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DERECHOS, SÍ. ¿Y LOS DEBERES?

  • J. Montero Tirado

La necesidad de promover el conocimiento y la defensa de los derechos humanos sigue vigente porque es frecuente el desconocimiento y son demasiadas las deficiencias en el cumplimiento de los mismos.

Basta citar algunos indicadores muy evidentes, como el alto porcentaje de pobres en nuestra población que ronda el cincuenta por ciento según la CEPAL, el número de niños en la calle, la violencia doméstica contra las mujeres, las violaciones de mujeres y niños, el desempleo y la emigración con el correspondiente desarraigo familiar, el número de adolescentes que abandonan la educación formal en el tercer ciclo y el bachillerato, etc… para describir profundas lesiones a derechos humanos fundamentales.

 

La pregunta clave es cuál será la mejor estrategia para lograr la realización de los derechos, además de la actual estrategia de ayudar a tomar conciencia, enseñar a reivindicarlos y presentar denuncias.

 

Si los derechos humanos no se alcanzan es porque no estamos cumpliendo los deberes correspondientes. Todo derecho lleva consigo el ejercicio de uno o varios deberes. El derecho a la libertad, por ejemplo, requiere el deber que todos tenemos de respetar y hacer posibles las condiciones para la libertad de los demás.

 

Tengo la impresión de que la política educativa en general, la política de niñez, adolescencia y juventud y la política de la mujer, en este campo de los derechos humanos, están poniendo el énfasis en la promoción de los derechos, con poca atención y explicitación de los deberes correspondientes. Se habla mucho más de derechos que de deberes. El resultado puede ser algo así como que estamos creando una sociedad de acreedores sin que haya deudores, una sociedad en que todos nos sentimos con derecho a exigir nuestros derechos y ninguno estamos con las pilas puestas para cumplir los deberes humanos que los hagan posibles.

 

La verdad es que fundamentalmente, además de ser acreedores de derechos, somos deudores de deberes; desde el momento que nacemos estamos en deuda, en deuda con Dios y con nuestros padres que nos han regalado la vida, en deuda y deber de amor; por algo hace ya miles de años Moisés le dijo a su pueblo que en el plan de amor de Dios había que incluir el mandamiento y el deber de “honrar padre y madre”.

 

El niño o niña, desde el momento en que es concebido, tiene derecho a la vida y al amor, pero al mismo tiempo va acumulando el deber de responder con amor cuando tenga capacidad de hacerlo, el deber de honrar a su madre y a su padre. Esa es su respuesta adecuada ante el regalo impagable que recibió.

 

Los grandes educadores y los educadores de a pie con sentido común siempre han insistido en la necesidad de educar a los hijos en la dinámica de la “responsabilidad”, es decir, en este valor, competencia y actitud que aglutina la capacidad de dar permanentemente la respuesta adecuada a cada situación, desafío, problema, compromiso y deber que se le irán presentando en la vida. Si el hijo o educando no tiene capacidad de dar la respuesta adecuada, quiere decir que no ha sido capacitado para la vida, si no tiene sentido y ejercicio espontáneo de la responsabilidad, no tiene autonomía y tendrá que seguir dependiendo de quienes asuman las responsabilidades por él.

 

La educación de la responsabilidad personal y social es la palanca más fuerte y eficaz, la más motivadora para que los niños, niñas, adolescentes y jóvenes aprendan a asumir todos sus deberes.

 

Hablar de deberes a los demás, enseñar a asumirlos y exigir que se cumplan no es popular, te sientes mejor atendido si les hablas de sus derechos. Todos los políticos y políticas lo saben muy bien. Nos gusta exigir los derechos para nosotros y los deberes para los otros.

 

Pero, al mismo tiempo, hay que reconocer que pocas cosas hay tan estimulantes y gratas para los menores que ir dándoles progresivamente confianza y dándoles responsabilidades proporcionales a su desarrollo, sobre todo cuando a la hora de dar cuentas de lo sucedido se evidencia que hubo motivos para confiar en su responsabilidad.

 

Capacitar para los derechos es también y simultáneamente capacitar para los deberes, promover los derechos lleva consigo promover los deberes.

http://www.abc.com.py/nota/derechos-si-y-los-deberes/

 

 

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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