según el censo llevado a cabo para este menester son como 340 personas que serían funcionarios públicos, docentes y hasta efectivos policiales, y que nada tienen que ver con el sector campesino y su endeudamiento.
    La depuración ha permitido detectar y limpiar a estos inescrupulosos pero también ha dejado una patética constancia de que muchos campesinos se han dejado manipular por dirigentes que no tienen otra motivación que sólo enturbiar el escenario político, culpando al gobierno de no haber hecho lo suficiente.
    Sin embargo, hasta hoy, y así lo ha hecho saber el propio ministro Juan Carlos Baruja, el gobierno hay cumplido un ciento por ciento el acuerdo arribado a finales de abril. Este compromiso tiene dos puntos que son esenciales para el sector rural. Uno tiene que ver con la posibilidad de resarcimiento para proyectos productivos; y segundo, el proceso de análisis de deudas (públicas y privada) a ser reestructuradas. Con ello, y si no existieren más contratiempos, se empezaría a aplicar la rehabilitación financiera a partir de julio.
    La depuración de los cuadros se ha cumplido y el cronograma inicial se mantiene con algunos sobresaltos, pero a partir de ahora los representantes del sector público y los campesinos deberán avanzar hacia una solución final, conveniente para todos y que coloque un moño a las conflictivas relaciones con las agrupaciones rurales.
    Las condiciones están dadas ya que el escenario político es más que favorable. Más allá de la manipulación en la que cayeron algunos labriegos, tentados quizás por liderazgos mediáticos desatinados, o la falta de escrúpulos de los oportunistas, los representantes de ambos sectores han mostrado voluntad para concluir con éxito las negociaciones que de ahora en más asoman con mayor nitidez. La madurez de los representados acerca aún más a la solución definitiva.

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    Publicado por jotaefeb | 02/07/2016, 7:48 am
  5. Con mentiras no se va a ninguna parte

    “Una mentira puede viajar por medio mundo mientras la verdad recién se calza los zapatos”. Esta frase de Mark Twain sirve para introducir uno de los capítulos más tristes de la economía nacional sobre el cual quieren imponernos una supuesta verdad: Que el pequeño productor hortigranjero es el que le da de comer al país. Si así fuera y dependiéramos sólo de ellos, tendríamos grandes problemas para la provista diaria y seguramente los precios estarían mucho, pero mucho más altos de lo que ya están hoy en las góndolas de los supermercados.

    Con mentiras no vamos a ninguna parte y esa es una verdad tan grande como una catedral. En los grandilocuentes discursos de las organizaciones campesinas y hasta de los burócratas del Estado se habla con estulto arrobamiento sobre la agricultura familiar campesina y su rol como el músculo que produce comida para todos los paraguayos. Mucha de la prédica oficial se nutre de ésta dialéctica vacía de contenido y no son pocos los burócratas de reciente cuño que se envuelven en fastuosos planes de “impulso a la producción hortigranjera”. Veamos éste, que vio la luz en la primera década de este siglo: “Programa de Apoyo a la Producción y Comercialización de Hortalizas del Paraguay 2010–2014. Dirección General de Planificación. Marco Estratégico Agrario 2009-2018, que se articula con el Plan Estratégico Económico y Social 2008-2013 (PEES) dentro de la Propuesta de Política Pública para el Desarrollo Social (PPDS) 2010-2020 del Gobierno de la República del Paraguay”. ¿Impresionante, verdad? Tuvieron casi una década para bajar a tierra todos esos pomposos enunciados. Veamos ahora la realidad. Según datos oficiales del Senave, importamos en 2015 más de 63 millones de kilos de hortalizas, entre ellas, el 70% de cebolla de cabeza, el 49% del tomate, el 82% pimiento, el 98% de la papa así como 29 millones de kilos de naranjas, 1 millón de kilos de sandías y, esto sí que es increíble, ¡230 mil kilos de mburucuyá o fruto de la “pasionaria”, planta que crece en el Paraguay en forma natural y prácticamente sin plagas que la amenacen! La casi totalidad de los productos que componen la mesa diaria en el Paraguay se importa en abrumador porcentaje, salvo la harina con la que se hace el pan y los fideos, el arroz y las carnes bovina, de pollo, cerdo y pescado. Ninguno de ellos provenientes de la agricultura familiar, duele decirlo.

    Va siendo hora que desde el Gobierno se abandone el discurso anestésico y se pase al terreno de la acción. Estimaciones no oficiales dicen que en solo cinco rubros importados, o contrabandeados, hay un negocio que supera los US$ 500 millones. Por miopía, incapacidad o malevolencia, en vez de reservar semejante porción de negocio para los productores locales, se abandona el sector en medio de una nube semántica repleta de proyectos y carente de resultados. La mesa de los paraguayos sigue siendo surtida con productos del exterior y, en mísera minoría, por equivalentes paraguayos. ¿Hasta cuándo?

    http://www.5dias.com.py/47639-con-mentiras-no-se-va-a-ninguna-parte

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    Publicado por jotaefeb | 02/07/2016, 7:48 am
  6. Un informe de la Comisión Económica para América Latina (Cepal) denominado “La economía del cambio climático en el Paraguay” pone de relieve las devastadoras consecuencias que pueden tener la elevación del promedio de temperaturas y las alteraciones en los regímenes de lluvia en nuestra estructura productiva. El análisis señala que Paraguay es un país altamente dependiente de la agricultura y la ganadería, rubros que a su vez están muy ligados a los factores climáticos.

    De acuerdo con el estudio presentado, en las próximas décadas, si las condiciones relacionadas al cambio en el clima siguen agravándose, Paraguay podría llegar a perder hasta el 2% de su PIB por año. El problema del cambio climático tiene pues la mayor trascendencia para nuestro país y debe ser analizado a profundidad con la finalidad de anticiparse a sus efectos, a participar de los debates internacionales referentes a este tema y, sobre todo, para formular políticas públicas que contribuyan a minimizar las consecuencias.
    No se trata de un fenómeno que eventualmente podría ocurrir. Es un proceso que está en marcha a nivel global y del que Paraguay no puede escapar ni puede mantenerse ajeno. Según estudios presentados en la última Cumbre de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, se estima que la temperatura del planeta ascenderá en 3,5º para los próximos años, una cifra que casi duplica a la meta que se había fijado la comunidad internacional de 2º de incremento.
    Aunque estos hechos incontrastables deberían motivar un verdadero golpe de timón por parte de los gobiernos del mundo para evitar una verdadera catástrofe, lo cierto es que la reticencia de los países más desarrollados –y ahora también de las economías emergentes– a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en la proporción que exigen la naturaleza y el planeta. Esta es la principal traba a la implementación de medidas más enérgicas que detengan el calentamiento y atenúen el cambio climático.
    El nuestro es un país pequeño, pero eso no significa que no se verá afectado hoy o en el futuro inmediato por los cambios en el clima o que no pueda hacer nada al respecto. Se trata de un asunto que nos compete a todos, desde los esquimales de Alaska, hasta los habitantes de las zonas ribereñas de todos los continentes que verán inundarse sus ciudades en las próximas décadas.
    En el caso específico de Paraguay, es fundamental sobre todo frenar la deforestación de las áreas boscosas. La destrucción de los bosques tiene un efecto directo y a corto plazo sobre las condiciones y características del clima, ya que aumenta la temperatura y se pierde humedad. Una contribución decisiva de los paraguayos debería ser recuperar buena parte de las tierras que se degradaron debido a la tala indiscriminada de árboles. Tan solo haciendo cumplir rigurosamente las leyes ambientales se estará dando un paso significativo hacia adelante, hacia un futuro más armonioso con la naturaleza.
    Además de las políticas públicas que apunten a este problema es necesario también impulsar una cada vez mayor conciencia ecológica de nuestra población, a través de la educación, de la protección de nuestros recursos y medio ambiente y la difusión del conocimiento científico.

    http://diariolajornada.com.py/v6/category/editorial/

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    Publicado por Anónimo | 11/03/2016, 9:27 am
  7. El cuento repetido de los ministros de Agricultura

    La agricultura familiar es como el tagua o la rosa del campo a la que cantaba Emiliano R. Fernández: está en vías de extinción. Y si fuéramos más lejos, amo hapópe, también los campesinos minifundiarios —esos que alguna vez tuvieron 10 hectáreas que se fueron achicando en sucesivos repartos a los hijos que no salieron del entorno comunitario— van camino a ser pronto tan solo un recuerdo.

    La desaparición de los cultivos de renta (algodón, naranja agria para la producción de esencia de petit grain, sésamo, tabaco, etc.) debilitó en extremo los de la mera subsistencia (mandioca, maíz, caña dulce y poroto). El resultado es que la vida del kokueséro está cada vez más cerca de la muerte.

    Paralelamente, los animal ogapy (gallinas, patos, chanchos, guineas y pavos) se extinguieron en las ollas y no hubo forma de retener los pequeños hatos de vacas, ovejas y cabras.

    La consecuencia es lo que hoy está a la vista de todos: muchos ya no quieren vivir en el campo, prefieren trasladar su pobreza a las orillas de las ciudades.

    Mientras tanto, no solo con tractores sino con aplanadoras y sierras, la agricultura tecnologizada de los poderosos de la soja y la ganadería avanza a marcha forzada.

    La desolación, el desaliento y la desesperanza de los que piensan que ya no tienen nada que hacer —léase cómo sobrevivir— en sus tierras les son favorables a los que con plata en ristre son voraces tuku que engullen hasta la sombra que encuentran a su paso.

    Los ministros de Agricultura y Ganadería anteriores se han especializado en discursos para el ñemongele’e de los campesi- nos sin remedio. Discurso-pe ohopa. Para las fotografías estuvieron en primera fila; para la acción, en la última.

    El que viene, Jorge Gattini, repite el lugar común al afirmar que les dará prioridad “a los grupos vulnerables de la agricultura familiar”.

    Para fomentar el desarrollo de los pequeños productores, pone énfasis en la organización. En teoría, es el camino adecuado. Pero… ¿y los desorganizados, aquellos que no forman parte de una asociación o de una cooperativa?

    El presidente Cartes habló de oportunidades para todos. Para que eso sea posible, hace falta que, en primer lugar, se recupere la autoestima del pequeño productor. Hoy él está bajo tierra, desalentado en extremo. No ve un horizonte que pueda devolverle al menos algún fragmento de esperanza para seguir anclado en su entorno habitual.

    Para que vuelva a creer que puede sobrevivir y trabajar en el espacio en el que se encuentra perdido, necesita señales concretas del Gobierno.

    La responsabilidad del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) es encontrar cuanto antes la forma de convencer a los que están hartos de ser campesinos por la situación en que se encuentran, para que se queden en su kokue âkâ. Y puedan vivir con dignidad.

    Mario Ruben Alvarez

    http://www.ultimahora.com/el-cuento-repetido-los-ministros-agricultura-n715773.html

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    Publicado por jotaefeb | 25/08/2013, 8:01 am
  8. Otros medios no podian hacerlo mejorGracias

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    Publicado por Anónimo | 20/06/2013, 1:23 pm
  9. Me parese muy informatibo para las criaturas

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    Publicado por Anónimo | 20/06/2013, 1:19 pm
  10. HECHOS DESTACADOS DEL BICENTENARIO
    La agricultura en el Paraguay (II)

    En esta segunda y última parte de la nota sobre la agricultura en el Paraguay se aborda el desarrollo de esta actividad desde los tiempos de la dictadura de Alfredo Stroessner, el valioso aporte de las misiones técnicas de Taiwán y Japón. Además, un panorama del cultivo empresarial y el desafío que este sector de la economía tiene por delante para seguir creciendo.
    por Nancy Pérez

    Según el Dr. Emiliano Alarcón, ingeniero agrónomo y doctor en genética y estadísticas, durante la dictadura de Alfredo Stroessner, el Ministerio de Agricultura realizó un trabajo técnico muy fuerte. Se salía al campo y el gobierno tenía un programa para el trigo, el algodón, la caña de azúcar, el tabaco, la soja, entre otros rubros.

    “Sostengo que después de 1989, empeoró la situación del campesino porque se cambiaron las reglas de juego. En la época de la dictadura había precios mínimos, los insumos tenían un dólar preferencial más bajo que el dólar del mercado. Esto hacía que el costo de producción disminuyera. Cuando todo esto se suprimió y los costos de producción subieron extraordinariamente, los agricultores se empobrecieron aún más”.

    Cooperación internacional

    En la agricultura paraguaya es de vital importancia la cooperación extranjera. Según datos de la Embajada de Japón, en 1960 la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA) adquirió terrenos en el hoy distrito de Pirapó, Itapúa, donde se asentaron 26 familias japonesas, y otras 87.000 hectáreas en Yguazú, Alto Paraná, constituyendo la colonia más grande de inmigrantes japoneses en el país.

    El principal objetivo fue incrementar la producción de soja en el Paraguay. El Gobierno del Japón impulsó la creación del CRIA (Centro Regional de Investigación Agrícola), CEMA (Centro de Mecanización Agrícola) y CEDEFO (Centro de Desarrollo Forestal), en el departamento de Itapúa, con miras a obtener nuevas especies de soja, aptas para el cultivo en el Paraguay, y además ha brindado su asistencia para la construcción de caminos, electrificación y otros numerosos proyectos, para la producción y comercialización de este grano.

    Igualmente en las últimas décadas del siglo XX, la Misión Agrícola de Taiwán –que inició sus actividades en nuestro país en 1971– realizó tareas de apoyo al pequeño productor en las diferentes áreas del país, dando asesoramiento técnico, teórico y práctico, creando más de 30 centros de asistencia técnica en Paraguay. El Gobierno de Taiwán también ha efectuado importantes donaciones para impulsar la agricultura en el país, principalmente para la floricultura y la frutihorticultura.

    Hoy, un sector en crecimiento

    En el año del Bicentenario, todo indica que la agricultura, como sector económico seguirá creciendo. En el 2009, el rubro sufrió una caída del -3,8%; pero de la mano de una exitosa cosecha de soja, en el 2010, este sector se recuperó, llegando a un total de 49,9% en importancia dentro del PIB. Según estimaciones, la cosecha de soja este 2011 será récord.

    Tomando los 13 principales rubros de producción agrícola del país en la actualidad, en la zafra 2009-2010 tuvieron aumento significativo respecto al periodo anterior, la soja, mandioca, trigo, caña de azúcar, poroto, girasol, arroz con riego, sésamo y tártago, mientras que presentaron una reducción, el algodón, el maní, el maíz y el tabaco. Paradójicamente, decrecieron los rubros que fueron los más importantes a inicios de la vida independiente.

    El Marco Estratégico Agrario 2009-2018 del MAG (Ministerio de Agricultura y Ganadería) tiene como premisa y gran desafío que el desarrollo agrario, debe ser diseñado e impulsado, bajo un enfoque que integre el crecimiento del producto interno sectorial, con la dimensión social y ambiental, como concepto central para el desarrollo incluyente y estable del país, superando persistentes asimetrías y exclusiones.

    Dos realidades

    Haciendo un análisis de la situación actual del sector, Alarcón señala hoy dos agriculturas totalmente diferentes en el Paraguay. “Una, la mecanizada que tiene un presente y grandes posibilidades de futuro. La otra es la agricultura campesina que no tiene ni siquiera presente; por lo tanto, no podemos hablar de futuro. ¿Qué haremos cuando haya más campesinos que sigan sin educación, sin alimentación, sin rutas transitables, sin puentes, sin tierra, por la desidia de diferentes gobiernos?”. La agricultura empresarial y tecnificada creció con fuerza por estar en condiciones de utilizar nuevas tecnologías de alta eficiencia. Además –sigue diciendo Alarcón–, la organización en cooperativas de los medianos productores permite comercializar a mejores precios sus productos o comprar insumos más baratos. Incluso, comenzaron a industrializar parte de sus productos dándoles valor agregado.

    Según el experto en Agricultura, el sésamo es el rubro que resulta más rentable al pequeño productor. “El sésamo reemplazó al algodón. Otros campesinos cultivan un poco de todo, pero siguen pasando grandes necesidades. El Gobierno tiene que definir políticas a largo plazo, tiene que invertir en el campo, porque la agricultura en sí no es una solución y puede ser un problema. Teniendo en cuenta que el agricultor tiene muy poco ingreso, hay que reducir el campesinado. En todos los países desarrollados del mundo tienen entre 3 ó 5% de campesinado, el resto está en la industria o en los servicios. En Paraguay, el 40 ó 50% es campesinado”.

    Insiste además en la importancia de diversificar la producción y en entrar fuerte en la agroindustria para transformar los productos del campo y dar ocupación a jóvenes que hoy se ven obligados a emigrar a España, Argentina, Estados Unidos por falta de trabajo: “No evolucionamos. Las instituciones se han creado, pero no han sido fortalecidas, viene un ministro nuevo y cambia todo. La tecnología en la agricultura necesita años de trabajo para ser transferida a los campesinos, pero pareciera que la política es más importante que el conocimiento”, lamenta.

    Pero además, en los últimos años el campesino paraguayo se descompuso a causa del asistencialismo político que llegó a su máxima expresión de la mano de caudillos de cada zona: “Esto es muy perjudicial y ha incorporado factores distorsionantes”.

    Otro gran problema de los últimos años –cuenta– son los dirigentes agrarios que imponen lo que se debe hacer, qué tierra se debe expropiar, a qué agricultores hay que asistir, cuando esas deben ser políticas del gobierno y no de algunos líderes que buscan mejorías y beneficios personales.

    Por otra parte, menciona que la agricultura está caracterizada por su gran aleatoriedad. Hay factores imponderables como las sequías, las plagas, enfermedades, exceso de lluvias o los mercados. El campesino paraguayo no está en condiciones de enfrentar esos problemas, pero aun así, su principal enemigo es la falta de una política de desarrollo rural.

    1- Hoy en el Paraguay conviven dos agriculturas diferentes: La empresarial, que atrae capitales y tecnología, y la campesina, relegada desde hace 200 años a causa de los vaivenes de la política.

    2- Las hortalizas fueron introducidas por los colonizadores españoles; sin embargo, la gente del campo no estaba acostumbrada a consumirlas. Solo se utilizaban cebolla, ajo, perejil y repollo.

    3- De la mano de la soja, la agricultura como sector económico volverá a tener un crecimiento importante en el año del Bicentenario y es uno de los principales renglones de la exportación.

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    Publicado por jotaefeb | 11/04/2011, 8:18 am

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