“BUENOS AIRES ES LA CIUDAD QUE TIENE MÁS PARAGUAYOS DESPUÉS DE ASUNCIÓN”

Desde hace décadas, la inmigración que recibe la Argentina es mayoritariamente latinoamericana. Esa cercanía impulsa mayor aceptación hacia los que llegan, pero no siempre mayor conocimiento.

La habitualidad a los albañiles y empleadas domésticas de acento guaraní, al chipá en las estaciones de trenes y la sopa paraguaya en los restaurantes no atenúa el desconocimiento que pesa sobre el Paraguay, su historia y las razones de la migración poblacional. La extrañeza de este vacío ha sido el punto de partida del trabajo etnográfico de Gerardo Halpern, el cual reconoce el esfuerzo del migrante para que se le dé densidad a su condición ciudadana, como así también las formas de violencia que padece.

La Constitución de 1853 diseñó un proyecto de ocupación territorial centrado en la inmigración europea. ¿Cuándo comenzó el ocaso de este programa? El proyecto de 1853 pretendió construir un tipo de población de espaldas a los sujetos que existían en la Argentina, como los indígenas y las migraciones regionales. Tanto en el censo de 1869 como en el último censo nacional de 2001, se encuentra la misma proporción de migración latinoamericana en el país. Lo que ocurre es que a partir de la Segunda Guerra Mundial se detuvo el flujo de migración europea y se mantiene el flujo histórico de la migración regional. Ahora, ante la defunción de la longeva migración europea, y la no renovación de ese stock migratorio, lo que se modifica es el porcentaje de migrantes latinoamericanos en la Argentina en relación con la población extranjera, no así en relación con la población total. Por eso, y sobre todo a partir de la década del 60, se empieza a visibilizar un sujeto que en la historia argentina estaba invisibilizado.

En 1960, la población italiana en el país era de más de 800.000 personas y la paraguaya era de 150.000. Pero en 2001 los paraguayos se convierten ya en la primera minoría extranjera en la Argentina. ¿A qué se debe este crecimiento de migrantes del Paraguay? En 1947 en Paraguay se produjo una guerra civil que dio origen al proceso migratorio paraguayo a la Argentina más grande de la historia de ambas naciones. En 1947 los paraguayos se constituyeron en la primera minoría regional en la Argentina. Y a partir de ese momento se mantiene ese flujo constante de paraguayos a la Argentina, que a su vez se encabalga sobre el proceso de metropolización de las migraciones, con lo cual el flujo migratorio -que hasta la década del 60 se radicó principalmente en las zonas de frontera-, se desplaza hacia Buenos Aires. A esto tenemos que sumarle el proceso de dictadura que vive el Paraguay desde el 47, consolidado a partir de 1954 con Stroessner, que impide el retorno de buena parte de esa migración. Trasladado a Buenos Aires e impedido su regreso, el migrante empieza a desarrollar su vida en el lugar de destino. Así, un conjunto de organizaciones de paraguayos van configurando redes sociales, haciendo de Buenos Aires la segunda ciudad de paraguayos en el mundo, después de Asunción.

El censo de 2001 muestra al 80% de los paraguayos del país en el Gran Buenos Aires y la Capital.

Así es. Y 80% de la migración paraguaya de los últimos 10 años llega con contactos o familiares en la Capital o el Gran Buenos Aires. O sea que entran en redes sociales, por lo cual la migración a Buenos Aires pone en escena procesos demográficos y de relaciones sociales más complejas que el mero pasar la frontera. Con esas redes, Buenos Aires es un factor de atracción poblacional.

¿Cómo se conjuga el origen político de aquellas migraciones con el origen económico de las actuales? El exilio fue uno de los rasgos distintivos del régimen de Stroessner. En esa dictadura no se registraron las dimensiones de desaparecidos que se dieron en Argentina o Chile, pero ese régimen forzó el exilio masivo. Y dentro de lo que nosotros rápidamente denominamos migración económica entran migrantes que, en tanto no afiliados al Partido Colorado, no accedieron al empleo público en un país sin industrias.

¿Ese sería un migrante político? El caso paraguayo plantea zonas grises a los sistemas clasificatorios de los migrantes. Los procesos político y económico del Paraguay han generado una enorme cantidad de población sobrante. La producción rural extensiva de bajísima productividad expulsa campesinos -allí a eso se lo llama la descampesinización del Paraguay-, que se suma al monocultivo -de algodón antes, hoy de soja. Como no hay industrias, en las ciudades tampoco pueden insertarse. Esa población migra del campo y, sin pasar por una urbe paraguaya, llega a Buenos Aires.

¿Qué dificultades culturales encuentran al llegar? Hay mucha población rural guaraní parlante que llega a Buenos Aires, donde la utilización del guaraní supone limitaciones o el riesgo de la estigmatización. La Argentina tiene formas altamente burocratizadas de tramitación de los documentos y estamos en presencia de corrientes migratorias en las cuales ese tipo de práctica burocrática no existe. Entonces, hay un conjunto de dificultades con las que se topa el migrante al llegar que puede asimilarlas en tanto exista una red social capaz de brindarle colaboración. El acceso a la información, o el acceso al trabajo, está condicionado por las formas históricas de desigualdad y de segregación de la Argentina, sobre todo de Buenos Aires.

¿Cómo se recibe en la Capital esa migración latinoamericana? Vivimos un momento histórico particular. La Argentina sale de una década sumamente violenta para con el migrante, la década del 90, y estaríamos registrando una retracción xenófoba. Esa retracción xenófoba forma parte más del orden de lo simbólico que de lo que uno puede verificar en el mercado laboral. El migrante sigue ocupando los lugares desechados por la población nativa, que son los peores lugares, por lo menos en la percepción social, del mercado laboral. El trabajo al que acceden las mujeres, centralmente el doméstico, concentra el trabajo en negro y es trabajo desciudadanizado, por lo cual el acceso a derechos no se verifica. Como la década del 90 fue tan violenta, ciertas regulaciones que reducen la violencia del Estado para con los migrantes se constituyen en hitos, como la sanción de una ley migratoria que no ancla en la doctrina de seguridad nacional sino que promueve la migración en el marco de los procesos de integración del Mercosur.

¿Paraguay ayuda a sus migrantes? El Estado paraguayo no pareciera estar a la altura de las necesidades de sus migrantes en la Argentina. El ejemplo más evidente es que no hay embajador paraguayo en la Argentina desde hace varios años. El costo de los conflictos políticos del Paraguay lo está pagando la migración, que queda sin protección.

¿Se mantiene la violencia burocrática contra los migrantes? La cotidianeidad de los migrantes sigue alterada por la violencia de la cola, la violencia de pedirte dos o tres veces un mismo trámite, la violencia de pedirte documentación que no corresponde pedir por todo un armazón que pareciera estar para impedir la regularidad del migrante, encerrándolo en laberintos de la exclusión y prácticas que ponen al migrante en una situación de vulnerabilidad, más allá de lo que la normativa establezca. Hay un hábito burocrático ante el migrante regional que antepone la indeseabilidad de ese sujeto a sus derechos.

¿Cómo es el entramado cultural de los paraguayos en la Argentina? Hay un conjunto de instituciones que construyen lo que ellos llaman paraguayidad, en base a una vinculación conflictiva con el Estado de origen y por medio de prácticas culturales en las que hay una reconstrucción del Paraguay en la migración, una especie de reescritura del Paraguay fuera del Paraguay. Esto tiene que ver con la reivindicación del guaraní, de prácticas culinarias y de danzas; con orientaciones tácticas para vivir lejos del lugar de origen. Como parte de esa construcción de etnicidad, la política juega un papel fundamental. Ante los procesos migratorios regionales en la Argentina, se ha tendido a pasivizar al migrante, a despolitizarlo, a inscribirlo en un lugar de deudor de esta tierra generosa. Pero el migrante paraguayo se repolitiza y asume un perfil activo, en vez de encarnar al sujeto pasivo que está de paso en la Argentina y que tiene una deuda con el país. Así, los paraguayos han podido crear un espacio social y una voz que va desde la realización de los rituales de Caacupé en Buenos Aires hasta la movilización a la puerta de su embajada en Buenos Aires para repudiar un intento de golpe de Estado en Paraguay.

También hay la hibridización e intercambios.

Se han dado procesos de construcción política en los cuales el anclaje no ha sido lo nacional. Creo que parte de la efectividad de la violencia de la década del 90 tuvo que ver con profundizar la matriz nacional antes que otros procesos de relación social que se puedan verificar en el campo político o en el cultural.

¿Hay estigmatización? Existe en la Argentina un fuerte proceso de estigmatización. Un hijo de paraguayos nacido en la Argentina es clasificado como paraguayo, en tanto paraguayo significa cargar con un estigma. Es señalado como paraguayo y así es acusado. Todavía nos falta mucho como sociedad para poder superar o salir de esa matriz, por más que el hijo de paraguayo nacido en Argentina sea de nacionalidad argentina. Hay también procesos de construcción conjunta de relaciones sociales no discriminatorias, donde la variable nacional no interviene como elemento de segregación. Pero la efectividad de las formas nacionalistas de construcción de lo social siguen manifestándose. Por eso, la Argentina está en un momento transicional respecto de la forma de considerar a los migrantes.

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Un comentario en ““BUENOS AIRES ES LA CIUDAD QUE TIENE MÁS PARAGUAYOS DESPUÉS DE ASUNCIÓN””

  1. Yo lo único que pido es que CADA PERSONA VIVA EN SU PAÍS. No quiero que hayan tantos pyos en Argentina. Quiero que se acabe la corrupción en mi país! Acá los únicos que tienen que estar sufriendo son los corruptos! Por culpa de esas asquerosas zabandijas mis compatriotas tienen que estar sufriendo allá o en cualquier parte! Esto es una injusticia! No puede ser que Víctor Bogado, Calé Galaverna, Wasmosy, Daher y todos esos asquerosos ladrones estén comiendo todo y no le den ni las migajas al pueblo. No hay justicia en este país, mientras tanto “recenle nomás a su santo” santo cohete. Terrorífica la religión y la injusticia en Paraguay.

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