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ELIGIO AYALA, EL GRAN HÉROE CIVIL DEL PARAGUAY

Por Alberto Acosta Garbarino

El 1º de marzo van a ser trasladados los restos mortales de Eligio Ayala al Panteón de los Héroes. Ese día va a realizarse una reparación histórica, porque era una gran injusticia que un hombre como él no reposara en el mausoleo donde descansan los grandes héroes nacionales.

Para mí, Eligio Ayala es el gran héroe civil del Paraguay, por sus características personales y por su gestión pública, como ministro de Hacienda primero y como presidente de la República después.

 

Poseedor de una formación académica excepcional, tuvo un doctorado en Derecho en nuestro país, y estudios de casi diez años en Economía, Filosofía y Derecho, en las universidades de Heidelberg en Alemania y de Zurich en Suiza.

En 1919 ante el llamado del entonces presidente Manuel Gondra, regresó a la patria para asumir el Ministerio de Hacienda. Su amplia formación le permitía tener una idea clara de cómo debería funcionar un Estado moderno, y apenas llegado al país se puso a trabajar para poner orden y reformar un Paraguay anárquico y totalmente desorganizado.

Desde el Ministerio de Hacienda llevó adelante una rígida política económica, concebida gracias a su gran conocimiento técnico y aplicada correctamente gracias a su capacidad gerencial, a su fuerte carácter y a su incorruptible honradez.

Esta política comenzó a ordenar las finanzas públicas, pero al mismo tiempo afectó los intereses particulares de caudillos políticos y militares de la época. Muchos historiadores consideran que este malestar fue una de las causas que contribuyeron a la revolución de 1922.

Después de un año de revolución y anarquía, en 1923 le ofrecen a Eligio Ayala la presidencia provisional de la República, él acepta e inicia un proceso de pacificación y de saneamiento de las finanzas públicas del país.

Al año siguiente renuncia a la presidencia provisional y se candidata a la presidencia del país, en elecciones donde no tuvo adversarios electorales, lo cual lo llevó a asumir la Presidencia de la República, el 15 de agosto de 1924.

El primer paso fue la pacificación. En su mensaje al Congreso (1925) dijo: “… sin alardes, hemos restablecido la calma y el orden, hemos abierto sendas legales para que los desterrados puedan reincorporar sus energías a la actividad productora del país, hemos procurado serenar las pasiones airadas y rencorosas, y disminuir el fanatismo y la intolerancia en política, hemos desusado el lenguaje de la exaltación y la injuria permanente…”.

El segundo paso fue el ordenamiento administrativo del sector público. Él consideraba que: “… la carencia de coordinación de las reparticiones públicas se debe a la falta de formación y a la falta de conciencia colectiva” y además decía: “… que las dos funciones más importantes del Poder Ejecutivo son las de coordinar y fiscalizar la administración en general…”.

El tercer paso fue sanear las finanzas públicas y fomentar el desarrollo. En la parte impositiva, él consideraba que “… los impuestos estaban mal repartidos y que se podían aumentar sin estorbar el progreso económico y desalentar el ahorro…”.

Consideraba a las Aduanas como un poderoso instrumento de la política económica, y en este punto obtuvo un importante incremento en los ingresos, gracias a una reducción de aranceles que hizo posible un aumento en la entrada legal de los productos importados.

El resultado de todas estas políticas, permitió que el país tuviera un gran crecimiento económico, que incrementara la producción, las exportaciones y el empleo, y que el Estado mejorara substancialmente su situación económica y financiera.

Pero no todo era color de rosas. Durante toda su presidencia, Eligio Ayala vivió un verdadero calvario.

Por un lado, era un pacifista convencido, porque había visto de cerca los horrores de la Primera Guerra Mundial en Europa, pero por otro lado, con su gran formación, pudo vislumbrar varios años antes, el casi inevitable conflicto armado de Paraguay con Bolivia por las tierras del Chaco.

El drama que le consumía a Ayala era el dilema de si utilizar el dinero recaudado gracias a su honesta y eficiente administración, para financiar el continuo progreso del país o para financiar en secreto el equipamiento de un Ejército, sin ninguna preparación, para una guerra que él consideraba inevitable.

Tuvo que optar por lo segundo, porque su claridad en este punto era total: “O el Paraguay tiene el Chaco o desaparece como Nación”.

La mayoría de los políticos de la época, que no vislumbraban las amenazas que se cernían sobre el país y que vivían peleando por sus mezquinos intereses particulares, criticaron despiadadamente a Ayala.

Esta situación de ordenar las finanzas públicas y generar excedentes para financiar, sin préstamos, el fortalecimiento militar del país, fue lo que permitió que el Paraguay pudiera enfrentar con éxito la Guerra del Chaco.

Es cierto que tuvimos el heroísmo de nuestros compatriotas en el campo de batalla y un estratega brillante como el Mariscal Estigarribia. Pero nada de esto hubiera sido posible si el Paraguay, un país desorganizado, anárquico y en quiebra, no hubiera tenido diez años antes del inicio de la guerra a Eligio Ayala como ministro de Hacienda y como presidente de la República.

Él tuvo la visión de un líder, tuvo la capacidad gerencial de ordenar las finanzas públicas, y tuvo el carácter y el temple para organizar el Ejército, a pesar de las críticas despiadadas de sus opositores.

Muchos amigos míos, que están muy influenciados por el reciente bestseller de Andrés Oppenheimer, llamado Basta de historias, me dirán que tenemos que mirar al futuro y no al pasado.

Creo que ese libro es muy interesante, pero tenemos que considerar que el autor es un periodista que utiliza frases de efecto que son muy impactantes, pero que nos pueden llevar a conclusiones que son como caricaturas de la realidad, es decir, exagerando ciertos puntos.

Creo que los países que se han desarrollado -Estados Unidos es un ejemplo-, miran el futuro, pero también… miran el pasado, para buscar sus raíces y, para enaltecer a los grandes héroes de su historia. No para quedarse en el recuerdo, sino para emularlos e incluso superarlos.

Eligio Ayala fue un héroe civil y tenemos que exaltar este hecho, porque en el Paraguay estamos llenos de héroes militares que demostraron su heroísmo en la guerra y nosotros… ya no queremos guerra.

Nosotros queremos paz, con desarrollo y con equidad, y para eso necesitamos de muchos héroes civiles y no militares.

Por eso el 1° de marzo, además de todos los sectores políticos, debemos estar en el Panteón de los Héroes todos los miembros del empresariado y de la sociedad civil para honrar la memoria de Eligio Ayala, el gran héroe civil del Paraguay.

Y entre todos, convertir ese día en una fiesta de la civilidad y de la celebración de los valores que hoy necesitamos.

* - Presidente de Desarrollo en Democracia

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Comentarios

8 comentarios en “ELIGIO AYALA, EL GRAN HÉROE CIVIL DEL PARAGUAY

  1. TODO HONOR, SI TODOS LOS POLITICOS Y PRESIDENTES FUERAN COMO ELIGIO AYALA.. SERIA MUY DIFERENTE EN NUESTRO HERMOSO PAIS.

    Publicado por zulma | 12/02/2013, 6:58 PM
  2. ojala todos los presidente sean como Eligio Ayala
    PORQUE LUGO NO VALE

    Publicado por Marta Benitez | 28/02/2012, 2:51 PM
  3. cuales fueron las reformas financieras y obras culturales durante su gobierno???
    por fa ayudenme!!!

    Publicado por yngrid | 23/05/2011, 5:13 PM
  4. DON ELIGIO AYALA
    José A. Moreno Ruffinelli

    “Hay muchos doctores, pero pocos señores”

    En una meseta, sobre una de las últimas estribaciones de los cerros de Ybycui y Acahay, se halla asentada la población de Mbuyapey. Nombre guaraní del cual nunca pude tener una traducción exacta dada la disparidad de criterios de los guaraniólogos.
    En esa ciudad, casi perdida en la geografía del departamento de Paraguarí, muchas veces injustamente olvidada por la Capital, nacía en 1.879 don Eligio Ayala, uno de los paraguayos más ilustres de nuestra historia. Ilustre por sus virtudes, ilustre por sus valores, por la dedicación puesta primero a formarse, y luego a devolver a la patria todo el bagaje acumulado en años de estudios. No le arredraron ni los desencuentros políticos de la época, ni la estrechez de fondos. Todo lo suplió con voluntad. Y desde el exilio, donde muchos se frustran, el lo transformó en una oportunidad y decidió ir a estudiar a Europa.
    Para un paraguayo no habrá sido nada fácil en esos tiempos aprender alemán, inglés francés, Pero Eligio Ayala lo hizo con carácter y tenacidad y hasta podría decirse con facilidad. Prestigiosas universidades de Alemania y Suiza lo tuvieron como cursante y desde allí escribió sus obras más trascedentes, en los lejanos 1.920, que pueden ser hasta ahora consideradas como “clásicos” de la literatura social de nuestro país. Migraciones, es una descripción cruda de la realidad paraguaya y al mismo tiempo una propuesta para resolver los problemas allí vislumbrados. Escrito en 1.915 en Berna Suiza.
    Pudo hacerlo con la solvencia de quien conocía de cerca las dificultades del campo, porque había comenzado su educación en la escuela de su pueblo natal. Y qué mejor enseñanza que esa pudo recibir para captar la problemática campesina.
    Pero no fue un teórico, sino que cuando el destino, o su partido, lo pusieron en la función pública, ya como Ministro de Hacienda o como Presidente de la República en dos oportunidades, descolló de manera esencial.
    Tuvo en su mente una concepción clara de qué debería hacer durante su gobierno y lo cumplió. Veía venir la guerra con Bolivia, y había que dotar de armas y equipos a las Fuerzas Armadas, así como poblar el Chaco. Ambas cosas las hizo. La primera con una política de austeridad y control del gasto público que permitió al tesoro efectuar las compras necesarias para la confrontación bélica. Y la segunda con la venida de las colonias menonitas al Chaco.
    Y murió como mueren los grandes. Por su honor. Si había vivido toda su vida con honor, pienso que habrá decidido también morir también por él. Respetemos su decisión que no habrá sido fácil, pero fue la demostración de que la vida tiene valor solamente si se la vive de acuerdo con los principios.
    En estos momentos, en que se tuvo la feliz iniciativa de trasladar sus restos al Panteón de loa Héroes, escuchamos muchos elogios y panegíricos sobre su obra realizada . Pero creo que él valoraría mucho más, dada la modestia que adornaba su persona, que simplemente se diga que cumplió con su deber. Y por consiguiente, que fue un patriota ya que el verdadero patriotismo es el cumplimiento del deber con la tierra que le vio nacer.

    Publicado por jotaefeb | 14/03/2011, 10:04 AM
  5. es una verdadera pena que en estos tiempos nuestros, ni los maestros conocen nuestra historia mas allá de los escuetos y parciales libros de texto. creo que al contrario de lo que se pretende hacer con “Historia” en las escuelas y colegios, debemos llevar el conocimiento e investigación a las universidades, como materia obligatoria y de relevancia en la formación de valores y modelos para nuestros jóvenes. Al leer sus publicaciones, es difícil no sentir cierto orgullo y anhelo, de ser un paraguayo, patriota como lo fué el Dr. Eligio Ayala. Gracias

    Publicado por Julio Olmedo | 09/03/2011, 4:37 PM
  6. Buscar a Eligio

    Por Miriam Morán –

    Tengo la ilusión de que el traslado de los restos de Eligio Ayala haya sido aprovechado por los maestros para encender una llama de esperanza en los estudiantes, que cada día reciben tantos malos ejemplos de sus gobernantes.

    Ojalá que los alumnos hayan charlado sobre la vida del estadista, sobre sus pensamientos, sus obras, su herencia, pues Ayala mostró que, aun en medio de políticos sin virtudes, se puede ser un estadista brillante.

    Sus reflexiones, escritas en 1915, describían a los actores políticos de la época con las mismas mañas y defectos que los políticos de hoy. Y, pese a ello, Ayala se destacó por la honestidad y eficiencia de su gobierno. Es decir, demostró que se puede.

    Él decía que para ser legislador o ministro en el Paraguay, el talento y los conocimientos eran superfluos. “La preparación, el carácter, la honestidad a veces estorban. Valen más ciertas contorsiones y genuflexiones del cuerpo que veinte años de estudios, que la decencia y la probidad”, escribía. Y, sin embargo, él mostró que se puede ser excelente en un contexto de mediocridad.

    En su ensayo, redactado en Berna, Suiza, Eligio Ayala expuso que “todo se hace al azar, por tanteo, por instinto, como en un acceso de sonambulismo; todo se reforma sin necesidad y nada se reforma de lo que es preciso reformar”.

    El panorama descrito por Ayala es tan similar al que se vive actualmente, que uno puede pensar que nada ha cambiado y que nada puede cambiar.

    “Los partidos tradicionales, en vez de ser útiles a la patria, utilizan a la patria; en vez de servir a sanos intereses nacionales en el Gobierno, hacen que el Gobierno les sirva a ellos”, exponía Ayala.

    Y sí, estas líneas tienen un sabor a: “No hay salida”. Pero la vida de este político liberal, sus acciones y sobre todo el ejercicio de un liderazgo moralizador marcaron la diferencia. Y podemos pensar que en el futuro se reprisará este capítulo de la historia.

    Hoy no se vislumbra ningún Eligio Ayala y los mismos partidos políticos, igual que hace 96 años, conspiran contra el surgimiento de un Ayala, para seguir sirviéndose de la patria.

    A los partidos políticos no solo les pagamos el subsidio, también les pagamos el sueldo de sus operadores políticos, planilleros, y encima debemos soportar que recomienden y ubiquen a correligionarios mediocres en puestos claves.

    ¿Quién está en contra del sistema de partidos políticos: la ciudadanía, la prensa, los sectores sociales o los mismos partidos políticos?

    Es evidente que la mejor campaña en contra de las nucleaciones políticas la hacen sus propios integrantes.

    La mayoría de los políticos ni se han sonrojado por el escandaloso planillerismo en el Tribunal Superior de Justicia Electoral. Al contrario, se pasan justificando el derroche.

    No obstante, quiero creer que, así como hubo un Eligio Ayala, habrá otro. Hay que abonar la esperanza, hay que buscarlo con los votos y con la participación ciudadana.

    Publicado por jotaefeb | 06/03/2011, 4:07 PM
  7. Sobre héroes y tumbas

    Sergio Cáceres Mercado

    A fines de 1902, el diario liberal El Cívico publicó un comunicado firmado por figuras de todos los ámbitos. Era una respuesta a otros comunicados publicados por el diario Patria (colorado) y a una movilización en la Plaza Uruguaya convocada para repudiar a Cecilio Báez y otros negadores “del heroísmo del soldado de nuestra raza”.

    Todo esto se inició meses antes en el debate sobre la historia paraguaya, el despotismo de los López, el cretinismo de los paraguayos, etcétera, que sostuvieron desde ambos periódicos Báez y Juan E. O’Leary. Aquella respuesta de El Cívico decía lo siguiente:

    1- Condenamos en absoluto el sistema de la tiranía, en doctrina y en los hechos, independientemente de toda consideración personal o partidista.

    2- Condenamos especialmente los actos de tiranía de Solano López, que no identificamos en modo alguno con la Causa de la Patria.

    3- Hacemos pública estas declaraciones para impedir, como hijos de esta tierra cien veces mártir, que a pretexto de ensalzar sus glorias, se eduque al pueblo en el culto de sus verdugos, acostumbrándolo a la adoración de falsos ídolos, cuando por lo contrario se le deba educar en la verdad y en el culto a la patria y sus instituciones.

    De los 255 firmantes, varios de ellos intelectuales de fuste, queremos destacar a uno: Eligio Ayala. Ironías del destino o de la historia, ¿quién sabe? Lo cierto es que desde hoy sus restos mortales descansan al lado del Mariscal López.

    Mucha tinta se puede gastar solo para dilucidar si Ayala es un héroe o no. Ya nos aclaró bastante bien el historiador Hérib Caballero, en el Correo Semanal del sábado pasado, por qué se lo considera a Solano López tal: él entregó la vida por la patria, por lo tanto cumple un requisito fundamental para su entrada al panteón; Ayala sin embargo murió a balazos en un lío de polleras, así que esta parte no cuenta. Lo que cuenta es su entrega por recuperar al Paraguay, que no podía levantar cabeza desde la hecatombe de la Guerra Grande -donde López tuvo mucho que ver, según sus detractores- y las posteriores desprolijidades de sus propios correligionarios, por medio de un accionar político honesto. Ayala fue un estadista, quizá uno de los poquísimos que merecen este apelativo en toda la historia política de nuestro país.

    Pero hagamos un ejercicio de imaginación y veamos qué podemos sacar en común del Mariscal y el Dr. Ayala. Sí, exacto, usted pensó lo mismo que yo: ambos amaban a su país, a su manera cada uno, por supuesto a López parece que se le fue la mano y ahogó a su amada con un abrazo y beso mortal, como lo hizo con la Garmendia. Pero convengamos en este ejercicio que amaba a su patria, tanto como a sí mismo. Lo mismo es indiscutible en el autor de Migraciones.

    Entonces, me pregunto, ¿habrá algún conjuro para que tanto amor a la patria, el de Ayala y López, aprovechando que ahora descansan juntos, sea redireccionado hacia nuestros gobernantes empotrados en los tres poderes del Estado? Por qué si hacemos la sumatoria del mismo valor (amor a la patria) en todos los que llevan las riendas del Paraguay ahora, el resultado es lamentable.

    Publicado por jotaefeb | 03/03/2011, 6:16 PM
  8. Eligio Ayala, héroe civil que no encuentra imitadores entre los políticos de hoy

    A lo largo de la historia paraguaya, preferentemente, ser militar era el modo más seguro de alcanzar el rango de héroe de la patria. Se olvidó que, tan relevantes como los que la defienden en las trincheras, son los que construyen su grandeza en tiempos de paz. El traslado de los restos de Eligio Ayala al Panteón de los Héroes es un acto de justicia y tiene que ser el comienzo del reconocimiento a los marginados.

    El heroísmo era concebido como la grandeza de quien con coraje y sacrificio ofrecía su vida en el campo de batalla para defender a la patria. Esos eran los que se hacían dignos del reconocimiento perpetuo, de los honores más elevados y los elogios permanentes en el bronce.

    Desde esa perspectiva ideológica, los que están en el Panteón de los Héroes son, en su mayor parte, militares -los mariscales Francisco Solano López y José Félix Estigarribia; los generales José Eduvigis Díaz y Bernardino Caballero, el capitán Antonio Tomás Yegros y el Soldado Paraguayo- destacados por su sacrificio y valentía. Don Carlos Antonio López y José Gaspar Rodríguez de Francia son los que los acompañan para que los civiles no queden del todo fuera del máximo lugar honorífico de reposo de los hombres insignes.

    Las grandes ausencias, del ámbito castrense o no, reflejan la mezquindad de los políticos paraguayos que otorgaron a muy pocos un sitio físico privilegiado y soslayaron a otros que merecen también compartir un espacio dentro del oratorio de Nuestra Señora de la Asunción.

    Aunque tardío, el traslado de los restos del ex presidente Eligio Ayala es un acto de justicia. Hace rato que el político liberal, que brilló por su probidad, relevantes dotes intelectuales, condición de estadista, austeridad a toda prueba, alto sentido patriótico y coraje para enfrentar los momentos difíciles en los que le tocó tener en sus manos la conducción del país o de su economía, debió estar en el Panteón de los Héroes.

    “En toda la historia del Paraguay no existe ejemplo moral, intelectual y de servicio público más elevado que el del presidente de la República doctor Eligio Ayala, cuyo testimonio de capacidad, honestidad, responsabilidad y visión de estadista se manifestó en sus logros”, justifica el decreto del Poder Ejecutivo, que honra la memoria de quien dio un vigoroso impulso a la economía y apostó por la educación como herramienta indispensable para salir del atraso y la miseria.

    Lamentablemente, los políticos de hoy distan mucho de imitar su ejemplo tan descollante. Ni siquiera su partido muestra hoy las virtudes del hombre público excepcional. Al contrario, exhibe a diario las lacras de la corrupción, la ineptitud, la prioridad de los intereses particulares, la chatura intelectual y la ausencia de propuestas con visión de futuro.

    Los pueblos son grandes en la medida de la generosidad con que tratan a sus hijos de inéditos kilates. El año del Bicentenario es propicio para dejar de lado los egoísmos de ayer y reparar las injustas omisiones de quienes, a la hora de decidir quiénes eran merecedores de estar entre los héroes, se movieron por criterios inadmisibles para épocas de mayor tolerancia y apertura como las actuales.

    Ojalá el gesto de grandeza de hoy con un héroe civil se extienda sin más pérdida de tiempo ni trabas a otras personalidades brillantes, que, sin empuñar las armas que vomitan fuego, han entregado también su vida para hacer del Paraguay una nación más grande y respetada.

    Publicado por jotaefeb | 03/03/2011, 6:15 PM

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