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PLAN DE SEGURIDAD CIUDADANA

El Ministerio del Interior presentó a la opinión pública el documento base de una Política Nacional de Seguridad Ciudadana, el cual delinea los ejes de acción del Gobierno a mediano y largo plazo en esta materia, tan importante para la población. Como en tantos otros campos en nuestro país, también en la seguridad ciudadana se trabajó siempre con medidas improvisadas y sin coordinación entre los distintos sectores involucrados. La falta de estrategias basadas en informaciones y datos objetivos extraídos del análisis de la realidad es uno de los problemas centrales de la gestión pública. Por más buenas intenciones que se tengan, las autoridades fracasarán irremediablemente si no disponen de una lectura precisa de las necesidades y una guía que permita realizar cambios eficaces. Es pues un hecho altamente positivo que el Ministerio del Interior haya tomado la decisión de someter a debate público su propuesta de planificación con el fin de reducir los índices de inseguridad.

 

La forma tradicional de abordar el tema de la seguridad ciudadana resulta insuficiente hoy en día. Esta se basaba con exclusividad en la represión de los delincuentes y no incluía, como es inevitable en la actualidad, la perspectiva de la prevención del delito o de la participación de la ciudadanía. Será muy difícil vencer, por ejemplo, al crimen organizado –verdadero flagelo en muchas partes de nuestro país– sin la cooperación entre las fuerzas de seguridad y la población. No se conseguirán muchos avances si la Policía sigue proyectando una imagen negativa ante la ciudadanía. Mucha gente considera a los agentes una amenaza antes que funcionarios encargados de otorgar seguridad. Además de este fundamental cambio que debe operarse en la percepción social acerca de la Policía, se pueden mencionar al menos tres elementos cruciales que un plan de seguridad debe contemplar, al menos en lo que respecta a las fuerzas de seguridad.

En primer lugar, una apuesta estratégica es la formación científica y ética de nuevas camadas de policías. La instrucción técnica que reciben los agentes es deficiente de cara a las tareas que impone el presente. Quizás alcance para el control de maleantes menores, pero los policías carecen de las herramientas intelectuales y profesionales para hacer frente a una delincuencia cada vez más refinada y compleja. Un aumento significativo de la calidad de la formación de los policías es prioritario en un plan de seguridad. En segundo término, lo mismo se aplica a la incorporación de modernas tecnologías en el trabajo de velar la seguridad de la sociedad. En Paraguay aún no fueron debidamente exploradas las amplias posibilidades que ofrecen los últimos avances tecnológicos en el combate a la inseguridad y en la labor de prevenir y desalentar los crímenes.

En tercer lugar cabe mencionar aquí el principal problema de la seguridad ciudadana: la corrupción estructural instalada en las fuerzas policiales. Ni el plan mejor diseñado podrá derrotar la inseguridad si el material humano responsable de llevarlo a la práctica está corrompido. De nada servirán los equipos más avanzados si los funcionarios que los operan aceptan sobornos. Serán inútiles los programas de estudio más modernos si los policías que los cursan se vuelven cómplices de los delincuentes. El plan de seguridad debe integrar mecanismos de combate a la corrupción, de fiscalización interna y de control social en las instituciones responsables de la fuerza pública.

http://anteriores.lanacion.com.py/noticias/noticias.php?not=331845&fecha=2010/10/23

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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Un comentario en “PLAN DE SEGURIDAD CIUDADANA

  1. La Policía puesta a prueba
    DESTACADA
    La Policía tiene el desafío de recuperar la credibilidad y la confianza de la ciudadanía, pero no lo conseguirá si incluso sus jefes persisten en prácticas perniciosas y no toman distancia de elementos indeseables.

    Dos hechos sucedidos el miércoles ponen una vez más a prueba la eficiencia, la solvencia técnica y el alcance de los cambios que el Gobierno dice haber concretado en la Policía Nacional en Asunción y el Área Metropolitana. En primer lugar, el violento asalto a una sucursal bancaria en la mañana y en una zona densamente poblada de la capital. Un grupo de maleantes fuertemente armados redujo sin inconvenientes a los guardias que custodiaban el local y se alzó con uno de los botines más importantes de los últimos años. Sin encontrar el más mínimo obstáculo, los delincuentes salieron raudamente del sitio. Ya en la calle, se cruzaron con un policía que no pudo pedir refuerzos según parece por fallas en el sistema de comunicaciones. Las grabaciones de las cámaras de seguridad permitieron identificar al menos a uno de los ladrones. Un dato más: poco antes había sido asaltada una farmacia también ubicada sobre la transitada avenida Mariscal López.

    El flujo de dinero en los bancos y empresas que manejan grandes sumas comienza a incrementarse a medida que se acerca fin de año. Es indispensable que la Policía adopte medidas para desalentar los robos y otorgar seguridad a empleados y usuarios de estas entidades. La muy escasa confianza que inspira la institución policial es uno de los factores que dificultan el trabajo coordinado entre las fuerzas públicas y las empresas. Existe el temor -que tiene fundamentos sólidos, no es posible negarlo- de que integrantes de las fuerzas de seguridad estén involucrados en las bandas delictivas. Así, muchas firmas prefieren no recurrir a la protección policial. En el asalto referido -como ejemplo de esa desconfianza- los guardias de seguridad se negaron a dejar entrar al local incluso al jefe de la Policía del Área Metropolitana hasta que no estuviera presente el fiscal interviniente.

    Quizás solo estaban cumpliendo el protocolo fijado por la empresa para casos como este, pero de cualquiera manera es un reflejo de la imagen que proyecta la Policía en la sociedad.

    Más tarde, en horas de la noche, la Policía se vio rebasada en Luque, cuando un grupo de inadaptados hinchas del club de esa ciudad protagonizó desmanes y actos vandálicos en las calles. Tras la acción policial, algunos de estos sujetos fueron detenidos y derivados a la comisaría, de donde por poco son rescatados nuevamente por la turba de supuestos aficionados al fútbol. La violencia se apoderó de los barrios de Luque y la ciudadanía quedó completamente desprotegida. No es la intención hoy de esta página analizar la violencia en el fútbol, sus causas y las posibles soluciones. Ese tema es muy importante -sobre el que es urgente reflexionar- y merece un espacio propio. La cuestión ahora es señalar un aspecto llamativo de los acontecimientos referidos y que constituye un síntoma claro de que aún queda mucho trabajo por hacer en la institución policial.

    El subcomisario Fidencio Jacquet acusó de “traidores” a los líderes de la barra brava de Luqueño, quienes además le deben “muchos favores”, según aseguró en medios de prensa. Es inconcebible que un alto oficial de Policía, responsable de la seguridad de la ciudad, entre en acuerdos y pactos con personas reconocidas por su violencia irracional y por mantener en zozobra a la población. La Policía tiene una misión muy clara que no está sujeta a ningún tipo de negociación ni transacción: custodiar la integridad y propiedad de las personas, velar por el estricto cumplimiento de las leyes y capturar a quienes las infrinjan. La Policía tiene el desafío de recuperar la credibilidad y la confianza de la ciudadanía, pero no lo conseguirá si incluso sus jefes persisten en prácticas perniciosas y no toman distancia de elementos indeseables.

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    Publicado por jotaefeb | 24/10/2010, 08:19

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Escuchas publicas

El tema que tiene que ver con este escándalo de las escuchas telefónicas que envuelve el tráfico de influencias, que todos presumiamos que existía de manera clara pero nunca de manera tan desembozada y tan elocuente, como el que hemos tenido la oportunidad de poder comprobarlo. Lo que queda ahora es corregir lo que está mal y eso significa que el Congreso debería suspender a González Daher, en sus funciones como representante ante el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados, y hacer un planteo severo en torno a la continuidad de esta institución, además de eso tendríamos que escuchar de manera mucho más valiente y objetiva las denuncias de fiscales y de jueces en torno a este tráfico de influencias, denunciando en los casos en los que habían sido sometido a una situación similar, haciendo que la justicia vuelva a ser creíble, y por sobre todo previsible de este país, que tiene una gran deuda con la sociedad en ese campo. Si la sociedad define la democracia como el estado de derecho, es evidente cuando vemos que ella es sujeta de las manipulaciones, tergiversaciones, chantajes y extorsiones, más claras que las que hemos podido comprobar en las últimas horas, nadie puede estar seguro en este país, y es el tiempo de corregir aquello que está mal y ademas de eso se tiene la oportunidad este domingo de castigar aquellos que se han apartado de lo que se espera debería ser la democracia, es el tiempo de los ciudadanos y en ese sentido nos queda ajustar cuentas con aquellos que se han apartado de manera clara y elocuente del mandato que recibieron de parte de nosotros, sus mandantes. (BFB)

Empresas del Estado

Uno de los grandes desafíos que tenemos en el país es indudablemente el encontrar un modelo económico que nos permita centrar la labor del Estado en lo que le corresponde realizar, cuando vemos mucho de las empresas públicas y especialmente en este verano, en que volveremos a padecer las consecuencias de una empresa monopólica como la ANDE, que no puede garantizar un buen servicio, por diferentes razones, se quejaron este año, porque las tarifas estaban fuera del rango que debieran, se incrementaron  esos números, pero no se mejoró el servicio, ahora aparece el argumento de que vienen de varios años de desfinanciamiento y que por lo tanto llevará todavía una buena cantidad de tiempo, ponerse a la altura y exigencias de la demanda de la gente. Pero si vemos también hay otras empresas públicas como el caso de la INC, que compra una nueva planta para procesar clinker y que ha tenido más de cien fallas, en un período de prueba y que podría ser otro gran elefante blanco, adquirido por el estado a las costas de cada uno de los contribuyentes, vemos de que hay algo mucho más profundo y grave en todo esto, el Estado no sabe hacer bien estas cosas y cada vez nos cuesta mucho más mantener a un personal ocioso y además de todo eso manipulado en tiempos electorales para que voten por que se sigan siendo manteniendo las cosas hasta ahora, nos cuestan mucho las empresas monopólicas del Estado, pero por sobre todo no vemos un rol del estado propiamente, incluso en aquellos sectores en donde debería actuar como elemento regulador del mercado. En definitiva tenemos dificultades filosóficas, administrativas y de gestión. (BFB)

A platazo

Es evidente que las campañas sacan lo mejor y lo peor de las personas, algunos demuestran cual es su verdadera concepción con respecto al poder, que es lo que entienden con respecto al de la prensa, a las encuestas, al twitter. La expresión del presidente Cartes de acusar de muchos de los males del país a los periodistas y especialmente aquellos que son críticos a su gobierno, y afirmar en términos bastantes soeces a la labor que cumplen algunos es una demostración de pobreza de espíritu que dominan a varias personas en estas elecciones. También ha sido noticia el hijo de la dip. Perla de Vazquez, exhibiendo dólares sobre una mesa dispuesto a comprar la voluntad de los votantes santanianos en el dia de los comicios, otras expresiones más se dieron en el transcurso de esto que casi siempre rodea a la práctica electoral y que demuestra, reitero, nuestra pobreza cívica, nuestra pobreza moral y nuestra pobreza argumentativa, no somos un país en el que estamos acostumbrados a debatir sus diferencias y a plantear propuestas, somos más bien personas que responden con insultos y agravios, cualquier afirmación que no sea la que uno comparte o tiene como argumento central. En definitiva las cuestiones electorales han vuelto a mostrar lo peor y pocos casos de lo mejor de nuestra sociedad, y varios de los temores que son permanentes en la vida política nacional, la posibilidad de comprar las voluntades de los votantes o de torcer las voluntades de los trabajadores del sector público, que más de 300mil de ellos, casi siempre son carne de cañón en los procesos electorales.   (BFB)

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